miércoles, 2 de enero de 2013

El mapa de la creatividad


 El titulo de la entrada pertenece al blog Storyboard y su referencia al trabajo previo, a los bocetos, a las ideas primigenias plasmadas en loa lugares más diversos, aunque preferentemente libretas pequeñas, y es que finalmente el soporte importa si quieres que perdure en el tiempo pero es eso ya es cuestión de gustos y ya se sabe que ese es otro tema. Mi fascinación por ese alumbramiento inicial puede tener mucho que ver por la inmediatez de la realización, la velocidad, pero también con obtener esa información vital que destila el lugar donde quieres que se desarrolle tu obra, o el enfoque necesario, o tan solo dejar vagar tu imaginación, descubrir rostros, inventar algo nuevo, desear un futuro mejor, son solo ideas que puede que lleguen lejos o no. Estan son imagenes obtenidas de la red de redes, no hay más datos, ultimamente estoy algo desenfocado, tengo que esforzarme más.














































La letra, con dibujo entra

El género de los libros ilustrados para adultos vive un auge desconocido en medio de la crisis crónica del sector
VIRGINIA COLLERA Madrid 29 DIC 2012





Una ilustración de '20.000 leguas de viaje submarino'

Más que una noticia, toda una realidad. El gran Gatsby, Veinte mil leguas de viaje submarino, Grandes esperanzas, El fantasma de Canterville, Del enebro, Hermanito y hermanita… En realidad, la multitud de libros ilustrados para adultos que reposan sobre las mesas/estanterías de las librerías –aún más en estas fechas navideñas– no es una noticia sino una realidad: el género vive una época dorada.

Retrocedamos en el tiempo. “A principios de 2004, cuando editamos La metamorfosis de Kafka, la oferta era prácticamente inexistente”, relata Fernando Diego García de la editorial Libros del Zorro Rojo. Por entonces, a quienes les interesaba la obra ilustrada tenían que conformarse con el álbum infantil. “Que en muchas ocasiones, aunque parecía para niños, por su temática, autor e ilustrador, convocaba a lectores de todas las edades. En estos álbumes la ilustración no era un mero acompañamiento, como sucedía en muchos otros libros juveniles e infantiles, sino que dialogaba con el texto para construir un significado. Y en parte ellos han sido los que han facilitado la emergencia del libro ilustrado para adultos”.

“El lector que valora el libro como objeto permanece”, cree Diego Moreno
 En los noventa, cuando Noemí Villamuza empezaba en el oficio, la ilustración infantil, dice, era la reina absoluta. “Sin embargo, ahora los álbumes para niños tienen una vida breve en el mercado y son los libros para adultos los que cada vez cobran más fuerza”. Diego García lo certifica: “Se ha conseguido que estos títulos no se vean como libros de regalo o adicionales. Se ha logrado transmitir que una obra clásica interpretada por un artista plástico es una obra inédita, y el lector ha reaccionado con interés”.


Ilustración de 'El gran Gatsby', de Jonny Ruzzo.

 Y con sorpresa, reconoce Fernando Diego García, reaccionaron ellos ante el creciente interés de los lectores. “El auge de las obras ilustradas coincidió con la maduración de nuestro catálogo, pero también con la crisis del sector”, justifica. Y es que así están las cosas: entre 2008 y 2011 el sector editorial ha disminuido su facturación en más de un 16%, regresando a niveles de actividad de 2002, según el estudio Comercio Interior del Libro en España 2011 realizado por la Federación de Gremios de Editores de España. Los datos de 2012 aún no están disponibles, pero se calcula que el descenso rondará el 10%.

