domingo, 16 de agosto de 2020

RETROVISOR: SPIDER

 



¡SPIDER! Más de uno recordará aquel feo y enlutado superhéroe que a través de la infames ediciones de Vértice precedió en nuestro país a la primera invasión Marvel en los años sesenta. Este artículo surge de una duradera e incurable devoción por el personaje, que ha conocido varias ediciones en España, ninguna de ellas respetuosa con la original (en Vértice, Euredit, Bruguera, y Surco, de 1966 a 1983) y ha marcado —más modestamente de lo que merecía— la memoria nostálgica de más de una generación. A la vista de la falta de datos de que disponemos, en especial por el desconocimiento de la edición original, tal vez pueda parecer absurdo el plantearse redactar un artículo sobre él, pero sigue resultando a estas alturas una historieta por tantos motivos ejemplar que llegado el momento y aprovecha-do la libertad de acción que nos brinda El Maquinista no hemos podido resistir la tentación de reinvidicar desde aquí al más extraño y paradójico de los superhéroes.

La publicación portuguesa Jornal do Cuto (que realizó en 1972 la edición más digna de las que hemos podido consultar) da los únicos datos que conocemos sobre la autoría de la saga. Se trata de una historieta británica creada para la Bardon Fleetway Parece ser que comenzó a publicarse en junio de 1965 siendo su creador un tal E.G. Cowan, y su dibujante W. R. Bunn (continuado más tarde por Marcuzzi, Cueto y otros). A partir de la tercera historia ("Contra el Dr. Misterioso") los guiones son atribuidos a Siegel. Inicialmente, el Hombre Araña es un genio criminal, pero a partir de septiembre de 1966 se adhiere —tal vez forzado por la censura— a las fuerzas de la ley y el orden.
 
En cualquier caso en este artículo nos referiremos siempre como dibujante a este enigmático W. R. Bunn, único que ha sabido plasmar gráficamente su extraño mundo. En cuanto al guionista, nos gustaría creer que la publicidad de la primera edición de Vértice (1966, Novelas Gráficas de 7 ptas.) no miente y que se trata en efecto de Jerry Siegel, el padre literario de "Superman". Nos gustaría, porque en este caso podríamos considerarlo como una especie de revancha poética sobre el rumbo sufrido por sus criaturas —los superhéroes, herederos todos ellos en cierto modo de "Superman"— en ese torpe recorrido hacia una imposible verosimilitud.

EL HÉROE PORQUE SI
Al contrario que la mayoría de superhéroes al uso, Spider se nos presenta desde el principio como un hecho consumado, es decir, sin que exista ninguna tranquilizadora explicación a su extraña condición. Superman obtiene sus poderes por ser kryptoniano en nuestro planeta, Spiderman por recibir la picadura de una araña radiactiva, los miembros de la Patrulla X son mutantes genéticos: SPIDER simplemente ES; no puede ser concebido de otra manera. Quien quiera que sea el creador del personaje asume lo fantástico del planteamiento de la existencia de un superhéroe: puesto que este hecho es en sí absurdo, ¿Por qué intentar disfrazarlo con justificaciones pseudológicas? Así, Spider carece por completo de pasado: se nos da a conocer ya como futuro rey del crimen, solitario habitante de su siniestro castillo. No podemos imaginarlo en una fase anterior a su actual condición:
 
¿Oficinista frustado? ¿Experto ladrón? ¿Genial inventor? Nada de esto se nos sugiere, antes bien el personaje sólo vive para ser él mismo. No tiene tampoco identidad secreta —como la mayoría de sus, digamos, colegas— pues él es héroe por la pura vanidad de serlo y ¿Cómo podría ser satisfecha esa —enorme— vanidad si tuviera que ocultarse tras la máscara de una vida gris de los aplausos de su público?

Si el leit motiv de la historia —la propia existencia de Spider, sin la cual no existiría la serie— es absurdo y carece de una explicación lógica, todos los hechos que de ellos se deriven —la acción, el marco en que se desarrollan las aventuras— pueden ser igualmente fantásticos y no estar sujetos a la racionalidad. En este hecho radica una de las diferencias fundamentales entre esta serie y las demás de superhéroes, ya que el guionista puede prescindir de toda convención y fabricar un universo a la medida del personaje, que es el único capaz de darle un sentido. En "Spider" el principio fundamental de este mundo es la libertad de la imaginación, no sujeta en ningún momento a norma alguna: el resultado, fracamente estimulante, es la invención de un planeta Tierra que en realidad sólo toma del nuestro verdadero los arquetipos imprescindibles que puedan hacérnoslo reconocible, pero que rehuye cualquier intento de realismo social y de contextualización concreta de la acción. Así pronto se deriva hacia la fantasía irracional que llena toda la serie: sin resultar demasiado extraño irán apareciendo ¡siempre sin jusitificación lógica) genios del crimen encerrados en botellas, como en los cuentos; Neptuno, rey de los tritones y de los furgoides; ciudades olvidadas; alquimistas chinos; estatuas vivientes; androides de todo tipo, etc.



