domingo, 30 de abril de 2017

El clasicismo transgresor de un maestro: Irving Penn


Revolucionó la fotografía de moda a principios de los 40, pero su maestría creativa abarcó distintos campos. Una retrospectiva en el MET celebra su centenario



GLORIA CRESPO MACLENNAN
28 ABR 2017


Nude No. 72, Nueva York, 1949–50 IRVING PENN / CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION

“Una buena fotografía es aquella que toca el corazón del espectador y lo cambia después de haberla visto”, decía Irving Penn. Sencilla explicación por parte de uno de los grandes maestros de la fotografía del siglo XX, quien durante casi siete décadas no dejó de sorprender al público a través de imágenes de engañosa simplicidad e intransigente y austero clasicismo, capaces de desafiar a las convenciones del lenguaje fotográfico con el talante renovador de la vanguardia. Compleja tarea.

Consideró la fotografía como el medio para ahondar en la historia visual del hombre. Un enlace adecuado que conectaba el Paleolítico con un presente multicultural. En sus imágenes el tiempo se detiene. Es eterno. “Debido a que Penn se empapó del arte de todas las eras, sus imágenes están cargadas de profundas conexiones históricas, y aunque estas son en gran parte invisibles en una primera consideración, todos las presentimos de forma instintiva”, señala la comisaria Maria Morris Hambourg. “Esta aceptación histórica, junto con la autoridad del talento de Penn, es lo que otorga a sus fotografías esa calidad atemporal que identificamos en el gran arte”.

Rochas Mermaid Dress (Lisa Fonssagrives-Penn), París, 1950 IRVING PENN / CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION

Morris es la comisaría de Irving Penn:Centennial, una exposición inaugurada la semana pasada en el Metropolitan Museum de Nueva York, que celebra los cien años de este célebre creador nacido el 16 de junio en Plainfield, New Jersey, Estados Unidos. Muestra que aspira a ser la retrospectiva más extensa del artista norteamericano celebrada hasta el momento, y que incluye tanto las obras más grandiosas como las más desconocidas, de sus principales series.


“Uno está perdido en el momento en que sabe cual será el resultado”, decía Juan Gris. De forma intuitiva Penn supo de esta máxima del pensamiento creativo cuando, en los albores de su carrera, trabajando con Alexei Brodovitch, sin cobrar, en la revista Harper´s Bazaar, un becario tiró por accidente un negativo del diseñador ruso al suelo. Penn recordaba que al llevarle el negativo a su maestro, este lo miró y sin inmutarse le dijo:“forma parte del medio”. “¡Sorpréndeme!”, reclamaba con frecuencia Brodovitch; este enemigo del cliché y de la imitación, que en esos momentos rediseñaba el diseñó gráfico de América como director artístico, y con quien había iniciado contacto cuando lo tuvo de profesor en el Penssylvania Museum and School of Industrial Art. Debido a su precaria economía, Penn dormía en el estudio de su mentor. Por las noches examinaba minuciosamente una colección de publicaciones que incluían a Arts et Métiers Graphiques, Cahiers d´Art, Verve y Minotaure, alumbrándole por los senderos de la rutilante vanguardia parisina; en especial el surrealismo.

Truman Capote, Nueva York, 5 de marzo, 1948 IRVING PENN / CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION

Penn no hubiera sido Penn sin Brodovitch, pero tampoco lo hubiese sido sin Alexander Liberman. Este era también un exiliado ruso. Llevó el arte de vanguardia a las páginas de Vogue, ejerciendo como director de arte; aunando la sofisticación europea con el pragmatismo americano. Penn sería una figura clave en esta hazaña. Fue Liberman quien incitó al joven americano a realizar él mismo sus fotografías, cuando trabajando como diseñador para la revista, los fotógrafos (entre ellos Horst, Cecil Beaton y Erwin Blumenfeld) objetaban sus propuestas como portadas. Su primera portada para la famosa publicación de Condé Nast se publicó en 1943: un bodegón de un bolso, un pañuelo y un cinturón, a color.

Su reputación se forjó a través de las páginas de Vogue mediante la fotografía de moda, los bodegones y los retratos. Realizaría más de 150 portadas durante toda su carrera. Desde sus inicios marcó los estándares estéticos para la elegante moda de la década de los cuarenta y los cincuenta, con exquisitas imágenes de lenguaje rotundo, meticulosamente orquestadas, donde las telas adquieren una calidad escultórica que transmuta a sus modelos, convirtiéndolas en clásicas diosas contemporáneas. La ropa más que un artículo para ser lucido, queda sintetizada en formas que desvelan una silueta. Sin duda alguna, su modelo favorita fue Lisa Fonssagrives, con quien se casó en 1950. Ella protagonizó algunas de sus fotos más icónicas.

After-Dinner Games, Nueva York, 1947 IRVING PENN / CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION

Entre 1946 y 48 Liberman le encargó una serie de retratos de los personajes más relevantes del mundo de la cultura del momento. En su estudio construyó un ángulo vertical de fondo a modo de esquina, donde situaba a sus modelos. Esta incomoda localización potenciaba la expresión del modelo y junto a las distorsiones creadas por la perspectiva, y una cuidada atención a la iluminación, otorgaba a los personajes un poderío indiscutible. “Muchos fotógrafos piensan que su cliente es el sujeto”, señalaba Penn en una entrevista al The New York Times en 1991. “Mi cliente es una mujer de Kansas que lee el Vogue, a la que trato de intrigar, estimular, alimentar... Puede que un retrato severo no suponga para al sujeto la mayor alegría del mundo, pero es enormemente importante para el lector”.

Cigarette No. 37, Nueva York, 1972 IRVING PENN / CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION

La necesidad de ser libre para experimentar estuvo muy presente durante toda la vida del artista. De ahí que supo trabajar simultáneamente como artista y como fotógrafo para revistas y publicidad, marcando una pauta que hoy nos puede parecer habitual, pero no lo era entonces. Su serie de desnudos femeninos forma parte de uno de sus proyectos personales. Su cámara, está vez, se deleitaba en cuerpos rollizos retratados sin ningún pudor en planos cercanos de cruda textura y tonalidad poco realista.“Estos desnudos no solo se rebelaban contra las convenciones de belleza de mitad de siglo sino que iban en contra de la práctica fotográfica, donde aún se perseguía una buena resolución en el detalle y una representación realista”, señala Morris. Liberman se negó a publicarlos, menos uno. Edward Steichen, entonces conservador del MoMA, también los rechazó.

