sábado, 4 de noviembre de 2017

BLOCKBUSTER EN CUATRICROMÍA Joel Mercé




Crononautas Mark Millar (guión), Sean Murphy (dibujo) y Matt Hollingsworth (color)
Panini Cómics. Estados Unidos. Cartoné. 120 págs. Color 

Cuando se empieza a leer un cómic de los que últimamente escribe Mark Millar, hay que hacerlo con el mismo ánimo con el que se va al cine a ver el blockbuster de turno: con las palomitas y dispuesto a pasarlo bien. Desde que decidió dejar de trabajar con personajes ajenos y se embarcó en construir su propio universo, el llamado Millarworld, el guionista no nos ha brindado ninguna obra maestra pero todos, absolutamente todos, los tebeos que ha escrito son divertidos e interesantes. Y lo que es más interesante para el autor: los estudios cinematográficos compran los derechos de sus obras para adaptarlas a la gran pantalla. Ya hemos visto las películas de Wanted, Kick Ass o Kingsman y, más pronto que tarde, veremos la adaptación de estos Crononautas de la mano de Universal. Millar ha dado con un tipo de historias y con una forma de contarlas que funciona bien tanto en viñetas como en pantalla.

Lo de escribir tebeos con espíritu cinematográfico le viene de lejos al guionista. Las películas de los Vengadores, esas que han visto millones de personas en todo el mundo, no hubieran sido lo mismo si Millar no hubiera reinventado a los personajes en su serie The Ultimates, que nos contaba la historia de los Vengadores de un mundo paralelo. Marvel le dejó una copia de sus héroes para que hiciera con ellos lo que quisiera y tuvo tanto acierto que la copia acabó convirtiéndose en la versión canónica. No solo eso, sino que, después de leer The Ultimates, a nadie le cabía duda de que era posible hacer una película de los Vengadores. Y se hizo.

Con Crononautas, Mark Millar lo intenta ahora con la ciencia ficción. Aunque sus series de creación propia siguen siendo mayoritariamente de superhéroes, que es lo que mejor se le da, de vez en cuando se atreve con otros géneros, como el thriller de espionaje en Kingsman o la ciencia ficción de esta serie, de Empress o de Reborn. En este caso nos presenta una historia de viajes en el tiempo, protagonizada por dos científicos que han inventado un método para viajar al pasado, en el que acabarán estando más tiempo del que deberían y haciendo cosas que no deberían en épocas que no son la suya.

Cuando nos enfrentamos a historias de viajes al pasado, los autores pueden seguir dos teorías. Algunos defienden que no se puede cambiar el pasado, que cualquier intervención en otra época acabará dando como resultado el mismo presente que tenemos. Si un viajero en el tiempo intenta alterar los hechos pasados, el tiempo acabará corrigiendo la situación para que el presente quede inalterado. Y la otra teoría es la que nos dice que, si andamos trasteando con el pasado, provocaremos desastres múltiples y variopintos: no llegaremos a nacer, se crearán realidades alternativas, mundos apocalípticos y un largo etcétera. O, si hay suerte, evitaremos esos desastres. Este suele ser el escenario favorito de la mayoría de autores, ya que da mucho más juego. ¿Por qué opta Mark Millar? En teoría, por lo segundo, pero digamos que no le importa demasiado. Porque Crononautas no va de teorizar sobre los viajes en el tiempo, sino que es una aventura alocada, gamberra y con mucho sentido del humor que tiene lugar a caballo entre diferentes épocas. A Millar le importa más lo molón que puede resultar ver a un puñado de samurais del Japón clásico montando en un tanque o a un caza enfrentándose a un dinosaurio que teorizar sobre qué consecuencias tiene viajar al pasado y alterarlo.
En cuanto al dibujo, Millar suele acertar bastante con la elección de sus compañeros de viaje. Cierto es que suele elegirlos entre lo mejor de lo mejor, porque no todo el mundo puede contar con gente como Frank Quitely, Greg Capullo o Stuart Immonen para sus proyectos de creación propia. Pero tiene buen ojo para juntarse en cada ocasión con el dibujante que mejor le va a la historia. En este caso, los lápices son de Sean Murphy, que tiene un estilo dinámico y aparentemente apresurado. Su
forma de dibujar casa perfectamente con el ritmo frenético de la acción.

