sábado, 23 de septiembre de 2017

Cogiendo el testigo

Díaz Canales y Pellejero retoman la icónica obra de Hugo Pratt con un resultado excitante y hermoso que supone un reencuentro con el personaje

JAVIER FERNÁNDEZ
20 Septiembre, 2017


'Corto Maltés: Bajo el sol de medianoche'. Juan Díaz Canales, Rubén Pellejero. Norma Editorial. 80 páginas. 24 euros.

Claro está que hay mucha basura en esto de los pastiches, y algunos se llevan las manos a la cabeza cada vez que un producto, digamos, cerrado se abre al flujo imprevisible de la reinterpretación artística. Véanse, por ejemplo, 2001: Una odisea del espacio, la catedral fílmica de Stanley Kubrick, o Watchmen, ese artefacto de relojería en viñetas de Alan Moore y Dave Gibbons, dos piezas únicas, celebradas en sus ámbitos y tan perfectamente terminadas que a nadie se le ocurriría posar sobre ellas sus sucias manos. ¿A nadie? No contento con dar su más que particular versión de la película en la correspondiente adaptación literaria, Arthur C. Clarke escribió una secuela, 2010: Odisea Dos, y otra, 2061: Odisea Tres, y otra más: 3001: Odisea Final. En el caso de Watchmen, el grifo tardó en abrirse, pero cuando lo hizo se debió romper la goma, porque no ha parado de gotear desde entonces. Ahí está el puñado de precuelas publicadas bajo el lema Before Watchmen, sin la participación de los historietistas originales, o la reciente y controvertida decisión de la editorial DC de incorporar los motivos de la novela gráfica en su universo superheroico general (el de Superman y Batman, por si alguien vive en otro mundo).

Pero hay más argumentos, como que 2001 no existiría si Kubrick no hubiese tomado prestado, y leído a su manera, el relato de Clarke que sirvió de inspiración a la película. O que no disfrutaríamos de Watchmen si Moore no hubiese interpretado libremente los superhéroes previos de la editorial Charlton. Y es que, a fin de cuentas, la imitación, la variación, el plagio, la recreación son instrumentos que han generado innumerables obras maestras, a veces superiores a los modelos originales. Personalmente, soy de los que admiten sin problemas los pastiches, no en vano me crié leyendo el Conan de Roy Thomas, que aprecio casi tanto como los relatos de Robert E. Howard, y cuando una obra me gusta tanto, tanto, tanto que preferiría que nadie la continuase (el pato Howard de Steve Gerber, por poner un ejemplo), me basta con no leer otras interpretaciones. Ni que uno estuviera obligado a ello.

Viene todo esto a cuenta de Bajo el sol de medianoche, la primera aventura de Corto Maltés que no lleva la firma de Hugo Pratt, padre de la criatura y genio indiscutible del noveno arte, que en paz descanse. Dijo el otro día en la radio Juan Díaz Canales que es imposible duplicar el talento de Pratt, lo cual admite poca discusión, aunque aplaudo el hecho de que, puestos a seguir adelante con la saga, los herederos del italiano hayan contado con dos artistas de la talla de Díaz Canales y Rubén Pellejero. Podría decirse que el resultado es digno, más aún, prefiero calificarlo de excitante y hermoso, y siente uno que se ha reencontrado con un viejo amigo al que llevaba sin ver demasiado tiempo. No me extraña que el experimento haya sido un éxito y que tengamos un segundo cómic esperando a la vuelta de la esquina. Si lo piensan dos veces, verán que no existen obras intocables, que la cultura florece en el pastiche.


Malaga Hoy

Ciudades imposibles

JAVIER FERNÁNDEZ
20 Septiembre, 2017




'Brüsel'. Benoit Peeters, François Schuiten. Norma Editorial 128 págs. 27 euros.

Norma editorial recupera en formato de rústica con solapas el álbum Brüsel, quinto de la afamada serie Las ciudades oscuras, de esas dos luminarias que son Benoit Peeters y François Schuiten. Publicado por entregas en la revista À Suivre y recopilado en tomo por primera vez en 1992, Brüsel nos acerca de nuevo a esa sofisticada cartografía de la imaginación que incluye ciudades imposibles como Armilia, Mylos, Pâhry, Taxandria, Urbicande o Xhystos, y que figura indudablemente entre las mejores sagas de la historia del cómic, gracias a la narrativa sofisticada de Peeters y a los prodigiosos dibujos de un Schuiten cuyo arte parece no tener límites. Progreso y decadencia, plástico y vegetación, vida y muerte se reúnen en Brüsel y uno querría que el espectáculo no acabase nunca. Por desgracia, lo hace; por suerte, hay más álbumes de Las ciudades oscuras.

