lunes, 18 de febrero de 2013

State of the Art: Illustration 100 years after Howard Pyle





































En el Museo de Arte de Delaware hay una exposición titulada "El estado del arte: La ilustración cien años después de Howard Pyle", estará hasta el 1 de junio de 2013. David Apatoff muestra la evolución de la ilustración a través de ocho autores contemporáneos: Ralph Eggleston (diseñador producción de Pixar), Peter de Sève (diseñador de personajes para películas de animación y portadas de la revista The New Yorker, Bernie Fuchs (Ilustrador), Milton Glaser (diseñador gráfico), Mort Drucker autor de comics e ilustrador de la revista MAD), Phil Hale (pintor e ilustrador de libros), Sterling Hundley (pintor e ilustrador de revistas), y John Cuneo (artista editorial). Un detalle para los que no puedan ir a exposición, se puede ver en un libro en la red, aquí.

Via Cartoon Brew



Modelos entre ruinas



Exposición de Alberto de las Heras - colaborador  de diseñadores como Carlos Díez o Ana Locking- en la galeria La Fresh Gallery hasta el 15 de marzo





domingo, 17 de febrero de 2013

Lorna Star por Esther Gili








Historieta (genial) publicada en la revista Dos veces breve nº3 segunda época por Ariadna Editorial


Velázquez en primera persona Javier Portús




A través de sus obras, los artistas no sólo narran historias, reflexionan sobre la realidad o su entorno, y transmiten sentimientos. También, con frecuencia, nos hablan sobre ellos mismos, sus inquietudes, sus aspiraciones o el lugar que creen ocupar en la sociedad donde les ha tocado vivir y en la historia de su propia disciplina creativa. En muchas ocasiones, la información de carácter personal que se infiere de los cuadros tiene un valor equiparable o superior a la que revelan las fuentes documentales escritas. Uno de esos casos es el de Velázquez. A través de documentación de archivo o antiguos tratados de pintura es posible conocer los episodios más importantes de su biografía, casi todos los aspectos de su vinculación laboral con la Corte o los avatares de sus dos viajes a Italia. Sin embargo, este tipo de fuentes deben ser completadas con el estudio de la información de carácter personal que revelan sus obras, que resulta muy útil para conocer la imagen propia que quería transmitir o su ideología artística.



Empecemos, por ejemplo, por su imagen física. De entre los autorretratos probables o seguros que han llegado hasta nosotros, el de más calidad y mayor valor informativo es el que aparece en Las meninas, una obra que realizó en 1656, en plena madurez creativa. Es uno de los cuadros de mayor tamaño que hizo nunca, y la complejidad de su contenido y de su construcción artística sugiere que era plenamente consciente de que estaba realizando una de las pinturas por las que en el futuro mejor se le recordaría. Se trata de una obra de arte abierta, que a lo largo de su historia ha estado sujeta a una infinidad de interpretaciones diferentes y se ha ido




 enriqueciendo con nuevos significados. Aunque hay muchas divergencias sobre su sentido último, tanto el escenario como los personajes o los elementos principales de la acción están claramente identificados. En primer término vemos a la infanta Margarita rodeada de personas que trabajaban al servicio de la corte, como sus damas de honor, una pareja de enanos o un guardadamas. Al fondo, un espejo nos devuelve la imagen reflejada de los reyes Felipe IV y Mariana de Austria, padres de la infanta. En las paredes cuelgan varios cuadros, algunos de los cuales han sido identificados. La obra no es un mero retrato colectivo, pues le está asociada una red de contenidos políticos y artísticos que trascienden las fronteras del género retratístico, y la convierten en un cuadro de contenido histórico, en el que se reflexiona muy sutilmente sobre la monarquía española. No es cuestión de explayarse aquí sobre un cuadro tan rico en significados; pero sí de reflexionar sobre la posición que ocupa el pintor dentro del mismo.

Nantala Kantala


 Via Lines and Colours veo a este ilustrador japonés. Siempre disfruto de la variedad, de los diferentes matices culturales, y por supuesto es un auténtico placer descubrirlos. Su página esta aquí, en japonés, Google no ha podido traducirla, pero siempre te apañas.














sábado, 16 de febrero de 2013

Un siglo de fotografía en sus manos


Una exposición en París abre las puertas al legendario tesoro del galerista neoyorquino Howard Greenberg

JUAN PECES París


Una de las míticas fotografías que Henri Cartier-Bresson tomó en España en los años treinta. / HENRI CARTIER-BRESSON / MAGNUM

Existen pocos ciudadanos en el mundo que puedan disfrutar en privado de algunas de las más representativas fotografías del siglo XX, ya sea la España de los años treinta retratada por Henri Cartier-Bresson, el desembarco aliado en Normandía inmortalizado por Robert Capa o la mujer desplazada por la pobreza documentada por Dorothea Lange en el EE UU de la gran recesión.

Igual de raro es contar en el patrimonio personal con un retrato de Gloria Swanson, de Edward Steichen, una copia de Bandit's Roost, de Jacob Riis e instantáneas de Walker Evans, Robert Adams, Berenice Abbott y Manuel Álvarez Bravo. Es decir: con un resumen de la historia de la fotografía a través de las personas que la consagraron como arte y como práctica documental.

