lunes, 27 de marzo de 2017

EL MONJE DE LA MALA LETRA


La caligrafía esconde muchas de las piezas del rompecabezas del ser humano, desde las cavernas hasta el lenguaje cibernético. Nos adentramos en su magia e historia con el calígrafo y académico británico Ewan Clayton, un personaje que navega entre la sabiduría de los monasterios y Silicon Valley.

POR IGNACIO RUBIO


a caligrafía surgió en la oscuridad de las cuevas hace al menos 50.000 años. Cuando una de esas formas pintadas en las paredes logró expresar algo concreto para la comunidad surgió el primer signo, y cuando este se unió a otros fue posible la primera lectura. El origen del alfabeto como tal se reduce a un puñado de trazos utilizados para tomar notas de registro por los funcionarios del Imperio Medio de Egipto hacia el año 1850 antes de Cristo. Nuestro propio alfabeto procede de la escritura de los fenicios, que habitaban en ciudades costeras del actual Líbano como Tiro, Beirut, Sidón y la misma Biblos, la principal exportadora de papiro del mundo antiguo y a quien debemos la palabra biblioteca. El siguiente paso fue la fijación en los alfabetos griego y romano de 24 o 26 formas concretas proporcionadas. El secreto de la creación de las letras a partir de ese momento se basó en tener en cuenta las sutiles relaciones entre cada una de esas partes y en aprender a jugar con ellas.

Hoy día, la caligrafía -del griego kalos (bonito) y graphein (escritura)- se acerca a las nuevas disciplinas del diseño, aportándole un alma impensable con otras técnicas gráficas. En su faceta académica, su enseñanza es cada vez más corriente en la Universidad. La Biblioteca Nacional de Madrid dedica en estos días dos exposiciones a esta disciplina: Calígrafos españoles y Caligrafía hoy: del trazo al concepto. Pero si hay alguien que ha buceado en el misterio de las palabras, ese es el británico Ewan Clayton, exmonje en la abadía de Worth, asesor de Xerox en California, académico, escritor y director del Centro Internacional de Investigación de la Caligrafía de la Universidad de Sunderland (Reino Unido). Su libro La historia de la escritura, publicado este año por Siruela, es un recorrido primoroso por la evolución del alfabeto.

La vida de Clayton parecía predestinada al arte de la caligrafía. Su experiencia con el aprendizaje de la escritura comenzó con un estrepitoso fracaso infantil. "Cuando tenía 11 o 12 años, mi letra era tan mala que me hicieron repetir un curso en el colegio. Recuerdo cómo lloré cuando mi profesor me dijo que mi f estaba mal escrita. Yo asistía a una pequeña escuela en Ditchling, Sussex. Más tarde, en otra escuela, aprendí la letra itálica, y me gustó. Mi familia me animaba a seguir y me facilitaba libros de caligrafía. Mi abuela me regaló la biografía del padre de la caligrafía moderna, Edward Johnston (ella le había conocido ya que iba a danza escocesa con su esposa), y mi madre me prestó la obra básica de Johnston, Writing&Illuminating&Lettering, y me regaló un set de caligrafías. Empecé a hacerlas para otros niños de la escuela, que me pagaban con caramelos y postales, y en una ocasión escribí, usando una elaborada caligrafía, una cita que decía: 'La pluma es más poderosa que la espada'. Me pagaron con una postal en 3D de peces tropicales, y entonces me di cuenta de que iba por el buen camino".

El famoso Writing&Illuminating&Lettering, de Edward Johnston, en el que se recopilaba todo el conocimiento acumulado hasta entonces sobre las letras y la escritura, fue decisivo para Clayton. Su autor es hoy universalmente reconocido por haber sido el tipógrafo elegido en 1916 por el consejo del London Transport para realizar la tipografía del logotipo del metro londinense, que "debía tener la osada sencillez" de la rotulación clásica romana y sin embargo "pertenecer inequívocamente al siglo XX". Aún subsiste.

Osada sencillez. Retrato de Ewan Clayton, gurú de la caligrafía mundial, académico y autor del libro
La historia de la escritura (Siruela).
FOTOGRAFÍA DE ROGER BAMBER


Pero la danza escocesa no fue el único nexo de Clayton con su maestro Johnston: sus abuelos vivieron en la colonia campestre para artesanos fundada en 1907 por el maestro tipógrafo Eric Gill, en Ditchling, en los alrededores de Brighton. Esta comunidad semisocialista se había convertido en una influyente colonia de artistas entre los que estuvo el propio Edward Johnston. Sus ocupaciones eran el tallado de inscripciones en piedra, el grabado en madera y diversas tareas tipográficas para prestigiosas editoriales. Por allí apareció muchos años después un Ewan Clayton adolescente dispuesto a aprender a tallar con un cincel sobre roca caliza. Al salir de la universidad, concluyó su formación como calígrafo y se inició en los secretos de la encuademación. Aprendió a cortar una pluma de ave, a preparar el pergamino y la vitela para escribir, y a hacer libros a partir de una pila de papel, cartón y pegamento, aguja e hilo, y fue cuando tenía veintitantos años cuando sufrió una crisis que le llevó a ingresar en un monasterio. "Siempre había soñado con ser monje. A los 28 años tuve cáncer y empecé a pensar en aquellas cosas que siempre había querido hacer. Cuando me recuperé, me di cuenta de que necesitaba cumplir con esa obsesión. Viví durante 12 años en un monasterio".
Podríamos imaginar a Clayton iluminando códices enormes al estilo medieval, pero la cosa no era tan romántica: "Mi trabajo consistía en hacer portadas para los boletines de los actos eclesiásticos, grandes carteles para la Iglesia (normalmente en equipo), diseñar pequeños folletos y logos e incluso rediseñar el cementerio. Aún me ocupo de esculpir las lápidas de los monjes porque mi relación de amistad con esta comunidad continúa invariable".

Del monasterio saltó a un centro de investigación de alta tecnología; Clayton pasó de la pluma de ave y los libros encuadernados a mano al correo electrónico y el universo digital. A finales de los ochenta fue contratado por la firma Xerox PARC, en Palo Alto (California). "Los científicos de Xerox inventaron mucha de la tecnología actual: el concepto de Windows, la interfaz gráfica de los productos de Apple, el procesador de textos que dio lugar al Word de Microsoft, el lenguaje de descripción de imágenes que se convertiría en el PDF, la impresora láser y la idea de pequeños dispositivos móviles de ordenador. Pero sus directivos no fueron capaces de ver la importancia de todo ello para el futuro. Entendían Xerox como una empresa de fotocopias, así que muchos de los trabajadores abandonaron la compañía. Fue entonces cuando Xerox se dio cuenta de que había cometido un error enorme: habían inventado el futuro, pero se les había escapado de las manos. Comprendieron que habían ligado de forma errónea la identidad de su compañía a una tecnología". Según Clayton, cuando se desarrolla cualquier tecnología, necesitamos tiempo para saber cómo usarla. Cuando se introdujeron los billetes electrónicos en el metro de Londres, las autoridades contrataron a un grupo de personas para que atravesaran los tornos giratorios durante toda la jornada para que el resto de viajeros pudiera ver cómo funcionaban. "Lo importante del PDF, una de las innovaciones de Adobe, era que permitía tratar los documentos almacenados en un ordenador como si fueran de papel. Esa era la clave".

'Voz', de Ewan Clayton. Caligrafía realizada con pulma de ganso y tinta sobre papel. EWAN CLAYTON

Es en Summer Stone, director de tipografía de Adobe en 1984 y personaje mítico en la California de aquellos años, en quien parece recaer el mérito de ser el nexo de unión entre la antigua tradición tipográfica y el ordenador. Stone se aseguró de que se hicieran fuentes tipográficas digitales incorporando también las de antes de la invención de la imprenta y encargó una de inspiración griega, la Lithos; otra inspirada en las letras de la columna de Trajano, la Trajan, y otra de inspiración anglosajona pese a su nombre, la Charlemagne. La historia de la escritura resume la evolución de la idea que el hombre tiene sobre el acto de leer y escribir. Por ejemplo, en la Grecia clásica, leer era considerado una amenaza para la libertad del ciudadano: la persona que veía las palabras de un texto y empezaba a leerlo era poseído por el espíritu del escritor, al que se prestaba el aliento en una clara manifestación de servidumbre. Tuvo que intervenir Platón para solucionar el enredo. En Fedro argumentaba que lector y escritor eran en realidad compañeros en la búsqueda de la verdad, cómplices en el amor por la sabiduría, y, por tanto, no podía haber esclavitud en la lectura. En el Imperio Romano, la escritura profesional estaba en manos de los esclavos, aunque la mayoría de los ciudadanos supieran leer y escribir. Un edicto de Diocleciano fijó los precios para los primeros escritores: por cien líneas "con la mejor letra", el precio máximo era de 25 denarios (frente a los 75 diarios que cobraba un pintor de brocha gorda). Amazon acaba de resucitar ese mismo concepto, el pago al escritor en función del número de líneas leídas por el usuario de una determinada obra.
"Podría parecer que el escritor queda de nuevo relegado papel de mero transcriptor del texto (y este, a su vez, en una simple mercancía vendida por líneas) y no es considerado un artista creativo y original cuya obra va mucho más allá de ese aspecto mecánico. Esta distinción fue uno de los puntos que la ley de copyright denunció a finales del siglo XVIII. El concepto de autor creativo dueño del resultado de su trabajo se convertía en la base de su derecho al texto. Abandonar esta idea podría llevarnos a inesperadas consecuencias para el copyright", señala Clayton.

