viernes, 26 de junio de 2026

Sure la piste de Blueberry (Tras la pista de Blueberry)


Artículo/Prólogo de este álbum/homenaje al Teniente Blueberry por 29 autores.

Jean-Michel Charlier y Jean Giraud, sobre 1974 ©Dargaud


MIKE STEVE DONOVAN, alias Blueberry, aparece el 31 de octubre de 1963 en el número 210 de la revista Pilote, nacido de la fértil imaginación de Jean-Michel Charlier —guionista, entre otros, de Buck Danny y Barba Roja— y del talento ya bien consolidado de Jean Giraud, un joven dibujante apasionado por la ciencia ficción, el wéstern y el jazz, colaborador y discípulo de Jijé (especialmente en Jerry Spring, que por entonces era LA gran referencia del wéstern en el cómic franco-belga).

Al principio, el teniente Blueberry no debía ser más que un personaje entre otros de una serie destinada a narrar la vida de una guarnición, el fuerte Navajo del título, en lo que podría haber sido un prototipo de relato coral en formato de cómic. Pero este personaje indisciplinado, testarudo y, para decirlo todo, un poco bebedor, además dotado de un código moral a prueba de balas y tomahawks, conquistará rápidamente el corazón de los lectores y acabará convirtiéndose en el verdadero protagonista.

La llegada de este antihéroe es una novedad refrescante en el espacio pulcro y un tanto boy scout que era entonces el cómic. Jean-Michel Charlier estaba harto de militares intachables como Buck Danny o Tanguy; quería un héroe menos convencional, más inconformista. Jean Giraud propone dotar a este rebelde sin causa del físico de Jean-Paul Belmondo: nariz rota de boxeador, con un aire de granuja descarado y simpático, cuya imagen encaja con la caracterización del personaje, pero también con la juventud de los años sesenta.

Desde el principio, Jean Giraud rompe los códigos gráficos de la época al imponer encuadres y un dinamismo que se volverán cada vez más cinematográficos a medida que avancen los álbumes. Aunque puede percibirse la influencia de Jijé en los primeros tomos (de hecho, sustituirá a Giraud durante algunas páginas de Tonnerre à l'Ouest (Tormenta en el Oeste) y Le Cavalier perdu (El jinete perdido), el joven dibujante impresiona por su madurez gráfica y su personalidad. Los guiones de Jean-Michel Charlier toman su materia de hechos históricos sólidamente documentados. Ya desde el primer episodio, se inspira en un hecho real: una masacre atribuida a los apaches que degeneró en una guerra india. Una seña de identidad que aplicará al conjunto de la serie, y que la alquimia entre ambos autores elevará muy alto y con gran fuerza.

Al clasicismo muy fordiano de los cinco primeros álbumes (Fort Navajo, Trueno en el Oeste, El Águila Solitaria, El Jinete Perdido, La Pista de los Navajos) le sucederá un one shot, El Hombre de la Estrella de Plata, cuya historia recuerda a Río Bravo de Howard Hawks (una simple reminiscencia para Charlier, que siempre trabajaba en varias series al mismo tiempo). A partir de los álbumes El Caballo de Hierro, El Hombre del Puño de Acero, La Pista de los Sioux, aunque el trasfondo histórico (la construcción del ferrocarril) sigue estando tan bien documentado como siempre, el realismo da un paso más, inspirado en parte por el nuevo spaghetti western y las películas de Sam Peckinpah: el aspecto de los personajes se vuelve cada vez más desaliñado y sucio, un efecto acentuado por el uso del rayado. Un dibujo aparentemente espontáneo, siempre igual de dinámico y cada vez más virtuoso.

Los tomos siguientes, General Cabeza Amarilla, La Mina del Alemán Perdido y El Fantasma de las Balas de Oro, son obras maestras del entintado, la puesta en escena y el color, y los guiones de Charlier están a la altura del dibujo. La desmedida ambición de un general dispuesto a masacrar a indígenas inocentes para añadir una estrella a sus galones y la obsesiva búsqueda del oro de Prosit Luckner beben de los resortes dramáticos más profundamente humanos, acordes con una composición de página y una puesta en escena que, por momentos, tienden hacia el expresionismo. Como ocurre en La Mina del Alemán Perdido y El Fantasma de las Balas de Oro, donde el relato de la leyenda del espectro por parte de Prosit roza lo fantástico sin llegar a adentrarse por completo en ello. De nuevo el oro, el de los confederados, es objeto de todas las codicias en los álbumes Chihuahua Pearl, El hombre que valía 500.000 $ y Balada para un ataúd. Aparece entonces un poderoso personaje femenino, Chihuahua Pearl, una especie de Milady del Oeste: codiciosa, oportunista, peligrosa, pero también inteligente y tenaz, tanto aliada como adversaria de Blueberry. Fuera de la ley y Angel Face cierran esta trepidante etapa con un thriller conspirativo y paranoico adelantado a su tiempo. Al término de este recorrido, Blueberry es un proscrito, de nuevo fugitivo, y encuentra refugio entre los indígenas. Nariz Rota, La Larga Marcha, La Tribu Fantasma y, después, La Última Carta y El Final del Camino logran cerrar brillantemente todos los arcos narrativos iniciados con Chihuahua Pearl e incluso con General Cabeza Amarilla.