Malaga Hoy

Diez minutos

JAVIER FERNÁNDEZ
20 Septiembre, 2017




'Los archivos de The Spirit, 19'. Will Eisner, Jules Feiffer y otros. Norma Editorial. 192 páginas. 35 euros.

No es extraño que The Spirit figure en lo más alto de las listas de los mejores cómics de la historia. Posee la extraña cualidad de ser un comic book publicado en prensa, de modo que aúna dos de los formatos principales del medio; vio la luz en la década de 1940 y los primeros años de la de 1950, cuando se solidificaban los motivos básicos de la historieta, de modo que el personaje ha alcanzado el rango de icónico; y es un tebeo pionero también en el lenguaje, pues gozó de la inventiva de Will Eisner, que aportó innumerables soluciones gráficas a una gramática aún en formación. Todo (o casi todo) el material de The Spirit es notable, aunque la serie puede dividirse en dos fases, de las que la segunda, comenzada a finales de 1945 con el regreso de Eisner a EEUU tras la Segunda Guerra Mundial, es la más excelsa. El artista contó siempre con un magnífico grupo de colaboradores, que incluye nombres propios como Jack Cole, Lou Fine o Wally Wood y, de todos ellos, el que mejor supo adaptarse a la naturaleza de la serie, el que más aportó a la visión creativa proyectada por Eisner, fue Jules Feiffer.

En 1946, cuando entró a formar parte del estudio artístico que producía The Spirit, Feiffer tenía solo 16 años. Empezó realizando todo tipo de tareas, desde borrar los lápices y limpiar los pinceles hasta colorear las páginas, y compaginó el trabajo con los estudios en una escuela de arte para mejorar su estilo de dibujo. Para 1949, fecha de los episodios incluidos en el volumen 19 de Los archivos de The Spirit, Feiffer compartía ideas y argumentos con Eisner, cuando no escribía directamente los guiones.

Fruto de la sinergia de los dos genios (conviene recordar que, en solitario, Feiffer se convertiría en un prestigioso historietista), la calidad de la serie se elevó hasta alcanzar sus cotas más altas, como atestigua el presente tomo. Más aún, bastan las siete páginas de Diez minutos, el episodio publicado el 11 de septiembre de 1949, para entender que estamos ante un momento prodigioso, irrepetible, de la historia del cómic.


Malaga Hoy

Arcadia, en busca del paraíso perdido

'Capitán Harlock' es un cómic japonés que trata sobre la libertad, la capacidad de ir más allá frente a la autocomplacencia y la búsqueda de un significado para la existencia humana


GERARDO MACÍAS
20 Septiembre, 2017
"Capitán Harlock integral". Guion y dibujos: Leiji Matsumoto. Norma Editorial, 2016.

La ciencia ficción no es un terreno desconocido dentro del manga. De hecho, Osamu Tezuka es un pionero de este género con obras como Astro Boy o Black Jack. Tampoco olvidemos la gran afición que hay por los mecha en el país nipón, desde Mazinger Z a Evangelion hay una variedad enorme de series centradas en robots gigantes. Pero, si hablamos de la space opera, es inevitable pensar en Leiji Matsumoto y la que es sin lugar a dudas su creación más popular.

Capitán Harlock es un cómic japonés que trata sobre la libertad, la capacidad de ir más allá frente a la autocomplacencia de quienes que no tratan de superar nuevos desafíos, y la búsqueda de un significado para la existencia humana más allá de las estrellas.

El 90% de las personas que conocen la serie Capitán Harlock es por su versión de dibujos animados televisivos, serie de anime que se emitió por primera vez en los años ochenta, y tuvo varias reposiciones.

Quienes se acercan al manga se llevan varias sorpresas: la nave Arcadia no es la misma que en el anime (hay muchas versiones de la Arcadia), la historia no es exactamente igual, y encima, es una obra inconclusa.

La nave Arcadia del Capitán Harlock toma su nombre del país imaginario descrito por poetas del Renacimiento y el Romanticismo. En este lugar imaginado reina la felicidad y la paz, en un ambiente idílico habitado por pastores que viven en comunión con la naturaleza, como en la leyenda del buen salvaje, y como el futuro que quiere el Capitán Harlock para la humanidad.

La historia tiene lugar en el año 2977. La humanidad ha destrozado el planeta Tierra, y los propios humanos se han vuelto una panda de vagos asustadizos incapaces de levantar un dedo por hacer nada. Ni siquiera la llegada de un extraño objeto gigante con unas misteriosas escrituras hace reaccionar a los miembros del gobierno, que prefieren jugar al golf o dormir.

