jueves, 11 de noviembre de 2010

Art Contrarian: Museo Sorolla



Art Contrarian, este es el nombre de un blog, le dedica un hermoso trabajo al Museo Sorolla. Un exhaustivo recorrido fotográfico al museo, fotografías en alta resolución. Admite ser un fan del pintor valenciano, y que irá a ver la obra de éste en Nueva York en el Hispanic-Society. Curiosos los comentarios de gente de diversos paises alabando al pintor.

Aquí:
http://artcontrarian.blogspot.com/2010/11/sorolla-museum-pictorial-report.html

Line and Colours, este blog reseñó el blog anterior y por eso lo he podido ver, otra persona abnegada.
Aquí sus artículos:
http://www.linesandcolors.com/2010/11/08/sorollas-studio-on-art-contrarian/

http://www.linesandcolors.com/2006/03/26/joaquin-sorolla-y-bastida/

Finalmente, comentar que la página oficial del Museo Sorolla en internet no está nada mal, será que alguien se preocupa.
Aquí:
http://museosorolla.mcu.es/

Hispania





Hispania, serie de televisión emitida por Antena 3, 9 capítulos que emitirán después de una dura pugna, sobre todo mediática, con Tele 5. Grabo los episodios, pero no los veo, bueno, he mirado por encima algo. Eso sí, he leído algunos artículos, analizando algunos puntos de la serie. Los propios guionistas contando la verdad de la televisión por aquí, y es que no hay más.
Mi pequeño corazoncito sufre (es un decir) al coincidir el momento histórico de la serie con nuestro propio trabajo (estoy en ello, estoy en ello) para la realización de una historieta. Aparte del hecho de que la serie pierde muchos enteros al compararse con otras realizadas últimamente en otros países, y soy delicado en el comentario, siempre se pueden encontrar elementos interesantes, observar como han encontrado soluciones a problemas siempre presentes al contar algo a dos mil años vista, intentando mostrar una realidad que los romanos nunca nos legaron, pues perdura la “verdad” del vencedor. Y bueno, era un comentario e indicar los enlaces del los artículos, que me parecen sensatos y dignos de valor. Nosotros seguiremos en el tajo, falcata en mano.
Las direcciones aquí:
http://www.fotogramas.es/Blogs/El-guionista-hastiado/El-estreno-de-Hispania
http://bloguionistas.wordpress.com/2010/10/25/firmas-invitadas-hispania/

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Disney



Thru the Mirror, 1936, Lewis Carroll fascinaba a Disney






Titulo del corto On Ice, 1935




fondo para Mickey´s Fire Brigade, 1935



Muchos artistas - Charles Philippi, Hugh Hennesy, Tom Codrick, y otros - hicieron dibujos para la Disney durante los treinta. Su trabajo a menudo era de una alta calidad, como en los dos dibujos superiores de Thru the Mirror, 1936





Mickey, Donald, y Goofy trabajaron contra estos espectaculares fondos en el corto Clock Cleaners, 1937Modern Inventions, 1937



Pluto´s Quinpuplets



Ferdinand the Bull, 1938





Boat Builders, 1938




Donald´s Lucky Day, 1939


Pluto´s Dream House, 1940

Una mirada atrás



Me encuentro tirado un ejemplar, edición americana, titulo: Three ring MAD, el libro, pequeño, publicado en 1964, con ilustraciones, chistes y tiras de la revista MAD Magazine de esa época. Una sección del libro está dedicada a parodiar a Hollywood por sus películas, han pasado 50 años y la cosa no ha cambiado mucho.

Por cierto, en Amazon venden el libro por 1 centavo, eso si, 25 dólares de gastos de envío.











lunes, 1 de noviembre de 2010

Brian Azzarello -100 Balas




Un maletín lleno de balas

Muerte, poder, sexo, dinero, secretos y balas: son las únicas cosas de las que vale la pena hablar. Por eso compro 100 Balas

Warren Ellis

Imagínate que alguien te ha despojado de lo que más querías. Que alguien ha arruinado tu vida de forma tan terrible, tan criminal que nada podrá volver a ser como antes. Quizá no tengas que imaginarlo. Quizá te ha pasado. Así que ahí estás, hundido en tu miseria sabiendo que los dias felices se ha acabado para siempre. Sientes odio, rencor, pero no sabes contra que o quien focalizarlo.

