lunes, 26 de octubre de 2015

Juntos y revueltos

ECC publica íntegramente en dos tomos 'Convergencia', el último evento de DC, que promete cambios en la continuidad y revelaciones inesperadas.

JAVIER FERNÁNDEZ




CONVERGENCIA, 1. VV. AA. ECC. 160 páginas. 14,95 euros.

Desde que Marvel abriera fuego en 1984 con Secret Wars, los grandes eventos editoriales (derivados del más antiguo concepto crossover o cruce de personajes de distintas colecciones) se han ido apoderando de los superhéroes hasta tal punto que, hoy día, no puede entenderse el género sin ellos. Lo que comenzó siendo un suceso extraordinario y puntual, una fiesta que concitaba el mayor número de héroes para atraer al mayor número de lectores, modificando de paso el status quo de tal o cual personaje, es ya la estrategia dominante, la narrativa principal en la que se enmarcan las colecciones regulares. Los eventos se solapan sin descanso y han perdido todo carácter extraordinario. Más aún, la estricta planificación de dichos eventos, proyectados de antemano por las esferas editoriales, resta cierta consistencia al trabajo creativo. Guionistas y dibujantes se ven forzados a adaptar sus ideas al marco general dictado por la empresa, y no son pocos los que han tirado la toalla por causa de dichas inferencias. Con todo, los hay que han sabido adaptarse a la situación y han incorporado la lógica de los eventos a su propuesta. A estos, se les viene llamando arquitectos. Es el caso, por ejemplo, de Geoff Johns y Grant Morrison, sobre los que pivotaron buena parte de las transformaciones de DC en lo que va de siglo, o de Brian Michael Bendis, que dirigió el desarrollo general de Marvel desde su posición de guionista estrella de la franquicia de los Vengadores. 

En lo que respecta a DC, su primer y magnífico evento, Crisis en Tierras Infinitas, sirvió en 1985 para modernizar toda la línea editorial, sacrificando por el camino uno de los conceptos más audaces y definitorios de la compañía: el Multiverso, esto es, un universo formado por distintas tierras paralelas, cada una habitada por su propia legión de héroes y villanos. Como en esto de los superhéroes no hay muerto que no resucite, la idea del Multiverso regresó en otro evento posterior, Crisis Infinita (2004), fue amenazada en Crisis Final (2008) y refundida en Flashpoint (2011). A partir de aquí, el tejido del universo DC se ha mostrado quebradizo, y uno no acaba de entender la lógica de todo el asunto, si hay un objeto narrativo claro, más allá de lo puramente comercial. Por fortuna, el género cuenta con magos como el ya citado Morrison, capaces de hallar petróleo en cualquier terreno, como demuestra la espectacular miniserie El Multiverso, una indagación en las fisuras de dicho tejido y uno de los mejores tebeos de superhéroes que hay ahora mismo en el mercado, que, por cierto, acaba de alcanzar su séptima entrega (de nueve).

Convergencia es el último evento de DC, otro que promete cambios en la continuidad y revelaciones inesperadas. Por lo pronto, servirá para dejar atrás la etiqueta de los Nuevos 52 y dar paso a una nueva era. ECC lo publica íntegramente en dos tomitos que se ramifican en un sinfín de series y especiales durante este mes de octubre y el de noviembre. Les cuento más cosas cuando se haya publicado entero.


Malaga Hoy

En carne viva

JAVIER FERNÁNDEZ




BATMAN: LA MUERTE DE LA FAMILIA. Scott Snyder, Greg Capullo, Jock. ECC. 176 páginas. 17,95 euros.

A lo tonto, Scott Snyder lleva ya casi cinco años al frente de las aventuras de Batman. Llegó sin hacer ruido, cuando el trabajo de Grant Morrison con el personaje daba sus últimos estertores, y le tocó la difícil tarea de continuar una de las mejores etapas de la historia del Hombre Murciélago, cargada de ideas extravagantes, riesgos creativos y piruetas argumentales. Lo hizo, además, con el recuerdo aún fresco de la portentosa interpretación cinematográfica de Christopher Nolan, que ha servido para mantener al superhéroe en lo más alto del podio de DC. Lejos de dejarse intimidar, Snyder ha compuesto una obra compleja y sobresaliente. Si Morrison centró buena parte de su intervención en analizar y definir el propio concepto de Batman, sus motivaciones y el alcance de su misión, Snyder dirige su mirada al entorno, la atmósfera asfixiante, malsana, con la que tiene que lidiar. Es así que la violencia nutre estas páginas y mantiene al lector pegado a la silla, absorbido por el espectáculo de lo grotesco. Al gozo de la lectura contribuyen, y de qué manera, los distintos artistas que colaboran con Snyder, especialmente Jock y Greg Capullo, a quien el paso del tiempo ha sentado fenomenal.

Los dos primeros volúmenes del Batman de Snyder, con dibujos de Jock y Francesco Francavilla, son Espejo oscuro y La llave maestra, y contienen episodios de Detective Comics anteriores al reinicio del universo DC. Ya en el contexto de los Nuevos 52, y con Capullo a los lápices, se publicó primero El tribunal de los búhos, y aparece ahora La muerte de la familia, compilación de los números 13 a 17 de la cabecera Batman. Este último tomo presenta el retorno del Jóker, con el rostro desollado y cubierto por la propia piel de su cara convertida en una suerte de máscara. Fanático, burlón, insufrible y delirante, la némesis de Batman ha planeado un ataque integral contra el héroe, su familia y sus aliados. Por desgracia, el Hombre Murciélago no lo ve venir hasta que es demasiado tarde, y la lucha traerá trágicas consecuencias.


Malaga Hoy

Batman en busca y captura

JAVIER FERNÁNDEZ 



GOTHAM CENTRAL, 3: DE PATRULLA POR EL INFIERNO. Ed Brubaker, Greg Rucka, Michael Lark. ECC. 224 págs. 22 euros.

