domingo, 24 de enero de 2021

SOLO Nº4 HOWARD CHAYKIN

 






















































SOLO Nº4 HOWARD CHAYKIN. Junio 2005


El Renacimiento italiano

'Las Tortugas Ninja' (1984), de Kevin Eastman y Peter Laird, son cuatro hermanos gemelos quelónidos que fueron creados en homenaje de sus dos autores al historietista Frank Miller




GERARDO MACÍAS

20 Enero, 2021


'Las tortugas Ninja'. Guion y dibujos: Kevin Eastman y Peter Laird. ECC Ediciones, 2020.


Si hablamos de Donatello, Leonardo, Michelangelo y Raffaello, todo el mundo piensa que nos referimos al Renacimiento italiano. Pero si añadimos que se trata de tortugas, la cosa cambia... Kevin Eastman era un joven dibujante que alquiló una habitación en casa del también dibujante Peter Laird y su futura esposa. A ese lugar, lo acabaron llamando estudio, ya que había un salón donde dibujaban juntos. Un día del año 1984, se les ocurrió dibujar una tortuga que se mantenía en pie, llevaba puesto un antifaz y portaba unos nunchakus, armas tradicionales de las artes marciales asiáticas. Un rato más tarde, no había solamente una, sino cuatro, y decidieron invertir cinco meses de sus vidas en crear y autopublicar bajo un sello propio creado para la ocasión, Mirage Studios, un cómic en blanco y negro titulado Teenage Mutant Ninja Turtles, que parodia y homenajea al historietista Frank Miller.

La cubierta de la primera edición es muy similar a Ronin de Miller, y las tortugas tienen el mismo origen que Daredevil. Los enemigos de las tortugas, El Pie, fueron inspirados por otra creación de Miller, La Mano, un grupo de asesinos ninja. No albergaban esperanzas de vender mucho, pero, para su sorpresa, los 3.000 ejemplares que habían distribuido se agotaron en menos de un mes. El éxito fue aumentando, se empezó a comercializar merchandising, y a eso le siguió la llegada de la serie animada de 1987, principal causante de que Las Tortugas Ninja alcanzasen fama mundial, y de que comenzasen a vestir colores distintivos: azul, rojo, naranja y violeta.

Kevin Eastman y Peter Laird demostraron que hay mercado para productos personales, y que las creaciones autogestionadas son viables. Que una franquicia de superhéroes muy distinta a lo que publicaban Marvel y DC triunfase, fue muy buena noticia para los creadores, y dio pie al activismo para lograr que los derechos de autor perteneciesen a los creadores.

El tono del cómic original es más adulto de lo que esperarían aquellos aficionados que nunca lo hayan leído. Son cómics crudos que apenas tienen que ver con la serie de dibujos animados de 1987, enfocada a un público infantil. La serie de 2003, aunque presentase un estilo más serio, seguía esa misma línea infantil; y lo mismo ocurre con el resto de producciones basadas en estos personajes. El cómic original utiliza un lenguaje poético combinado con dientes apretados, frases lapidarias, violencia, sangre y hasta muertes causadas por las propias Tortugas. Pero es posible identificar la base de la identidad cada una de las cuatro.

El guion de Eastman y Laird es primerizo, dominado por la gran explosión de conceptos que se les ocurrían previamente, e hilaban para conformar una historia que tuviera sentido, con un resultado final que mantiene la compostura gracias a la forma de cohesionar todo, con una coherencia emocional que ayuda a que la trama resulte más creíble. A pesar de que van cambiando de tono y géneros, se siente como que se está leyendo un único cómic que va a un ritmo endiablado: comenzará siendo una violenta historia de ciencia ficción urbana mezclada con el cine de artes marciales, para terminar siendo una epopeya espacial.

Eastman y Laird tienen claro lo que quieren contar desde el principio. Nos encontramos ante un cómic denso en información, pero la lectura no se hace pesada, sino divertida y amena.

