sábado, 16 de enero de 2021

SEÑALADO POR EL GENIO Jordi Sánchez

 

 

Jordi Sánchez 

Ignoro los motivos, tal vez sea debido al conformismo generacional que ha marcado a las hordas de infantes nacidos en años próximos a la llegada del hombre a la Luna, o quizás se deba a mi propia indefinición como individuo, pero lo cierto es que me preocupan mucho más los pequeños enigmas de la existencia cotidiana que aquellas inquietudes filosóficas de magnitud cósmica. Me niego a intentar comprender los grandes puzzles de la razón, el ser y el cosmos. Por el contrario, siento, cada vez más, un apego por cuestiones de cariz intrínsecamente risible para la intelectualidad docente como podrían ser la preocupación por el trabajo, los resultados deportivos y la decadencia de los autores, principalmente de historieta, a los que admiro. Evidentemente, lo de la decadencia viene a propósito de Frank Miller, un artista idolatrado por las masas, que, después, de haber conocido las mieles de la inspiración, se ha dedicado a exudar una patraña sobre un robot medio tarado, un relato de aventuras subversivas protagonizado por una niña despabilada que ha dejado insatisfecho a más de uno de "esos sibaritas que forman la crítica más intransigente", y una nueva, bastante manida, introspección en uno de los personajes que con más fortuna manejara -Elektra-Puede haber quien me niegue el derecho a defenestrar a un autor con los créditos de Miller, por lo que dejaré claro que no intento en ningún momento desprestigiar al artista -jamás me atrevería a hacer en un par de folios algo para lo que el más locuaz de los oradores necesitaría centenares-, sino expresar un cierto recelo, ni mucho menos abominación, hacia sus más recientes obras, incluida esa mediocre película en la que ha participado últimamente.

La obra de Miller no siempre fue eso que en estos momentos me empeño en intuir deficiente. En épocas pasadas fue grande, grandiosa. Me gustaría sobre todo incidir en lo que considero el más acertado comienzo en un medio. Sabemos que pocos autores han tenido despertares gratos en el comic-book americano. La mayoría debería renegar de sus trabajos primerizos, siempre renqueantes, que no muestran más que un flagrante desconocimiento del medio, o. en el mejor de los casos, el simple germen de lo que después podrán dar. El comienzo de Miller, por contra, reveló ya a un artista de imaginación exuberante y técnica inmejorable -que sin embargo mejoró-. Sinceramente, debo reconocer que no tengo localizados todos y cada uno de los trabajos de Miller anteriores a su comienzo en DAREDEVIL -no creo que el amante de la historieta deba forzosamente convertirse en una enciclopedia-, lo que no me impide estar enamorado de la obra posterior. Una obra encandiladora, fascinante, subyugante, arrebatadora. Frank Miller comienza de forma sólida en DAREDEVIL con guiones de Roger McKenzie, en una saga que demuestra intensamente la validez de ambos autores como próximos maestros del medio. Una saga en la que la vida del héroe corre peligro. Una historia cuya trama deshilvana elementos del thriller más trágico, eludiendo la prosaica fantasía marveliana, manejando esquemas narrativos de simplicidad y efectividad asombrosa -tanto que uno se pregunta por qué no se escriben siempre guiones así-, y aportando diálogos que se intuyen extirpados con naturalidad, sin grandes esfuerzos, de la mente de su creador. El dibujo de Miller, por aquel entonces integralmente basado en retazos académicos combinados con la poca experimentación que los textos del guionista le permitían, está lejos de parecer siquiera lo que el autor haría en obras venideras. No importa. La fascinante impronta mental se muestra a todas luces justificada.

Un episodio de David Michieline. Impass. Poco que decir, Miller berrea pidiendo libertad. Y su alarido se convierte en una construcción dramática ejemplar. Es el responsable, el creador. Se ha convertido en guionista de la serie, y lo va a aprovechar. Tuve ocasión de escribir, a propósito de ELEKTRA SAGA, que la historia que presentaba su autor abusaba de la elipsis y las explicaciones absurdas. Me refería a los cuatro volúmenes recopilatorios, Bienaventurados los que la leyeran como Miller la creó inicialmente, pues suyo será el placer: el placer que un tebeo pueda provocar. Son algo más de una docena de comic-books cuyo desarrollo está supeditado a la eterna presencia, a la atroz e implacable amenaza de un personaje cuya suerte afectará al lector tanto o más que el presunto peligro al que está sometido el héroe protagonista. Para Miller no existe el distanciamiento tan caro a mi admirado Valle-lnclan. El lector, para el -llamémoslo así- dramaturgo norteamericano, ha de involucrarse forzosamente en el texto, sufrir si es sensible. No quisiera engañar a nadie extendiéndome en comentarios laudatorios de lo que acaso en el futuro debamos considerar bicoca. Pero el presente es el presente. Y la pasión me embarga.

