viernes, 27 de mayo de 2016

Leyendas del diablo

Grendel trasciende los géneros para conformar una saga fascinante que se expande por un universo plagado de escenarios, personajes y giros.

JAVIER FERNÁNDEZ



GRENDEL VOL. 1: HUNTER ROSE. Matt Wagner y otros. Planeta Cómic. 600 páginas. 45 euros.

A comienzos de los 80, el panorama del cómic americano independiente era un hervidero. Dave Sim había abierto fuego en 1977 con su Cerebus, y en apenas un lustro las estanterías se llenaron de propuestas audaces, alejadas de la ética de las grandes compañías: Flaming Carrot (1981), Nexus (1981), Destroyer Duck (1982), Love and Rockets (1982), etcétera. De la noche a la mañana, el mercado dejó de ser cosa de dos, merced al esfuerzo de empresas tan meritorias como Eclipse, Fantagraphics, First o Pacific. Uno de aquellos sellos editoriales era Comico, que, en 1982 lanzó la cabecera colectiva Primer, todavía a caballo entre el fanzine y la revista profesional. Entre sus colaboradores, figuraba el jovencísimo Matt Wagner (Pennsylvania, 1961), hoy convertido en uno de los nombres propios del tebeo estadounidense, al que se le ofreció la oportunidad de iniciarse en el medio con el segundo número de Primer. Allí fue donde comenzaron las aventuras de Grendel, personaje fetiche del autor y uno de los conceptos más originales de la historieta de acción de los últimos 30 años.

"Demonio, fuerza invisible, representación de la agresividad que parece poseer a diversos individuos con diferentes resultados", tal como lo definió Lorenzo Díaz en su Diccionario de superhéroes, Grendel trasciende los géneros para conformar una saga fascinante, que arranca con las aventuras del millonario y genio criminal Hunter Rose y se expande por un universo noir y futurista plagado de escenarios, personajes y giros argumentales. Es difícil definir este cómic de culto, y quizá no haya necesidad de hacerlo; se trata de una obra ambiciosa, interpretada a lo largo del tiempo por numerosos artistas (con libertad creativa, pero siempre bajo el control de Wagner y siempre con una notable calidad media).



Se da la circunstancia de que la trayectoria editorial de Grendel, que en Estados Unidos acabó encontrando acomodo en el catálogo de Dark Horse, ha sido de lo más errático en nuestro país, lo que ha dificultado su acceso a los lectores. Por fortuna, Planeta se ha decidido a rescatar la obra maestra de Wagner en cuatro volúmenes, a partir de los materiales de la reedición por parte de Dark Horse en formato Omnibus. El primero de ellos, cómo no, contiene las historietas protagonizadas por Hunter Rose, con quien se inicia el linaje del antihéroe. Van aquí compiladas algunas de las teselas más atractivas del mosaico que es Grendel, comenzando con Grendel: Diablo por sus actos, la versión definitiva del inicio de la saga, que Wagner retocó en diversas ocasiones desde aquel lejano número 2 de Primer. Van también las celebradas miniseries Grendel: negro, blanco y rojo y Grendel: rojo, blanco y negro, suma de historietas cortas firmadas por decenas de autores, así como Grendel: Contemplad al diablo, con el que Wagner celebró, en 2007, los 25 años de vida del personaje, y la breve Grendel: Simpatía por el diablo, también escrita y dibujada por Wagner. Son 600 páginas absorbentes y muy recomendables.

Malaga Hoy



Héroes y monstruos

JAVIER FERNÁNDEZ


THE LEAGUE OF EXTRAORDINARY GENTLEMEN, 1. Alan Moore, Kevin O'Neill. Planeta Cómic. 192 páginas. 20 euros.

La colección Trazado de Planeta Cómic ha completado el milagro de publicar íntegramente el Fénix de Osamu Tezuka. Han sido 12 tomos de gran formato, encuadernados en cartoné, con el orden de lectura original y un buen número de páginas a color. Todo un sueño, largamente postergado, para los amantes de la obra del Dios del Manga. El último tomo, subtitulado Egipto, Grecia, Roma, pone al alcance de los lectores cuatro sagas anteriores al propio comienzo de la serie (las tres del subtítulo junto con una versión prototípica de Los albores de la historia), una especie de ensayo general de la obra publicado entre los años 1954 y 1957. He venido recomendado puntualmente todos y cada uno de los volúmenes de Fénix, y ahora que al fin disponemos de la obra en su totalidad, vuelvo a invitarles a que se acerquen a este título singular y maravilloso, el más querido por su autor.



Y como la vida sigue, Trazado se ocupa ahora de reeditar otra serie sobresaliente del tebeo internacional: The League of Extraordinary Gentlemen, conocidísimo título de Alan Moore y Kevin O'Neill. Este primer tomo contiene materiales del volumen 1 de la Absolute Edition, que aquí se presenta en un formato muy manejable, con su tamaño original. Van los seis números de la miniserie inaugural y algún material extra, con nueva traducción y nueva rotulación (en un tamaño de letra más bien minúsculo, todo sea dicho). Esta Liga de los Caballeros Extraordinarios fue uno de los varios títulos con los que Moore asombró a propios y extraños a finales del siglo pasado, cuando se sacó de la chistera la línea America's Best Comics de una sola tacada, una línea que incluye virguerías como Promethea, Tom Strong o Top Ten. De todas aquellas series, The League es la única que sigue hoy en marcha, siempre con O'Neill en el tablero de dibujo. Héroes y monstruos de la literatura popular (Allan Quatermain, el capitán Nemo, Mr. Hyde, el Hombre Invisible, etc.) conforman esta suerte de supergrupo victoriano, pleno de aventuras y cargado de referencias culturales.

Malaga Hoy


Un maestro de maestros

JAVIER FERNÁNDEZ



CREEPY PRESENTA: ALEX TOTH. Alex Toth y otros. Planeta Cómic. 168 páginas. 25 euros.


Creepy presenta continúa ofreciendo monográficos del trabajo de los mejores autores que colaboraron con la mítica revista de terror de la editorial Warren. En este caso, es el turno del mismísimo Alex Toth, maestro de maestros, un dibujante revolucionario que amplió los límites de la historieta con su dinamismo narrativo y su atrevimiento formal. El volumen recopila 16 cómics publicados en Creepy entre los años 1965 y 1981, más cinco que aparecieron en Eerie entre 1966 y 1975, todas ellas pruebas del talento gráfico infinito de Toth, que dibuja y entinta todas las piezas, menos cuatro, realizadas en colaboración con Leo Durañona, Leo Summers, Romeo Tanghal y Carmine Infantino. En el apartado literario figuran guionistas como Archie Goodwin, Doug Moench, Steve Skeates, Bill DuBay, Roger McKenzie o el propio Toth. Sencillamente imprescindible.

Malaga Hoy

Los 80 de Snoopy

JAVIER FERNÁNDEZ 

SNOOPY Y CARLITOS, 17. Charles Schulz. Planeta Cómic. 326 páginas. 18 euros.


El décimo séptimo recopilatorio de Peanuts contiene las tiras diarias y dominicales de los años 1983 y 1984, más de 300 páginas consagradas a uno de los mejores cómics de todos los tiempos. Como afirma Leonard Maltin en su introducción: "Uno no puede ni debería juzgar una tira por una entrada individual; algunos días son más divertidas o inspiradoras que otras. Es la consistencia de Snoopy y Carlitos en estas tiras de principios de los 80 lo que lo hace genial. (…) ¿Cuántos escritores, artistas o actores pueden presumir de este nivel de talento después de tres décadas de producción continua? Esta es solo una de las razones por las que Charles M. Schulz era tan respetado en su profesión, y amado por el gran público".