Crononautas es un cómic para divertirse leyendo, no tiene más pretensión que esa. ¿Por qué debería ser eso malo? Y, en este caso, no hace falta que esperéis a ver la película: en las algo más de cien páginas que tiene este tebeo tenéis todo lo que se puede esperar de una buena película de acción. Id preparando las palomitas.

Obra relacionada:

KickAss 
Mark Millar y John Romita Jr.
(Panini Comics)
Marvel deluxe: The Ultimates
Mark Millar y Bryn Hitch
(Panini Comics)
Marvel Héroes: La Patrulla-X: La era de Apocalipsis
Scott Lobdell, Fabian Nicieza, Joe Madureira, Andy Kubert y otros
(Panini Comics)
Marvel Gold: Los Vengadores Costa Oeste. Perdidos en el Espaciotiempo
Steve Englehart y Al Milgrom
(Panini Comics)



COMICS ESENCIALES 2016 un anuario de ACDCOMICS & JOT DOWN

viernes, 27 de octubre de 2017

La oscuridad del macartismo

JAVIER FERNÁNDEZ
27 Octubre, 2017

'JSA: La edad de oro'. James Robinson, Paul Smith. ECC. 200 páginas. 18,95 euros.

Publicada originalmente entre 1993 y 1994 como una miniserie de cuatro prestigios, JSA: La Edad de Oro fue una de las primeras producciones de la línea Elseworlds, y sigue siendo una de las mejores. Narra los oscuros años del macartismo desde el punto de vista de los héroes de la Sociedad de la Justicia de América, y lo hace en el estilo deconstructivista de Watchmen, con un tono duro y realista que resulta hoy tan impresionante como en la década de los 90. El guión es obra del gran James Robinson, quien comenzaría poco después su celebrado Starman, y los dibujos los firma un inspirado Paul Smith, especialmente brillante en el storytelling. ECC recupera ahora esta virguería, en un solo tomo y con una bonita portada nueva.


Malaga Hoy

Actualización del mito

JAVIER FERNÁNDEZ
25 Octubre, 2017

'Grandes autores de Superman: Dennis O'Neill y Curt Swan - Kryptonita nunca más'. Dennis O'Neil, Curt Swan. ECC. 192 páginas. 19,50 euros.

En 1971, quince años antes de que John Byrne plantease su exitosa actualización del mito de Superman, el editor Julius Schwartz sucedió a Mort Weisinger con el encargo de remozar el personaje y adaptarlo a los nuevos tiempos. Para ello, contó con uno de los guionistas del momento, Dennis O'Neil, que venía revolucionando el género con Neal Adams en la serie Green Lantern/Green Arrow y andaba firmando, también con Adams, el regreso de Batman a sus raíces oscuras. El apartado gráfico recayó en el dibujante por antonomasia del Hombre de Acero, el incombustible Curt Swan, embellecido por los acabados de Murphy Anderson, quizá su entintador definitivo. La tarea se limitó apenas a un arco argumental, pero qué arco argumental… Kryptonita nunca más recopila esta seminal y maravillosa etapa de Superman, un tebeo imprescindible de la bibliografía del superhéroe.


Malaga Hoy



Más Wonder Woman

JAVIER FERNÁNDEZ
25 Octubre, 2017





'Wonder Woman: Amazona. Heroína. Icono'. Robert Greenberger. ECC. 208 páginas. 25 euros.

La presencia de Wonder Woman en librerías se ha ido multiplicando en los últimos meses, y es que la pertinencia del mensaje feminista asociado al personaje se ha beneficiado de la publicidad generada por la reciente película cinematográfica, y todo junto ha sacado a la superheroína del relativo ostracismo que padecía en nuestro país. De golpe y porrazo, ECC está recuperando las etapas más sobresalientes de su trayectoria moderna en la estupenda colección Grandes autores de Wonder Woman. A la hora de escribir este artículo, el volumen más reciente de la serie es La bruja y la guerrera, segundo del fenomenal trabajo de Phil Jiménez, cuyo estilo gráfico recuerda poderosamente al de George Pérez. El tomo recopila los números 171 a 177 de Wonder Woman (2001-02), junto con el especial Wonder Woman: Our Worlds at War (2001) y relatos extraídos de los números 2 y 3 de Wonder Woman: Secret Files and Origins (1999 y 2002). A los guiones y dibujos de Jiménez, se suma el trabajo del escritor Devin Grayson y de otros artistas como Travis Moore, Cliff Chiang o Lan Medina, más las impactantes portadas de Adam Hughes, Jae Lee y Jim Lee; una gozada con argumentos cósmicos y mitológicos que contiene también un emotivo homenaje a las víctimas del 11-S.