“Fotografiar una tarta puede ser arte”, defendía. Así buscó la belleza en lo perecedero, en la fruta madura, en las colillas de los cigarros, en los desperdicios, o en las calaveras de animales. También posó su mirada en las culturas exóticas, retratando a los indios Quechua en Perú, y a las tribus de Guinea Papúa, cuya estética de la belleza retaba a los cánones occidentales. Pero en todo ello siempre había una búsqueda por la perfección. En la introducción al libro Passage: A word record, Liberman recuerda este afán, cuando en un encargo en el que Penn debía fotografiar unas copas rotas en una bandeja, insistió en que, en pro de la autenticidad, las copas fueran del carísimo cristal Baccarat; así varias docenas de copas cayeron al suelo antes de que Penn se sintiera satisfecho.

Murió en 2009 habiendo aportado, como diría la crítica de arte Rosamond Bernier, “una poesía a la inmovilidad”.

Irving Penn, Centennial. The Metropolitan Museum of Art. Nueva York. Hasta el 30 de julio


Cuzco Children, diciembre, 1948
IRVING PENN/ CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION

Mouth (for L'Oréal), New York
IRVING PENN / CPRTESÍA IRVING PENN FOUNDATION 

Deli Package, Nueva York, 1975
IRVING PENN/ CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION 

Girl Drinking (Mary Jane Russell), Nueva York, 1949,
IRVING PENN / CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION 

Three Asaro Mud Men, Nueva Guinea, 1970
IRVING PENN/ CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION

Glove and Shoe, Nueva York, 7 de julio, 1947
IRVING PENN/ CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION


Ingmar Bergman, Estocolmo, 1964
IRVING PENN/ CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION

Marlene Dietrich, Nueva York, 3 de noviembre , 1948
IRVING PENN/ CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION

Naomi Sims in Scarf, Nueva York, ca. 1969
IRVING PENN/ CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION 

Pablo Picasso at La Californie, Cannes, 1957
IRVING PENN/ CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION


Single Oriental Poppy, Nueva York, 1968
IRVING PENN/ CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION

Ta Tooin (The Bowery), Nueva York, ca. 1939
IRVING PENN/ CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION 

Three Dahomey Girls, One Reclining, 1967
IRVING PENN/ CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION 

Tribesman with Nose Disc, Nueva Guinea, 1970
IRVING PENN/ CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION


Two Miyake Warriors, Nueva York, 3 de junio, 1999
IRVING PENN/ CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION 


Ungaro Bride Body Sculpture (Marisa Berenson), París, 1969
IRVING PENN/ CORTESÍA IRVING PENN FOUNDATION
























El Pais Babelia

miércoles, 26 de abril de 2017

El beso del Ayuntamiento ROBERT DOISNEAU / 1950





  "Esta foto me recuerda lo que yo llamo el universo visceral: un hombre, una mujer, dos bocas, dos cuerpos, el deseo del otro y de amarse para siempre... Sucedió en otra vida", afirma sonriendo Jacques Carteaud desde el sur de Francia. "Resulta difícil creer que sea yo, ¿verdad?".

Desde luego. Retratos de la época confirman que es él el joven que abraza apasionadamente a una joven con una chaqueta de punto delante del Ayuntamiento de París. Pero éste de ahora es otro, alguien que cuenta los años con serenidad: "48 años ya. ¿Quién iba a pensar que ese beso pasaría a la posteridad?". Nadie. Ni Robert Doisneau ni la agencia Rapho, a la que, en la primavera de 1950, la revista Life encarga un reportaje sobre los enamorados en París. Minada por la escasez, Francia está en plena reconstrucción y no hay nada que se libre de la cartilla de racionamiento. Sólo una cosa. "París y el amor forman un tema eterno", subraya Anette Doisneau, hija mayor de Robert. Se da la consigna de recurrir a figurantes, porque la agencia Rapho acaba de perder un juicio. Así es como Robert Doisneau acude a la Academia Simón en busca de una pareja que pueda posar. Entre los 350 estudiantes de arte dramático destacan "dos enamorados auténticos": Francoise Bornet y Jacques Carteaud. Éste ha ido a París para dedicarse al teatro. Es un joven atractivo que, para (sobre)vivir, posa para fotonovelas, publicidad o fotografías de moda: "Y me encontré con que me pagaban ¡por besar a la mujer que amaba! ¡Un sueño en estado puro!". En la placa de contactos se ve a la pareja que pasea en torno al Ayuntamiento, un "lugar simbólico de París". Solamente cinco fotos. "En aquella época todo era escaso y caro, y mi padre se preocupaba por ahorrar", explica Annette Doisneau. En cuanto a la foto, se impuso con claridad cuando la publicaron en Life, pese a que a Robert Doisneau no le agradaba especialmente: "La encontraba un poco facilona. Él, que se comparaba a un pescador de imágenes más que un cazador, prefería esperar que las fotos fuesen a él, más que forzarlas". Robert Doisneau nace en 1912, en Gentilly (Francia), en una familia de artesanos. Después de formarse como grabador-litógrafo, trabaja en un taller especializado en publicidad. Allí es donde descubre la fotografía. Durante sus horas libres hace fotos de los alrededores para "inscribir los decorados", con su Rolleiflex 6"6. "En ese medio vulgar que me rodeaba", deja escrito, "a veces percibía fragmentos de tiempo en los que el universo cotidiano parecía liberarse de la seriedad. Mostrar esos momentos podía ocupar toda una vida". Así fue.

Después de pasar por el departamento de publicidad de Renault, entra en la agencia Rapho tras la guerra. Acaba de nacer la revista Paris-Match, que encarna una "loca sed de imágenes". Robert Doisneau se traslada a Montrouge, en las afueras del sur de París, de donde no se mudará nunca más. Allí instala su estudio, en el que hoy se conservan los 350.000 clichés de su colección. Un fresco formidable de su época en el que este humanista cuenta la vida de la gente importante y la gente corriente de la región parisiense. Pasea por las calles, se sumerge en un café o en una fábrica de gas, en busca de "la imaginación social": "París es un teatro en el que pagamos la butaca con el tiempo perdido", escribe él, que maneja la cámara reivindicando la subjetividad. Es un director nato, y no duda en reconstruir una escena que le ha gustado con un figurante. Cuando, en 1986, Éditions du Desastre inician la publicación de carteles, Doisneau es un fotógrafo de renombre. Después de que su foto del beso haya dormido más de 40 años en sus archivos, el editor la selecciona y sella así el nacimiento de un símbolo. "El cartel se vendió inmediatamente en el mundo entero", cuenta Annette Doisneau, "y mi padre empezó a recibir enseguida cartas de personas que aseguraban reconocerse en la foto". El primero, el hombre con la boina a la izquierda de la pareja, un abogado de Montreal que descubrió la imagen gracias a un vecino. Envía a Doisneau una foto en la que posa con el célebre cliché en la mano. La misma boina, las mismas gafas, el mismo traje: es él. Y después hay decenas de enamorados que "decían amablemente que se reconocían en la pareja". Robert Doisneau les responde con la misma amabilidad hasta que "la historia se convierte en pesadilla". Una pareja exige conocerle. Se organiza una cena. "Por desgracia", suspira Annette, "mi padre no les dijo que eran ellos, pero tampoco les dijo que no eran. No quería, según me explicó, derribar su sueño". La pareja lleva al fotógrafo a los tribunales y reclama daños e intereses. Desestiman la querella, pero recurren. "Fue indigno", recuerda Jacques Carteaud, al que Robert Doisneau localizó para que le ayudara en su defensa. "Lo único positivo fue que me permitió conocer de verdad a ese hombre tan delicioso". En cuanto a la antigua novia del guapo actor, también ella corre al ataque para obtener derechos de autor. Pierde, pero Doisneau queda profundamente afectado: "Esos asuntos arruinaron el último año de su vida", cuenta Annette. "Decía con frecuencia: es triste pensar que lo único que voy a dejar es esta foto". Texto: Mane-Monique Robín / Capa



