domingo, 29 de marzo de 2026

Detective Conan Gosho Aoyama Planeta-DeAgostini


Antes que nada, y como en un programa de Nieves Herrero, he de confesar una debilidad (de las que son confesables, claro): a pesar de que habitualmente me cuesta mantener la concentración durante más de un par de segundos, sin embargo cuando detecto una mención al mito de Sherlock Holmes, bien ortodoxa como la excelente serie de Granada Television con el tristemente fallecido Jeremy Brett o bien extracanónica como la fabulosa Asesinato por Decreto, se me despierta un interés inusitado que se refleja en la necesidad imperiosa de conocer; de poseer el objeto en cuestión, sea éste un libro, una película o. como el caso que nos ocupa, un tebeo. Así pasa, claro, que normalmente el interes no se ve correspondido con el valor de la cosa en cuestión. No es éste el caso de Detective Conan.

Uno ya sabía (por lo menos, de oídas) que en el manga caben todo tipo de temas, desde el fútbol a la comedia romántica, de la ciencia ficción a las artes marciales. Pero tropezarse con Detective Conan no deja de ser una sorpresa, porque parece un compendio de todos esos géneros y un par o tres más, verbigracia la intriga detectivesca, pero de eso hablaremos luego.

El argumento es como sigue: Shinichi Kudo, un prometedor e inteligente estudiante de instituto que ejerce, como su héroe de novela. de detective consultor de la policía cuando esta se ve superada por las circunstancias, se ve metido en una intriga que acaba con él mismo convertido en... un chaval de seis años. A partir de entonces, seguiremos sus peripecias para intentar recuperar su tamaño y edad originales. Por supuesto, ahora que es un niño de seis años se le niega toda la atención de la que gozaba cuando era un reputado detective, con lo que tendrá que utilizar todos sus (divertidos) recursos para llamar la atención de los torpes investigadores sobre las pruebas que va descubriendo.

Como en los mejores mangas, llama la atención su poderoso. variopinto y dislocado reparto, caracterizado con un par de brochazos que nos dicen más de ellos que 500 páginas de X-Men nos pueden decir de los alumnos de Xavier: Poder se síntesis, que se dice. El protagonista, Shinichi, lleva a tal extremo su adoración por Holmes que, siguiendo sus consejos, decide practicar un deporte que complete su formación como detective. Si en el caso de Sherlock estos eran el boxeo y la esgrima. en el de Shinichi es, atención... ¡El fútbol! Si Holmes se estrujaba la mollera mientras rascaba perezosamente las cuerdas de su Stradivarius, Shinichi consigue el mismo efecto peloteando como Ronaldo.

Y. evidentemente, el Conan que escoge como su nombre infantil viene del nombre del escritor escocés creador de Sherlock Holmes. Ran Mouri, la chica que no podía faltar, es compañera enamorada en silencio de Shinichi, más tarde la figura protectora del pequeño Conan, capitana del equipo de karate y la hija de un policía fracasado metido a detective mediocre. Kogoro Mouri es el padre de Ran, retirado de la policía por torpe y abandonado por su mujer.

Ahora es un detective bastante patético que va a cosechar un éxito tras otro gracias a Conan, que lo va a utilizar (sin que Kogoro se dé cuenta, por supuesto) para exponer sus brillantes deducciones que de otro modo pasarían inadvertidas, porque ya decimos que a un niño de seis años no le hace caso nadie. Kogoro es el comic relief de la serie, especialmente hilarante en la ocasión en que, encargado del asesinato de un hombre en el apartamento de una famosa cantante, señala consecutivamente a todos los presentes como los posibles asesinos.

Las intrigas detectivescas de Detective Conan (ni más ni menos que 4 en apenas 180 páginas) son divertidas, entretenidas e ingeniosamente planteadas, y sus posteriores resoluciones a cargo de Shinichi/Conan son brillantes modelos de lo que Holmes llamó La Ciencia de la Deducción, mezcla de investigación y espectacularidad. Una señal en el suelo, unas gotas de agua, y, sobre todo, su capacidad de observación le bastan a Shinichi para dar inexorablemente con el culpable.

No menos inteligentes son las escenas cómicas, y las hay de todas clases, tiernas y descacharrantes, sutiles y gruesas.

Acciones paralelas, que se desarrollan en la misma viñeta que la acción principal, batacazos que oportunamente cortan momentos climáticos, todo mamado de la mejor escuela Takahashi (y no se me ocurre una escuela mejor).

Así, en Detective Conan tenemos un tebeo que resulta prácticamente un catálogo de recursos y un ejemplo de lectura inteligente, donde está perfectamente ensamblado lo romántico, lo cómico, lo decididamente bufo y lo detectivesco.

No sé cómo lo veis vosotros, pero cuando yo tenga otro caso difícil, lo primero que voy a hacer es llamar al detective Shinichi Kudo.

gonzalo quesada


U, el hijo de Urich #11 julio 1998



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