Teenage Mutant Ninja Turtles influiría en muchos cómics que vendrían más adelante, tanto por su espíritu en el que se transgreden sus propias normas, como por su tratamiento a las escenas de acción.

El dibujo, aunque no destaque por su preciosismo, logra narrar eficazmente. La realización está marcada por el deseo de Kevin Eastman y Peter Laird de participar ambos en el dibujo y el entintado de cada página, para fusionar sus estilos al máximo. Los dos autores presentan composiciones de página muy dinámicas que contribuyen a la agilidad de lectura. Las escenas de acción son turbias y oscuras, pero sin llegar nunca a lo desagradable. El dibujo es sucio, tosco, duro, barroco y de línea gruesa, siendo deudor de artistas tan dispares como Frank Frazetta y Richard Corben. Brillan los personajes, ofreciendo decenas de diseños emblemáticos para la cultura popular, originales y con gancho.


Malaga Hoy


Hitos del tebeo en español

JAVIER FERNÁNDEZ

20 Enero, 2021


'El cómic hispánico'. Ana Merino. Cátedra. 288 págs. 15,75 euros.


Además de narradora y poeta, Ana Merino es una de las más reputadas estudiosas del cómic en el ámbito hispánico, con numerosas publicaciones ensayísticas y divulgativas. Entre ellas, destaca el volumen publicado por Cátedra El cómic hispánico, en el que la madrileña repasa algunos de los hitos del tebeo en español de un lado y otro del Atlántico, prestando especial atención a cuatro países: España, Cuba, México y Argentina. La mirada costumbrista, la infantilización de los héroes, la mirada urbana, la lucha rural y la mirada fantástica son los títulos de los capítulos que dedica, respectivamente, a cada una de estas naciones y esta caracterización tan sencilla basta para entender la inteligencia del análisis de Merino.


Malaga Hoy


El cómic en la cultura popular

JAVIER FERNÁNDEZ

20 Enero, 2021 


'Cómics y memoria en América Latina'. VV. AA. Cátedra. 288 págs. 16 euros.


Que la cultura popular, en su aparente superficialidad, es un contenedor de temáticas profundas no lo discute hoy nadie. Como tampoco se discute la importancia del cómic en el conjunto de la cultura popular. De modo que no es de extrañar la edición de textos como Cómics y memoria en América Latina, un excelente conjunto de ensayos editado por Jorge L. Catalá Carrasco, Paulo Drinot y James Scorer para Cátedra que utiliza el cómic para analizar y ayudarnos a comprender "los procesos memorísticos en el contexto latinoamericano", y, más concretamente, temas tan pertinentes como "la construcción de la identidad nacional", "las narrativas de resistencia al colonialismo y el imperialismo", la construcción de tradiciones revolucionarias" o "el autoritarismo, la violencia política y sus traumáticos legados". Un libro necesario y apasionante.


Malaga Hoy


Tormenta sobre España

El investigador francés Michel Matly recopila los cómics relacionados con la guerra civil a lo largo de los años, incluyendo creaciones extranjeras


JAVIER FERNÁNDEZ

20 Enero, 2021 


'El cómic sobre la guerra civil'. M. Matly. Cátedra. 408 págs. 35 euros.


Publicado en 2018 por Ediciones Cátedra, El cómic sobre la guerra civil es uno de los estudios sobre historieta más interesantes que he tenido la suerte de leer (y ya les aviso de que he leído muchos). Está escrito por Michel Matly, un investigador francés asociado al laboratorio CELIS de la Universidad Blaise Pascal de Clermont-Ferrand, doctor en Estudios Hispánicos (con una tesis que versa, precisamente, sobre el cómic y la guerra civil española), autor de numerosos artículos y de un par de libros teóricos, este del que ahora les hablo y La función del cómic (publicado en 2020 por la Asociación Cultural Tebeosfera, de cuya encomiable página web he sacado los anteriores datos).

