Es un trabajo divertido y apasionante, pero duro, el resucitar gentes que fueron, imaginando su entorno en un intento de reconstrucción visual. Analizar su tiempo y circunstancias leyendo todo lo escrito sobre los que tratamos de recuperar del olvido para ponerlos de nuevo en pie, con una imagen creíble y adecuada.
Pero no basta leer. Hay que digerir lo leído para encontrar la forma de transmitirlo gráficamente en una sucesión de viñetas que harán de nuestro lector un analista visual de cada página. Ese análisis iconográfico es imprescindible si se desea disfrutar de esta suerte de narración dibujada, ya que hay detalles en una viñeta, nunca caprichosos, que unos verán y otros no. Todo un clima que intenta contarnos cosas, reforzado por los textos en bocadillos o globos, la palabra de nuestras gentes o las apoyaturas escritas para aclarar conceptos que la imagen nos propone.
Una narración inventada, pero casi siempre nacida en el pasado, en la historia, en lo ya sucedido y casi siempre olvidado. A veces, en el más documentado trabajo biográfico se producen lagunas que los historiadores no han podido salvar. Nada nos impide tapar esos huecos con imaginación, en una emocionante pirueta de que casi siempre carecen los austeros y voluminosos libros de historia. Creo que hasta podríamos hacer digerible la interminable nómina de los reyes godos, siempre evitando la pretensión de dar gato por liebre.
El Pais. Historia de los Comics. Clásicos y modernos. Capítulo 10. Año 1987
El Cid. La Toma de Coimbra por Antonio Hernández Palacios (páginas 12 a 28)

















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