El protagonista de esta serie tiene dos nombres: Madman y Frank Einstein. Y los dos revelan con certera precisión lo que es. Es un tarado, una persona psicológica y emocionalmente insuficiente que se disfraza con un traje de superhéroe para compensar su patológica carencia de autoestima, y por eso le conocemos con la enmascarada identidad de Madman. Y es también el monstruo de Frankenstein, una criatura hecha de remiendos que vuelve a la vida y busca un lugar en el mundo que quizá no tenga.
Lo curioso es que la personalidad de su protagonista se traslada fielmente al conjunto de la obra: Madman Comics es una serie loca, a menudo desequilibrada, que acostumbra a esconder detrás de colores chillones y ráfagas de nerviosismo sus propias insuficiencias. Y, como la criatura de Frankenstein, está hecha de jirones de materiales muertos que, cosidos con habilidad, reciben una vida artificial. Pero la analogía va más allá: de la misma manera que Madman no es un héroe noble, sino ingenuo, y que esa ingenuidad, a su vez, no es más que una fachada tras la cual se pudre un secreto horrible, Madman Comics es sólo aparentemente tan obvio fomo se diría a simple vista, y tras sus rasgos más inmediatos se agazapa un denso entramado de resortes narrativos, temas recurrentes y motivos estilísticos.
La primera serie de Madman, The Oddity Odyssey, la publicó Tundra en 1992. Allí, un dubitativo Mike Allred aprovechaba el blanco y negro para desplegar un dibujo de enorme expresividad que nos guiaba a través de una intrigante aventura más deudora del Daniel Clowes de Como un guante de terciopelo forjado en hierro que de los grandes maestros del comic book comercial. La prometedora irrupción de Allred tuvo continuación en otra serie de Tundra, Madman Adventures (1992-93) en la que las novedades iban más allá del rutilante color para mostrarnos una planificación de página más espectacular y un dibujo de entintado más convencional, más rotundo, acorde con un guión pleno de acción que se desmarcaba varios metros de los principios del alternativismo militante. El tramo final de este camino es Madman Comics, once números publicados por Dark Horse entre 1994 y 1996 que ahora Norma ha vertido al español.
No sorprende en absoluto la rápida ascensión de Allred desde los sótanos del culto independiente hasta un razonable estrellato que le permite emparejar a su creación no ya con Hellboy, Nexus o Big Guy, sino con el mismísimo Superman. Al igual que en el caso de Kevin Smith, con quien es fácil compararle, su éxito más que de inesperado se puede calificar de inevitable. El campo estaba maduro para algo así. Al igual que Smith, Allred ha engullido una descomunal cantidad de influencias procedentes de la cultura mediática desde los años 50 hasta ahora, y al igual que Smith, ha sabido extraer de ellas un producto con las raíces hundidas en terreno clásico, comercial, y por lo tanto confortable para el consumidor general, pero con las ramas expuestas al aire y al sol, lejos de las claustrofóbicamente desfasadas y reiterativas catacumbas de las producciones comerciales habituales hoy en día.
Madman Comics es el Spider-Man de Steve Ditko en un mundo conformado por todo tipo de desechos rescatados del vertedero de lo fugaz. Entre muchos otros escombros, destacan principalmente Disney; el intrigante mundo pop japonés, desde el manga hasta la juguetería; el rock, con especial afecto por el glam-rock de los 70; y el cine, muchísimo cine, y más aún si es de ciencia ficción, fantástico o de acción. En efec-to, las acrobáticas y desenfadadas persecuciones de decenas de páginas con las que Ditko rellenaba los Amazing Spider-Man de hacen treinta años son mimetizadas con respetuosa perfección por un Madman igual de ágil y de temerario, que bota y rebota alrededor de adversarios tan dispares como los que encontraba en su camino el adolescente Peter Parker, pero, al igual que entonces, generalmente más voluminosos y lentos que el héroe, ejerciendo a la vez de contraste y de centro de gravedad para las evoluciones de la estrella. Sobre esa base se añaden androides hurtados a Tezuka o calzados con los guantes de Mickey Mouse, robots de latón comprados en una juguetería de saldos, citas a Bowie, los Who o Mott the Hoople y reverencias a Clint Eastwood, Jackie Chan, Planeta Prohibido y, francamente, más películas de las que soy capaz de identificar, además de otra porción de guiños menos escandalosos, dando forma a un batiburrillo que pretende armonizarse con una sub-trama continuada que tiene que ver con el misterioso origen de Madman ¿quién era antes de morir y renacer como el grotesco Frank Einstein?) y a la cual se añaden frecuentemente tonos de angustia existencialista en plan tremendo (un poco a lo Lynch en Carretera perdida) útiles para recordarle al lector que debajo de las risas y los colorines, atención, puede acechar algo grave.