Annette, hija, del famoso fotógrafo Robert Doisneau, con la histórica y polémica imagen del beso ante el mismo escenario de la fotografía: el Ayuntamiento de París,
 
El Pais Semanal 100 fotos del siglo.

jueves, 20 de abril de 2017

Una colección frenética

JAVIER FERNÁNDEZ
19 Abril, 2017





'Demon, de Garth Ennis, 1'. Garth Ennis, John McCrea. ECC. 296 páginas. 29,50 euros.

Antes de firmar la serie Hitman, el guionista Garth Ennis y el dibujante John McCrea pasaron un tiempo relatando las desventuras de Demon, el antihéroe creado por Jack Kirby a comienzos de los 70, y que más tarde fue recuperado por Alan Moore en Swamp Thing. Es precisamente en el segundo anual de The Demon donde Ennis y McCrea inventaron al célebre asesino a sueldo, pero Demon ofrece mucho más que el debut de Hitman. Demonios, fanáticos religiosos, moteros sacrílegos, supervillanos de medio pelo y hasta un ejército de nazis zombis se dan cita en las páginas de esta colección frenética y alucinante. Son dos tomos recopilatorios, el primero de los cuales incluye el citado anual y los números 40 y 42 a 49 de The Demon (1993-94).


Malaga Hoy

Una guerrera romana

JAVIER FERNÁNDEZ
19 Abril, 2017


'Marada: La mujer lobo'. Chris Claremont, John Bolton. ECC. 112 páginas. 13,50 euros.


Ecc recupera en un solo volumen a todo color las aventuras de Marada: La mujer lobo, un clásico de los 80 publicado originalmente en la revista Epic Illustrated, y que solo había visto la luz parcialmente en nuestro país. Son, en total, tres historias: La espada quebrada, Caza real y La máscara del hechicero. Las dos primeras salieron en blanco y negro en la revista y fueron recuperadas en su día en forma de novela gráfica, con las páginas coloreadas para la ocasión por el propio Bolton, que se confiesa en el prólogo muy satisfecho con el resultado final; la tercera ya vio la luz directamente a color. Escrito inicialmente como un guión de Red Sonja, Claremont transformó a la protagonista en una guerrera romana del principio de nuestra era para evitar problemas de derechos, y Bolton se volcó en estas páginas sofisticadas, bellas y muy excitantes.


Malaga Hoy

100% Paul Pope

JAVIER FERNÁNDEZ
19 Abril, 2017




'Grandes autores de Vértigo: Paul Pope'. Paul Pope y otros. ECC. 112 páginas. 13,50 euros.

Pocos historietistas estadounidenses de los últimos años han generado tantas críticas positivas como Paul Pope (Filadelfia, 1970). Con cuatro premios Eisner en su haber, Pope se vende, o al menos se ha vendido en la década anterior, como uno de los dibujantes más radicales y avanzados del panorama contemporáneo, y aunque creo que dista mucho de ser la verdadera vanguardia del medio, lo cierto es que todos sus trabajos tienen una cualidad especial que los hace brillar, especialmente si se los compara con su entorno más cercano, esto es, el mainstream o el indie convencional. No quiero que piensen que no me emociona el trabajo de Pope, lo cierto es que he flipado con todo lo que he leído suyo. Me alucinó su Batman: Año 100 y me gustaron mucho las otras cosas que hizo para Batman, su monográfico de la serie Solo, las historietas cortas y portadas en Bizarro Comics y Strange Tales y, por encima de todo, el maravilloso serial de Adam Strange que publicó por entregas en Wednesday Comics. Sucede que lo de Pope me parece más destacable, más rupturista, en un entorno fosilizado como el género de superhéroes que en la vibrante, y más irredenta, escena del tebeo de autor, y es por eso que destaco las intervenciones que ha realizado en cabeceras de alta visibilidad por encima de otros títulos, digamos, más personales.

Con su particular mezcla de influencias, la densidad de sus imágenes y su continua búsqueda de un estilo propio, Pope es de los autores a los que merece la pena seguir de cerca, y el tomo Grandes autores de Vertigo: Paul Pope ofrece una estupenda oportunidad de acercase a su obra. Van aquí reunidas un buen montón de historietas que vieron la luz en publicaciones de los sellos Vertigo y Paradox Press: The Big Book of Hoaxes, Vertigo Winter's Edge, Weird War Tales Special, The Big Book of the '70s, The Dreaming, Weird Western Tales, Solo, Ghosts, Strange Sports Stories, así como ilustraciones y portadas de series como Transmetropolitan, The Sandman: The Dream Hunters o Strange Adventures.


Malaga Hoy


¡Odio la sopa!

Mafalda es una niña espejo de la clase media hispanoamericana y de la juventud progresista que se preocupa por la paz mundial. Se rebela contra el mundo legado por sus mayores.

GERARDO MACÍAS
19 Abril, 2017

'Todo Mafalda'. Guión y dibujos: Quino. Edición Original Argentina: semanario Primera Plana, diario El Mundo, semanario Siete Días Ilustrados, etc (1964-1973). Edición Española: Todo Mafalda (Editorial Lumen, 2013).

Si leemos la frase "odio la sopa", todo el mundo la asociamos enseguida a la niña filósofa, Mafalda. La sopa era el alimento de las clases bajas argentinas de los años sesenta, era el único plato en la mesa de los que menos tenían... Pero en las tiras de Mafalda, la sopa era una alegoría a los regímenes militares, una sutil manera que encontró el genio de Quino para mostrar su rechazo por las dictaduras.

Joaquín Salvador Lavado Tejón, conocido como Quino (Mendoza, 1932), es un humorista gráfico e historietista hispano-argentino. Su obra más renombrada es la tira cómica Mafalda, publicada originalmente entre 1964 y 1973. Los padres de Quino fueron emigrantes andaluces y los primeros dibujos los hizo inspirado por un tío suyo, Joaquín, dibujante publicitario.

