viernes, 16 de agosto de 2013

El gato negro español que seduce a todos


‘Blacksad’ recibe dos premios Eisner y en septiembre aparece su quinta entrega

CARMEN MAÑANA Madrid 16 AGO 2013

Viñeta del primer libro de Guarnido y Canales, 'Un lugar entre las sombras'.

Blacksad (Norma editorial) es una saga de novelas creada por dos españoles que ha vendido más de un millón de ejemplares en Francia y ganado el mal llamado Oscar de su género. “Pese a ello y a haber despachado 100.000 libros en castellano tiene una repercusión mínima porque se trata de una obra gráfica: un cómic, un tebeo. Si fuera un texto al uso estaríamos hablando de fenómeno literario”, se queja el guionista Juan Díaz Canales. Pero lo que queda fuera de toda discusión es que su trabajo junto al dibujante Juanjo Guarnido alcanza la categoría de extraordinario. Entre otras cosas, porque aúna la devoción del público y el respaldo de la crítica. En los últimos premios Eisner, que se concedieron el pasado julio en el Comic-Con de San Diego, Guarnido fue reconocido como el mejor artista plástico / multimedia, y El infierno, el silencio, la cuarta entrega de la saga, como la mejor edición estadounidense de material extranjero.

El dúo español ha alcanzado el éxito, además, con un producto tan inesperado como su propia historia: una novela negra antropomórfica protagonizada por un gato con gabardina y propensión a poner en peligro sus siete vidas. “Decidimos ambientarla en Estados Unidos y en los años cincuenta por razones emocionales y estéticas”, explica Díaz. “Es la década en la que arranca la historia moderna y eso nos permite seguir unos hilos argumentales muy ricos y, contando de lo que pasó entonces, hablar de lo que sucede ahora”.

De hecho, aunque Un lugar entre las sombras —el primer capítulo, publicado en 2000— reproduzca los códigos policiacos más referenciales, los siguientes volúmenes ahondan en temas como la segregación racial (Artic-Nation), la caza de brujas durante la guerra fría (Alma Roja) o las adicciones (El infierno, el silencio). Amarillo, el quinto álbum que llegará a las librerías en septiembre, se articula como una road movie y promete “seguir el espíritu de la generación Beat”, adelanta Guarnido.

Vehicular estas aspiraciones intelectuales y sociales a través de personajes antropomórficos resulta poco menos que osado. Pero Blacksad ha sorteado el peligro a juzgar por sus diez traducciones y sus numerosos galardones, entre los que se cuentan tres premios del Festival de Angulema, la cita más importante del tebeo europeo. “Es cierto que las historias con animales polarizan mucho al público. Hay quien odia el género per se. Pero el arte de Guarnido marca la diferencia: su tratamiento de la morfología de los personajes es muy realista, su entintado está a la altura del trabajo de un director de fotografía y domina la elipsis como pocos”, enumera Díaz.

La editorial francesa Dargaud debió de apreciar las mismas cualidades en Blacksad que el guionista cuando hace 12 años compró sus derechos a dos dibujantes entonces noveles. Guarnido trabajaba como animador para los estudios Disney en París y Díaz Canales, para un estudio madrileño. Decidieron ofrecer su proyecto en el país vecino porque “el mercado francófono es simplemente el único digno de ser llamado así en Europa”. Diez veces más grande que el español en cuanto a número de lectores, conforma una industria pujante y valorada. “Si hubiésemos publicado con una editorial española y esta hubiese vendido los derechos a Francia, aunque consiguiésemos despachar el mismo número de libros en este idioma ganaríamos menos dinero y casi no podríamos vivir de esto”, argumenta Guarnido.

Pero el sector español ha progresado cuantitativa y cualitativamente en esta última década, según Díaz Canales. Obras “como Arrugas, de Paco Roca” y la instauración del término novela gráfica —que tan poco gusta al guionista— han ayudado a superar prejuicios y a devolver el tebeo al gran público. “En Francia, el cómic se entiende como un producto cultural popular y todo el mundo lo consume. En España también fue un entretenimiento de masas: detrás de los 600.000 ejemplares del Guerrero del antifaz que se vendían en los años cuarenta no había solo críos”.

Guarnido maneja una teoría para explicar por qué ambos mercados evolucionaron de formas tan distintas. La tradición de los cómics en tapa dura que inauguraron Uderzo y Goscinny con Astérix convirtió a las series de tebeos en colecciones relevantes que no se tiraban —como sí sucedía en España con las de cubierta blanda— sino que se heredaban. Formaban parte del patrimonio familiar como el resto de la biblioteca. Se valoraban como un libro más. “Quizá por eso los niños franceses que leían a Tintín y Spirou saltaron al cómic adulto con Moebius haciendo que floreciese el género, mientras que en España se dio una fractura y perdimos también ese tren”.

El Pais 16.08.13

Auguste Rodin baja a los infiernos


La Academia de Bellas Artes de San Fernando expone las visiones del autor de ‘El pensador’
Se trata de 140 grabados inspirados en la obra de Dante Alighieri
BORJA HERMOSO Madrid 15 SEP 2012 






Una de las obras del 'Album Fenaille' de Rodin expuestas en las salas de la Calcografía Nacional.

