miércoles, 6 de diciembre de 2017

Albert Watson, fotógrafo.

Albert Watson es uno de los fotógrafos más eclécticos de la última mitad el siglo. Políticos estrellas del rock y hasta monarcas han posado para este escocés, que cuenta la moda entre sus pasiones
Texto Álex Vicente   Fotos Jake Chessum



Mick Jagger (Los Angeles, 1992)
Esta foto fue totalmente improvisada y se realizó cuando aún no había Photoshop.



Albert Watson (Edimburgo, 1942) lleva medio siglo haciendo fotos, desde que su mujer le regaló una cámara fotográfica cuando cumplió 21 años. Sintió inmediatamente, según relata, que el aparato era una extensión de su mano. Entendió muy pronto que quería dedicar su vida a mirar por el objetivo. Desde entonces, se ha convertido en uno de los nombres más celebrados de esta disciplina. También en uno de los más eclécticos. Watson escogió no escoger y ha tocado todos los palos, de la fotografía de paisajes a las naturalezas muertas, sin olvidar su trabajo comercial para los estudios de Hollywood o sus numerosas campañas para todo tipo de marcas, de Chanel a Levi Strauss.
 

Sin embargo, son sus retratos los que lo han consagrado como uno de los grandes nombres de la fotografía de nuestro tiempo. Por su objetivo han pasado mitos como Andy Warhol, Michael Jackson, David Bowie o Steve Jobs. En su interminable galería de imágenes conviven Kate Moss y la reina de Inglaterra. Para reflejar todas esas aristas, Taschen publica ahora Kaos, voluptuoso volumen del que solo distribuirá 1.200 copias numeradas, además de otras 50 que irán acompañadas de una lámina firmada (el precio del libro, entre 1.250 y 4.000 euros, no es accesible para todos los bolsillos). Watson recibe así un honor que antes obtuvieron Helmut Newton o Annie Leibovitz. «Me siento orgulloso por ello», admite desde su estudio en el barrio neoyorquino de Tribeca, mientras empieza a repasar el transcurso de su larga trayectoria. 
La oficina de Albert Watson en Tribeca -uno de los barrios más famosos y cotizados de la Gran Manzana- es un espacio de trabajo lleno de objetos personales donde el fotógrafo guarda su obra
y prepara las imágenes para ser enviadas.El jukebox antiguo está en una de las salas y su música suena siempre que los visitantes lo piden.


¿Por qué decidió convertirse en fotógrafo? 
Soy hijo de un boxeador profesional y de una profesora de educación física. Mi familia no tenía nada que ver con este mundo, pero cuando terminé el instituto sentí que quería dedicarme a esto. Me apunté a una escuela de arte en Dundee, cerca de donde crecí, con la intención de convertirme, cuando terminara, en profesor de pintura o escultura. 

Por aquel entonces, ¿qué importancia tenía el arte para usted? 
Simplemente era una actividad con la que disfrutaba. Y entonces tenía la voluntad de dedicar mi vida a algo que me gustara. No creo que intentara expresar nada en concreto. Solo quería aprender. Después de dos años pintando cuadros o haciendo cerámica y alfarería, acabé entendiendo que lo que se me daba mejor era el diseño gráfico. Fue entonces cuando descubrí la fotografía, porque había una asignatura sobre esta materia. Recuerdo que, cuando empecé a hacer fotos, me obsesioné inmediatamente y ya no pude parar. 

¿Qué fue lo que le gustó?
Su inmediatez. El hecho de poder ver el mundo a través de un agujero y de poder interpretarlo de una manera determinada. En 1966 terminé la escuela en Dundee y me aceptaron en el Royal College of Art de Londres. Me mudé allí para estudiar diseño, cine y fotografía.






La moda y las modelos son una de sus pasiones.
En la foto, Kate Moss, Henna Hand
Marrakech, 1993.