Entre las amarillentas páginas de unos tebeos recuperados de su exilio con la finalidad de hacer un profundo estudio sobre algunos episodios de DAREDEVIL, y que, al fin lo afronto, no podré realizar, al menos en esta ocasión, encuentro una historia de la que guardaba un gratísimo recuerdo: RULETA. Sublime. Un solo tebeo; una veintena de páginas, no más, convertidas en una de las piezas de arte más relevantes que haya podido dar el comic estadounidense.

Ruleta Rusa. La situación límite. Los hombres dejando su vida en manos de la suerte. La experiencia definitiva del ludópata recalcitrante. ¡Qué grandioso material dramático podría extraerse de la situación!. Miller lo hizo. Consiguió plasmar en papel de tebeo lo nunca visto: la tensión del jugador. Bueno, sería imperdonable limitar el episodio a un mero retrato de la tensión y olvidar que, después de todo, Miller consigue que un personaje, al que a estas alturas ha convertido en suyo, Daredevil, se muestre, supongo que por vez primera, humano. O que nos enseña que el asesino más implacable puede ser también un acojonado. En fin, un puñado de cosas. Miller acabó la etapa en la serie con este capítulo. Después, a su vuelta, tras algo más de treinta meses, rizó el rizo. Estoy seguro de que en estas mismas páginas os hablarán de eso.



URICH Nº16. MARZO 1991

De oasis y espejismos por J. M. Méndez

 


 
J.   M.   Méndez
 
 
Aunque el "renacer" del comic book y la recuperación de su género antonomástico, el super heroico, como medio válido en lo artístico e intelectual, son fenómenos que parecen vivirse hoy con un cierto sentido de actualidad, sorprende el recordar que una década nos separa ya de la eclosión de sus principales artífices. Y si uno de ellos, Alan Moore, ha resultado no ser sino la brillante punta de todo un iceberg británico, convertido hoy en filón catalizador -pero no en motor- del mercado, el otro se ha confirmado como un oasis en medio del desierto, un extranjero en tierra extraña: Frank Miller.

Hoy, cuando la "invasión británica" existe como realidad, ratificada por la acuñación del término, es importante señalar que Miller, verdadero responsable -mucho más que Moore- del aspecto real de la aludida revolución, el industrial, es americano. No un europeo, portador de valores culturales de una tradición distante en lo espacial y en lo temporal, de cuya intrusión y mezcolanza pudiera germinar lo novedoso. Americano. Norteamericano. Yankee. Pese al bagaje de influencias personales que, evidentemente, lleva consigo, Miller es un auténtico producto de la cultura contemporánea de los Estados Unidos, y no hay en él hibridación más fundamental que la de los diferentes medios de comunicación que forman, conforman, y deforman la mentalidad media en aquellos lares. La impronta de su obra no es la creación, sino la revisión, la recuperación. No es de extrañar, pues, que su enorme talento haya encontrado su expresión en un medio y un género tan desorientados, tan necesitados de una labor casi arqueológica de selección y revalorización.

Interesado en los comics desde su infancia, y tras un periodo de aprendizaje en las filas de APA-5, el boletín de una asociación de aficionados de idéntico nombre, Miller entró en el ámbito profesional de la mano de otro enfant terrible, Neal Adams, quien lo acogió en una suerte de tutela, ayudándole a librarse de sus lastres de amateur. Hacia finales de los setenta, tomó la alternativa a las órdenes de Gold Key, una oscura editorial que pronto abandonaría para tentar las aguas en una de las dos grandes potencias, D. C, aunque también con escasa fortuna. Tras un puñado de historias cortas para las revistas de género de la editorial, consiguió introducirse en la Marvel, con trabajos de batalla y suplencias sin arte ni parte, como POWERMAN & IRON FIST nº 76, MARVEL SPOTLIGHT nº 8, o JOHN CARTER, WARLORD OF MARS nº 18.

