Declaraciones recogidas por Lucie Servin
El historiador y filósofo Marcel Gauchet es el redactor jefe de la revista *Le Débat*, fundada por el historiador y académico Pierre Nora en 1980.
La pasada primavera, un número titulado *Le Sacre de la bande dessinée* (La consagración del cómic) estuvo dedicado a la historieta. Un título que suena a consagración y que vuelve a plantear la cuestión de la legitimidad del cómic en la esfera intelectual. Eso suponiendo que la necesite.
¿No resulta un poco tardío dedicar un número de *Le Débat* al cómic en 2017?
Es el primer número que dedicamos íntegramente al cómic, pero no es la primera vez que hablamos de él.
El título alude al de Pierre Bénichou, *Le Sacre de l'écrivain* (La consagración del escritor). Da fe de nuestra voluntad de reconocer la irrupción y el ascenso masivo, en el panorama cultural, de un arte que en sus inicios se consideraba infantil, marginal y popular.
¿Por qué el cómic no interesa a los intelectuales?
La legitimidad del cómic es, ante todo, económica. Sin embargo, esta legitimidad resulta menos generalizada cuando se consulta a conservadores de museos o a bibliotecarios, tal como señala Antoine Torrens en nuestro número.
Además, se trata de un arte difícil de abordar para quien le es ajeno. El «noveno arte» no constituye un género homogéneo; en su interior se produce una selección entre lo que se considera digno —y lo que no— de ser valorado desde una perspectiva artística e intelectual. Coexisten un clasicismo y tendencias ultramodernas que conducen al cómic hacia las formas más sofisticadas del arte contemporáneo.
Ha surgido cierto esnobismo —similar al que rodea al rock—, junto con una vanguardia de puristas a la que Pascal Ory, también en nuestro número, compara con el movimiento surrealista.
¿Acaso no ha terminado, pues, la batalla por la legitimación del cómic?
Desde dentro, uno puede tener esa sensación. Pero, según el sistema intelectual, no estamos ahí como actores en dicha batalla, sino como analistas. Como el búho de Minerva que emprende el vuelo al caer la noche, damos cuenta de los trastornos con cierto retraso. Una cosa es estar en primera línea, en la vanguardia de un campo, y otra muy distinta no llegar a comprender lo que está ocurriendo. El cine trajo consigo una nueva forma de narración. Hoy resulta tan evidente que ya ni siquiera hablamos de ello. Del mismo modo, a través del cómic se está gestando una nueva técnica narrativa. Al igual que la novela en el siglo XIX, posee la capacidad de combinar elementos extraordinariamente dispares: imagen y texto, géneros elevados y cotidianos, lo noble y lo innoble. Hallar puntos de convergencia entre mundos muy distintos constituye, precisamente, el principio fundamental de nuestra modernidad.
El libro
A excepción del texto lamentable de J. M. G. Le Clézio y de la contribución del crítico de arte Philippe Dagen —que habría sido deseable que se centrara tanto en la heterogeneidad como en el arte—, la lectura de este número —el 195.º— de *Le Débat* resulta esclarecedora.
Cabe destacar, en particular, la entrevista apasionante del historiador Pascal Ory y el texto del escritor Tristan Garcia, quien desarrolla ideas interesantes sobre las relaciones tradicionales entre las imágenes y el cómic. Thierry Groensteen, Benoît Peeters y Jean-Pierre Mercier aportan sus contribuciones sobre temas que dominan a la perfección. El objetivo, al parecer, no era tanto abrir el cómic al debate intelectual, sino más bien introducir a los lectores habituales de la revista en el mundo del cómic.
Le Debat, nº195
ed. Gallimard
208 páginas
Les Cahiers de la BD (Série.2)- n°01 Oct-Dic 2017


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