Los mecenas son gente muy suya, pero necesaria. Indispensable, si lo que se pretende es que los creadores de obras de arte puedan seguir ejercitándose en sus estudios sin ser molestados por las moscas cojoneras del prosaico y mundanal ruido. Cuidado: no es que el mundo del arte esté precisamente ante unos señores cuya vocación y acción se deslicen por los caminos del puro altruismo. No. El mecenas siempre pide algo a cambio de su generosidad, que a veces es sincera y otras hipócrita. Por ejemplo, reconocimiento social. Por ejemplo, favor político. Por ejemplo, el acceso meteórico a ciertas esferas del arco social en teoría vedadas al común de los mortales, un poco como si fueran el Julien Sorel parido por Stendhal en su Rojo y negro: el acceso a un mundo que, en teoría, no nos toca.

Pongamos por caso Maurice Fenaille. Este señor, además de pionero y magnate de la industria petrolífera en la Francia de finales del XIX, fue miembro de la Academia de Bellas Artes. ¿El motivo? Su condición de coleccionista impenitente y de amigo de los artistas, entre ellos, y sobre todo, aunque no solo, Auguste Rodin.

Entre viaje y viaje a lo largo y ancho del mundo y entre invención y comercialización de lubrificantes, saxoleínas, oleonaftinas y todo tipo de aceites de petróleo (lo que le hizo rico) Fenaille fue comprando obra a Rodin, le encargó unas Bañistas para decorar la piscina interior de su mansión de Neuilly, se dedicó a entender por igual al genio y al ogro y, en el caso que nos ocupa, sufragó los gastos de lo que desde 1897 es conocido como el Album Fenaille, cuyos 139 estremecedores grabados cuelgan desde ayer y hasta el 11 de noviembre en las salas de la Calcografía Nacional, Academia de Bellas Artes de San Fernando, según se entra a la izquierda, en la exposición Figuras de sombras.

Son los popularmente conocidos como dibujos negros de Rodin, inquietante saga gráfica edificada a lo largo del tiempo por el creador de El pensador y Los burgueses de Calais. Su relación con las Pinturas negras de Goya transcurre, en el caso de esta exposición, por una doble vía: sus propias concomitancias temáticas y el hecho de que, en noviembre, los Desastres de la guerra propiedad de la Academia de Bellas Artes de San Fernando viajarán hasta Burdeos para ser expuestos en el Museo de Aquitania, que es justo de donde proceden las estampas del Album Fenaille.

El álbum fue editado en 1897 por la casa Goupil, firma pionera en las nuevas técnicas de reproducción de imágenes artísticas. Eran los balbuceos de la democratización del arte: la multiplicación y comercialización de obras de arte mediante la técnica del fotograbado, creada en 1870 por Henri Rousselon, permitió a muchos acceder a un universo que hasta entonces había sido exclusiva o fundamentalmente cosa de aristócratas y demás adinerados. Las obras ejecutadas por Rodin en el Album Fenaille encuentran su inspiración en el Infierno de Dante, y fueron creadas por el artista de forma paralela a una de sus creaciones mayores, Las puertas del Infierno, obra inacabada y colosal (seis metros de alto por cuatro de ancho) que pueden contemplarse en un lugar de honor del Museo Rodin de París, una suerte de respuesta a las Puertas del Paraíso esculpidas cuatro siglos antes en Florencia por Lorenzo Ghiberti. Las visiones de origen bíblico expresadas por Rodin resultan estremecedoras: espectros condenados al suplicio, amantes arrastrados por la tempestad, violentos acosados por centauros, herejes (Mahoma incluido) destripados, blasfemos como pasto de las llamas, ladrones convertidos en reptiles, corruptos ahogados en pez...

El visitante potencial a las salas de la Calcografía Nacional ha de saber que la exposición que verá, que solo ha visitado Tokyo, Roma y Florencia, apenas tiene precedentes en España, si nos referimos a la dimensión de Auguste Rodin (París, 1840-Meudon, 1917) como dibujante: solo la muestra celebrada hace diez años en Salamanca sobre los Arrepentimientos del artista puede servir de referencia.

Pero, lo que son las cosas, puede que una exposición así acabe pasando por Madrid sin pena ni gloria. Porque no habrá vallas publicitarias que la anuncien ni en calles ni en autobuses ni en prensa. Tampoco el visitante podrá adquirir el catálogo. No lo hay. Y no lo hay porque no ha habido dinero para editarlo. Y no lo ha habido porque todos los hipotéticos patrocinadores a los que se dirigieron los responsables de la Calcografía Nacional, con su responsable Juan Bordes a la cabeza, se toparon con un innegociable “no”. “Es increíble, solo pedíamos 8.000 euros, pero hoy las entidades financieras prefieren indemnizar a sus directivos salientes que ayudar a la cultura”, lamenta Bordes.

Los mecenas son gente muy suya, etcétera, etcétera...