Diego Moreno, editor de Nórdica Libros, otra de las editoriales que más ha contribuido al esplendor del género, siempre confió en el éxito de los ilustrados: El festín de Babette de Isak Dinesen fue el primero en engrosar su colección ilustrada. También el primer encargo de ilustración para adultos de Noemí Villamuza. Ella pensó que sería “algo exótico” en su vida profesional, terminado el cometido volvería a la normalidad, es decir, a los álbumes infantiles. Pero el tiempo dio la razón a Moreno: desde 2006, año de publicación de El festín de Babette –que ya va por su sexta reedición– ha editado más de 45 obras ilustradas. “La crisis se ha cargado a ese tipo de lector que compraba best-sellers cuando iba a hacer la compra, que estaba de paso por la literatura, y se ha quedado el que valora el libro como objeto. Los ilustrados son de los pocos cuyas ventas no han descendido”, asegura. El cómic, los libros de texto y prácticos (cocina, bricolaje…) y la literatura infantil y juvenil son, junto a los ilustrados, los únicos que contradicen la tendencia de caída generalizada del sector.


De cualquier forma, las ediciones ilustradas de El gran Gatsby o Veinte mil leguas de viaje submarino no se codearían con Cincuenta sombras de Grey de EL James o El tango de la vieja guardia de Pérez Reverte “si no hubiesen abierto camino Maus de Art Spiegelman, Persépolis de Marjane Satrapi o Ciudad de cristal de Paul Auster. A la novela gráfica y al libro ilustrado les costó encontrar su sitio porque los libreros no sabían cómo manejarlos y es gracias a esos títulos que cada vez hay más riqueza en las librerías generalistas”, explica Enrique Redel de la editorial Impedimenta, que acaba de estrenarse en la novela gráfica con la biografía de Virginia Woolf.

El libro ilustrado para adultos ya tiene su sitio en las librerías, sí, pero su colocación sigue sin estar demasiado clara, opina Diego García. “Se suele asimilar a la novela gráfica y hay ciertos títulos que lo toleran mejor que otros. Por ejemplo, ese no sería el lugar natural de una edición ilustrada de Macbeth”. Y es que, precisamente, son los textos clásicos los que más se prestan a la ilustración: “Al plantearnos una edición ilustrada no pensamos en la antigüedad de la obra, sino su valía y perdurabilidad, pero esos son requisitos que se encuentran con mayor frecuencia en títulos clásicos”. Moreno está de acuerdo, pero añade una advertencia: la denominación libros ilustrados para adultos contiene un trampa. “No es cierto que en la mayoría de los casos los lectores sean adultos: hay muchos jóvenes que no han leído clásicos y prefieren hacerlo en libros con un plus visual”.

El Pais 29 diciembre 2012

Psicoanálisis de un ratón trágico

Art Spiegelman cuenta en ‘MetaMaus’ el origen, el éxito y la crisis de su obra maestra, ‘Maus’
Es el único tebeo que ha ganado el Pulitzer
Una leyenda del tebeo con un pasado
TOMMASO KOCH Madrid 16 DIC 2012 


'El pasado se cierne sobre el futuro', de 1992, contenida en 'MetaMaus'.


Dibujar ratones. Para la pequeña Nadja, ese era el oficio de su padre. Lo cual era cierto. Pero reduccionista. Porque con sus roedores antropomórficos Art Spiegelman llenó uno de los cómics más famosos de la historia: Maus. Y el relato en forma animal de cómo su padre, Vladek, sobrevivió al Holocausto es el único tebeo que haya ganado el Pulitzer, en 1992. Además de cambiar para siempre el mundo del cómic y el de su autor.

“Maus mostró que el tebeo podía ser tan interesante como la literatura o la pintura, que podía tratar un tema enorme como el Holocausto”, asegura el dibujante estadounidense (Estocolmo, 1948) por teléfono. De ello, y de muchísimo más, habla Spiegelman en MetaMaus, una mezcla de documentos, bocetos, fotos, un DVD, conversaciones con su padre, testimonios de su familia y, sobre todo, su larguísima charla con la profesora Hillary Chute, que se acaba de publicar en España (Mondadori).

“He dado todo lo que podía. MetaMaus es una de las obras más enciclopédicas jamás editadas”, defiende Spiegelman. Exagerado o no, lo cierto es que las 300 páginas del libro contestan a las preguntas claves (¿Por qué un cómic? ¿Por qué ratones? ¿Por qué el Holocausto?) y a prácticamente todas las demás cuestiones que hayan surgido sobre Maus.


Un autorretrato de Art Spiegelman.

