viernes, 12 de octubre de 2012

Edgar Degas, fotógrafo


Cuando la vista empezó a fallarle, en el pináculo de su carrera artística, el genio impresionista recurrió a la cámara fotográfica para reflejar su temática preferida: las bailarinas. Tan solo sus amigos íntimos estaban al corriente de su obsesión por la fotografía. Sus imágenes, inéditas hasta hoy, se exhiben por primera vez en Londres.

POR DEIRDRE FERNAND


COMO PINTAR EL MOVIMIENTO

Hacia 1895 Edgar Degas se acercó a la fotografía, un género totalmente nuevo, atraído por la plasticidad del movimiento. Arriba, una de las copias ahora expuestas en la Róyal Academy, Bailarina ajustándose una correa, tomada por Degas entre 1895 y 1896. Debajo de la anterior, Bailarinas, dibujo en pastel hecho en 1899, en el que refleja el mismo gesto.




 PARECIDOS RAZONABLES

Degas pintó este cuadro en 1896, el mismo año en que tomó la foto de al lado, ambas tituladas Después del baño. La correlación entre fotografía y pintura que Degas investigaba es inequívoca.



SOLTERO Y SIN HIJOS, Edgar Degas trabajaba incesantemente en la celosa reclusión de su estudio, al que contadas personas podían acceder. Hubo que esperar por ello a su fallecimiento, en 1917, momento en que fue examinado todo cuanto había en su estudio, para descubrir un secreto solo conocido por sus allegados: durante largo tiempo, Degas había estado obsesionado con las posibilidades de la cámara fotográfica. Era tan celoso de su privacidad que de hecho lo poco que sabemos de él lo conocemos por sus cuadros. Pero entre su círculo de amigos íntimos apenas se contaron Auguste Renoir y Berthe Morisot. Degas, además, nunca se casó. «El artista —decía— tiene que vivir solo y su vida privada ha de ser un misterio para todos». Por esta razón, si queremos entenderlo mejor y apreciar por completo su concepción del arte, es preciso visitar la Royal Academy, en Londres, donde se exponen ya por primera vez sus fotografías, hasta el 11 de diciembre, en la gran muestra Degas and the ballet: picturing moverment

TODO EMPEZÓ EN 1895. DEGAS tenía 61 años y se encontraba en el mejor momento de su carrera. Fue justamente en el otoño de aquel año cuando viajó a un balneario de Mont-Dore, en Auvernia, y llevó una cámara y un trípode consigo. Y continuó llevándolos en viajes posteriores, hasta que su cámara encontró acomodo definitivo en su estudio en París. Julie Manet, sobrina del pintor Edouard Manet, escribió en su día: «Degas no puede pensar en otra cosa que no sea la fotografía». Si bien no era del todo exacto, sí es cierto que algunos de sus amigos pensaban que se había convertido en un maniático de este nuevo arte. Invitado a cenar en casa ajena, sacaba su cámara nada más terminar los postres y situaba a los invitados en el salón como si fueran modelos. Como las películas de la época exigían exposiciones muy largas, requería a los retratados que permanecieran inmóviles durante muchos minutos, mientras él no paraba de vociferarles instrucciones. «Vamos, dos horas de obediencia militar...», resumía un miembro de su círculo.
AHORA BIEN, ¿POR QUÉ SUS FOTOS salen ahora a la luz y no antes? Sin mujer ni hijos que lo distrajeran, Degas podía trabajar de forma ininterrumpida, por lo que, tras su muerte, en su estudio, fueron tantos y tantos los dibujos, las pinturas y las esculturas halladas que el puñado de fotografías descubiertas no tardaron en caer en el olvido. Tan solo cuando la fotografía artística creció en importancia durante el siglo XX los estudiosos comprendieron el valor de estas tomas en su obra, más de 40 fotografías que han sobrevivido al paso de los años, diez de las cuales, hechas a partir de los negativos de cristal originales, son ahora expuestas en la Royal Academy, rodeadas de otras 90 de sus obras prestadas por museos del mundo entero. Todas con un denominador común: el movimiento.


