Como bien explica Hernán Migoya en la introducción de este heterogéneo Especial Nuevo Underground, la consolidación, parece que definitiva, del formato comic book (gracias, básicamente, a sus bajos costes de producción) ha sido la razón que ha permitido la proliferación de pequeñas editoriales independientes como Camaleón, El Pregonero o Flor de un día y de iniciativas de mayor peso editorial como la línea Brut de la misma editorial La Cúpula, dedicadas a la publicación de los trabajos de toda una nueva generación de autores (cuya obra, por cierto, poco o nada tiene que ver, ni ideológica ni estéticamente con el primer underground americano y sí con los tebeos "alternativos" que editan Fantagraphics o Drawn 'n' Quarterly), con muy pocas cosas en común excepto su edad (la mayoría están entre los 20 y los 30 años) y una saludable falta de prejuicios que permite encontrar en su páginas influencias, por paradójico que parezca en un principio, de autores tan diferentes entre sí como Robert Crumb, Jack Kirby, Miguelanxo Prado o Simon Bisley. Así, y a falta de una denominación más apropiada, la informe "generación comic book" da cabida a las más variadas propuestas, desde luego imposibles de agrupar de acuerdo a unas líneas generales que vayan más allá de cuatro generalidades (dibujo caricaturesco, humor negro, bromas referenciales) difícilmente aplicables a todos y cada uno de los autores. ¡Qué lejos quedan ahora las batallitas de los años 80 entre los partidarios de la línea "chunga" y la línea clara, los estetas de Madriz y las milicias superheroicas! Si bien es cierto que dentro de la línea Laberinto se han publicado por regla general trabajos más convencionales que siguen (a veces de manera excesivamente artificial) casi al pie de la letra las reglas que gobiernan el relato de género, en busca de una supuesta comercialidad a priori que, teniendo en cuenta lo revueltas que andan las aguas del mercado editorial, cada día parece menos evidente, más cierto es aun que, por poner sólo algunos ejemplos, los tebeos para Laberinto del equipo Producciones Peligrosas no desentonarían en absoluto con el resto del material publicado en este especial y que algunos de los autores que se dan cita en sus páginas, como Enric Rebollo (además de su comic book para Brut, Rebollo ha dibujado una historieta del Juez Dredd para la editorial inglesa Fleetway) saltan de un registro a otro sin ningún tipo de problemas. Pero supongo que los lectores del U deben de estar ya a estas alturas hartos de leer una y otra vez reflexiones muy parecidas (resumiendo: a pesar de la precaria situación de nuestra industria, cada día hay más autores interesantes, jóvenes o no, empeñados en dibujar historietas) ya sea en boca de alguno de nuestros entrevistados o de los invitados a las dos mesas redondas que publicamos en el número uno, y se estarán preguntando: pero, ¿qué trae exactamente este Especial? Tras la divertida portada de Peter Bagge, realizada especialmente para la ocasión por el creador de Odio tras su visita a Barcelona durante el último Salón del Cómic de Barcelona, se agrupan 83 páginas de historieta, una buena parte (más de la mitad) está compuesta por nuevas entregas de autores de sobra conocidos por los lectores de El Víbora y de la colección Brut como Mauro Entrialgo, Bagge (con una historieta del año 84 de la familia Bradley y una delirante página titulada Una advertencia), Miguel Angel Martín (cada vez más frio, distante y, sí, aburrido), Dan Clowes (con una de sus mejores historietas, Art School Confidential, o el mundo de las escuelas de arte visto a través de la mirada cínica y despiadada del creador de Eightball, Santiago Sequeiros, Chester Brown, Jamie Hewlett y Alan Martin (los creadores de Tank Girl, quizá la presencia más discutible y menos underground del Especial), Thomas Hellville Ott, Rabo (más acertado que nunca), Quim Bou, con una desconcertante historieta de cuatro páginas escrita por Alex Figueras digna de haber aparecido publicada en la etapa más decadente del Creepy de Toutain, el soporífero Enrique (autor del aburridisimo Back-Anal en el cementerio municipal, el único Brut verdaderamente desechable de entre los publicados hasta ahora) y Juaco Vizuete, quien, con dos comic books de El Resentido publicados también en Brut y, a pesar de, como él mismo dice irónicamente en su historieta "se copia de tres o cuatro autores norteamericanos" (especialmente Chris Ware y Clowes) se está convirtiendo en uno de los autores más interesantes de la "generación comic book". En el apartado nuevos (o seminuevos, dependiendo del interés con el que siga cada cual el cada vez más hiperactivo mundillo fanzinero) tenemos a José Luis Ágreda, con su humor naif de dificil clasificación y su personalisma manera de entender la historieta, al barroco (y divertidísimo, hay que ver cómo dialoga este chico) Del Peral Pineda y a Maria Colino, una excelente dibujante que en este Especial publica la mejor historieta que ha ilustrado hasta la fecha. Los tres se han dado a conocer en las páginas de La Comictiva y tanto del primero como del segundo han aparecido sendos comic books publicados por Flor de un día. Además, es probable que el de María salga a la venta cuando se publiquen estas líneas.
La ajustada selección de autores la completan un decepcionante Javi Rodríguez, mucho más "brut" que en su comicbook Love Gun pero también mucho menos divertido, el combativo (y veterano) Nono Kadáver con una historieta más propia de los primeros tiempos de El Vibora, prima hermana del Pons más abigarrado, Vicente Montalbá (de quien La Cúpula acaba de publicar un prometedor Brut cósmico descerebrado, casi una versión guarra de El quinto elemento titulada Jaw), la canadiense Julie Doucet, recién descubierta en España gracias a la historieta que publicaron Max y Pere Joan en su revista Nosotros somos los muertos y, por último, el monotemático Paco Alcázar y su costumbrismo gore.
De los lectores depende que los autores presentados en sociedad en este Especial continuen publicando con regularidad en las páginas de El Vibora. Porque, aunque este no es el lugar más adecuado para intentar dilucidar las razones por las que El Víbora ha sabido mantener el tipo frente al temporal que se ha llevado por delante a tantas otras revistas (un hecho en el que al parecer, la otra revista de la casa, la erótica Kiss Comix, ha jugado un papel importante), está claro que, al fin y al cabo (y a pesar de lo que pueda parecernos a los lectores veteranos de la revista, esos que preferíamos José Muñoz a Martin Edmond y las témperas de Gallardo a la agotadora paleta infográfica que maneja Jaime Martín) si algo ha demostrado El Víbora a lo largo de todos estos años -gracias sin duda al necesario recambio generacional que supuso la entrada como redactor de Migoya- ha sido una envidiable capacidad para reinventarse a sí mismo cada cierto tiempo de la que han carecido casi por completo todos sus competidores, incapaces de adaptarse a las nuevas tendencias sin perder credibilidad y dejarse lectores en el camino. Evidentemente, las ventas de El Víbora no son lo que eran, pero, según están las cosas (y no se trata de simple y puro derrotismo, sino de asumir lo que hay sin dramatismos) bastante es que se siga publicando. Al menos, con iniciativas como ésta, por muy tardías e incluso oportunistas que les parezcan a los veteranos de la independencia comiquera, El Vibora sigue demostrando que aún le queda mucho camino por andar y que negarse obstinadamente a envejecer a veces es la única manera de seguir vivo.
David Muñoz
U, el hijo de Urich #6 septiembre 1997

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