Su primer trabajo para uno de los personajes estrella de la casa serían los números 27 y 28 de PETER PARKER, THE SPECTACULAR SPIDERMAN, en los que intervenía Daredevil, y que le valdrían la asignación de la colección de este último, puesto que conservo entre sus números 158 al 191, con la excepción del 162 (1979-83). Durante este periodo, sobre guiones inicalmente de Roger McKenzie, y posteriormente propios, Miller aprovecharía la gran libertad que le permitía trabajar en un título deshauciado, convirtiéndolo en un campo de aprendizaje en el que desarrollar sus singulares obsesiones: el expresionismo cinematográfico del film noir y las disciplinas marciales orientales, que también tendría buena ocasión de plasmar, junto con su peculiar dinámica narrativa, en la miniserie de cuatro números WOLVERINE, con guión de Chris Claremont (1982). Avalado por la aclamación de público y crítica, y protegido por una importante oferta de la D. C, pondría en la calle su Opus Magna RONIN, auténtica revolución de mercado y salto definitivo en su carrera de autor. Amparado por la tranquilidad económica y popular que le proporcionó el proyecto, se permitió a su conclusión una desaparición de casi tres años, en los que gestaría su obra más emblemática como fenómeno comercial: THE DARK KNIGHT RETURNS (1986), intensa transposición senil de Batman estructurada en cuatro volúmenes que instalarían el llamado formato prestigio en el mercado americano. La posibilidad de un quinto a modo de epílogo se barajó durante un tiempo, pero el propio Miller la abortaría a raíz de sus desavenencias con D. C. en el controvertido tema de los ratings. Ese año y el siguiente resultaron extremadamente prolíficos, al ir viendo la luz consecutivamente los varios proyectos que Miller venia madurando desde tiempo atrás, marcados todos ellos por un signo común, su participación exclusiva en el apartado literario: la miniserie de ocho números ELEKTRA ASSASSIN (1986) y la novela gráfica DAREDEVIL: LOVE AND WAR (1986), que lo asociarían a Bill Sienkiewicz, con resultados más que discutibles; y DAREDEVIL: BORN AGAIN (DAREDEVIL n°s 226-233, 1986-87) y BATMAN: YEAR ONE (BATMAN nos 404-407, 1987), ambas junto con David Mazzucchelli, dibujante hasta entonces poco notable, que sufriría a lo largo de estos dos trabajos una sorprendente metamorfosis, demostrando ser un complemento mucho más idóneo que Sienkiewicz. Tras esta avalancha productiva -y un frustrado proyecto de DAREDEVIL con Walt Simonson-, Miller volvería a sumirse en un aparente silencio creativo, roto tan sólo por trabajos dispersos y esporádicos, como las portadas para los doce primeros números de LONE WOLF AND CUB. Habría que esperar tres largos años para poder acceder al producto de su retiro: GIVE ME LIBERTY (1990-91), una tediosa fábula de política ficción en cuatro números, dibujados por el británico Dave Gibbons; HARDBOILED (1990-91), tres números de absurdas persecuciones, dibujados por el circense Geoff Darrow; y el film ROBOCOP 2 (1990), al que Miller contribuyó con un guión alterado una y otra vez durante el rodaje. Aún habría que esperar más, hasta el ocaso de 1990, para volver a disfrutar del Miller dibujante, en la forma de la novela gráfica ELEKTRA LIVES AGAIN, eternamente postergada desde su concepción en 1985, y que supondría una decepción a las expectativas despertadas, pues, aunque en lo gráfico se presentaba como su mejor trabajo, también resultó en su guión uno de los más vacuos. En la actualidad prepara una extensa novela gráfica revisando el origen de DAREDEVIL, que ilustrará John Romita Jr., y nuevas historias cortas con el personaje de Martha Washington, la protagonista de GIVE ME LIBERTY, de nuevo en conjunción con Dave Gibbons.



