sábado, 20 de junio de 2026

CLÁSICOS EN B/N:PANTERA NEGRA Don McGregor y Billy Graham/Rich Buckler/Gil Kane Forum


Es justo pagar las deudas, y es por eso que me encuentro redactando estas líneas sobre un tebeo que pasará inadvertido a la mayoría y será abordado con incomprensión por los pocos que lo lean. Pero la huella que me dejó su lectura a una edad demasiado temprana me obliga, como mínimo, a dedicarle un reconocimiento.

"La furia de la Pantera" apareció originalmente en Jungle Action nos. 6 al 18 (1973-1975). Es, pues, contemporáneo de Luke Cage, Héroe de Alquiler - la primera serie con protagonista negro de Marvel-, y de la edad de oro de las blaxplotaition movies, con tres películas de Shaft entre 1971 y 1973, dos de Superfly) en 1972 y 1973, y la reina Pam Grier arrasando en Coffy (1973) y Foxy Brown (1974). También es contemporánea, y esto resulta aun más significativo, de la Saga de Thanos de Jim Starlin en Capitán Marvel. Y digo que es más significativo porque, si bien la Pantera siempre fue, obviamente, icono de la negritud, y su toma de protagonismo individual ha de relacionarse necesariamente con el apogeo de la blaxploitaition, también es cierto que, como reconocía Don McGregor recientemente en una entrevista en Comic Book Artist, aunque en "La furia de la Pantera" fue la primera vez que se vio un reparto de personajes integrado completamente por negros, sin embargo pocos lectores repararon en ese detalle. En "La furia de la Pantera", la cuestión racial queda en segundo plano, pues al ambientar toda la acción en un país negro y entre actores negros, el rasgo pierde su matiz diferenciador. No quiere esto decir que McGregor fuera insensible a la problemática racial, ni mucho menos, y de hecho la siguiente aventura del rey africano sería, ya de regreso en América, "La Pantera contra el Klan", así, sin contemplaciones. Pero en "La furia de la Pantera" son otros los temas que quiere abordar McGregor. Son, como en gran medida en La Saga de Thanos de Capitán Marvel, temas relacionados con la condición humana, con la sociedad con la política, con la revolución. Temas, en resumidas cuentas, muy hippies. Muy de su tiempo

Ahí está una de las grandes virtudes de "La furia de la Pantera", en haber sabido convertirse en una obra de su tiempo, un manojo de páginas que nos da una fiel muestra no de cómo fue esa primera mitad de los 70, pero sí de cómo sentían que era quienes la vivían, de cómo la percibían, idealizada e ingenuamente, pero tambien de forma absolutamente honesta. Estética y éticamente, "La furia de la Pantera" quiere romper con la tradición superheroica en la que se ha criado para buscar algo más. Si los tebeos de superhéroes habían prosperado durante los 60 como producto pop, amparado hasta cierto punto bajo la coartada de la expresión juvenil e ingenua, en los 70 muchos de esos críos que habían crecido con Lee, Kirby, Ditko, Romita y Colan, decidieron que serían capaces de continuar su viaje hacia la vida sin desprenderse de equipaje de los justicieros enmascarados. Hablo de McGregor, y de Steve Englehart, Starlin, Len Wein, Marv Wolfman, Doug Moench... Todos ellos quisieron hacer adulto al superhéroe, darle una nueva dimensión y llevarle hasta una nueva época, más compleja y matizada. Se puede discutir el mayor o menor acierto no ya sólo de la empresa, sino incluso de la idea, pues con el paso de los años se reivindica cada vez más la inocente efervescencia de los sencillos superhéroes de los 60, mientras que se observan con cre ciente sospecha los intentos de continuación adulta de los 70. Pero el caso es que esa intención está ahí, y esa intención alienta "La furia de la Pantera" en ese intento McGregor y sus colaboradores especialmente Billy Graham- se ven obligados a desarrollar temas y técnicas que se liberen de la tiranía impuesta por el estilo Kirby. Lo consiguen: este tebeo de 1973 se parece menos a Los Cuatro Fantásticos serie, por cierto, donde nació la Pantera Negra- de Lee y Kirby de 1968, que la mayoría de los tebeos de 1999. No sólo eso: si vamos a compararlo con otros tebeos, sólo se parece a sí mismo. La osadía creativa de McGregor y Graham es inmensa: realmente. estaban recorriendo territorio inexplorado.


