domingo, 14 de agosto de 2022

Cómic 'underground' para días de pandemia

'Dog Biscuits', de Alex Graham, mezcla dibujos ácidos con realismo contracultural

Portada de Dog Biscuits.


JACOBO RIVERO, Madrid 


En un artículo publicado en EL PAÍS en 1988 dentro del coleccionable Cómics. Clásicos y modernos, el especialista en cultura popular estadounidense Javier Coma (1939-2017) señala que dentro del género, nos referimos al underground como "publicaciones de carácter marginal" que "abjuraban de las reglas estéticas más o menos aceptadas y, sobre todo, de las normas sociales". El texto de Coma, que dirigió la colección, tenía por título Las flores de San Francisco, y situaba como epicentro de la movida underground a la ciudad californiana en la década de los sesenta, en pleno apogeo del movimiento hippy, con un cabecilla de ese estilo provocador en trazo y guión: Robert Crumb.

La editorial Fulgencio Pimentel en colaboración con La Casa Encendida publica Dog Biscuits, que remite, a esa mezcla de dibujos ácidos con realismo contracultural. La ilustradora Alex Graham (Denver, 1987), sitúa la acción, un triángulo amoroso, en una tienda de galletas para perros en pleno confinamiento por la pandemia del coronavirus, a través de tres personajes: Gussy, el dueño, a punto de cumplir 50 años, caracterizado como un perro; Rosie, dependienta veinteañera abierta a experiencias después de dejar atrás un hogar trumpista, como una coneja, y su compañera de piso, Hissy, activista en movimientos como Black Lives Matter, caracterizado como una rana. Graham, que responde por correo electrónico apunta sobre su forma de trabajar: "Estoy muy influenciada por el estilo de Crumb. También por todos los dibujos animados de Nickelodeon (canal de televisión juvenil) que veía de niña. Y literariamente por Kurt Vonnegut, que fue mi primer héroe literario y me hizo querer convertirme en novelista". Graham escribe desde la ciudad de Seattle, donde vive y está situada Dog Biscuits.

El cómic, que supera las 400 páginas con brillante traducción de Joana Carro y César Sánchez, es agudo y provocador. La vida de los personajes está atravesada por el deseo sexual, las drogas, la violencia policial y la obligatoriedad de permanecer encerrados en casa, salvo comercios imprescindibles. "Justo antes de decidirme a empezar a dibujar estaba leyendo Factótum, de Bukowski. Me encontré con un párrafo donde el protagonista comienza a trabajar en una fábrica de galletas para perros. Fue en ese momento cuando decidí empezar a dibujar, y la primera viñeta era una tienda de galletas para perros. No tenía ni idea de lo que vendría después", relata la autora.

Graham publicó sus viñetas en Instagram, a modo de webcómic, a un ritmo de tres publicaciones diarias. Tuvo eco en la red y el flujo de visitas y comentarios llegó desde distintos lugares del mundo, en un momento en que mucha gente también estaba encerrada por la pandemia. "Los tres personajes principales son facetas de mí. Rosie soy yo en mis primeros 20 años, Gussy soy yo un poco mayor, más amargada y preocupada por la trayectoria de mi vida, e Hissy es mi arrogancia y soberbia", explica. A los tres personajes principales añade una trama de abusos policiales: "El diseño de los policías se basa en algo que inventé hace años y que desenterré para Dog Biscuits. No me di cuenta de que los policías parecían culos y testículos, la gente empezó a señalarlo en Instagram y me pareció apropiado. Los oficiales con cara de cerdo sí, fue a propósito por razones obvias", señala. El cómic underground con tintes antiautoritarios despuntó en España de la mano de dibujantes como Mariscal, Ceesepe, Gallardo, Max o Nazario, entre otros. En Estados Unidos la explosión fue una década antes, pero el impacto de ilustradores como Crumb o Gilbert Shelton, fue considerable en el desarrollo del cómic más irreverente.

El Pais, Sábado 23 de julio de 2022

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