Si buceáramos en las profundidades del remoto Madriz, con el radar puesto de detectar supervivencias, nada nos resultaría menos coyuntural de rescatar, de tan enardecido pasado, que las aportaciones de Víctor Aparicio. Otros fueron mejores (quizá), otros rompieron mas, pero lo que se dice fuera de la coyuntura, el que mas, Víctor: Puede coincidir en la época con un cierto revivir de lo castizo y de lo latino, por lo propio, por aquel darse cuenta al final de que la cultura nativa, rancia, callejera, madrileña, existe y vale un puñao.
Pero Víctor hacía gracia entonces y hace gracia ahora.
Gracia como la tiene que hacer un historietista, presentando las situaciones desde el punto de vista que a ti se te ha pasao por ir de mal humor, regocijándose en las paradojas y quitándole peso a la gravedad de las tragedias. Y sacando las cosas de la calle y de la noche, que es donde la gente vive y hace chistes, cuenta penas o le pasan cosas. Las mil y una peripecias de toparse con la realidad al salir a ganarse el cocido.
El humor de Aparicio además, normalmente, no se queda en terminar el chiste sino que la situación le da para moraleja. Lo estupendo, lo ligero que resulta es que no parece Dios Padre el que nos suelta la charla, sino algún diablillo cabroncete escapado del frenopático de Pedro Botero, que es donde deben tener a los cuerdos a los que se les ha quitao el miedo.
Y ademas, Víctor dibuja que no es normal. De los que parece que nació sabiendo. Le ves de todo y de todos metido entre sus rayas y manchas pero no es nadie de ellos, les ha copiao muy poco.
Todo le sale con su aquél. Es seco, es envarado, es esquemático, es sencillo, pero si lo miras mas rato, ni de coña son incapacidades. El tío recorta, quiebra, planta y manda y consigue un registro de expresividad de tebeo como los de antes. pero con dibujo que, encima, es moderno.
Las historietas que nos traen, de nuevo los de Malasombra/Camaleón, en esta especie de cruzada porque no se pierda lo escaso de valioso que hemos tenido, son pocas y de diversas épocas, aunque esencialmente dos: mediados ochenta y mediados noventa.
Pocas, porque si te quedas con buen rollo siempre quieres más y también porque Víctor, como otros ya ilustres comedores de yuca, no nos han regalado tampoco tantas.
Y las épocas, no es que se noten en mucho más que el fondo negro o blanco. En la del grupo musical. que es actual, se ve que no ha perdido gracia ni ojo arrabalero.
Las primeras, en una o dos páginas, nos recuerdan esa época de africanos por la Gran Vía y garitos de salsa caribeña en liberal remix con madrilenismo gamberro. Las lecciones que imparte la parca las adereza Víctor con pasadas mortadelarias sin cortarse ni un pimiento. Te mete al destino por paradojas y a veces es para bien y otras para bastante mal. Ni toma partido ni se ablanda por unas hostias, que no hay que olvidar, por si no lo he dicho, que tratamos con humor negro, aunque lo pinte un latino.
De las de segunda época, me sobra la doble página sin viñetas y con chistes sueltos. Le falta su punto. Es mi opinión. El experimento a lo Little Lady Lovekins and the Old Man Muffaroo (ver la Historia de los Comics del Toutain pa la referencia), la verdad es que para el esfuerzo que cuesta no le veo que aporte mucho sobre la idea original que le limita más que permitirle cosas. El resto me gustan todas y echo de menos más páginas.
Lo que sí que sería interesante. en relación con esta colección, es que todos estos dibujantes que rescatan pudieran seguir trabajando en lo suyo y no se quedara, como tantos capítulos de la cultura autóctona, en anécdota de cuatro que valían y uno que se murió.
Enrique Vela
U, el hijo de Urich #11 julio 1998

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