Quizá planeas una venganza, pero no tienes los medios para realizarla. Quizá simplemente no te atreves, tienes miedo a las consecuencias. Imagínate ahora que un día se te acerca un tipo alto, muy serio, gafas negras, traje negro y un maletín que parece casi adosado a su mano. Dice ser el agente Graves, y mientras te habla con una voz fría como el hielo, te muestra el contenido del maletín: pruebas irrefutables de quién es el culpable de tu desgracia, un arma, cien balas y la promesa de que si decides hacer uso de ellas contra la persona que arruinó tu vida todas las investigaciones oficiales se detendrán al llegar a esas balas. Este tipo te está ofreciendo, en resumen, la oportunidad de consumar tu venganza sabiendo que no habrá ninguna consecuencia legal por ello. Imagínate ahora que tienes a esa persona que tanto odias frente a ti. Levantas el arma. Tienes el dedo en el gatillo. ¿Qué vas a hacer ahora?

Este es el planteamiento que sirve de punto de partida para 100 Balas: un dilema moral en el que los ya de por si difusos conceptos de ley, justicia, venganza y retribución se entremezclan y confunden aún más. Azzarello nos presenta a una serie de personajes a los que el enigmático agente Graves plantea esta opción: la posibilidad de llevar a cabo una venganza – o de hacer justicia, según otro punto de vista- sabiendo que no serán luego inculpados o encarcelados por ese acto. Las diferentes reacciones de estos personajes así como las historias que hay tras ellos conforman la base sobre la que se sustenta la obra. El guionista ha tenido buen cuidado también de que las historias que van desarrollando esa misma premisa inicial sean bien distintas entre sí con lo que el esquema que podría resultar repetitivo tras unos cuantos números, no lo es en absoluto. De hecho lo único que parecen tener en común esos personajes –aparte de que su vida ha sido destruida de alguna manera- es que todos pertenecen al sector menos favorecido de la sociedad: una ex-convicta, un barman, un jugador callejero de dados, un vendedor de helados… y ofrecen una visión del mundo bastante menos brillante que la ofrecida por los triunfadores que tan habituales resultan en otros cómics o películas. Hay además otras preguntas, otras líneas argumentales que poco a poco se van planteando y desarrollando: ¿Quién es Graves realmente y porque escoge precisamente a esas personas? ¿Qué objetivos se esconden tras esas elecciones?

Las historias que componen 100 Balas se dividen en arcos argumentales de distinta duración, tres, dos o un episodio, y son prácticamente auto conclusivos; claro que quedan algunas cuestiones por resolver, en especial en lo tocante al agente Graves y sus motivaciones.

A medida que la serie avanza nos encontramos también con ciertas sorpresas, vueltas de tuerca a esa idea inicial que he comentado: Dizzy Cordoba, la pandillera ex-convicta a la que Graves revela la identidad de los asesinos de su esposo e hijo –un par de policias corruptos- vuelve a aparecer a partir del número 12 cada vez más enredada en los esquemas de Graves, y el propio Graves y sus sutiles maquinaciones son los protagonistas del nº8, que tiene por cierto, uno de esos finales ambiguos tan propios de Azzarello; finales que no son tan extraños en otros episodios de la serie: sólo por poner un ejemplo la historia titulada Shor Con, Long Odds termina con una discusión entre dos ex socios convertidos ahora en enemigos. Hay un disparo. Pero el cómic se cierra con un primer plano del rostro de una mujer –la amante de ambos- teniendo el lector que deducir – o decidir- el resultado de la confrontación.