El británico identifica el momento exacto de la historia en que se produce el cambio entre la tablilla de cera y el pergamino: el año 85 después de Cristo. En ese momento, el poeta romano Marcial escribía: "Existe un nuevo formato de libro, hecho con hojas de pergamino, que es una novedad. Se puede encontrar en la tienda del liberto Secundino, cerca del templo de la Paz". Con los siglos, la demanda de libros aumentó, había que economizar recursos y un nuevo invento nacido en China hacia el año 105, que había llegado hasta Bagdad en 709 y a Europa a través de Xátiva en 1120, comenzaba a hacerse popular: el papel. Sin él, la imprenta no hubiera existido; tampoco la tipografía.


El Pais Semanal Nº 2.038 18 de octubre de 2015



domingo, 26 de marzo de 2017

El misterio de las palabras


 La receta del médico o los grafitis son los últimos reductos de la escritura a mano en la vida pública. Hay quienes incluso cuestionan la pertinencia de su enseñanza en los colegios. Sin embargo, hay razones para defender su vigencia: ni la máquina de escribir ni la pantalla son reflejo de nuestra individualidad. Dos exposiciones en la Biblioteca Nacional de Madrid recuperan los trazos más bellos de la caligrafía.

Arte manuscrito. En esta doble página, reproducciones del Cuaderno
de caligrafía (1703), de Marcos Fernández de las Roelas, expuestas en la
Biblioteca Nacional de España (Madrid) hasta el 10 de enero de 2016.



nota mi dirección". "No: mándamela por SMS...". Este diálogo actual refleja muy bien el retroceso de la escritura a mano. Un padre aún puede escribir a sus hijos instrucciones para la cena en una nota en la nevera, pero más probablemente se las enviará tecleando en su móvil. En la vida pública, el último reducto del manuscrito es la receta del médico, esos garabatos que solo el farmacéutico puede descifrar. O quizá los grafitis en los muros: consignas políticas, declaraciones amorosas o los barrocos tags de los grafiteros. No es de extrañar, pues, que haya quien proponga que los colegios dejen de enseñar a escribir y lo sustituyan por clases de uso del teclado y escritura a dos pulgares. En el terreno digital, las tabletas, que por su pequeño tamaño tienen teclados incómodos, pueden coexistir con la escritura manual: algunas transforman lo que se escribe con un lápiz especial sobre la pantalla en texto "de ordenador".


A diferencia del habla, que es una función natural, la escritura es artificial. Un niño en contacto con hablantes de cualquier lengua la adquirirá sin darse cuenta. Pero la escritura es un código creado por la civilización, a veces independientemente, como ocurrió con siglos de diferencia en Mesopotamia y Centroamérica. Hay escrituras alfabéticas (la del español, que es casi fonética, o la hebrea, solo de consonantes), las hay que representan sílabas (como el hiragana japonés) y otras en las que un carácter puede tener una parte semántica y otra fonética (como el chino).

Casi todas las culturas escritas tienen ciertas formas de uso cotidiano y otras cuidadas y que se consideran más bellas: estas constituyen la caligrafía. En Occidente, la letra recargada y llena de adornos se usó básicamente para documentos oficiales (y aún queda un eco en ciertos diplomas y títulos), pero en China es un arte practicado hasta nuestros días.

Con la aparición del ciudadano moderno en el siglo XVIII se extendió la alfabetización, en su doble vertiente: lectura y escritura. Saber escribir servía a la gente para llevar sus propios registros (gastos, cosechas, acontecimientos familiares...). Pero unas capacidades un poco más elaboradas, y una letra legible y uniforme, podían convertirse en un empleo: escribientes, secretarios y oficios similares, desempeñados con pluma y tintero sobre un escritorio, que fueron la espina dorsal de la burocracia estatal y de las empresas antes de la difusión de la máquina de escribir, en el último cuarto del siglo XIX.

El dominio de la escritura permitió otra gran revolución: la comunicación personal. Las novelas del XVIII están llenas de notitas y cartas amorosas que permitían a las almas apasionadas proyectar sus idilios en el tiempo y en el espacio. Cuando al dominio generalizado de la escritura se añadió un sistema barato y fiable para su transporte, con el servicio estatal de correos (en vez de confiar la carta a un mensajero), la comunicación manuscrita estalló exponencialmente. La ciudadanía no solo podía redactar por sí misma sus cuitas amorosas, sino que el buzón de correos permitía confiar anónimamente el mensaje a un sistema rápido y eficaz. Con la llegada de las tarjetas postales, su uso se disparó: en las dos décadas anteriores a la Gran Guerra circularon unos cinco mil millones.

¿Cómo escribía la gente? Los primeros balbuceos del castellano en San Millán, el diario de Colón en su viaje a América, las 10.000 o 20.000 cartas que escribió Teresa de Jesús, la denuncia de Góngora acusando a un inquisidor de relaciones inmorales, los cálculos para la medida del meridiano de Jorge Juan en Perú, el borrador de contrato de Larra para que una empresa representara sus obras... Todos se escribieron básicamente con un cilindro hueco acabado en una punta cortada al bies que se mojaba en un tintero. Podía ser una caña o una pluma de ave, y posteriormente un soporte rematado en una plumilla de metal. Hasta mediados del siglo pasado, en muchas escuelas españolas, plumilla y tinta éra lo que se usaba normalmente para aprender a escribir.

Letras de libros.
En esta doble página, tres caligrafías realizadas por Diego Navarro Bonilla para este reportaje.


Estos instrumentos exigían una determinada posición de la mano y un ángulo constante respecto al papel. Cuando la pluma bajaba, creaba trazos más gruesos que cuando se elevaba o iba lateralmente, y eso contribuyó a crear un estilo de letra característico. La letra manuscrita más común era cursiva (inclinada) y ligada (de letras enlazadas unas con otras). Casi cada país ha conservado un estilo propio, según su tradición caligráfica y su sistema de enseñanza, y además suele haber diferencias entre la escritura de hombres y de mujeres.

La situación no cambió mucho ni siquiera cuando el último cuarto del XIX alumbró la estilográfica, básicamente una plumilla más un depósito de tinta. La revolución llegó con el bolígrafo (tras la II Guerra Mundial) y el rotulador (popularizado en Japón hacia 1960), que escribían en cualquier ángulo respecto al papel, rompiendo la disciplina de la postura... y deformando la letra. La proliferación actual de ordenadores y dispositivos móviles debe de estar alarmando seriamente a los fabricantes de estos instrumentos, porque Bic, la marca de bolígrafos francesa que domina el mercado, ha lanzado en Estados Unidos una campaña a favor de la escritura a mano.

Donde las cosas están cambiando es en cómo enseñar a escribir a los niños. El procedimiento clásico (que no ha desaparecido del todo) era hacerles trazar hileras de palotes y oes. Luego se copiaban las letras, en minúscula y mayúscula, y después sus combinaciones, para aprender cómo se enlazaban unas con otras. Hoy día se tiende, más que a trabajar la forma, a enfatizar la producción de mensajes. La escritura se intenta introducir cuando hay una cierta madurez cognitiva y motriz (cinco-siete años). Hay países donde está regulado qué tipo de letra enseñar: Finlandia y zonas de Estados Unidos han sido noticia recientemente porque han renunciado a enseñar la típica cursiva
escolar, sustituyéndola por letras aisladas ("letra de imprenta"). Eso refleja también la evolución de los usos: hoy la mayoría de los adultos utilizan, en vez de la letra ligada que aprendieron en la escuela, una sucesión de letras aisladas. La cursiva es más rápida (su nombre viene del verbo latino "correr"), pero mucho menos legible. En España no hay una postura unificada sobre qué letra usar y la decisión queda para cada centro, o incluso para cada profesor. Pero hay una tendencia a la simplificación: por ejemplo, las clásicas mayúsculas recargadas de la cursiva se sustituyen por letras de imprenta.


onsideramos necesario seguir enseñando la letra manuscrita? Hay motivos para contestar afirmativamente. La escritura a mano es autónoma y energéticamente independiente: en caso de necesidad, uno puede dejar una nota sobre un trozo de papel, o incluso grabar unas palabras sobre la pared. Pero, además, cuando los niños aprenden la letra escolar están trabajando unas habilidades motrices finas, que luego podrán aplicar a otras muchas cosas: atarse los cordones de los zapatos ¡o incluso utilizar un teclado! Escribir a mano un texto es una buena forma de memorizarlo. Las enfermedades mentales pueden influir sobre la letra: algunas provocan que disminuya su tamaño hasta extremos casi ilegibles.