Pero seguramente la novedad de Wonder Woman más llamativa, de todas las publicadas por ECC, sea el libro Wonder Woman: Amazona. Heroína. Icono, escrito por el especialista Robert Greenberger. Profusamente ilustrado y con tono divulgativo, el ensayo de Greenberger rehúye la estructura cronológica y, tras repasar el surgimiento del personaje en la década de 1940, se ordena en torno a las ideas centrales del discurso de su creador, William Moulton Marston, que buscaba con Wonder Woman una revolución en la representación de las mujeres en la ficción. Van numerosos ejemplos de todas las etapas del personaje, y el volumen es un auténtico festín para los sentidos y la constatación del poderío, la importancia y la vigencia de la princesa Amazona. En una sola palabra, un disfrute.

Malaga Hoy


¡Larga vida a la Legión!

La miniserie de cinco episodios reúne a las Legiones de tres realidades distintas, en lucha contra Superboy Prime y sus Supervillanos

JAVIER FERNÁNDEZ
25 Octubre, 2017

'Crisis final: La legión de tres mundos'. Geoff Johns, George Pérez. ECC. 176 páginas. 17,95 euros.

La Legión de Superhéroes fue creada por Otto Binder y Al Plastino en 1958 como parte del enriquecimiento de la mitología de Superman auspiciado por el editor Mort Weisinger. Los héroes adolescentes del siglo XXXI se presentaron en el número 247 de Adventure Comics, la cabecera protagonizada por Superboy, y siguieron asomando por diversos rincones de la franquicia del Hombre de Acero hasta que obtuvieron su propio serial, Tales of the Legion of Super-Heroes, en el número 300 de Adventure Comics (1962). Durante su primera década y media de historia, la Legión estuvo vinculada a Superboy y contó con el trabajo de escritores tan notables como Jerry Siegel, Edmond Hamilton, Jim Shooter, E. Nelson Bridell o Cary Bates, y dibujantes de la altura de John Forte, Curt Swan, Dave Cockrum o Mike Grell, que contribuyeron a convertir la serie en un título de culto. El supergrupo alzaría al fin el vuelo en solitario a finales de los años 70, de la mano del que algunos consideran su guionista definitivo, Paul Levitz, que se alió con distintos artistas, especialmente con Keith Giffen, para producir aventuras como La saga de la Gran Oscuridad, que situó a los legionarios entre los personajes más populares de DC. Desde entonces, la Legión ha conocido diversos reboots, algunos tan radicales como el Cinco años después (1989) de Giffen, con la asistencia de Tom y Mary Bierbaum, los Legionnaires (1993) de estos dos últimos o la Revolución adolescente (2005) de Mark Waid y Barry Kitson.

La historia de cualquier superhéroe clásico está llena de cambios y giros argumentales, pero la continuidad de la Legión es especialmente enrevesada, máxime si tenemos en cuenta la cantidad de personajes que integran el supergrupo, de modo que los lectores suelen sentirse apabullados a la hora de iniciarse en sus aventuras. Y es una lástima, porque esta singular space-opera compone uno de los tapices más adictivos y fascinantes del género de superhéroes, como bien saben los seguidores acérrimos de la serie. Cuando hablamos de la Legión, quizá la pregunta más repetida sea por dónde empezar a leerla, y claro está que no hay una sola respuesta. Muchos fans recomendarían la etapa de Levitz y Giffen y, otros tantos, la de Shooter y Swan, y las dos me parecen buenas opciones, aunque, si les soy sincero, yo me enganché irremediablemente gracias al maravilloso sabor pulp de las páginas de Hamilton y Forte.