URICH Nº16. MARZO 1991


jueves, 14 de enero de 2021

Querido Capitán Haddock

RAFAEL NARBONA12 enero, 2021



El pasado 2 de enero cumplió ochenta años. Su vida ha sido fructífera, pues ha viajado a la Luna, los Andes, el Tíbet, siempre en defensa de los más nobles ideales. Aunque con algo de retraso le escribo esta nota de felicitación, deseando que haya pasado un día feliz en compañía de sus seres queridos. Sé que disfruta de una existencia tranquila, acompañado de Bianca Castafiore, su distinguida esposa y una de las grandes voces de la ópera. Imagino que su rutina debe ser sumamente placentera: paseos por los campos de Valonia, algún viaje a Bruselas y Amberes, agradables sobremesas con sus entrañables amigos Hernández y Fernández, visitas ocasionales de Serafín Latón -que ahora trabaja para Amazon-, noches románticas escuchando al 'ruiseñor milanés', horas de lectura con la pipa en la boca, Milú a sus pies y la compañía de ese simpático loro que le regaló Castafiore antes de convertirse en su esposa. No olvido que es un gran amante del «bel canto» e imagino que no desperdiciará la ocasión de escuchar arias de Rossini, Bellini o Donizetti. No he olvidado que su pieza preferida es el Aria de las joyas –o Air des bijoux- del Fausto de Gounod. Presumo que debe echar mucho de menos al bueno de Silvestre Tornasol, con esa sordera tan cómica que propicia los malentendidos más estrambóticos. Me han dicho que el profesor Tornasol ahora se encuentra en un laboratorio secreto, estudiando el SARS-CoV-2. El mundo tiene puestos los ojos en sus investigaciones. Sé que también pensará a menudo en Tintín, que –según he leído en Le Soir- ha viajado a Wuhan, epicentro de la pandemia, intentando localizar el origen exacto de esta calamidad. Me alarmé cuando los periódicos informaron que se había contagiado de Covid-19, pero me alivió saber que se había recuperado sin secuelas. Me pregunto si su remedio ha consistido en beber mucho Loch Lomond, el whisky escocés que tanto le gusta. 

Su relación con el alcohol le ha puesto a la altura de James Joyce, que siempre escribía bajo los efectos de una ligera ebriedad. Es cierto que antes de conocer a Tintín su afición al whisky le situaba más cerca de Malcolm Lowry, pero gracias a la amistad con el joven reportero pudo superar esa etapa, transformándose en un adalid del consumo responsable. Celebro que no se hiciera completamente abstemio, pues –como dijo Dante- “el vino siembra poesía en los corazones”. Siempre me he preguntado si su afición al Loch Lomond surge del aprecio a Escocia, la patria de Robert Louis Stevenson. Stevenson ejerce una invencible fascinación entre los marinos con cierta ilustración. No creo que usted sea una excepción. Escocia ha aportado al mundo grandes plumas: Walter Scott, Arthur Conan Doyle, David Hume, James Matthew Barrie. Estoy seguro de que tiene sus obras en la biblioteca de Moulinsart y me atrevo a especular que le han acompañado durante sus peripecias como lobo de mar, ocupando una balda en su camarote de capitán. Descendiente del caballero Francisco de Hadoque, siempre ha combatido a los piratas. Su ilustre antepasado luchó contra Rackham el Rojo y usted ha peleado valientemente contra los corsarios de nuestro tiempo, como el infame Rastapopoulos y su lugarteniente Allan Thompson. Su nombre siempre estará asociado al de los grandes exploradores del siglo XX. Al igual que el profesor y arqueólogo Henry Walton Jones Jr., más conocido como Indiana Jones, ha pisado lugares inaccesibles y desconocidos, como el templo perdido de los incas y nada menos que la Luna, ese misterioso satélite que ha suscitado tantas ensoñaciones entre los poetas y los amantes de lo inexplorado.  