Y ES QUE CUANDO DEGAS EMPEZÓ a experimentar con la cámara, la fotografía tenía ya décadas de antigüedad, pero sus tomas destacan hoy por su originalidad. Ann Dumas, cocomisaria de la exposición, lo expüca con claridad: «A Degas no le interesaban los retratos de familia que reflejaban la buena posición social o las modas, sino la luz y la oscuridad, la composición y el movimiento. Su obra está ejecutada con la mirada de un pintor».
Sus pinturas, que a algunos hoy pueden resultar quizá empalagosas en su hermosura, fueron en su momento tan chocantes como los retratos de Toulouse-Lautrec de los bebedores de absenta o las busconas de Montmartre. «Al igual que los cuadros de remeros de Renoir o los nenúfares de Monet, las obras más famosas de Degas se han convertido en carne de calendarios —dice Dumas—. Pero conviene recordar que en su época Degas fue un revolucionario que se apartó de los temas más tradicionales y trillados».
Como muestra, sus cuadros de bailarinas. Entonces, estas jóvenes estaban poco mejor consideradas que las prostitutas. Se daba por supuesto que para ellas la danza era una ostentación de sus atributos físicos. ¿Qué mejor que el ballet para que un gentilhomme apreciara sus cuerpos apenas cubiertos de ropa? No es de extrañar así que muchos hombres quisiesen ser sus mecenas: al comprar un abono, 'compraban' también el derecho a entrar en la sala de ensayos, donde podían tratar con las bailarinas tras la función.
POR SUPUESTO, NO TODAS redondeaban sus ingresos con el sexo; algunas solo posaban para artistas, como en el caso de Degas, que cuando pintaba las bailarinas azules o fotografiaba a una bailarina ajustándose el tirante del vestido era consciente del efecto que esas obras tendrían entre los miembros de la buena sociedad parisina. Degas se negaba a cultivar temas históricos y clásicos, los preferidos de su época, y optó por retratar a una bailarina de tres al cuarto que se saca unos cuantos francos adicionales con un empleo a tiempo parcial y de naturaleza dudosa.
Pero, a diferencia de muchos, su interés por las bailarinas fue puramente artístico. Nada indica que mantuviera alguna vez relaciones con alguna de ellas. Y. sus fotos revelan el deseo de explorar el movimiento, justo lo que habían hecho los pioneros de la fotografía, como el británico Eadweard Muybridge, célebre por su secuencia de un caballo al galope realizada en 1878 vaüéndose de varias cámaras fotográficas. Degas estaba fascinado por las contorsiones del cuerpo, humano o animal. Y por sus notas personales se sabe que conocía los experimentos de Muybridge.
En su mayoría, las fotos de Degas corresponden a aquel año que se marchó de París al balneario de Auvernia. Nadie sabe por qué se embarcó entonces en la fotografía... ni por qué la dejó después. Algunos historiadores del arte consideran que la cámara se convirtió para él en un nuevo par de ojos cuando la vista empezaba a fallarle. Tras alistarse en el Ejército durante la guerra franco-prusiana de 1870, Degas, quien ya era de por sí miope, empezó a sufrir la pérdida de la visión central. Con el tiempo se convirtió en hipersensible a la luz y, aunque nunca llegó a perder la vista por completo, sí se definió en una carta a Whistler como «el fotógrafo ciego». Nada más lejos de la realidad, también en el sentido artístico. ■
PARA SABER MÁS
■ Degas and the ballet picturing movement
Exposición en la Royal Academy, Londres, hasta ei 11 de diciembre de 2011. http://www.royaiacademy.org. uk/exhibitions/degas/







TRINITY HOUSE, LONDON AND NEW YORK        ROYAL ACADEMY OF ARTS, LONDON / PRUDENCE CUMING
GIROS A LÁPIZ
Borato cié una bailarina en pleno giro, realizado por Degas entre 1880 y 1885. A
su lado, Woman dancing, serie hecha a finales del XIX por Eadweard Muybridge,
fotógrafo que influyó mucho en Degas.


 DOCUMENTOS DE UN MISMO ENIGMA
Se cree saber qué buscaba Degas con sus fotos, pero no por qué empezó a tomarlas, cuándo lo hizo ni por qué abandonó más tarde la cámara. Nada lo unía tampoco, más allá de lo artístico, a las retratadas.