Por ejemplo, MetaMaus narra el proceso de creación de la obra maestra de Spiegelman. Y cómo tardó 13 años en terminar los dos tomos en blanco y negro de Maus. “Sabía que sería un proyecto largo. Empecé entrevistando de nuevo a Vladek [en 1972 Spiegelman grabó varias horas de conversaciones con su padre y publicó una primera versión de Maus, de tres páginas] y descubrí que no podía comprender lo que me contaba a no ser que me metiera de lleno en el tema”, desvela el dibujante.

De ahí que Spiegelman conjugara las charlas con su padre con un buceo hasta lo más profundo del abismo del Holocausto. “Leí todo lo que tuviera que ver con lo ocurrido”, relata el autor. Y no solo. Vio películas y documentales, entrevistó a otros supervivientes relacionados con su familia y viajó a Auschwitz y a Dachau. “Fue espeluznante. De verdad tenías la impresión de caminar sobre huesos”, escribe Spiegelman de su visita a Dachau. De la forma de los lavabos a las cámaras de gas, el autor buscó en los campos de exterminio las respuestas a su gran reto: “Lo más difícil fue visualizar lo sucedido, recrearlo. Ponerme a rebuscar fue doloroso, me hizo sentir ese vacío que se experimenta al mirar una foto de familia de antes y después de la Segunda Guerra Mundial”. Como la que comenta el propio Vladek en Maus: “Solo Pinek, mi hermano menor, sobrevivió. Del resto de mi familia no queda nada”.

Precisamente el padre de Spiegelman es la figura central de Maus. Su dramático pasado de judío número 175113 en Auschwitz es la columna sobre la que el cómic se rige: “Si existía constancia histórica clara tendía a triangular lo ocurrido y subsumir el recuerdo de Vladek con el colectivo. Pero si existía alguna razón personal para que él lo recordara diferente optaba por su versión y, en caso de que fuera necesario, intentaba corregirla”.

Aunque Maus también narra el entonces presente de la compleja relación entre Vladek y Art. “No me quería asemejar en nada a él. Me hice artista porque le parecía algo inútil”, cuenta Spiegelman. Qué opinaría Vladek de la versión final de Maus jamás se sabrá: falleció en 1982. Años antes, en 1968, se suicidó Anja, madre de Art y esposa de Vladek, con quien compartió el drama de la estancia en Auschwitz-Birkenau.


La litografía 'En el parque con mamá', de 1979.

“El cómic es el idioma natural de intentar cumplir un mandato que no era consciente de estar atacando: el deseo de mi madre de que contara su historia”, explica Spiegelman sobre las razones de su apuesta por el tebeo. Las demás tuvieron que ver con “la abstracción que implica la página del cómic, el hecho de yuxtaponer momentos temporales” y con un formato que “busca las esencias”.

Con sus judíos ratones y sus nazis gatos en cambio Spiegelman buscó reproducir la “deshumanización básica en un proyecto de aniquilación”. De hecho, la propaganda alemana a la sazón retrataba a los judíos como roedores. Aunque, tal vez por eso, o porque “la imagen del ratón contiene el estereotipo de la criatura patética e indefensa”, Maus no hizo especial ilusión en Israel. Y hace solo muy poco se tradujo al hebreo. Tampoco hubo fans de Spiegelman entre los polacos, retratados como cerdos.

Más en general, a Maus le costó arrancar. Publicado entre 1980 y 1991 en la revista de cómics de vanguardia RAW, que Spiegelman y su mujer, Françoise Mouly, habían fundado, el autor cuenta que el libro pasó por el rechazo de “todas las editoriales respetables”. Finalmente, Pantheon editó el primer tomo —hubo que acelerar la publicación porque Spielberg estaba preparando el filme Fievel y el nuevo mundo, de temática parecida—, y fue un triunfo. Incluso demasiado, para su autor. “En mi arrogancia, daba por hecho que mi obra se valoraría de forma póstuma. El éxito me provocó una crisis. Me empujó a quererme esconder en una ratonera y a desaparecer”, recuerda Spiegelman. Solo salió de allí gracias a su analista. Y en 1991 por fin se publicó el segundo tomo de su obra.