Nunca le ha preocupado demasiado la opinión de los demás y jamás se ha dejado arrastrar por prejuicios. Cuando se topó con un campamento gitano cerca de un vertedero, ofreció sin pensarlo como alojamiento alternativo los terrenos de Moulinsart, pues le pareció intolerable que las familias, con sus ancianos y sus niños, vivieran en un lugar insalubre. Jamás dio crédito a las calumnias que circulan sobre el pueblo romaní. Su solidaridad se transformó en indignación y rabia al descubrir que un grupo de peregrinos subsaharianos en viaje hacia la Meca habían sido víctimas de una trampa y serían vendidos como esclavos al llegar a su destino. Su conducta, querido capitán, es un ejemplo de fraternidad y respeto al ser humano. Siempre ha detestado el racismo y los chismes que le acusan de misógino son infundados, pues mantuvo una estrecha amistad con Bianca Castafiore antes de que se convirtiera en su esposa. Cuando fue secuestrada por el general Tapioca, uno de los grotescos dictadores que ha sufrido la República de San Theodoros, acudió al rescate sin vacilaciones. Su amor a los niños también es admirable. Ha aguantado con paciencia proverbial a Abdallah, el malcriado hijo del emir Mohammed Ben Kalish Ezab, y cuando una niña gitana le mordió la mano comprendió que no obraba así por maldad, sino por miedo. Me he preguntado muchas veces por qué no se decidió a ser padre. Tal vez porque se casó muy tarde y consideró que se le había pasado el momento. La vida errante de los marinos no suele hacer buenas migas con la vida familiar.

Otra de sus grandes cualidades es el sentido de la amistad. Si Aristóteles le hubiera conocido, habría comprobado que no se había equivocado al describir la amistad como “un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas”. Sus comienzos con Tintín fueron complicados, pues atravesaba usted una mala época. No se lo reprocho. ¿Quién no sufrido altibajos en su vida? ¿Quién puede presumir de haber pasado por el mundo sin protagonizar algún episodio lamentable? En la mayoría de las ocasiones, ha brillado su extraordinaria calidad humana. Cuando escalaba amarrado a Tintín un pico del Himalaya y se quedó suspendido en el aire, no dudó un momento. Sabía que nadie podría rescatarlos y que no cortar la cuerda significaría una caída mortal para los dos. Sacó su cortaplumas y se dispuso a cortar amarras. Su gesto no puede calificarse de intento de suicidio. Sacrificar la propia vida para salvar a un amigo es un gesto sublime, un inequívoco signo de grandeza moral. Afortunadamente, lograron salvarse los dos, gracias a la intervención del sherpa que les servía de guía. Más tarde, querido capitán, se enfrentó al Yeti con un pico para proteger a Tintín y a Tchang, que había sido secuestrado por la solitaria y escasamente abominable criatura de las nieves. Creo que su relación con el joven reportero pelirrojo excede la amistad, pues en el Tíbet le llamó “hijo”. Su estrecha camaradería ha suscitado algunas interpretaciones maliciosas, quizás porque el afecto desinteresado y sin concupiscencia es un bien sumamente escaso, por no decir una rareza.

No quiero dejar de mencionar su gran aportación al idioma. Sus improperios y exabruptos han ensanchado el francés, inspirando nuevas fórmulas en otros idiomas que se han hecho eco de su ingenio verbal. Lejos de caer en la vulgaridad o, lo que es más grave, la blasfemia, ha sabido asignar a los villanos que se cruzaban en su camino los términos adecuados a su bellaquería. Ha convertido el improperio en una de las bellas artes. Ese prodigio le pone a la altura de Moliere, Racine y Marcel Proust. Ya forma parte del Parnaso y generaciones enteras celebrarán sus hallazgos. Sé que es católico. Lo demostró al quitarse la gorra cuando Hernández y Fernández confundieron las coordenadas geográficas y situaron el Sirius -el barco con el que buscaban el tesoro de Rackham el Rojo- en la Plaza de San Pedro. El ateísmo es una vulgaridad, un sentimiento impropio de un caballero. Es cierto que nunca le ha agradado el papel de aristócrata. Prefiere el catalejo al monóculo y el jersey de lana de cuello alto a la corbata, pero eso no significa que no tenga un sentido aristocrático de la vida. La verdadera aristocracia no es una cuestión de títulos y linajes, sino de valores y sentimientos. Un hombre que ha cultivado la lealtad, el coraje y la generosidad, como es su caso, pertenece a la aristocracia del espíritu, la única que importa. 

