viernes, 12 de junio de 2020

Encajando piezas

Las cosas han cambiado mucho para la pareja de protagonistas de la serie publicada por la editorial Astiberri, que verán como sus vidas han tomado caminos totalmente opuestos

JOSÉ LUIS VIDAL
10 Junio, 2020



En el principio fueron Jon y Suzie, dos extraños que se dieron cuenta que compartían algo más que una pesada e invisible mochila del pasado e inseguridades. Se vieron sorprendidos cuando, practicando sexo, al llegar al orgasmo el tiempo se paraba. Pero no en sentido metafórico, no. Realmente el tiempo se detenía y podían recorrer la ciudad, colarse en los lugares más exclusivos y hacer una y mil fechorías… Se convirtieron en Criminales del Sexo.

Más tarde aparecieron los personajes secundarios. Doc, el psiquiatra de Jon, un tipo que sabe escuchar mientras mira escenas de películas porno en su portátil, la mayoría protagonizadas por su ídolo de la infancia, Jazmín Santa Cocaína, una actriz que fue la número uno en su carrera y que, en la actualidad, es una seria profesora universitaria con la que comparte una relación.


Y, por supuesto, el peligro encarnado en un inusual trío. La Policía del Sexo, comandado por la expeditiva Carakegel, una auténtica agente de policía con una doble, o debería decir triple vida. Junto a ella un orondo conductor de autobús y el todopoderoso presidente de una multinacional, Kuber Badal, un tipo sin escrúpulos que solo ansía dinero y poder.

Como Jon y Suzie averiguarán a lo largo de la trama, ellos no son los únicos que poseen estas, llamémoslas, capacidades a la hora de practicar sexo. Con el tiempo llegarán a conocer a Alix y Dewey, con los que pretenden enfrentarse al trío de agentes de la ley sexual.

Pero este quinto volumen empieza mal, fatal, para los protagonistas, ya que como sabréis los que seguís la serie, en el volumen anterior, las mentiras de Jon hicieron que la pareja rompiera, por lo que ahora los encontramos viviendo sus nuevas vidas: Jon con una chica con la que mantiene una relación abierta, tal vez demasiado, y Suzie junto a lo que podíamos definir como un gilipollas ilustrado, un tipo insoportable que no comprende a su pareja que, por cierto, se ha visto obligada a regresar a la casa de su madre, con la que no tiene una relación para nada fluida debido a esa mochila del pasado que os comentaba al principio.

Y ahora que todas las piezas están sobre el tablero la cosa se pone aún más interesante si cabe: Seremos testigos del descubrimiento de un gran secreto que define a uno de los personajes; cómo algunos van a cambiar de bando; otros de marcharán de la vida de sus, hasta ahora parejas y, sobre todo, sabremos si el destino de Jon Y Suzie es pasar separados el resto de sus existencias…

Los agoreros de la ficción insisten una y otra vez con esa famosa frase, "Ya no hay nada nuevo bajo el sol…". Afortunadamente, cada cierto tiempo surge una propuesta como este Sex Criminals, donde sus autores, el guionista Matt Fraction, al que conoceréis por poseer una largo currículum en el género superheroico (X-Men, Invencible Iron Man, Thor…), y que sorprendió a propios y extraños con el argumento de esta original serie que publica la editorial Image en los Estados Unidos, país donde las mentes bien pensantes se escandalizan cuando vislumbran un pezón pero quedan totalmente impasibles ante cualquier forma de violencia (estos últimos días hemos sido testigos de más de un desgraciado ejemplo de esta conducta).

Fraction sabe mezclar sabiamente una trama que te engancha desde la primera viñeta, con una fuerte dosis de ironía, un humor que marca muchas de las situaciones, con la vida y el pasado de una serie de personajes que comparte muchos traumas del pasado, la mayoría de la infancia y, claro está, cantidades industriales de sexo, en todas sus formas y prácticas imaginables.

Y en el apartado gráfico, nos encontramos a otro tipo con muy buen humor, el canadiense Chip Zdarsky (también guionista en series Marvel como Howard The Duck, Spiderman o Daredevil), que le saca todo el partido a las páginas del cómic, demostrando las casi infinitas maneras de narrar que tiene el Noveno Arte.

Ambos han conseguido algo que pocos logran, y es que gracias a algunos temas que se tocan dentro de la trama, muchos de sus lectores se hayan podido interesar en querer saber más sobre ellos, llegando a producirse una interacción, dentro del correo de la colección, en la que, tanto Fraction como Zdarsky han convertido ese espacio en un interesante y, en ocasiones, divertidísimo, gabinete sexual.