Por esa razón, o tal vez como recurso creativo, el escritor suizo Robert Walser escribió a lápiz muchísimas páginas de letra diminuta o microgramas. ¿Y será cierto lo opuesto? ¿Cuidar la letra puede detener el deterioro mental? Eso pensó Rafael Sánchez Ferlosio, quien para superar los daños que le habían causado años de consumo abusivo de anfetaminas se dedicó a ejercicios caligráficos: "Yo creo que la caligrafía salva del alzhéimer", escribió.

El manuscrito tiene una característica evidente, comparado con la máquina de escribir o la pantalla: la individualidad. La letra de una persona es algo exclusivo, como sabe bien el amante que reconoce ya desde el sobre una carta de su amada... O el criminal que disfraza su escritura para no ser reconocido. Pero un experto puede distinguir una letra creada espontáneamente de otra disfrazada. Estos analistas de la escritura se llaman "peritos calígrafos". Recientemente se ha recurrido a ellos para saber quién y cuándo escribió los libros de cuentas del exsecretario del PP Luis Barcenas.

Si uno estudia una determinada letra, ¿podría sacar conclusiones sobre la psicología de su autor? Los partidarios de la grafología creen que sí, pero hoy se tiende a considerar que carece de base científica. La CÍA pidió informes en 1993 para saber si las técnicas grafológicas podían decir si una determinada persona se derrumbaría bajo presión o si era proclive a hablar demasiado, pero concluyó que no.

Nada produce más sensación de extrañamiento que estar sumido en una escritura exótica. Por eso se dice en español que "esto es chino para mí", y en inglés, que "es griego". Cuando un artista pretende crear todo un mundo, no es extraño que diseñe también su propio sistema de escritura. Es lo que ha hecho el artista antes conocido como Zush con su escritura Evru, o las que traza el Codex Seraphinianus de Luigi Serafini: ecos manuscritos de mundos que tal vez no existen.



 Talento gráfico.
Voz, de Ewan Clayton. Caligrafía realizada con plumade ganso y tinta sobre papel. Arriba, caligrafía de Diego Navarro Bonilla.



 El Pais Semanal Nº 2.038 18 octubre 2015


sábado, 25 de marzo de 2017

La vida es un loop


Con su anterior obra, Richard McGuire desafío los límites del tiempo. Ahora publica un trabajo menos ambicioso, pero igualmente diferente: su recopilación de dibujos secuenciales para The New Yorker

GUILLERMO ARENAS







Supongo que no soy una persona normal", suelta Richard McGuire antes de deshacerse en una carcajada nerviosa. Justo antes, le habíamos recordado la frase incluida en el prefacio de su última obra, Dibujos secuenciales, que firma el escritor y crítico cultural Luc Sante: "McGuire posee un don especial para otorgar a los objetos inanimados de personalidad propia". "No sé, es solo mi manera de pensar", dice quitándose importancia. Pero no, no estamos ante alguien normal.

 Con su anterior libro, Aquí, McGuire alcanzó el reconocimiento internacional a través de dinamitar la línea temporal habitual del cómic imponiéndose una restricción espacial: todo lo que sucedía en aquella obra tenía lugar en un mismo lugar, el salón de casa de sus padres en Nueva Jersey, solo que la acción avanzaba y retrocedía en el tiempo, desde la época de los dinosaurios hasta el futuro. Una tarea titánica que comenzó con seis páginas en la mítica revista Raw y que le llevó 25 años completar. En comparación, su nuevo trabajo podría parecer algo menor, pero comparte algo con aquel: también se basa en mirar a la realidad y no ver lo mismo que los demás.

Dibujos secuenciales es la recopilación de algunas de las viñetas auxiliares que lleva publicando para la revista The New Yorker desde hace más de 10 años. En ella, las imágenes pensadas para ser un mero acompañamiento del texto se convierten en historias, pequeñas y sutiles, protagonizadas por objetos cotidianos. Aquí hay botes de kétchup, mostaza y saleros que interactúan, un triángulo amoroso entre un juego de cubiertos o útiles de aseo que cotillean entre ellos. "Me resulta muy agradable poder ver todos estos dibujos de nuevo, juntos, y comprobar que tienen una vida autónoma", confiesa el autor desde Nueva York, donde lleva trabajando en distintos campos —de la escultura a la música, la animación o el diseño de juguetes— desde fina¬les de los 70. "Me ayuda trabajar con ciertas restricciones", explica sobre la naturaleza mínima de esta serie de dibujos. "Me gusta el hecho de pensar en ellos como en haikus, como si tuviese un límite de sílabas que utilizar. Pensaba: 'Vale, solo tienes nueve movimientos, ¿qué puedes hacer para que funcione con esa estructura?'.





A veces también hay una cierta musicalidad en la secuencia, como si pudieses escuchar una pequeña melodía".

De eso McGuire también sabe bastante: antes de ser conocido por su obra visual fue el bajista de Liquid Liquid, breve pero muy influyente banda de la escena no wave neoyorquina. Suya es precisamente la línea de bajo de Cavern, una de las más sampleadas de la historia, utilizada sobre todo para construir bases de rap. "La gente me sigue mandando canciones en las que se utiliza Cavern", cuenta. "Es extraño cómo algo que hice hace años y que no esperaba volver a ver ha tenido una existencia propia. Es como encontrarse a un hijo perdido", explica antes de otro ataque de risa. "Es curioso", reflexiona, "parece que toda mi vida recorre círculos: la música que hice se reeditó hace poco, los juguetes que diseñé hace años también, publiqué Aquí después de comenzarlo hace 25 años... todo es como un loop. Incluso con Dibujos secuenciales, que ahora tiene su propia vida".

Animado por la gran acogida del que llama "mi libro más grande", está preparando otro ambicioso proyecto. "Espero que éste si sea algo completamente nuevo", bromea. "Algunos editores querían que hiciera la segunda parte de Aquí, pero no me gusta repetirme. Aún es pronto para decir nada, pero será otro libro, aunque conectado con más formatos". ©

Dibujos secuenciales está publicado por Salamandra Graphic.

Un ladrillo blanco

igual que en Aquí, cuya portada y contraportada componían una casa que invitaba al lector a fisgar a través de la ventana, Dibujos secuenciales también está concebido como un objeto.

"Esto viene de estudiar escultura en la universidad", recuerda McGuire. "Me gusta la cualidad física de los libros. En este caso, lo visualicé inmediatamente en mi mente como un pequeño ladrillo blanco". No se trata de un capricho; de esta manera nos obliga a centrarnos en cada una de las imágenes: "Es importante que los dibujos se viesen así, solo uno cada vez, que tengas que avanzar lentamente", asegura.


El Pais, Tentaciones nº23 abril 2017


jueves, 23 de marzo de 2017

Flavita Banana o la ilustradora que se ríe de las cosas del querer

Flavia Álvarez-Pedrosa, la joven tras las viñetas más ácidas y divertidas del momento, publica su primer libro con dibujo y texto con la mujer como protagonista.

ANA SALAS | 23 MARZO, 2017





Flavita Banana, a la que muchos conoceréis por sus viñetas publicadas en S Moda y por sus repercusión en las redes sociales, acaba de publicar Las cosas del querer (Lumen), su primer libro con dibujo y texto con la mujer como protagonista. Una mujer que, sin embargo, advierte Flavia Álvarez-Pedrosa, la mujer tras el dibujo de Flavita Banana, no es su álter ego, aunque algo de la vida, ya sea suya o de otros, tengan las viñetas. Asegura que Flavia es “menos cínica, más relajada y positiva” que las mujeres en blanco y negro de sus viñetas. En sus escenas también hay hombres pero lo que hay, sobre todo, son opiniones no exclusivas de un género, por lo que no es un libro de chicas sino “para todo el mundo”. Se ha esforzado en que así sea y en escenificar situaciones que “dentro de muchos años sigan teniendo actualidad”. Como, por ejemplo, cuando dice: “Quiero beber como una mujer, pegar como una chica y llorar como un hombre”.


La autora se reconoce feminista “como la mayoría de la gente aunque aún asuste la palabra, que no la definición” y así con sus dibujos hace su particular “lucha por la igualdad” entre hombres y mujeres.

Flavia Álvarez-Pedrosa tiene un estilo fácilmente identificable: dibujos de trazo grueso, sin demasiados detalles, aparentemente sencillos. Dejó el color acompañante hace un par de años pensando que el “negro sobre blanco es lo que más atrae al ojo humano”. Un dibujo a veces con un pequeño texto y otras solo, el que más le gusta a la ilustradora lleva una nota de humor, a veces tan ácido que falta cualquier tipo de carcajada. Tampoco es lo que pretende. Se trata simplemente de que el lector empatice con la escena que se encuentra. Para Flavia, su trabajo es una forma de humor, sabiendo que en una lectura detenida se aprecian “muchas imágenes que no hacen reír”, que en realidad son una “reivindicación ante temas difíciles de enfocar con sorna”. Representarlos desde la ironía es su objetivo; que sus dibujos inviten a una reflexión y hacer que el lector “se sienta cerca y quiera compartir” esa forma de ver las cosas.

Esa manera de enfocar las situaciones es la que a Flavia le funciona y es la que también aplica a su creación: “Si no creo que tengas razón y encima te cabreas, definitivamente creeré que yo llevo la razón. Si sigues a tu bola, convencida y encontrando chistes que defiendan tu posición probablemente me plantee que puedas tener razón. No digo que sea correcto, digo que aplico el sistema que prefiero que apliquen conmigo”, explica sobre el proceso de creación.

