domingo, 23 de julio de 2017

Tebeorama. Minimalistas complejos y barrocos etéreos POR ALVARO PONS



1. Portadas de Cuentos y leyendas, de Dino Battaglia. 2. Portada de Hernan Esteve, de Esteban Hernández. 3. Una página de El Bueno de Cuttlas, de Calpurnio.

Los aficionados a los tebeos somos, además de incondicionales del arte de la viñeta, adictos a la rivalidad desmedida entre correligionarios. La cosa es antigua y afecta a todas las ramificaciones de la historieta: o se es de Astérix o de Tintín, o de Mortadelo y Filemón o de Zipi y Zape. Puede que uno sea más global y decida ser o de Marvel o de DC, o bien de europeo o americano, y no se libran ni los aficionados al manga, que tienen sus particulares puyas entre narutianos y songukianos. Pero de todos esos piques, quizás el más intrigante es el que enfrenta a los seguidores del canon del dibujo académico frente a los que admiran el trazo más sencillo e iconoclasta, que podría resumirse en "o eres de Foster o eres de Calpurnio". Una discusión sesuda de serios argumentos, pero en la que los bandos olvidan que, en el tebeo, el dibujo está al servicio de la transmisión de un mensaje, del establecimiento de una relación íntima entre autor y lector. Tan personal e intransferible que matiza el debate y lo lleva fuera del ámbito estricto de la técnica o el estilo. Nada mejor que unos ejemplos:
 El bueno de Cuttlas, de Calpurnio (De-Bolsillo), recoge en un grueso volumen las tiras publicadas en el diario 20 Minutos durante la última década de un personaje que ya lleva casi 35 años rompiendo moldes. Los garabatos de Cuttlas son, en esencia, minimalistas que, pese, a tener antecesores insignes como los Striking effects produced by Unes & dotsfor the assistance of young draftsmen que George Cruikshank dibujara a principios del XIX, entran generalmente en la categoría de "esto lo dibujaría mi hijo de tres años". Y no me cabe duda de que cualquier avezado parvulito o parvulita podría dibujar al aguerrido vaquero, pero ¿contaría las maravillas que narran las historietas de Cuttlas? Porque esas historias de una página son un prodigio de narrativa visual, donde Calpurnio experimenta con el lenguaje del cómic exprimiéndolo y generando nuevos caminos donde no hay más límite que los cuatro lados de la página, que a veces incluso parecen desaparecer. El minimalismo gráfico esconde un barroquismo narrativo prolífico y sorprendente, capaz de evitar repetirse durante siete lustros atendiendo a la actualidad, a la física cuántica o a la electroacústica de Kraftwerk. Todo es posible en un espacio donde Cuttlas, Jim, Mabel y 37 —no olvidemos nunca a 37, emparentado, es posible, con el 42. admasiano— corren aventuras imposibles en las que, paradójicamente, siempre —o casi— se es fiel a las reglas del wéstern. El bueno de Cuttlas es, así, una obra maestra de la narrativa gráfica, de ese arte invisible que no necesita de trazo académico para ser perfecta.
Pero la gran maravilla del cómic es que no es excluyente: junto a este prodigio del minimalismo, el lector puede disfrutar sin solución de continuidad de un portento del barroquismo visual como Dino Battaglia, de quien la editorial Ponent Mon recupera en un volumen de exquisita factura sus Cuentos y leyendas. El veneciano está en las antípodas gráficas del valencianoaragonés, pero su genialidad se mueve en la misma liga. Reconocido por sus adaptaciones literarias de Maupassant, Poe, Stevenson o Hoffman, este volumen recoge las traslaciones de los cuentos clásicos a la historieta de la famosa publicación infantil Corrieri dei piccoli, editados entre finales de los sesenta y los primeros setenta. Su dominio de la historia corta le permite sintetizar con precisión obras como El gigante egoísta, El pájaro de fuego o Una canción de Navidad en el reducido espacio de 8 o 10 páginas, en ejercicio arriesgado de síntesis narrativa que resuelve gracias a su elegante estilo, deudor tanto del grabado clásico como de dibujan¬tes como Ronald Searle, asimilados en un estilo personalísimo donde la exactitud de la plumilla contrasta con el uso de sombras realizadas con técnicas que van del sfumato a la textura vigorosa, en páginas de cuidada composición donde la viñeta desaparece para que sea el espacio en blanco el que cargue con la responsabilidad de guiar al lector. Paradójicamente, toda esa pomposa carga gráfica es casi transparente para el aficionado, que se encuentra con la apariencia de una narrativa simple y sencilla, eficaz en su pura esencia, perfecta.