Arte, genio, amor, tormento

Auguste Rodin. / JERRY TAVIN/EVERETT COLLECTION (CORDON PRESS)

François-Auguste René Rodin (París, 1840-Meudon, 1917) es uno de los nombres capitales en la historia de la escultura. El primer moderno, como le llamaron algunos críticos, estudió con obsesión la anatomía del cuerpo humano antes de lanzarse a interpretarlo —y deformarlo— desde postulados impresionistas y poco académicos, lo que le valió la inquina inicial de parte del mundillo artístico de la época.
Sus obras fundamentales son El pensador, Los burgueses de Calais, el Monumento a Balzac, Las puertas del Infierno y El beso.
Genial y dueño de un carácter explosivo, el artista mantuvo una intensa y tormentosa relación sentimental con la también escultora Camille Claudel, que fue su pupila y a la que acabaría abandonando, siendo esta ingresada en una institución psiquiátrica. Una película, Camille Claudel, protagonizada por Gérard Depardieu e Isabelle Adjani, cuenta aquella historia.

El Pais 15.09.12


jueves, 15 de agosto de 2013

Un viaje a Caravaggio


Desde años vengo cumpliendo un proyecto: ver todos y cada uno de los cuadros del pintor italiano

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 1 JUN 2013

'La resurrección de Lázaro' de Caravaggio.

Desde hace unos años vengo cumpliendo de manera intermitente un proyecto: ver todos y cada uno de los cuadros de Caravaggio. El proyecto incluye viajes premeditados y también casualidades benéficas. El año pasado, en Roma, a principios de un verano tan caluroso que los turistas invadíamos las calles con una densidad de ciénaga, tenía preparada una lista de los caravaggios que ya había visto y quería ver de nuevo y los que me faltaban por ver, pero yendo por la Piazza Navona, camino de San Luis de los Franceses y de la Conversión de San Mateo me encontré con un regalo más asombroso todavía porque era inesperado. La resurrección de Lázaro, que suele encontrarse en Messina, estaba en esos días en Roma, en un museo de la ciudad, porque acababan de restaurarla.

Subí por escalinatas de mármol con urnas funerarias y estatuas clásicas en los descansillos; atravesé salones sucesivos con frescos mitológicos en los techos y tediosos cuadros manieristas y barrocos en las paredes; por fin, al fondo de un salón en penumbra en el que no había nada más, encontré lo que venía buscando. Allí estaba el cuadro, La resurrección de Lázaro, mucho más alto de lo que yo había imaginado, con una crudeza y una presencia que no sugieren ni de lejos las reproducciones, con esos negros de Caravaggio en los que la mirada va encontrando poco a poco tantas veladuras como en los campos de color de Mark Rothko. Sólo estando delante de él se recibe el impacto de sus dimensiones, el desequilibrio audaz entre la parte inferior que ocupan las figuras y todo el espacio en negro que queda por encima de ellas. Recién sacado de la tumba después de varios días en ella Lázaro no es el emblema esperanzado de la resurrección sino un cadáver de una rigidez y una palidez pavorosas, un despojo que en ese instante de recobrar la vida no puede ser más que la inminencia de un monstruo. El roce de la mano de Cristo parece que lo sacude con una corriente eléctrica más propia del laboratorio del doctor Frankenstein que de una escena evangélica.

En Berlín aproveché un rato libre entre compromisos editoriales para escapar del hotel, saltar a un taxi y visitar a toda prisa la Gemäldegalerie, que es un museo con una atmósfera admirablemente contemplativa, en una plaza en la que hay también un edificio de elegancia ática de Mies van der Rohe. Allí está nada menos que el Triunfo del Amor, con toda su desvergüenza sexual intacta después de cuatro siglos, más franco y visualmente mucho menos relamido que cualquier foto erótica de Robert Mapplethorpe. Un desnudo de Caravaggio traspasa sin ningún miramiento las convenciones tranquilizadoras de la alegoría. Ese Cupido exhibe un arco, unas flechas, unas alas, como es reglamentario, pero su simbolismo evidente resulta una trivialidad por comparación con su inmediata realidad carnal: no es el diosecillo evanescente y juguetón que administra flechazos, sino un niño desnudo en el filo de la pubertad que se ofrece sin pudor y con algo de burla a la mirada del deseo.


En París, un domingo invernal, crucé a toda prisa uno de los puentes del Sena, aterido de frío, para aprovechar en el Louvre unos minutos antes del cierre delante de La muerte de la Virgen, con sus colgaduras rojas de teatro y su austeridad de velatorio campesino, y también el retrato de cuerpo entero del gran maestre de la orden de Malta, que irradia toda la arrogancia y al mismo tiempo toda la vacuidad de los grandes poderes masculinos. Cuando Caravaggio lo pintó ya era un fugitivo condenado a muerte. En Malta encontró un refugio temporal. Muy poco después lo habían encerrado en prisión por un motivo oscuro, aunque escapó de ella con una audacia como del conde de Montecristo, y tardó muy poco en volver a Italia y en seguir huyendo y pintando.

En cuanto pueda viajaré a Malta para ver en la catedral la terrible Degollación del Bautista, donde la misma sangre que brota del cuello del santo es la firma en cursivas rojas de Caravaggio. En Madrid tuve que sumarme, más bien ignominiosamente, a una amplia excursión de turistas en la visita guiada por el Palacio de Oriente, ya que esa era la única forma de acceder a la sala en la que se guarda una de las dos versiones de Salomé con la cabeza del Bautista que pintó Caravaggio en los años últimos de su vida.