Vivió los años del Swinging London. ¿Qué recuerda de aquella vibrante escena cultural?
Fue un momento muy excitante para estar en Londres, aunque mi experiencia fue muy distinta a la de otros artistas... Yo tenía una familia, por lo que llevé un tipo de vida algo conservador. Mi mujer trabajaba de profesora y teníamos dos hijos. No fueron unos años locos. Solo me interesaba poder mantener a mi familia y trabajar duro para tener éxito en lo que hacía. Creo que fue durante esos años cuando mi fotografía se volvió mucho mejor. 

¿Por qué se mudó a Estados Unidos?
Había viajado por el país durante un mes, en 1966, gracias a una beca concedida por IBM. Desde entonces, me tenía obsesionado su modo de vida. Mi mujer obtuvo un trabajo en California a principios de los 70 y decidimos mudarnos allí. ¿Hubiera sido mi carrera distinta en el Reino Unido? A menudo me lo pregunto... Me gusta pensar que hubiera tenido el mismo éxito, simplemente porque le dediqué muchas horas. Fue una época en la que trabajé mucho. Lo que obtuve fue fruto de ese esfuerzo. 

¿Cuándo se dio cuenta de que había conseguido llegar donde quería? 
Puede que con mi retrato de Alfred Hitchcock. Me llamaron de Harper's Bazaar para pedirme que lo fotografiara con un ganso colocado sobre una bandeja, porque la imagen debía acompañar una de sus recetas favoritas. A mí me apeteció más hacer algo un poco más fiel a su universo. Desplumé el ganso y le pedí que lo sujetara por el cuello. Me pareció una imagen mucho más hitchcockiana. Podía ser frío en el trato, pero conmigo fue todo lo contrario: encantador e increíblemente divertido. Colaboró mucho para que la fotografía quedara perfecta. 

¿En qué momento empezó a interesarse por la moda?
Tal vez durante mis años de estudiante en Londres, cuando simpaticé con los alumnos del departamento de moda, donde había gente que después se hizo muy importante [como el diseñador Ossie Clark, también nacido en 1942]. De todas maneras, nunca me he considerado un fotógrafo de moda, sino un fotógrafo que disfrutaba con la moda. Era mi actividad principal, pero no la única. 

¿Cómo se toma un buen retrato? 
Muy fácil: sabiéndolo todo sobre la persona que tienes delante. Siempre digo que tengo tres consejos para lograr hacer un buen retrato: preparación, preparación y preparación. La mayoría de colegas se preparan mucho técnicamente y en cuestiones como la luz, que es muy importante. Pero también lo es documentarse sobre la persona a la que vas a retratar. Si fotografías a Clint Eastwood, tienes que ver todas sus películas, leerte su biografía, saber que empezó en la televisión, entender por qué se pasó a la dirección en un momento de su carrera y llegar a cierta evaluación crítica sobre su trayectoria. Si no, te resultará imposible tener una conversación seria con él cuando te lo pongan delante. Este tipo de cosas son las que separan a los buenos fotógrafos de los que no son tan buenos.

Otro retrato que define su carrera es el de Steve Jobs. Se ha convertido casi en su imagen oficial.
En ese caso, la preparación también fue muy importante. Solo me dieron una hora con él, de 9 a 10 de la mañana. Antes de que entrara en la sala, llegó el relaciones públicas de Apple para advertirme lo siguiente: «Steve odia a los fotógrafos». Mientras ajustaba la luz, tuve una idea. Le dije: «Tengo una buena noticia para usted: no voy a necesitar una hora, sino solo media». Él se puso muy contento. Me dijo que le parecía fantástico, porque tenía muchas cosas que hacer, y que me lo agradecía mucho. Fue una apuesta arriesgada, porque me quedé con la mitad del tiempo. Pero, a la vez, conseguí conectar emocionalmente con una persona que venía a regañadientes. A partir de ese momento estuvo muy receptivo. Años más tarde, la escogieron como la fotografía del obituario de la compañía.