Por separado, los guionistas Ed Brubaker y Greg Rucka pueden presumir de una larga serie de éxitos en el género de superhéroes; juntos, dejaron para el recuerdo una de las cabeceras más aplaudidas de la primera década del siglo XXI: Gotham Central. Enmarcada en el universo de ficción de Batman, esta mezcla de género negro y superheroico narra el día a día de los agentes del departamento de policía de Gotham, que deben lidiar con los crímenes habituales de una gran ciudad, pero también con supervillanos y amenazas enmascaradas. En este tercer volumen (de cuatro), es el propio Batman quien anda en busca y captura, de modo que los policías no podrán contar con su ayuda mientras la tensión se dispara en la ciudad. Michael Lark, Stefano Gaudiano y Jason Alexander dibujan los episodios 23 a 31 (noviembre 2004-julio, 2005) de una serie irrepetible y genial.


Malaga Hoy

Debate sobre la jubilación

JAVIER FERNÁNDEZ



ASTRO CITY: TRIFULCA DE PAREJA. Kurt Busiek, Brent Anderson. ECC. 160 páginas. 16,95 euros.

Tras su debut, allá por 1995, en el catálogo de la editorial Image, Astro City ha pasado por diversos sellos hasta su reciente incorporación a la prestigiosa escudería Vertigo. Ha cambiado el envoltorio, pero el producto sigue siendo el mismo: una de las series de superhéroes más sólidas de las últimas décadas. El secreto está en el cariño y la fidelidad de sus autores (el escritor Kurt Busiek, el dibujante Brent Anderson y el portadista Alex Ross), que han seguido al pie del cañón todo este tiempo, con las ideas bien claras. Trifulca de pareja recopila los números 18 a 21, 23 y 24 del nuevo volumen de Astro City, en el que un dúo de superhéroes discute si jubilarse anticipadamente o continuar en la brecha hasta el final.


Malaga Hoy

Una plancha de un álbum de Tintin de 1939 subastada por 1.563.000 euros

La plancha de 1939. SOTHEBY'S.

EFEParís

Una doble plancha original del álbum de Tintín 'Le Sceptre d'Ottokar', publicada en 1939, fue subastada hoy en París por 1.563.000 euros, anunció Sotheby's.Se trata de un "récord mundial" para una doble plancha original de Hergé, explicó Sotheby's, que había fijado un precio orientativo para esta pieza de entre 600.000 y 800.000 euros.De un tamaño de 40 por 60 centímetros y realizada con tinta de China, sus 14 viñetas muestran el ataque militar que sufre el avión en el que vuelan Tintín y su perro Milú y se publicaron en la revista belga 'Le Petit Vingtième'-Era la pieza estrella de la subasta de la colección del belga Jean-Arnold Schoofs, considerada una de las mayores del mundo del cómic, de la que se vendieron 132 lotes por un total de 2,7 millones de euros.


El Mundo 24.10.2015

sábado, 17 de octubre de 2015

Cervantes, vida de novela en cómic

Una exposición contrapone la biografía del autor con su obra a través de dibujos de Miguelanxo Prado y David Rubín


TEREIXA CONSTENLA Madrid 15 OCT 2015


Viñeta de 'El retablo de las maravillas', dibujado por David Rubín

Al gran personaje que fue Miguel le faltó un Cervantes que le escribiera. Hizo por su rey lo máximo que se podía pedir a un súbdito en el siglo XVI: jugarse el tipo como espía y jugarse el talante como recaudador de impuestos. Miguel de Cervantes, fallecido en 1616 y buscado en el subsuelo de un convento en 2015, guerreó en batallas navales cuando aún conservaban la épica de los clásicos, sobrevivió a un largo cautiverio en Argel y tocó una cima de la literatura universal que, cuatro siglos después, ahí sigue plantada, viendo otras novelas pasar.

Esa vida literaria, con grandes claroscuros, se recoge en 36 ilustraciones del dibujante Miguelanxo Prado (Bergondo, A Coruña, 1958), que pueden verse desde ayer en el Museo Casa Natal de Cervantes de Alcalá de Henares en la exposición Miguel EN Cervantes. El retablo de las maravillas, organizada por Acción Cultural Española, la Comunidad de Madrid y el Instituto Cervantes con motivo del cuarto centenario de su muerte, en 2016.






Cervantes, dibujado por Miguelanxo Prado.


El recorrido gráfico realista de Prado se contrapone a las viñetas satíricas creadas por el dibujante David Rubín (Ourense, 1977), que ha llevado al cómic El retablo de las maravillas, un entremés con visos autobiográficos o, al menos, con pistas sobre una cierta manera de ver el mundo. “De un modo no explícito hay temas como la familia, la religión, el ejército o el amor que retratan su pensamiento”, señala Rubín.

Un entremés que Cervantes no llegó a ver representado y que hoy mantiene su vigencia, en opinión del dibujante. “Hay una crítica muy dura contra el poder establecido. Más de uno de los que nos gobiernan ahora debería leerlo”. Rubín, que ya se sumergió en el pasado en dos tomos de El héroe, donde se inspiraba libremente en las 12 pruebas de Heracles, ha variado su estilo gráfico ligeramente: “Por un lado he intentado simplificarlo y, por otro, exagero los personajes como en los cómic de Bruguera. Me parecía que este toque satírico era lo que más se adaptaba”.

La exposición, que itinerará por sedes internacionales del Instituto Cervantes y que cuenta con un catálogo, coeditado por Astiberri y Acción Cultural, incide sobre ese juego entre la ficción de los personajes teatrales y la realidad del escritor. O lo que se considera realidad, porque ni siquiera hay certezas sobre su rostro, representado a partir de la descripción de sí mismo que dejó en las Novelas Ejemplares. “Su rostro no se aleja del forjado en el imaginario colectivo, de un hombre delgado, con nariz aguileña, pero no es un retrato sacralizado, sino que he tratado de hacerlo desde su propia mirada, irónica y que rozada el cinismo”, comentó en la presentación Miguelanxo Prado, informa Efe. La muestra, a juicio del autor de Ardalén, la novela gráfica que recibió el Premio Nacional de Cómic en 2013, repara cierto agravio hacia el escritor, cuya vida quedó sepultada bajo el éxito de su famosa criatura.

El Pais

La llegada del Capitán Marvel

El superhéroe, que fue creado en 1939 por Bill Parker y C. C. Beck, ha sufrido varias transformaciones según la editorial que editaba sus aventuras.