Por supuesto, hoy en día todo el mundo hace acopio de referencias y las traslada sin pudor a la página impresa que luego va a firmar como "obra original". Entonces, ¿qué diferencia a Allred de las legiones de expertos en cultura basura que se han lanzado al monte en los 90? Quizás que Madman Comics es un retrato veraz de la personalidad del propio Allred. Mientras que muchos buscan influencias cool con desesperación, Allred tiene realmente asimilada en su organismo esa mezcla de referencias, que forman honestamente parte de él y de su forma de ver el mundo. Por lo tanto, en lugar de desplegar un puñado de imágenes incongruentes que chirrían en un desesperado y nefasto intento de bailar juntas, Allred lo que despliega es el conocimiento exacto y profundo de los mecanismos y fundamentos que animan a esas imágenes. Donde otros copian la carrocería, él copia el chasis y el motor. Y es obvio que, sin chasis, la carrocería no se sostiene; sin motor, la máquina no se mueve. Allred plagia sin recato, pero aún así su trabajo transpira una sinceridad difícil de ignorar.
Sus fuentes rockeras o cinematográficas, por ejemplo, no son mera impostura, como se comprueba simplemente acercándose a su última obra, la enciclopédica Red Rocket 7 que recapitula la historia del rock con una leve excusa argumental de ciencia ficción, y que además es el nombre del grupo en el que toca nuestro autor, por no hablar de Astroesque, la película que ha dirigido. Claro que con sinceridad sólo no se va a ninguna parte. Lo cierto es que Allred es brillante en los diseños de personajes, sabe plantear situaciones intrigantes, y su dibujo, apoyado en trucos de planificación que disimulan muy bien sus deficiencias básicas y en el espléndido color que aplica su esposa Laura, no ha cesado de evolucionar. A veces, sí, los personajes que ha levantado exceden el alcance de los argumentos que concibe y se imponen al desarrollo de una trama que puede resultar algo pobre. Es lo que ocurre, por ejemplo, en el primer número de los publicados por Norma. Precisamente el arranque de Madman Comics es lo más flojo de todo lo publicado del personaje: historias endebles, montaje confuso, dibujo indeciso... Que el lector impaciente no tome decisiones precipitadas: es sólo una salida en falso rápidamente compensada con una confianza creciente a cada episodio que pasa. De hecho, me atrevería a recomendar al comprador de Madman Comics que acumule los cinco tomitos en la estantería y después los lea todos seguidos. La obra se revela cohesionada, y crece en interés al ganar relieve todos los detalles de segundo plano en los que generalmente nos fijamos menos, absorbidos por los requerimientos de la aventura titular. Y son precisamente esos detalles de segundo plano los que nos llevan cada vez más deprisa y mas ansiosamente hacia el final, hacia un final que, lamentablemente, llevamos esperando más de un año, porque Allred ha tenido la ocurrencia de interrumpir la publicación de Madman Comics tras el número 11 (octubre 1996) cuando la cosa se ponía más interesante y cuando las grandes revelaciones por fin llamaban a la puerta.
Mientras esperamos la continuación de la saga (que Allred ha prometido cien veces tener completamente planificada, al menos para los siguientes seis números), Norma podría hacernos el favor de recuperar The Oddity Odyssey y Madman Adventures. Sería un detalle tener publicado integro en español uno de los tebeos americanos de los 90 que merece la pena comprar.
Trajano Bermúdez
U, el hijo de Urich #8 enero 1998


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