Sea como sea, y aprovechando que ECC acaba de reeditar La Legión de tres mundos, hoy les ofrezco como puerta de entrada a la Legión esta miniserie de cinco episodios vinculada a Final Crisis, que cuenta con guión de Geoff Johns y dibujos de George Pérez. Tal como indica su título, el cómic reúne a las Legiones de tres realidades distintas, en lucha contra Superboy Prime y su Legión de Supervillanos, lo que sirve a Johns para homenajear la riquísima historia del supergrupo y a Pérez para ofrecer una auténtica procesión de personajes y dejarnos boquiabiertos página tras página. De verdad, les recomiendo que no se lo pierdan.

Malaga Hoy

Tirando de la manta

Craig Thompson es autor de 'Blankets', una obra maestra del cómic publicada en EEUU en 2003 de carácter autobiográfico

El artista domina la técnica de la narración y el dibujo

GERARDO MACÍAS
25 Octubre, 2017




'Blankets'. Guión y dibujos: Craig Thompson. Astiberri, 2004.

La expresión "tirar de la manta" significa destapar alguna intimidad, o a veces algún asunto vergonzoso que podría resultar comprometedor para alguien. Pero su origen no es tan evidente como puede parecer, ya que en este caso la palabra "manta" no se refiere a la pieza de lana, algodón u otro material que sirve de abrigo, principalmente en las camas.

Tras la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos en 1492, muchos emigraron al todavía independiente reino de Navarra. Sin embargo, la protección otorgada por los navarros sólo duraría hasta 1498. Así pues, los judíos del reino de Navarra tuvieron que elegir entre expatriación o conversión a la fe cristiana. Muchos optaron por permanecer en su tierra, aunque ello supusiera mudar de religión, de costumbres e, incluso, cambiar de apellidos.

Los cristianos viejos demandaban poder distinguir las familias conversas de las de los cristianos viejos. Para ello, grabaron los nombres de los judíos conversos en unos grandes lienzos ("mantas") que colgaban en iglesias. Y en ese contexto, tirar de la manta significaba investigar las posibles falsas conversiones.

Sobre mantas (esta vez sí, las de las camas) y sobre religión (aunque no la judía sino la evangélica), trata Blankets (2003), cómic autobiográfico de Craig Thompson, que cuenta su crianza en el seno de una familia evangélica hasta llegar al momento de su madurez.

Blankets es un cómic que narra la autobiografía de Craig Thompson, crecido en una pequeña comunidad rural de Wisconsin, Estados Unidos, educado por un padre severo y en un entorno enormemente religioso, y donde era objeto de burlas y abusos por parte de otros niños mayores.

El cómic se centra especialmente en la historia de la relación de Craig con su hermano menor, de su pasión por el dibujo y, sobre todo, de la historia de su romance con Raina, una chica a la que conoce siendo adolescente en una colonia de vacaciones parroquial y que será su primer amor.

Thompson cuenta su infancia y adolescencia a través del hilo conductor de las mantas (blankets, en inglés): la manta por la que luchan él y su hermano, de niños, condenados a dormir en la misma cama; la manta que Raina teje para él; la manta con la que ambos se cubren cuando están juntos, en invierno. Así pues, el autor tira de su propia manta, revelándonos sus intimidades.

El dibujo siempre está al servicio de la historia: así, por ejemplo, en las viñetas en las que Craig ve a la chica como si fuera un ángel, perfecto y sagrado; o cuando ambos duermen abrazados, envueltos en la manta que ha tejido ella.

El género de la autobiografía no es nuevo en la historieta. Hay precedentes como Robert Crumb, ya en sus primeros cómics underground de los sesenta, y aquí en España, Los cuentos del tío Vázquez, en 1958. En Blankets, el norteamericano Craig Thompson se integra en esta línea habiendo sabido interpretar perfectamente a sus precedentes y coetáneos.

Otra de las constantes utilizadas por el creador de Blankets es la visualización de lo que pasa por su mente. Thompson dibuja sus visiones como si de un elemento natural se tratase a lo largo de todo su relato. Para ello, busca una cierta disfunción gráfica en su estilo, llevándolo a un expresionismo casi goyesco, que trasluce no sólo sus dudas, sino sus tormentos interiores.

Thompson es un autor joven que domina bien la técnica de la narración y el dibujo. Thompson ama tanto a sus personajes que, a veces, le falta distanciarse de ellos para conseguir un relato más contundente, más irónico, más mordaz.