Malaga Hoy

sábado, 21 de mayo de 2016

Entrevista a Miguel Gallardo en ABC

«La equivocación es la única forma de encontrar el camino, no me gusta la ilustración que no arriesga»

Miguel Gallardo es uno de los autores españoles que mejor ha sabido aguantar los vaivenes de la industria del cómic. De la «línea chunga» ha sabido pasar al cómic autobiográfico, además de ilustrar publicaciones como «The New Yorker»

 Miguel Gallardo, en plena acción

PABLO DELGADO - @pa_dg - 17/05/2016

Todos tenemos una historia que contar. Una experiencia que nos ha ocurrido a lo largo de nuestra vida y que nos ha llegado a marcar un antes y un después en nuestro camino. Esta experiencia la podemos dar a conocer a través de un medio de expresión, en el que nos sintamos cómodos para compartirla con el mundo que nos rodea. Esto lo hace a la perfección el ilustrador y dibujante Miguel Gallardo (Lleida, 1955). Con una amplísima trayectoría en la ilustración, es conocido en el mundo del cómic español por ser el creador de «Makoki» en 1977, el que sería el personaje más popular y emblemático del cómic pertenceciente al movimiento contracultural surgido en la segunda mitad del siglo pasado y que promovía manifestaciones artísticas marginales y contestatarias en los 80. Además de crear a Makoki, Gallardo fue miembro fundador en 1979 de la histórica revista «El Víbora», y autor fijo desde sus inicios. En estos primeros años fue uno de los máximos exponentes de la tendencia que se dió en llamar «línea chunga» y que ejemplificaba dicha publicación.

En los años 90 su carrera despega como ilustrador, llegando a ser muy reputado en el sector. Así, ha colaborado y colabora regularmente para varios diarios de tirada nacional como para revistas en nuestro país. Pero el punto de inflexión en su carrera fue cuando dejó sus inicios atrás y se sumergió en el desarrollo biográfico a través del cómic, y con ello llegó «Un largo silencio» y el éxito «María y Yo» (2007) (dedicadas a su padre y su hija respectivamente). En 2010 Felix Fernández de Castro dirigió un documental basado en el libro,que quedó finalista en los Premios Goya y los Gaudí de aquel año.

Además, volviendo al año de la publicación de «María y Yo», se produjo otro momento cumbre en su carrera con la llamada de la revista estadounidense «The New Yorker», con la que realiza varios trabajos. Todo ello compaginado con su faceta educativa en la que imparte talleres de ilustración además de charlas para padres y profesionales de su experiencia y compromiso con las personas con discapacidad.


Con un estilo personal en el que predomina un trazo garabateado llevado a la más alta expresividad y con una paleta escueta de colores, pero muy efectiva, nos trae este año un «Turista accidental» (Astiberri) en el que se muestra como un incansable viajero.

Lleva varias décadas dibujando historias ¿siempre tuvo claro que se quería dedicar a dibujar?

–Si, yo respondía bastante al tópico de nacer con un lápiz, siempre estaba dibujando, en casa, en el colegio. En vez de atender las clases, dibujaba. Era una especie de reino secreto en el que refugiarme.

¿Qué es para usted el dibujo?

–Ha sido un montón de cosas, al principio el dibujo es un fin en si mismo, uno quiere ser el mejor en su clase, el mejor dibujante de cómics, el mejor ilustrador del mundo. Cuando empezé a dibujar para María, mi hija de 21 años que tiene autismo, descubrí que era una via de comunicación importante y ahí descubrí que el dibujo es un lenguaje, una herramienta de comunicación, algo que vá mas allá de su aspecto artístico y estético.

¿Cuáles son sus ilustradores de referencia? ¿Qué puede llegar a inspirarle?

–He tenido muchos ilustradores en mi vida de referencia, como mi formación artística fue escasa, mirar a los maestros me sirvió de aprendizaje. Los ilustradores de mis primeros libros de aventuras, los dibujantes de Bruguera, los ilustradores del «New Yorker», pintores, animadores, Ben Shahn, George Grosz…no hago mucha distinción a la hora de inspirarme entre pintores, ilustradores o dibujantes de tebeos, no hago distinciones entre la llamada gran cultura y la cultura popular.

¿Cómo definiría la secuencia de viñetas dibujadas en un desarrollo narrativo? ¿Es más acertado hablar de cómic o novela gráfica? ¿Por qué?

–Esa es la pregunta del millón que todo el mundo se hace en estos tiempos y a mi, quizás por la edad, me parece una pregunta sin importancia, lo importante es que esa secuencia de viñetas es un arma poderosa para narrar, comunicar, educar y crear, todavía sin explotar del todo y subvalorada por mucha gente como material de usar y tirar.

En las últimas décadas ha habido un renacimiento del cómic ¿a qué se ha debido este efecto?

–Los medios de producción han cambiado, la cultura de la gente también. En una época básicamente visual se ha vuelto a redescubrir el cómic como un medio interesante. A partir de Will Eisner y de la etiqueta de Novela gráfica (signifique lo que signifique) se ha descubierto que el cómic no solo sirve a la industria del entretenimiento sino que puede generar historias universales, como «Maus», «Persépolis», «El arte de Volar» o «Poline». El cómic hace años era un artesanado en el que uno aprendía el oficio y luego se independizaba, un medio muy lastrado además por el peso del dibujo según unos cánones establecidos. Poco a poco la historieta se ha ido despegando de su carga estética y asumiendo el de arte narrativo, mezcla perfecta de texto e imagen.

¿Mediante el dibujo se puede despertar cosas invisibles como emociones, sensaciones o sentimientos? ¿Qué es lo más importante, el dibujo o la historia que se va a contar?

–Mi opinión es que una cosa no puede separarse de la otra.¿Cómo veríamos las historias de Tintin dibujadas de forma realista? ¿Cómo serían las historietas del bueno de «Cuttlas» de Calpurnio dibujadas a lo Gir? No tendrían ninguna gracia y nadie las entendería. Forma y fondo son lo mismo y la historia determina la forma de ser expresada.

¿En dónde podemos encontrar la belleza de una ilustración?

–Para mi la ilustración no es algo meramente bello, para mi la ilustración debería ser util en cada aspecto de los que toca. Una ilustración de prensa es bella cuando me obliga a leer el artículo que ilustra, cuando me sorprende, cuando resume en una imagen lo que se tarda muchas palabras en explicar.

¿Ha tenido miedo a equivocarse alguna vez cuando ha publicado un dibujo? ¿Se arrepiente de alguna ilustración que se ha publicado?

–¡Nunca! Las ilustraciones, para mi, no son obras únicas como las de un pintor o escultor, cada una forma parte de una cadena que son todas las ilustraciones que uno hace en un año, o en diez. La equivocación sirve para aprender y uno va probando en cada ilustración, forzando la máquina, la equivocación es la única manera de encontrar el camino, no me gusta la ilustración que no arriesga.

¿Qué requisitos considera necesarios para ser un buen ilustrador?

–Los mismos que cualquier otra profesión, ser una persona curiosa, aprender de todas partes, no solo de los maestros de la profesión, creo en las formaciones que engloban todo, cine, música, relacionarse con la gente… Además como condiciones extras: ser paciente, tozudo, estar preparado para grandes distancias, ser un buen agente de uno mismo, ser bueno con el márketing, nunca dejar de sorprenderse ni de aprender.

¿Qué debe tener una buena historia para que pueda ser de interés para el lector?

–Una buena historia, como cualquiera en el cine o en la literatura, te tiene que separar del mundo real y te tiene que obligar a entrar en otro diferente, a veces se consigue en las primeras páginas, a veces tienes que excavar y tener paciencia para conectarte a la historia para descubrir que ha valido la pena. Tiene que partir de las experiencias individuales o de la imaginación y tiene que tocar una materia común entre autor y lector, algo que haga que esa pequeña historia se convierta en universal.

¿El diseño de una portada de un libro o un cómic es parte esencial de la obra?

–Hasta la última letra que sale en un libro es parte esencial de la obra, la forma como se ponen los créditos que hay en la última página, con qué papel se va a imprimir. Todo deberían ser preocupaciones del autor. Una obra no se acaba en la mesa, se acaba en las manos del lector. Todo es importante.

Cuando realiza portadas o realiza ilustraciones para prensa ¿Sigue al pie de la letra el encargo que le han hecho? ¿Tiene total libertad?

–Normalmente hay un marco estrecho en la prensa que es el texto, uno a duras penas puede despegarse de eso, pero se puede jugar mucho. Ese marco aparentemente pequeño es la genialidad del ilustrador de prensa, tienes que comunicar, hacerlo de una manera directa y original sinb perder la atención del lector. En las portadas es lo mismo, tu portada va a estar colocada entre otras cien en el expositor, sobre el componente estetico tiene que primar la visibilidad y la claridad, esas son las lineas rojas.


Portada de «María cumple 20 años» (Astiberri)

¿Ilustrar un texto, es buscar otra forma de comunicar o de complementar?