Degas, espiado por Sacha Guitry
París. 1914. El elegante anciano de barba blanca y paraguas que camina por el Boulevard de Clichy es Edgard Degas, a sus 80 años, filmado, sin que él lo supiera, por el prolífico actor, dramaturgo y cineasta francés Sacha Guitry, escondido tras un árbol para poder filmar al pintor que con tanto celo salvaguardaba su vida privada. La cinta de Guitry, aquí convertido en todo un paparazi, no alcanza los 12 segundos y es la única que se tiene de Degas.

Revista XLSemanal nº 1248 25 septiembre al 1 octubre 2011

jueves, 11 de octubre de 2012

Coitos voladores y sexo entre superhéroes



Luis Gasca y Román Gubern juntan la historia del tebeo y de la sexología en la 'Enciclopedia erótica del cómic'

TOMMASO KOCH Madrid 9 OCT 2012



Beso aéreo de Wolverine (Lobezno) en 'X-Men Forever' (2010).


¿Le excitaría mantener una relación sexual en una vía férrea, con un tren a punto de aplastarle? ¿Y acostarse con alguien que lleve puesta una piel de animal? Se dice que la fantasía humana no tiene límites. Y resulta que en la cama menos aún. Así que ambas prácticas existen; se llaman, respectivamente, quinunolagnia (en concreto, excitarse al fornicar en una situación de peligro) y felpursufilia. Y son dos de las decenas de voces que recoge la Enciclopedia erótica del cómic, que acaba de publicar Ediciones Cátedra.

De hecho, algunas de ellas son tan raras que hasta asombraron al propio Román Gubern, autor de los textos del libro (mientras que Luis Gasca aporta su enorme colección de cómic) y de varias obras más sobre el erotismo: “Hicimos un primer listado. Pero luego negociamos con la editorial y quitamos las prácticas más extravagantes y menos recurrentes. Aunque no hubo censura moral”.

De las voces más normales (pene, gritos o seno) a las más peculiares, como autoagonistofilia (excitación producida en un sujeto por enseñar su cuerpo desnudo o sus genitales a extraños desde un escenario o una ventana) la Enciclopedia acompaña cada definición con su contexto histórico y con viñetas más o menos explícitas extraídas de la historia del tebeo. Entre besos voladores de superhéroes y esqueletos que se acuestan con humanos, el libro busca demostrar, en 452 páginas, que “el sexo es la actividad más barroca y compleja que haya” y que tenemos “derecho al uso del cuerpo para maximizar el placer”, como explica Gubern.

La tercera tesis del texto la repite el autor una y otra vez a lo largo de la conversación: “Todas las relaciones sexuales entre adultos que las consientan son legítimas”. Un paraguas tal vez demasiado amplio, tal vez peligroso. Una enciclopedia, por definición, no ofrece juicios sino explicaciones. Pero Gubern sí se aventura a valorar. De ahí que, por ejemplo, la necrofilia (acostarse con los cadáveres) sea una “perversión, ya que los muertos no lo consienten”.

Tampoco considera el autor legítima la zoofilia (practicar sexo con animales), mientras que matiza en el caso de la violencia. “La relación sadomasoquista es perfectamente legítima. Pero sus protagonistas no quieren ser asesinados. El límite lo pone el código penal”, defiende Gubern. Siguiendo el mismo criterio, el autor no tiene nada en contra de la prostitución ejercida por libre elección, pero sí condena “la esclavitud sexual”.

A fuerza de buscar entre parafilias, perversiones y curiosidades, Gubern dio con un caso que le dejó especialmente impactado. Era 1903 cuando el tutor alemán Andreas Dippold provocó la muerte de uno de sus jóvenes alumnos, Heinz Koch. Un epílogo tarde o temprano probable, ya que el señor en cuestión se dedicaba a martirizar y torturar sus pupilos. “Cuando lo leí me conmoví. Me estremeció. Es un acto de una crueldad extrema. Al principio pensé que esta voz no debería estar”, cuenta Gubern. Finalmente, sin embargo, se puede leer que dipoldismo es la repugnante y enfermiza “excitación sexual producida por el maltrato a niños”.