La otra, algo inferior, está en la National Gallery de Londres, pero yo la vi hace unos días en el Wadsworth Atheneum Museum de Hartford, Connecticut. En Estados Unidos, toda forma de viaje colectiva que no sea el avión resulta vejatoria. Por amor a Caravaggio me vi una mañana en un autobús lleno de gente y casi tan incómodo como los autobuses en los que viajábamos los estudiantes pobres en los años setenta, con la única ventaja apreciable de que en éste de ahora no estaba permitido fumar. Entre las recomendaciones que hizo el conductor por un micrófono al principio del viaje estaba la de no tirar al suelo los restos de comida. El olor a comida barata inducía al mareo tan eficazmente como las entrañables nubes de tabaco negro de nuestra juventud.

Pero en Hartford, Connecticut, y en ninguna otra parte del mundo, está el Éxtasis de San Francisco de Asís, que yo llevaba tanto tiempo queriendo ver, y además ahora, en préstamo, esa Salomé de Londres, y el gran San Juan Bautista que ha venido de un lejano museo de Kansas, y la Marta y María, que está en Detroit. Cuándo habría tenido yo otra oportunidad de verlos juntos. En la atracción de la pintura está la pintura misma y el viaje gradual que hemos hecho hacia ella igual que está también la historia casi siempre desconocida de todos los viajes que a lo largo de siglos ha hecho un cuadro hasta llegar al lugar donde está. La única razón de mi viaje en autobús era encontrarme allí, en esa sala tranquila de un museo menor, sentado con mi cuaderno y mi bolígrafo delante de cuatro caravaggios formidables, dejando a la mirada ir de uno a otro, levantándome a veces, para observar de cerca algunos detalles, esas cosas que van emergiendo del fondo a medida que se observa más, el reflejo de una mano de mujer en un espejo convexo, el brillo de la claridad en el pomo de una espada, la luz de luna filtrada en las nubes de un cielo nocturno, las margaritas dispersas entre la hierba sobre la que se ha desmayado san Francisco de Asís, un peine de marfil, los filos deshilachados de un gran manto rojo.

Tenía tiempo por delante. Tiempo y sosiego. Había muy poca gente en el museo. Hasta las cinco no salía mi autobús de vuelta. Había estallado una tormenta y la lluvia redoblaba en las claraboyas de la sala. Fijándome en el modo en el que Caravaggio moldea los hombros, las manos, las rodillas, los brazos desnudos de sus figuras, hombres o mujeres, me acordaba de algo que decía Willem de Kooning: que la pintura al óleo se inventó para pintar la carne humana.


El Pais Babelia 01.06.13

Atrapar lo invisible

Anton Corbijn lleva 35 años fotografiando a Tom Waits. El músico californiano se siente cómodo en el papel de bufón. De sus fotos se desprende teatro, poesía y humor. Estas se mezclan con imágenes y textos del propio músico que nos acercan a su personalidad.

Por Eduardo Lago

ANTÓN CORBIJN (Strijen, Holanda, 1955) empezó a fotografiar a Tom Waits en 1977, cuando el músico tenía 27 años. Desde entonces y a lo largo de los 35 años siguientes, el fotógrafo y cineasta holandés no dejó nunca de seguir de cerca la trayectoria artística y vital del cantante californiano. Waits-Corbijn ('77-'ll) es un volumen de 272 páginas de gran formato en el que se efectúa un impresionante recorrido visual por los momentos esenciales de la carrera de Tom Waits. El libro se divide en dos partes claramente diferenciadas. La primera reúne un total de 145 fotografías del músico tomadas por Corbijn, la inmensa mayoría en blanco y negro. La segunda, titulada Curiosidades, consta de 53 páginas en las que es el propio Waits quien a través de un sorprendente conjunto de textos e imágenes nos permite asomarnos a los aspectos más recónditos de su personalidad creadora. El viaje fotográfico propuesto por Corbijn tiene dos vertientes. La primera es un trayecto de signo cosmopolita con parada en ciudades como Amsterdam, Nueva York, Londres o París. El segundo trayecto, con California como telón de fondo, presenta dos facetas contrapuestas del paisaje esencial del cantante: los parajes urbanos del sur (Hollywood, Los Ángeles) de un lado y, de otro, los del norte rural, donde el músico fijó su residencia en un lugar cuyo paradero, exacto solo conocen sus más allegados. Un puñado de nombres no muy distantes entre sí configuran Una constelación topo-fotográfica que ahonda el misterio: Santa Rosa, Dillon Beach, Sebastopol, Petaluma. Las fotos de Corbijn, de una teatralidad que extrañamente no está reñida con un alto grado de espontaneidad (el histrionismo de Waits es un factor fundamental en esto), logran extraer del fondo de su personaje una sorprendente variedad de registros, aunque al final, el verdadero sentido del viaje de que levantan testimonio las fotos es el inexorable proceso de envejecimiento del personaje retratado a lo largo de tres décadas y media. Como se dice de los vampiros, es cierto que lo único que no envejece son los ojos.