JAVIER FERNÁNDEZ





MARVEL GOLD. CAPITÁN MARVEL: LLEGADA. VV.AA. Panini. 304 páginas. 34,95 euros.

El Capitán Marvel original fue creado por Bill Parker y C. C. Beck en el número 2 de la cabecera Whiz Comics, a finales de 1939. Se trataba de un niño, Billy Batson, que se transformaba en un fornido héroe al pronunciar la palabra Shazam, un héroe que encarnaba determinadas cualidades de Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio (sabiduría, fuerza, valentía, etc.). El personaje se convirtió en un éxito instantáneo, y en su momento de mayor auge comercial (allá por 1944), vendía casi un millón y medio de ejemplares mensuales, más que el propio Superman. Sus aventuras, divertidas e imaginativas como pocas, especialmente las realizadas por el escritor Otto Binder y el dibujante C. C. Beck, son una de las cúspides creativas del género, una delicia por la que no pasa el tiempo. Por desgracia, DC Cómics (la editorial de Superman) acusó a Fawcett (la editorial del Capitán Marvel) de plagio y, tras un largo litigio, la serie de este último fue cancelada en 1953. El héroe no volvería a alzar el vuelo hasta la década de los setenta y, paradójicamente, lo hizo en el catálogo de DC, que para entonces había comprado el fondo de Fawcett.

En el ínterin, otras editoriales trataron de rentabilizar el nombre de Capitán Marvel, huérfano como estaba de personaje. Así, la editorial M. F. Enterprises publicó en 1966 un Capitán Marvel creado por Carl Burgos, también creador de la Antorcha Humana original. Fue una cabecera de solo cuatro números que pasó sin pena ni gloria, mayormente dibujada por Leon Francho sobre bocetos del propio Burgos. No hubo que esperar mucho hasta la llegada de otro Capitán Marvel, esta vez publicado por la propia Marvel Comics. Claro está que Stan Lee no iba a dejar pasar la oportunidad de crear un personaje que llevaba el nombre de la editorial (Marvel registró la marca, y es por eso que cuando el viejo Capitán Marvel regresó de la mano de DC hubo de ser renombrado como Shazam).

El Capitán Marvel de Stan Lee era un oficial Kree destinado en la Tierra que acababa desarrollando simpatía por los terrícolas y se declaraba en rebeldía contra los suyos. Su debut ocurrió en el número 12 de Marvel Super-Heroes, a finales de 1967. Tuvo una segunda aparición en dicha cabecera y pronto obtuvo una serie propia, lanzada con fecha de cubierta de mayo de 1968, el año de la fenomenal expansión del catálogo de Marvel. Lee escribió solo el primer episodio de Marvel Super-Heroes, y su labor fue continuada brevemente por Roy Thomas, siempre con Gene Colan en el tablero de dibujo. A estos, les siguieron Arnold Drake y Don Heck. Por aquellos tiempos, el nuevo Capitán Marvel no lucía el traje rojo y azul que lo haría famoso, sino el uniforme blanquiverde de los Kree, y sus aventuras tardarían bastante en despertar interés (no lo harían hasta la llegada de Jim Starlin, pero esa es otra historia). Llegada recopila los dos Marvel Super-Heroes y los primeros 11 números de Captain Marvel, el punto de partida del héroe cósmico por excelencia de la Marvel de los 70.

Malaga Hoy

El infierno y la utopía


JAVIER FERNÁNDEZ



MIRACLEMAN 3: OLIMPO. Alan Moore, John Totleben. Panini. 328 páginas. 34,95 euros.

Olimpo es el título del tercer tomo recopilatorio del Miracleman de Alan Moore, uno de los tebeos de superhéroes más importantes de la historia, tan bello, intenso e imaginativo que puede ser disfrutado incluso por aquellos que reniegan del género. Con Miracleman, Moore reformuló un viejo personaje británico creado en 1954 por Mick Anglo, llamado Marvelman. Sus nuevas aventuras comenzaron a comienzos de los ochenta en la revista Warrior, pero quedaron interrumpidas. Cuando el héroe fue retomado por Eclipse Comics en Estados Unidos, las presiones de la editorial Marvel obligaron a cambiarle el nombre, de modo que, desde 1985, se le conoce como Miracleman. Más conflictos legales hicieron que estos tebeos deliciosos se quedaran en el limbo durante un par de décadas, y ha sido precisamente Marvel la que los ha recuperado en una edición cargada de material extra. Una extraña consecuencia de los problemas editoriales de Miracleman es el hecho de que Alan Moore haya borrado su autoría de los créditos. Es así que el guión no aparece firmado por él, sino por "El guionista original".

En lo que se refiere al dibujo, los dos primeros volúmenes de la obra contaban con la aportación de Garry Leach, Alan Davis, John Rigdway, Chuck Austen y Rick Veitch, y la variedad restaba cierta consistencia al conjunto. Este tercero, sin embargo, es obra de John Totleben en solitario (exceptuando los extras), lo que permite que el último acto de Miracleman alcance mayor vuelo. Los dibujos de Totleben son audaces, llenos como están de composiciones arriesgadas y recursos visuales; su línea abigarrada es ideal para mostrar los horrores del infierno y las bondades de la utopía imaginados por Moore. En suma, Olimpo es una gozada de principio a fin, una auténtica obra maestra. Como ya he apuntado, contiene una nutrida sección de extras, casi doscientas páginas en total. Y entre ellos, destacan dos historietas cortas, la primera de Grant Morrison y Joe Quesada, y la segunda de Peter Milligan y Mike Allred. En una palabra: imprescindible.


Malaga Hoy

El Spiderman de Conway

JAVIER FERNÁNDEZ



EL ASOMBROSO SPIDERMAN, 107. VVAA. Panini. 120 páginas. 6,95 euros.