–Cuando uno ilustra un texto también debería ilustrar su punto de vista sobre el texto. La ilustración y el texto en su máxima aspiración, juegan el uno con la otra, redondean una idea, se complementan o añaden sal a una idea. Tampoco hago mucha distinción entre cómic e ilustración, la narración se reduce a una sola imagen en la que tienes que encontrar soluciones sencillas y directas. La imagen es un lenguaje con sus propias figuras: metáforas, redundancias, elipsis.

Al abrir un libro o un periódico, ¿qué no soporta ver en una ilustración?

–Que sea una ilustración decorativa, el texto habla de política y utiliza una metáfora con elefantes y hay un elefante en la ilustración.

¿Ilustrar es un arte?

–Naturalmente, está en mi ideario desde siempre, no hay distinción entre ninguna disciplina. Hay obras buenas que son consecuentes con el mensaje y el medio y hay obras malas que son inútiles y no añaden nada al mundo, esa es la única distinción que hago.

Su obra se caracteriza por mezclar un dramatismo enfocado desde el sentido del humor ¿Qué es para usted el humor?

–Es una manera de digerir el mundo, de convivir cada día con él, de resolver los grandes problemas de la vida pero también los pequeños. Un punto de vista diferente sobre las cosas hace que todo tenga una dimensión más humana y manejable. Para mi es el engrasante de la vida y sin él me sería imposible sobrevivir.

Tiene un estilo definido en que predomina lo simple en la forma ¿cómo llegó a el? ¿Y el color, que papel juega en sus composiciones?

–El estilo como decía mas arriba viene de las equivocaciones y de los caminos erróneos más que de los aciertos. Cuando uno empieza como ilustrador siempre quiere demostrar todo lo que sabe y tendemos a llenar hasta el último hueco de la ilustracion y a utilizar estilos rebuscados y difíciles. Lo que uno aprende en una carrera es básicamente a limpiar. El color forma parte del contenido, desde el principio aprendí que el color es un lenguaje y que puede cambiar lo que transmites con el dibujo, también de ahí sale que mi paleta se haya reducido al mínimo.

La mayor parte de sus trabajos han pertenecido al cómic «underground». ¿Por qué en los noventa cambió y se decantó por el género biográfico?

–En realidad no se puede denominar «underground» porque publicábamos en «El Víbora», una revista que se distribuia en los kioscos. Mis primeras historias con Mediavilla sí que bebían mucho del cómic «underground» americano (en cuanto al estilo), pero yo estaba haciendo experimentos gráficos y narrativos en el marco que me permitían las aventuras de la pandilla de Makoki, ahí ya había apariciones furtivas de los autores; con «Perro Nick» me entretuve en hacer homenajes a todos mis referentes; en «Pepito Magefesa», en «Cairo» (estilo en las antípodas de la «línea chunga») construí una comedia con la parodia de los ochenta. Durante toda esa época no había dejado de hacer apariciones autobiográficas en pequeño formato en «El Víbora» y en pequeñas revistas. «Un Largo Silencio» que cuenta la historia de mi padre en la Guerra Civil era una idea que daba vueltas en mi cabeza y también un desafío para cambiar de género narrativo y de estilo otra vez. Pero a la postre, el cómic no es para mi un fin sino un medio para contar mis obsesiones y puntos de vista. El genero autobiográfico también es un marco mas para hacerlo.

En 2007 publicó «María y yo», obra autobiográfica sobre su relación con su hija que tiene trastorno del espectro autista y en 2015 volvió a mostrarnos la mirada de su hija, ya veinteañera, y su relación con el mundo. ¿Qué supuso en su carrera el éxito de «María y yo»? Y ¿qué espera de «María cumple 20 años»?

–«María y yo» fue un libro facil de hacer, pero fue dificil llegar hasta él, siempre digo que me costó 14 años hacer «María y yo». Hablar sobre la propia vida nunca es fácil, hablar de la vida contando algo que todo el mundo percibe como una gran desgracia lo es todavía menos. Yo creo que en mi carrera supuso el paso a adulto, el poder echar la vista atrás y poder hablar de cosas que hacían daño al principio y que el humor y la distancia me ayudó a encarar. «María y yo» no es una novela que hable del autismo o la discapacidad, «María y yo» habla de las realciones, de las relaciones entre padres e hijos, eso la hace universal.

Espero de «María cumple 20 años» que ponga en primera fila a los adultos con autismo o cualquier discapacidad intelectual, un sector de la poblacion invisible. Espero que la gente que lo lea entienda la larga maratón a la que nos enfrentamos los padres de personas con dificultades, pero que también entiendan lo asombrosa que es la vida de las personas y lo únicos y extraordinarios que somos todos, mas allá de las discapacidades que tengamos.

Realizó junto a Paco Roca la obra «Emotional world tour» una especie de cuaderno de viaje sobre sus obras obras y el efecto que éstas provocan en sus lectores,. ¿Cómo fue esta experiencia?

–Primero fue muy divertido y luego fue mas divertido aún. Poder trabajar con un dibujante de otra generación, llegar a un punto común para que tuviera pies y cabeza y poder seguir viajando y riéndonos del mundo fue un lujo. «Emotional World Tour» es además un buen libro que se ha quedado un poco en los márgenes. Es una historia que rara vez suele contarse, la vida detrás del teatro. El mundo del cómic en nuestro país, que es un poco de risa, visto a través de dos observadores privilegiados.

Un fragmento de «Turista accidental» (Astiberri)

Háblenos del último proyecto que ha realizado, «Turista accidental», otro cuaderno de viaje en donde muestra su experiencia y anécdotas en los viajes. ¿Cómo surgió la idea? Cuéntenos el proceso de elaboración del trabajo.

–De hecho la idea aparecio hace años, la profesión de ilustrador y de dibujante es muy sedentaria y poco dada al movimiento, en mi caso fue solo a partir del libro y el documental de «Maria y yo» que pasé a ser El Dibujante Que Habla (cosa no habitual al parecer) y que viaja. Yo que no me había movido apenas de Barcelona empecé a viajar a todos lados. «Tres Viajes», un libro sobre mis primeras salidas me proporcionó el estilo que sería el habitual de mis cuadernos. A partir de ese libro siempre viajo con una libreta nueva para dibujar. Casi nunca dibujo en directo, siempre lo hago de memoria, lo que me permite montar los recuerdos en una secuencia interesante para el relato. Cada libreta empieza y acaba con el viaje, tengo una colección de libretas con las primeras veinte páginas y el resto en blanco. Las libretas nuevas han pasado a ser mi fetiche para los viajes.

¿Qué supone para usted viajar tanto, ha influido en su trabajo? ¿Es parte esencial de este?

–Ahora ya es parte de mi trabajo. Durante estos últimos 7 años ha sido un ritmo vertiginoso en el que he empalmado un país con el siguiente a veces. Este libro es un poco el resumen de esta etapa de mi vida que es diferente a las otras. Como también ha pasado a ser parte de mi vida dar charlas para otros padres desde mi experiencia de padre de Maria.

¿Es cierto aquello que comenta en el prólogo Enric González de su despiste crónico y que se crece ante los misterios y las adversidades?

–¡Totalmente! De hecho una de las historias del libro habla de ello (bueno, en realidad TODO el libro habla de eso). Una historia que pasa en Málaga y habla de la creación del club de los TDA (Trastorno del Despiste Absoluto) y de cómo nos movemos por el mundo evitando por poco las catástrofes gracias al humor y a una suerte irrompible.

¿Qué le diría al lector para que abra «Turista accidental» por la primera página y lo lea? ¿Qué busca transmitirle?

–Lo primero: que se va a reir y que se va a sentir identificado en muchas de las situaciones que explico, porque cuando viajamos todos dejamos en manos de la suerte parte de nuestro destino. Con un poco de suerte mi libro también puede servir como guia «off» del viajero con sus consejos sobre enchufes diferentes y comidas exóticas. Lo que quiero transmitir es que cuando uno viaja (y me refiero a viajar en un amplio sentido: ir a comprar a la tienda de la esquina, ir a buscar un vaso de agua a la cocina) tiene que tener los sentidos abiertos y dejarse contaminar por todo, que cada vez que nos perdemos en un sitio o en una situación, aprendemos. Que los mejores monumentos que nos vamos a encontrar en nuestros viajes son las personas.

¿Habrá más turista accidental?