 
SPIDER EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLA
El derroche de fantasía es tan ininterrumpido y llega a tal punto que en ocasiones ideas que podrían haber dado lugar a argumentos de episodios enteros se desarrollan en ¡UNA SOLA VIÑETA! En la estupenda aventura de "Los Siete Siniestros" encontramos algunos ejemplos de esto que podríamos llamar narraciones hipercondensadas: Cuando el globo X (¡) avanza destruyendo el universo entero se nos muestra como una de sus vícitimas nada menos que a un planeta-cabeza, que encima hace amagos de interrogarse sobre su triste destino; cuando la Sociedad de Héroes se enfrenta a los Siete Siniestros asisten al combate, aparte de la expectante humanidad, varios testigos de excepción: El pueblo subterráneo de Thrombala (una especie de cavernícolas con crestas a lo mohicano) que contempla albo-rozado a través de sus monitores de vídeo desde las entrañas de la tierra el próximo ocaso de la raza humana; mientras que en otra parte del mundo el "recluso" (¿) Jasper Blackstone (una suerte de extraño ermitaño cuyo físico recuerda al de los padres de la Iglesia) se alegra del triunfo del mal mientras lanza sus anatemas: "¡Que se extinga toda la humanidad!". Los destinos de los hombres capturados por el traficante de esclavos galáctico Grokk son igualmente descritos en una delirante viñeta: el Planeta Colmena 13, donde construirán panales para las abejas gigantes hasta morir de agotamiento; el asteroide Cyborgia donde son convertidos en atormentados seres-máquina; o el circo espacial de la Reina de las Amazonas de Femma donde serán víctimas de inmundos monstruos.
 
Otros felices hallazgos se desarrollan algo más prolijamente: El valle de los condenados; los viajes a otras dimensiones; los encuentros con extraños seres (los aguijones, los supervivientes de la Atlántida o las mismas brujas de Macbeth); siempre — afortunadamente— sin causa racional aparente. Todo esto determina en la acción un ritmo histérico y desaforado que no conoce tregua. Se llega así por la vía del disparate hasta la pura parodia, en un crescendo de absurdos que pugnan por superarse unos a otros. Un enorme sentido del humor y un clima festivo preside toda la serie.

YO TAMBIÉN QUIERO SER EL NUMERO UNO
Al desenvolverse en este mundo irreal, los personajes quedan reducidos a arquetipos, meros comparsas de la acción que justifica y desarrolla Spider. Un solo rasgo los diferencia casi sin excepción de los héroes o villanos de otras narraciones: su desorbitada vanidad. Alejado de los problemas de ego que aquejan a los superhéroes americanos hace ya tiempo, Spider no cesa jamás de autoalabarse y de buscar el halago servil de los demás, ya sea en su primera etapa como delincuente (en la que su ÚNICA ambición es llegar a ser el rey coronado —(sic)— del hampa) como cuando decide ponerse del lado de la ley proclamando a los cuatro vientos ser "el más grande héroe que ha conocido la humanidad". Todos cuantos tienen un papel significativo en la serie actúan movidos exclusivamente por un afán obsesivo de satisfacer su ego.

Como héroe, Spider no persigue la justicia, sino la derrota de sus enemigos para poder provocar la admiración ajena. A éstos no les mueve tampoco la codicia, sino el ansia de situarse por encima de los demás. Las fechorías que suelen cometer bien son absurdas, bien no parecen reportarles ningún beneficio: tras millonarios botines conseguidos gracias al Genio del Crimen, el ex convicto Steve Gurko sigue habitando en una mísera caverna, sin siquiera abandonar sus ropas de presidiario; la misma austeridad de vida parece compartir sus colegas de oficio: Silvester Jenkins, Limbo el desconocido, etc.. Todos persiguen que se les reconozca en uno u otro momento superiores al enlutado héroe.