Los fans veteranos del trepamuros reconocerán de inmediato el nombre del guionista principal del número 107 de El Asombroso Spiderman: Gerry Conway. Conway es una leyenda del género de los superhéroes y, muy especialmente, del universo de Spiderman. En los setenta, firmó dos de los episodios más recordados de la larguísima trayectoria del Hombre Araña, la muerte de Gwen Stacy y su primer enfrentamiento con Superman, y regresó a la franquicia a finales de los ochenta para firmar un puñado de sólidos episodios en las series Spectacular Spider-Man y Web of Spider-Man. Aquí lo tenemos de vuelta, como si no hubiese pasado el tiempo. El tomo ofrece los números 17.1 y 18.1 del volumen 3 de Amazing Spider-Man (que son los de Conway, con Carlo Barbieri a los dibujos), los 3 y 4 de Silk y el 3 de Spider-Gwen, todos publicados originalmente con fechas de 2015.

Malaga Hoy

Miles Morales contra Veneno


JAVIER FERNÁNDEZ


ULTIMATE SPIDERMAN: LA GUERRA DE VENENO. Brian Michael Bendis, Sara Pichelli. Panini. 120 páginas. 9,99 euros.

La estupenda dibujante italiana Sara Pichelli regresa a la serie que la hizo famosa, Ultimate Spiderman, para narrar el enfrentamiento entre Miles Morales y el mismísimo Veneno, tras el cual se verá alterado el destino del superhéroe. Después de una década y media escribiendo los guiones de Ultimate Spiderman, Brian Michael Bendis demuestra que sigue teniendo un arsenal de buenas ideas, que conoce a la perfección los elementos básicos del personaje y que sabe emocionar a los lectores. La guerra de Veneno recopila los números 16.1 y 19 a 22 de la cabecera Ultimate Comics. All-New Spider-Man (diciembre de 2012-junio de 2013), un nuevo punto de inflexión en la carrera de este adolescente medio afroamericano, medio hispano.

Malaga Hoy

sábado, 10 de octubre de 2015

Mensajero de la naturaleza


Las atmósferas del fotógrafo japonés Masao Yamamoto invitan a la contemplación
El editor de Atalanta reflexiona sobre la fuerza de lo vivo que se plasma en sus imágenes


JACOBO SIRUELA 21 SEP 2015

Fotografía de la exposición Small Things in Silence. / MASAO YAMAMOTO

Hay artistas cuyas imágenes de gran formato o temas fuertes vienen a nuestro encuentro, como una flecha directa a los ojos, con el fin de hacernos aspirar el ácido hedor de nuestros días. Masao Yamamoto no se cuenta entre ellos; más bien está en las antípodas. Sus fotografías no nos llegan fácilmente: somos nosotros los que debemos ir a su encuentro, y a menudo acercarnos mucho debido a su pequeño formato, como si nos aproximáramos a mirar en el hueco de una cerradura. Frente a la espectacularidad o violencia de muchas imágenes contemporáneas, él opone lo suave, lo sutil; lo cual no indica blandura ni conformismo de ningún género: su suavidad es semejante a la niebla que envuelve en misterio a un paisaje y lo transmuta.

Tampoco su arte corresponde a ningún formalismo al uso. Su poética particular es fiel a su tradición cultural, vive apartada de la inercia desintegradora que impulsa a las nuevas corrientes artísticas. Visto desde esta óptica, Yamamoto podría parecer un artista nostálgico, un artista “antimoderno”. Sus fotografías, casi siempre en blanco y negro y delicadamente bañadas en té o café, tienen a menudo los bordes desgastados adrede, a veces rotos o raspados, o con pequeños arañazos y diminutas salpicaduras; parecen sacadas de un viejo álbum fotográfico en el que el tiempo ha dejado su marca indeleble.

Sus fotos nunca tienen el brillo artificial de las superficies nuevas ni la viveza postiza de los tonos subidos. Yamamoto rechaza el aspecto nuevo de los objetos que parecen haber quedado fuera del efecto del tiempo: para él, cualquier máscara de actualidad o de vana pretensión de escapar al desgaste temporal, sencillamente, es ilusoria. Pero, si bien el tiempo histórico no ha dejado ninguna huella en sus fotografías, el tiempo se expresa como eterno presente, o un instante sin fin, inmóvil, de lo intemporal. Y también, por otro lado, el flujo del tiempo deja su rastro de deterioro en la materialidad de las fotografías, lo cual es una toma de conciencia con la fugacidad de todas las cosas. Pero volvamos a su paciente y delicado trabajo de taller, que tiene la particularidad, la rara virtud, de convertir una fría reproducción serial en un objeto único, que muchas veces cabe en la palma de la mano. Esto devuelve de algún modo la fotografía a una dimensión artesanal emparentada con los viejos oficios manuales de los pintores o miniaturistas del pasado. No en vano, Yamamoto comenzó su andadura artística como pintor.

Fotografía de la exposición Small Things in Silence. / MASAO YAMAMOTO

Otra de las particularidades que solía distinguir su arte –ahora ya no lo hace– era la manera en que distribuía sus fotos en las galerías, deliberadamente desperdigadas en las paredes. Formaban parte de una instalación efímera, aparentemente azarosa, cuya colocación guardaba, sin embargo, un sentido narrativo, vago pero implícito. Es curioso, pero lo narrativo –lo supuestamente literario– también fue un procedimiento que las vanguardias del siglo pasado (cubismo, futurismo, abstracción y arte conceptual…) quisieron desterrar del ámbito artístico. Su intención era concentrar toda la expresión en la pura forma, en las nuevas formas de la modernidad, totalmente distanciadas de la narración sentimental o costumbrista del siglo XIX. Sin embargo, Yamamoto no corresponde en realidad a esta pretensión literaria de narrar historias con las imágenes. Si rescata la sucesión temporal de la tradición asiática –concretamente la de los largos rollos horizontales chinos, que a medida que se desplegaban iban mostrando un paisaje pintado– es con el objeto de introducir el tiempo en el espacio, de dar énfasis a un dinamismo temporal vivo y reversible, más allá del instante único y estático que establece la imagen fotográfica.