–Claro, habrá uno nuevo cada vez que salga de viaje. Esta vez he dejado ver a la gente lo que hago cuando viajo, les he dejado ver mi diario personal, pero puede ser que la próxima vez me los guarde para mi. Nunca tengo un proyecto siguiente, la verdad es que me los voy encontrando por el camino y me guio mucho por la curiosidad y la pasión. La máxima que rige mi vida en el trabajo es intentar no aburrirme nunca con lo que hago y aprender algo nuevo en cada proyecto.

Realiza trabajos para medios impresos como la revista «The New Yorker» ¿cómo es este proceso y experiencia cuando ilustra estos textos? ¿Cuándo y cómo le apareció esta oportunidad?

El cómic no es para mí un fin, sino un medio para contar mis obsesiones y puntos de vista
–Normalmente se trabaja con un agente en el sitio, en mi caso es Kate Larkworthy desde Nueva York. Las revistas o los periódicos se ponen en contacto con ella y me contacta a mi, yo hablo con el editor de arte que me manda el texto (todo esto teniendo en cuenta la diferencia horaria de 4 horas que lo vuelve todo un poco loco a veces), hago tres o cuatro bocetos los envío, discuten, me piden más o realizar cambios de paleta de color, y al final envío la ilustración original en alta definición. A veces son textos complicados con referencias locales que tengo que leer con mucha atención, pero de momento mi sentido del humor ha funcionado en Estados Unidos.

La oportunidad surgió en 2007 cuando me llamaron del «New Yorker» para hacer una pequeña ilustración y allí contacté con Sally Hefflin, mi primer agente. Ese fue uno de los momentos cumbres de mi carrera: «The New Yorker» envía dos ejemplares a cada colaborador (cosa inusual en estas latitudes), el día que me llegaron en un sobre con el logo del «New Yorker», esa revista con la que había soñado siempre, decidí que enmarcaría el sobre y me sentaría en un sillón para mirarlo. Pero al final me levanté del sillón porque me aburría.

¿En España se valora la ilustración y a los ilustradores lo suficiente? ¿Qué papel juega la ilustración en la cultura visual actual?

–Pues no, no se valora la ilustración en su valor justo que es el económico, como siempre. Cómo no, la ilustración se ha puesto de moda estos tiempos, pero la valoración del ilustrador como profesional es muy baja. En una sociedad que se ha vuelto eminentemente visual, el papel de los creadores de imágenes tendría que ser mucho más relevante. Todo o casi todo en nuestra sociedad necesita de la imagen para visualizarse y posicionarse. Aqui tenemos un número y una calidad de ilustradores que otros paises se disputan, la cantidad de españoles en agencias americanas es enorme.

¿Qué opina del diseño editorial en España? ¿Ve que las editoriales cuidan el diseño a la hora de elaborar sus catálogos?

–Hay una gran tradición de diseño editorial en España, sobre todo en Cataluña donde ha estado la industria editorial siempre. Con el mercado voraz que tenemos eso ha cambiado y los diseñadores editoriales suelen ser los comerciales de las editoriales con la consiguiente bajada de calidad. Por otro lado, han nacido pequeñas editoriales con proyectos de calidad que miman sus productos e incluso, a veces, a los ilustradores. Nada que decir de las grandes editoriales con productos de consumo que han hecho descender el diseño editorial español a marcas por debajo del suelo.

Para terminar, ¿qué es para usted el libro? ¿Cree que el libro tal cómo lo conocemos actualmente desaparecerá?

–No creo, un libro es cualquier cosa que se lee, yo estoy dispuesto a leer en cualquier soporte sea físico o digital o neuronal. Un libro no es pasta de papel cosida y una portada, un libro es lo que hay dentro. Creo. Leería un libro escrito en un palillo si creyera que es interesante y que solo puedo leerlo ahí. Las historias que leemos y que nos contamos siempre han encontrado el camino para llegar a nosotros.


ABC

viernes, 20 de mayo de 2016

IDA Y VUELTA Estética de lo inacabado por Antonio Muñoz Molina


La exposición Unfinished trata de lo accidental en las obras de arte, lo que se queda abierto, lo que no llega a terminar

ANTONIO MUÑOZ MOLINA

El desollamiento de Marsias, obra realizada por Tiziano entorno a 1570. © Archdiocesan Museum Kromèríž

Pietro Aretino se pasó años reclamando a su amigo Tiziano que terminara el retrato que le había hecho y que Aretino le había pagado. Ahora nosotros vemos ese cuadro y nos sobrecoge por su maestría, por la sensualidad de los rasgos físicos y los lujosos tejidos venecianos, por la presencia imponente que establece delante de nosotros ese hombre grande y sanguíneo, barbudo, de grandes manos, de fulminante mirada italiana. Si un retrato es la invocación de una presencia, el Aretino de Tiziano es uno de los retratos pintados o esculpidos mejores que existen. Estremece la cercanía física, el volumen rotundo, la carnalidad de ese hombre, la expresión de sus deseos en la mirada y en el gesto de la boca, en la satisfacción del lujo, en el vigor de las manos, un hombre de gran inteligencia y de enormes apetitos, un grandullón sanguíneo dotado de una tranquila arrogancia que no se inclina ante nadie.

A una cierta distancia el manto de terciopelo parece que puede tocarse; y casi sentimos en las manos el peso del medallón de oro que adorna a este hombre como un símbolo definitivo de jerarquía y riqueza. Pero nos vamos acercando y nos cuesta menos ponernos en el lugar del propio Aretino, anteponer a nuestra mirada ejercida en la modernidad la de alguien que viviera entonces, que viera por primera vez ese cuadro. De cerca, la veracidad táctil del manto se disuelve en manchas caprichosas de color y de blanco. A Pietro Aretino y a sus contemporáneos les resultaba chocante y hasta desagradable lo que para nosotros es gozosamente visible, el ajuste intelectual y sensorial de las percepciones sueltas que dan lugar a una imagen completa que solo existe en el cerebro.


Durante años me he familiarizado con ese retrato en una sala no muy grande de la Frick Collection, en la que todavía impone más, porque al verlo de pronto no parece un cuadro en un museo, sino un potentado de carne y hueso en su palacio, en el esplendor de su poder. Ahora lo miro de otra manera porque lo veo en un sitio distinto, en la antigua sede del Museo Whitney, adquirida y ocupada por el Metropolitan, que está a unas calles de distancia. El Whitney se trasladó a una zona de mucha moda, el Meatpacking District, y a un edificio de moda. Dejó atrás, en la esquina de Madison y la calle 75, una severa maravilla de la arquitectura moderna, la sede que diseñó Marcel Breuer, rotunda como un bloque de basalto, austera de hormigón y de losas oscuras. El antiguo Whitney era un barullo de tiendas, restaurantes, obras más o menos amontonadas, con exposiciones temporales en las que solía predominar la abundancia sobre el criterio. Ahora, cuando el espacio se ha despejado, el efecto sobre el visitante es el de estar viendo de verdad con los ojos abiertos algo en lo que uno solo se ha podido fijar distraídamente. El edificio de Breuer es más diáfano que nunca, con sus techos altos y su pavimento de losas oscuras, con sus ventanas de perspectiva expresionista. Pero esa belleza no interfiere en la contemplación de las obras de arte, sino que la facilita añadiéndole una extraordinaria nitidez espacial.

Es una sede especialmente adecuada para la primera exposición que el Metropolitan ha organizado en ella. El edificio de Breuer parece transformado y rejuvenecido al cabo de los años, una obra en marcha con su identidad definitiva que no deja de modificarse en el tiempo, como en los cambios que traen consigo las estaciones, la luz del sol en los días transparentes y la grisura en los nublados. Y la exposición, Unfinished, trata precisamente de lo accidental en las obras de arte, lo que se queda abierto, lo que no llega a terminar, bien por decisión o abandono del artista o rechazo del patrono o porque el uno o el otro han muerto antes de que el encargo se llegara a cumplir. Solo el Metropolitan tiene la capacidad para organizar una exposición así: un paseo por lo inacabado que empieza en Donatello y Leonardo y Van Eyck y termina más o menos en Louise Bourgeois y en Jean-Michel Basquiat. Uno piensa, con su vanidad de contemporáneo, que ha sido en el último siglo y medio, desde el advenimiento del impresionismo, cuando el arte se desprendió de la pulcritud académica y artesanal de lo acabado, lo perfeccionado y pulido. Vemos en la exposición un cuadro de Pollock y es como si la energía con la que fue pintado actuara todavía sobre el lienzo y las trazas de color, como una música que está sonando ahora mismo.