Por la brecha que abrieron, se colarían en los ochenta autores como Frank Miller y Alan Moore, quienes sin duda habían comprendido que se podían conjugar gravedad y superhéroes leyendo en su adolescencia cosas como "La furia de la Pantera". No cito esto dos nombres alegremente. Temáticamente, hay en "La furia de la l'antera mucho de lo que luego se verá en Miller. De hecho, podríamos decir que si despojamos a T'Challa de sus sentimientos de duda y escepticismo, lo que nos queda es un héroe puramente milleriano sometido al impulso imperativo de hacer lo que es justo por encima de cualquier satisfacción personal. En efecto, la Pantera Negra no es un superheroe al uso. Su cargo le viene otorgado por su posición como gobernante de los Wakanda, y es a pesar de sus propios deseos, y en virtud de su responsabilidad regia, que se ve obligado a emprender la mayoría de las acciones que emprende, y a administrar la violencia que administra. Pero sus dudas no le impiden cumplir con su deber, cueste lo que cueste. La expresión gráfica de ese sacrificio nos deja algunas escenas que Miller podría haber firmado, especialmente la crucifixión de T"Challa en el arbusto de espinos. De hecho, la tortura acompaña a la Pantera a lo largo de todo su camino, como un motivo con un significado superior, que refleja cierta purificación espiritual y que se representa a través del uniforme continuamente hecho jirones. La diferencia esencial entre un héroe de Miller y la Pantera Negra es que el primero se desenvuelve en un mundo en blanco y negro, donde siempre hay un enemigo a quien aplastar, mientras que la Pantera se mueve en un mundo gris, en el que el enemigo es uno mismo y sus relaciones con los otros, y hasta el gran adversario, el rebelde Kilmonger, tiene tantos elementos de nobleza y es descrito con tal simpatía que puede captar la lealtad del lector. Es lógico: McGregor está reflejando un momento de incertidumbre, la desagradable resaca del final del sueño de los 60, el terror de la crisis del petróleo y de las fases más deprimentes de la Guerra del Vietnam. Incluso el declive comercial del comic book, al cual se auguraba un final rápido por entonces. Como cualquier otro hippie, la Pantera lucha contra un mundo demasiado complejo y contra el cual ni siquiera está seguro de que debería estar luchando, en vez de hacer el amor, hermano. Pero no le queda otro remedio.

La relación con Moore es fácil de ver en unos textos de apoyo que recuerdan más de una vez a los que se pueden encontrar en muchos episodios de La Cosa del Pantano. Hasta entonces, los textos de apoyo habían sido exactamente eso: frases que cumplían una función subalterna de ambientación temporal o espacial, pequeños puntos de soporte para la narración visual, o descripciones redundantes de lo que mostraban las imágenes (esto, cuando los escribían guionistas malos sin confianza en sus dibujantes, o guionistas buenos intentando arreglar el estropicio causado por un dibujante malo). Con McGregor, los textos de apoyo cobran vida, desarrollan su propio universo.

Aportan una dimensión emotiva y reflexiva que no se puede encontrar en el dibujo, en su afán de añadir densidad a la obra. Muchas veces, los textos nos están contando lo que no vemos, lo que ocurre en la cabeza de los personajes; también, cómo viven los personajes lo que nos muestran las imágenes. A menudo, añaden digresiones filosóficas en paralelo a la acción, o describen con minuciosidad las pruebas físicas que padece la Pantera, con el fin de hacerlas más palpables para el lector. Es una trampa literarizante en la que resulta fácil tropezar, y que ha dado lugar a grandes excesos -en "La furia de la Pantera", sin ir más lejos, a veces de prosa pomposa hasta lo sonrojante-, pero que también demuestra una voluntad inconformista y que abrió muchas puertas para el futuro. De la misma manera, hay que valorar el afán innovador de Billy Graham, empeñado en los diseños de página más sorprendentes y en combinaciones de secuencias que nunca se dejan caer en la comodidad. Aunque consigue un retrato nervioso y expresivo de T'Challa y los demás secundarios, no es en el dibujo donde está su mayor virtud, sino en su brillante sentido del equilibrio compositivo y en sus numerosos hallazgos narrativos.

"La furia de la Pantera" es un tebeo ambicioso, y es en esa ambición donde están sus virtudes y sus pecados. Es esa ambición la que le permite elevarse sobre tantos otros tebeos de superhéroes puramente imitativos, y esa ambición la que hace que, una vez elevado, su silueta resulte a veces demasiado estridente y vulgar. Pero su voluntad de abrir caminos y alejarse de la cómoda reiteración del molde kirbyano, la sintonía con el momento vital al que pertenece (un valor que ya nunca perderá), y lo interesante de algunas de las situaciones y personajes planteados por McGregor, así como de las imaginativas y brillantes páginas de Graham, lo convierten en una obra excepcional a la cual es justo recordar 25 años más tarde. Y sí, tal vez los pocos que se acerquen a ella ahora la consideren sólo una farragosa pesadilla del post-hippismo, pero yo, al menos, he pagado mi deuda.

TRAJANO BERMÚDEZ


U, el hijo de Urich #18 Diciembre 1999


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