El pobre pequeño abofeteado que ilustra la definición pertenece a un dibujo de Carlos Giménez de 1981. Y apenas 20 años antes coloca Gubern el origen del cómic erótico. Con los tebeos del movimiento underground de Estados Unidos e historietas como Barbarella y Valentina en Europa, “el cómic se hizo adulto en los sesenta”. La revolución sexual, el movimiento hippy y la despenalización del cine porno en los mismos años dieron, según Gubern, una gran mano.

Desde entonces, el cómic siguió madurando, hasta el punto de que hoy Gubern cree que se vive una “segunda edad de oro”, tras el entreguerra. Y entre tantos talentos, hay decenas que se han dedicado o se dedican a trazar cuerpos desnudos, orgías y coitos de los más acrobáticos. “El cómic tiene dos virtudes: permite dibujar proezas imposibles en la realidad y cuenta con la estilización gráfica”, afirma Gubern. De ahí que según el estudioso el tebeo se preste al género provocador incluso mejor que literatura (“que ofrece la ventaja de la imaginación”) y cine (“que permite una imagen hiperrealista”).

Real, y mucho, fue también el caso de Olvido Hormigos. Y sobre todo los gritos y los insultos con los que los vecinos de Los Yébenes acogieron a la concejal socialista a su regreso al Ayuntamiento. ¿Su culpa? Haber grabado un vídeo masturbándose que envió por el móvil y que acabó en Internet. Y que estuvo a punto de llevarla a dimitir. “La hicieron sentir culpable. Se avergonzó por esta cultura judeocristiana que dice que el sexo es malo”, es la opinión de Gubern.

A esa misma cultura atribuye el estudioso siglos y siglos de tabúes sexuales. “Durante 2000 años el saber sexológico estuvo en manos de la Iglesia católica, a través del confesionario. Prohibiendo el sexo dominabas al sujeto, a fuerza de repetirle: ‘Eres culpable. Has de confesar, has cometido una falta”, sostiene Gubern. Aunque mucho ha cambiado desde entonces: “Ha habido un gran progreso. Recuerdo cuando, bajo el franquismo, te convencían de pequeño de que si te masturbabas te volverías ciego”.

Muchos puntos quedan sin embargo por cambiar. Y uno de ellos, como muestra por ejemplo la constante presencia de mujeres (y no de hombres) semidesnudas en todo tipo de anuncios, es el machismo. Para Gubern,“la cultura occidental es sexista y el varón sigue dominando. Por suerte está evolucionando rápidamente, pero es cierto que hay una hegemonía masculina también en la cultura sexual”. Ojalá que pronto ya no sea normal. Sino tan raro como fornicar a la espera de un tren.


El Pais 9.10.2012

Nathan Never



 Han pasado ya unos pocos años desde que el dibujo de Claudio Castellini me enamoró para esta serie (Comics Forum , 1992) de ciencia-ficción hecha en Italia por cortesia de Sergio Bonelli, los siguientes números, pues no sé, aunque Castellini tan solo hacía las portadas había elementos de interés hasta que se acabó.

El Agente Especial Alfa aglutinaba muchos conceptos, por obra y gracia de unos guionistas más que especializados sacarle partido a lo que sea con tal de convencernos a continuar con la saga, y la verdad, hacían un buen trabajo. Como en un gran coctel uno no paraba de encontrar referencias literarias y cinematográficas, televisivas o de otros comics en la gran saga futurista de la ciencia-ficción.

Aleta Comics publicó otra gran remesa de comics de Nathan Never, aquí, y la fuente original, aquí, cortesia de Sergio Bonelli y los "fumetti" italianos.

















Dautremer se hace mayor

El 80% de quienes piden una dedicatoria a esta superventas de álbumes ilustrados son adultos, pese a que van dirigidos al público infantil. Quizá por eso ha vencido la resistencia de Alesandro Baricco a que se contase en imágenes Seda, que se edita en Francia. La dibujante lidia ahora con una Biblia laica.