Lo que en uno es minimalismo gráfico y barroquismo narrativo, en el otro es barroquismo gráfico y minimalismo narrativo. En ambos, pura genialidad del noveno arte. Y es que el arte del cómic tiene esa grandeza: se puede gozar de la elegante coreografía clasicista de Alex Raymond en Flash Gordon o de la aventura pura del héroe mainstream moderno que supuso el Johnny Hazard de Frank Robbins (ambas editadas por Dolmen), pero sin renunciar a la expe¬rimentación libre y atrevida de Klari Moreno en Ya será o al intimismo desafiante de catarsis especular que Esteban Hernández practica en Hernán Esteve (dos obras editadas por Libros de Autoengaño).
Y todo, disfrutando de leer tebeos. ¿Quién da más?


El Pais. Babelia. Nº 1.339 Sabado 23 de julio de 2017

sábado, 22 de julio de 2017

El dibujante español Gabriel H. Walta gana un Oscar del cómic por ‘La visión’

 La obra, que el creador firma junto con el guionista Tom King, se lleva un premio Eisner a la mejor serie limitada

Madrid 22 JUL 2017 


Una página de 'La visión' de Walta.


El universo Marvel vuelve a tener tinta española. Gabriel H. Walta, uno de los últimos dibujantes españoles en dar el salto a la editorial estadounidense, ya cuenta con su premio Eisner —conocido popularmente como "los Oscar del cómic"— gracias a su trabajo en La Visión, colección escrita por Tom King que ha logrado este año el galardón a mejor serie limitada. Los reconocimientos más importantes de la industria del cómic se entregaron el viernes en San Diego dentro de la Comic-Con, macroevento de cultura popular que se celebra en esta ciudad californiana hasta el domingo.

La Visión, aplaudida obra de 12 números de King y Walta que ya se había llevado este año el premio a la mejor obra extranjera en el Salón del Cómic de Barcelona, aborda la historia más íntima de Visión, uno de los personajes más famosos del grupo de superhéroes Los Vengadores, creado en 1968 por Roy Thomas y que en el cine ha sido popularizado por el actor Paul Bettany.

En la singular aproximación de King y Walta al androide, tras años salvando el mundo y de ajetreados romances con La Bruja Escarlata, trata de comportarse como un ser humano más. Todo comienza con el héroe decidido a construirse su propia familia (con perro incluido) y mudarse a un barrio residencial. Una aventura que se aleja del habitual tebeo de superhéroes para convertirse en una trama de ciencia-ficción más cercana a La dimensión desconocida.


El Dr. Extraño de Walta. MARVEL

"Desde un principio, supimos que iba a ser especial para nosotros, aunque no estábamos nada seguros de que fuera a llegar a todos los lectores”, reconocía a EL PAÍS Walta tras conocer su nominación. Era la única serie de superhéroes en la categoría: "Nos alegra especialmente que le guste a lectores que no suelen acercarse a este tipo de tebeos".
Nacido en 1973 en la ciudad española de Melilla, la obra de Walta incluye, entre otros títulos, El Velo y El Bosque de los Suicidas, así como diversos trabajos para el gigante Marvel, que acaba de anunciarlo como el nuevo dibujante de Dr. Extraño. El premio a mejor serie limitada para Walta fue la única buena noticia para los artistas hispanos en la 29ª edición de los Eisner, ya que fue el único de los nominados iberoamericanos que se alzó con el triunfo.

El español Paco Roca no ganó con Arrugas el premio a la mejor edición estadounidense de un cómic internacional, mientras que sus compatriotas Emma Ríos (Island Magazine) y Santiago García (responsable de la recopilación que reúne a autores de nuevo cuño con caras reconocibles del tebeo patrio, Panorama - La novela gráfica española hoy) tampoco lograron el reconocimiento a la mejor antología. Otro español, Albert Monteys, conocido por su trabajo en El Jueves, era candidato al Eisner al mejor cómic digital por la epopeya de ciencia-ficción ¡Universo!, publicado por Panel Syndicate, mientras que el dibujante Pere Pérez optaba al galardón a la mejor nueva serie por la superheroína Faith y Florentino Flórez estaba nominado al mejor libro relacionado con los cómics por Ditko Unleashed: An American Hero, alrededor de la exposición dedicada al creador de Spiderman.

