No está claro por dónde habría que comenzar la presente reseña, si por el tebeo mismo o por su trascendencia como buque enseña de una nueva editorial que, parece, apuesta fuerte y con dosis de riesgo más que considerables (especialmente si tenemos en cuenta lo volátil del actual mercado español). Pero claro, del tebeo se ha hablado ya largo y tendido en prácticamente todos los papeles del medio: nada menos que Bone, la cabecera mágica del afortunado Jeff Smith, la cara más amable de la historieta independiente yanqui (a pesar de algún flirteo con Image y hasta con Disney), el retorno triunfal de la aventura fantástica y el más tradicional cartoon al paisaje de papel norteamericano. No debe quedar nadie sobre la superficie del planeta que no haya oído hablar del autor o de su creación.
Ahora, además, los lectores de nuestro país podrán comprobar de primera mano las bondades del fenómeno Bone (con la ventaja de que podrán disfrutarlo todos los meses: en los USA viene saliendo, retrasos aparte, cada sesenta días, una cadencia que no favorece en absoluto su lectura).
El primer número de Bone se puso a la venta en EEUU en julio de 1991, pasando desapercibido para casi todo el mundo. Sin embargo, un puñado de excelentes reseñas en la prensa especializada y el apoyo público de Dave Sim, que incluso publicó algunas páginas en un número de su Cerebus, contribuyeron a un progresivo aumento de ventas que llegó a ser ligeramente escandaloso a la altura del número 6. Lo demás es ya historia (tomos recopilatorios, aplauso unánime de público y crítica, una corta temporada bajo el palio protector de Image...). ¿Pero, qué es Bone, en definitiva? ¿A qué viene tanto ruido, tanto entusiasmo, tantísimo éxito? Básicamente, se trata de un tebeo de aventuras fantásticas, una especie de relectura de los temas (y los decorados) de El Señor de los Anillos en clave de comedia que hubiera sustituido a los pacíficos hobbits por unos hiperactivos muñequitos directamente desgajados de un homenaje a Walt Kelly. Los tres protagonistas (Fone Bone, Phoney Bone y Smiley Bone) han sido exiliados de su aldea (Boneville) poco menos que a ladrillazos, debido a los constantes manejos turbios del desvergonzado y corrupto Phoney.
En su huida llegan al Valle, donde conocen a la hermosa Thorn y a su abuela Ben, al tabernero Lucius y a un buen puñado de secundarios más. Se encuentran también con las estúpidas Rat Creatures (cuando escribo esto aún no sé cómo van a traducir tan sonoro apelativo) y su cacique Kingdok, que vienen a ser los malos. (También hay, no me olvido, un dragón bondadoso y alguna oscura figura oculta en las sombras más siniestras.) La historia comienza en un registro decididamente humorístico, pero conforme la acción avance y la trama vaya complicándose, comprobaremos que los tonos oscuros van teniendo más peso. No obstante, la comedia (verbal y física) no dejará en ningún momento de ser una de las constantes del tebeo, alcanzando cotas casi de delirio en momentos memorables como la célebre Carrera de Vacas de los números 9 y 10.
Como dato curioso, no está de más aclarar que Jeff Smith ya intentó narrar esta historia en sus tiempos de universitario. Coneretamente, hacia 1982 comenzó a publicar una tira diaria en el periódico Lantern, que editaba la Ohio State University. La serie se tituló Thorn, y si bien venía a desarrollar el mismo argumento básico, la inexperiencia de su joven autor y las características del formato hicieron que se centrase en los aspectos mas humoristicos. Desde entonces, Smith ha aprendido mucho (un aprendizaje al que no es ajeno su paso por el mundo de la animación, desde luego) y se ha convertido en uno de los autores más eficaces a la hora de manipular todos los recursos del medio en beneficio de la narración eficaz. La secuencia medida, la acción cronometrada y la ingeniería rítmica de cada una de sus páginas están entre lo más granado que hoy podemos encontrar sobre papel blanco. La lentitud con que los acontecimientos se van desarrollando, amén de la cadencia bimestral del tebeo, hacen de su lectura fragmentaria una experiencia casi frustrante por lo insustancial. Un repaso a los números atrasados, sin embargo, confirma la condición de gran narrador del creador de Bone.
(Como ya hemos apuntado antes, la edición de Dude se verá beneficiada por su periodicidad mensual. Buena noticia para los lectores, que podrán seguir la aventura a un ritmo razonable.)
En cuanto a la faceta gráfica, poco hay que no se haya dicho ya.
Respetuoso con sus mayores, influido por gente tan dispar e importante como Kelly, Barks o Al Capp, el clasicismo de su puesta en página y la fluidez de sus personajes se va asentando con cada nuevo número (a pesar de algún altibajo ocasional). A partir de número 2 empezará a entintar con pincel, logrando un trazo mucho más orgánico. Por otra parte, el diseño de algunos de sus personajes es, como poco, peculiar (el dragón o Kingdok, por poner un par de ejemplos muy obvios). En absoluto atractivo, pero sí muy característico.
Un tebeo excelente, de los que poca gente hace ya (algún día hablaremos del Castle Waiting de Linda Medley, otro buen tebeo con el que Bone tiene mucho en común). En cuanto a lo que pueda suponer su publicación como buque enseña de Dude Comics, poco hay que decir (excepto expresar, por supuesto, mis mejores deseos para la nueva editorial). La edición es irreprochable (aunque agradecería un papel más opaco), con una traducción razonable, una rotulación respetuosa y un precio bastante presentable. Por otra parte, Bone no es un título mal elegido de cara a unas ventas sustanciosas, pero no estaría de más publicitarlo un poco. No todo el mundo lo conoce de antemano (no todo el mundo lee fanzines, ni mucho menos publicaciones extranjeras), y seguramente hay un público numeroso que está deseando que le vendan algo así.
Sólo tienen que enterarse de que ya pueden comprarlo.
francisco naranjo
U, el hijo de Urich #11 julio 1998


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