Por suerte, el intrépido Capitán Harlock y su tripulación a bordo de la nave Arcadia, aun despreciando en lo que se ha convertido la sociedad humana, lucharán por el planeta Tierra para protegerlo de esta amenaza.

En el manga reclutará al hijo de un científico que había investigado los posibles peligros que acechan el planeta Tierra, y que precisamente será asesinado por una misteriosa mujer que arde como el papel.

El manga explica, a menudo desde el punto de vista de su nuevo tripulante, como es la vida en la Arcadia, y las investigaciones y disputas que tiene el Capitán con las terroríficas Mazon, una especie de mujeres vegetales cuyo origen data de los inicios de la galaxia.

Pero, para sorpresa del lector, el manga termina justo antes de que empiece la batalla final. No sabemos porqué Matsumoto decidió dejar el manga ahí, aunque no sería por falta de éxito. Por suerte ahí tenemos el anime para rellenar algunos huecos.

El grupo protagonista va realizando pequeñas misiones concretas y reuniendo más información sobre sus enemigos. Esto hace que la historia se resuma en ir arriba y abajo a lo largo y ancho de la galaxia, cumpliendo misiones que no parecen tener importancia. Sin embargo, Matsumoto consigue enganchar al lector mediante unos entornos fascinantes, con un diseño tanto de estructuras como de naves que aguanta el paso del tiempo.

Matsumoto alterna la forma de dibujar a los personajes principales, haciéndolos más cabezones cuando la situación es cómica, y estilizándolos cuando quiere provocar un impacto mayor en el lector. La mejor forma de describir este manga es como una tragicomedia, porque a pesar del humor, de las situaciones absurdas, siempre hay un tono trágico, especialmente por lo que representa el Capitán Harlock, y en qué se ha convertido la humanidad.

En 1998, Leiji Matsumoto decidió volver a dibujar un manga protagonizado por el Capitán Harlock. Harlock Saga es la enésima reformulación del personaje, pero va mucho más allá, porque la historia se basa en la ópera de Wagner, El anillo de los Nibelungos (concretamente, en El Oro del Rin). Este nuevo manga se dividió en tres sagas distintas, con tres volúmenes cada una, y lo cierto es que nunca se ha llegado a publicar el último, siguiendo la tradición de dejar los manga del Capitán Harlock inacabados.

Malaga Hoy


La gran superproducción

En su última aventura, el botones de rojo se convierte en una de las caras más conocidas de la televisión y el cine y pondrá a prueba a su amigo

JOSÉ LUIS VIDAL
20 Septiembre, 2017



En toda buena tertulia de cómics que se precie, tarde o temprano surge el tema: Uno de los principales motivos por los cuales no hay una industria del cómic en nuestro país que pueda mantener a sus autores es por la falta de lectores, concretamente de los más jóvenes. Son los que ya rozan los cincuenta los que mantienen los débiles cimientos de estas editoriales, algunas con más suerte que otras a la hora de poder mantenerse en el mercado.

¿Qué ha ocurrido? Siempre le achacamos la culpa a los videojuegos, la televisión y las redes sociales, pero tampoco podemos pretender que los niños y chavales estén aislados en una imaginaria cueva. Y sí, es verdad que los anteriormente nombrados tienen su pequeña (o grande) parte de culpa, pero los directos responsables de la educación cultural de los niños somos los adultos. Tanto los padres, habituándolos desde la más tierna infancia, como la inclusión de la lectura de cómics en los colegios e institutos, pasando por la involucración de las instituciones, que piensan que con un premio nacional y una medallita es suficiente…

¿Y realmente que ocurre, no hay cómics para estas franjas de edad? Pues es curioso, porque la mayoría de las editoriales se han puesto las pilas y dentro de sus catálogos, rara es la que no posee una línea dedicada a los más jóvenes de la casa. Y una de las que más se "moja" en el tema (lleva haciéndolo ya desde hace años) es Dibbuks. Si tenéis alguna duda, tan sólo tenéis que acceder a su web y daros un virtual paseo por ella. No son una ni dos, sino muchos los tebeos que esta editorial viene publicando y que están especialmente dirigidos a esas franjas de edad que, en un futuro no muy lejano, será los que tengan que mantener este mercado, el del cómic español.

Bueno, os preguntaréis, a qué viene esta perorata si yo de los que habitualmente hablo de un tebeo o tebeos en concreto. Pues la verdad es que si tuviera que elaborar un listado de cómics que les pueden gustar y divertir a los más jóvenes, no me olvidaría de incluir las aventuras de cierto joven pelirrojo, que siempre va acompañado por su mejor amigo, el alopécico Fantasio y una, algunas veces, irritante ardillita.