El libro incluye un prólogo del conocido crítico musical Robert Christgau, un texto lúcido que remite sin rodeos al centro de la poética de Waits. Si hay que reducir su oficio a uno solo, este sería "contador de historias". No son otra cosa sus canciones: relatos breves envueltos en un ropaje teatral que Waits encapsula en las ásperas modulaciones de su voz. Christgau enumera unas cuantas favoritas, a sabiendas de que son decenas las que podrían figurar en lugar de ellas: Postal de Navidad enviada por una prostituta de Minneapolis, Invitación al blues, Chica de Nueva Jersey, Halcones nocturnos en el diner. El último título remite a Hopper y a Carver a la vez, aunque son muchos más los ecos que asoman.

Uno de los momentos mágicos del volumen es el brevísimo texto de presentación escrito por Jim Jarrmusch, apenas media página. Intenso y fugaz como un relámpago, de las fotos de Corbijn afirma: "No sabría muy bien cómo describirlas. Es como si alguien le hubiera dado una cámara fotográfica a Hamlet o a Baudelaire, o incluso a Harpo Marx". El acierto es triple: teatro, poesía y humor silencioso, aunque no está claro si vale más para el personaje que para quien lo retrata. Ciertamente, Waits se siente cómodo en su papel de bufón.- ¿Qué hace si no encaramado en un tejado, con un paraguas abierto, como si fuera Mary Poppins? ¿O subido a un árbol sin hojas, imitando los gestos de un primate? ¿O apuntando al espectador con una pistola de agua? ¿O caminando por la arena con una silla a la espalda, y la bocina de un gramófono y un violín en las manos?

No sería posible de no haber preparado el terreno la portentosa foto-biografía de Corbijn, pero el libro se catapulta a dimensiones insospechadas en las páginas que están a cargo del propio Tom Waits. Démosle de nuevo la palabra a Jim Jarmusch: "De las innumerables y heterogéneas criaturas que pueblan nuestro planeta, mi favorita es Tom Waits. Me parece un privilegio haberlo conocido y trabajado con él, así corno haber compartido algunas aventuras altamente extrañas e ilógicas. En mi vida faltaría algo absolutamente esencial sin sus creaciones, que son verdaderamente únicas. Sus transmisiones musicales son chispas en mi conciencia y en mi cerebro, donde a veces logran despertar sinapsis que llevaban tiempo aletargadas. La mera presencia de Tom en ciertos filmes sumamente interesantes reverbera en ciertos paisajes que estaban adormecidos en algún lugar dentro de mí. La verdad, Tom, es que siempre tengo la sensación de que andas merodeando por las calles oscuras del patio trasero de mi mente". 

Nadie lo ha dicho como él, pero Jarmusch no es el único a quien le ocurre algo así con Waits. Su contribución en Curiosidades resulta crucial en más de un sentido. La clave de todo lo que hace Waits está en sus cuadernos. En el largo encuentro que mantuve con él hace algún tiempo en un bar de carretera cerca de Petaluma, fue lo primero que sacó a relucir. Grabé entonces muchas más palabras de las que caben en un reportaje. Algunas cobran pleno sentido ahora. Waits describió así el contenido de las libretas que lleva consigo a todas partes: "Hay de todo. Listas de la compra, cosas qué tengo que hacer y cosas que no tengo que hacer. Lo escribo todo sin seguir ningún plan. Las palabras tienen que encontrar su propia lógica por su cuenta". Una expresión le hizo detenerse: "Mosca negra", leyó. "Quería escribir una canción protagonizada por una mosca negra.
Al final del verano su cuerpo ha aumentado mucho de tamaño. Pesan más y se mueven con dificultad. Andan merodeando por donde hay restos de comida y resulta muy fácil cazarlas. Saben que van a morir pronto".

Los cuadernos que entreví entonces aparecen aquí abiertos de par en par. Primero los fotografía Corbijn. En la página 195 hay una imagen que recoge este rincón secreto del laboratorio de Tom Waits: seis cuadernos en total, tres abiertos, con las páginas llenas de trazos, y cuatro cerrados, con tapas de distintos colores. Otro segundo componente de la técnica compositiva del cantante, tan afín al collage, son los periódicos. Instigado por Kathleen Brennan, su mujer, íntima colaboradora del proceso creativo llevado a cabo por el músico, Waits suele recortar noticias y guardarlas. En Petaluma explicó el proceso contestas palabras: "Muchas veces, si uno se fija bien descubre que no hay que escribir ninguna canción. Ya está hecha, completa, terminada, delante de tus narices, en el periódico, por ejemplo. Por eso estoy siempre tan atento a lo que veo".

En la foto de Corbijn por debajo de los cuadernos asoma la portada amarillenta del Lincoln Evening News, publicado en Lincoln, Nebraska, el 19 de abril de... el año no se distingue, solo el precio, 5 centavos. El titular, hacia la parte inferior de la página, dice: "Asesino. San Petersburgo, 18 de abril. Un desconocido abate a disparos a un oficial ruso de alto rango y se da a la fuga". ¿Cuántas canciones de Tom Waits nacieron así?