Pero si al hecho de poseer una iconografía de valor incalculable se une un afán –digno de un entomólogo– por atesorar especímenes fotográficos de autores valiosos menos conocidos (Roy DeCarava, Peter Sekaer, Léon Levinstein, Consuelo Kanaga, Raymond Jacobs, Louis Faurer, Marion Post-Walcott), entonces nos encontramos ante un coleccionista de excepción. Este es el caso de Howard Greenberg, responsable de la afamada galería homónima en Nueva York, y a cuya colección privada de fotografía le dedica la parisiense Fundación Henri Cartier-Bresson una exposición recién inaugurada en su sede de Montparnasse.


La muestra ha sido comisariada por Sam Stourdzé en colaboración con la directora de la fundación, Agnès Sire, y el propio coleccionista, y es una adaptación de una exposición anterior producida por el Museo del Elíseo de Lausana. En el catálogo editado por Steidl, Stourdzé dialoga con Greenberg a propósito de su pasión, desconocida por el público hasta su presentación en Suiza.

Al ser entrevistado, Greenberg acredita no ser un mero marchante de arte o cazador de obras y exhibe unos conocimientos poco frecuentes del medio, avivados por una genuina pasión (y décadas de experiencia vital). "No puedes ser un buen coleccionista sin tener la pasión por conocer lo que estás adquiriendo. No es como muchos coleccionistas de arte contemporáneo que van a la caza de trofeos".


Walker Evans, 'Negro Church, South Carolina', 1936.


Grenberg se remite a sus inicios como fotógrafo, tras un accidente de tráfico y antes de convertirse en galerista. "Mi trayectoria está enraizada en mi curiosidad sobre la fotografía y mi interés, casi obsesivo, por aprender cosas que desconocía, por ver cosas que no había visto antes", afirma. "Si puedo señalar una contribución que creo haber hecho a la fotografía, tiene que ver con el descubrimiento y el redescubrimiento de autores que se perdieron el tiempo.
Aparte de los autores antes mencionados, el recorrido de la colección invita a apreciar las fotos de Harry Calahan (que fue objeto de su propia retrospectiva en la fundación), Ralph Eugene Meatyard, Garry Winogrand, W. Eugene Smith, Dan Weiner, Lee Friedlander y Robert Frank, entre otros. De Frank (Zurich, 1924), una de las leyendas vivas de la fotografía, se expone una maqueta de 'El libro de Mary' (1949), dedicado a su primera esposa.
Preguntado sobre qué imágenes de fotógrafos jóvenes o en el ecuador de su carrera estaría dispuesto a adquirir, Greenberg ofrece una mueca de escepticismo y responde: "Bueno, puedo decir que, probablemente, ninguna". Para razonar su postura señala su admiración por los grandes maestros del medio, así como por las técnicas de revelado e impresión de antaño, aprendidas en su época de fotógrafo. A ellas atribuye un carácter casi sacro.

"Hacer una copia bella no es tarea fácil: requiere mucho tiempo, paciencia y experimentación. Un gran parte de mi colección está ligada a ese tipo de copias que tienen una especie de cualidad mágica. Eso no tiene nada que ver con la fotografía contemporánea o con la fotografía digital".

Greenberg, que ha utilizado un instrumento jurídico peculiar para hacer copropietarios de la colección a los empleados de su galería, es consciente de que el futuro del fondo pasa por su venta a una institución especializada. Y matiza que su ideal es "que no sea dividida, porque después de tantos años creando una entidad, aunque sea fluida, se genera una identificación muy intensa con la colección".
El director de la galería recuerda, a propósito de un pase privado que hizo el pasado lunes en la fundación, una anécdota del fotógrafo William Klein (Nueva York, 1928) —amigo personal y cliente desde hace 20 años de Greenberg—, que acudió tarde al pase porque se había dormido.
Aparte de señalar como su favorita la fotografía de Louis Faurer Manos freudianas entrelazadas, Klein dijo que le había fascinado la muestra, "y Bill no es alguien que haga elogios a la ligera", según Greenberg. Antes de finalizar su visita, Klein hizo el siguiente comentario a Agnès Sire: "Hmmm, viendo esta exposición me dan ganas de volver a fotografiar".


El Pais 20.01.2013

Rorschach: un antihéroe entre vigilantes

Tras prestar la atención debida al Dr. Manhattan mediante su correspondiente artículo, las líneas que siguen a continuación pretenden hacer lo propio con Antes de Watchmen: Rorschach. Una nueva serie limitada –cuyo lanzamiento se produjo el pasado 1 de febrero– protagonizada por al álter ego de Walter Joseph Kovacs, por muchos señalado como el corazón y el alma de la obra original.

En su deconstrucción del género superheroico, Alan Moore y Dave Gibbons establecieron la meditación acerca del poder como motivo central de la obra; tema cuyo abordaje requirió el recurso a diferentes arquetipos del género. Durante la búsqueda de aquellas caracterizaciones que se ajustaran a la pretendida variedad arquetípica, el guionista de Northampton no dudó en echar mano de elementos reminiscentes de dos creaciones del mítico historietista Steve Ditko: The Question y Mr. A, siendo este último la personificación de las convicciones de su creador y la inspiración para determinar la ideología de Rorschach... un credo llevado al extremo debido a su condición de personaje torturado y “en constante estado de dolor psicológico”, según Moore; obsesionado –también– por unos retorcidos estándares de honor.