Mafalda es una niña, espejo de la clase media hispanoamericana y de la juventud progresista, que se muestra preocupada por la paz mundial, y se rebela contra el mundo legado por sus mayores. Precisamente son sus mayores, pero también los amigos de su edad de la pandilla y el colegio, los que coprotagonizan estas tiras. Quino lleva ya muchos años demostrándonos que los niños son los depositarios de la sabiduría.

Mafalda es muy popular en Hispanoamérica, y en algunos países europeos como por ejemplo España, Italia, Grecia y Francia. Ha sido traducida a más de treinta idiomas.

El escritor, filósofo y profesor de universidad italiano Umberto Eco (1932-2016) considera muy importante leer la tira Mafalda para entender Argentina; sin embargo, las inquietudes que manifiestan ella y sus amigos en la historieta son de índole universal.

En 1962, Quino llevaba ya cerca de una década realizando humor gráfico, cuando su amigo Miguel Brascó, humorista y escritor que había trabajado en algunas de las mismas revistas que aquél, fue contactado por Agens Publicidad con el fin de crear una tira de historietas para promocionar la marca de electrodomésticos Mansfield, de la empresa Siam Di Tella.

La tira funcionaría como publicidad encubierta al aparecer en medios impresos. Brascó recordó que Quino le había comentado que tenía ganas de dibujar una tira con chicos y le sugirió realizar una historieta que combinara a Peanuts (Carlitos y Snoopy) con Blondie. La empresa había puesto como condiciones indispensables que en la historieta apareciesen dibujados algunos electrodomésticos y que los nombres de los personajes comenzaran con M.

Quino dibujó entonces varias tiras protagonizadas por una familia tipo constituida por un matrimonio de clase media con dos hijos: un niño y una niña. En esta familia ficticia, los rasgos del matrimonio son similares a los de los padres de Mafalda de la etapa posterior, mientras que el hijo no se asemeja a ninguno de los personajes clásicos de Mafalda. Su hermanita sí es reconocible como Mafalda, aunque exhibe un diseño arcaico.

La historieta realizada por Quino fue ofrecida al diario Clarín, pero la estratagema publicitaria fue descubierta y la campaña no se llevó a cabo. Posteriormente, Miguel Brascó publicó en el suplemento humorístico Gregorio de la revista Leoplán, del cual era director, tres de las tiras dibujadas para la campaña fallida.

En 1964, Julián Delgado, director de la revista Primera Plana, acuerda con Quino comenzar a publicar en ese medio Mafalda, ya desvinculada de propósitos publicitarios.

Mafalda está muy ligada a la pantalla. De hecho, el propio Quino reconoció que tomó su nombre de la película argentina Dar la cara (1962), un drama basado en la novela homónima de David Viñas dirigido por José A. Martínez Suárez.

El personaje saltó a la pequeña pantalla en 1965 en una serie de animación de 260 episodios que contó con la participación del propio Quino. Una ficción que fue exportada a numerosos países y que ha tenido varias ediciones en DVD bajo el título de El mundo de Mafalda.

Mafalda también tuvo adaptaciones al cine. Fue en el año 1982 en Mafalda (La película), una cinta de animación dirigida por Carlos D. Márquez y Alberto Cabado.

En 1993 llegó el segundo largometraje basado en este personaje, dirigido por el cubano Juan Padrón (¡Vampiros en La Habana!), colaborador habitual de Quino.


Malaga Hoy

Una fuente inagotable

 'El lobo solitario y su cachorro', 'El hombre sediento', 'Kasajirô, el clava-tatamis' y 'Kei, crónica de una juventud' son algunas de las obras de Koike y Kojima.


JAVIER FERNÁNDEZ
19 Abril, 2017





Ecc parece haber encontrado un filón con Kazuo Koike y Gôseki Kojima, y les confieso que yo no puedo estar más contento. La obra del dúo japonés fue una de las primeras que saltó a Occidente, allá cuando el manga invadió nuestro mercado, y es que les recuerdo que son los autores de El lobo solitario y su cachorro, un larguísimo serial de honor y venganza que se benefició del interés (y las portadas) del entonces muy influyente Frank Miller. Del guionista, Koike, llegó también tempranamente Crying Freeman, con dibujos de Ryoichi Ikegami, y, poco después, alguna que otra cosa más, como Lady Snowblood, dibujada por Kazuo Kamimura, de nuevo una historia de venganza, citada como inspiración de las películas de Kill Bill. En lo que se refiere al trabajo conjunto de Koike y Kojima, antes de que ECC se interesara por ellos, se tradujo la serie Asa, el ejecutor y apenas los primeros volúmenes de Hanzô, el camino del asesino. Poco, muy poco, de una bibliografía tan amplia como estupenda.


Hará un par de años, ECC recomenzó (y terminó) la edición española de Hanzô, y no ha dejado de ofrecer nuevos títulos de Koike y Kojima desde entonces: El hombre sediento (8 volúmenes), Kasajirô, el clava-tatamis (2 volúmenes), Kei, crónica de una juventud (10 volúmenes) y Son Goku, el héroe de la ruta de la seda (6 volúmenes) se han ido encadenando uno tras otro, dando a los lectores su ración mensual del mejor manga histórico. Estas dos últimas series, Kei y Son Goku, la historia de un samurái en busca de su amor durante el periodo Edo y la recreación en viñetas del clásico chino Viaje al Oeste, también conocido como Las aventuras del rey mono, acaban de completar su edición y ya tienen sustitutos en el carro de la compra: Shingen Takeda, el tigre de Kai (que constará de 4 volúmenes) y El carterista (que constará de 2), y ojo que se anuncia una tercera: La leyenda de Kujaku (también 2 volúmenes). Ya ven que hemos pasado de la escasez a la abundancia. Era inevitable, considerando la alta calidad general de estos trabajos.



El lobo solitario y su cachorro vio la luz en Japón a comienzos de la década de 1970, y sobre su enorme éxito se ha construido la carrera posterior de ambos autores. Además de mangas, Koike ha escrito novelas, guiones de cine y televisión, teatro y hasta letras de canciones, y Kojima (que falleció en 2000), comenzó su larga trayectoria en el medio en 1957, después de haber servido con sus dibujos al teatro ambulante, y se dedicó profusamente al género histórico. Brillaron por separado, pero mucho más cuando trabajaron juntos, y es que el estilo realista, violento y sensual de Kojima, maestro del ritmo y la ambientación, se adapta a la perfección a las tramas densas y evocadoras de Koike, que toma la historia clásica de Japón como base para unos relatos llenos de intrigas y belicismo, contrastados siempre con un detallado retrato de la intimidad (física y psicológica) de sus personajes. Hay una química singular entre estos dos genios de la viñeta, y es por eso que uno no se cansa nunca de leerlos.