Sin embargo, 20 años después, su relación con Maus sigue siendo contradictoria. “El hecho de que tuviera tanta difusión me parece un regalo y un desastre. Me aportó seguridad económica, pero nunca podría haber previsto la carga de intentar no estorbar a la obra. Había contraído una obligación con los muertos”, asegura.

De esto, y de su fama, se quejaba Spiegelman en una conversación con Matt Groening. Pero el creador de Los Simpson le ofreció una perspectiva distinta: “Es como si te lamentaras del cenicero sucio de tu Rolls Royce”. Spiegelman ha aprendido también a no quejarse de las versiones y análisis que se han hecho de Maus a lo largo de la historia: “En el fondo, para mí todos son malentendidos. Con MetaMaus me he explicado claramente. Ya no es mi trabajo”.


Otra cosa es sin embargo que Spiegelman defienda su libro con uñas y dientes. Por eso siempre se ha negado a una adaptación cinematográfica. Y por eso ha pronunciado decenas de no a galerías y museos del calibre del MoMA, que querían exponer o comprar sus dibujos. “No veo por qué haya que rehacer Maus. Solo sería por dinero”, relata el autor.



página 201 de "Maus"

Además, Spiegelman aprecia su obra como está hecha. Porque todo en Maus “está entrelazado” y cada página tiene detrás cuadrículas, bocetos y un largo estudio gráfico y conceptual. Tal vez un trabajo imprescindible para un dibujante que no se considera especialmente habilidoso y desde luego no estaría de acuerdo con la definición que de él da otro artista famoso del tebeo, Seth: "Es uno de los mejores, más listos y más talentosos dibujantes de la historia". Spiegelman mantiene un perfil mucho más bajo: “No tengo la habilidad innata. La he compensado con la obsesión y con una reflexión intensa sobre qué quería hacer. El pensamiento sustituyó la tinta”. Tras eso, lo demás estaba hecho. Solo faltaba dibujar ratones.

 El Pais 16 diciembre 2012


viernes, 21 de diciembre de 2012

Niro, nuevo comic de Cameron Stewart

Niro tendrá como protagonista a un sacerdote pistolero, acompañado de una joven, que están en busca del pasado misterioso de él y de los padres de ella. Para hacerlo aún más interesante, el propio autor menciona como influencias a Moebius, Hayao Miyazaki, Sergio Leone y Alejandro Jodorowski.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Dan Slott amenazado de muerte por el número 700 de Spiderman

 Dan Slott, escritor de Amazing Spider-Man #700 es amenazado de muerte, tras filtración del final del cómic. Advierte que acudirá a las autoridades.

Dan Slott, guionista de la serie The Amazing Spiderman ha sido amenazado de muerte en las redes sociales por el número 700.

¿Hasta dónde podría llegar el fanatismo de un ávido lector de historietas? Dan Slott, escritor clave del número 700 del cómic The Amazing Spider-Man declaró que ha sido amenazado de muerte a través de las redes sociales Twitter y Facebook.
“Chequeo de realidad: No hay NADA parecido a una ‘divertida amenaza de muerte’”, dijo Slott a través de su espacio en Facebook. “Específicamente si involucras a alguien en ello. Si lo piensas, que le pase algo a un personaje FICTICIO y que esto te empuje a amenazar de muerte a alguien: Necesitas ayuda. Si me sigues en Twitter, sabes que lo tomé con algo de humor al re-twitearlos (principalmente porque luego lo borran y hacen que uno quede como loco, y por un rato fue divertido para mi). Bueno… se acabó. Desde ahora, TODOS serán denunciados. Fin”.
El final que se filtró la semana pasada es un gran spoiler (por lo que no mencionaremos nada al respecto), pero podemos decirles que para miles de fans del Hombre Araña será lo suficientemente desconcertante para crear un gran descontento. Pero, ¿creen que sea excusa para bromear con amenazas de muerte?
 
Fuentes:

http://www.cinepremiere.com.mx/25801-escritor-de-amazing-spider-man-es-amenazado-de-muerte.html

http://www.comicbookresources.com/?page=article&id=42731

La patrulla X en Stop Motion

La intro de la serie de animación de La patrulla X de los años 90, hecha por aficionados. Con simpático resultado:

A partir del 0:29.