Tampoco esta exenta esta serie de otra de las características que conforman el estilo del guionista: esas escenas que empiezan con una conversación trivial, pero la tensión va acumulandose hasta llegar a extremos de verdadera crueldad verbal. La más reseñable podría ser la escena central del episodio 11 –quizá uno de los mejores y más contundentes de la obra-, donde Graves le va relatando con todo lujo de detalles a una camarera, cuya hija preadolescente se fugó de casa hace años, el destino de la chica que comprende prostitución/violaciones/SIDA y su muerte. Todo ello sin dejar de saborear su café y su pastel mientras habla, aparentemente indiferente ante el dolor y la desesperación de la mujer.

No sería justo terminar este comentario sobre 100 Balas sin mencionar a los encargados de su apartado gráfico. Por un lado Dave Johnson, el dibujante que nos sorprendió tan agradablemente con Superpatriota y es ahora el responsable de arropar esta serie con esas excelentes portadas que evocan los carteles de cine de los 70. Pero sobre todo el remarcable trabajo del argentino Eduardo Risso en el dibujo. Reclutado por Axel Alonso para el mercado americano, Risso gozaba ya de una respetable y dilatada trayectoria en su país. De entre sus obras argentinas quizá las más conocidas aquí sean Parque Chas, con guión de Ricardo Barreiro –caóticamente publicada por el Totem de Toutain- o Borderline, con Trillo y sobre todo Boy Vampiro también con Carlos Trillo al guión, publicada recientemente por Glenat aquí en España. Es Risso un dibujante capaz de asimilar influencias tan diversas como las que van desde el José Muñoz del primer Alack Sinner –en ese gusto por dibujar cada detalle, cada colilla en el cenicero, ect- hasta el Frank Miller de Sin City; pero Risso es ante todo un soberbio narrador, que sabe encontrar siempre la angulación, el encuadre, la planificación de página más adecuada para cada escena, manteniendo a la vez el ritmo y una muy cuidada ambientación, con esa atención en el detalle antes comentada. Aunque a menudo hemos visto el trabajo de Risso en blanco y negro –y alguna gente parece pensar que esto es lo más adecuado para el género negro- el color de Grant Goleash ha dado una calidez y sensualidad a las páginas de 100 Balas muy de agradecer, aumentando la sensación de realismo.

La combinación de estos factores, trama, guión, dibujo, ect, está dando como resultado una de las series más apreciadas y aclamadas de las últimas temporadas. Gente como Garth Ennis, Jim Steranko, Warren Ellis o Greg Rucka se confiesan fans de la misma.

Fragmento de un artículo de Germán Menéndez Flóres publicado en el número 12 de la revista “Dentro de la Viñeta


