sábado, 21 de marzo de 2026

Pussey Daniel Clowes La Cúpula



Siguiendo con la presentación temática de los comic book estrella del panorama alternativo americano, le toca a Dan Clowes turno de aparecer en Brut Comix con el segundo tomo recopilatorio extraído de su cabecera Eightball, reconvertido a este mercado latino en tebeo, aunque con las mismas 48 páginas. El material incluído comprende seis entregas diseminadas por números alternos de la revista (1, 3, 6, 9, 12, 14) a lo largo de los cuales las glándulas de los colmillos de Clowes segregan su ácido veneno sobre las facetas más freako-mainstream de su entorno profesional/fandómico.

No debemos olvidar que América es ese país en el que el 90% de la mercancía cultural en venta trata de gente y cosas irreales y toda la industria se desarrolla alrededor de ello, mientras un inmedible porcentaje de tebeos (cine, etc.) que habla de gente cotidiana que no persigue ladrones ni cambia de pistola más que de camisa, lucha con denuedo por ocupar una parcela comercial de mera supervivencia.

Una de las consecuencias que conlleva una industria cultural tan "adaptada" al tejido social que la consume, se manifiesta en las personalidades de los entes sociales que escogen profesionalmente el camino de productores de mercancía cultural: artistas, cineastas, escritores, historietistas. Y, en el caso del tebeo de Dan Clowes que comentamos, Pussey es ese tipo de pilar de la sociedad encargado. y refrendado por el respaldo del éxito, de producir el entretenimiento cultural que forma las tiernas mentes de nuestros adolescentes en esa edad tan crítica: las historietas.

Así que Clowes, como depredador inmisericorde de la América profunda, diríamos vulgarmente que aquí lo tiene fácil. Por poco esfuerzo que pusiéramos lectores y redactores, pronto saldríamos con personajes y personalidades, manías y deformaciones, psicologías inconfesables, en suma, cercanos o visibles desde nuestros círculos como seguidores del "mundillo". Ni siquiera la distancia que supone el océano hará que nos resulte ajena esta cadena trófica a cada año mejor difundida desde los centros neurálgicos del imperio: editores, dibujantes, entintadores, rotulistas, coordinadores de colección, fans, padres de los fans...



Clowes toca todos los resortes que cabe esperar que toque a la hora de puntualizar respecto del personaje de Pussey. Todas las historias y figurones de la industria USA que conocemos de leídas, adquieren en Pussey! su esperpéntico reflejo para sernos devueltas con la pátina de asco que Dan Clowes quiere que produzcan. No hay, por su parte, en esta etapa de la revista, asomo de comprensión o cariño por los personajes. En ningún punto su mirada se detiene sobre ninguno de ellos, ni sobre los criticados ni sobre los que se les oponen, con la mínima dulzura. Y esta actitud, como se sabe, de puertas adentro es mucho peor.

El asco y el rechazo que hay en Pussey!, aunque existe para casi cada freak que Clowes decide mostrarnos (incluida su propia caricatura), es aquí el que se refiere a su propio ambiente profesional, a esa industria macrocefálica que no permite la ósmosis de personajes sin poderes ni pistolas. No queda títere con cabeza y la risa socarrona que debería surgir del lector cuando reconoce las situaciones no llega a arrancar nunca, ahogada la comicidad en una sopa de negrísimo cutrerío.

Diciéndolo de otro modo, hemos ido a dar con el tema apropiado para obtener de Clowes un taponcito de su más puro veneno en fase de destilación. Concebida y presentada como complemento, entre otros, de la historieta central en la primera etapa de Eightball (la ya presentada aquí Como un guante de seda forjado en hierro). es decir; para ser leída de paso junto a otra historieta más desarrollada, sí adquiere, por reducción de consideración, un cierto toque cómico. Se sabe que el veneno, en pequeñas dosis, se puede consumir con placer. Pero despojado de apoyos, empacada toda junta de principio a fin, la historia de Dan Pussey te deja sin ganas de sonreírte y no tan sorprendido por la manera como el hombre 

-se mezcla con el mundillo de la pintura

-alcanza el éxito 

-se relaciona con las chicas 

-finalmente, muere.

Pasa lo que tiene que pasar, pasa como tiene que pasar y te deja el sabor que el artista quiere transmitir. Así pues, una historieta redonda, perfecta diríamos. Pero es tan descarnada la imagen que presenta, tan sin salida la psicología de sus muñecos, que su disfrute queda, en cierta manera, drenado.

Hay que esperar a que ese otro complemento, surgido poco a poco al amparo de las paginas finales del Eightball, vaya desarrollándose e infectando cada vez más páginas hacia atrás, para recibir de los personajes de Clowes aún más que una maravillosa y espeluznante caricatura. Pero, como decían en la tele, esto será en el próximo episodio que, sin duda, nos ofrecerá Brut Comix, titulado Mundo fantasma.

Enrique Vela


U, el hijo de Urich #11 julio 1998


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