Blankets es una obra maestra del cómic por sí misma. No caigamos en el error de pensar que el cómic es el puente entre libros de ilustración y literatura; la historieta es un medio de comunicación con una técnica y un lenguaje propios.

Craig Thompson (1975) es un destacado representante de la nueva historieta estadounidense. Su obra más reconocida es Blankets, publicada originalmente en Estados Unidos en 2003 y traducida al castellano y al catalán en 2004 por la editorial española Astiberri. Destaca también su álbum Habibi, obra inspirada en el mundo árabe. Craig Thompson ha recibido cuatro premios Harvey, dos premios Eisner y dos premios Ignatz, los galardones historietísticos más prestigiosos de su país.


Malaga Hoy


Hambre de aventura Lucía Etxebarria



Grandes Héroes del Comic Nº 20- Corto Maltés


La gente tiende a idealizar la vida en una familia numerosa, pensando que se trata de una existencia idílica al estilo Sonrisas y Lágrimas, con un montón de adorables pequeñuelos conviviendo en perfecta sinergia, siempre dispuestos a ayudarse y protegerse, cuando no a cantar bonitas canciones tirolesas a coro y a capella. Poco sabe esa gente de lo que es vivir en perpetua competencia: competencia por el espacio (el exiguo espacio que te corresponde en una habitación compartida -a veces a tres- en la que hay que defender con uñas y dientes el escaso territorio que te corresponde: tu cama, tu mesilla, tu parte del armario y tus dos cajones); por la comida (hasta el extremo de llegar a contar los boquerones que vienen en la bandeja y dividirlos entre siete para poder pelear con conocimiento de causa por la parte exacta que te corresponde); por el turno de la ducha, por las atenciones de tu madre, por todo. Quizá a veces un vástago de familia numerosa se pueda llegar a sentir mucho más solo viviendo en una casa atestada que un hijo único,a quien yo siempre imaginé como un príncipe feliz que disfrutaba de un cuarto enorme para él solo, de todos los croissants
que quisiera para desayunar y del afecto sólido y constante de una madre solícita y siempre dispuesta a escucharle.

Desde luego,yo siempre pensé que si alguna vez tenía hijos serían, como mucho, dos, autovaticinio o autopromesa que va camino de cumplirse,y cuando era niña, por mucho que quisiera a mis hermanos, que los quería, no le encontraba ninguna ventaja al hecho de tener tantos. Aunque las hubo, y muchas. Por ejemplo, si no hubiera tenido hermanos mayores ¿habría yo conocido a Corto Maltes? Probablemente sí, pero mucho más tarde, no a los ocho años.

El cuarto de mis dos hermanos se presenta, en mi recuerdo, como un idílico territorio de infancia, un edén de placeres,el paraíso escondido dentro de un piso por lo demás muy poco paradisíaco. En mi casa había cuatro dormitorios: padres, tres chicas,dos chicos, dos niñas, y el de los chicos era el único que no estaba decorado según el gusto de mi madre, que no es que fuera malo, pero se resentía un poco de la larga estancia vivida en Inglaterra, con una propensión a los colores pastelera los motivos florales y a los estampados de Laura Ashley que, en plenos años setenta de jipismo y psicodelia, a veces podía resultar un poco empalagosa. Al cuarto de mis hermanos, sin embargo, no había llegado ningún aire de campiña inglesa. Ni el aire ni el aroma, porque allí, en lugar de reconocer la esencia floral con la que mi madre solía ambientar la casa (influencia británica también: los centros de olor venían de Marks and Spencer en Londres), se respiraba un intenso aroma a incienso, que intentaba malamente esconder el tufo subterráneo a marihuana. El dormitorio estaba sobriamente amueblado con una moqueta color beige constelada de quemaduras, una mesa de madera lisa, y una cama nido (o sea, dos camas, una plegable encajada debajo de la otra) cubierta con una colcha color tabaco, y empapelado de posters hasta el techo (literalmente: si te tumbabas en la cama podías ver el rostro de una Marilyn joven y lánguida contemplándote como si estuviera a punto de caer sobre ti). En las paredes había estanterías forradas de libros amontonados unos sobre otros, y bajo la mesa había, amontonadas unas sobre otras, varias cajas de embalar. La mayoría estaban repletas de discos, y unas cuantas de cómics.
 