Ya es el cuarto álbum de la serie Una aventura de Spirou por…, una colección de extrema calidad es la que la editorial madre, Dupuis, le da libertad absoluta a los autores para que creen "su" historia sobre Spirou: Con Schwartz y Yann hemos retrocedido, en un homenaje al genio Yves Chaland, a la Segunda Guerra Mundial; De ahí saltamos a bordo de un alocado crucero, de la mano de Fabrice Parme y Lewis Trondheim; Cambiando totalmente de tono y estilo, Frank Pé y Zidrou cogieron el relevo.

Y ahora llega a las tiendas La Mascarada, orquestada por un trío de autores, Tehem a los lápices, y Makyo y Toldac en el guión que, una vez más, cambian el tono y nos presentan, en forma de comedia, algunos de los males de esta desenfrenada sociedad moderna en la que vivimos. Y es que la fama cuesta, pero también pesa, y mucho.

Fantasio, periodista de pro, ha dejado un poco de lado la actualidad para centrarse en una actividad que, piensa él, le puede reportar más fama y dinero, la escritura de un libro de sus aventuras junto a Spirou. Pero hete aquí que, al contrario de lo que hacía el Doctor Watson con su compañero de fatigas, el celebérrimo Sherlock Holmes, una vez publicado el volumen, el pelirrojo botones contempla atónito que su, ejem, amigo, se ha colocado como el héroe de todas las aventuras, relegándolo a él a un papel secundario…

Por desgracia para el otrora rubio corresponsal, el libro no es un bestseller, más bien todo lo contrario, así que el pobre Fantasio no podrá cumplir uno de sus sueños, que era conocer íntimamente a la curvilínea presentadora Louis Garoin.

Menos mal que gracias a la resolutiva Seccotine, el dúo de amigos hará una adaptación del libro (ahora ya sí, dándole a cada uno el papel que le corresponde) en el teatro. Y todo con un fin de lo más loable, ayudar al pueblo de Bretzelburg, donde un golpe militar ha establecido una cruel dictadura alimenticia.

El azar hará que un director de cine, Paco Calente conozca a los muchachos y una cosa llevará a la otra, y de aquí el nombre de La Mascarada, una superproducción que llevará a Spirou al estrellato y, a la vez, pondrá a prueba la amistad de Fantasio, que se siente ninguneado.

Y ya no os cuento más, tan sólo deciros que además de infinidad de divertidos gags, los protagonistas se convertirán en verdaderos adalides de la revolución en Bretzelbrug, junto a los rebeldes F.A.R.C., mientras intentan mantener la línea después de atiborrarse del plato típico del lugar, el Chtoumpfell…

Una lectura genial para los más jóvenes de la casa y, claro está, para sus padres. ¡A leer tebeos, qué son dos días!



Malaga Hoy





miércoles, 20 de septiembre de 2017

Craig Russell CUENTOS DE OSCAR WILDE


Alvaro Pérez

Ediciones Júnior

Era inevitable.. No podía ser de otra manera. Russell y Wilde. Otra vez. Sí, otra vez, porque Russell ya adaptó a Wilde en Salomé, una de sus primeras óperas. Y sin duda una de las mejores.

El estilo gráfico de Russell, su composición, su utilización de los espacios, su decoración, la importancia que le confiere a la curva, el movimiento de los personajes-actores, la luminosidad, nos recuerdan en algunos aspectos a los prerrafaelistas ingleses de finales del siglo XIX, y en otros a los modernistas, que no eran sino la lógica evolución de los primeros.¿Y qué era Wilde, sino un prerrafaelista literario y un amante de la belleza como valor absoluto ? Russell, con sus obras, nos está demostrando que él es en realidad un romántico, como lo fue Oscar Wilde en su tiempo. Es lógico, por tanto, su interés por el dandy irlandés. Como también es lógico que el resultado de este interés sea el magnífico álbum que tenemos entre manos. El sugestivo vitalismo del más encantador Wilde, su júbilo por la felicidad, la misericordia, su búsqueda del paraíso terrenal encuentran la mejor representación que se le podría dar en el pincel de P. Craig Russell. A pesar de la adaptación literal de los cuentos, su lectura no es en absoluto lenta, gracias a unos dibujos sencillos, en los cuales se busca el reflejo del espíritu infantil que impregna la obra del escritor. Con lo que no se pretende dirigir este libro únicamente hacia los niños, sino buscar a todos aquellos que podamos sentirnos como tales, libres de prejuicios y dispuestos a adentrarnos en la magia, para lo cual Russell se ha desprendido del preciosismo de sus anteriores obras.