Al otro lado del Atlántico, la mexicana Eva Cabrera no pudo llevarse el premio a la mejor serie limitada con Kim and Kim, mientras que su compatriota Mauricio Caballero tampoco triunfó en el apartado de mejor cómic digital por Helm. Finalmente, el argentino Eduardo Risso no se llevó el premio al mejor cómic basado en la realidad por Dark Night: A True Batman Story como tampoco lo hizo el brasileño Rafael Albuquerque por Batgirl en la categoría de mejor publicación para adolescentes.


El Pais



Akira Toriyama Taller de manga




 INTRODUCCIÓN

El Taller de manga de Akira Toriyama y Akira Sakuma es un trabajo original. En sentido estricto, no se trata de una historia; se trata de una obra de referencia, una clave interesante para entender muchos aspectos relacionados con el manga, en Japón y en España. Además, a nivel editorial también es una novedad especial: es el primer manga de Planeta-DeAgostini que se ha publicado en el sentido de lectura japonés. El Taller de manga reúne lo que es un libro sobre comic, un manual para aprender a dibujar, una obra juvenil y, además, la firma de un autor famoso, cosas bastante diferentes que es raro encontrar bajo el mismo título, Por todo esto, Akira Toriyama-Taller de manga es una obra diferente.

TORIYAMA ENSENA MANGA 
Akira Toriyama estaba en 1985 dibujando Dr. Slump. Era su primera obra larga, había quemado todos los récords de tiempo en su adaptación al anime y le había consagrado definitivamente como un autor popular, y sobre todo, como un autor original, capaz de hacer cosas inesperadas. Entonces recibió de Fresh Jump, una revista que viene a ser, por la eaaa de sus lectores, la hermana menor del famoso Shonen Jump, el encargo de dibujar el Taller de manga, o si lo preferís, el Hetappi-Manga Kenkyujo, el "Laboratorio de Manga Hetappi". "Hetappi" es una palabra que deriva de "heta' que significa "torpe" y la idea de este "laboratorio de manga para torpes" era darle a los jóvenes lectores del Fresh Jump algunas referencias básicas sobre el manga y algunos consejos relativos a la vida profesional.


 Ofrecer a un genio como Akira Toriyama semejante encargo convirtió la idea inicial, bastante manida, en un proyecto único. Toriyama, con su actitud desenfadada decidió que a la idea le faltaba humor y, en vez de ceñirse a una simple y mecánica explicación, se caricaturizó el mismo como profesor-robot, y creó un alumno, Hetappi (Tapón), como un insecto. Para ello contó con la colaboración de su co-creador, Akira Sakuma, que se prestó al juego, reproduciendo en la realidad muchos diálogos del libro y prestándole un importante apoyo gráfico. Cualquier pretensión de seriedad quedaba desmontada con semejante puesta en escena, con la que los autores comunicaban el mensaje de cada lección con perfecta claridad.

TALLER DE MANGA 
El Taller de manga pretende explicar brevemente los conceptos básicos, teóricos y prácticos  necesarios  para dibujar comics o, más bien, para  dibujar mangas,   ¿Es dibujar manga lo mismo que dibujar comics? Es una pregunta con trampa: "manga" y "comic" son usados como sinónimos en Japón.  El lenguaje de viñetas y bocadillos, los recursos de la narración, son los mismos; no hay nada en este libro que un lector occidental no vaya a reconocer.