Rebecca Dautremer concibe las ilustraciones "como si tuviese una cámara en la mano"


 Por Elisa Silió
EN LA PORTADA del libro Le petit théátre de Rébecca (El pequeño teatro de Rébecca)—que en España se editará en Navidad— aparece una chica de ojos rasgados, tez pálida y nariz estrecha moviendo los hilos de sus marionetas. Es casi un calco del rostro de la autora de la ilustración, la francesa Rébecca Dautremer (Gap, 1971), y termina de confirmar que es su autorretrato el pañuelo anudado que la caracteriza y que cubre su pelo oscuro en actos públicos. Por correo electrónico, vergonzosa, no corrobora que es ella misma pero se ofrece a abocetar su retrato para Babelia. En pocas horas lo envía por Internet. Porque así es Dautremer. Por momentos retraída, pero expansiva, dadivosa y tremendamente curiosa. Elogiada por la crítica y reina de las ventas —tan solo de su álbum Princesas olvidadas o desconocidas, se han vendido más de 100.000 ejemplares en España—, anda embarcada siempre en varios proyectos diferentes. Esa diversidad es la única condición que se pone. El más ambicioso en estos momentos es una Biblia ilustrada, que se ha convertido en un quebradero de cabeza. Y aguarda la publicación en Francia de la primera edición ilustrada de la novela Seda, de Alessandro Baricco, en octubre. Anagrama, el sello que cuenta con los derechos del libro en España, negocia incluirlo en su catálogo.
Lejos de la imagen del artista abstraído y solitario, encerrado en su estudio con la sola compañía de sus pinturas —en el caso de Dautremer siempre es gouache sobre papel de acuarela—, le gusta relacionarse con colegas de profesión e interactuar con sus admiradores. Basta echar un ojo a la página web de esta fotógrafa, diseñadora gráfica y escenógrafa para comprobar que no para: charlas en Quebec, Beirut... O Madrid, adonde viajó este verano para participar como jurado del Premio Edelvives y donde tuvo lugar esta entrevista. Esta editorial infantil ha encontrado en Dautremer y su compatriota Benjamín Lacombe —célebre por demacrar a los personajes de los cuentos clásicos— una fuente inagotable de buenas noticias. Cada uno de sus libros es un éxito que se extiende en forma de papelería: cuadernos, tarjetas, sobres, calendarios... En Francia la fiebre es tal que en su página de Fnac se contabilizan 2.120 artículos relacionados con Dautremer.
A ojo de buen cubero, ella calcula que el 80% de quienes le piden una dedicatoria son mayores de edad, y la mayoría le confiesa que ha comprado el ejemplar para sí mismo. Es, sin duda, una hechicera de adultos. "Encuentran en los álbumes infantiles historias con una sensibilidad diferente. Y, probablemente, si fueran libros de ilustración para ellos los despreciarían por simples y ridículos. Se contienen emocionalmente cuando es algo para su público".
Han pasado 16 años desde que Baricco conquistase a los lectores de medio mundo con Seda. Se trata de la historia de amor entre la concubina de un barón provinciano y un comerciante francés que viaja a Japón a principios del siglo XIX para comprar capullos de gusano de seda. Desde su publicación se sucedían las ofertas de ilustrarlo, pero Baricco, convencido de que la

Ilustración para Alicia en el Pais de las Maravillas (Edelvives, 2011)