Malaga Hoy


martes, 18 de abril de 2017

Dibujos en femenino plural

 Cada vez hay más mujeres que se dedican al cómic. Empatizan con los lectores tratando con mucho humor temas cotidianos


Lola Vendetta, personaje creado por Raquel Riba Rossy, protagonista de 'Más vale Lola que mal acompañada'.

RUT DE LAS HERAS BRETÍN

Madrid 18 ABR 2017
Viñeta de Monstruo Espagueti.

Mujer. En torno a 30 años. Observa lo que le rodea, lo analiza y le saca punta. Sin humor no es nada. Vive en una gran ciudad. Las redes sociales son una de sus herramientas de trabajo. El dibujo es su altavoz al mundo, su mejor manera de expresarse. Con todas estas características bien se podría hacer un retrato robot de un amplio grupo de ilustradoras, viñetistas, dibujantes, creativas, humoristas gráficas, artistas o, incluso, antiartistas que en los últimos meses han publicado un libro en el que lo gráfico predomina o que lo harán en los próximos. Pero ese retrato, teniendo un poquito de todas, no sería fiel a ninguna. "Es como decir que todas las canciones de amor son iguales o que lo son todos los cómic de superhéroes", explica Flavia Álvarez, autora de Las cosas del querer (Lumen).


Si solo con poner nombre a su profesión ya difieren, cómo no van a hacerlo en lo demás. Las hay que no saben dibujar con lápiz, como Raquel Córcoles, creadora de Moderna de Pueblo, que prepara libro para otoño. Otras que no se recuerdan sin él en la mano, es el caso de Raquel Riba Rossy, que va armada con él como su personaje Lola Vendetta con su catana. Publicó su primera historia, Más vale Lola que mal acompañada (Lumen), en marzo.

Primeras viñetas de 'La historia de mis tetas', novela gráfica de Jennifer Hayden.


La mayoría nacieron en las redes sociales casi de manera casual; para Álvarez -conocida como Flavita Banana- son su currículum. La estadounidense Gina Wynbrandt, autora de Que alguien se acueste conmigo, por favor, utiliza su presencia en Internet como la extensión de su marca personal: "Muestran lo patética que es mi vida cotidiana e ilustran cómo mi trabajo es una vía de escape". Un escaparate fueron para Anastasia Bengoechea (Monstruo Espagueti): "La editorial me contactó por el éxito que tenía en redes". Y de ahí, a publicar ¡estás FATAL! con Lunwerg el pasado febrero. Son una ventana que les ha llevado al libro de papel y, de hecho, ninguna reniega de él, lo buscan, parece lejos de estar muerto. "Me gusta la tinta", dice Flavita Banana. Sobre la buena convivencia de ambos formatos, Manuel Bartual, editor de ¡Caramba!, explica que el papel no solo no ha muerto, "el cómic vive un momento dulce". En septiembre verá la luz un recopilatorio de viñetas de Flavita Banana que ya ha publicado online. "Se ha comprobado que si va bien en Internet, también en papel. La función que hace 20 años cumplían las revistas que ya no quedan, las cumplen las redes", sostiene Bartual, que a través de ellas conoció a la autora a la que describe como "buena observadora, traslada muy bien el mundo a viñetas y tiene un estilo reconocible, conciso y rotundo".

Viñetas de Gina Wynbrandt para 'Que alguien se acueste conmigo, por favor'.



Una mezcla entre material inédito y ya publicado van a hacer también Marga Castaño y Esther de la Rosa, que prevén que para octubre tendrán la versión tangible de las tiras que llevan colgando un año en su web Hardcore maternity. En ella plasman un tema muy en boga como es hacer patente lo menos agradable de la maternidad. "Intentamos compatibilizar el trabajo, los hijos y nuestra vida de solteras, por tanto vamos acumulando... Hablar de nuestro espacio de libertad no es incompatible con querer a nuestros hijos", explica Castaño. El cómic estará formado por 10 historias que ya tienen versión online y otras 15 creadas ex profeso.

 Dibujo de Flavita Banana para 'Las cosas del querer'.

Pero no todo ocurre primero en el mundo virtual. A Meritxell Bosch, candidata al premio Eisner en 2015 (uno de los más reconocidos en las industria del cómic) por BirdCatDog, y con su novela gráfica Yo, gorda (La cúpula) recién publicada, no le gustan las redes, solo mantiene Facebook pero sin especial interés. Tanto ella como Córcoles son más veteranas que el resto y reconocen que el mundo del cómic ha cambiado mucho en los últimos años. La autora de Moderna de Pueblo, que dejó su trabajo hace cuatro años para dedicarse plenamente a su personaje y todo lo que conlleva (publicaciones, merchandising...), comenta que cuando empezó estaba sola. No se considera pionera pero sí sabe que ha abierto alguna puerta. "Ahora somos toda una comunidad, lo que tiene sus inconvenientes: todas somos muy activas y hay que ir con cuidado para no tratar temas que otras ya hayan tratado. Pero a la vez este auge nos hace ser más visibles y que haya más gente interesada". Bosch cuenta que hace 15 años, cuando ella empezó a estudiar, eran solo tres mujeres frente a veintitantos chicos: "Un profesor llegó a decir que las mujeres no dibujábamos porque ya creábamos vida, ¡pero qué tendrá que ver!", le reprocha. "Machismos que te encuentras en cualquier otro oficio", añade.

Ilustración de 'Hardcore Maternity'.

La todavía menor presencia femenina en el mundo del cómic no es característica solo del ámbito español. La estadounidense Wybrandt reconoce que en todos los campos debería haber más mujeres: "En el arte, en los medios de comunicación...". Prueba de ello es el pasado Salón del Cómic de Barcelona, celebrado del 30 de marzo al 2 de abril, donde solo el primer día el número de autores que participaron en las firmas de libros, más de 40, era muy superior al de autoras, no llegaban a 10.

Poema ilustrado de Monstruo Espagueti, autora de '¡estás FATAL!'.

No cabe duda de que el punto de vista femenino une a todas estas autoras. Sus protagonistas son mujeres, pero también la mayoría de los que crean los dibujantes son hombres. Mireia Magallón, editora adjunta de Lumen y Reservoir Books, reconoce que existía la necesidad de que las lectoras encontraran voces femeninas en este mundo, pero le parece reduccionista pensar que el público que las lee es solo femenino. "No importa el género ni de quien ilustra ni de quien lee. Tratan cuestiones universales."
Poema ilustrado de Monstruo Espagueti, autora de '¡estás FATAL!'.


MUJERES NORMALES
Las protagonistas de autoras como Gina Wybrandt, Flavita Banana, Raquel Riba, Monstruo Espagueti, Meritxell Bosch, Hardcore maternity... no son las mujeres hipersexualizadas de algunos cómics. Tienen vello, sus curvas son imperfectas, andan semidesnudas por su casa, tienen la regla y la sangre mancha (que parece que es un tabú), practican sexo o no lo practican y se quejan por ello... "Reflejo la normalidad", dice Flavita Banana, que, como las demás, se inspira mirando alrededor.