Otro vídeo de Stop Motion con la serie de animación de los noventa de Las tortugas ninja:

domingo, 16 de diciembre de 2012

Rafael: Las pasiones de un genio

 AMORÍOS Y AMISTAD.
Autorretrato con Giulio Romano. Rafael, en segundo término, con su mejor amigo y hombre
de confianza de su taller. Abajo, retrato de su célebre amante, la Fornarina.



 FOGOSO, COMPETITIVO E INCONTENIBLE, RAFAEL VIVIÓ DEPRISA. PERO LO
SUFICIENTE PARA CONVERTIRSE EN EL PINTOR MÁS INFLUYENTE DEL ARTE OCCIDENTAL. EL PRADO DEDICA UNA MUESTRA HISTÓRICA A SUS ÚLTIMOS AÑOS.
Por IKERSEISDEDOS



 La felicidad vende por lo general peor que la desgracia, salvo si en el relato dichoso entra en juego el final injusto y abrupto. Rafael disfrutó de una vida plena de alegrías y de éxito, pero que, ay, resultó demasiado corta. Corta, pero suficiente para que su arte se considere insuperable aun hoy, casi cinco siglos después de su muerte. Falleció a los 37 años en Roma, su ciudad de adopción, por causas un tanto peregrinas que han acabado en el gran anecdotario de la cultura occidental achacadas a su legendaria fogosidad. Hasta tal, punto abusó de los placeres sexuales junto a su amante, la Fornarina, que llegó a casa un día tan falto de fuerzas que precisó atención. Un error de cálculo médico, relatan las crónicas de la época, acabó por darle la puntilla y, tras varios días consumido por una devastadora fiebre, se fue el Viernes Santo de aquel año de 1520 (¡el mismo día de su nacimiento en 1483!). Roma se despertó bañada en lágrimas por la desaparición de su mejor pintor, del intelectual más refinado y sensual, del campeón de todos los ingenios, del más afinado notario del incomparable sueño renacentista.




 DESFILE DE OBRAS MAESTRAS. La muestra 'El último Rafael' reunirá 70 obras de la producción tardía del artista y su taller. Entre las piezas más interesantes que se podrán ver en la exposición está 'Santa Cecilia' (sobre estas líneas) o, desde la izquierda, 'La Virgen de los candelabros', 'Bindo Altovitti' y 'La sagrada familia de Francisco I".


 Pandolfo Pico, embajador de Isabella d'Este en Roma, describió el "grandísimo y universal abatimiento por la pérdida de la de las cosas grandísimas que de él se aguardaban". Hasta los fenómenos inexplicables pusieron de su parte; una grieta, como consigna Antonio Forcellino en la novelesca biografía Rafael. Una vida feliz (Alianza), se abrió en el palacio del Vaticano en aparente respuesta sobrenatural al hecho luctuoso, lo que obligó al Papa a abandonar sus apartamentos.
En realidad, Rafael pudo morir de malaria o por una intoxicación del plomo contenido en la pintura que empleaba. Pero ¿quién necesita una explicación empírica ante un relato mitológico tan bien redondeado?
Debida a esto o a aquello, su muerte marcó en cierto modo el principio del fin del esplendor renacentista de Roma. Atraído por sus sensuales placeres y por las hue-llas seductoras de la recién descubierta Antigüedad, el joven y desconocido pintor de 25 años había llegado en 1508 desde Florencia. Le precedía una fama ganada a pulso gracias a su don de gentes, esa capacidad para la amable intriga y el deslumbrante trabajo desarrollado en Urbino y Umbría, cuando, tras la repentina muerte de su progenitor, Giovanni Santi, al chico le tocó siendo un niño hacerse capitán del barco artístico del taller de su Urbino natal.
A la Ciudad Eterna llegó requerido por el papa Julio II, en respuesta a una llamada que el ambicioso Rafael llevaba tiempo queriendo recibir; la Roma deseosa de sacudirse el polvo de la ignominia sembrada por el papa español Alejandro VI era el sitio indicado para alguien como él.
Junto a Julio II y su sucesor, León X, el artista contribuyó a construir el relato de un tiempo para el que su muerte sirvió de punto y aparte, que se haría final en 1527 con el Saco de Roma. "La entrada de los soldados luteranos supuso un simbólico cierre al Renacimiento", explicaba recientemente Miguel Falomir en la estancia de Constantino, una de las cuatro habitaciones papales pintadas por Rafael y su taller (en este caso, sobre todo por su taller). Para demostrarlo, el máximo experto del Prado en pintura italiana hasta 1700 señalaba, con el museo vaticano cerrado, las huellas dejadas por los invasores, una suerte de grafitis del siglo XVI en la logia de Rafael, sublime terraza particular de León X y lugar habitualmente hurtado a los ojos del público. La entrada la había franqueado Antonio Paolucci, director de la institución vaticana, tras sentenciar: "¿Los dos mejores pintores de la historia? ¡Velázquez y Rafael!".