Parece un mero juego vanguardista, pero, como ya se ha dicho, Yamamoto no comulga con ninguna pretensión rupturista ni abriga intención alguna de romper ningún molde establecido. Si ha obrado así es más bien por necesidades de contenido que de forma. Su arte no brota de ningún obligado formalismo, sino de una necesidad interior, de una búsqueda permanente de las cualidades secretas del mundo. Esa cualidad implícita que hallamos en el espacio vacío y silente de la naturaleza, en el flujo sutil del tiempo y en la huella que deja en todas las cosas materiales, o en la belleza que emana de la interminable cadena del ser compuesta por aves, nubes, flores, montañas, mares, raíces, frutas, monos, gatos, insectos, cuerpos desnudos tendidos en la oscuridad…

Su arte se concreta en la vida natural, se concentra en el retorno al origen. Hace muchos siglos que la cultura europea propició la separación del ser humano de la naturaleza. Primero, el cristianismo la despojó de todo el valor sagrado que le había atribuido la religión pagana; luego, el pensamiento moderno lo redujo con Descartes a cosa, res extensa; y más tarde, el mito del progreso alentó su conquista apoyado en una tecnología cada vez más avanzada con consecuencias cada vez más devastadoras.

Aunque el progreso del siglo XX haya tenido las mismas consecuencias en los países asiáticos, la tradición nipona parte de un sustrato ideológico totalmente diferente. Antes de la revolución industrial, los japoneses no se sentían separados de la naturaleza ni se consideraban sus dueños, como los europeos en Occidente. Herederos del sintoísmo, siempre guardaron una actitud reverencial ante ella, y observarla, descubrir sus leyes y asumirlas como propias y plenas de valor fue la aspiración máxima de los antiguos sabios de Extremo Oriente. Pero también de los artistas. Los pintores chinos debían conocer las leyes secretas de lo que llamaban el li –principio que estructura todas las formas naturales– así como las del qi, o estudio de las características de la energía vital que anima a todo el universo.


Fotografías de la exposición Small Things in Silence. / MASAO YAMAMOTO

Tanto en China como en Japón, los artistas plásticos no intentaron imitar el aspecto externo de las cosas, su objetivo fue reflejar el “principio interior” que rige todas las cosas. Esto comportaba una absoluta interiorización de la naturaleza a través de contemplarla de forma continuada hasta fundirse con ella. Yamamoto forma parte de esta tradición, o al menos del sentimiento original que la propició. Para él, toda la vida natural es pura inmanencia de cualidades y energías, que dice sentir, ya sea en las suaves ondas de las olas, en la singular morfología de las piedras y raíces del campo o en las hermosas formas coloristas en las alas de las mariposas. Todas sus fotos intentan transmitir, como los maestros antiguos, la poesía interna de la naturaleza que solo el artista puede captar y expresar: “He intentado ser el mensajero de la naturaleza”, escribe en uno de sus textos.

Yamamoto vive alejado del ruido y el bullicio de las ciudades y, como habitante del bosque, su mirada nos devuelve al antiguo sentido contemplativo de los monjes y artistas asiáticos. Sus fotos comunican la fuerza y sencillez de todo lo vivo, la poderosa y delicada belleza que irradia todo aquello que simplemente es: el estado natural y original del ser.

Lo natural en su estado originario es llana y simplemente la belleza. Pero lo bello es un anhelo, no una meta alcanzada. ¿Es acaso inalcanzable? En realidad, no hay nada más huidizo (ni más profundo) que esta misteriosa cualidad del universo que las capillas artísticas hoy día han decidido relegar hasta haberla convertido en estorbo. Pero esta pérdida de sentido –consecuencia directa del olvido– no implica en modo alguno su desaparición porque, digan lo que digan las voces oficiosas, la belleza encierra el mayor misterio del arte.

Heráclito y Pitágoras fueron los primeros pensadores occidentales en captar y entender la armonía secreta del universo, que el segundo de ellos denominó kosmos. Para el pitagorismo, la belleza expresaba la proporción de las partes y su recíproca relación, fundamento de todo el arte clásico. Esta teoría mantuvo su vigencia en Europa hasta mediados del XVIII. Un siglo después, la Ilustración transformaría el estudio de la belleza en estética. Palabra que proviene de la acepción griega aistetikós, que designa todo lo que es susceptible de ser percibido por los sentidos. De modo que a partir del siglo XVIII, la estética entregó el arte al endeble reino de las sensaciones agradables, desposeyéndolo de todo su antiguo sentido metafísico dado por Platón en la antigüedad, que se conservó vivo durante toda la Edad Media, siendo impulsado de nuevo en el Renacimiento por el neoplatonismo de Ficino, cuya influencia llegó hasta Miguel Ángel.


Fotografías de la exposición Small Things in Silence. / MASAO YAMAMOTO

A partir de este momento, las ideas estéticas fueron sufriendo diferentes metamorfosis al ritmo de sucesivos movimientos siempre duales: neoclasicismo-romanticismo, realismo-simbolismo, hasta llegar al siglo XX, en donde Valéry anuncia ya su muerte, en 1929, cuando escribe: “La Belleza es una especie de muerte. La novedad, la intensidad, la extrañeza, en una palabra, todos los valores de choque, la han suplantado”. Y tal es la situación presente. Ahora el coro de la obra parece recitar como las brujas de Mac­beth: ahora “lo bello es feo; lo feo, hermoso”.

En fin, todo esto viene a cuento para colocar a Yamamoto en un contexto histórico, ya que la belleza parece ser su verdad. En efecto, su arte recupera el diálogo espiritual del hombre asiático con la naturaleza y su deseo de transmitir la misteriosa expresión feliz de la vida. La muerte de la belleza es una mera desaprensión de significado; la consecuencia de haber perdido un sentimiento primigenio. Ahora la belleza no puede ser idealista ni reclamar este tipo de trascendencia. Lo bello solo puede ser hoy inmanente. Solo puede regresar a nuestro mundo artificial tecnificado de una manera renovada y natural, a través de su opuesto: la naturaleza. Tal como hace Yamamoto.

Pero ¿de dónde proviene realmente lo bello? Esta es una pregunta sustancial, que nos obliga a abordar este asunto desde una perspectiva psicológica. En efecto, a partir de que todo lo contemplado es siempre inseparable de quien lo contempla, se deduce que la belleza, en realidad, es un estado. Lo cual no quiere decir que se pueda afirmar taxativamente que no se encuentra también en la naturaleza. La liebre, el caballo y las aves marinas son bellas en sí mismas; sin embargo, no conocen la belleza, porque esta solo existe a través de la mirada y sentimiento del ser humano.