En las últimas fotos, Waits tiene 61 años, pero aparenta más. Hacia el final de la serie hay dos retratos escalofriantes. En uno de ellos el cantante está en su estudio, rodeado de libros, leyendo con la ayuda de unas gafas de lentes gigantescas que le dan aspecto de abuela. En otra está ante el teclado, pero no del piano, sino de una ancestral máquina de escribir. La foto guarda relación con uno de los trabajos visuales más impactantes del libro: Semillas. Es en esta máquina donde tecleó los nombres de los héroes personales qué figuran en su pieza.

Las piezas que integran Curiosidades incluyen, además del material visual, numerosos textos: el contenido vivo de los cuadernos, liberados del formato en que estaban aprisionados. Abundan las listas, así como los poemas. Con palabras o sin ellas, se trata de atrapar lo invisible. Hay una foto que capta la imagen de un ser que el común de los mortales considera que no tiene existencia real, como les ocurre (pongamos por caso) al monstruo del lago Ness o al yeti: el mítico conejo de oro (la criatura aparece en la página 227, y según Waits es la única imagen jamás captada del quimérico animal. Unas páginas después asistimos a un vivo diálogo que mantienen entre sí dos cuervos. Entre las listas, unas son absurdas, otras poéticas, y en muchos casos las dos cosas a la vez. Llaman la atención una que registra la búsqueda de metas disparatadas, un póquer de poemas dedicados a animales personificados, el listado de todas las estaciones de un trayecto ferroviario, o una nómina de suicidas históricos célebres, junto con el método elegido para poner fin a sus vidas. La imagen que pone fin a Curiosidades es la más desconcertante de toda la serie. En ella se ve a cuatro ancianas, todas con el rostro de Tom Waits. Son cuatrillizas y comparten el apellido del cantante. Las hermanas cuatrillizas Waits, reza una línea abruptamente mecanografiada, nunca se alejararon demasiado del agua. La foto es de color sepia y las cuatro hermanas, tres de ellas tocadas con sombrero, miran fijamente a la cámara, subidas a una barca que flota inmóvil sobre un río de aguas estáticas. Unos trazos dibujados a tiralíneas conectan el texto que cuenta la forma en, que perdió la vida cada una de las hermanas Waits con su imagen. La primera, de nombre Placentia, murió al tragarse un enjambre de abejas durante un festival de apicultura. La segunda, sor Sharpella Waits, monja de toda la vida, murió envenenada al ingerir una hostia rancia, dice literalmente el texto: La tercera, mantuvo una larga lucha contra el cáncer de pulmón durante muchos años, aunque lo que causó la muerte de Peoría Waits fue un cenicero que alguien le arrojó certeramente a la cabeza. Por último, Clamedia murió como consecuencia de los cortes que se infligió con los bordes de papel de su propio testamento cuando se disponía a firmarlo.

Son muchas las imágenes que tienen una fuerza especial en la inclasificable serie de curiosidades concebidas por Tom Waits. Una de las más poderosas lleva el título de Semillas. Es un collage en el que aparecen mecanografiados los nombres de personajes por los que el cantante siente una devoción particular. Me tomé la molestia de separarlos en dos grupos, en función de lo cerca que me parecía estar de ellos:

a) Thelonious Monk, Jack Kerouac, James Brown, Cantinflas, Gregory Corso, Nina Simone, Stravinski, Ike y Tina Turner, Alfred Hitchcock, Samuel Beckett, Charles Bukowski, Ray Charles y Houdini.
b) Reverendo Gary Davis, Nelson Algren, Fisk Jubilee Singers, Harry Partch, Big Joe Turner, Hank Ballard, Mabel Bercer, Sticks McGee, Charley Patton, Skip James, Alvin Cash, reece DJ Pancake, Frank Stanford, Roland Kirk, Bernard Herman, Chester Burnette y Litlle Water.

Un mapa perfecto, histórico, de la mente del artista. Músicos, literatos, un payaso inesperado (Cantinflas), un mago (Houdini). Otro (Hitchcock), y así sucesivamente. Seguir la pista de los nombres menos conocidos fue un ejercicio fascinante. •

Waits-Corbijn (´77-´11). Anton Corbijn, Tom Waits. Schirmer / Mosel-Verlag GmbH, 2013. 272 páginas. 179 dólares. Edición limitada de 6.600 copias.






El guardián de las semillas
Por Tom Waits
CUANDO UN SER humano decide trasladarse a otro habitat hay dos cosas que jamás se olvida de llevar consigo: las canciones que más le importan y un puñado de semillas. Esta pieza responde a la intención de despertar en quien la ve el deseo de convertirse en el guardián de sus propias semillas. Se trata de un proceso fácil, divertido y gratificante: elige una fruta, una flor, un vegetal o cualquier otra criatura y exprímela; recoge lo que cae con una máquina de escribir y aguarda a que se sequen las palabras; haz después una serie de etiquetas con los nombres de tus héroes y colócalas junto a las semillas. Entierra después el mapa en tu jardín de iconos y espera a que germine. Tu relación con los misterios de la vida se hará mucho más profunda. •