Pero hay diferencias entre el 'comic" tal como lo entiende ese lector occidental y el "manga" tal como lo explica Akira Toriyama. La diferencia más evidente es el orden de lectura. La edición de este libro se ha realizado en el orden de lectura japonés porque resultaba imposible hacerlo de otra manera. Las explicaciones de Toriyama sobre composición, por ejemplo, están pensadas para comics que se leen de derecha a izquierda; alterarlas significaba reescribir el libro, y en este libro era especialmente importante respetar la integridad de la obra. Hay otras diferencias relativas al mundo del manga: puede resultar extraño que se hable, por ejemplo, de


historias cómicas que tienen necesariamente 15 páginas y de historias dramáticas que tienen 31, cuando en los países occidentales no existen ni esta división tan radical ni esas particiones, pensadas para las gruesas revistas japonesas. Él manga también está pensado para una narración en un tiempo más lento, que se concentra en detalles que rara vez preocupan a los dibujantes occidentales. Y también, cuando se explica cómo contactar con un editor, se habla siempre del caso japonés. Por ello, en la edición española del Taller de manga se planteaba el problema de qué respetar y qué cambiar. Se ha optado por respetar al máximo el trabajo original, con algunos cambios necesarios: las marcas de algunos productos, por ejemplo, o algún nombre. Pero no se han alterado las referencias a la época: qué tomo de Dr. Slump había aparecido, si Toriyama tenía novia en vez de estar casado, etc. En general, se ha decidido modificar lo menos posible el trabajo original, y respetar no sólo el contenido sino la experiencia de lectura de la obra, su interés a todos los niveles.

El Taller de manga gustará a los aficionados que tengan ganas de saber más sobre cómo funciona el manga, y quieran leer un manga en "versión original". Gustará también a los que tengan curiosidad por una obra casi desconocida de Akira Toriyama. Y, sobre todo, resultará una referencia insustituible para los que sientan la fiebre del lápiz, y quieran aprender a dibujar mangas (o comics) con la ayuda del mejor maestro. Editar esta obra ha sido para nosotros una auténtica aventura. Esperamos que para los lectores sea igualmente una aventura leerla.

Ana María Meca

AKIRA TORIYAMA-TALLER DE MANGA
de Akira Toriyama & Akira Sakuma
Publicación de la Editorial Planeta-DeAgostini, Barcelona.
Primera edición española: Octubre 1996




DELIRIO LACHAPELLE

Es el maestro de la fantasía, la imaginación, el erotismo y el surrealismo. Tras 20 años fotografiando a las grandes estrellas en situaciones imposibles edita un libro gigantesco que recopila lo mejor de toda su carrera y además se estrena como realizador de largometrajes. Por Eugenia de la Torriente


 CON O SIN ROPA. Madonna, con un misticismo propio de Bollywood, entre los cisnes. Nada es imposible para LaChapelle. O sí. "Madonna no se desnudó cuando se lo pedí. Supongo que siente que ya lo hecho demasiado".




 EROTISMO EN LA COCINA. "Vivimos en una época en la que la obsesión nacional es la comida y el sexo, y eso se refleja en mi trabajo", escribía en la revista "Surface" en 1998. Una buena muestra es esa fotografía de moda.


  OTRAS DIVAS. Como heroínas de cuento gótico (arriba, Uma Thurman, en 1997) o de cine mudo (abajo, Liza Minelli). La imaginación de LaChapelle toma elementos del pasado, pero sin caer nunca en la recreación o en la nostalgia.


 ESTRELLAS 8N FANTASÍA. La cantante Björk, retratada en abril de 2001 en un decorado tan original como su música.


Cuando Andy Warhol murió, las cosas se torcieron para David LaChapelle. Era 1987 y los nuevos editores de la revista Interview, en la que el chico de Connecticut que Warhol conoció en una fiesta había aprendido a hacer fotos, le echaron. Él dedicó dos años a trabajar los negativos de color hasta conseguir un vibrante espectro cromático que se convertiría en una de sus señas de identidad. Cuando volvió al negocio nadie quería ver su book. "La gente decía: 'Está acabado', 'Ya no tiene 19 años", recordaba LaChapelle en una entrevista concedida en 1996.

Hoy, 10 años después de esa entrevista y a casi 20 de su despido, pasados ya los 40, LaChapelle tiene una prueba más que evidente de cuánto se equivocaron los que le enterraron a los 25. Más de una, en realidad: 2.500, para ser exactos. Cada una viene en una caja de 35 por 50 centímetros y tiene 698 páginas y una firma suya. Cada una cuesta 1.500 euros. Cada una es un libro, Artists & prostitutes, edición limitada publicada por Taschen que recoge los mejores trabajos de su carrera entre 1985 y 2005. Una categoría que, tratándose de LaChapelle, significa las imágenes más circenses y provocativas que su imaginación ha ideado. Y que personajes tan mediáticos como Eminem, Madonna, Drew Barrymore o David Beckham se han prestado a interpretar.