Tiempo de gánsteres y superhéroes


CRÓNICA: SILLÓN DE OREJAS
Tiempo de gánsteres y superhéroes

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO 23/10/2010





Como se sabe, al final de La evitable ascensión de Arturo Ui los verduleros de Chicago agradecen la protección que les ofrece el gánster, a quien el cielo ha enviado "para que paguemos por nuestras fechorías, / delitos, pecados, y simples tonterías" (Bertolt Brecht, Teatro completo, Cátedra). Seguramente no tiene nada que ver con lo anterior, pero, ahora que lo pienso, el señor Díaz Ferrán se va de rositas de su jefatura empresarial. Nadie se ha atrevido a echarlo de allí a patadas, quizás porque sospechan, erróneamente, que tal cosa daría mala imagen al colectivo que lo eligió. Su testamento ideológico consiste básicamente en el apotegma de que de esta crisis sólo se sale trabajando más y ganando menos. Se lo decía a mis improbables lectores hace unas semanas: pronto intentarán convencernos de las excelencias de la mano de obra esclava. La crisis y el miedo están propiciando que el segundo tsunami ideológico del neoliberalismo en lo que va de milenio logre lo que no habían conseguido los neocons del primero: convencer a no pocos currantes de que la obscena fórmula propuesta por algunos de los responsables de la actual situación (que los que tienen poco tengan aún menos) es la única capaz de sacarnos del agujero. A mí, la verdad, se me ocurren algunas otras que no pasan necesariamente por la toma del Palacio de Invierno, pero que afectarían a los negocios y patrimonios de quienes exigen que todo cambie en los derechos de los trabajadores para que todo siga igual (o mejor) para los que compran su trabajo. Si consiguen llevarse "el gato al agua" (según el nombre de uno de los programas de la derecha extrema) se confirmará una vez más la desoladora sentencia de Adorno y Horkheimer: "La historia de la civilización es la historia de la introyección del sacrificio. En otras palabras: la historia de la renuncia". Salvo en Francia, la capacidad de respuesta de la izquierda parece tan adormecida como la de aquel "paciente anestesiado sobre una mesa" del que hablaba J. Alfred Prufrock, la irresoluta criatura de T. S. Eliot. Claro que, quizás, nuestro Zeitgeist requiera otro tipo de héroes. Fue precisamente en la década de los treinta, cuando las prolongadas secuelas de la Gran Depresión roían la existencia de la inmensa mayoría y otra guerra mundial se vislumbraba en el horizonte, cuando surgió en Estados Unidos una nueva mitología repleta de superhéroes consoladores: Superman, Batman y Robin, Wonder Woman, Capitán Marvel, Aquaman, Supergirl, etcétera. Ellos serían, en la imaginación de las gentes, los únicos capaces de enfrentarse a los más terribles villanos. Taschen los homenajea en un superlibro de arte, talla XL (29×7×39,5 centímetros y 6,7 kilos), que ya está distribuyéndose en España (75 Years of DC Comics. The Art of Modern Mythmaking). Su autor, Paul Levitz, ha sido, además de presidente de la célebre compañía DC Comics, guionista y editor de muchos de los tebeos que dieron fama a la empresa. Y ha rastreado todo tipo de archivos y colecciones en busca de bocetos, artes finales y ejemplares olvidados para reconstruir la trayectoria de uno de los grandes imperios de la historieta gráfica. El resultado es un enorme e impecablemente impreso libro de 720 páginas que constituye un monumento gráfico imprescindible para los aficionados al octavo arte. Inconvenientes: a) su precio (150 euros), que no lo hace recomendable para los castigados bolsillos del personal (los damnificados de Marsans y Air Comet que lo deseen deberían tener derecho a un ejemplar a cargo del citado DF), yb) el hecho de que los textos (del propio Levitz) estén en inglés. Por lo demás, ahora sobran los supervillanos. Entreténganse con las analogías y decidan quién es hoy Lex Luthor y quién The Joker y quién Catwoman (pista: adora el tea party). En cuanto a los superhéroes, no encuentro a ninguno comparable ni en la izquierda ni en la dirección de los sindicatos.




Encantamientos

Pese a la extendida creencia (adulta) en sentido contrario, los niños no tienen un pelo de tontos y saben lo que les gusta. ¿Qué es un libro infantil?, se preguntan Julia Eccleshare y Quentin Blake en1001 libros infantiles que hay que leer antes de crecer (Grijalbo). Y se contestan: uno del que los niños disfrutan. O sea: libros para iniciarse en el mundo y en sus semejantes, pero también en el misterio, en la sorpresa y el miedo. Libros que, sobre todo, consuelan y hacen crecer. De "0 años" en adelante, este estupendo vademécum (960 páginas) dirigido a padres y educadores da cuenta, agrupando las obras por edades de lectura, de la cambiante naturaleza de la literatura infantil a través de los tiempos. Un libro sobre libros sin más fronteras que la infancia y la adolescencia, nuestras únicas patrias comunes, y con el práctico objetivo de contribuir a que los adultos no se queden mudos cuando los pequeños les pidan vitaminas para su imaginación. Y, de paso, un libro para adultos: para que vuelvan la vista atrás y recuerden lo que leyeron con sus ojos ardiendo como faros. O, antes, lo que alguien les leía para ayudarles a conjurar los miedos de la noche. Dedicada a los libros infantiles, por cierto, está también la flamante editorial Narval, que acaba de llegar a la librería con cuatro novedades en las que se cuidan especialmente textos e ilustraciones: su objetivo es "congraciar la calidad y coherencia del catálogo con las voces de los niños", lo que implica estar cerca de los destinatarios para saber lo que quieren. De entre los primeros elijo, para los más pequeños, Mani Orejas de Luna, de Lola Guerra y Adolfo Serra (ilustrador), y para los que ya leen por sí solos, La princesa feliz, de Carlo Frabetti (ilustraciones de Patricia Metola). Disfrútenlos.