Todas tienen un toque desenfadado, irónico. Cada una en su línea pero con el humor muy presente y, a veces, con un punto de mala leche, de hacer que lo que cuentan sea una sacudida, que levante algunas ampollas. A pesar de que hay algunos temas como el de la bulimia que se trata en Yo, gorda, o el cáncer de mama, del que habla Jennifer Hayden en La historia de mis tetas (Reservoir Books), que son más femeninos porque por suerte para los hombres ellos sufren en un porcentaje mínimo estas enfermedades, cualquiera se puede sentir identificado con, por ejemplo, Lola Vendetta y la idea de hacer rodar cabezas (metafóricamente) cuando algo resulta desesperante. Y de esta empatía, al éxito.
Ilustración de Raquel Riba Rossy para su novela gráfica 'Más vale Lola que mal acompañada'.


Y si no...¿a quién no le ha parecido una eternidad la espera de una respuesta a un whatsapp? ¿Quién no ha querido ahogarse en una macrotarrina de helado o, en su defecto, en un cuenco de palomitas? ¿Quién no ha querido fusionarse con el edredón y transformase en una crisálida?, bien por estar demasiado solo o por estar fenomenalmente acompañado. ¿Quién no ha metamorfoseado alguna vez un contratiempo que realmente tiene la talla de una pulga, en otro del tamaño de un elefante? Problemas del primer mundo.


Poema ilustrado de Monstruo Espagueti, autora de '¡estás FATAL!'.




Dibujo de Flavita Banana, autora de 'Las cosas del querer'.
Viñetas de 'La historia de mis tetas', donde su autora, Jennifer Hayden, relata su relación con sus pechos desde niña y su cáncer de mama.

Autorretrato de Gina Wynbrandt, autora de 'Que alguien se acueste conmigo, por favor'.



El Pais



viernes, 14 de abril de 2017

La resurrección de Diana

JAVIER FERNÁNDEZ

12 Abril, 2017




'Grandes autores de Wonder Woman: Geroge Pérez - La Mujer Maravilla'. George Pérez y otros. ECC. 368 páginas. 32,50 euros.


Se ha hecho esperar, pero no demasiado. La colección Grandes autores de Wonder Woman comienza al fin la recuperación de la etapa más influyente de la trayectoria moderna del personaje; me refiero, cómo no, al relanzamiento tejido por George Pérez a partir de 1987, justo después de las Crisis en Tierras Infinitas. Pérez amplió el elenco de secundarios de la serie, profundizó en las relaciones de la princesa Diana con el panteón de dioses griegos y dio el do de pecho en el apartado gráfico (que más tarde dejaría en manos de otros artistas). Conocido hasta entonces por su faceta de dibujante, Pérez se implicó también en los argumentos, como ya había hecho con Marv Wolfman en los Jóvenes Titanes, dejando los diálogos de los 16 primeros números en manos de Greg Potter (los dos primeros) y Len Wein (el resto), y asumiendo al completo los mandos literarios desde el número 17.

Como recuerda el propio Pérez en su introducción: "Parece que fue ayer cuando me senté en el despacho de Janice Race, la que entonces era editora de Wonder Woman, y le comenté que quizás tuviera algo que podría contribuir a redefinir a la Princesa Amazona, cuya existencia se había suprimido por completo en las últimas páginas de Crisis en Tierras Infinitas. Parece que ha pasado tan solo una noche desde que Janice me acogiese con los brazos abiertos por encargarme de algo que muy pocos artistas de renombre estaban dispuestos a hacer. Al fin y al cabo, la serie Wonder Woman tuvo una historia un tanto accidentada desde que el escritor William Moulton Marston (bajo el seudónimo de Charles Moulton) y el ilustrador H. G. Peter presentaran el personaje en 1940, y se había convertido en una serie que pocos se prestaban a dibujar". Pérez logró poner a Wonder Woman en primera línea, y el personaje no ha perdido visibilidad desde entonces, encadenando numerosas etapas sobresalientes.


Malaga Hoy

El Batman de Neal Adams

JAVIER FERNÁNDEZ

12 Abril, 2017




'Grande autores de Batman: Neal Adams - Valiente y audaz'. Neal Adams y otros. ECC. 232 páginas. 23 euros.

Ecc continúa recuperando los episodios dibujados por Neal Adams entre finales de la década de 1960 y comienzos de la de 1970, un hito visual que revolucionó para siempre la imagen del Hombre Murciélago. Ahora le toca el turno a las cabeceras compartidas por Batman y otros superhéroes de DC, esto es, World's Finest y The Brave and the Bold, de ahí el título del tomo: Valiente y audaz. De la primera serie, co-protagonizada por Superman, van los números 175 y 176 (1968), y, de la segunda, los números 79 a 85 (1968-69), en los que Batman se asocia, entre otros, con Deadman, Creeper, Flash, Aquaman y los Jóvenes Titanes. Cierran el volumen una historieta navideña y un alucinante apartado de extras.

Malaga Hoy

Modernidad y clasicismo

JAVIER FERNÁNDEZ
12 Abril, 2017 -




'Grandes autores de la Liga de la Justicia: Mark Waid - Divide y vencerás'. Mark Waid y otros. ECC. 264 páginas. 27 euros.

Se dice que fue Grant Morrison quien revitalizó la Liga de la Justicia poco antes de que acabara el siglo XX, pero, en honor a la verdad, el mérito lo comparte con Mark Waid. Este último no solo firmó la miniserie Kingdom Come (1996), que devolvió la grandeza al universo DC, y un puñado de estupendas historietas del supergrupo previas a la JLA de Morrison, también participó en la citada JLA del británico y tomó su testigo cuando se marchó. Divide y vencerás recoge el final de la sólida etapa de Waid al frente de la Liga, números 50 a 58 y 60 (2001-02), la mitad de ellos dibujados por el enorme Brian Hitch y la otra mitad por Mike S. Miller. Amenos y visualmente espectaculares, son un buen ejemplo de cómo ofrecer un tebeo moderno de superhéroes respetando los valores clásicos del género.

Malaga Hoy

Para todos los gustos

La colección 'Grandes autores de Superman' de ECC recupera las obras 'El hombre de arena', 'El fin de los días' y 'Lex Luthor: Pura maldad'.

JAVIER FERNÁNDEZ

12 Abril, 2017



'Grandes autores de Superman: Walter Simonson - El hombre de arena'. Walter Simonson y otros. ECC. 160 páginas. 16,95 euros.