 humanidad ha perdido la capacidad de soñar, no se decidía. Existen montajes teatrales e incluso una película Seda (2007), del canadiense Francois Girard, con Michael Pitt y Keira Knightley. En ambos casos probablemente el novelista dio su permiso por su condición de dramaturgo e incipiente cineasta (Lezione 21, 2008).
"No había aceptado que Seda se convirtiese en un libro ilustrado hasta que me propusieron el nombre de Rébecca Dautremer", explica Baricco (Turín, 1958) por correo electrónico desde Italia. "No la conozco, pero sí, bien, su trabajo, que siempre me ha encantado. De alguna manera, los dos tenemos la misma concepción de Seda: ligereza e intensidad unidas. Así que pensé que era un honor para mí consentir que Rébecca poseyese mi historia y la hiciese suya", confiesa. Así, el autor de Océano mar y Los bárbaros venció "una resistencia que cultivaba desde hace años". "Ahora espero, sin temor, que el libro esté pronto: será delicioso ver contada de nuevo una historia que un tiempo fue mía por una persona de su talento. Escucharé los colores y los tonos de una voz que admiro".
"Seda es un libro muy conocido y no quiero que los lectores piensen que quiero reemplazar el original", se distancia Dautremer, a quien el Museo del Patio Herreriano de Valladolid dedicó en 2010 la retrospectiva Mes petits papiers, que este octubre viajará a Lucca (Italia). "Tenía que hacer algo muy distinto y, de alguna manera, con los niños te censuras un poco. Por primera vez no tenía límites ni en el tema ni en la forma de tratarlo", se felicita. La editorial francesa Tishina —que nace con este título— apenas ha dado a conocer tres imágenes de Seda, pero ya queda en evidencia su sensualidad y cierta carga erótica. "Puedo profundizar, meterme dentro de la imagen. No he intentado que reproduzca lo que dice el texto y ha sido una decisión del editor concederles igual importancia a ambos. No se trata de meter un poco de color a las páginas. Leyendo Seda hasta se me han ocurrido personajes nuevos".
Aclara que no porque un texto sea bueno ella puede hacer un buen trabajo: "No me ayuda el que lo sea, sino el que me sugiera algo". Ylamenta una práctica lectora muy extendida que va en tu contra: "Uno lee el texto y luego se fija en las imágenes buscando una asociación". Por eso su Seda se presenta como "un libro recontado en imágenes por Rébecca Dautremer".
Nació en Galp, una localidad de los Alpes cerca de Italia. Sus padres, muy jóvenes y partidarios de la vuelta a la naturaleza, decidieron dedicarse a la cría de cabras en Dróme, al sur de Francia. Tardó en escolarizarse y a ello achaca su timidez en la adolescencia. Estudió grafismo en la prestigiosa Escuela Superior de Artes Decorativas de París, en la que se formaron como artistas el realista Henri Fantin-La-tour, el dadaísta Francis Picabia o el escultor Rodin. Allí aprendió a apreciar en la pintura clásica las luces y texturas que caracterizan su obra. Su referente, el fantasioso Brueghel, amigo del detallismo, que califica de "hipermodemo". Y, cómo no, la fotografía que estudió a fondo en sus inicios. Hasta el punto que dice plantearse las ilustraciones como si tuviese una cámara de fotos en la mano, pensando en los encuadres, las texturas, las profundidades.. . De ahí salen las atmósferas sugerentes de sus dibujos, su luz evocadora y sus intensos y sorprendentes colores.
Así su Alicia no es almibarada y rubia como la de Disney, sino morena y enigmática. Un guiño a Alice Liddell, la niña que inspiró la historia original de Lewis Carroll, que Dautremer ha ilustrado en su texto íntegro y en un formato más que generoso. O al documentarse para su Cyrano no se decantó por los trajes de época que le

Portada para su versión de Seda (Editions Tishina, 2012), la novela de Baricco.

aburrían, sino que situó la escena en el Japón feudal tras ver una banal película de kung-fu. "Cuando daba vueltas al personaje de Cyrano me encontré en un periódico con una doble foto de Sarkozy y Chirac y me sorprendió la gran nariz de este último. Yo no quería hacer el retrato de un político, pero la gente imagina", recuerda con una media sonrisa.

Un profesor de la Escuela de Artes Decorativas le puso en contacto con la editorial Gautier-Languereau y empezó a ilustrar para otros. Dautremer continúa en este sello que le permite publicar también libros con textos suyos —"escribir realmente no es mi trabajo, no es lo que quiero hacer; surgió por Enamorados, que es una historia que tenía en mente"— o coescritos con su marido, Tai-Marc Le Thánh, padre de sus tres hijos. Juntos han firmado Cyrano, La gran corriente de aire, Elvis o En qué piensan los corderos antes de dormirse. "Formamos un gran equipo y nos exigimos mucho. Si no, sería imposible". No buscaba, asegura, un estilo y por el camino lo encontró. "Haces cosas y de repente un día, en un proceso natural, te das cuenta de que no está nada mal. Creo que la clave estuvo en 2003 con Enamorados. Creé mis personajes, dominé la técnica...".
Sostiene que mejorar ahora le resulta muy complicado. "Y és algo que lamento mucho porque le doy más importancia que antes al estilo propio. No quiero cambiarlo, pero sí hacer cosas diferentes. Lo que no significa que haya dejado de irme bien. El haberme ganado hasta ahora la vida así me permite gozar de libertad. Que un libro vaya muy bien en ventas no significa que me guste mucho". Es el caso de Princesas olvidadas o desconocidas, un fenómeno mundial. "No es lo que yo haría ahora. Hubiese ido mucho más lejos, concebido de otra forma los personajes. Me resulta demasiado meloso, cursi y hay un abuso del rojo". Pese a sus críticas, el álbum conquista por ser imprevisible, irónico y romántico sin caer en la ñoñería.