COMO UNA CÁPSULA DE ESE TIEMPO y de aquellas circunstancias biográficas irrepetibles se presenta la muestra El último Rafael, reunión de 40 pinturas y 30 dibujos con la que, desde el 12 de junio, el Museo del Prado indagará junto con el Louvre en el estilo tardío del genio. Prometen una de esas exposiciones que, como suele decir la crítica anglo-sajona, aspiran a definir una generación.
Además de una ocasión única para con-templar un número insospechado de joyas provenientes de dos de las mejores colecciones del artista del mundo (y no solo de esas, también hay préstamos tan importantes como la Santa Cecilia de la Pinacoteca Nacional de Bolonia), la muestra aporta la novedad de atreverse con la etapa última de nuestro hombre, habitualmente poco explorada. Y a menudo denostada: Rafael, acaso el pintor más influyente de todos los tiempos, también ha sido víctima de los mayores malentendidos. Cuando en el siglo XIX corrientes de creadores academicistas italianos y alemanes, así como los prerrafaelitas, recuperaron su obra, confundiendo ese torrente de creatividad en continua evolución con




 una traición a los ideales del principio de su carrera y despreciaron sus años romanos.
¿Por qué? Precisamente por eso que pretenden celebrar los comisarios Tom Henry y Paul Joannides, dos de los mayores expertos de Rafael en el mundo, en quienes humildemente han delegado las labores de especialista Falomiry Vincent Delieuvin, supervisores desde el Prado y el Louvre. La exposición es tanto sobre Rafael como sobre su taller, verdadera factoría de 50 trabajadores cuyos designios rigió el genio con astucia de buen jefe (sí, en eso también era excepcional). Una máquina de aceptar encargos en la que las ideas partían de una sola cabeza, pero la ejecución se dejaba en manos de pintores que trascendían al mero aprendiz, sobre todo en los casos de Giulio Romano y Giovanni Francesco Penni.

LA MUESTRA ESCONDE un trabajo de cinco años. Y el catálogo aspira a condicionar los estudios rafaelitas por una buena temporada. En la lista de las obras incluidas se avanzan atribuciones que darán que hablar en el mundo académico. Se brindará también una interesante reflexión sobre la autoría, al colocar el foco en la calidad más que en la mera firma y situar el final después de la muerte de Rafael: en el conjunto destaca una sección, desgajada espacialmente del resto, de obras en torno a La transfiguración, copia propiedad del Prado terminada entre 1520 y 1528 por el taller de Romano y Penni. La original, conservada en la pinacoteca vaticana y considerada una obra cumbre del artista, no puede viajar.