Pero en uno de los ensayos del catálogo nos enteramos de que Plinio el Joven, en el siglo I de nuestra era, ya celebró el talento de Apeles para dar una apariencia inacabada y como espontánea a algunas de sus obras, de modo que el espectador percibiera el proceso mismo de su creación. Los pintores y los escultores romanos firmaban muchas veces sus obras poniendo detrás del nombre la palabra latina Faciebat, no Fecit: pretérito perfecto, no indefinido. El cuadro o la escultura no se hicieron, se hacían, en una duración imprecisa, nunca cerrada. El descaro magnífico de Basquiat, su aprovechamiento de los materiales de derribo, los graffiti, la urgencia de su entrega a la pintura, a las aventuras eróticas y a las drogas, nos parece un atributo de su vida quebrada en la juventud. Pero el viejo Tiziano o el viejo Rembrandt no son menos irreverentes o audaces. Un san Bartolomé sin terminar de Rembrandt, con la cara pensativa y la navaja de su desuello en la mano, tiene la cruda veracidad masculina de un retrato de Lucien Freud. Y quizás el cuadro más agresivo y desazonante de toda la exposición no es de Freud ni de su amigo Francis Bacon, sino de Tiziano en su extrema vejez, El desollamiento de Marsias.

Dice George Steiner que en los mitos sobre el origen de la música siempre hay crueldad. El fauno Marsias, tocador de flauta de cañas, desafía al dios Apolo, señor de la música elevada. El castigo que le impone Apolo por su irreverencia es ser despellejado vivo. La Grecia clásica puede ser tan sanguinaria como el martirologio cristiano. A Marsias, colgado de los pies, le arrancan la piel dos personajes con gran aire de profesionalidad, como empleados en un matadero. Un perro diminuto lame la sangre. Apolo contempla la escena tocando su lira. Un viejo Sileno observa también, entre meditativo y complacido, un poco ausente, como lo están con frecuencia los testigos de hechos terribles en la pintura antigua.

Justo al salir del ascensor, en un vestíbulo del edificio Breuer, el cuadro de Tiziano lo asalta a uno con su furia sombría, con sus grumos abstractos como de brochazos o arañazos, como una escena nocturna en un sueño. Se imagina uno al viejo Tiziano, con la vista escasa, con pocas fuerzas, con la mano insegura, atreviéndose a todo, como Jack­son Pollock volcado sobre un lienzo en el suelo. No es seguro que Tiziano diera por terminada esa pintura. Quién puede saber si está terminado algo en lo que ha puesto su vida.

Unfinished. Thoughts left visible. The Met Breuer. Nueva York. Hasta el 4 de septiembre.


El Pais, Babelia nº 1.276. 7 de Mayo de 2016


miércoles, 18 de mayo de 2016

Fantasías sofisticadas

ECC publica, en su serie Vertigo, la miniserie 'Los hijos del crepúsculo', encuentro creativo entre Gilbert (Beto) Hernandez y Darwyn Cooke.

JAVIER FERNÁNDEZ




LOS HIJOS DEL CREPÚSCULO. Gilbert Hernandez, Darwyn Cooke. ECC. 128 páginas. 14,95 euros.

La nutrida línea de ECC dedicada al catálogo de Vertigo se ha enriquecido recientemente con la colección Grandes Autores de Vertigo, que cuenta ya entre sus títulos con monográficos dedicados a Dave McKean, Richard Corben, Brian Azzarello y Frank Quitely. El tomo de este último acerca a los lectores al universo gráfico de uno de los dibujantes más atractivos del panorama actual, un artista que ha logrado hacer propias las influencias de luminarias como Moebius, Katsuhiro Otomo o Geoff Darrow. Grandes autores de Vertigo: Frank Quitely recoge un puñado de historietas cortas del escocés, escritas por guionistas de la talla de Doug Moench, John Wagner, Grant Morrison, Bruce Jones y Neil Gaiman, entre otros. Son páginas en blanco y negro o color extraídas de las antologías de Paradox Press The Big Book of Weirdos, The Big Book of Death, The Big Book of Conspiracies, The Big Book of Freaks, The Big Book of Little Criminals, The Big Book of Hoaxes, The Big Book of Losers, The Big Book of Martyrs y de las cabeceras de Vertigo Weird War Tales, Gangland, Heartthrobs, Strange Adventures y Flinch, a los que se suma la deliciosa historia sobre Destino incluida en The Sandman: Endless Night. Un conjunto tan variado como espectacular.

También de Vertigo nos llega, en un solo volumen, la miniserie de cuatro números Los hijos del crepúsculo (2015), encuentro creativo entre Gilbert (Beto) Hernandez y Darwyn Cooke. Hernandez ha inscrito su nombre en la historia del cómic merced a su labor en la revista Love and Rockets, especialmente con el largo serial Palomar, y tiene además un extenso bagaje con proyectos de toda índole (véase Pereza, Grip o Yeah!) en editoriales como Dark Horse, Drawn and Quarterly, DC o Vertigo. Y la bibliografía de Cooke incluye trabajos tan valorados como Catwoman: El gran golpe de Selina, DC: The New Frontier, el crossover Batman/The Spirit o la serie de novelas gráficas protagonizadas por Parker, el personaje de género negro creado por Richard Stark. El primero escribe y el segundo dibuja, coloreado por Dave Stewart, una sugestiva historia con toques de ciencia ficción y realismo mágico ambientada en un pueblecito costero latinoamericano, cuya tranquila existencia se ve alterada por culpa de una misteriosa esfera de luz blanca que provoca una serie de fenómenos paranormales.

Finalmente, en este improvisado repaso de novedades del sello Vertigo, ECC ha rescatado la maxiserie de doce números Frecuencia global (2002-2004), obra del guionista británico Warren Ellis, más conocido por obras maestras como The Authority, Planetary o Transmetropolitan. La ciencia ficción se da cita con el suspense y la acción en este conjunto de historias sobre una organización mundial de inteligencia consagrada a defender al mundo de los proyectos secretos orquestados por los propios gobiernos. Cada episodio se debe a un dibujante distinto, y la nómina es realmente fantástica: Glenn Fabry, Jon J. Muth, David Lloyd, Simon Bisley, Chris Sprouse, Steve Dillon, etcétera, etcétera.



Malaga Hoy

Triple Batman

JAVIER FERNÁNDEZ



BATMAN: VAMPIRO. Doug Moench, Kelley Jones. ECC. 288 páginas. 28,50 euros.

Terminada la recopilación de los 40 números de la serie original Gotham Central, el quinto volumen de la colección homónima de ECC presenta otros materiales cronológicamente anteriores, pero que guardan relación con los conceptos y el estilo de aquella. Se trata de la miniserie Batman: Turning Points (2001), escrita por Greg Rucka, Ed Brubaker y Chuck Dixon, con diversos artistas en el tablero de dibujo, así como del episodio 651 de Detective Comics, escrito por Dixon y dibujado por Graham Nolan en 1992, más los complementos de los números 763 a 772 (2001-2002), debidos a Judd Winick y Cliff Chiang. En todos ellos tienen una importancia especial tal o cual personaje del departamento de policía de Gotham, de modo que el libro hará las gozadas de los aficionados a Gotham Central.

Otro tomo de Batman que no puede uno perderse es Robin R.I.P., esto es, el segundo y último recopilatorio del Batman Inc. de Grant Morrison. Acompañado mayormente por el artista Chris Burnham, el cómic ofrece los números 7 a 13 de la colección, junto con el Batman Incorporated Special y un montón de extras. El siempre alucinante Morrison llevó las riendas del personaje durante la friolera de siete años y acabó firmando una de las etapas más revolucionarias, ambiciosas y apreciables de la historia del Hombre Murciélago, etapa que aquí llega a su épico final.


Pero si solo pensara comprarme un cómic de Batman este mes, escogería Batman: Vampiro, reunión de tres alucinantes títulos del personaje que vieron la luz originalmente en la década de los 90: Batman y Drácula: Lluvia roja (1991), Batman: Tormenta de sangre (1994) y Batman: Niebla carmesí (1999), más conocidos como la trilogía de Drácula. Enmarcados dentro de la línea Otros Mundos, que explora libremente los conceptos del universo DC, estos magníficos cómics llevan la firma de uno de los dúos creativos más notables de aquella época en lo que a Batman se refiere: Doug Moench y Kelley Jones. Si bueno fue el trabajo de ambos con el personaje, van aquí sus mejores páginas.