El grand finale se acerca, ya se vislumbra en el horizonte de estas magníficas páginas, una de las mejores series que se publican en la actualidad, en la que tal vez os veáis reflejados en algunas de las situaciones que en ellas se narran, quién sabe. Os aseguro que no seríais los primeros…


Malaga Hoy


La reina de los dibujos animados

'Betty Boop' (1930), de Max Fleischer, tras triunfar en el cine con sus cortos de dibujos animados, saltó a tiras de prensa diarias y páginas dominicales entre los años 1934 y 1937


GERARDO MACÍAS
10 Junio, 2020

'Lo mejor de Betty Boop / Tiras dominicales 1934-1937'. Guion y dibujos: Max Fleischer. Ediciones Kraken, 2015.

Inspirada en estrellas como Mae West, Helen Kane, Clara Bow, Claudette Colbert, etc, la famosa Betty Boop es un personaje animado creado en los estudios de Max Fleischer. Apareció originalmente en la serie Talkartoons, producida por Fleischer Studios para Paramount Pictures. Betty Boop se hizo popular en 1930, cuando se estrenó en cines el corto de animación Dizzy Dishes, séptima entrega de la serie. Las ocho entregas siguientes están protagonizados por Betty. En 1932, Talkartoons se reemplazó por la serie Betty Boop, que continuó siete años en la gran pantalla.

Betty Boop fue originalmente una hembra de caniche antropomorfizado. Inmediatamente, se convirtió en la Betty humana, con labios en forma de corazón y cuerpo insinuante. Las orejas de caniche se convirtieron en pendientes de aro, la nariz de caniche pasó a ser de niña, y nació el prototipo de chica sexy e ingenua, con un punto de picardía.


Betty Boop tiene la cara grande y redonda con ojos grandes enmarcados en un peinado bob cut, o sea, de corte recto hasta la mandíbula, con flequillo, que se asocia al jazz y a las flappers, jovencitas en falda corta que no llevaban corsé.

De cuerpo pequeño, la característica física principal de Betty Boop es el pecho grande, pero su lucha contra el acoso sexual hizo que fuese icono feminista. Betty Boop es de los dibujos animados más populares por su erotismo. La chica siempre era acosada por pretendientes, y aunque en pantalla no pasaba nada, al espectador no se le escapaba lo que ocurría.

Otros personajes femeninos del momento exhiben como ropa interior pantalones de flores y son clones de sus contrapartidas masculinas, con cambios de vestuario, adición de pestañas y voz femenina. Betty Boop lleva vestido corto, tacón alto, liga y senos realzados con mucho escote al que los secundarios masculinos intentan echar un vistazo. Es de los primeros símbolos sexuales en la pantalla animada y también de la Gran Depresión y del jazz.

La mejor etapa de Betty Boop son sus primeros tres años. En verano de 1934, con el Código Hays para la censura, Betty Boop se convirtió en ama de casa boba y solterona de falda larga. Se redujo el papel de Betty a favor del reparto, lo que contribuyó al declive de la serie.

Cuando la era del jazz que representaba Betty fue reemplazada por la del swing, Fleischer intentó sin éxito desarrollar otro personaje. En Rhythm on the Reservation (1939), Betty conduce a través de una reserva india, y crea la Swinging Sioux Band. La serie terminó con Yip Yip Yippy (1939), donde no aparece Betty. Sus andanzas llegaron a más de cien cortos y su vida cinematográfica se acabó al comienzo de la 2ª Guerra Mundial. En Fleischer Studios, a Betty Boop la releva la serie Popeye el Marino, que surge precisamente de los cortos de la Boop.

La tira de prensa Betty Boop fue coordinada por Max Fleischer y realizada por miembros de su equipo como Bud Counihan y Hal Seeger. Fue distribuida en los periódicos por King Features Syndicate desde el 23 de julio de 1934 al 28 de noviembre de 1937. Tras la muerte de Max Fleischer, Betty Boop se relanzó en tiras de prensa y revistas de cómics al menos hasta 2016.

La actriz y cantante Helen Kane, famosa en los años 20 como estrella de teatro y películas para Paramount, estaba acabando su carrera cuando Paramount lanzó a Betty Boop. En 1932, Helen, no muy bien pagada comparándose con Fleischer, puso una demanda aduciendo que Betty la imitaba. El juez desestimó la demanda, ya que había docenas de artistas similares.

En 1955, los cortos saltaron de una productora a otra, debido a varias compras y fusiones hasta llegar otra vez a Paramount. Los cortos originales de Betty Boop se hicieron en blanco y negro. En los 60 se hicieron episodios en color específicamente para televisión. En 1969, Columbia Pictures compró los derechos.

Su carrera audiovisual se trató de relanzar en 1974. Sin mercado para dibujos animados en blanco y negro, fueron coloreados, lo que degradó la calidad, y no se pudieron vender a televisión.

En 1982, Sony Pictures se hizo cargo de la productora. En 1984, Betty volvió en un especial de televisión de CBS. Su última aparición fue en 1988, en ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, donde se enamora en vano del protagonista.