Me pregunto cómo habrá pasado el confinamiento. No creo que se haya dedicado a jugar a los barquitos, como el repelente magnate Laszlo Carreidas. Recuerdo que en una entrevista mencionó que amaba la novela del XIX: Dickens, Balzac, Víctor Hugo. Me atrevo a recomendarle a Galdós y, ya en el siglo XX, a Pío Baroja. Estoy convencido de que disfrutaría mucho con Las inquietudes de Shanti Andía, capitán de fragata y uno de esos vascos que dieron gloria a España, un país que le invito a visitar. De hecho, yo aprecio un aire quijotesco en todas sus aventuras, pues siempre ha tomado partido por los más débiles y vulnerables. Lamento que el avión en el que viajaba con Tintín mientras huían del Karaboudjan se desviara de su ruta y acabaran en el Marruecos francés. Me hubiera gustado verlos paseando por El Escorial, Ávila, Burgos o Salamanca. Creo que le gustaría España, con su pasado lleno de grandes hazañas, sus grandes tesoros artísticos y su honda espiritualidad. Por desgracia, la continuidad histórica de mi país está en crisis por culpa del separatismo. Ya sé que en Bélgica también hay problemas entre los valones y los flamencos. El nacionalismo es el peor virus y uno de los grandes males de la historia de Europa. Tengo entendido que De Gaulle y Churchill visitaban a menudo Moulinsart. Ya no quedan políticos de esa talla, tan necesarios en estos momentos de crisis e incertidumbre.

Me despido de usted deseándole muchos años de vida en compañía de su distinguida esposa, la gran Bianca Castafiore, y de sus queridos amigos Tintín y Tornasol. Siempre le estaré profundamente agradecido por las horas de felicidad que me han proporcionado sus aventuras. ¡Mil rayos! ¡Es usted una de las mejores cosas que me han sucedido! Creo que miles de personas de mi generación podrían decir lo mismo. Un mundo sin el capitán Haddock sería un mundo indudablemente peor. 

Quedo a su disposición para lo que desee y pido a Dios que guarde su salud durante muchos años. 


El Cultural



De Granada a Gotham: la dibujante Belén Ortega dará vida a Batman en un cómic de DC

La ambiciosa ilustradora prepara una historia dentro de la saga 'Legends of the Dark Knight', una de las más antiguas de la editorial estadounidense con el hombre murciélago como protagonista


Un ilustración del Caballero Oscuro hecha por la artista granadino / B. O.


ISABEL VARGAS

Granada, 12 Enero, 2021


La dibujante sostiene uno de los tomos de la saga 'Millenium' en la Comic-Con de Nueva York. / FACEBOOK

Dio sus primeros pasos en el dibujo con una serie propia de manga, titulada Himawari. Cambió de registró en Pájaro indiano y después se atrevió a contar la historia de Marc Márquez, estrella del motociclismo. El guionista belga Sylvain Runberg contó con ella para ilustrar la ambiciosa trilogía de Millenium. En 2019, Marvel la llamó para hacer su primera colaboración con el gigante del cómic. Ese mismo año publicaba un spin off de Bárbara, una de las historias más desconocidas de Osamu Tezuka, junto a Víctor Santos en una revista japonesa. Belén Ortega (Granada, 1986) suma ahora otra proeza a su deslumbrante currículum: trabajar con la editorial americana DC. Y ni más ni menos que para 'mudarse' a Gotham. La dibujante dará vida a Batman en una historia de la saga Legends of the Dark Knight, una de las más antiguas de la editorial con el hombre murciélago como protagonista.

Hace dos años, DC se puso en contacto con la granadina a través de Instagram. "Estaba muy liada con la saga Millenium. Era mi último año y la estaba terminando. Intercambiamos correos y se quedó en el aire", recuerda Ortega. A raíz de una portada que hizo para Marvel, en concreto para Silk (una especie de Spiderwoman conocida en España como Seda), el editor que lleva la serie de Batman en DC, Ben Aberthany, se fijó en ella. "La vio y le gustó mucho. Le preguntó a Bruno Redondo y a Jorge Jiménez (dibujantes de DC) por mí. Ellos me escribieron por separado. Al cabo de dos semanas, Aberthany contacto conmigo. Querían que entrase a trabajar con ellos", cuenta. Che Grayson será el encargado de guionizar esta historia corta.


Otro de los dibujos de Ortega para DC / B. O.