Malaga Hoy


Fresco e imaginativo

JAVIER FERNÁNDEZ



LAS AVENTURAS DE SUPERMAN, VOL. 2. Mark Millar y otros. ECC. 192 páginas. 19,50 euros.



El ahora famosísimo Mark Millar se fogueó durante una década en cabeceras inglesas y títulos de DC como La Cosa del Pantano, Aztek, Flash o Liga de la Justicia de América. Allá por 1998, comenzó su trabajo en la divertida serie Superman Adventures, para la que firmó un puñado de tebeos memorables, casi siempre con el dibujante Aluir Amancio a su lado. El resultado se mantiene a día de hoy entre los mejores cómics del Hombre de Acero de las últimas décadas, una propuesta fresca e imaginativa que demuestra que el personaje gana enteros cuando se mira en el espejo de la Edad de Plata. Este segundo volumen recopilatorio de Las aventuras de Superman debidas a Millar compila los números 31, 33, 35 a 38, 41 y 52 de Superman Adventures, entre los que cabe destacar el 41, con sus 22 historietas de una sola página, servidas por una miríada de dibujantes.


Malaga Hoy

Un tebeo imprescindible

JAVIER FERNÁNDEZ 



ASTRO CITY: EL DÍA DEL PESAR. Kurt Busiek y otros. ECC. 160 páginas. 16,95 euros.


Continúa la edición española del tercer volumen de Astro City, que en origen está siendo publicado por el sello Vertigo de DC, y le toca ahora al volumen titulado El día del pesar. Se trata de un conjunto de historias independientes escritas (cómo no) por Kurt Busiek, que no cuenta aquí con el dibujante habitual de la serie, Brent Anderson, sino con Tom Grummett, Gary Charloner, Joe Infurnari y Jesús Merino; eso sí, siempre con portadas de Alex Ross. Son los números 17, 22, 25, 27, 28 y 31, hasta ahora inéditos en nuestro país. Recomendar Astro City a estas alturas es tan fácil como afirmar que se trata de uno de los títulos más importantes de la historia del género de superhéroes, un tebeo sencillamente imprescindible.

Malaga Hoy

Más madera, es la guerra


JAVIER FERNÁNDEZ



CAPITÁN AMÉRICA: CIVIL WAR. Ed Brubaker, Steve Epting y otros. Panini. 208 páginas. 35 euros.

Con la película de Civil War en cines, Panini ofrece nuevas ediciones del célebre crossover publicado entre 2006 y 2007. Primero vio la luz la reedición de la miniserie de Mark Millar y Steve McNiven en la colección Marvel Integral, con mayor tamaño de página que el original, y ahora aparece el volumen Capitán América: Civil War, que contiene los antecedentes en la colección del vengador abanderado, así como los tebeos vinculados al evento. Son los números 15 a 24 del volumen 5 de Captain America (abril de 2006-enero de 2007), junto al 601 (julio de 2009) y los especiales Captain America 65th Anniversay Special (2006), Winter Soldier: Winter Kills 1 (2007) y Iron Man/Captain America: Casualties of War (2007). La mayoría de ellos fueron escritos por el gran Ed Brubaker, autor de una de las mejores etapas del Capitán América de todos los tiempos, y culpable de la relevancia que ha cobrado el personaje en el siglo XXI, al que acompañan casi siempre en los dibujos Steve Epting y Mike Perkins. Hay también bellas páginas de los españoles Javier Pulido y Marcos Martín, de Lee Weeks, Stefano Gaudiano con Rick Hoberg y del añorado Gene Colan, maestro del medio, cuya carrera se extendió a lo largo de seis décadas. Además de todos estos, el guionista Christos N. Gage y el dibujante Jeremy Haun firman el último one-shot incluido en la recopilación. No es exagerado calificar de imprescindible el tomo, que, en la cronología del Capitán América se sitúa entre otros dos magníficos libros de Marvel Integral: El soldado de Invierno y La muerte del Capitán América (este último de inminente salida).



Y ya que les hablo del Capi, aprovecho para recomendarles el tomo Capitán América: Blanco, de los siempre interesantes Jeph Loeb y Tim Sale, autores de diversas maravillas de Batman, como El largo Halloween, y de la cromática revisión de los principales iconos Marvel: Daredevil: Amarillo, Spiderman: Azul y Hulk: Gris. Ocho años se ha hecho esperar esta estupenda miniserie de seis números que se presenta aquí con multitud de extras.

Malaga Hoy

Veinte años de aventuras


JAVIER FERNÁNDEZ 



LOS INVASORES, 2: ¡TIEMPO DE TITANES! VV. AA. Panini. 608 págs. 47,95 euros.


El segundo de los dos tomos de la colección Marvel Limited Edition destinados a recuperar los episodios clásicos de Los Invasores lleva por título ¡Tiempo de titanes! y recopila fundamentalmente el material del supergrupo publicado entre los años 1978 y 1998. Van, pues, los últimos episodios del volumen 1 de The Invaders (números 29 a 41, con Don Glut, Roy Thomas y Alan Kupperberg como autores principales) y posteriores miniseries debidas a los equipos Thomas-Dave Hoover y Roger Stern-Steve Epting. Hay otro material añadido como el Giant-Size Invaders 2 (2005), el número 4 de What If? (1977), los 253 y 254 de Captain America (1981), el Captain America Annual 6 (1982) y el seminal The Avengers 71 (1969), cuya nómina creativa incluye a los ya citados Thomas y Stern, junto a Lee Weeks, Frank Robbins, John Byrne, J. M. DeMatteis o Sal Buscema, entre otros.

Malaga Hoy


Densos y divertidos

JAVIER FERNÁNDEZ



LONGSHOT. Ann Nocenti, Arthur Adams. Panini. 216 páginas. 19,95 euros.



En 1985, los entonces desconocidos Ann Nocenti (escritora), Arthur Adams (dibujante) y Whilce Portacio (entintador) saltaron a la palestra con la estupenda miniserie de seis números Longshot, debut del personaje del mismo nombre. Densos, raros y divertidos, estos cómics quedan como testimonio de la libertad del género de superhéroes de mediados de los 80, que estaba inmerso en una auténtica revolución creativa. El alienígena Longshot sería arrastrado más tarde por la marea mutante, pero aquí se muestra pleno de posibilidades, un personaje entrañable dotado de su propio y rico entorno, que incluye personajes tan delirantes como Mojo, Espiral o Magog. Esta nueva edición se completa con más de 30 páginas de extras.

Malaga Hoy

sábado, 14 de mayo de 2016

Muere el guionista y dibujante de cómic Darwyn Cooke


Ganador de varios premios Eisner, ha fallecido a los 53 años en su casa de Florida

ENEKO RUIZ JIMÉNEZ

Madrid 14 MAY 2016

El cómic 'Richard Stark. Parker', del estadounidense Darwyn Cooke.

Nadie dibujaba a los superhéroes como el canadiense Darwyn Cooke (Toronto, 1962). Su estilo era colorista, con rasgos de animación y patentemente clásico, pero sus Superman y Wonder Woman o su versión del The Spirit, de Will Eisner (cuyo legado mantuvo mejor que ningún otro), eran inconfundibles. El escritor, animador y dibujante, ganador de varios premios Eisner, ha muerto en la madrugada de este sábado a los 53 años en su casa de Florida, solo horas después de que u esposa anunciara en su blog que el responsable de la serie DC: The New Frontier sufría "un agresivo cáncer".

Cooke, adorado por los fans, nunca fue tratado como una estrella por las grandes editoriales. No tuvo una serie regular y no escondía su resquemor por la industria, pero desde que a principios de siglo sorprendió con su rediseño de Catwoman, con guion de Ed Brubaker —que llevaba a la ladrona más cerca de la calle y el crimen organizado—, por su pincel habían pasado la práctica totalidad de héroes del universo DC. Sus comienzos en la compañía, sin embargo, no fueron tan dichosos. Su primera historia la publicó en 1985 en un compendio dedicado al talento más prometedor (New Talent Showcase 19), pero el trabajo como artista de cómics no parecía que fuera a pagar sus deudas, así que decidió seguir otro camino. Pese a que nunca abandonó el mundo de los dibujos, las malas perspectivas le hicieron estar alejado de las viñetas durante 15 años. Cuando regresó, ya tenía una solvencia probada.