Supongo que en otros casos las cosas también le han salido mal... 
Sí, pero siempre trabajas con un plan B y con un plan C para que eso no suceda. E incluso con un plan D, si hiciera falta. He tenido sesiones fotográficas que me han decepcionado, porque no he llegado a materializar la visión que tenía antes de empezar. Lo que hay que hacer es intentar entender en qué has fallado. Este es un oficio que se aprende después de encadenar muchas jornadas laborales de 16 horas. No es algo que se adquiera de un día para otro.

¿Las buenas ideas surgen durante la preparación o aparecen, casi por arte de magia, durante la propia sesión fotográfica? 
Es una combinación de las dos cosas. La preparación es básica, pero una de mis imágenes más conocidas, el retrato de Mick Jagger con rasgos de leopardo, fue totalmente improvisada. Yo tenía pensado hacer la foto con Jagger en un coche deportivo y el animal sentado en su regazo. Pero eso no fue posible, porque el leopardo no era precisamente manso. Se me ocurrió entonces superponer la cara de Jagger y la del leopardo rebobinando la película, solo por probar algo distinto. Por aquel entonces se tenía que hacer manualmente, ya que no existía Photoshop...

Después de tantos años metido en este negocio, ¿la fotografía sigue suponiendo un reto para usted? Siempre lo comparo con conducir un automóvil. Al principio crees que matarás a alguien y que nunca serás capaz de manejarlo. Después vas cogiendo confianza, hasta que puedes mantener una conversación al mismo tiempo que sujetas el volante. Con la fotografía pasa lo mismo. Llega un momento en que te sientes suficientemente cómodo en el aspecto técnico para que todo resulte más fluido. Pero siempre tienes que pensar hacia dónde quieres conducir el coche. Es decir, qué quieres decir con las imágenes que has hecho. Además, por mucho que controles la maquinaria, sabes que no puedes dormirte al volante. Con las fotos pasa exactamente lo mismo.




Kaos (Ed. Taschen), un repaso de la carrera del fotógrafo con desnudos, naturalezas muertas e imágenes de moda, incluye textos de Watson y decenas de polaroid inéditas hasta la fecha. El trabajo (1.200 copias numeradas y firmadas por el artista escocés) está disponible en una edición de coleccionista y en cuatro ediciones de arte de 50 copias cada una, acompañadas por una lámina firmada.

Nació ciego de un ojo. ¿Diría que ha sido un obstáculo, o al revés? 
Tuve la suerte de escoger una disciplina donde, hasta la llegada del iPhone, solo se necesitaba un ojo para mirar por el objetivo. Tal vez estuviera predestinado a dedicarme a esto. No creo que haya tenido ningún efecto negativo, aunque tampoco puedo comparar...

También es conocido por sus encargos para el cine. Durante años diseñó decenas de carteles, como el de Kill Bill, El código Da Vinci, Chicago, Las horas... También trabajó para series como Los Soprano
Es un trabajo que se me da bien, tal vez por mi formación como diseñador gráfico. En realidad, mis fotos también suelen ser bastante gráficas. Mi cartel favorito es el de Kill Bill, por su sencillez. Escogieron una imagen donde solo aparece Uma Thurman de pie, sujetando su espada.

¿Se trabaja de forma distinta cuando uno se pone al servicio de una firma de moda?
Sí y no. Por una parte, es un trabajo distinto. Por otra, una vez más, todo consiste en prepararse bien. Para hacer una buena fotografía de moda debes entender la diferencia entre materiales, saber distinguir el lino de la seda, entender las texturas y los estampados... También implica todo un trabajo sobre la expresión corporal, sobre el lenguaje del cuerpo. Igual que un fotógrafo de coches debe saberlo todo sobre los coches, uno de moda tiene que ser experto en el mundo que aspira a capturar. 




Andy Warhol, Nueva York, 1985; uno de los ejemplos claros de sus fotografías más populares.



Breaunna in Bathroom, Budget Suites Motel, Las Vegas, 2000. 