Malaga Hoy


COSECHA CMYK Un documental de José Luis Ágreda (y 3)












martes, 9 de junio de 2020

VIDA MOSTRENCA: 'Armaggedon' rumiante

El Pais de las Tentaciones
Viernes 22 de diciembre de 2000

Texto: Jordi Costa Ilustración: Darío Adanti

1 En mayo de 1980, el humorista norteamericano Gary Larson dibujó su primer chiste sobre vacas. A partir de ese momento, las variaciones surreales sobre el mundo rumiante se convertirían en una de las señas de identidad de su catedralicia obra The far side, construida a golpe de chiste diario: vacas erguidas sobre dos patas, vacas vampiro, vacas con tocado frutal a lo Carmen Miranda, vacas hinchables, vacas bidimensionales, vacas cotillas, vacas caníbales, vacas ligonas... Larson nunca se ha mostrado muy amigo de la reflexión y, por eso, en su antología The prehistory of the far side. A lOth anniversary exhibit se limita a constatar que, a partir de esa fecha clave, la vaca se impuso en su discurso cómico. Un jalón significativo en el uso jocoso de la vaca le había precedido: el rumiante catapultado en esa escena antológica de Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores, la comedia medieval de los Monty Python. Después de Larson, la explotación bufa del ganado se multiplica: la falsa vaca con botas de lluvia de Top secret o el bóvido agónico de Yo, yo mismo e Irene son dos remarcables hitos de la especialidad. De todo ello podemos extraer una conclusión: que las vacas dan risa. 0, desarrollando esa línea de pensamiento, que colocar a una vaca en una posición, actitud o estado de ánimo que en un ser humano podría antojarse cotidiano, patético, dramático o, directamente, trágico, tiene sobre el receptor del chiste un efecto hilarante automático y garantizado.

2 Veamos qué nos dice Jean Braudillard en su visionario Pantalla total (Anagrama) sobre el preocupante fenómeno de las vacas locas: "La epidemia de las vacas locas es, ante todo, la plaga del reblandecimiento cerebral de las poblaciones humanas que giran enloquecidas en torno a sí mismas en un prodigioso ataque de mimetismo bovino. Es un test de tamaño natural
sobre la calidad del rebaño humano". Para el pensador, la epidemia de las vacas locas es un síntoma más en un proceso global de debilitación desembocante en un apocalipsis vírico. Tal vez la vaca es el espejo del hombre, una metáfora de su reblandecimiento espiritual.

Pensemos ahora en la magnitud de la tragedia rumiante y en el problema más inmediato que el sistema deberá resolver al respecto: la desaparición de esos cadáveres no comestibles. No es descabellado imaginar la Europa inmediata como una suerte de siniestra barbacoa necrófila de tamaño continental. Basta colocarse en un estado mental levemente agorero para imaginar inmensos hornos crematorios para vacas, gigantescas montañas de esqueletos bovinos que podrían haber sobreestimulado la imaginación del Goya más oscuro. El exterminio del animal enfermo como la versión vaca del holocausto. 0 la parodia del holocausto. Si es cierto que Gary Larson descubrió una conexión entre la figura de la vaca y el músculo de la risa, la epidemia de las vacas locas desembocará en una representación del holocausto que, en teoría, debería darnos risa.

3 Pongámonos, por un momento, conspíranosos, como Miguel Ibáñez o Robert Anton Wilson. Es un hecho que los virus de última generación son selectivos, perversos y de ultraderecha: ahí están el sida y el síndrome de las vacas locas. He aquí una teoría de la conspiración a la medida de los hechos: la última vanguardia artística está integrada por una conjura de científicos nazis cuya disciplina es la creación sintética de virus caprichosos e implacables. Su última instalación conceptual ocupará todo el territorio europeo: una obscena representación paródica del holocausto en clave vacuna, concebida con la perversa intención de borrar, por la vía de la hilaridad, la memoria de la tragedia histórica. Nadie debería reírles la gracia.




lunes, 8 de junio de 2020

Un tebeo imprescindible

JAVIER FERNÁNDEZ
08 Junio, 2020


'Blueberry. Integral 9'. Jean Giraud. Norma Editorial. 216 págs. 34 euros.

El noveno tomo integral de Blueberry es el último. Con él se completa la mejor edición de una de las series fundamentales de la historia del tebeo mundial, el mejor western publicado nunca en viñetas. Van aquí tres álbumes realizados ya sin guiones de Charlier, escritos y dibujados por un Jean Giraud que es más Moebius que nunca: Ok Corral (2003), Dust (2005) y Apaches (2007), junto con 30 páginas de material extra (prólogos, una entrevista a Giraud, bocetos, ilustraciones y dibujos inéditos), un festival para la vista. Podría dar muchos motivos para leer Blueberry, pero si a usted no le interesa leer la serie, quizá a la serie no le interese que usted la lea. La palabra imprescindible se inventó para casos como éste.