"Mis fotografías son escapistas. Para mí la fotografía es fantasía", afirmaba en 2001 LaChapelle en American Photo. Estrellas del pomo, rockeros y modelos situados en un escenario artificial y artificioso que abraza con pasión los símbolos de la cultura pop y aquella parte de la realidad estadounidense que no encaja en las convenciones del buen gusto: centros comerciales, hamburguesas gigantes, autopistas anónimas. Y todo ello con la menor cantidad de ropa posible, por favor: Eminem, desnudo, sujetando un fálico cartucho de dinamita entre sus muslos; Amanda Lepore, su transexual favorita,.esnifando diamantes; la ropera Lil'Kim, también desnuda y sólo cubierta por el logo Monogram de Vuitton, como si ella misma se hubiera convertido en un bolso... Reivindicar la vulgaridad y redimirla como belleza.      



EL PODER 'KiTSCH'. Vestuario, decoración, maquillaje..., nada se deja al azar. La actriz Elizabeth Taylor, retratada por David LaChapelle en el mes de febrero de 2002.
Una vocación por lo carnavalesco y lo delirante que le ha reportado una de sus más recurrentes etiquetas. El nuevo surrealista. El Fellini de la fotografía. El heredero del maestro francés Guy Bourdin (una de las pocas influencias confesas, junto a Helmut Newton y Diane Arbus, de un hombre que odia la nostalgia). Tal vez, uno de los primeros en encasillarle en esa categoría fuera uno de sus iniciales valedores. James Truman, directivo de Conde Nast que publicó su trabajo en la revista Details, declaraba a The New York Times en 1994: "El suyo es un surrealismo muy contemporáneo. Una especie de mezcla del dadaísmo, la diversión de los años cincuenta, el mal gusto de los setenta y la cibercultura de los noventa". Una suma de referencias que desde entonces ha permanecido como la ecuación favorita para definir a David LaChapelle.

Entre estos elementos, uno a tener especialmente en cuenta. El lúdico. Para un hombre cuyo mayor éxito es que alguien arranque una fotografía suya de una revista y la pegue en la nevera -"ésos son
hoy los museos"-, reírse de casi todo es lo importante. Diversión era lo que buscaba su teatral y aburrida madre cuando vestía a su hijo pequeño con alas de papel y le retrataba como un ángel. O cuando disfrazaba a sus tres vastagos con complicados atuendos y les hacía posar frente a mansiones de extraños. "Mi madre construía su realidad a través de esas fotos. Tal vez de ahí saqué la idea de fabricar fantasías en imágenes", reflexionaba en 1999 en la revista i-D. Aunque no todo en la infancia de LaChapelle fueron juegos y risas. A los 15 años, el instituto de Farmington podía ser un lugar bastante duro. "Fue una época jodida. Básicamente era un marginado. Me interesaba el punk rock y el disco, y sólo iba a clases de arte. La gente me tiraba cosas en la cafetería porque vestía distinto a los demás. Todo el mundo asumía que era gay y me insultaba. Había veces que no lo soportaba", confesó a The Advocate en 1996. Así que empaquetó sus cosas y dejó su casa para conocer el fascinante espectáculo de Nueva York al inicio de los ochenta.

En el suelo de la más mitificada pista de baile de la época, Studio 54, dice la leyenda que encontró un pendiente que vendió para comprar su primera cámara. Luego descubriría que la joya pertenecía a Pa-loma Picasso. Cuento o realidad, lo seguro es que, tras un año en Nueva York, el adolescente LaChapelle fue aceptado en la escuela de arte de North Carolina gracias a sus dibujos y pinturas. Y aquél fue el lugar en el que descubrió la fotografía. "Estaba muy interesado en el realismo y en el arte figurativo, así que la fotografía me pareció una forma más eficiente de reflejar la realidad. Nunca volví a dibujar tras coger la cámara", declaró en 1996. Paradójicamente, el maestro del artificio llegó a la fotografía en busca de veracidad. Pero en un oscuro y triste episodio de su vida, su punto de vista cambió. Radicalmente.