¿En qué cambia su trabajo cuando tiene delante de su cámara a una modelo profesional?
Es igual que con cualquier otra persona. Es decir, intentando encontrar una conexión con ella. Lo que es diferente es que tal vez le haces preguntas distintas que a un político. Te interesas por la música que escucha. Te interesas sobre el lugar del planeta del que viene. Le preguntas si tiene novio... [risas]. A diferencia de otros, nunca he sido duro con las modelos. Siempre me aseguro de que todo el mundo las trate bien. Suelo ser paciente y evito la confrontación innecesaria, aunque también puedo ser firme y directo cuando la ocasión lo requiere. 



Monkey with Gun, Nueva York, 1992


¿Vuelve, de vez en cuando, al lugar dónde creció? 
Sí, volví hace unos años a Escocia para trabajar en una serie de paisajes en la isla de Skye, que es uno de los lugares más bonitos del planeta. También regresé a Dundee porque me hicieron doctor honoris causa en la universidad. Es un lugar que me inspira un gran romanticismo y siempre me alegro de volver. Es curioso, porque cuando era joven me moría por marcharme de allí. Ahora, en cambio, pienso que tal vez podría retirarme en Escocia. Aunque me resultaría difícil dejar Nueva York, ya que llevo viviendo aquí desde 1976. Me he acostumbrado a tener decenas de museos alrededor, a ir al teatro por la noche y a cenar en buenos restaurantes... 



Michael Jackson, Nueva York, 1999


¿Piensa en la jubilación?
No, claro que no. Esa palabra está prohibida. Para un fotógrafo, retirarse nunca forma parte del plan o del trato. La única opción que tengo es seguir adelante. La fotografía es como una adicción. Sucede casi como con la heroína: es mejor que no empieces, por-que luego no podrás quitarte •

revista Smoda Nº231 NOVIEMBRE 2017

UNA PIZCA DE HUMOR



El autor dibujante y humorista gráfico, bosqueja un particular homenaje gastronómico donde las frutas y otros iconos del comer da vida a cinco escenas. Por Asier Sanz.


Revista El Pais Semanal Nº 2.147 Domingo 19 de noviembre de 2017

DEL TEBEO AL COMIC

El Museo ABC recorre la historia de la historieta española desde que en 1917 la revista 'TBO' publicó las primeras viñetas para sorpresa de los niños



El valeroso Cuto, trabando amistad con unos sioux gracias a la cabeza y los pinceles de Jesús Blasco.


Medio mundo los llama cómics, pero para los españoles siempre han sido tebeos. La culpa fue de la revista infantil TBO, nacida hace ahora un siglo, que marca el origen del noveno arte en este país. El Museo ABC ha puesto al crítico Antoni Guiral a comisariar una exposición que, desde el 31 de octubre y hasta el 4 de febrero, recorre la historia de nuestras viñetas hasta que alcanzaron la mayoría de edad. Costó lo suyo: 60 años. En 1977 la revista Totem fue la primera dirigida a un público adulto que había crecido con Carpanta, Mortadelo o el Capitán Trueno, AITOR MARÍN


El Pais. Revista ICON Nº45 NOVIEMBRE 2017

Arte y descarte



Su nombre es Linda, trabajaba en televisión y protagonizó Una llama en Times Square, la celebre imagen que Inge Morath disparó para la revista Life en 1957. La hoja de contacto revela que, aunque hay dos imágenes similares, la elegida estaba mejor expuesta: hay un detalle en el fondo y en el gesto.


Como no fueron concebidas para ser mostradas, las hojas de contacto -primera impresión de los negativos, directamente sobre el papel- están plagadas de secretos. En el subsuelo de la Fundación Canal (Madrid) están muchos de ellos, recogidos en la exposición Magnum. Hojas de contacto, que se podrá visitar hasta el 5 de enero. Allí se observa cómo las imágenes que acaban recibiendo el adjetivo de icónicas se abren paso entre las demás, las descartadas, cuya historia es casi igual de fascinante. Son estas las que permiten descubrir el proceso creativo del artista. 'Analizando la sucesión de instantáneas es posible saber cómo se relaciona el fotógrafo con los personajes, cómo busca el punto de vista más adecuado, si arriesga o si se aburre con facilidad", comenta Emmanuelle Hascoét, directora de exposiciones de Magnum Photos. En fin, nostalgias de cuando la película limitaba (y mucho) el número de disparos. De cuando la realidad no tenía que caber en un hashtag. EVA BLANCO