Su larga trayectoria como animador, diseñador gráfico y director de arte, le dio una personalidad que le hacía distinto a cualquier otro autor de cómic. Era un artista moderno pero, a la vez, salido de otro tiempo. Era ese hombre al que DC llamaba cuando necesitaba una gran portada clásica. Esa estrella del cómic estadounidense que, además, se atrevió a forjarse un camino más allá de los superhéroes, al adaptar las desgarradas novelas noir Parker de Richard Stark, por las que ganó varios premios Eisner. Desde ese nuevo púlpito pudo criticar todo lo que había cambiado en el mundo de la historieta: “Ya no leo cómics de superhéroes. Se han vuelto demasiado violentos y sexuales. Las grandes compañías han limitado el mercado. Se han olvidado del 'para todos los públicos”, exclamaba en una conferencia hace un año: “DC solo me llama cuando quiere hacer algo divertido. Soy algo específico para ellos. Nunca me preguntaron si quería hacer una serie regular o si quería presentar nuevos personajes”. Allí confirmaba que todavía le quedaba mucho por contar fuera de las dos grandes editoriales: “Parker volverá quizás en 2016. El último que quiero hacer es Butcher’s Moon.", anticipaba entonces. El quinto tomo nunca llegó, como tampoco lo hizo Revengeance, una serie limitada anunciada por Image para 2015.

La confirmación de su muerte a EL PAÍS ha llegado, con la petición de la familia, que lo acompañó en su último momento, de que sus seguidores dirijan sus condolencias y donaciones a la Asociación de Cáncer de Canadá y a Hero Initiative, la organización que ayuda a los artistas de cómics en sus peores momentos, tanto de salud como económicos.

El dibujante Darwyn Cooke.

Durante años, el propio Cooke vivió en sus carnes lo que era ser rechazado por la industria. Tras recibir numerosos noes en los noventa —su estilo antiguo no gustaba a la tónica más oscura y exagerada de la época— fue contratado por Bruce Timm, con quien compartía muchas cualidades, para trabajar en las series de animación de Superman y Batman. Después de probarse en televisión con Batman del Futuro o Men in Black, en 2000 DC por fin volvió a tocar su puerta para dar luz verde a Batman: Ego, una novela gráfica que llevaba tiempo en su cabeza y de la que era autor. Era el comienzo de una amistad de una década que lo atrajo primero al lado de su amigo Michael Allred en X-Force o Lobezno/Doop en Marvel, y que, a la larga, lo devolvió a un hogar que acabó rechazando.

En 2005, Cooke devolvió a los héroes DC a los años 50 en The New Frontier. Era la mezcla perfecta. Y le valió su primer premio Eisner. A esa obra de unas 400 páginas, que tuvo también su versión animada, dedica su familia su despedida. “Then we shall not be weary. Then we shall prevail” ("No debemos estar cansados, debemos prevalecer"), lee la cita del discurso sobre La Nueva frontera del presidente John F. Kennedy que han mandado a sus aficionados.

SUS OBRAS MÁS IMPORTANTES
Batman: Ego, Catwoman, escrita por Ed Brubaker (2001-2002); DC: The New Frontier, Solo #5, Batman/The Spirit, coguionizada por Jeph Loeb; The Spirit (2006-2008); Richard Stark’s Parker (Cuatro novelas gráficas, 2009-2013); Before Watchmen: Minutemen; Before Watchmen: Silk Spectre, con dibujos de Amanda Conner


El Pais

domingo, 8 de mayo de 2016

Los 4 Fantásticos: Onslaught dibujo-Carlos Pacheco guión-Tom DeFalco


 El Fin de una Era

Parecía imposible, pero es real. Es tan real como la vida misma. El tomo que ahora sostienes en tus manos incluye los dos últimos números USA de la mítica colección de Los 4 Fantásticos.

Es cierto que en este mundo puede suceder cualquier cosa. Ya se sabe que todo es posible. Es ley de vida. Sin embargo, todos teníamos claro que, pasara lo que pasara, cada mes aparecería un nuevo número de la colección USA de Los 4 Fantásticos. Mejor dicho, nadie lo pensó jamás. En cierto modo, era algo impensable. Este título es una de las grandes instituciones de Marvel y, por tanto, era intocable. Pero ya lo ves hoy se publica el último capítulo de una colección que en España se inició en 1969. Y aquí estoy, escribiendo el prólogo del final de toda una era.

Todo comenzó con el proyecto de una línea argumental de proporciones bíblicas cuyo objetivo era la completa remodelación del Universo Marvel. La idea se centraba en enfrentar a los héroes más importantes y carismáticos con una nueva amenaza de poder casi infinito que recibiría el nombre de Onslaught. Sin embargo, eso no era todo. Esta super-saga provocaría la desaparición de Los 4 Fantásticos, el Capitán América, el Hombre de Hierro y Los Vengadores, los cuales serían transportadas a otra realidad donde todos volverían a comenzar. Se trataba de editar cuatro nuevos títulos mensuales que mostrarían versiones actualizadas de sus orígenes y un desarrollo distinto de los acontecimientos posteriores.




Por tanto, la colección de siempre de Los 4 Fantásticos debía terminar.

Para empezar, Tom DeFalco y Paul Ryan acabaron todas las líneas arguméntales que habían estado desarrollando en los últimos años (lo cual se mostró en el tomo anterior titulado Asuntos de Familia). De esa forma, no quedarían cabos sueltos. A continuación, se emprendió la realización de los últimos dos números de la colección, los cuales se convertirían en una parte esencial de La saga de Onslaught . Es evidente que ambos comics debían ser algo realmente importante.

Mientras todo eso ocurría, el título de los Los 4 Fantásticos cambiaba de editor. La nueva encargada sería Suzanne Gaffney, quien ya se había ocupado de proyectos tan conocidos como las series limitadas de Tormenta y Bishop, además de la colección de Excalibur.

Cuando en Marvel se plantearon la edición de los dos últimos números de La colección deL cuarteto, enseguida se pensó que debían convertirse en el apropiado broche de oro a 35 años de continuidad.
Por eso, Suzanne Gaffeney optó por ofrecer el dibujo de ambos comics a Carlos Pacheco, un artista que había ilustrado la mayoría de los proyectos que ella había editado.

La decisión no fue fácil para Pachecho. En esos momentos, estaba trabajando en Excalibur y además opinaba que no era lo más apropiado sustituir a Paul Ryan a tan sólo dos números del final. Pero después de pensarlo, terminó por aceptar. Primero, porque significaba una oportunidad irrepetible, tanto desde un punto profesional como del emocional. De hecho, era todo un honor. Y en segundo lugar, porque era totalmente consciente de que si él rechazaba el trabajo, otro lo acabaría realizando. Por eso, al final, escribiría una dedicación para Paul Ryan que fue posteriormente borrada. Cosas que pasan.

Una vez que se concretó el equipo creativo, Carlos Pacheco se sumergió totalmente en la realización de Los comics que verás a continuación. La responsabilidad era muy grande y él quería responder a todas las expectativas que se habían creado desde el momento en que se anunció su participación en este proyecto. Y lo cierto es que nadie quedó defraudado. Todo lo contrario, muchos pensaron incluso que la nueva era de Los 4 Fantásticos (prometida para después de Onslaught) había comenzado antes de los previsto.

La elección de Carlos Pacheco para estos dos comics fue perfecta, porque en sólo unas páginas supo darle una nueva dimensión a los guiones de Tom DeFalco. Ambos trabajaron a las mil maravillas. Parecía imposible que todo pudiera cambiar con un sólo número.

Sin embargo, el 416 merece una mención especial. En ese número, Pacheco demostró su capacidad para interpretar como nadie a gran parte de la galería de villanos y aliados de Los 4 Fantásticos. Estoy seguro de que más de un estadounidense se estrañó al conocer la procedencia del dibujante.

¿Quién hubiera podido decir alguna vez que un artista español sería el encargado de poner punto final al vol. 1 USA de Los 4 Fantásticos! Evidentemente, nadie. Eso aportó a su trabajo una mayor relevancia.

Ahora, ya sólo queda leer los comics. Eso sí, disfrútalos con calma. El final de una colección de 416 números es algo que no se ve todos los días.

Raimon Fonseca






Sketchbook Carlos Pacheco

 Jamás imaginé que dibujaría Los Cuatro Fantásticos.