De vuelta en Nueva York, LaChapelle le enseñó sus fotos a Warhol. "Estupendo", dijo el artista. Y le contrató para su revista. Las cosas empezaban a ir bien cuando, en 1984, su novio desde hacía tres años murió de sida. Al dolor por la pérdida se le unió la incertidumbre sobre su propia salud. Y a las pruebas que despejaron ese miedo concede LaChapelle una notable influencia sobre su estilo. "Esos resultados cambiaron mi vida", dijo en 1996. "Después de ellos quería volver a reír y tomar un tipo distinto de foto". Vital, alegre, sexy, provocativa, sin prejuicios, libre y entretenida; simple y llanamente, entretenida. Un mensaje que ha seducido igual a Vogue que a Rolling Stone, lo mismo a Diesel que a L'Oréal. Sueños e imposibles capturados en una imagen altamente manipulada. "Cambio hasta las caras con el ordenador.


No hay límite. No hay razón para ello. Nada es, en realidad, puro. Todo lo que haces en fotografía es artificio".

Pero no todo lo que hace LaChapelle es fotografía. Con un cortometraje de seis minutos en que satirizaba a Donatella Versace y Giorgio Armani y con un anuncio de 50 segundos para la cadena MTV en el que Madonna y Courtney Love parodiaban a las protagonistas de ¿Quién teme a Baby Jane? descubrió el poder de la imagen en movimiento. Y dada su cercanía con las estrellas de la música, de ahí a los vídeos medió un pequeño paso. Se estrenó en 1997 con un clip para el grupo Dandy Warhols, y dos años después, con su tercera creación (Natural blues, de Moby, en la que Christina Ricci era un ángel, y el músico, un anciano), se alzó con un montón de premios que le encumbraron como el realizador de moda. Elton John, Jennifer López, Christina Aguilera o Norah Jones son sólo algunos de los que han contado con él para convertir su música en sofisticada y alocada película. Pero, ay, LaChapelle necesitaba más.

"He estado trabajando con famosos durante 20 años. Algunos proyectos son gratificantes, pero en otros me he encontrado con una famosilla sin talento a la que voy a hacer un vídeo que no le interesa nada. Había un vacío. Quería hacer algo, pero no sabía qué", declaraba en 2005. La respuesta la encontró en la calle. En el conflictivo barrio de South Central, en Los Ángeles, donde jóvenes e increíbles bailarines han creado el krumping. "Lo más explosivo que he conocido desde el break dance". Un movimiento de vertiginosas contorsiones que ha retratado en Rize, su primer documental y largometraje, que en 2005 pasó por los festivales de Sundance y de Tribeca, en Nueva York. Aunque, tratándose de LaChapelle, que nadie espere un documental al uso. "No tenía intención de hacer una película didáctica y política, sino una entretenida que la gente fuera a ver al cine. Los personajes explicando sus historias, sin expertos ni estadísticas". Esto es espectáculo, por supuesto, y nadie lo sabe mejor que él, que ha hallado la respuesta a su vacío en jóvenes de un barrio deprimido que se convierten en héroes a través del baile, pero sin que eso signifique un abandono de su pulsión por lo brillante, lo decadente y lo glamouroso. Después de todo, éste es el hombre que dijo: "Yo no quiero fama, sólo hacer fotos famosas". Y el que ya dispone de un gigantesco libro (casi 700 páginas, recuerde) lleno de ellas. •

El libro Artists & prostitutes está editado por Taschen. Es una edición limitada de 2.500 ejemplares firmados y cuesta 1.500 euros. Más información en: www.taschen.com.


El Pais Semanal Número 1.542 Domingo 16 de abril 2006

jueves, 20 de julio de 2017

Scalped por Jason Aaron y R.M. Guera





 Desde el 2008, hace ya diez años, Alvaro Pons en La Carcel de Papel insistía una y otra vez en ensalzar y vitorear la obra Scalped de Aaron y Guera. Claro, que eso ocurre con demasiada facilidad, y además el presupuesto nunca acompaña demasiado.

Pero nunca dejé de leer comentarios positivos de la serie. A mí, particularmente, me fascina el género negro, en cualquier formato, y mejor aún en comics.