Malaga Hoy


Sin familia, ni linaje

Con el pulso de las grandes obras, el libro de Moreau lleva hasta la Islandia del siglo XVIII, uno de los periodos más oscuros de su historia


JAVIER FERNÁNDEZ
08 Junio, 2020

'La saga de Grimr'. Jérémie Moreau. Norma Editorial. 232 páginas. 29,95 euros.

Nacida en el boom del tebeo de autor de los 80 y superviviente a todos los cracks que han venido desde entonces, la catalana Norma Editorial se puso a editar en serio más o menos cuando yo me puse a leer en serio, y buena parte de mi sensibilidad lectora se debe al buen ojo del catálogo que nos descubrió a Enki Bilal, François Bourgeon o Vittorio Giardino, a Miguelanxo Prado y Daniel Torres. Muy pronto me acostumbré a revisar periódicamente los títulos publicados por Norma (llevo cuatro décadas haciéndolo) y no hay mes que no desee agenciarme tal o cual álbum (en esta misma página tienen dos imponentes integrales que ya enriquecen mi colección), ni mes que los de Rafa Martínez no me tengan reservada alguna sorpresa. De este último apartado, el de las sorpresas, les traigo aquí dos muy recientes: Annmarie, de María Castrejón y Susanna Martín, y La saga de Grimr, de Jérémie Moreau.

Lo primero es, según reza la cuarta de cubierta, "la biografía de un icono del feminismo en el periodo de entreguerras", más concretamente de la escritora y fotógrafa Annemarie Schwarzenbach (Zúrich, 1908-Sils im Engadin/Segl, 1942). En palabras de Berta Jiménez Luesma, que firma un extenso e intenso prólogo, la novela gráfica en cuestión no es "una obra inofensiva, sino pura dinamita dibujada". Y es que Annemarie fue un personaje transgresor hace casi un siglo y lo sigue siendo hoy día. "Hedonista, depresiva, frecuente de la noche, desagradable, cortante y testaruda (...) promiscua, sáfica, ambiciosa y una gran periodista internacional", Annmerie reivindica con su actitud y su propia vida "el derecho al mal: el derecho a no tener que sonreír, a ser inestable, a no ser femenina, a ser toxicómana, a viajar sola o acompañada de otra mujer por el mundo, a no tener que ser heterosexual". Pero no crean que esto es un panfleto o una tesis doctoral, se trata de un relato tan elegante como apasionado, un cómic que hilvana con belleza las peripecias de esta viajera infatigable, una figura irredenta, rebosante de talento.

Lo segundo se alzó con el Fauve d'or, o sea, con el premio al mejor cómic en el Festival Internacional del Cómic de Angoulême 2018. Con todo merecimiento, pues es visualmente portentoso y tiene el pulso de las grandes obras. El libro de Moreau me atrapó desde la primera página y me tuvo con la boca abierta hasta el final. El argumento nos lleva a la Islandia del siglo XVIII, a "uno de los periodos más oscuros de su historia", para narrarnos la epopeya de Grimr, un niño pobre escapado de las erupciones volcánicas que matan a su familia. El protagonista es un héroe sin linaje que se abrirá paso "en la isla más peligrosa del mundo", situada como está sobre "un monstruo con fuego en las entrañas", según explica el pícaro Vigmar, que es quien rescata al niño de una cuerda de esclavos y lo pone rumbo a su destino. Claro que el verdadero peligro no será la actividad volcánica, sino el trato con los congéneres, las crueldades y falsedades de la sociedad. Una auténtica maravilla.


Malaga Hoy


Una mezcla para soñar

JAVIER FERNÁNDEZ
08 Junio, 2020

'Thorgal. Integral 2'. Jean van Hamme, Gregorz Rosinski. Norma Editorial. 216 págs. 35 euros. 35 euros.

Me alegro de ver el coleccionable de Thorgal en los quioscos, pero me alegro mucho más de tener en mi colección los imponentes tomos integrales publicados por Norma Editorial. De cuatro en cuatro, los álbumes de la obra maestra de Jean Van Hamme y Gregorz Rosinki, un clásico de la fantasía europea, lucen estupendamente en este formato, con su grueso lomo entelado y los dosieres finales que enriquecen la lectura. El segundo integral recopila los títulos Más allá de las sombras (1983), el primero que leí, hace ya mil años, una imaginativa versión del mito de Orfeo que me hizo enamorarme para siempre de la serie, La caída de Brek Zarith (1984), El hijo de las estrellas (1984) y Alinoé (1985). Dice la contraportada que las historietas del vikingo Thorgal Aegirsson ofrecen realidad, fantasía, mitología y ciencia ficción. Pues eso, una mezcla para soñar.



Malaga Hoy