Primero llegan solas las ideas. Las anota y a partir de ahí les da “muchas vueltas a lo largo del día hasta encontrar eso que las hace chistosas o poéticas intentado dar con la frase más corta que las resuma y el dibujo adecuado que las represente”.

El amor es uno de los principales temas de sus viñetas. Al final es un sentimiento del que “no podemos pasar un día sin pensar en él”, y se incluye entre quienes lo sienten; porque “acarrea mucha felicidad pero una maleta de desgracias tremenda”; y aun así, también a ella le atrae enamorarse, incluso trata de hacerlo en ocasiones. Cuando lo consigue, como el resto, “me dejo llevar como una pluma”, reconoce. Es en ese momento cuando se da cuenta de que hace burla de las parejas. Pero no de todas, aclara: “Solo de aquellas que siguen ahí porque un día empezaron, porque es mayor su miedo a la soledad que las ganas de ser feliz”.

Ovetense de nacimiento (1987) creció cerca de Barcelona. A la ciudad se mudó a vivir hace ocho años. De padre español y madre francesa, pasaba los veranos en el país vecino, una influencia que le propició una educación “con mezcla de países e idiomas”. Flavia no siempre fue Flavita Banana. Así era cómo le respondía su compañera de piso americana cuando Flavia llamaba a Tina la vegetariana Tina Mandarina. Y con Flavita Banana se quedó.

Suele decir que sus referentes son Quino o Jean-Jacques Sempé, pero sin olvidarse de Serge Bloch, El Chaval y Claire Bretecher. Hay pocas mujeres en la lista porque “en el mundo de la viñeta periodística no ha habido muchas”, cuenta. Le gusta un estilo de décadas pasadas, de ahí que el tono de su trabajo no empatice con otras ilustradoras de su generación, por “el tipo de humor, el tratamiento de la imagen y el diseño del personaje”. Rechaza la etiqueta de ilustradora femenina al considerar que “unificarnos por haber nacido mujer es un poco absurdo”.

Tiene más de 160.000 seguidores en Instagram y le gusta a más de 400.000 personas en Facebook. Para ella, las redes sociales son su álbum de fotos, un “escaparate donde mostrar lo que hago y una especie de archivo y cronología de mi trabajo”. Donde todo es gratis y así quiere que sea. “Me gusta hacer viñetas, las publico y ahí quedan suspendidas”, dice. Siempre lo entendió así, como una especie de “portfolio” al que han acabado acudiendo revistas y editoriales interesadas en su trabajo.

Ahora ha sido Lumen (antes autoeditó Archivos Imperiales con 60 viñetas y una pequeña tirada, y comparte con Covadonga D’lom la autoría de Curvy) pero para otoño publicará nuevo libro con ¡Caramba!, una especie de recopilatorio de sus trabajos más notables, cuenta esta ilustradora que se pone pocos límites a la hora de crear.


El Pais. Revista S Moda

Las técnicas del maestro

A su larga trayectoria como artista, Will Eisner sumó una importante faceta pedagógica. A 'El cómic y el arte secuencial' le sigue 'La narración gráfica'.

JAVIER FERNÁNDEZ
22 Marzo, 2017


'LA NARRACIÓN GRÁFICA' Will Eisner.Norma Editorial. 172 páginas. 22 euros.

A su larga trayectoria como artista, Will Eisner (1917-2005; autor de clásicos inmortales como The Spirit o Contrato con Dios) sumó una importante faceta pedagógica, fruto de la cual nos han quedado diversos manuales, comenzando por El cómic y el arte secuencial. Dicho libro, publicado originalmente en 1985 (ampliado en 1990), fue seguido en 1996 por La narración gráfica, que tiene por subtítulo Principios y técnicas del legendario dibujante. Tal como explica el propio Eisner en su introducción a este último: "En (…) El cómic y el arte secuencial, me ocupé de los principios, concepción y anatomía de los cómics, así como de los requisitos del oficio. En esta obra, espero tratar la misión y proceso de la narración mediante dibujos". Estructurado en 12 capítulos (desde la Historia de la narración hasta Cómics e internet, pasando por La imagen como herramienta de la narración o Narración y estilo de dibujo), el volumen es un auténtico curso, profusamente ilustrado, sobre el proceso de realización de historietas, y una verdadera delicia incluso para el lector que no pretenda convertirse en historietista y solo quiera ampliar su conocimiento del medio.

Norma Editorial ya tenía en catálogo La narración gráfica (así como El cómic y el arte secuencial y la práctica totalidad de la obra de Eisner), pero nos ofrece ahora una nueva edición actualizada. En palabras del editor Denis Kitchen: "La intención de Will Eisner con La narración gráfica y sus otros libros educativos fue que se convirtieran en manuales vivos, con una trayectoria larga y utilidad duradera. (…) Para la nueva edición (…), prácticamente todas las ilustraciones han sido escaneadas directamente del archivo original de Eisner o, en caso de otros artistas, del mejor material disponible. En algunos casos, fueron usadas imágenes completamente distintas, incluyendo algunos descartes del propio archivo de Eisner. Cuatro nuevas secciones han sido añadidas para ilustrar diversos principios de la narrativa por dibujantes contemporáneos".


Malaga Hoy


El viaje interminable

'Alpha. Abiyán-Estación París Norte' es la historia de un marfileño que decide emprender el largo recorrido hacia Europa para reunirse con su familia

JAVIER FERNÁNDEZ
22 Marzo, 2017


'ALPHA. ABIYÁN-ESTACIÓN PARÍS NORTE' Bessora y Barroux.Norma Editorial. 128 páginas. 22,90 euros.

Leyendo Alpha. Abiyán-Estación París Norte me ha venido a la cabeza otro híbrido de literatura e imagen editado hace ya tres décadas por Norma: Venganza en Marruecos. Mil quinientas pesetas me costó el álbum de Tito Topin y Loustal (una pasta por aquel entonces, todavía me duele el bolsillo), esa extraña fusión de texto y dibujo, una especie de novela de género negro con tintes existencialistas escrita por Topin e interpretada, ampliada, con las luminosas estampas de un Loustal en estado de gracia. Me ha venido a la cabeza, digo, primero por los dos lenguajes que discurren paralelos en Venganza en Marruecos y en Alpha. Abiyán-Estación París Norte, y también por la estética cruda y expresiva de Barroux, que tiene algo de Loustal (al que tanto le gusta renunciar a los bocadillos de diálogo en sus trabajos), pero con el trazo más grueso. África está también presente en ambos libros, aunque aquí se acaban las coincidencias, pues son dos continentes diametralmente opuestos, el del exótico Marruecos y la terrible Costa de Marfil.

Lo de Topin y Loustal era, en palabras de este último, "un reportaje ficticio". Así lo explicaba el dibujante en una entrevista al tío Berni en el sitio web Entrecomics: "El escritor Tito Topin y yo hicimos un recorrido real a lo largo de la costa Atlántica de Marruecos, desde Tánger hasta Dajla, para basarnos luego en eso y contar una ficción". Esto es, partiendo de la experiencia real del viaje, los autores firmaron un policiaco, agobiante y pasional, con el omnipresente sol como testigo del drama. Alpha. Abiyán-Estación París Norte, en cambio, es la historia ficticia de un tal Alpha Coulibaly, un marfileño que vive solo desde que su mujer y su hijo partieran para Francia sin visado y que, un día, decide emprender el largo viaje a Europa, para reunirse con su familia y dejar atrás la miseria. Un viaje de horas por la vía oficial, que al sin papeles le costará no menos de 18 meses y un sinfín de penalidades, tal como se narra detenida, minuciosamente, en el libro de Bessora y Barroux. En un juego inverso, aquí la ficción es el punto de partida, y la realidad el resultado final. Y es que Alpha deja pronto de ser un personaje y deviene símbolo, representante de los emigrantes ilegales, de los sin patria, de los refugiados, y sus peripecias informan al lector de una de las crisis fundamentales del mundo actual, le permiten vivir la vida del desplazado, conocer y experimentar, aunque sea con la distancia de la página, el viaje de un Alpha cualquiera. De modo que la ficción se transforma aquí en reportaje.

La luz de Venganza en Marruecos equivale a la oscuridad de Alpha. Abiyán-Estación París Norte, y aquellos crímenes pasionales de traje blanco y sombrero son este miedo, la soledad y la tristeza infinita del que huye en busca de un mañana. La escritora belga Bessora nos regala un relato íntimo, conmovedor y angustioso, que el francés Barroux convierte en una estética potente y de alta intensidad. No por casualidad, el libro ganó el Premio Médicos Sin Fronteras 2015.


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La prima de riesgo

Goscinny y Uderzo llevan al cómic  al que fuera primer ministro y presidente francés Jacques Chirac a través del personaje Cayo Coyuntural en una crítica al capitalismo 

GERARDO MACÍAS
22 Marzo, 2017



ASTÉRIX EL GALO: OBÉLIX Y COMPAÑÍA. Guión: René Goscinny. Dibujos: Albert Uderzo. Edición Original Francesa: Obélix et Compagnie (Dargaud Editeur, 1976). Edición Española: Obélix y Compañía (Editorial Salvat, 2014).