"Mi gran temor con el mercado americano era eso: dibujar universos que desconozco. Me gustan personajes como Batman, Spiderman o Superman. Dibujarlos es otra historia más allá de que te guste el personaje", señala la artista, que entró en el mercado americano para abrirse nuevas puertas tras despedirse de Millenium. "No he sido yo la que haya buscado dibujar a Batman. Qué suerte la mía porque mucha gente lo busca. Es una oportunidad de trabajar en universo que está muy guay. Tengo el doble reto de hacer una historia con un personaje tan mítico como Batman y que nunca he dibujado. Es una presión enorme. Más allá de esa presión, tengo la oportunidad de romper con esos miedos del mercado americano y sus tiempos", reconoce la ilustradora, que tiene por objetivo ahora descubrir su personalidad dentro del cómic americano.


Una de las primeras dibujantes españolas en dar vida a Batman

Ortega es una de las primeras dibujantes españolas en dar vida al Caballero Oscuro junto a Emma Ríos, que acaba de participar en un proyecto colectivo titulado Batman Black and White. "Mi meta nunca ha sido dibujar a Batman. Estoy probándolo. Voy asumiendo los retos como parte del aprendizaje", se sincera. A la hora de documentarse, la granadina ha estudiado a un montón de autores nacionales e internacionales porque, según ella, necesita referencias visuales y tiene que aprender el lenguaje del personaje (cómo se mueve, la estética). Entre ellos están Sean Murphy, Javier Fernández y Jorge Jiménez. "Sara Pichelli también. Aunque no haya dibujado a Batman me gusta mucho su estilo de dibujo. Y Dan Mora, que es muy amerimanga", añade.


La portada de 'Silk' por la que DC se fijó en la artista / B. O.


¿Cómo se siente una al trabajar para las dos casas editoriales de cómic más famosas del mundo? "Muy afortunada. Le doy todavía más valor porque nunca me planteé trabajar para Marvel ni para DC. Me hace pensar que cuando trabajas y tus proyectos gustan, pasan estas cosas", asegura la autora que lleva ya un tiempo en Marvel. "Me han dado tres número de Capitana Marvel. Me ocupo de la parte de los flashback. Son trabajos estimulantes. No he hecho nada que no me motivase. Soy consciente de que igual estoy abarcando mucho, pero bueno me está llegando así", declara. En marzo, Ortega empezará con otro personaje en DC del que aún no puede dar muchas pistas (lo que único que confirma es que pertenece al universo Batman).

Al dibujar cómic americano, Ortega dice sentirse "bastante estresada por el componente de la novedad". "No estoy familiarizada. Mi meta haciendo esto es dar con la tecla, encajar bien en lo que se espera de mí y disfrutar con ello. Con el primer guion que me llegó de Capitana Marvel lo pasé muy mal. No he dibujado de manera continuada a este personaje. Después de hacer tres números de Capitana, me he sentido más preparada para afrontar lo de Batman", asevera la artista, cuya meta final es disfrutar dibujando.


Un proyecto para Francia

Una de las viñetas de 'Patriarchy' / B. O.


La granadina también anda metida en otros proyectos más independientes como Patriarchy, una trilogía escrita por Sylvain Runberg y Annabelle Gervais; y con color de la granadina Amparo Crespo. Ambientada en un mundo postapocalíptico, la serie de Editions Caurette estará protagonizado por un grupo de mujeres guerreras conocidas como Las Valquirias. Ellas se enfrentarán a "un mundo donde todas las mujeres se han convertido en esclavas, bajo el régimen patriarcal del Protectorado, y donde los hombres tienen derecho sobre la vida o muerte de ellas", reza la sinopsis. Ortega terminó el primer tomo en noviembre y ahora está con el segundo.

La dibujante toca madera porque le ha ido muy bien a nivel profesional en el año de la pandemia. "Tengo más trabajo que nunca. Mi gremio es de los que menos se está viendo afectado porque la producción de tebeos no ha parado", cuenta. Sin embargo, a nivel personal lo lleva "regular" porque vive sola. "Mi familia y yo estamos siendo muy estrictos. La Navidad la pasé sola. Lo que peor llevo es el aislamiento", confiesa la ilustradora, que casi todas las semanas se organiza de manera diferente. Mientras tanto, Ortega sigue planteándose hacer obras propias en un futuro. "Me motiva mucho contar algo. Pero no tengo prisa", dice al final de la conversación telefónica. Sea cual sea su camino, seguirá brillando.


Granada Hoy