El Pais Babelia 01.06.13

I Concurso de Cómic de Libros.com

miércoles 14.ago.2013    por Jesús Jiménez  


Libros.com, primera plataforma de crowdfunding editorial en España, ha querido dar un giro al concepto de micromecenazgo para la fase final de su I Concurso Internacional de Cómic y Novela Gráfica. Esta usando este modelo de financiación para elegir la obra ganadora del certamen y los trabajos que ocuparán el segundo y tercer puesto. La obra que más aportaciones económicas consiga durante un periodo de 30 días ocupará el primer puesto y tendrá una compensación económica de 500€, además de ser publicada y distribuida en librerías. La segunda con más apoyos gozará de los mismos privilegios editoriales pero la cuantía económica a recibir será menor, de 200€. El trabajo que quede en tercer lugar no tendrá premio en metálico pero sí la posibilidad de ser publicado y distribuido. Las obras que compiten en esta fase final, y que fueron seleccionadas por un jurado compuesto por figuras relevantes del mundo del cómic y la edición, son:
1) 'Las apasionantes lecturas del Sr. Smith', de Agustín Ferrer. “Quien lee vive más”. Eso es lo que le ocurre a su protagonista, el Sr. Smith, un cazatalentos literario que, a través de su álter ego, vive apasionadamente sus lecturas. Sea cual sea la calidad de estas.

2) 'Nyx, los sueños de la diosa', de Fernando Llor y René Valiñas. Una obra que habla de los sueños, de las vidas pasadas y de cómo a veces llegamos a sentirnos conectados con cosasque ni siquiera entendemos.


3) 'El cauterizador', de Vicente Damián Fernández Gomis. El protagonista, un tipo extraño
llamado Andy, es el único capaz de remediar una grave enfermedad mental. Nadie conoce
los métodos que utiliza. Nadie sabe si es de fiar.


Podéis descargar un avance de las obras finalistas en
Y apostar por ellas en Libros.com

Fuente:

Tres joyas del cómic americano independiente

JESÚS JIMÉNEZ 13.08.2013


  • 'Blue estate' es un cómic de serie negra que fue nominado a tres Eisner
  • 'Ladrón de ladrones', es obra de Robert Kirkman ('The walking dead')
  • 'Pigeons from hell' adapta un cuento de terror de Robert E. Howard ('Conan')




Aunque Marvel y DC sigan copando la mayor parte del mercado del cómic americano (aproximadamente el 70 por ciento) las editoriales independientes cada vez adquieren mayor importancia gracias a la diversidad y calidad de sus propuestas. Es el caso de Image Comics, fundada en 1992 por siete grandes artistas (entre los que destacaban Todd McFarlane y Jim Lee). Entre sus series más conocidas se encuentran grandes éxitos como Spawn, The walking dead o Las Tortugas Ninjas.
Ahora Dib>buks publica en España dos de sus mejores títulos: Blue estate: Conservas, una serie policíaca firmada por Viktor Kalvachev, y Pigeons from Hell, la adaptación del relato de terror más conocido deRobert E. Howard, el creador de Conan. Y Planeta DeAgostini nos trae la serie Ladrón de ladrones, en la que nos cuenta la historia del ladrón de guante blanco más famoso del mundo. Tres títulos imprescindibles.

'Blue estate'

Blue estate: Conservas, es un cómic de serie negra de esos que nos dejan sin aliento. Duro, violento, agobiante... con personajes desesperados y dispuestos a todo por sobrevivir.  Una historia que reivindica el pulp (las novelas de género de los años 20, 30 y 40) y que bebe del cine de Tarantino Guy Ritchie, pero de una manera original y fresca. Un tebeo sorprendente, con mucha acción, y en el que no falta el humor.

Un auténtico revulsivo para el cómic americano que fue celebrado con tres nominaciones a los Premios Eisner y que nos cuenta la historia de un detective privado que vive a la sombra de su padre, un famoso policía al que intenta parecerse sin conseguirlo. Su encuentro con una actriz de cine de serie B arrastrará a este detective al submundo del crimen organizado, habitado por gángsters, strippers y demás gente de malvivir.
El responsable de Blue Estate es Viktor Kalvachev, un autor desconocido en España pero que en Estados Unidos logró un gran éxito con su primer trabajo, una novela gráfica llamada Pherone que fue comparada con Sin City, de Frank Miller. Kalvachev es un autor completo que se ocupa del guión y del dibujo, aunque la parte gráfica de Blue estate presenta una curiosa peculiaridad: un grupo de dibujantes se alterna cada pocas páginas, lo que no va en detrimento de la calidad del cómic sino que se nos presenta como un curioso y agradecido tour de force visual. Entre los artistas que le ayudan destacan Andrew Osborne, Robert Valley, Toby Ciprés o Nathan Fox.
Destacar también las fabulosas portadas, que nos recuerdan a las de las novelas pulp, y de las que se encarga el propio Kalvachev. Además el cómic incluye una parte final en la que se nos muestra cómo se hacen las páginas y bocetos y diseños de los personajes principales.

'Ladrón de ladrones'

Robert Kirkman es uno de los guionistas de mayor éxito del cómic norteamericano actual gracias a dos series que se han hecho muy populares: The walking dead (Los muertos vivientes) (Planeta DeAgostini), que se ha convertido en una popular serie de televisión, e Invencible (Aleta-Dolmen), un cómic que recupera la magia de las grandes historias de superhéroes. Estos éxitos han hecho posible que Kirkman lance su propia serie de cómics entre los que destacamos Ladrón de ladrones (Planeta De Agostini), en la que el guionista nos cuenta las aventuras del mejor ladrón de guante blanco del mundo.