EN la jerga de los economistas, se llama prima de riesgo a la diferencia en la tasa de interés que a un inversor se le paga al asumir una determinada inversión con una menor fiabilidad económica que otra.

En España, la ciudadanía de a pie comenzó a oír hablar de la prima de riesgo más o menos en 2004, cuando se comenzaba a asomar la crisis económica.

Generalmente, el argot económico nos suena a chino, y de eso se burlan René Goscinny y Albert Uderzo en el álbum de la serie Astérix el Galo titulado Obélix y Compañía (1976). En este álbum, el plan de Julio César consiste en reducir a los galos gracias al afán de lucro, ayudado por Cayo Coyuntural, joven graduado en la Escuela Imperial de Administración.

Este joven afirma que, introduciendo el dinero en un sistema económico basado en el trueque, convertirá a los galos en esclavos del sistema.

Cayo Coyuntural es una caricatura de Jacques Chirac, por aquel entonces (año 1976) a punto de dimitir como primer ministro francés, aunque continuaría en la política como alcalde de París (1977-1995) y presidente de la República Francesa (1995-2007).

El economista se encuentra El economista Cayo Coyuntural es una caricatura de Jacques Chirac en 1976, cuando estaba a punto de dimitir como primer ministro francés. con Obélix y le pregunta el precio de su menhir. Obélix le responde que simplemente lo cambia por otra cosa. Coyuntural convence al galo de la importancia del dinero, que le servirá para comprar bienes.

Al día siguiente, Obélix le lleva otro menhir a Cayo Coyuntural, pero éste le paga el doble que el día anterior, y le explica que se debe a la interacción entre la oferta y la demanda. Obélix se da cuenta de que no puede comer, porque ha invertido el tiempo necesario para cazar jabalíes en fabricar un menhir. Le compra su jabalí a un vecino, avisándole de que le comprará cualquier jabalí que pueda cazar. Al día siguiente, Cayo Coyuntural vuelve a subir el precio del menhir, pero exige a Obélix una mayor producción, ya que la oferta ha de satisfacer a la demanda.

Obélix se asocia con su cazador de jabalíes, que deja de cazar para fabricar menhires con él. Sin embargo, ahora necesitan que otros galos cacen para ellos.

Cuando la empresa de Obélix Caricaturas de Uderzo y Goscinny cargando a Pierre Tchernia, que participó en las versiones de dibujos animados y con actores reales del álbum `Astérix y Cleopatra'. reúne a cuatro fabricantes de menhires, Coyuntural le dice que tiene que mejorar la distribución, así que Obélix compra un carro para repartir menhires. Es decir, introduce innovaciones tecnológicas para aumentar la producción.

Astérix se percata de que el interés de los romanos por los menhires no es natural y decide darles de su propia medicina, así que convence a los galos para que fabriquen menhires para los romanos. Entonces se plantea un problema: ¿qué harán los romanos con todo el stock de menhires que están acumulando?

Cayo Coyuntural vende los menhires a un precio muy superior al pagado por ellos para recuperar la inversión y obtener un buen beneficio.

Coyuntural estimula la demanda de menhires entre el pueblo romano mediante una campaña publicitaria y los menhires comienzan a venderse como rosquillas en Roma.

Los empresarios romanos deciden fabricar sus propios menhires, de modo que el mercado romano del menhir deja de ser un monopolio.

Los fabricantes romanos venden los menhires a un precio más bajo para competir con el fabricante galo. César prohíbe la venta de menhires romanos, pero los fabricantes de Roma reaccionan con una campaña de huelgas que consiguen sensibilizar a la opinión pública.Cayo Coyuntural se ve obligado a bajar el precio de los menhires, de forma que no sólo dejan de generar beneficios sino que provocan pérdidas.

César ordena a Coyuntural frenar la compra de menhires a los galos, por lo que se desmonta por completo el sistema. Nos enteramos por boca del druida Panorámix de que una gran crisis azota Roma y se ha devaluado el sestercio.

El guionista dispara contra el capitalismo en fechas muy señaladas: entre las dos crisis del petróleo de los años setenta, cuando empezaba a derrumbarse el mecanismo montado tras la II Guerra Mundial para organizar la economía internacional.

Un guiño: cuando la legión que ocupa al principio del álbum el campamento de Pastelalrum es relevada, los últimos legionarios en retirarse son caricaturas de Uderzo y Goscinny cargando a Pierre Tchernia, que participó en las versiones de dibujos animados y con actores reales del álbum Astérix y Cleopatra.

La próxima semana: Las Meninas (2014), de Santiago García y Javier Olivares, narra cómo el famoso cuadro de Diego Velázquez se ha convertido en un verdadero icono cultural.


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SONRISAS de GIOCONDA

 Es la representación del arte con mayúsculas y también el motivo de inspiración para campañas de publicidad y decenas de productos horteras. Un retrato mítico y atípico del que aún se ignora casi todo. Hoy, lo más importante de 'Mona Lisa' es su leyenda. Por Joseph A. Harris.




'GIOCONDAMANÍA'. La sala del Louvre que la alberga es el punto de referencia para los novatos del museo.
FOTOGRAFÍA DE STEVE MUREZ

Me dejo llevar por la corriente y sigo el calor humano que procede de la cripta cavernosa situada bajo la pirámide de cristal del Louvre. En la segunda planta, el murmullo de fondo se convierte en clamor. El público lucha por acercarse lo más posible a una vitrina a prueba de balas y con aire acondicionado en la que se encuentra el retrato, pintado hace 500 años por Leonardo da Vinci, de una dama florentina. 

La multitud ignora, en gran medida, las demás obras maestras de la pintura clásica italiana que ocupan la sala -sus espléndidos tintorettos, veroneses y tizianos- y enfoca sus cámaras hacia la vitrina. Muchos se colocan al lado para hacerse una fotografía, como si estuvieran ante la torre Eiffel. Me recuerda las ocasiones en las que, cuando era un joven periodista, tenía que cubrir conferencias de prensa de celebridades, siempre caóticas y tumultuosas. Salvo que aquí la superestrella no dice nada. Se limita a devolver las miradas con una sonrisa fría y suficiente. Mona Lisa es la obra de arte más famosa de los 40.000 años de historia de las artes visuales, según el historiador del arte Roy McMullen, que ha estudiado el fenómeno. "La reconocen inmediatamente en todos los continentes, desde Asia hasta América", observa. "Ante ella, la Venus de Milo y la Capilla Sixtina quedan reducidas a la categoría de meras maravillas locales. Vende tantas postales como un paraíso tropical y es objeto de interés para tantos investigadores aficionados como lo sería un asesinato a escala internacional sin resolver". Como ocurre con muchas celebridades, Mona Lisa, hoy, es famosa por ser famosa. Las autoridades del Louvre opinan que la mayoría de los que visitan el museo por primera vez, lo hacen sobre todo para contemplar esta mezcla de arquetipo cultural y símbolo del kitsch. Es indudable que el cuadro ha pasado a formar parte de nuestro subconsciente colectivo.


Su categoría de símbolo mundial quedó confirmada en 1963, cuando el entonces ministro de Cultura francés, André Malraux, para quien el cuadro era "el tributo más sutil que ha rendido jamás el genio a un rostro viviente", envió la obra a Estados Unidos -10 años después iría a Japón- como una especie de embajador itinerante de la cultura francesa, a pesar de sus orígenes italianos. Al llegar a Estados Unidos, en enero de 1963, en su propio camarote del SS France, su recibimiento fue más propio de un potentado que de un cuadro. El presidente John F. Kennedy, de esmoquin, y Jacqueline Kennedy, con vestido de noche, le dieron la bienvenida formal a la National Gallery of Art de Washington, cuyo director, John Walker, la denominó "la obra de arte más famosa que jamás ha cruzado el océano". Aunque, por primera vez en su historia, el museo dejó sus puertas abiertas hasta por la noche, las muchedumbres tuvieron que aguantar esperas incluso de dos horas para ver el famoso rostro; un hombre preguntó a un vigilante para qué se utilizaba aquel edificio tan grandioso cuando la Mona Lisa no estaba allí. En febrero y marzo hubo multitudes semejantes en el Metrópolitan Museum of Art de Nueva York, con colas que se extendían por varias manzanas de la Quinta Avenida. En total, más de dos millones de norteamericanos pudieron echar un vistazo a La Gioconda.




REINVENTAR LA OBRA DE ARTE, 'Mona Lisa' es motivo de inspiración de todo tipo de productos. Desde 400 usos publicitarios hasta 61 artículos denominados Mona Lisa. Sobre estas líneas, retratos de Jean Ache al modo de Gaugin, Picasso y Modigliani.