Quien no alcanza ese estado es incapaz de percibir lo bello. Realmente está a la mano de cualquiera, pero distinguirla y sentirla es una cuestión de grados o estados de sensibilidad. No se hace presente a todos. Riadas de personas pueden pasar todos los días por un mismo lugar sin descubrir su belleza, y otra persona descubrirla al momento. La belleza es un estado. Resuena en nuestro interior.

Yamamoto anuncia ya el advenimiento de una nueva belleza, cuyos santuarios se encuentran en los cada vez más escasos espacios naturales. Quizá esto nos ayude a volver a dialogar y sentir de nuevo la naturaleza como algo propio, no como algo distinto de nosotros, sino como el espejo de una realidad de la cual formamos parte. Su fotografía es la prueba fehaciente de cómo un artista, a contracorriente de todas las supersticiones modernas, abre una puerta al futuro; y en lugar de rendir culto a un presente cada vez más confuso, retoma ciertas claves culturales del pasado para renovar el lenguaje estético y expresar con todo rigor y naturalidad la transparencia original de la vida, que no es otra cosa que belleza y misterio en su más natural simplicidad.

Las fotografías de Masao Yamamoto se incluyen en el libro Small things in silence (Pequeñas cosas en silencio), editado por RM y Seigensha y con texto de Jacobo Siruela.

elpaissemanal@elpais.es


FOTOGALERÍA Lo sutil de un instante









El Pais Semanal nº2.033 / 13.09.2015

Calavera Lunar por Albert Monteys







Historieta de Calavera Lunar, publicada en The Funny Pages, regalo del día del comic gratuito 12.04.2014


El salto desde una viñeta (al escenario)

ISABEL VALDÉS Madrid  9 OCT 2015 

El padre
Foto:Página oficial www.alfonsocasas.com



Este es Alfonso Casas, nació en 1981 en Zaragoza y cree que tiene la nariz grande. Barcelona lo acoge desde hace años. Es ilustrador, ¿de qué? Casi siempre de las cosas pequeñas que pasan en cualquier vida. Casi siempre relacionado con el amor. Es esa palabra la que está detrás de todas sus creaciones, Amores minúsculos, Te lo doy no, en todo caso te lo cambio de la editoral De Ponent o No sin mi barba (Lunwerg).

"El otro día alguien me preguntó que qué sería de mi trabajo cuando me enamorara y fuese correspondido. La verdad es que estoy deseando descubrirlo". Tiene más de 110.000 seguidores en su cuenta de Instagram, probablemente porque habla de lugares comunes. "Todos hemos estado ahí, en el pasado, en el presente y si no, seguro que en el futuro. El amor está ahí para todo el mundo, es muy fácil sentirse identificado". Sus dibujos lo relativizan.
La página que prendió la mecha
Foto:Alfonso Casas

El 26 de mayo de 2013 se publicó en El País Semanal una viñeta de Casas, Un cortado con la leche fría. En algún lugar de Madrid, Diego Rebollo, parte del equipo creativo Los Zurdos, estaba leyendo el EPS mientras desayunaba, llegó hasta la ilustración de Alfonso Casas y supo que ahí lo tenía.

"Marcó muchísimo a Diego, que se puso a investigar al autor y encontró el cómic Amores minúsculos. Lo leyó, le encantó, nos lo pasó y nos propuso adaptarlo. Queríamos hacer un proyecto teatral muy potente, y lo vimos claro. Era ese". No se equivocó, Amores minúsculos, en versión teatro, está nominada a los premios Max como mejor espectáculo revelación.

El otro padre (el teatral)
Foto:Samuel Sánchez

Y este es Iñaki Nieto, el hombre que ha adaptado y dirigido la obra de teatro que puede verse a partir de este viernes, 9 de octubre, en el Teatro Nuevo Apolo. Nació en México en 1973, aunque ha perdido totalmente el acento por el camino. "Aunque cuando vuelvo, el acento reaparece", dice mientras apunta algo para no olvidarse en el móvil. Está sentado en uno de los gigantes sofás verdes de la entrada del Nuevo Apolo, tras las puertas de madera, parte del reparto ensaya para el reestreno.

Después de que los tres "zurdos" hubieran leído el cómic, Diego Rebollo quedó con Alfonso Casas en Barcelona aprovechando un viaje que tenía que hacer hasta allí. "Fue en verano de 2013. Alfonso tardó bastante en contestar", recuerda Nieto. Acabaron quedando y la respuesta de Casas, que en realidad estaba muy emocionado con la idea de que Amores minúsculos tuviera una dimensión más fue: "Bueno, adaptarla, pero hasta que no vea el resultado no os doy los derechos".
Casas dijo "sí"
Foto:Alfonso Casas

El maño se ríe pero lo reconoce: "Es como si viene alguien y quiere casarse con tu hija. Amores es uno de los trabajos de los que más orgulloso me siento, le tengo mucho cariño y claro que me hizo ilusión, pero no quería que la adaptación fuera a cualquier precio". Para Casas, su creación ya tenía una trayectoría que no quería torcer. "Estaba un poco receloso, pero cuando ves que la quiere, que la va a cuidar y respetar (continúa con el símil del padre y la hija y el novio que llega)... entonces sí".


Durante unas cuantas semanas del verano de 2013, Iñaki Nieto se marchó a Fuerteventura para adaptar los bocadillos de esas páginas a diálogos que pudieran pronunciarse sobre un escenario. En diciembre de ese mismo año hubo una reunión entre Los Zurdos y Alfonso Casas, duró ocho horas y fue el día antes de Nochebuena. El 26 se firmó la cesión de derechos.


12 para 6
Foto:Magaly Briand

Era ya 2014 cuando la criatura empezó a tomar forma. El texto ya tenía el visto bueno del "padre", tocaba elegir las caras de los personajes.

"Las largas jornadas de casting las mantendremos en nuestra memoria como unas de las más emocionantes del proceso. Candidatos que venían caracterizados como los personajes del cómic o que realmente parecían salidos de las páginas de Alfonso Casas. Tan dructíferas fueron estas pruebas que conocimos al menos a dos actores por personaje que nos conquistaron, cada uno a su manera. Decidirnos que no queríamos renunciar a ninguno de ellos, por lo que nos lanzamos a la difícil tarea de tener un doble reparto, con todo lo que ella conlleva: dobles ensayos, doble plantilla... y sí, doble locura. Pero también doble emoción que permitía a los espectadores vivir experiencias únicas y volver al teatro para descubrir emociones nuevas cada vez". Así cuentan Iñaki Nieto, Edu Díaz (el tercer zurdo) y Diego Rebollo, cómo fue el proceso de casting en la última edición del cómic, una versión "mayúscula" de Amores minúsculos.