Ilustrar su Biblia laica se está convirtiendo en su peor tormento. "Este es un proyecto del que llevamos hablando mucho tiempo. En las Escrituras hay unas historias increíbles. No queremos que tenga sentido religioso, ni nos planteamos si el lector es creyente o no lo es", explica la artista, que trabaja en el volumen con Philippe Lechermeier. Él se encarga de la selección de textos del Antiguo y Nuevo Testamento con la plena confianza de ella. Al fin y al cabo son unos viejos conocidos que han trabajado juntos en Princesas o en Diario secreto de Pulgarcito. "Queremos hacer un libro universal y que cada cual lo lea según su creencia. Avanzo muy lentamente porque no consigo lo que quiero. Pretendo no burlarme de nadie, sino dibujar un libro de cuentos. Es tan complicado que me enfado y cambio de idea. Tendría que terminarlo el año que viene, pero no estará".


Su vuelta a la gran pantalla no parece inminente. Su experiencia como directora de arte de Kérity, la casa de los cuentos, de Dominique Monféry —inspirado en su libro Naty el secreto de Eleonora—> le provocó estrés y frustración. Los tempos del cine y los suyos de creación no son compatibles, así que sus personajes cobraron vida con mucho sufrimiento.
Fantasiosa, Dautremer explora siempre que puede nuevos campos. Ha creado juguetes y publicidad. Los pétalos rojos de la simbólica amapola del perfume de Kenzo se transforman en su composición en un vestido púrpura, con pistilos frágiles como finos cabellos revueltos. Y su último ensayo, junto a su marido, es la escultura. El teatro para niños Am Stram Gram de Ginebra le ha dado carta blanca para construir una instalación —todo un tratado de ornitología lúdica e interactiva— que planeará este otoño en el cielo de su planta baja. Se llama Plumas de papel y huesos de madera, los pájaros extraños deAm. StramGram. Un delicado y extenso móvil compuesto de 25 figuras volátiles, con nombres excéntricos como Pollo con dientes, Colibrí helvético o Zancuda cómica.


Y en diciembre, la sala de exposiciones de Bastille Desing Center de París acoge una muestra de los originales de Seda. Ahora solo falta conquistar Estados Unidos, su espinita clavada. •


Una carta para Lily, ¡el unicornio! /Alicia en el País de las Maravillas/ Diario secreto de Pulgarcito. Christine Ponchon / Lewis Carrol / Philippe Lechermeier. Traducciones de Elena Gallo Krahe. Edelvives. Madrid, 2012 / 2011 / 2010. 34 / 140 / 204 páginas. 6,50 / 34,30 / 27,95 euros. Cyrano. Tai-Marc Le Thanh. Edelvives. Madrid, 2006. 32 páginas. 19,95 euros. Princesas olvidadas o descono¬cidas. Philippe Lechermeier. Traducción de P. Ro-zarena. Edelvives. Madrid, 2005. 92 páginas. 27 euros. Enamorados. Escrito e ilustrado por Dautre¬mer. Traducción de Esther Rubio Muñoz y C. Husa Hernández. Kókinos. Madrid, 2003. 38 páginas. 9 eifros. En catalán (Baula) y euskera (Ibaizabal).



El Pais Babelia 18.08.2012

viernes, 5 de octubre de 2012

Mortadelo Especial Comics







 Año 1984, el dibujante Raf, impresionante por su constancia y saber hacer, y Francisco Ibañez que continuaba sin cesar, y aún continúa.











Albert Monteys en la revista Lider



 Tan solo llegué a comprar tres números de la revista Lider: 3, 53 y 54. Al principio no pareció gran cosa, pero fue interesante ver  la progresión y sobre todo al señor Monteys multiplicandose por la revista de rol y simulación, era el año de nuestro señor de 1986, y decididamente tengo que hacer orden más a menudo.