El horror

El último experimento masivo de ingeniería social para engendrar al "hombre nuevo" lo llevaron a cabo Pol Pot y los jemeres rojos entre 1975 y 1979. Mientras la inmensa mayoría de la izquierda internacional miraba a otro lado o se limpiaba parsimoniosamente las gafas con la gamuza de la mala conciencia, en la entonces llamada Kampuchea Democrática se masacraba o dejaba morir en condiciones espantosas a cerca de dos millones de "irrecuperables degenerados" del pasado. El infierno de los jemeres rojos, de Denise Affonço (Libros del Asteroide), constituye un testimonio tremendo acerca de aquel pavoroso genocidio que se ha querido olvidar demasiado pronto. El sufrimiento de la autora (antigua secretaria de la Embajada francesa en Phnom Penh), de su degradación física y moral para intentar sobrevivir en las condiciones límite que le imponían sus verdugos, constituye sólo una pequeña rendija abierta sobre el muro de un infierno difícilmente concebible en términos de creación humana. A lo largo de la lectura uno tiene que detenerse de vez en cuando, respirar hondo, y contener las lágrimas de rabia para poder seguir adelante sin ceder a la tentación de escapar. Porque después de lo que nos ha legado el siglo XX nadie puede asegurar que el horror sea irrepetible y el mundo esté vacunado para siempre.

martes, 19 de octubre de 2010

Héroes de Grecia y Roma en la pantalla





CRÍTICA: LIBROS - Ensayo
Héroes de Grecia y Roma en la pantalla

CARLOS GARCÍA GUAL 16/10/2010



Existen muchos libros y ensayos sobre las figuras del mundo antiguo en el cine. Uno de los indiscutibles méritos de éste es recordarlos todos en notas y alusiones y una completa bibliografía final, con especial atención a los de autor hispano. Fernando Lillo, buen experto en el popular género fílmico y televisivo del péplum, ha publicado ya dos libros y varios artículos amenos sobre su ya larga tradición y el renovado impulso de estos últimos años -con filmes tan espectaculares como Troya, Alejandro Magno y Gladiator-. Con estilo didáctico y esmerada documentación, pasa revista aquí a las películas con personajes de talla heroica. Recuerda cómo en la pantalla van desfilando los grandes héroes del mito y la historia antigua, en una galería de retratos que inicia el mítico Aquiles y cierra el bárbaro Atila. Primero los héroes griegos, luego los romanos. Al ir contando argumentos y detalles curiosos de tantas y tantas representaciones fílmicas, evoca su trasfondo, el mundo clásico que conoce bien, por oficio profesoral. Todos hemos visto algunas de estas películas; aquí están todas, las que vimos de niños y las de ayer. El libro no intenta una crítica de fondo del género; no censura la burda y superficial recreación del pasado ni la mediocre calidad de los actores ni el color chillón de los decorados; sólo apunta bien algunos anacronismos y curiosos detalles inventados por los guionistas, poco respetuosos, ya se sabe, con los textos antiguos. El péplum se dirige a un público ingenuo, y el libro cumple su objetivo: da un variopinto inventario, una ordenada y amena colección de estampas heroicas. (Donde no está la bella Hipatia, no sé si por no ser bastante heroica, o ser egipcia, o por la fecha reciente de Ágora).

Héroes de Grecia y Roma en la pantalla

Fernando Lillo Redonet

Evohé. Madrid, 2010

335 páginas. 17,50 euros