En tres dimensiones
Foto:Alfonso Casas

En mitad del proceso de elegir los rostros, había también que elegir el vestuario, la música, la decoración... Empezaron los ensayos. De repente, los trazos de los lápices de Casas tenían pelo, pesaban y medían, respiraban. "Para mí es muy emocionante que personajes de dos dimensiones creados en mi casa encerrado de repente tengan latido. Es un trabajo muy solitario. Tanto el momento de crearlo como el de leerlo. El cómic tiene adherido un concepto de estar a solas. Cuando por fin lo vi, me emocioné, verlo y ver lo que la gente del público sentía al verlo", cuenta Casas al teléfono desde Barcelona.

Pablo Castañón es uno de esos personajes. Es Jaime. La primera de las tres historias del libro. Nació en Mieres (Asturias) en 1977 y tiene un álter ego de celulosa. Se presentó en el casting vestido como su personaje, aunque no se afeitó la barba ni se cortó el pelo. Nunca había afrontado un personaje tan "perfilado" de antemano. "Pero sentía que tenía mucho terreno ganado". Lo cuenta durante un descanso del ensayo. También sentado en uno de esos sofás verdes.


 Lento, pero seguro
Foto:Unai Mateo

Jaime, sobre el papel, es tímido. "Un escritor en busca de inspiración justo en un momento clave en el que tiene un encargo editorial. No la encuentra hasta que no llega Eva. A partir de ahí su vida toma otro rumbo". Amores minúsculos ha ido también cambiando sus metas según iban pasando funciones. Estrenaron en Nave 73, en Madrid, el 10 de junio de 2014. "Teníamos la intención de estar dos semanas", aclara el director. Pero el lleno y las buenas críticas lo alargó. "Nos propusieron otras tres semanas en julio, también se llenó. Y volvimos de nuevo el 18 de septiembre".

Llegó entonces Antonio Fuentes, del Teatro Lara, y la obra se mudó (a medias) a la sala Off del espacio de Malasaña. "Allí hicimos un homenaje a las salas alternativas de Nueva York, y cambiamos un poco la perspectiva. En la sala Off, Amores minúsculos se convirtió en una obra en blanco y negro que mostraba a los actores en un ensayo".

 El paso al Nuevo Apolo
Foto:Alfonso Casas

En Nave 73 la obra es lo que, más o menos, es ahora. Con los cambios que surgen, simplemente, por el tiempo. "Estuvimos compaginando la obra en el Lara y en Nave 73. Y desde diciembre de 2014 hasta julio de 2015 nos quedamos definitivamente en el Lara, llenando todas las funciones". El director recuerda después la llamada del Teatro Nuevo Apolo, y la oferta de estar en el horario principal del off.

Ese camino hacia una sala grande parece tener la misma base. A todos les gustó esa forma de contar la realidad, simple, habitual y rutinaria. "Son situaciones que todos hemos vivido o deseando vivir. Poder reflejar eso desde un teatro me pareció maravilloso", explica Pablo Castañón. "Es el amor, dentro de toda su complejidad y sencillez. Y eso es una base muy potente sobre la que trabajar", corrobora Iñaki Nieto.



Transversalidad

La sinergia papel-realidad ha salido bien. Para el creador y su adaptador, la sinergia es positiva y fluida. Casas cree que la grandeza de una historia radica en su capacidad de adaptarse a varios formatos. "Cuando es susceptible de esa tranversalidad. Está bien que las cosas no sean cajones estancos de los que no puedes salir. Se trata de enriquecerse, y no solo en los amores minúsculos, sino entre cualquier disciplina".

Para el director de la obra, son dos artes que consiguen emocionar y comunicar por igual, cada una a su manera. Solo cambia la estructura para adaptar el texto, pero es viable, y lo consigue".

"Vaya si lo consigue... cada vez que veo la obra, lloro", reconoce Alfonso Casas. Probablemente también llore si Los Zurdos acaban consiguiendo el Max.

El Pais

11 escenas que pasan en todas las historietas de Mortadelo y Filemón

Los seres humamos somos un 75% de agua y un 25% de chistes de Ibáñez

JAIME RUBIO HANCOCK  08/10/2015


Francisco Ibáñez es uno de los referentes culturales más importantes de los últimos cincuenta años. Somos muchos (y de varias generaciones) quienes hemos crecido con su humor absurdo y en ocasiones algo bruto, sobre todo leyendo las aventuras de sus dos personajes más populares: Mortadelo y Filemón, que en noviembre estrenan su álbum número 201, ¡Elecciones!. Además, El País comienza a vender este domingo 40 volúmenes que recogen sus 120 mejores historietas. En la mayoría de estos títulos se repiten recursos y escenas que forman la identidad y el estilo de Ibánez, y que le ayudan a crear ese humor disparatado que ridiculiza nuestra sociedad. Aquí van 11 de ellas.

1. La entrada secreta es algún objeto cotidiano: una fuente, un cartel, un árbol, en una ocasión incluso el sol. Estas entradas suelen traerles problemas: estrecheces y suciedades varias. Pero aún lo pasan peor los los transeúntes que intentan probar a usarlas y comprueban que se trata de objetos normales para quienes no sean agentes de la T.I.A.

Entradas secretas en 'Los inventos del profesor Bacterio' (1972) y '¡Rapto tremendo!' (2004)

2. Mortadelo y Filemón intentan, sin éxito, eludir sus responsabilidades. En ocasiones se hacen pasar por enfermos o huyen a sitios lejanos de donde los ha de recoger otro agente de la T.I.A., a menudo Bestiájez. Esto ocurre cuando se han de enfrentar a misiones especialmente peligrosas, como El cacao especial y Billy el Horrendo. Otras veces no intentan escapar y es el Súper quien se encoge de hombros y dice algo así como: "Necesitamos a nuestros dos mejores agentes para esta misión. Pero están de viaje, así que nos tendremos que conformar con ustedes".