Sin embargo, esa locura no fue nada en comparación con la de Japón. Cuando la Mona Lisa llegó al Museo Nacional de Tokio, en abril de 1974, 1,5 millones de visitantes invadieron el edificio y se sometieron a los empujones para poder lanzar una mirada de 10 segundos. Un guardia uniformado, encima de un estrado, dirigía el tráfico. En el exterior, la locura se convirtió en histeria. Docenas de bares y clubes decidieron llamarse Mona Lisa, y un local anunció un espectáculo de strip tease con ese nombre. Había un número de teléfono al que se podía llamar para oír una grabación en la que la dama decía, en italiano, que estaba encantada de encontrarse en Japón. Las japonesas empezaron a llevar vestidos oscuros y escotados, con manga larga, y a peinarse con raya en medio; algunas recurrieron a la cirugía plástica para obtener un aspecto más parecido a Lisa.

La imagen que inspira todas esas conductas tan extrañas queda definida en esa sonrisa firme y enigmática que ha suscitado miles de interpretaciones eruditas, explicaciones lúcidas y análisis absurdos. El famoso crítico de arte Bernard Berenson marcó la pauta de los debates llenos de seriedad al proclamar que Mona Lisa es el mejor ejemplo de la técnica de sfumato sutil y el modelado de luces y sombras de Leonardo. Durante siglos, muchos artistas han intentado igualarla como una especie de desafío definitivo, el Everest de la pintura al óleo. Uno de ellos, el artista francés Luc Maspero, se arrojó desde la ventana del cuarto piso en su hotel de París, a mediados del siglo XIX, y dejó esta nota de despedida: "Lucho desesperadamente desde hace años con su sonrisa. Prefiero morir".
La sonrisa no siempre ha suscitado deseos de morir, pero a menudo ha provocado perplejidad. ¿Es "más divina que humana", como decía un autor italiano del siglo XVI, o "mundana, vigilante y satisfecha", como dice el historiador británico de arte Kenneth Clark? En el siglo XIX, el pensador positivista francés Hippolyte Taine, al parecer, no pudo llegar a una conclusión, y la llamó, según las ocasiones, "dubitativa, licenciosa, epicúrea, deliciosamente tierna, ardiente, triste", mientras que el novelista Lawrence Durrell la calificó, lleno de picardía, como "la sonrisa de una mujer que acaba de devorar a su marido". La feminista Camille Paglia ha ido más allá: "Lo que dice Mona Lisa, en definitiva, es que los varones son innecesarios". Salvador Dalí, siempre provocador, llegó a responsabilizar a la sonrisa de la agresión sufrida por el cuadro en 1956, cuando un joven boliviano le arrojó una piedra que dejó una pequeña cicatriz en el codo izquierdo. La teoría de Dalí era que el joven, "enamorado subconscientemente de su madre, destrozado por su complejo de Edipo", se había quedado "asombrado al descubrir un retrato de su propia madre, transfigurado por la máxima idealización de la mujer. ¡Su propia madre, allí! Y, peor aún, una madre que le dirigía una sonrisa ambigua... La agresión era la única respuesta posible a esa sonrisa".






PERDER EL RESPETO. Desde que el cuadro fue robado por un ex empleado del Louvre perdió su carácter sacro. A su regreso, empezaron a mofarse de ella. Arriba, 'La Gioconda' a la manera de Leger, pintada por Warhol y a la manera de Gris.


En nuestra era, menos poética, se tiende más a buscar explicaciones fisiológicas para la sonrisa. ¿Era Mona Lisa -fuera quien fuera- asmática? ¿Era una mujer de su casa, encinta y satisfecha? Varios investigadores han llegado a la conclusión de que su sonrisa de labios cerrados se debe, probablemente, a que estaba siguiendo un tratamiento con mercurio, habitual en el siglo XVI para los casos de sífilis; de acuerdo con esta teoría, el mercurio le habría dejado los dientes horribles y ennegrecidos y la boca totalmente inflamada. Un médico danés opina que la modelo tenía una parálisis congénita que afectaba al lado izquierdo de su rostro, y, para apoyar su teoría, señala que tiene unas manos muy grandes, características de quienes sufren dicha enfermedad. Después de un estudio exhaustivo, un cirujano ortopédico de Lyón (Francia) concluyó que la media sonrisa de la dama era consecuencia de que estaba medio paralizada, ya fuera de nacimiento o por un derrame cerebral; en su opinión, así lo indica el hecho de que su mano derecha esté relajada, pero la izquierda esté extrañamente tensa.

Sin embargo, más intrigante que la razón por la que sonríe la modelo es el misterio de quién es exactamente la que sonríe. Una de las primeras menciones de una mujer llamada Lisa la hizo, en el siglo XVI, el historiador italiano del arte Giorgio Vasari, que en realidad nunca vio el cuadro en persona. En un texto escrito alrededor de 1550, 40 años después de la presunta fecha de realización del cuadro, Vasari relata: "Leonardo empezó a pintar, para Francesco del Giocondo, un retrato de Monna [variación de mona o madonna (doña)] Lisa, su mujer". Los historiadores saben que una tal Lisa Gherardini, de Florencia, se casó a los 16 años, en 1495, con Francesco di Bartolommeo di Zanobi del Giocondo, un funcionario florentino que tenía 35 años y había enviudado ya dos veces. No obstante, no existen pruebas de que Del Giocondo encargara el retrato a Leonardo, ninguna evidencia de que pagara al artista, ni, más importante, indicios de que le entregaran el cuadro, puesto que Leonardo lo conservó consigo hasta su muerte, en Amboise (Francia), en 1519. Tampoco menciona Leonardo el proyecto en ninguno de sus voluminosos cuadernos.

Por todo ello, los historiadores del arte han estado muy ocupados intentando adivinar a quién representa el retrato. Algunos apuestan por Isabella d'Este, a la que Leonardo conoció estrechamente en Milán y cuyo retrato dibujó a lápiz, quizá como estudio para un óleo. Otros proponen a Costanza d'Avalos, duquesa de Francaville, de quien se menciona, en un poema de la época, que Leonardo la pintó de luto, "bajo el hermoso velo negro". Incluso existen especulaciones sobre la presunta existencia de un segundo retrato de Mona Lisa. Sería un cuadro que encargó Giuliano de Médicis, quizá porque le gustó tanto el retrato original que decidió tener uno propio. Existen pruebas de que pidió a Leonardo que la pintara, por lo que es posible que el artista hiciera dos Mona Lisa, una para el marido de la dama, Francesco, y otra para Giuliano, que tal vez era su amante. Eso sí es motivo para una sonrisa.

A esto hay que añadir los métodos de alta tecnología. Lillian Schwartz, especialista en gráficos por ordenador en los laboratorios Bell de Lucent Technology en Nueva Jersey, ha aplicado técnicas informáticas al misterio. Después de invertir el autorretrato de Leonardo para que el artista aparezca mirando hacia la izquierda, y ajustar el tamaño de la imagen para superponerla con la de Mona Lisa (que también mira hacia la izquierda) en la pantalla del ordenador, Schwartz ha descubierto que la nariz, boca, frente, mejillas, ojos y cejas de ambos encajan a la perfección. Conclusión: Leonardo empezó el retrato de una mujer, y cuando se encontró sin modelo, se utilizó a sí mismo, sin la barba. Para respaldar su hipótesis, se fija en los dibujos de nudos, como de cesta, que decoran el corpiño de Mona Lisa. Teniendo en cuenta que a Leo-nardo, como a tantos poetas y artistas del Renacimiento, le encantaban las adivinanzas y los juegos de palabras, Schwartz establece una relación entre su nombre, Vinci, y vinco, la palabra italiana que designa las ramas de mimbre utilizadas en cestería. Y con eso establece una teoría: "Esa famosa sonrisa, tan enigmática durante varios siglos, es el reflejo de la sonrisa del propio Leonardo", asegura con confianza.


ARTE U HORTERADA. Al mismo tiempo que decenas de expertos del mundo se afanan en descifrar sus secretos, otros muchos la utilizan. De izquierda a derecha, convertida en un teleñeco, utilizada como un reloj de pared, y la original, pintada por Leonardo.
 FOTOGRAFÍA DE THE JIM HENSON COMPANY Y STEVE MUREZ


En el siglo XX, el arte ha ido evocando preguntas cada vez más prácticas, tales como: ¿cuánto vale? El rey Francisco I compró Mona Lisa para las colecciones reales de Francia por 4.000 escudos de oro (alrededor de 16 millones de pesetas). Hoy, los responsables del Louvre afirman que el valor monetario del cuadro es incalculable. Sin embargo, en 1911, la obra se encontraba en una categoría intermedia: era una pintura valiosa, pero todavía no era una obra tan famosa en el mercado mundial que resultara imposible venderla. Es decir, valía la pena intentar robarla.

Ese año se produjo el mayor golpe de la historia del arte. El 23 de agosto, los parisienses se despertaron con titulares tan estridentes como el del diario Excelsior: "La Joconde del Louvre, robada. ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Quién?". Las respuestas tardaron mucho tiempo en llegar, pese a que un ejército de investigadores franceses, alemanes, rusos, griegos e italianos dedicaron dos años a una búsqueda que les proporcionó gran entretenimiento, pero que resultó infructuosa. Entonces, cuando el público empezaba a resignarse, un trabajador italiano llamado Vincenzo Perugia se hartó de guardar el cuadro en el doble fondo de un baúl.