De la oferta mensual de Superman, les rescato aquí tres títulos que reeditan material de épocas bien diferentes. El primero es El hombre de arena, nuevo tomo de la colección Grandes autores de Superman, dedicado ahora a Walter Simonson. El libro recopila el Superman Special (1992), escrito y dibujado por Simonson, Superman: The Last God of Krypton (1999), escrito por Simonson y dibujado por los hermanos Hildebrandt, y el número 666 de Superman (2007), escrito por Kurt Busiek y dibujado por Simonson. Van también un puñado de ilustraciones de artistas de renombre como Barry Windsor-Smith, Frank Miller, Curt Swan o Geoff Darrow. De todo este material, seguramente lo más emblemático sea el especial de 1992, El hombre de arena, un homenaje al célebre arco argumental de 1971 Kryptonita nunca más, con el que Denny O'Neil, Swan y Murphy Anderson, bajo el paraguas editorial de Julius Schwartz, insuflaron nueva vida a las aventuras de Superman. Como dice Fran San Rafael en su epílogo: "se nota el cariño del autor por un cómic que, sin duda, marcó en su día su inminente carrera profesional".

Superman: El fin de los días reúne en un solo tomo el final de la intervención de Grant Morrison en la cabecera Action Comics tras el evento Flashpoint. Citando de nuevo a Fran San Rafael: "En 2011, cuando se anunció el arranque del Nuevo Universo DC, la visión que el guionista iba a dar de Superman se convirtió de inmediato en uno de los relanzamientos más esperados. Avalado por una trayectoria repleta de imaginación y por un conocimiento de las entrañas del personaje que ya había demostrado en anteriores ocasiones, como JLA o Crisis Final, Morrison cumplió las expectativas y deslumbró con una etapa sublime para la que contó con dibujantes del talento de Rags Morales o Ben Oliver". Van aquí los números 13 a 18 de Action Comics (2012-13), una maravilla rara y excitante en la que participa también Sholly Fisher, al guión, así como los dibujantes Brad Walker, Travel Foreman, Chris Sprouse, más el ya citado Morales. Se incluyen al final bocetos y diseños de personajes realizados por el propio Morrison.

Y cierro esta ronda de recomendaciones con Lex Luthor: Pura maldad, tomito que ofrece varios cómics seleccionados de la larga trayectoria del archienemigo de Superman, que permiten valorar las transformaciones sufridas por el villano a lo largo de las décadas. El libro se inicia con el número 23 de Action Comics (1940), la primerísima aparición de Luthor, de manos de Jerry Siegel y Joe Shuster. Siguen dos aventuras dibujadas por los míticos Swan y Anderson: el número 248 de Superman (1972), escrito por Len Wein, y el 544 de Action Comics (1983), parte del especial que celebraba el 45 aniversario del personaje y que tiene guión de Cary Bates. Además de esto, hay un episodio de la etapa de Byrne, otro del All-Star Superman de Morrison y Frank Quitely, una historieta corta de Greg Rucka y Matthew Clark y el prestigio Lex Luthor: Biografía no autorizada, de James D. Hudnall y Eduardo Barreto. Una delicia.


Malaga Hoy


jueves, 13 de abril de 2017

Caballos con arte

Los ejemplares de la yeguada de la Cartuja muestran en esta espectacular sesión los valores que guardan desde el siglo XV.
Texto: Fernando Sabater/ Fotografía: Peter Müller











El orgullo de Carlos V

Los caballos cartujanos alcanzaron un extraordinario prestigio internacional en tiempos del emperador Carlos V. En la fotografía, dos ejemplares posan junto al retrato que Tiziano realizó a Carlos V a lomos de uno de estos caballos en 1548 y un fragmento de la pintura de Isabel Francia en otro de estos caballos, obra de Velázquez de 1635-1636.

Según Víctor Hugo, "sin el caballo no habría hombre". Muy cierto, pero también la recíproca es verdadera: sin los hombres no habría caballos, porque los caballos son la primera tecnología punta inventada por la humanidad para conseguir fuerza, transporte y hermosa velocidad. El hombre ha soñado al caballo y se las ha arreglado para materializar su sueño en carne y crin, como quien talla una amatista o un berilo hasta que reproduce el ideal de una joya perfecta. Luego hemos puesto caballos en nuestros palacios y en nuestros campos de labranza, en las batallas y en el rapto de la amada, en las estatuas, en la conquista de lo desconocido y en la poesía. La humanidad desfila a caballo bajo el cielo vacío, y nuestra atropellada historia es una gigantesca carga de caballería...



 La Fuerza y la Nobleza
En las principales pinacotecas del mundo, los cartujanos, simbolos de energía y nobleza, fuerza y docilidad, ocupan un lugar destacado en los lienzos de los grandes artistas. En las imagenes, arriba, dos caballos de la Cartuja trotan delante del óleo Lucha de San Jorge con el dragón , pintado por Rubens y cuyo original se puede contemplar en el Museo del Prado.




La herencia de la Cartuja
Los monjes cartujos de Jerez de la Frontera lograron a finales del siglo XV salvar esta raza autóctona de caballos. El las fotografias, arriba, dos ejemplares de la Yeguada de la Cartuja que muestran que la herencia ha llegado perfecta hasta hoy. El primero, arriba, Hacendoso XXIII, de siete años, encima de estas líneas, Centenario VI, de ocho años.



El prometedor futuro
Los actuales responsables de la Yeguada de la Cartuja están decididos a mantener la nobleza de la estirpe y a la vez proyectar más su imagen hacia el futuro. En la foto, Ambiciosa IV con uno de los jóvenes valores de la cuadra, un potro del año pasado.


Ejemplar delante de Húsares al galope, obra de August Macke, en el Thyssen-Bornemisza

Cuando Hegel vio en Jena a Napoleón comentó que había visto pasar "el espíritu del mundo a caballo". Pero incluso sin un bandolero corso sobre su lomo, el caballo encarna el espíritu del mundo, el mundo mismo: es un microcosmos. Así lo reconoce un viejo poema indio, el Brhadaranyaka Upanishad: "En verdad, el alba es la cabeza del caballo; el sol, su ojo; el viento, su aliento; el fuego universal, su boca abierta; el año es su cuerpo; el cielo, su lomo; la atmósfera, su vientre; los puntos cardinales, sus flancos; las estaciones, sus miembros; los días y las noches, sus cascos; las estrellas, sus huesos; las nubes, su carne...". El universo en toda su gloria es un fenómeno equino y se condensa en el caballo que admiramos al pasar. Ese ruido de galope es como el rumor del tiempo ligero que se marcha o que viene a buscarnos: por eso nos emociona y nos parece sentirlo hollar nuestras alfombras y asomarse un momento, imprevisto pero bienvenido, a nuestras ventanas.

No contento con soñar al caballo, el hombre se ha soñado también caballo él mismo: ¡la ambición desbocada del Centauro! Sin renunciar a la primacía del jinete, tener juntamente el brío y el ímpetu de la cabalgadura. Considerar como igual mérito las ideas y las coces... ¡cuánta libertad! El centauro reúne lo mejor del hombre (según el hombre), cabeza y corazón, con lo mejor del caballo (¡según el hombre también!), fuertes patas y buenos riñones. Es el caballero perfecto y el yóquey más práctico, porque nunca necesita subirse ni bajarse de su montura, y no pierde momentos preciosos apretando la cincha.