Cuando Jean-Michel Charlier falleció en 1989, él y Jean Giraud estaban trabajando en Arizona Love, la historia de un fracaso amoroso anunciado que rompe claramente con los relatos paranoicos de grandes dilemas existenciales que la precedieron. Aunque el dibujante decidió terminar el álbum en solitario, hubo que esperar hasta 1995 para que relanzara la serie, encargándose tanto del guion como del dibujo de cinco nuevos álbumes: Mister Blueberry, Sombras sobre Tombstone, Gerónimo Apache, O.K. Corral y Dust. Giraud reúne en ellos a los hermanos Earp y a los Clanton, así como el célebre duelo de O.K. Corral. Mike ha envejecido, es más reflexivo y pasa la mayor parte del tiempo sentado a una mesa de póker, mientras a su alrededor la ciudad se agita, lucha, vive y muere, y en las montañas cercanas y en la memoria de Blueberry, Gerónimo merodea como una sombra.


¿POR QUÉ BLUEBERRY NOS FASCINA TANTO?

Fugitivo injustamente acusado de asesinato, refugiado en el seno del ejército; hijo de un esclavista que, sin embargo, luchó por el bando de la Unión durante la Guerra de Secesión; teniente de caballería simpatizante de la causa indígena; espía en busca de un tesoro para el ejército; traidor, presidiario y después nuevamente fugitivo, atrapado en una conspiración contra el presidente de los Estados Unidos; enamorado desesperado y más tarde jugador empedernido que apuesta su vida y su alma en una mesa de póker. Su recorrido nos muestra a un personaje moldeado tanto por las pruebas que afronta como por sus propias debilidades. No intenta resolver sus contradicciones, sino sobrevivir a las pruebas y los traumas que la vida, y los autores, le deparan. Pero su combatividad, su ingenio, su lealtad en la amistad y su sentido de la justicia hacen de él, pese a todo, un héroe positivo. Blueberry forma parte de esos protagonistas que reciben golpes sin descanso, pero que siguen avanzando y hacen lo que tienen que hacer; en ese sentido, continúa siendo un héroe clásico. En definitiva, son sus debilidades y sus extravíos los que lo convierten en un personaje profundamente humano, recordando a veces la figura romántica tan querida por Victor Hugo.

Este texto no hace más que mostrar la punta del iceberg que es Blueberry. Desde hace 62 años, la obra de Jean-Michel Charlier y Jean Giraud no ha dejado de maravillar a quienes la descubren o la redescubren. Por supuesto, ha estado admirablemente servida por el talento excepcional de sus dos creadores*. Pero, por una gracia que jamás pasará el filtro del análisis, ha sido mucho más que eso: una alquimia que hace que el conjunto sea mucho más que la simple suma de sus partes. Una inspiración.

Tras la pista de Blueberry es un homenaje de autores de muy distintos horizontes a este personaje que cabalga por nuestras imaginaciones, siempre huyendo o buscando un tesoro perdido, paseando su aire desenfadado y cansado por paisajes fabulosos, en el fondo de un escarpado cañón, en un desierto abrasado por la luz y el calor, o en una ciudad fronteriza de mala fama.

Gracias a los autores que aceptaron participar en esta obra. Algunos optaron por un enfoque totalmente serio, otros tomaron más distancia e incluso añadieron humor, pero cada uno aportó SU propio Blueberry. Veintinueve autores, catorce relatos y otras tantas ilustraciones que reflejan la pasión despertada por lo que se considera, con toda justicia, la mayor serie del western del cómic franco-belga y una obra fundamental en la historia del noveno arte.

Les deseamos una maravillosa lectura.

EL EDITOR

\* El panorama quedaría incompleto si no mencionáramos también las series paralelas: La Juventud de Blueberry (21 tomos, con guion de Jean-Michel Charlier y después François Corteggiani; dibujo de Jean Giraud, posteriormente Colin Wilson y Michel Blanc-Dumont) y Marshal Blueberry (3 tomos, con dibujo de William Vance y guion de Michel Rouge). Por su parte, Joann Sfar ofreció su propia visión en un díptico, Lieutenant Blueberry.














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