El Pais. Revista ICON Nº45 NOVIEMBRE 2017

domingo, 3 de diciembre de 2017

Tú los dibujos, yo la música


TASCHEN RINDE HOMENAJE AL CREADOR GRÁFICO DE GORILLAZ CON UN VOLUMEN QUE RECOGE SU OBRA DE LOS ÚLTIMOS 25 AÑOS











Si no llega a ser por una ruptura, Jamie Hewlett solo sería conocido por los amantes del cómic. Este inglés de 49 años alcanzó cierta fama en los noventa con Tank Girl, una serie de historietas anarquistas protagonizadas por una chica que tenía un tanque y un novio que era un canguro mutante. Pero cuando Damon Albarn, cantante de Blur, rompió con Justine Frischmann, pensó que sería buena idea irse a vivir con su amigo Jamie y, una vez juntos, los dos pensaron que sería todavía mejor idea
crear una banda de rock virtual a la que bautizaron Gorillaz. Albarn haría la música, Hewlett se encargaría del diseño de los personajes y ambos aportarían ideas al invento, que vio la luz en el año 2000. Desde entonces las creaciones de este artista son tan reconocibles como las canciones del grupo, y resulta de lo más normal que Taschen le dedique un volumen gloriosamente lujoso en el que se recogen sus trabajos del último cuarto de siglo, además de bocetos, fotos y otras joyas para ojos sensibles, A.M.





El Pais Revista ICON Nº46 DICIEMBRE 2017



Larga vida y prosperidad

En abril de 1939 el estadounidense Bill Everett crea a Namor, el Príncipe Submarino. Es un personaje arrogante, altivo y orgulloso de su condición de monarca absoluto de Atlantis


GERARDO MACÍAS
29 Noviembre, 2017




'Namor, el hombre submarino: Príncipe de Atlantis (Marvel Limited Edition)'. Guion: Stan Lee, Roy Thomas, Raymond Marais y Archie Goodwin. Dibujos: Wally Wood, Gene Colan, Jack Kirby, Jerry Grandenetti, Bill Everett, Marie Severin, Dan Adkins, Werner Roth y John Buscema. SD/Panini Cómics, 2016.

Si pensamos en un personaje de orejas puntiagudas que nos evoque las palabras "larga vida y prosperidad", a todo el mundo se nos viene a la cabeza Spock, de la serie cinematográfica y televisiva Star Trek, que comenzó en el año 1966.


Pero hay otro personaje creado con anterioridad, que también es de orejas puntiagudas y que tiene más de un siglo de larga vida. Eso sí, no siempre disfruta de prosperidad, aunque se le presupone por ser monarca: se trata de Namor, el Príncipe Submarino.

Bill Everett creó a Namor, en abril de 1939, en Motion Picture Funnies Weekly nº 1, una revista gratuita que se distribuía en cines para atraer al público a los cómics. Después, el dibujante llevó al personaje para la editorial Timely que lo publicó en color en la revista Marvel Comics nº 1 (octubre 1939), el mítico cómic al que la editorial Marvel debe su nombre.

Junto con el Capitán América fue uno de los personajes más importantes en la editorial Timely Comics. No tardó en tomar contacto con los habitantes de la superficie hasta el punto de decidir luchar junto con otros héroes, contra el Eje durante la Segunda Guerra Mundial. Namor reinaba en Atlantis, que no debía estar muy lejos de Japón pues sus adversarios siempre eran los ejércitos nipones.

Tras acabar la 2ª Guerra Mundial, los superhéroes cayeron en el olvido y fueron sustituidos por otro tipo de historias donde el crimen, el terror o la ciencia-ficción eran los temas centrales.