"Es una exposición sobre el modo en que funcionaba la mente de Rafael y cuan precisas eran sus instrucciones para que otros culminasen el trabajo, de las que conservamos valiosa información en los dibujos y cartones", aclara con quirúrgica precisión británica el comisario Tom Henry. La razón de que Rafael cediera tanto protagonismo a sus colaboradores halla su explicación, por un lado, en la misma manera en que funcionaban los talleres de la época (alejada sin duda de la idea romántica del artista solitario que se pelea de principio a fin con su obra). Por otro, en la escasa capacidad del genio de Urbino de decir que no a los encargos

Para el Vaticano, el taller pintó cuatro estancias gigantescas que fueron aumentando en complejidad técnica y emoción artística, además de la mencionada logia, una loggetta y una stufetta. Rafael sabía bien a quién debía lealtad, como se puede comprobar en las representaciones que de sus patrones (y de sí mismo) fue dejando caer en los frescos de las estancias. Después de todo, fue Julio II quien permitió la materialización de su sueño romano. Llegó al Vaticano recomendado por un pariente lejano, el arquitecto Donato Bramante. La idea inicial era que participase junto a otros artistas en la decoración de la biblioteca personal de Julio II. Cuando este vio de lo que Rafael era capaz, mandó echar a los demás para confiarle todo el trabajo al recién llegado.

El imprevisible pontífice, cuya mayor aspiración, además de las conquistas militares, fue pisotearla memoria de su antecesor, supo entender que el arte podía ser un fenomenal vehículo propagandístico. Vivía la increíble destreza de Rafael como una victoria moral sobre el nefasto papa borgia Alejandro VI, que encargó la decoración de sus apartamentos a un más modesto Pinturicchio.
Uno de los cuadros más inquietantes de Rafael sigue siendo el retrato que hizo de Julio II (1512) y que se guarda en la National Gallery de Londres. En él se ve al pontífice con una larguísima barba, fruto de un juramento. El que, preso de la obcecación militar, se hizo a sí mismo de no afeitarse hasta vencer al ejército de Ferrara y expulsar de Italia a los invasores franceses. En los ojos se adivina la melancolía por la derrota militar, sí, pero también un claro mensaje: el Papa, cuya actitud belicosa había sido afeada hasta por Erasmo de Rotterdam, conservaba el gesto apacible del que solo disfrutan los practicantes de la profunda vida espiritual.
Cuando Julio II murió, en 1513, su sucesor, León X, más inclinado a los placeres terrenales y cinegéticos que a presentar batalla, no vio la necesidad de alterar el statu quo artístico y financiero que encontró. Quizá porque Agostino Chigi, apasionado banquero sienes y empleador predilecto de Rafael, le recibió en su pontificado con un préstamo de 75.000 ducados.
Para Chigi, que perdía y recobraba la amistad con Julio II como van y vienen los valores bursátiles, Rafael pintó una de sus




AL FRESCO o AL ÓLEO.
La primera estancia pintada por
Rafael fue la de la Signatura (bajo
estas líneas), por encargo de
Julio II.
Baldassarre Catiglione fue otro
de los retratados por el pintor.
Esta obra es una de las estrellas de la muestra del Museo del Prado.




Retrato del Papa Julio II por Rafael


 obras cumbres al fresco: la Logia de Psiche, en Villa Farnesina. Con música barroca de fondo y la luz primaveral del ajetreado Trastevere inundándolo todo a través de los ventanales de la terraza cubierta, Gabriele Final-di, director adjunto del Prado, detallaba en una reciente visita a Roma, y con su contagioso interés por las historias de la pintura antigua, algunas de la excentricidades de Chigi, que dan una idea del ambiente de despreocupación en el que Rafael vivió sus años de plenitud. "Cuentan que en las comidas aquí celebradas se empleaba una vajilla de oro que luego se tiraba al líber. Luego, al parecer, se recogía con una red tendida previamente en el fondo del río".
No fue aquel el único desprecio a la mesura que contemplaron estas paredes. Giorgio Vasari, pintor y arquitecto que sin embargo alcanzó la inmortalidad como el primer historiador del arte, cuenta en el tratado publicado en 1550 Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos desde Cimbabue a nuestros tiempos (Cátedra) que Chigi se vio obligado a colocarle a Rafael una cama para que terminase el encargo que se le había hecho sin dejar de atender sus impulsos sexuales.
"Rafael era una persona muy enamoradiza y aficionada a las mujeres, siempre dispuesto a servirlas", escribió Vasari, tipo dado a la discreción, pero obligado por los célebres amoríos del genio, aventuras en las que contaba con la complicidad de su íntimo amigo Giulio Romano. Dos cuadros del pintor destacan sobre los demás en su incesante búsqueda del ideal de belleza femenina. Retrato de mujer, conocido como La Velada (hoy en Florencia), y La Fornarina, pintado en un gesto de extremada sensualidad y conservado en la Galería Nacional de Arte Antiguo de Roma, en el Palacio Barberini.