En este sentido, Spider no considera a la sociedad a la que protege como otra cosa que su público: si salva a la multitud del ataque del Filibustero Metálico, del Hombre Reptil-Arañesco o de una invasión extraterreste, nunca es por puro altruismo, sino para escuchar los aplausos y halagos que suscitan sus victorias; y si no tiene a nadie delante que contemple su triunfo no dudará en alabarse el mismo con repetidas alusiones a ..."mi insuperable valor" ..."mi privilegiada inteligencia"... de hecho, este aspecto provoca a veces reacciones encontradas en este mismo público que en más de una ocasión se sentirá molesto por deber su salvación a un personaje tan egoísta y fatuo.


 
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Parecidamente se comporta con sus dos ayudantes, el Profesor Pelham y el ex ladrón Roy Ordini. Estos le dan el trato de amo, le obedecen más por temor —son numerosos los castigos a los que le somete— que por devoción y actúan como comparsas serviles, casi indignos de compartir la gloria de su jefe que les considera un mal necesario (''¿Por qué tengo que sufrir la remora de estos mochuelos? ¿Por qué no los dejo caer en plena selva y los abandono? ¿Por qué no borro de mi cerebro vuestro recuerdo?" vocifera lamentándose en un ocasión) para poder disponer siempre de testigos de sus hazañas. Por su parte sus servidores —así les llama cuando no los tacha de esclavos— están obligados a decirle continuamente cosas como ..."tu inteligencia no tiene parangón en el mundo" ..."nada puede compararse a tu grandeza"...

(Un pequeño inciso aquí para alabar al traductor de las ediciones de Vértice, F. Sesén, que utiliza un lenguaje ditirámbico y exagerado muy acorde con el tono de la serie).

UN SUPERHOMBRE GÓTICO
Habitante solitario de un siniestro castillo trasladado piedra a piedra desde Escocia, Spider reúne todas las características de un personaje de relato gótico. Su mansión vacia y misteriosa está repleta de rincones y pasadizos secretos de donde surge lo inesperado: desde jaurías de panteras negras a estatuas de sus derrotados enemigos. Viste perpetuamente de negro (como los seguidores de grupos como Bauhaus o Sisters of Mercy, con cuya estética tiene más de un punto de contacto), descansa sobre una telaraña y desdeña austeramente cualquier comodidad. El dibujo de W.R. Bunn es oscuro y minucioso, muy elaborado, exagerado a veces hasta la caricatura y con intencionados rasgos feístas según los códigos narrativos del romanticismo gótico. Nos es difícil apreciarlo bien ya que las ediciones españolas —en especial Vértice— llevan a cabo una labor de destrozo con remontajes, abocetamientos etc. difícil de superar. Poco amante de la espectacularidad tiende al clasicismo y se desarrolla en multitud de pequeñas y abigarradas viñetas.

Tales caracteres son comunes a la mayoría de enemigos con quienes se enfrenta. Sus atuendos remiten a la Edad Media en muchas ocasiones: Capas, yelmos, cotas de mallas, etc. (La fascinación por esta época es, evidentemente, otro rasgo gótico); o bien son de una austeridad rayana en el ascetismo: los trajes del Doctor Misterioso o Sylvester Jenkins son sencillos e inmutables.
 
No se puede despedir este artículo sin hacer una breve mención de quiénes son estos enemigos, una de las más fabulosas nóminas de villanos de la historieta de todos los tiempos: el Tótem Viviente, un ídolo de tres cabezas vivo; la Silueta, misterioso ente del espacio del que sólo llegamos a conocer los brazos; el Emperador Androide, superviviente de la Atlántida y fabricante de robots; Limbo el desconocido, ser de otra dimensión jefe de los Siete Siniestros; el Rana, el Renacuajo y el Hormiga, protagonistas de una aventura que es, más que ninguna otra, puro delirio surrealista; Fidio, el Hombre-Perro-Robot-Legionario romano + gigante; el aún más gótico Exterminador, etc. Todos conocen la derrota a manos de
Spider casi de repente, después de haber dado guerra un montón de páginas, en desenlaces absurdos y apresurados que llegan cuando el guionista parece considerar que ya han sido suficientemente explotados.

En fin, hasta aquí algunos de los aspectos más interesantes de estas historietas. Spider sigue siendo-veinticinco años después de su creación-uno de los pocos superhéroes modernos, con historias verdaderamente adultas que optan por la libertad, el humor y la fantasía antes que por los estrechos cauces de una pseudoadultización y una tramposa verosimilitud de tramas y personajes. Su desenfado y su originalidad le conceden la categoría de puro pop-art, incombustible hasta ahora al paso del tiempo.

PEDRO PORCEL ANDRÉS PORCEL


El Maquinista numero 4 Septiembre 1991

 

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