El regreso del Príncipe Submarino se produjo en 1962, en una de las colecciones insignias de la recién creada Marvel Comics Group: Fantastic Four nº 4. En este cómic, se explicaba como Namor había estado perdido durante mucho tiempo sin dar señales de vida, ya que un ataque de amnesia le hizo olvidar quién era y vagaba por las calles de Nueva York. El tratamiento de shock que le proporcionó la Antorcha Humana de Los 4 Fantásticos para hacerle recuperar la memoria tuvo efecto inmediato, bastó con lanzarlo al mar y que tomase contacto con el agua salada.

A partir de 1962, parece que Atlantis ya no está cerca de Japón sino de los Estados Unidos de América, porque Namor se convierte en visitante habitual de Nueva York, aunque no siempre con las mismas intenciones. Desde entonces, el personaje se convirtió en uno de los secundarios fijos de la serie Fantastic Four.

Namor fue desde su creación un personaje arrogante, altivo y orgulloso de su condición de monarca absoluto de Atlantis. Su padre fue miembro de la expedición de Ernest Shakleton y tripulante del mítico Endurance, y viajó por orden de Winston Churchill hasta el Polo Norte para hallar un yacimiento de vibranium, poderoso metal ficticio del universo Marvel. Veinticinco años más tarde, Leonard McKenzie fue encargado de recuperar el mineral perdido en el anterior viaje. Durante este nuevo viaje, la nave de McKenzie causó graves daños en la ciudad de Atlantis al chocar contra el hielo.

El emperador Thakorr ordenó a su hija, la princesa Fenn, que investigara el origen de los daños ocasionados en la ciudad, pero fue hecha prisionera por la tripulación, aunque McKenzie la protegió. Mientras el capitán McKenzie la enseñaba a hablar inglés, el amor surgió entre los dos y decidieron casarse en el barco con la tripulación como testigos. La ceremonia se interrumpió, ya que su padre había enviado a sus soldados a rescatarla. Aunque triunfaron en la misión de rescate, la princesa Fenn ya estaba embarazada, y su futuro hijo sería Namor.

Namor nacería con unas mayores habilidades que el resto de su raza. Al ser un híbrido de humano y atlante, era más fuerte y tenía unas pequeñas alas en los pies que le permitían volar. Una vez metidos en el universo Marvel, Namor decidió luchar por los derechos de su mundo en la faceta legal pero también combatiendo a la humanidad. Cuando todo termina el Príncipe Submarino vuelve a su reino y se encuentra que ha sido destronado por Lady Dorma. Para volver a recuperar el poder debe de hacerse con el Tridente de Neptuno. Las pruebas que debe de realizar para legitimar su soberanía son muchas y si a esto le sumamos que Namor siente algo más que aprecio por Dorma, la mujer que le traicionó, veremos hasta dónde llega el drama en el que se encuentra su vida.


Malaga Hoy


Los mutantes también lloran

Continúa la exitosa saga de los personajes Marvel, con el equipo formado por Chris Claremont y John Romita Jr. al frente de la nueva publicación



JOSÉ LUIS VIDAL
29 Noviembre, 2017


Se puede considerar al guionista Chris Claremont como el auténtico 'padre' del universo mutante de la editorial Marvel. Durante años llevó las riendas no solo de la colección madre, sino que de su fértil imaginación nacieron otras cabeceras (como Los Nuevos Mutantes) con las que invadió las estanterías de las librerías y extendió su toque.


¿Y qué aportó Claremont a esta recién renacida colección? Primero, cogió con fuerza el testigo de otro escritor, Len Wein, y añadió al grupo un ingrediente muy importante: los sentimientos. Aunque se trataban de seres super poderosos, todos tenían su corazoncito y ahora íbamos a ser testigos de excepción en los amoríos, las rupturas, los traumas y secretos de estos personajes tan bien delineados. Ellos son Cíclope, Tormenta, Lobezno, Kitty Pryde, Coloso, Rondador Nocturno y Pícara.