SOLUCIONARLE la logística amatoria no era la única manera de atizar a Rafael. También funcionaba el truco de enfrentarle continuamente al arte de sus enemigos, ardid por lo demás muy extendido entre los mecenas del Renacimiento. Con¬tra Sebastiano del Piombo se vio arrojado por ejemplo durante la decoración de la Famesina y ante el encargo del que sería su último cuadro, La transfiguración, destinado a presidir inacabado su funeral en el Panteón romano, donde hoy descansan sus restos acompañados del epitafio "Esta es la tumba de Rafael, en cuya vida la Madre Naturaleza temió ser vencida por él y a cuya muerte ella también murió".
Cierto es que Del Piombo nunca pareció rival de la misma altura de su maestro Miguel Ángel. Es célebre la anécdota que cuenta que Rafael cambió su forma de atacar los frescos de las estancias vaticanas cuando Bramante le permitió ver sin permiso parte del trabajo de su contrincante en la Capilla Sixtina. Siempre estuvo nuestro hombre presto a competir, atento al trabajo de Leonardo y de otros. "Sentía pánico a la obsolescencia", explicó Falomir durante un paseo por la Pinacoteca vaticana, "desde el día en que vio cómo Perugino, con quien se formó, pasó de ser un gran pintor a un mero condenado a la  irrelevancia".
Guiado por la luz de aquella revelación, no descansó hasta verse solo en la cúspide de los artistas de Roma. Sucedió a la llegada de León X (a quien también retrató, aunque luciese un gesto ciertamente más bobali¬cón). Hacia 1514, Miguel Ángel, aislado por su ingobernable temperamento, se hallaba enfrascado en una de sus titánicas tareas escultóricas. Y Leonardo (tercer vértice de la santísima trinidad del Renacimiento descrita por Falomir), de quien, según De-lieuvin, Rafael estudió atentamente el segundo cartón de la Santa Ana durante su estancia en Florencia, era un anciano supe¬rado por la ambición de sus obsesiones científicas. Entonces, el pobre chico de Urbino fue invitado a suceder a Bramante, muerto ese año, como jefe de antigüedades de Roma y pudo dar rienda suelta a otra de sus grandes pasiones: la arqueología.
Al nombramiento siguieron tiempos de enorme actividad para Rafael, años de ideas esbozadas que otros se encargaban de culminar. "Todo el mundo comprendió, no solo en Roma, la máxima que dice que si quieres ver algo terminado con rapidez, debes encargárselo a un hombre ocupado", afirma Tom Henry. "En esta época solo se puede certificar la autoría al 100% de los cuadros que pintó de sus amigos y benefactores". Entre ellos, tres de las estrellas de la exposición, los retratos de Baldassarre Castiglione (1519) y el autorretrato con Giulio Romano, y el de Bindo Altoviti (1516-1518), provenientes del Louvre y de la National Gallery de Washington.
Estas piezas, pero sobre todo la imponente La transfiguración, ofrecen la poderosa tentación de imaginar qué habría podido salir del pincel de Rafael de no haber sucumbido tan joven a su propia leyenda. Incluso Henry, cuya religión, "el pensamiento positivo anglosajón", no le permite esta clase de aventuras en los resbaladizos terrenos del arte-ficción, se atreve a considerar que, si no hubiera muerto, la evolución del arte occidental se habría ahorrado unos 80 años. • 'El último Rafael' ocupará las salas del Prado entre el 12 junio y el 16 de septiembre.



INTIMIDADES DE LEÓN X. El taller de Rafael decoró la logia (terraza) de los apartamentos del papa León X, que se asoma al 'skyline' romana Normalmente cerrada al público, se accede por una puerta angosta desde la estancia de Constantino


El Pais Semanal nº 1862. 3 de junio de 2012