Aunque hay que aclarar que Kirkman no escribe esta serie, sino que da a a otros guionistas las líneas clave de la historia para que estos la desarrollen, con lo que se mantiene una estructura narrativa pero cada autor puede añadir cosas de su propia cosecha. Un sistema de trabajo parecido al que se usa en muchas series de televisión (sobre todo en las norteamericanas).
En España se han publicado, hasta ahora, las dos primeras historias en sendos volúmenes, en las que hemos podido conocer al personaje principal, Conrad Paulson(el mejor ladrón de guante blanco del mundo) y a su equipo, al que recurre para las misiones más arriesgadas. En este segundo volumen se profundiza en la relación entre Conrad y su hijo Augustus, que quiere seguir los pasos de su padre como ladrón, pero no tiene su talento, lo que termina metiendo a ambos en graves problemas.
Una serie emocionante, con la tensión y la acción propias de las mejores películas del género de ladrones de guante blanco y que nos mantiene en vilo en cada episodio. ¿Qué más se puede pedir?

'Pigeons from hell'

Pigeons from Hell está basado en un relato de Robert E. Howard, el creador de Conan el Bárbaro. El escritor Stephen King la considera "una de las mejores obras de terror de nuestro siglo", y ha sido adaptada en varias ocasiones, siendo la más recordada, un episodio de la mítica serie Thriller, que presentaba el mismísimo Boris Karloff. Esta versión en cómic cuenta con guion de Joe. R. Lansdale y dibujo de Nathan Fox. El famoso escritor y guionista Joe R. Lansdale, (galardonado nada menos que con ocho Premios Bram Stocker) ha adaptado esta historia de Howard escrita en 1934, pero que se publicó tras el suicidio del escritor, en su antología Weird Tales, en 1938.

El cómic cuenta la historia de dos hermanas gemelas, Claire y Janet, que heredan una destartalada mansión en una remota región de Louisiana. Una casa que en realidad oculta una terrible maldición, ya que está habitada por demonios sedientos de venganza. Una historia que influyó en muchas obras posteriores como Posesión infernal, de Sam Raimi. Un terrorífico cómic que profundiza en el pasado de esa inquietante mansión rodada de pantanos.
Una historia que surgió de los cuentos de terror que le contaba su abuela a Robert E. Howard y de las leyendas locales que mezclaban relatos de fantasmas y esclavos . Y en la que también juegan un papel muy importante el vudú, los pájaros y los espíritus.
El dibujante Nathan Fox logra la atmósfera perfecta de terror con su dibujo lineal y brusco, creando escenas llenas de violencia y dramatismo, resaltadas con el color de Dave Stewart. El libro también incluye las notas del guionista y una estupenda selección de bocetos de Fox. Una historia imprescindible para todos los fans del cómic de terror.
Tres grandes títulos que demuestran que el cómic americano no son solo superhéroes.

Fuente: 

martes, 13 de agosto de 2013

El cómic que inspiró a Manuel Elkin Patarroyo

Por el heraldo de Melkart:

Esta es la historia de un médico colombiano, Manuel Elkin Patarroyo, que gracias a los cómics basados en la biografía de Louis Pasteur, Robert Koch, Armauer Hansen y Ronald Ross (eminentes inmunólogos) que leyó de niño, llegó a convertirse en el primer doctor en aplicar la primera vacuna sintética contra la malaria en el mundo, y quien por sus aportes científicos ha recibido multitud de premios y reconocimientos nacionales e internacionales, entre ellos el Premio Robert Koch, el Premio Príncipe de Asturias y la medalla de Edimburgo, además de haber sido postulado tres veces al Nobel, dos veces en química y una en medicina.

 Laura Vargas-Parada en Bogotá | Academia | Fecha: 10-may-11 

Fue la lectura de un cómic en 1955 lo que le cambió la vida a Manuel Elkin Patarroyo, científico colombiano mundialmente conocido por haber fabricado la primera vacuna sintética contra la malaria. La tira cómica Louis Pasteur, descubridor de vacunas, benefactor de la humanidad no sólo convirtió a Pasteur en su ídolo sino en un ejemplo a seguir. Patarroyo tenía entonces nueve años y hacer vacunas contra enfermedades infecciosas se convirtió en una obsesión.

Manuel Elkin Patarroyo, inventor de la vacuna contra la malaria 

“Desde niño yo nunca pensé nada distinto” dice en entrevista para Crónica en su oficina de Bogotá. Cuando se le hace notar que Pasteur era químico y se le pregunta por qué estudió medicina y no química, se levanta de su silla como empujado por un resorte y se dirige a un enorme cuadro donde aparece Pasteur. “A Pasteur no lo dejaban vacunar a nadie [por ser químico]. Yo dije: a mi no me va a pasar esto que le pasó a mi ídolo”.
Sin embargo, Patarroyo estaba convencido que para hacer vacunas había que trabajar con moléculas y comenta “en el primer año de medicina me aparecí con la doble hélice del ADN hecha en pedacitos de cartón. Te estoy hablando de 1965”. Mientras sus compañeros pensaban en las células, él tenía claro que la esencia de la vida estaba en una molécula.