Amores perdidos, otros de juventud, la búsqueda de la felicidad junto a una nueva pareja… Todos estos temas iban a ser tratados en una colección protagonizada por auténticos proscritos, en la que se reflejaba el racismo y temor hacia unos seres, los mutantes que, según un sector de la opinión pública y los políticos, debían ser apresados e internados en centros 'especiales' (léase campos de concentración).

Si a mediados de los setenta el ya exitoso Claremont aceptó el reto de guionizar esta serie, en la década siguiente alcanzaría el éxito total, vendiendo miles de ejemplares y dejando sagas para el recuerdo. Y si todo esto no fue poco, la aportación gráfica a la cabecera sería mayúscula, con unos dibujantes dejando impreso en las viñetas lo mejor de su arte: Dave Cockrum, John Byrne, Paul Smith… y un joven artista que ya había aportado su indeleble sello en las colecciones protagonizadas por Tony Stark y Peter Parker. Se trataba del hijo de otro grande, con el que no solo compartía el nombre y apellido, sino el talento: John Romita Jr.

En este quinto tomo Omnigold publicado por Panini Comics, el dibujante ya se siente totalmente suelto y vemos cómo su estilo personal aflora. Y en parte lo hace gracias a un profesional de la tinta, Dan Green, que supo respetar los lápices de Romita Jr. a la vez que aportaba y completaba aquellas espectaculares páginas. Profesión esta, la de entintador que, con los adelantos digitales, se ha perdido prácticamente, ganando en personalidad la obra de los dibujantes, que han asumido el rol de 'dibujante-entintador' convirtiéndolo en un todo.

Pero, claro está, no todo iba a ser drama en las aventuras de La Imposible Patrulla X. Si algo distinguía a Claremont era su habilidad para coger retazos de otras historias, muchas de ellas provenientes del medio cinematográfico y, dándoles una vuelta, las adecuaba a su propio universo, el de los mutantes. A lo largo de las más de seiscientas páginas de este voluminoso tomo vamos a ser testigos de la interrumpida luna de miel de Scott Summers y Madeleine Pryor por 'algo' que viene de las profundidades marinas…; el regreso de una de las más letales enemigas de la Patrulla X, otra mutante llamada Mística, que guarda muchos secretos; el radical cambio que sufre Ororo, Tormenta, que la convirtió en un auténtico icono con su cresta mohawk y su sexy ropa de cuero; los lazos irrompibles que siguen uniendo a Logan, Lobezno, con Japón, donde tuvo que dejar al amor de su vida, Lady Mariko (recomiendo encarecidamente la lectura de la miniserie protagonizada por el canadiense, creada por el tándem Claremont-Miller); ¿la muerte de Kitty Pryde?; la amenaza en la sombra de los Morlocks; una inesperada visita a la escuela dirigida por el Club Fuego Infernal, con desastrosas consecuencias; Regreso a Japón para enfrentarse en una desigual batalla contra un colosal dragón; Picara y su problema de personalidad; la llega de la letal Selene; del distante futuro aparece Rachel, una joven emparentada con cierta pareja de mutantes; Tormenta y Forja protagonizarán una de las más bellas y duras historias de amor de las viñetas; los letales Espectros han llegado para conquistarnos; un New York cambiado por culpa del hechicero Kulan Gath…

¿Os parece suficiente? Pues no creáis que la cosa termina aquí. El tomo viene rematado por una miniserie de seis números, un team up en el que Lobezno y Kitty Pryde viajarán a Japón para ayudar al padre de esta, que se ha metido en graves problemas, cruzándose en su camino letal guerrero nipón Ogun, que los va a poner en más de un aprieto.

Pero no se vayan todavía, que aún hay más… Un divertido anual muy galáctico que vuelve a protagonizar la joven Pryde junto a su cascarrabias dragoncito Lockheed, y dos historias cortas que profundizan en las personalidades de Ororo y Logan, Tormenta y Lobezno.

Si a todo esto le añadimos unos extras de los más jugosos, con entrevistas, ilustraciones y páginas inéditas, etc… nos encontramos ante una lectura que puede llenar horas y hora de ocio.

Malaga Hoy