Pero la condición de centauro debe presentar, además, otras paradojas y dificultades. Sobre el más ilustre de los centauros, sabio maestro de héroes, se hizo la gran pregunta Ortega y Gasset: "¿Qué mundo pensaría el padre Quirón galopando las praderas de esmeralda? A su torso humano pertenecía un mundo de visiones humanas; a sus lomos de caballo, un universo equino. Los nervios del hombre y de la jaca se unían en los mismos centros y las venas robustas hacían desembocar en un solo corazón la teología del europeo y la brama del semental. ¡Pobre corazón, vacilando siempre entre una potra y una bacante! Lo que para la mitad de sí mismo era verdad, era falso para la otra mitad; si entraba en una ciudad y llegaba a la plaza pública, sus labios habían de decir: he aquí el ágora, mientras sus cascos golpearían: he aquí un hipódromo".

Desde luego, en ningún caso podría tratarse del Hipódromo de Madrid, secuestrado de modo rufianesco hace más de tres años y en el que ya nada galopa salvo la sombra indigna de los especuladores, mientras Patrimonio Nacional bosteza y mata moscas con el rabo. Por eso los caballos, como ya no tienen hipódromo, invaden nuestros salones, posan entre nuestros cuadros y aromatizan con sano perfume de estiércol tapices y cerámicas. ¡Bien hecho! Como los bribones y la desidia les privan de lo suyo, vienen a reclamar lo nuestro. Pero son tan irremediablemente generosos hasta cuando invaden que nos traen la elegancia de su garbo tonificante para dignificar la cursilería de los tugurios en que vivimos. Todo lo que pisan sus cascos se convierte en tienda de campaña o en campo abierto. Y quizá lloran sin relinchos por nosotros, prisioneros de los estraperlistas, como cuenta el poeta que lloraron los indómitos caballos de Aquiles al ver muerto a Patroclo.


Sólo 440 ejemplares
La población mundial de caballos cartujanos es de solo 440 ejemplares. Más de la mitad pertenecen a  la Yeguada de la Cartuja (Hierro del Bocado).
En la fotografía, la perfecta silueta de un caballo de esta cuadra bajo un excepcional lienzo del Museo del Prado, La caída de Faetón , pintado por Jan van Eyck.


ASÍ SE HIZO
Un plato enorme. Muchísima paciencia. Treinta bellísimos caballos cartujanos. Reproducciones gigantes de lienzos guardados en los museos del Prado y el Thyssen-Bornemisza. La asistencia permanente de seis expertos en caballos, su cuidado y manejo. Medio año de trabajo... Así lograron el fotógrafo Peter Müller y el director creativo Gerry Roberts estas impactantes imágenes.


LA PASIÓN DE REYES Y ARTISTAS

De ellos se enamoraron emperadores, reyes y pintores; Carlos V, Felipe II, Felipe III y Napoleón Bonaparte; Velázquez, Rubens y Goya. Sintieron pasión por su figura sólida e ilustre, pegada a la tierra y a la vez aristocrática, temperamento enérgico y noble, poseídos por la estricta armonía en cada uno de sus rasgos y de sus miembros: cabeza fina, orejas rectas, ojos grandes y oblicuos, cuello ligeramente arqueado, grupa inclinada y musculosa. Los cartujanos representan un selecto club del 1 % dentro de la élite de los caballos de pura raza española. Son sólo 440 ejemplares, que condensan historia y arte en uno de los símbolos más internacionales de las esencias españolas. Y de esos pocos centenares, la mayoría pertenece a la Yeguada de la Cartuja-Hierro del Bocado, fundada en el año 1484 por los monjes cartujos de Jerez de la Frontera (Cádiz) y actualmente propiedad de Patrimonio del Estado, a través de la empresa pública Expasa, constituida en 1963. La Yeguada de la Cartuja, sin duda una de las ganaderías equinas más prestigiosas del mundo, cuenta con 225 caballos (90 machos y 135 hembras). Las instalaciones de Fuente del Suero, a orillas del río Guadalete, mezclan tradición y modernidad, historia y tecnología. Siguen con el irrenunciable objetivo de mejorar cada detalle de la ganadería, no perder la perfección de la estirpe, su patrimonio genético, acumulado durante cinco siglos; pero ahora sus responsables quieren también ganar popularidad, difundir más la poderosa estampa de sus caballos. De ahí que hayan programado visitas para el público cada sábado. Y de ahí también el libro al que pertenecen las imágenes de este reportaje, Yeguada de la Cartuja, arte español, del fotógrafo suizo Peter Müller, especializado en publicidad, y el creativo australiano Gerry Roberts, ambos afincados en Madrid. Desde que llegó a España hace 24 años, Müller quedó atrapado por Andalucía, el flamenco, los toros, los caballos. A ellos ha dedicado sus libros España por dentro y Oro y plata. Su relación con la Yeguada de la Cartuja le ha supuesto medio año de duro trabajo, bastante más que lo que se tarda, por ejemplo, en rodar la mayoría de las películas: "Tres meses de preparativos, y otros tres haciendo fotografías. Un trabajo de muchísima paciencia. Hay que tener en cuenta que hubo que dedicar mucho tiempo a acostumbrar a los caballos, a familiarizarlos con los flashes (lo que más les asustaba), a conseguir que estuvieran tranquilos y confiados, a lograr un ambiente sin presión. Muchos días sólo lográbamos una foto". Para las imágenes con reproducciones gigantes (de hasta 10 por 14 metros) de lienzos clásicos, Müller y Roberts trabajaron en un plato de más de mil metros cuadrados habilitado en una nave del recinto de lo que fue la Expo de Sevilla. Son todas escenografías reales; nada de superposiciones artificiales o tratamientos informáticos. En todo momento se contó con la asistencia de cuatro personas que trabajan en la yeguada, más dos veterinarios. Después de tantos meses, también ha quedado enamorado de ellos Peter Müller. Ha trabajado con 30 caballos; pero ha habido uno del que se ha encariñado especialmente: Poseído Vil, que ha merecido la portada del libro, pisando un lienzo de Rubens. "Su físico es un espectáculo", dice Müller. "Su carácter, extraordinariamente noble. Jamás dio un problema". El resultado es un alarde de belleza barroca al servicio de unos caballos que comenzaron a alcanzar fama mundial en tiempos del emperador Carlos V y que llegaron a cotizarse, el siglo pasado, 25 veces más que los ejemplares de cualquier otra ganadería de renombre. / RAFAEL RUIZ •


El Pais Semanal Nº 1.166/ 31 de enero 1999