Perugia, que había trabajado en el museo, había aprovechado sus conocimientos sobre el edificio para llevarse la pintura. Le había convencido de ello un estafador argentino llamado Eduardo de Valfierno, que consiguió que un falsificador muy habilidoso realizara seis copias. Vendió esas copias a una serie de coleccionistas ávidos y poco escrupulosos -cinco en Norteamérica y uno en Brasil-, que creyeron que compraban el original, directamente procedente del Louvre. La estafa le permitió ganar a Valfierno el equivalente a 10.000 millones de pesetas. Cuando Valfierno no reclamó el original -porque lo irónico es que no lo necesitaba para su operación-, Perugia lo ofreció ingenuamente a un marchante florentino y le atraparon. Mona Lisa regresó a Francia el 31 de diciembre de 1913, en un compartimento especial del expreso Milán-París. La obra no había sufrido ningún daño físico.

En cambio, sí sufrieron daños la ciega veneración y el respeto que habían rodeado al retrato durante siglos. La aventura y su cobertura en la prensa, hecha en tono informal e irreverente, eliminaron parte de la mística de Mona Lisa. Fue el comienzo de la era de la giocondoclastia.

Dado que lo que estaba de moda eran la irreverencia y la reacción contra los valores burgueses, el cuadro que había sido la imagen de una belleza perfecta e inalcanzable se convirtió en objetivo ideal para artistas iconoclastas desesperadamente modernos, como los dadaístas, a quienes repugnaba la mera idea de obra maestra. Marcel Duchamp, líder extraoficial del movimiento antiartístico propugnado por los dadaístas, resumió el nuevo zeitgeist en 1919 con unas cuantas pinceladas. Utilizó una postal en la que figuraba una reproducción corriente, dibujó un bigote puntiagudo y una barba de perilla al sagrado rostro y añadió una leyenda subida de tono. En aquel momento, el mundillo oficial del arte se quedó estupefacto y horrorizado.

Hoy día, Mona Lisa se encuentra ante la paradoja de ser, al mismo tiempo, símbolo del arte y fuente de inspiración para horteradas. Los artistas pugnan por ver quién hace la parodia más escandalosa, las agencias de publicidad discurren la forma más divertida de utilizar la imagen para vender de todo. Los coleccionistas de objetos relacionados con La Gioconda tienen catalogados 400 usos publicitarios de la imagen y 61 productos denominados Mona Lisa, fabricados en 14 países.      

¿Alguien quiere burlarse del comercialismo de Dalí? No hay más que realizar un montaje con sus ojos y su bigote sobre la cara de Mona Lisa, y colocar las manos de él, llenas de dinero, en lugar de las de la dama. Touché! ¿Alguien desea tomarse a la ligera a algún personaje público como Stalin, De Gaulle o el príncipe Carlos? Sólo hay que caricaturizarlo como Mona Lisa. ¡Qué gracioso! El cuadro se ha convertido también en el preferido de los especialistas en digitalizar imágenes por ordenador. En París, Jean-Pierre Yvaral ha construido más de 150 Mona Lisa sintetizadas, formadas por dibujos geométricos que son abstractos cuando se ven de cerca, pero se convierten en La Gioconda cuando se ven de lejos.

A pesar de no ser crítico ni historiador del arte, Jean Margat tiene su propia respuesta al poder mítico de este cuadro sobre nuestra imaginación. Margat es un geólogo retirado que vive en Orleans (Francia) y preside la asociación Amigos de Mona Lisa, un club de coleccionistas de objetos relacionados con La Gioconda al que pertenecen asimismo personas tan alejadas entre sí como Pierre Rosenberg, director del Louvre, o una mujer en Ann Arbor, Michigan (Estados Unidos).

Margat y otros miembros de la asociación se reúnen para hablar de sus colecciones y compararlas. La de Margat ocupa gran parte de los dos pisos que tiene su casa, y abarca desde camisetas, carteles, bolígrafos, tazas, posavasos, condones, medias, relojes, cajas de cerillas y dedales con el rostro de Mona Lisa hasta objetos únicos, y muy caros, como una cortina de cuentas procedente de Vietnam, una alfombra persa y una escultura de tamaño natural hecha en dos clases de mármol. Su trofeo más reciente es una horterada creada en Brooklyn y conocida como la almohada risueña de Mona Lisa, que estalla en carcajadas cuando se la oprime en el centro. Los Amigos están creando una página en Internet y confían en asesorar a los responsables de una gigantesca exposición en torno a Mona Lisa que se pretende inaugurar en París para conmemorar el año 2000.

Para entonces es posible que el cuadro disponga de su propia sala en el Louvre, una sala en la que será más fácil admirarlo, gracias a la donación de 615 millones de pesetas que ha realiza-do una cadena de televisión japonesa. Ante esta muestra de patrocinio cultural, la mayor jamás habida en Francia, los conservadores del Louvre tienen sentimientos contradictorios. Prisioneros del mito, no pueden tocar Mona Lisa ni para limpiarla, por miedo a las protestas, pese a que el cuadro está sucio y cubierto de una gruesa pátina amarillenta y sería muy conveniente esa limpieza. "La nueva sala mejorará algo las cosas", asegura Cécile Scailliérez, conservadora de pintura del siglo XVI en el Louvre, "pero, por desgracia, aumentará su carácter de superestrella, al apartarla de las demás obras". A Jean Margat, el proyecto le resulta in-diferente. "La verdad es que no me gusta mucho el cuadro. Ni es expresivo ni parece una persona real. Pero supongo que es una obra intemporal, helas".

Joseph A. Harris, que vive en París, colabora frecuentemente con Smithsonian y afirma que aún intenta desentrañar la enigmática sonrisa de Mona Lisa.


 Publicado en El Pais Semanal número 1.209 domingo 28 de noviembre de 1999






Manuscritos del alma humana POR VIRGINIA COLLERA



Diccionario
del músico australiano Nick Cave redactado durante un viaje a Berlín en 1984.

FOTOGRAFÍA DE DAN MAGREE (ARTS CENTRE MELBOURNE)

Evernote. Post-It Plus. Tempo. Lift. Wunderlist. Son solo cinco de los cientos de aplicaciones que prometen mejorar nuestra productividad. Antídotos contra la distracción. Al final del día, la lista de tareas debe haber sido doblegada, que para eso vivimos, en palabras del filósofo coreano Byung-Chul Han, en la era de la "autoexplotacion". En las 80 páginas de su libro La sociedad del cansancio insiste en que vivimos atosigados por la multitarea. "Todos nosotros deberíamos jugar más y trabajar menos, entonces produciríamos más". Y él no solo predica, también practica: tras acabar Metalurgia en su Seúl natal, se mudó a Alemania para estudiar Literatura, pero pronto se daría cuenta de que era imposible recuperar el tiempo perdido: tenía demasiadas lecturas pendientes y él leía despacio. Así que se matriculó en Filosofía. "Para estudiar a Hegel, la velocidad no es importante. Basta con poder leer una página por día", ha justificado. El filósofo de moda no tiene prisa.

En las listas de los atareados del siglo XXI se acumulan tareas ingratas-, recoger el traje de la tintorería, enviar el informe corregido, comprar los billetes de tren, llamar al técnico de la caldera. En las del siglo XX, al menos en las recogidas por Shaun Usher en el volumen Listas memorables (Salamandra),
 
Johnny Cash anota que tiene que besar a June (y no besar a nadie más), Susan Sontag desgrana las normas para educar a un hijo, Albert Einstein enumera sus exigencias matrimoniales -"renunciarás a que salga o viaje contigo"-; Norman Mailer, sus diez novelas americanas favoritas, y el arquitecto Eero Saarinen, las razones por las que se había casado con la hermosa, atractiva, perspicaz Aline Bernstein Louchheim.

Por casualidad, el inglés Shaun Usher cambió un monótono trabajo de redactor publicitario por otro de entusiasta explorador de bibliotecas, museos y archivos -gracias al patrocinio de Tiny Letter, un servicio de envío de newsletters-. Por casualidad, mientras buscaba cartas para su repositorio online Letters of Note, se dio cuenta de la "obsesión de la humanidad" por las listas. Los mismos autores de esa correspondencia singular que luego recopilaría en el libro Cartas memorables (Salamandra) legaron listas de toda clase y condición. Y la saga de los tesoros manuscritos no termina: el año pasado, durante una visita promocional a España, Usher ya adelantaba que estaba reuniendo discursos para lanzar sus correspondientes repositorio y libro.

En los setenta, el artista Joe Brainard publicó el libro Me acuerdo -clásico de culto traducido al castellano en 2009 por Sexto Piso-, en el que enhebraba sus recuerdos en una larga y emotiva lista. "Me acuerdo de que mi tío tenía un 11CV con matrícula 7070 RL2. Me acuerdo de que Fellini me llamaba Snaporaz. Me acuerdo de mi primera noche de amor". Para el escritor Paul Auster esa enumeración había sido todo un acierto. Y es que a veces, escribió, bastan unas frases sencillas y contundentes para trazar "el mapa del alma humana".
 