Esto no quiere decir que el trazo carezca de fuerza. Más bien todo lo contrario. Fuerza y movimiento vienen dados tanto por esas líneas en continua fuga, esas curvas y espirales omnipresentes, como por la expresividad de los personajes, no solamente facial, sino también corporal, ya sea en planos generales o en detalles de brazos y piernas. Russell capta y transmite a la perfección la lucha entre la caridad, la generosidad, el egoísmo y la mezquindad ,en un mundo en el que la belleza está asociada a la victoria de las primeras.





Hugo Pratt CORTO MALTES


Ricardo Vigueras
 Norma Editorial

Como ya está dicho casi todo sobre Hugo Pratt, supongamos que una vez pudieron haberse encontrado Popeye el Marinero y Corto el de Malta en una tabernucha veneciana: humo de tabaco áspero, música de acordeón somnoliento, copas que van, copas que vienen, copas que se quiebran. Declina la tarde y el local apesta a colillas y perfume barato. Huele a desintegración y enredadera.
Sentado a la pequeña mesa se encuentra el de Malta. Ni bebe ni fuma. Su característico pendiente oscila, curiosamente contoneado por una razón desconocida.

Desciende tuerto y pesado el Marinero las escaleras que llegan durmiéndose desde el puerto. Está a punto de resbalar en el último escalón, gastado y grasiento.Se sienta frente al de Malta y pide de beber. Guardan ambos silencio, pues se conocen de viejo, y los protocolos y pamplinas los entienden a su modo aventurero. Beben con sequedad y miramientos; en la boca del Maltes, la sombra de su nariz afilada parece la corbata de una sonrisa más o menos complicada.

- ¿Cómo vienen las cosas.Pop? -pregunta el de Malta.
- Mal -rumia el Marinero- Estoy cansado de no reconocerme en el espejo por las mañanas. ¡Y todas esas espinacas...! Nunca supuse que llegaría a odiarlas tanto.
La vida es dura. Los héroes sí lo saben.
-Bueno, Pop, tú al menos mantienes el tipo, aunque sea con tiralíneas. Recuerda lo que le pasó a Ben Bolt.
Guardan un minuto de silencio, y luego sabe el Marinero que tiene que parecer cortés.
- ¿Qué tal anda el viejo?
- Todavía libra su guerra -responde el de Malta
con una sonrisa ambigua, gastada por la pose, pero eficaz-. Comprenderás,
Pop, que ya no es el que fue, ya no tiene ese nervio y esa garra, se ha vuelto acomodaticio, y ya no husmea por los desvanes ni revienta baúles que no llevan su nombre para hurgar entre secretos que no le pertenecen, con las manos sin lavar de tinta... Ahora sueña demasiado, sus propuestas oníricas y sus audacias son más propias de un dilettante que de un soñador... Pero todavía tiene toda la bendita risa y las manos largas... Con el tiempo nos hacemos blandos, Pop, también a tí te ha pasado.
- ¡Vale, larguirucho! ¡Pero al menos tus álbumes son cada vez más blandengues, y tus cortas patillas se comercializan a precios cada día más elevados! Bien es verdad que son bonitos, pero... ¡qué precios.Cristo! Tengo el último en casa, ya lo creo, y te doy la razón: ¡No pasan en balde los años, aunque pasen con cortesía!¡Qué prólogos más bien dibujados! Lo compré la otra tarde, pero me quedé sin blanca, y ya no pude visitar a esa muchacha coja del jardín demás arriba, esa de la sonrisa tan bonita... No sé si tu... Da igual, Corto, da lo mismo...
El de Malta enciende un pequeño puro antes de volverse amable del todo.
- ¡Venga, Pop! ¿Qué tal la familia?
- Bien, ya sabes... - la cuenca del ojo le vibra como si dentro tuviese una cucaracha loca - Todos al pie del cañón, pero ya nunca volvió a ser lo mismo, tu ya me entiendes.
El Marinero se levanta para despedirse pero antes mira muy serio al de Malta.
-El mundo está cansado, Corto, y me parece que nosotros también. Buenas noches, Corto, que cuando duermas tengas felices sueños.
El Marinero se marcha contoneando sin malicia su culo carrilludo, bastante más caído que en los buenos viejos tiempos. El de Malta le ve remontar las escaleras y cruzar de nuevo la boca de la boba puerta. Sonríe para la galería, como siempre.
El, al menos mantiene todavía su dignidad, pero ¿Qué ocurrirá cuando la dignidad lo abandone? En efecto, el mundo esta cansado. Buenas noches. Buenas noches.