El volumen de Cátedra se suma otros gruesos tomos de la colección dedicados al noveno arte: El discurso del cómic, Diccionario de onomatopeyas del cómic, Enciclopedia erótica, El universo fantástico del cómic (tetralogía firmada por Luis Gasca y Román Gubern), La pintura en el cómic (de Gasca y Asier Mensuro) y Cómic, arquitectura narrativa (de Enrique Bordes), un conjunto que ha ido ganando densidad y contenido, manteniendo el atractivo visual, gracias a la constante profusión de imágenes. De todos ellos, este de Matly, insisto, me parece de un interés sobresaliente, no solo por el tema, sino por el rigor en el discurso y por la enorme cata realizada. En palabras de Matly, ha tenido acceso "a más de 15.000 números de revistas digitalizadas, hojeadas minuciosamente hasta encontrar en ella la perla rara, la historia corta sobre la guerra. Este trabajo nos ha permitido reunir un número de obras considerablemente superior al contemplado en un principio". Matly cifra en 500 las obras que "abordan total o parcialmente la guerra civil", y estas, considera, componen "una base suficiente para analizar las representaciones de la guerra civil española en el cómic", objetivo final del libro. El cómic patrio supone el 60% del total, pero hay, en el análisis, una cantidad significativa de títulos de Francia, Argentina, Italia o Estados Unidos, "y se encontrarán obras que vienen de países más improbables como Polonia o Filipinas, lo que prueba el interés que suscitó y sigue suscitando la guerra civil allende los Pirineos". Una gran parte son de género bélico, claro está, aunque interesará saber que, entre los cómics que tematizan la contienda, los hay también de corte "político, satírico, policiaco, histórico, biográfico, de testimonio, western, de aventuras, de ciencia ficción, de amor y hasta erótico".

Comenzando por las historietas publicadas en tiempos de la propia guerra (en uno y otro bando y en el extranjero), el libro pasea por los tebeos españoles de la dictadura, la transición y distintas etapas hasta llegar a la década de 2010 y luego recorre otras latitudes para finalizar con unos cuantos capítulos temáticos (sobre la violencia, la Iglesia católica, el exilio y la cárcel y los motivos republicanos). Una lectura rica, formativa y apasionante que les recomiendo encarecidamente.


Malaga Hoy


NADA PERSONAL, CIUDADANO por Jesús Cuadrado



PLAGIARIO, TRAIDOR, INCONFESO Y MARTIR 

En algún otro papel, que no papelote, lo he dicho: lo único lúcido que Truffaut escribió (ora con pluma, ora con cámara) fue aquello de que "un crítico debiera ser el puente entre el artista y el público". La frase, me reafirmo, está bien: resulta utilitaria.

Pero, ¿qué es un crítico?

Según la Real Academia Española, critico es la "persona que ejerce la crítica", estimando que crítica es el "arte de juzgar de la bondad, verdad y belleza de las cosas"; y, específicamente, la persona que emite "cualquier juicio formado sobre una obra de literatura o arte".

Todo esto, en la última edición de su DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA; la vigésima edición. Pero, quince atrás, en la de 1817, rezaba, con perdón, que crítica era: "el arte o facultad de juzgar rectamente" (repárese en, fuera de que la O iba con acento ortográfico, la inyección de moralina confortante que conllevaba lo de "rectamente"; y, también, requeterrepárese en que corrían tiem¬pos revolucionarios, y que para esta edición, la quinta, revolución era sinónimo de "inquie¬tud, alboroto, sedición, altercación").

Pero, tanto para la antigua edición, como para la última, cuando familiarmente se articula el término critico se llega a la conclusión de que es la persona que "habla culto, con afectación"; retenga el lector en sus meninges, y para más adelante, esta curiosa redefinición (si meninges tuviera el lector, cualquiera de las tres; al menos, la piamadre).