 
Publicado en ELPAÍS SEMANAL Nº 2.044 Domingo 29 de noviembre de 2015
 

El diccionario de la TÍA

Allá va un inventario de conceptos 'mortadeloyfilemónicos', imprescindible para no perderse en las arriesgadas misiones de la TÍA, la agencia de Técnicos en Investigación Aeroterráquea, que da trabajo desde hace cuarenta años a estos dos elementos de cuidado. Por Jaume Vidal.
Autorretrato de Ibáñez en 1983, con su panda de famosos personajes.




PRESENTACIÓN EN SOCIEDAD. De esta guisa echaban a andar los dos agentes en 'Pulgarcito'. En sus primeras viñetas, ambos llevaban sombrero. Pronto enseñarían sus brillantes calvas.


Agencia de Información
Mortadelo y Filemón, antes de trabajar para el Estado, montaron un chiringuito como investigadores privados más cerca de ser una parodia de Sherlock Holmes -Mortadelo también se fumaba una o dos cachimbas para resolver casos- que de James Bond, personaje que inspiraría con posterioridad la serie.

'Clever & Smart'
Nombre con el que se conoce Mortadelo y Filemón en Alemania. También se publica en Dinamarca (Flip & Flop), Holanda (Paling en Ko), Portugal (Mortadelo e Salaminho), Suecia (Flink uch Fummel), Francia (Futt e tFil), Italia (Fortune & Fortuni), Grecia (Antupie Kai Symphonie), Finlandia (Älli ja Tälli). En catalán se llaman Mortadel-lo i Filemó.

El profesor Bacterio
Si el M16 tiene a Q como científico que desarrolla todo tipo de gadgets para las peligrosas misiones de sus agentes, la TÍA cuenta con el profesor Bacterio. La diferencia es que Q soluciona problemas, y Bacterio los crea. Sus inventos siempre tienen el efecto contrario al esperado.

'El sulfato atómico'
Contraproducente invento del profesor Bacterio. Historieta considerada por la crítica la mejor de las aventuras de Mortadelo y Filemón, consideración discutible, aunque indiscutible es su cualidad de ser la primera historieta larga. Existe un sector de la crítica que apunta como obra más lograda el álbum Contra el gong del Chicharrón, con desternillantes episodios como Va a parar a la mazmorra el vizconde de la porra.

El Súper
El superintendente Vicente es el alto mando de la TÍA a cuyas ordenes se encuentran Mortadelo y Filemón. Sufre la ineficacia de ambos, pero a su pesar, y sorprendentemente, son sus mejores agentes. Por extrañas razones sigue confiando en el profesor Bacterio. Cuando se enfada tiene malas pulgas. Fuma Visigodos con filtro.

Filemón Pi
Agente secreto de la escuela de Maxwell Smart. Compañero de Filemón en la TÍA, hijo de J. Vivales y María de la Matriculación. Vive en la pensión El Calvario. Su principal hobby es beber en botijo. Suele recibir muchos palos: los suyos y los que deberían ir dirigidos a Mortadelo, aunque, otra de las paradojas de la serie, él es El Jefe. Estudió derecho ante la imposibilidad de estudiar sentado debido a los azotes de su progenitor. Ibáñez, como venganza a su propia alopecia, lo dibujó con dos pelos.

Francisco Ibáñez
Francisco Ibáñez Talavera (Barcelona, 1936), dibujante de historietas. Prolífico autor que cree que el cómic no tiene mucho futuro. Aunque esta reflexión debe dirigirse al resto de compañeros de profesión, visto cómo de boyantes le van sus asuntos profesionales. Además de crear Mortadelo y Filemón, también es autor de La familia Trapisonda, 13 Rué del Percebe, Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio, El botones Sacarino y Don Pedrito... que está como nunca!

F. Ibáñez (Efe punto Ibáñez)
Firma de Francisco Ibáñez que en algunas de sus viñetas y portadas actúa como si se tratara de un personaje más.

'Gran Pulgarcito'
Revista de Editorial Bruguera donde se empezaron a publicar las primeras historietas largas de la serie, que luego se publicarían en álbumes formando la colección Magos del Humor, en la que se han publicado 92 títulos, la mayoría de los cuales pertenecientes a Mortadelo y Filemón.


EL PRIMER MORTADELO. Asi, con sombrero hongo y paraguas, era nuestro héroe en 1958.

Juegos de ordenador
Junto a Zipi y Zape y el Capitán Trueno, Mortadelo y Filemón son de los pocos personajes de cómic español que se han acomodado bien en el mundo de la tecnología informática. Existen diversos juegos de ordenador con su aventuras, como, por ejemplo, La máquina meteorológica o El sulfato atómico.

Mortadelo
Agente secreto. Actualmente en activo. Trabaja para la agencia de inteligencia (?) TÍA. Hace pareja profesional (de momento; una de sus aventuras se titulaba sospechosamente El armario del tiempo) con Filemón. Según declaró a la revista Top Comics, entre sus gustos se encuentran Joselito como cantante, Fernando Esteso como actor, el carajillo de calimocho como bebida, el bocadillo de sopa entre sus platos preferidos y Calimero como ídolo de su infancia. El nombre se les ocurrió a sus progenitores al ver la forma de su bebé. Antes de conocer a Bacterio lucía un espectacular tupé. El insigne profesor le dijo: "Pruebe esta loción, pruebe, que refuerza el cuero cabelludo".



AZNAR Y TEJERO. Siempre alerta, la TÍA sigue como nadie la actualidad. Arriba, Aznar en 'El ordenador... ¡qué horror!'. Abajo, Mortadelo como Tejero.
'Mortadelo'
Revista infantil de cómics. El éxito de Mortadelo y Filemón llevó a Editorial Bruguera a publicar su propia cabecera, aunque sólo fue de media cabeza: Filemón quedó al margen de la gloria. De esta publicación se derivaron nuevos títulos como Super Mortadelo, Extra Mortadelo, Mortadelo Especial y Mortadelo Gigante. Actualmente, Ediciones B publica la revista Top Comics Mortadelo.

'Mortadelos'
Papel moneda de pega que aparecía en las publicaciones de la extinta Editorial Bruguera y que servía para participar en concursos y sorteos. Los chavales los solían recortar mientras se zampaban un Bony, un Tigretón, un Pantera Rosa o un Bucanero, alternativa semanal a la diaria merienda del pan untado con Nocilla o con Tulipán y chóped.

Ofelia
Secretaria de la TÍA. No entiende cómo suelen reírse el resto de los agentes de su orondo cuerpo. De hecho, si no fuera por esos kilitos de más, se parecería, con sus botas altas de cuero y su minivestido rojo, a Jane Fonda en la película de Roger Vadim Barbarella. Cual Moneypenny del Servicio de Inteligencia Británico, le gusta flirtear con Mortadelo, aunque es muy suya cuando alguien intenta propasarse. Su inutilidad no desentona con el resto de la agencia. El Súper utiliza el apelativo de Burrigorda para llamarla. No se sabe si tienen algún asunto entre ellos.


Onomatopeyas
Palabras que por similitud fonética designan un sonido. Las más empleadas en la serie son: ¡Boom!, ¡Bang!, Clone, ¡Grrrr!, ¡Plaf!, ¡Paf!, ¡Plof! y ¡Raaaas! Ibáñez es todo un especialista en provocar hilaridad con golpes, roturas y batacazos.

'Pulgarcito'
La más emblemática de las revistas infantiles de cómic de Editorial Bruguera. En su número 1.394, correspondiente al 20 de enero de 1958, apareció por primera vez la serie Mortadelo y Filemón. Agencia de Información.

TÍA
Técnicos en Investigación Aeroterráquea. Servicio de Inteligencia dependiente del Ministerio del Interior. Resuelven, en la trastienda del Estado, todos los asuntos relacionados con la seguridad nacional. Su modelo organizativo está inspirado en la organización Control, el servicio secreto al que pertenecía el Superagente 86.

Transformismo
Capacidad del personaje para cambiar de vestuario rápidamente. Mortadelo, para adaptarse al medio en sus misiones, tiene un ilimitado fondo de armario. En una primera etapa, los disfraces aparecían de su sombrero de hongo. No hay objeto, animal, vegetal o persona del que no se haya disfrazado Mortadelo.

Vázquez
Manuel Vázquez (Madrid, 1930-Barcelona, 1995), junto con Ibáñez, el autor más popular de la factoría Bruguera. Creador de Anacleto, agente secreto y las Hermanas Gilda. El moroso del ático de la serie de Ibáñez 13 Rué del Percebe tenía cierto paralelismo con el personaje que de sí mismo se había creado. Lo que peor llevaba es que se le acercara algún listillo y lo confundiera con Ibáñez, quien siempre lo ha reconocido como uno de los grandes maestros de la historieta española.

www.mortadeloyfilemon.com
Web oficial en la que se incluyen la galería de los personajes de Ibáñez, los mejores disfraces de Mortadelo, venta de productos, juegos, logos para móviles y posibilidad de compra de productos Mortadelo y Filemón. Por fin, Filemón también recupera el protagonismo que se merece. •



EN EL MUNDO. El éxito de Ibáñez es transpirenaico y transoceánico, como lo prueba el impresionante documento gráfico de la arriba. Abajo, una página de 1992 que parecía prever los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York y la primera '13 Rué del Percebe', también obra de Ibáñez.


Publicado en El Pais Semanal número 1.374. Domingo 26 de enero de 2003