Recopilación de trabajos breves de la gran Rumiko (seguramente la autora más influyente en el boom del manga en España merced al éxito de su RANMA 1/2), centrados todos en ese ambiguo género a medio camino entre la comedia de costumbres y el fantástico hogareño que tan buen resultado le ha dado siempre (y que tantas satisfacciones nos ha proporcionado a sus lectores). Seis historias que combinan la poesía, el surrealismo amable y el amor por los personajes que se han convertido ya en marca de fábrica de la autora, una de las más influyentes en la industria japonesa del entretenimiento.
Repasando las páginas del libro asiste uno a las mínimas peripecias provocadas por las difíciles relaciones familiares (el tema de la suegra parece, efectivamente universal) cuando en un espacio ínfimo tres son mucho más que multitud (especialmente, si se suma una cuarta y considerable presencia), la compleja e inverosímil estructura de poder en el seno de las empresas (subordinado-superior, extraña ecuación de difícil equilibrio), el amor por encima del tiempo (aunque luego no todo sea lo que parece)...
Un puñado de excelentes piezas en el buen hacer de la autora de MAISON IKKOKU, esa grandísima comedia romántica fin de siglo, se demuestra envidiablemente eficaz en las distancias cortas, utilizando recursos que van más allá de lo bufo o lo meramente coyuntural para adentrarse en terrenos emocionales más profundos y elaborados (que parecían vedados, a decir de las malas lenguas, para el manga, excepción hecha del grandísimo y añorado Tatsumi, como al afilado compañero Trashorras señalaba no hace mucho). Y siempre con la soltura de la narración nata, con esos diálogos fluidos (o lo que de ellos adivinamos tras las distintas traducciones, y es que trasladar el ritmo verbal de lo japonés a nuestros oídos es, seguramente, imposible), con el grafismo mínimo y expresivo, tan eficaz y hasta entrañable (que tantos detractores encuentra cuando de manga se habla, y tan pocos cuando de maestros del cartoon y hasta del comic-book), con ese pulso cristalino para contar, transparente, alejado de artificios con Rohmer o tantos cineastas japoneses clásicos, la cámara se desliza sobre algodones, muestra, pasa desapercibida, se transforma en pura ventana a otra realidad). E, insistos como en el cine del mejor Berlanga, que las anécdotas sean tan ferozmente localistas no hace sino reforzar su condición universal. Como ocurre siempre con los grandes fabuladores.
La edición (que mejora, por cierto, la norteamericana de Viz), compacta y agradable al tacto, hace justicia al contenido, además. O, en otras palabras, ¿aún no lo habéis comprado?
Francisco Naranjo
U, el hijo de Urich #5 julio 1997

No hay comentarios:
Publicar un comentario