Acompañar a personas que padecen enfermedades neurodegenerativas no es tarea fácil
José Luis Vidal
09 de mayo 2026
Después de quince años de insistencia, y tras muchos noes, Ètienne Davodeau consiguió que su pareja Françoise le permitiera compartir sus experiencias y trabajo junto a diversos casos, muchos de ellos Alzheimer, y plasmarlos en las viñetas de su siguiente obra con todo el conocimiento y responsabilidad necesarios para no herir susceptibilidades.
Una labor esta, la de acompañante, que no es para todo el mundo, ya que hay que tener una empatía total a la hora de observar ese pequeño resquicio por el que poder colarse y ayudar al enfermo en lo cotidiano, ya que en muchas ocasiones se muestra contrario a la presencia de una persona extraña en su vida.
Durante dos años, Ètienne entrevistará a Françoise, entrando imaginariamente en la vida de una serie de persona, todos y cada uno de estos casos diferentes. Y podrá ver lo gran profesional que es su pareja, que pone toda su pasión y conocimiento a la hora de ayudar, de acompañar y también, por qué no decirlo, aliviar del inmenso peso y dolor que se instala en el seno familiar cuando esta enfermedad ataca a uno de sus componentes.
Y lo más sorprendente es que la manera de acometer su labor se basa principalmente en dos cosas, toneladas de paciencia y el hallar con diferentes métodos la llave de esa puerta por la que entrar en el día a día de la persona, y poder caminar junto a él o ella, muchas veces en silencio, pero aportando un brazo en el que apoyarse ante el vacío al que se enfrentan, donde los rostros, los nombres y los recuerdos se van desvaneciendo.
El Sr. Saunier, las Sras. Marchand, Maleau, Viannot y Cédric serán los casos que vamos a compartir como espectadores, y resulta increíble y muy emocionante ver como en todos y cada uno de ellos, el método de trabajo de Françoise funciona.
Por supuesto, Davodeau no estará presente en ninguno de estos, contando siempre con la revisión constante de las páginas que va produciendo y que su pareja revisa en profundidad, no solo el retrato que hace de los pacientes, sino la manera de expresar términos, etc.
Pero habrá una única excepción en todos ellos en los que el autor sí que podrá entrar en el círculo familiar y ver como la implicación de sus miembros, en diferentes niveles, funciona a la perfección en todos los casos y, pese a que ya conocemos que por desgracia el final del camino está predestinado, este se le hace mucho más agradable a la persona.
La labor de documentación del autor es tan intensa que incluso llegará a viajar junto a Françoise a Canadá, para conocer las instalaciones de Carpe Diem, un lugar donde contemplará en primera persona los increíbles métodos de su alma mater y fundadora.
En fin, una obra esta que es muy necesaria, ya que en ocasiones nos resulta difícil empatizar con las personas que padecen este tipo de enfermedades. Es de agradecer la manera tan natural y efectiva con la que la pareja nos deja acompañarlos en este camino.
Diario de Cadiz

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