De hecho, jamás imaginé que dibujaría para Marvel; pero bueno, entendámonos, lo cierto es que La Primera Familia nunca fue el centro de mis preferencias. Legión, Justice Society, Vengadores, ya lo he dicho en otras ocasiones, fueron y siguen siendo el crónico objeto del deseo del fan que aún vive en mí (aunque el Carlos profesional tiene otras metas que, voluntaria y temporalmente, le alejan de ellos; añado que los tebeos que hoy en día llevan esas cabeceras cada vez se parecen menos a aquellos que me alegraron la pajarilla), así que cuando me llamaron de Marvel para comentarme, con la exigencia de un "topsecretismo" digno del mismísimo James Bond, que como consecuencia de la movida del LEEFIELDVERSO Bob Harras había decido ofrecerme los dos últimos números del que fuera mi tebeo favorito de la casa, Los Cuatro Fantásticos, mi pensamiento inmediato fue ¿Cuándo había dicho yo semejante cosa...? Afortunadamente, la sensatez superó la inmediatez. Con


 posterioridad, me enteré que al parecer la cosa vino por la historia que hicimos Rafa Marín y un servidor para aquello del Re-Mix; pero ya lo había asumido, oficialmente mi tebeo favorito había pasado a ser Los 4F. No había escapatoria, mi pasado había sido alterado, alguien se pasó por alto la segunda directiva.

Lo malo, o lo bueno según se mire, es que no podía decepcionar a ese alguien. Debía comportarme como si así hubiese sido. Tenía que hacer algo más que dibujar dos números/tenía que pensar en los personajes, en las situaciones, en el entorno de la serie, aunque sólo fuese para dos números.
Primero, los trajes. Por la cara me saqué de la manga un diseño asimétrico, distinto pero a la vez suficientemente respetuoso con la tradición de Los Cuatro Fantásticos, que no transmitiera la idea de un cambio radical, todo lo contrario que con el diseño de Rondador Nocturno. Reed Richards fue el foco de atención. Lo último que sabía de él es que había aparecido, tras un año de ausencia, con greñas y largas barbas. Recordé una maravillosa portadilla de Estela Plateada en la que John Buscema dibujó a Mr. Fantástico reaccionando al sonido de una alarma mientras terminaba de afeitarse, y me dije que qué mejor ocasión para cambiar de look que cuando el cambio ya ha existido. Esta vez, Reed no se afeitaría del todo; aprovecharía para decidir qué tal luciría con perilla. Quizás pareciera más el profesor que siempre imaginamos que sería, que el superhéroe que se vio obligado a ser. Por otra parte, el verdadero poder de Reed era su intelecto, el "otro poder" era más útil en el lecho que en el campo de batalla. Reed es un genio tecnológico y eso no estaba presente en Mr. Fantástico... ¿Qué tal un guantelete que le permitiese controlar desde el lugar donde estuviese el ordenador central del Edificio, del Fantastic Car, etc....? COOL!!, creo. Por otro lado, si inicialmente Mr. Fantástico sólo alargaba su cuerpo, con el tiempo había aprendido a controlar su poder de tal manera que el mismo Byrne había conseguido que transformase su aspecto y su cara para parecer otra persona. Era capaz de moldear su propio cuerpo moldeando su fisiología intercelular... Podía alterar su musculatura, ¿por qué no?. Después de todo, son superhéroes. Reed estaba listo. El resto no necesitaba más cambios. Quizás la Cosa debería ser un poco más alta que los demás miembros, pero con los nuevos trajes el grupo ya estaba listo.

Cuando vieron los diseños me pidieron un pin-up para promocionar el tebeo, en el que debía incluir a Franklin. Y así lo hice. Acababa de ser padre y tenía una dosis de proteccionismo hacia mi hijo, por lo que la mano de Reed rodeando a Franlin es más freudiana que casual. Y el pin-up quedó bien para mi gusto.

Lástima lo de la perilla.

Y es que justo en el episodio anterior, creo recordar, Paul Ryan, desconociendo mis planes, afeitó completamente a Mr. Richards, y la idea de un Mr. Fantástico con pelo en la cara pasó a mejor vida por más que ese pin-up y un póster de lan Churchill lo mostraran de esa guisa. Fue lo único que falló. Bueno, aparte de la coña marinera del cambio del Power Ranger de la portada por un Wonder-Man de pacotilla; con e¡ resto no hubo el menor problema.

Me divertí la hostia haciendo esos dos tebeos, más de lo que esperaba. Especialmente con el segundo, en el que tuve la suerte de dibujar la mayoría de villanos y amigos de la Familia creados por Kirby -sólo Terrax fue tratado de manera algo menos respetuosa, aunque de haber sido justo hubiera hecho lo mismo con Devlos y el PowerSkrull (no confundir con el Superskrull), los auto-homenajes de Mr DeFalco-, y dibujar una doble página que fuese lo suficientemente grandiosa como para resumir la historia de los personajes.



 Lo dicho, una gozada. Breve pero intensa y que, al parecer, dejó buen sabor de boca en los USA esos.

Cuando ya creía haber finiquitado mi relación con los 4F, ya inmerso en plena vorágine de losX-Men, recibo una llamada (de nuevo el teléfono) de Bob (Harras) preguntándome si podía realizar dos colecciones al mismo tiempo, si además de X-Men podía encargarme de arrancar la nueva serie de los 4F después de los doce números de Jim Lee... la respuesta fue no. Prefiero poner los huevos (los figurados y los reales) en la misma cesta, y los acontecimientos por los que estamos encaminando la colección de los X-Men me exigen la máxima concentración. No me gusta hablar de los que rechazo, pero ahora tenía que contarlo, como aquel tipo del chiste que se benefició a la Shiffer (¿se escribe así?, hablo de Claudia), así que perdonad este momento de suma vanagloria (¿otro?). Aprovecho para deciros que si tuviese que escoger el mejor momento que he vivido como profesional del comic-book, antes que elegir el día en que me ofrecieron los X-Men, prefiero quedarme con el hecho de saber que alguien, en algún momento, pensó que era digno de llevar antes que otros el legado de lo mejor de Stan Lee y Jack Kirby: Los Cuatro Fantásticos. Fue precioso mientras duró.

P.D: Hey, casi se me olvidaba hacer un mínimo comentario acerca de la historia de complemento del 416. Como supongo os habréis fijado en lo créditos, los editores les dan las gracias a la ya conocida extraña pareja formada por Rafael Marín y Carlos Pacheco o viceversa. Esta misma historia fue compilada en el volumen Best of Marvel'96 (versión USA) donde Mr. DeFalco prefaciaba confusamente cómo se aprovechó de un guión preparado por esos dos tipos cambiándole lo necesario para "hacerlo suyo", y justificando además esos cambios por mor de unas extrañas "necesidades editoriales". Os juro por la gloria de Artie Simek que en esos cambios Mr. De Falco dejó en la cuneta el meollo de la historia.

Permitid que me explaye en un par, o dos, de líneas. Veréis; la susodicha arrancaba con unos jóvenes universitarios Richards y Von Doom conversando sobre la existencia de realidades alternativas, mientras Grimm, absorto, contempla las noticias deportivas. La discusión aumenta de tono. Richards insiste en que esos mundos, aun en su infinitud, eran independientes entre sí; no habría una "realidad principal" de la que divergieran las demás, por lo que el acceso a ellas originaría una nueva materia de estudio; a lo que Von Doom contraatacaba con la tesis defensora del origen de estas realidades como consecuencia de dicotomías temporales. El dominio del viaje en el tiempo permitiría entrar en contacto, y quizás, dominar estos mundos... Von Doom increpa a Richards con la aparente lógica de sus tesis hasta el punto de agredirle físicamente, momento en que Grimm interviene separándoles y pidiéndoles sosiego y tranquilidad. En el fondo, dos buenos amigos podían solventar las discusiones con soda y cerveza. Plano final de Grimm dirigiéndose al interruptor de la TV sin prestar atención a la noticia del trágico accidente de la emergente estrella de cine protagonista de Rebelde sin Causa, Gigante y Al Este del Edén... Johnny Storm. Pantalla en negro.

Por cierto, Mr. De Falco, Julio César no tenía nada que ver con el Imperio Romano. Sí con la República.

Carlos Pacheco.

 Una curiosidad: El boceto previo de la doble página que cierra el n° 416 de Fantastic Four. Una pequeña maravilla llena de frescura y espontaneidad.

















Los Cuatro Fantásticos: Especial Onslaught publicado por Planeta-DeAgostini, Barcelona, Mayo de 1997