También me pierden más los dibujantes que los guionistas, otro motivo que beneficia a las series o los comics algo dispersos en el guión pero inmensos en lo gráfico, verbigracia, 100 balas.

Al final, la casualidad, el azar, o mejor, unos buenos amigos, me han proporcionado una magnífica lectura, como hacía muchos años que no ocurría leyendo los cinco tomos que ECC Ediciones ha publicado de la serie Scalped, al completo.

Como siempre, el dibujante y su trabajo, un disparo, un puñetazo directo. Hacía muchos, muchos años que no veía un dibujante tan bueno y del que no conocía nada. El dibujante, R.M. Guera, o debería decir, un autentico profesional del comic. Verlo es acordarme de los grandes: Moebius, Hermann principalmente. Sobretodo Hermann y su serie Jeremiah.

Y ahora el guionista. Jason Aaron. Un tipo que sabe lo que hace y a lo que se dedica, sobre todo que ve al mundo como es, y no como nos gustaría que fuese.

El único pero que se le puede poner a la serie Scalped fue no dar tiempo a R.M. Guera a que la obra fuese suya en su totalidad.














Historietas

Les debo aquellos días soñando que, como el Corto Maltés, yo también podía labrarme el destino con una navaja en la palma de la mano

LEILA GUERRIERO
14 JUN 2017


Aunque lo entiendan cuatro gatos, esto quiero decir: gracias. Gracias por José Luis Salinas, por Muñoz y Sampayo, por Horacio Altuna, por Carlos Gimenez, por Alberto Breccia, por Hugo Pratt, por Lucho Olivera, por Francisco Solano López, por Oesterheld, por Carlos Trillo, por Juan Zanotto, por Ricardo Barreiro, por Mandrafina. Hace poco, editorial Salamandra me envió la primera edición completa en castellano de Alack Sinner, el cómic dibujado por José Muñoz y guionado por Carlos Sampayo. Les dije: “Fue como recibir la Biblia con un pedazo de Dios adentro”. El cómic es mi primera lengua: mi lengua madre. Soy devota de Art Spiegelman y su Maus, de Alison Bechdel y su Fun Home, y si menciono a Venexiana Stevenson y un desconocido me hace un guiño de reconocimiento sé que tenemos algo en común. Pero estoy hablando de otra cosa. De cuando era chica y no conocía la expresión “novela gráfica”. De cuando vivía en una casa donde había pilas de eso que en la Argentina llamamos historietas: revistas como D’Artagnan, El Tony, Pif Paf, Tit Bits, Skorpio, Rayo Rojo, Fierro,en las que aquellos hombres mentados arriba, y muchos otros, me educaron y me hicieron hervir la imaginación. Por ellos supe qué cosa eran un cosaco o la legión extranjera, cómo se vivía en la Nueva York de los ochenta y en la Buenos Aires de los veinte. Parecían saberlo todo acerca de la historia, la literatura, la amistad, la traición. En tiempos en los que había tantas cosas que me hacían sangrar, estos gurúes de los márgenes, entregados a un arte que se tomaba —¿se toma?— por un arte menor, fueron mi guardia pretoriana. Una pandilla salvaje que aún cabalga a mi lado. Les debo aquellos días soñando que, como el Corto Maltés, yo también podía labrarme el destino con una navaja en la palma de la mano. En eso estamos, tantos años después y todavía.


Columna publicada en El Pais y solo una cosa que añadir: "Amén"



martes, 18 de julio de 2017

Un cómic que se lee sin mirar

El artista Max crea un tebeo para personas invidentes presentado en la Bienal de Venecia

ENEKO RUIZ JIMÉNEZ

Madrid 17 JUL 2017


El cómic de Max para ciegos. DAVID FOLGUEIRAS

Apoyas las dos manos sobre el papel. Las yemas de los dedos palpan una superficie en relieve. Tocan líneas rectas y otras curvas y se siente algo que parecen dibujos abstractos difíciles de identificar. En la parte superior de cada página, hay un pequeño comentario escrito en braille: Un viaje en barca, dice. El resto es ilustración, una sola viñeta que guarda figuras que buscar contar una historia, pero que no son del todo inteligibles al mirar. Solo con el tacto. El lector está sintiendo el primer cómic narrativo para personas invidentes o con baja visión, un experimento primigenio que hace el arte en viñetas accesible.

