lunes, 9 de febrero de 2026

Hellboy: El cadaver, Los zapatos de hierro, El ataud encadenado Mike Mignola Norma Editorial



Recoge Norma en este libro (más bien caro, como va siendo ya habitual) tres trabajos cortos (que no menores, ojo) de Mignola centrados en su personaje estrella, ese Hellboy que recupera para los '90 la figura del investigador de lo oculto (tan querida por la literatura fantástica anglosajona) y que ha protagonizado las mejores páginas firmadas en los últimos años por un dibujante que llevaba demasiado tiempo atrapado entre las necesidades homogeneizantes de la industria y un estilo decididamente poco popular. De los tres títulos, sin duda el más interesante es El Cadaver (el más largo, además), una rigurosa reelaboración de diversos tópicos del folklore feérico a años luz, por fortuna, del edulcoramiento adolescente a que nos tienen acostumbrados los Gaiman que en el mundo son (que no son pocos). Respetuoso con el fondo y las formas de los viejos cuentos tradicionales, Mignola deja de lado el glamour que los herederos (o saqueadores, que de todo hay) de Tolkien o Lord Dunsany suelen cultivar hasta la náusea y narra, con una poesía seca y de atmósferas tensas, un argumento que parece arrancado de las páginas del reverendo Kirk o de la minuciosa Katharin Briggs (a la que se hace un velado homenaje en otra de las historias, Los Zapatos De Hierro), dos de las fuentes imprescindibles si uno quiere conocer las costumbres de la "Buena Gente". Como en un sueño, Hellboy se ve forzado a superar una serie de pruebas (tres, claro) para congraciarse con las criaturas subterráneas que han secuestrado a un bebé humano cambiándolo por uno de los suyos (para evitar la desaparición de su especie, condenada a la extinción y el olvido ante el avance de los humanos y su racionalismo) y ganarse así el derecho a deshacer el cambio. Narrado con un pulso y una economía de medios envidiables, El Cadaver constituye, a mi juicio, el trabajo más redondo que hasta hoy ha firmado Mike Mignola; por la sencillez de sus planteamientos y la elegancia y belleza de su ejecución. Una pequeña gema.




Los Zapatos de Hierro, una trepidante miniatura, abunda en los elementos ya comentados, pero carece de la tensión poética de la anterior historia y se limita a narrar el encuentro con una criatura agresiva y la consiguiente pelea contra (y derrota de) la misma. Hellboy apenas si es aquí un icono a medio camino entre el superhéroe y el cazarecompensas, pero Mignola sigue siendo Mignola, y hasta su página más mediocre posee más atmósfera que la obra completa de muchos otros. (Los Zapatos de Hierro es, seguramente, la encarnación del mayor peligro que el autor corre con su personaje, a saber: convertir la serie en un mero desfile de monstruos a los que enfrentarse. Que hasta ahora no haya caído en la tentación dice mucho en su favor.)

El Ataud Encadenado, que apareciera hace dos años en el n° 100 de la revista Dark Horse Presents, nos permite disfrutar del buen hacer del dibujante enfrentado al reto de trabajar en blanco y negro (algo que ya hizo, con óptimos resultados, en Los Lobos de San Augusto). Se trata de una hermosa historia de fantasmas en la que Hellboy se enfrenta al enigma de su origen, resuelta con soltura y, de nuevo, la elegancia que constituye ya seña de identidad del autor. Un colofón de lujo para un libro, me temo, imprescindible.

Confiemos en que Mignola acabe de aclararse con su personaje y deje de prestarse a extraños experimentos de crossover para ocuparse de definirlo con un poco más de profundidad. Y confiemos, también (cruzo los dedos), en que sepa resolver con inteligencia el embrollo en que la serie va convirtiéndose, con tantos enigmas en torno al origen del protagonista, conspiraciones nazis milenaristas, esa Oficina de Estudios Paranormales de la que apenas si conocemos el nombre y que tan pronto sirve para un roto como para un descosido, esos personajes secundarios terriblemente deslavazados y, sobre todo, esa especie de peligroso e inestable equilibrio en el tono de los argumentos. Mignola se documenta para sus guiones, eso es evidente (sin ir más lejos, en el libro que nos ocupa), y procura trabajar la narración lejos de la tradición vertiginosa a la que se ha visto forzada la historieta norteamericana por culpa de la institucionalización del comicbook de acción. ¿Por qué, entonces, no puede haber episodio sin que Hellboy se pegue con algún malvado? Y qué peleas; ya he dicho en alguna parte que no hay que dejarse engañar por las apariencias: Mignola debe más a Kirby de lo que pueda parecer.

Pero la dimensión mítica no se consigue necesariamente con enfrentamientos descomunales. Lo del maestro era mucho más sutil, y seguramente su discípulo más aventajado sea este Mignola que a veces parece que pierda el Norte pero que sigue siendo capaz de crear joyas como El Cadaver: lo mejor, insisto, que ha firmado en los últimos tiempos. Si consigue aclararse, ya digo, y se decide por fin a dejarse llevar por la tradición fantástica más literaria en lugar de por sus querencias superheróicas, tendremos en HELLBOY uno de los títulos clave de los próximos años.

(Y si no, en cualquier caso, siempre podremos disfrutar del buen hacer de un excelente historietista, que no es poco.)

Francisco Naranjo


U, el hijo de Urich #6 septiembre 1997

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