martes, 31 de marzo de 2026

Gran Circo Capuccino Oscar Julve Glénat


No sé para ustedes, pero para mí fue el chiste de Enrique el Murciélago, el de su involuntaria e inconsciente fuga de la prisión del Valle de las Zarzamoras, el momento que me confirmó la aparición de una nueva voz creadora a tener en cuenta en nuestro erial viñetero. (Esa voz, por supuesto, eran cinco en realidad, pero se armonizaban con precisión para cantar los sorprendentes y divertidos sucesos que tenían lugar en el Lirondo universo que habían creado).

He leído los cuatro números aparecidos hasta la fecha de Gran Circo Capuccino esperando, página tras página, encontrarme con un momento semejante. Y lamento tener que decir que ha sido en vano.

Circo Capuccino es desde su primer número un producto mas profesional y pulcro en su aspecto visual de lo que lo fueron los primeros números de Mondo Lirondo. Oscar Julve demuestra habilidad en el manejo del pincel, de los recursos infográficos, en la puesta en página... Pero carece del carisma contagioso de que hacían gala todos los componentes de La Penya (y que luego ha explotado en sus trabajos individuales, con especial virulencia en el caso de Monteys). En realidad y a pesar de los incontestables parecidos entre el trabajo de Julve y el de La Penya, en este Circo Capuccino hay más, por ejemplo, del humor absurdo e idiota de Edika y de su recurso a la improvisación, que del ingenio y la capacidad de creación de personajes del ya desbandado quinteto.



La mayor semejanza entre el Circo Capuccino y el Mondo Lirondo puede residir en su creación de similares universos, mundos irreales e indefinidos, pero con base en la realidad, que nos remiten a otros, de índole pro-infantil, habituales de tebeos y dibujos animados (no creo que haga falta citar ejemplos), convenientemente subvertidos (signo de los tiempos)

mediante la introducción de elementos corruptores (léase, sexo y violencia). Universos ambos, habitados por seres antropomórficos de sorprendente calaña, mucho más sorprendente en Circo Capuccino por lo indefinible (¿animales? ¿vegetales? ¿minerales? ¿.?).

En cambio, si en Mondo Lirondo encontrábamos toda una larga nómina de personajes que se disputaban el protagonismo con sus particulares idiosincrasias (mi favorito, repito, Emilio el Murciélago), los personajes de Julve son uniformemente grotescos, alucinados y canallescos y la trama (por así llamarla) avanza, a golpe de repentización, por terrenos escasamente estimulantes (el chiste de la invasión alienígena es patético -y él lo sabe-). Quizá uno de los pocos momentos que se antojan ingeniosos es cuando Julve representa a una turba humana, que se lanza a la calle para manifestarse en contra de la invasión alienígena que los acecha (en clara parodia de las masivas, "solidarias" "democráticas" manifestaciones que se han producido recientemente en nuestro mundo real), y que se torna en jauría linchadora cuando detectan la presencia de un extraterrestre perdido. El acierto reside en que Julve dota a esos ciudadanos indignados con la apariencia de muñequitos (los famosos "clics" de Playmobil, en concreto) lo cual resulta una metáfora bastante hábil. Lo malo y esto sirve como ejemplo del problema del que, en general, adolece el trabajo de Julve) es que los diálogos que acompañan la escena resultan redundantes y excesivamente enfáticos ("¡Este linchamiento será una fuente de felicidad momentánea!"; "; Atacamos en masa porque así nada nos pasa!"), convirtiendo lo que pudo ser un momento de sátira inteligente en una gracieta fácil.


No me parece mal, al contrario, me puede parecer incluso positivo, que Julve haya decidido copiar el modelo Mondo Lirondo. Puestos a copiar, mejor es copiar algo cercano, bueno y, además, con un valor, digamos, representativo como el que posee Mondo Lirondo, que copiar lo que copian otros por ahí. El problema es que, insisto, Oscar Julve no consigue revivir el espíritu entrañable que (a pesar de la vehemencia y el cafrerío que también tenían presencia destacada en sus páginas) presidía el tebeo de La Penya.

Supongo que tampoco es objetivo único de Julve el recrear la esencia de Mondo Lirondo. Supongo que aspirará a mostrar una personalidad propia y es posible que, con el tiempo, lo vaya logrando. Como nota al margen: ignoro si realmente se está cumpliendo la periodicidad bimestral que se anuncia en los créditos, pero en cualquier caso los cuatro números aparecidos desde noviembre del año pasado suponen un ejemplo de capacidad de producción inusual en los tiempos que corren.

J. Edén


U, el hijo de Urich #11 julio 1998


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