Para María Moliner (divina mujer que nunca mereció peor patria), y en su DICCIONARIO DE USO DEL ESPAÑOL, la cosa queda más clara, pues crítico, en su cuarta acepción y actuando como adjetivo, se aplica a la "per¬ona que habla afectada o pedantemente".

Un lector meníngeo, que no meningítico, o sea, el de URICH, estará ya en condiciones de asociar qué acepción de la definición crítico le cuadra más a según qué crítico. El lector de URICH, o sea, el meníngeo, que no menengítico (seguidor de Menen), habrá descubierto que en esa última acepción, la familiar, es donde entra de lleno un conocido personaje del mundo del tebeo español.

En efecto, estamos hablando del único, posiblemente, hombre que menos cumple con su apellido (el apellido se creó en funciones de catalogación antropológica; así, un Herrero proviene de familia trabajadora en forjas, y un Schwarzkopf -en alemán, cabeza negra- deriva de un linaje de asesinos): Javier Coma es el plumario que peor uso hace de la coma. Tiene otros defectos, pero tampoco hay que ensañarse.

Este critico en cuarta acepción, es decir, este pedantón, para acabar antes (pedantón como aumentativo de pedante, pues grandote, anatómicamente hablando, sí que es; vamos, que si no me apoyo contra un muro, tengo media hostia), acaba de afirmar en la sección "Opinión" (otro decir) del diario EL OBSERVADOR (otro decir), del domingo 17 de Febrero del año en curso, y bajo el título "La verdadera paz", que el comportamiento invasor del dictadorzuelo iraquí "ha hecho patente la necesidad de una enérgica postura de prevención". Y firma, o deja que firmen, su aserto con la apostilla: "Javier Coma es escritor".

Hasta ahora, hasta hace unos meses, al Coma conocíamosle como autor (otro decir) de cosas impresas en papel y cosidas con tapas y tal y tal (libros, decían él y sus editores), y que versaban (ripiosamente) sobre la historieta usaca, la novela negra, el cine y tal y tal. Y escribo lo de hasta hace unos meses, porque, como todo lector meníngeo, que no meningítico, sabe, el Coma se retiró de la prensa periódica para escribir, afirmó, grandes estudios (para mí, seguirán siendo cosas y tal y tal, me temo) y por no poder atender a menudencias, insultando de paso a los editores (los hubo) y a los lectores (si es que hubo) que apoyaron sus secciones (otro decir). Y ahora nos sale con su neotrabajo de comentarista político y en prensa pujolista. No recuerdo cambio tan total tras tantos años de serpentear, yo, en/de/sobre los medios.

(Sí hago excepción con Haro Tecglen, satrapillo de TRIUNFO que sostenía que la Historieta no era medio para justificar una columna semanal, y sí parécele ahora útil una columna diaria sobre televisión; entonces, tenía que pagar a alguien por la columna, y ahora, como obrerete, páganle por la columna: evolución.)

Así, de un plumazo (plumetazo, más bien), el Coma abandona ideológica y posicionalmente a sus ex-compas de EL VIEJO TOPO (menuda tropa, por cierto), se clasifica freudianamente donde siempre estuvo y nunca confesó y/o admitió, y, finalmente, abraza la postura del intelectual (jope) que, en plan cilicio, sufre las iras de los pacifistas (gente siempre alocada e ingenua). Vamos, un zorrillo, que no Zorrilla.

El lector meníngeo (dícese de quien tiene meninges y hace uso de ellas), o sea, el de URICH, habrá ya descubierto que nuestro zorrocloco, viendo que el Ministerio de Cultura concedíale escasa credibilidad para conseguirle asesorías viñeteras (a pesar de su rota hílico maletón de catorce libros/cosas), está optando, en astuta alternativa, por algún puesto en el Ministerio de Defensa.

Jesús Cuadrado


URICH Nº17. Mayo 1991

Clara...de noche Dibujo: Bernet Guión: E. Maicas & Carlos Trillo

 

Revista El Jueves