Igual que en mi casa jamás se me prohibió el acceso a ningún libro por mucho que no resultase apropiado para mi edad (y es así como, según ya he contado alguna vez, me leí el Kamasutra a los once años, sin enterarme de nada de lo que iba,y creyendo vagamente que tenía que ver con los animales), tampoco se me vetaba la lectura de los cómics, siempre y cuando los leyera cuando mis hermanos no estuvieran en casa y los dejara después en su sitio (es decir, estoy segura de que ellos sabían que los leía, pero se hacían los longuis). Los Tintines y los Asterix, heredados a través de varias generaciones desde mi hermana la mayor, eran cómics para niños, y como tales, se guar-daban en mi cuarto. Pero los álbumes de mis hermanos no tenían nada que ver. Primero, por la forma: los caracteres no estaban tan infantilizados,y los protagonistas no se representaban a través de caricaturas de personas, sino con retratos. Y las historias tampoco eran precisamente para niños. Allí cabían el sexo, la tragedia, la venganza, los celos, las incursiones en mundos oníricos, la ciencia ficción. Los autores favoritos de mis hermanos eran, según recuerdo, Richard Corben, Moebius, Guido Crepax, Carlos Giménez, Will Eisnery Hugo Pratt.Es decir, que allí no cabían ni cómics de la Marvel ni de superhéroes en general, sino que gustaban más bien las historias literarias. Porque, aunque haya quien no esté convencido, un buen cómic puede ser literatura. De hecho, Umberto Eco dijo de Hugo Pratt, el creador de Corto Maltes, que había sido "el Salgari del siglo XX" pero que "al contrario que Salgari, Hugo Pratt escribía bien". Al mismo Hugo Pratt le gustaba decir que se consideraba un novelista que incluía dibujos en lugar de descripciones. Y es cierto que sus historias tienen unas estructuras perfectamente equilibradas que para sí las querrían construir muchos de los que hoy se llaman grandes narradores de nuestro tiempo, como también es cierto que se nutren de fuentes literarias clásicas: de los grandes narradores de aventuras como Stevenson, Conrad, Hawthorne, Jack London, Ridder Haggard, Dumas, Fenimore Cooper, Zane Grey,y de los poetas malditos como Villon, Baudelaire, Apollinaire, Huysmans, Rilke y otras bestias sagradas del simbolismo.

Corto, para colmo, tenía un aire a mí hermano Nacho, que también lucía entonces patillamen hasta la mandíbula y abundante y juvenil pelambrera desgreñada y rizada. (El pendiente de marinero se lo tuvo que quitar ente las enérgicas protestas de mi padre, que puso el grito en el cielo,y en cuya casa, a fin de cuentas, vivía).Y, como mi hermano, Corto era un tipo irónico, aparentemente desapegado pero con un fondo sensible, y refractario a cualquier ideología que no fuese libertaria. Y quizá sea por eso, pues mi hermano siempre gozó de fama de guapo y pintón entre las féminas del barrio, por lo que, después de la Valentina de Crepax, que siempre fue mi favorita, Corto figure, junto con Spirit, entre mis grandes mitos eróticos del cómic, honor al que ningún Batman,Spiderman o superhéroe justiciero yanqui de malla ajustada podrán aspirar jamás. Mito inalcanzable, por supuesto, como todos los mitos, no sólo porque estaba hecho de papel y tinta en lugar de carne y hueso, sino porque, aunque a Corto se le conocieron muchas historias de amor, nunca llegó a consumarlas,y él mismo decía que las mujeres serían maravillosas si pudiéramos caer en su corazón en lugar de en sus brazos". Así que siempre quedará Corto, como todos los grandes amores, en ese rincón de la memoria que se destina a los sueños imposibles. Porque en cierto modo, a mí me pasa como a Corto: en cuanto consigo lo que quiero pierdo repentinamente el interés y me devora el cuerpo el hambre de aventura. Aunque las mías sean más domésticas y no me haga falta recorrerme los siete mares para encontrarlas.

Lucía Etxebarria es escritora y ha publicado, entre otros libros Amor, curiosidad, prozac y dudas; Beatriz y los cuerpos celestes; De todo lo visible y lo invisible y Una historia de amor como otra cualquiera.