"En el proceso tuve que descartar uno a uno recursos propios del cómic. Los tenía casi todos vetados. Eran como las obras que hacían los autores de Oulipo. Trabajar con todas las restricciones posibles fue difícil, pero apasionante", cuenta el dibujante, guionista y colaborador de este periódico Francesc Capdevilla, conocido como Max (Barcelona, 1956), que se lanzó a esta frontera inhóspita sin paracaídas. Pese a la alegría final, el autor no esconde que hubo ocasiones en las que estuvo a punto de tirar la toalla: "Es un primer peldaño". Solo cuenta la simple historia de un viaje en barco en los canales de Venecia, "pero su forma demuestra que el cómic, como arte joven, está muy lejos de encontrar sus límites", ratifica. De hecho, esta primera prueba ni siquiera está a la venta, sino que es parte de la presentación del Instituto Ramon Llull en la Bienal de Venecia, en el marco del proyecto Catalonia in Venice 2017. Allí, en la ciudad italiana que sirve también de protagonista, estará presente hasta noviembre.

Un cómic que se lee sin mirar

"El tebeo exige un esfuerzo de los ciegos. No se entiende de manera automática y necesita concentración, pero parece que este paso funciona", respira tranquilo Max, que tuvo que diseñar varias pruebas para que su trabajo llegara a buen puerto. Para hacer la experiencia más inteligible, por ejemplo, tuvieron que introducir en la primera página un glosario de términos que explican cada dibujo en relieve y cada onomatopeyas, elemento clásico del cómic que sí pudo usar, aunque con pictogramas, sin letras. Así, si aparece un recuadro con puntos significa luz; si hay líneas onduladas tocas el agua, y si las líneas son rectas es un muro. Pero también se representan figuras sin forma como sonido, los motores, olores o el eco.

El proceso no fue simple. Max y Mery Cuesta, comisaria de Catalonia in Venice 2017, enviaron durante meses las pruebas a lectores invidentes que probaban si las partes cuadraban. Expertos como Anna Morancho, gerente de la Fundación de discapacidad visual Cataluña, respondían con correcciones tras probarlo: "Al principio todas las muestras eran blancas. Las personas con poca visión no lo distinguíamos. Por eso se creó el contraste entre negro y blanco."

Había que crear casi desde cero una técnica sin probar. Describir, por ejemplo, un puente para una persona que nunca ha visto la forma de uno. "Para los videntes, lo que da vida al cómic es la sutileza de gestos y movimientos. Eso no lo captan. Yo trabajo mucho con personajes y sus respuestas y eso no lo pude explotar", recuerda Max, que, acostumbrado a contar historias y chistes en solo tres pequeñas viñetas, tuvo que reducir a una gran viñeta por folio su historia. Con la ayuda de las yemas de los dedos, los invidentes no captaban un tamaño menor. "Probé con personajes muy simples, pero los lectores no llegaban a la sutileza. Así que me desanimé, y me pasé a la abstración". Pese a las injerencias, el dibujante reconoce que resultó una experiencia provechosa que le obligó a "ejercitar la mecánica cerebral, emocional y a quitar tics habituales". Pero ¿es un trabajo de Max?: "La personalidad no se pierde y, aunque no se parezca en nada al resto, me dicen que se nota que es mío".

Para Morancho, escudriñarlo es como un puzzle: "Cada uno lee de una manera. Lo bueno es que no tiene muchos elementos que confundan. Algunos lo hacen con una mano, otros con dos; algunos desde el centro, y otros primero leen el braille y, con esas pistas, sabes lo que buscar. Pasas de lo grande a lo concreto. Poco a poco revelas el dibujo inteligible".

El resultado es un primer acercamiento todavía extraño, como aquel tren que llegaba a la estación en una de las primeras películas de los Lumière. Hoy el canal sustituye a las vías. "Estoy esperando la respuesta de los lectores sin visión para ver si es útil y aprovechable por ese público", apunta Max, consciente de que un proceso así no pueda llegar todavía al mercado: "La tecnología actual no da para imprimir a precio razonable en relieve. La esperanza son las impresoras 3D". Morancho lo tiene claro: "La cultura accesible, es inclusión social".


El Pais