Un par de intentos de fuga: Billy el Horrendo (1983) y 'El cacao espacial' (1984)

3. Los inventos del profesor Bacterio nunca funcionan como deberían. Esta versión esforzada, pero poco certera, del Q de James Bond, suele ofrecerles algún cacharro o poción que tiene resultados contrarios a los esperados. Sobre todo en las historietas centradas en sus inventos, como Los inventos del profesor Bacterio, El cochecito Leré y La tergiversicina, por ejemplo.

Mención especial merece El sulfato atómico, que en 1968 estrenó las aventuras largas de Mortadelo y Filemón. En este álbum, los agentes no sólo han de rescatar de Tirania el sulfato elaborado por Bacterio (que en lugar de eliminar las plagas agranda a los insectos), sino que también aprendemos que Mortadelo se quedó calvo después de probar el crecepelo inventado por el profesor.

A Bacterio le cuesta atinar en 'Los inventos del profesor Bacterio' (1972) y 'El sulfato atómico' (1969)

4. Los insultos son gráficos. Literalmente. Por regla general, los personajes se tratan de usted y se insultan con términos tirando a viejunos y nada malsonantes, como "cabestro" y "animal de bellota". Cuando se enfadan de verdad, Ibáñez opta por omitir las palabras en los bocadillos y dibujar las cabezas de los personajes con cuerpo de animal, además de añadir truenos, nubarrones, serpientes y signos que recuerdan a un ideograma chino y que se podrían traducir por el peor taco que puedas imaginar.
Insultos con dibujitos en 'Gatolandia 76' (1972) y 'El UVA (Ultraloca Velocidad Automotora)' (2003)

5. Los comentarios aislados quedan invalidados por los acontecimientos. Es un recurso humorístico habitual en Ibáñez (y de mis favoritos): un tipo cualquiera está tranquilamente a lo suyo, hace un comentario inocente, y de repente pasa algo absurdo que niega, se toma al pie de la letra o exagera justo lo que el pobre hombre acaba de decir.

Escenas de 'Gatolandia 76' (1972), 'Ladrones de coches' (1980) y 'Safari callejero' (1970)

6. El medio de transporte que les asigna la T.I.A. siempre les defrauda. Mortadelo y Filemón malviven en una pensión y no tienen medio de locomoción propio, con excepciones sin continuidad en algunas historietas. Cuando la T.I.A. les asigna un vehículo, siempre hay un malentendido: ellos creen que les han dado un Mercedes, por ejemplo, y Mercedes resulta ser una mula. Nunca aprenden y nunca sospechan; al contrario, suelen hacerse ilusiones.

El "avión" de 'El sulfato atómico' (1969) y el S.I.C. de 'El UVA (Ultraloca Velocidad Automotora)' (2003)

Cuando el coche que aparece en las historieta es el de Filemón o, sobre todo, el del Súper, ya sabemos que no aguantará entero más de dos o tres viñetas.

El deportivo extraplano de 'La máquina de copiar gente' (1978)

7. Mortadelo usa sus disfraces para huir de sus jefes. Este personaje utiliza más a menudo sus disfraces para esquivar martillazos y huir del Súper o de Mortadelo que como herramienta para llevar a cabo sus misiones. A veces, el disfraz ni siquiera es práctico para huir y guarda más relación con el arma con la que le amenazan que con la velocidad o la defensa, si bien es cierto que a menudo recurre al caparazón de su disfraz de tortuga.

Mortadelo como foca en 'Gatolandia 76' (1972) y como mosquito en 'Ladrones de coches' (1980)

8. Cuando intentan proteger a alguien, este acaba peor que si estuviera a merced de los criminales. Da igual lo que hagan: si le dan agua, será lejía; si le sientan, justo debajo habrá una mina; si le esconden en un armario, estará lleno de cactus. Justo al contrario que cuando quieren atrapar a alguien: entonces son ellos quienes caen en sus propias trampas.

Los agentes de la T.I.A. protegiendo a Francis Urracson en 'Los guardaespaldas' (1977) y al presidente de Francia (ya reducido) en 'El ordenador... ¡Qué horror!' (2001)

9. Se recuperan de todos sus males en una o dos viñetas. A menudo caen de un vigésimo piso o les explota una bomba debajo, pero se recuperan en seguida, incluso aunque en la siguiente viñeta aparezcan en el hospital con todo el cuerpo escayolado. En ocasiones ni siquiera se curan las quemaduras, sino que simplemente se limpian el hollín con un pañuelo.

Algunos ejemplos de tortas: 'Rapto tremendo!' (2004), 'El UVA (Ultraloca Velocidad Automotora)' (2003) y de nuevo '¡Rapto tremendo!' (2004)

10. En el segundo plano de las viñetas hay otro mundo. Cuando Ibáñez se toma su tiempo, en las viñetas aparecen ratones torturando a gatos, colillas, tortugas voladoras, inexplicables hipopótamos, aviones estrellados contra edificios y, sobre todo, berenjenas, muchas berenjenas. En las viñetas también vemos objetos, digamos, con solera: en los últimos años ha introducido ordenadores y móviles, pero no ha abandonado botijos, sifones y mecheros de yesca.

Algunos ejemplos de viñetas con detalles: 'La Gomeztroika' (1989), 'Cacao espacial' (1984), 'El caso del bacalao' (1970), 'Rapto tremendo' (2004) y 'Safari callejero' (1970)

11. Todo termina mal. Aunque resuelvan el caso, Mortadelo y Filemón acostumbran a terminar sus aventuras (y cada capítulo de ellas) huyendo del Súper. Este suele querer vengarse de la última metedura de pata de sus agentes, que por regla general ha provocado que acabe vendado o chamuscado. A menudo se refugian en el polo o en algún desierto. Mortadelo suele disfrazarse y Filemón se esconde en algún accesorio del disfraz: en una mochila, en una olla o, como en una de estas viñetas, en una carretilla.


Los finales de 'Objetivo: eliminar al Rana' (1976) y 'El cacao espacial' (1984)




 El Pais Verne 08.10.2015