miércoles, 8 de abril de 2026

¡Teóricos del mundo, uníos!

 POR ESTRELLA DE DIEGO

Hace años, un psicoanalista lacaniano dejó las cosas muy claras a mi juvenil vehemencia teórica, ansiosa por leer (y entender) a Jacques Lacan: emprender el camino en la lectura de los textos lacanianos era la labor de una vida. No valía el apoyo de esos readers norteamericanos en los cuales alguien selecciona para el lector extractos de libros, los que han conformado el barniz teórico que desde hace décadas necesita toda cultura visual que se precie. Además, siguió reflexionando, para entender a Lacan no bastaba con leer los escritos y los seminarios. Era imprescindible pasar por el diván.

Debió oír una historia semejante el joven Félix Guattari, presencia fantasmal que regresa desde su indiscutible glamur en los ochenta del siglo XX, quien se acaba de convertir en protagonista de la exposición Maquinaciones en el Museo Reina Sofía, un proyecto de colaboración entre casi 20 personas que han pasado los cinco últimos años trabajando para poner en pie la propuesta. Aunque la suerte de Guattari en el campo lacaniano fue compartida por muy pocos: no solo asistió a los míticos seminarios del doctor Lacan, sino que tuvo el honor de ser uno de los poquísimos psicoanalizados por él en un diván nada barato, por cierto. Incluso se diría que, pese a los fundamentalistas que han tratado de escribir una historia customizada -de ambos lados, lacanianos y activistas—, las diferencias entre Lacan y Guattari no fueron tantas.

What Is This (2013), de Abu Bakarr Mansaray.

Queda patente en los diagramas del segundo que abren Maquinaciones una técnica que aprende de Lacan, y hasta en el concepto de "máquina" de Guattari y su cómplice de página Deleuze, entendida como ente liberador que subvierte a la máquina productiva del capitalismo y ya enunciada en las máquinas deseantes de Lacan. El equipo de cinco comisarios ha organizado la muestra a partir de este concepto, releído desahogadamente, para configurar tres ejes: Máquinas de guerra, Máquinas esquizo -referencia al método para tratar las cuestiones mentales fuera del marco al uso y próxima al concepto lacaniano de "locura como discurso alternativo, y no "patología" - y Máquinas del cine y los cuidados.

De cualquier manera, el protagonista de Maquinaciones, Guattari, lo tenía todo para ganar la batalla a Lacan en la conformación del discurso teórico que ha dominado el mundo desde Estados Unidos a partir de los ochenta. Hijo del 68, Guattari se había formado en París 8, la escisión de la Sorbona capitaneada por Hélene Cixous. Tenía fama de activista y estaba imbuido por lo alternativo, que llevaba a las terapias de la Clinique de la Borde. Para algunos tenía un toque californiano y lisergico. Igual que Guy Debord años después, Guattari era, con sus desplantes al sistema, el elemento perfecto para dar una vuelta de tuerca a esa "critica institucional" que, desde el mundo norteamericano, se convertía en un mantra global. Con sus identidades nómadas, muy populares en los ochenta, se infiltraba en los readers, campo de batalla para la french theory, como se la empezó a llamar en las universidades estadounidenses en los setenta.

La french theory, con los cambios esperables, ha ido construyendo unos textos escritos en inglés que parecen haber sido escritos en francés y textos en español traducidos de los francoingleses; farragosos, autorreferenciales - la teoría por la teoría— y excluyentes por la dificultad de su lectura. Desde EE UU, la french theory se ha ido implantando por todas partes en una maniobra neocolonial acallada, que en los proyectos curatoriales a menudo se lava la cara recurriendo a artistas cuanto menos conocidos, mejor, o a países fuera del "circuito establecido", por lo que valga ya la categorización.

Portraits of Children Who Have Seen Too Much Too Soon (2007), de Gee Vaucher. A.B. M./ COLECCIÓN SEYDOUX

Este modelo internacionalista rige Maquinaciones con un discurso teórico tras el cual desde hace décadas nos hemos parapetado profesores, conservadores y directores de museos, comisarios o expertos en visualidades de todo tipo y para todo uso, en aras de la citada crítica institucional". El concepto, que sobrevuela esta igual que otras exposiciones del Museo Reina Sofía, se relaciona con una puesta en cuestión de las instituciones culturales y la búsqueda de modelos alternativos -tema ligado a Guattari-, si bien, sumergido en su propia inaccesibilidad teórica, termina por ser un lavado de cara para el propio sistema que permite la disidencia en lugares prefijados y solipsistas: el aula, el museo, la sala de exposición... De eso sabe mucho el feminismo, desactivado cuando se convierte en "estudios de genero".

Si bien es loable que instituciones como el Reina Sofía se hayan esforzado estos últimos años en que "dentro" llegue "fuera" y "fuera" llegue "dentro" con proyectos como el Museo Situado, mientras haya control de mochilas y humedad, la frontera sigue estando clara, diría la escritora marroquí Fatema Mernissi. Lo anunció Lucy Lippard en los setenta y lo puso en práctica Griselda Pollock cuando se propuso escribir un libro feminista que entendieran su hermana, su prima y la vecina de al lado. ¿No pierde todo discurso su eficacia política si se teoriza en exceso?

Podría ser el principal problema de este proyecto: la densidad teórica vacía el contenido y construye discursos paralelos y paradójicos -lo que se dice, lo que se ve, lo que nos dicen que tenemos que ver, lo que necesitamos que nos digan para verlo-. Ocurre durante el itinerario, pese a las explicaciones ajustadas de uno de los comisarios, Pablo Allepuz, joven y brillante investigador que se ha incorporado al equipo el último año. Si, como dijo otra de las comisarias, Teresa Velázquez, hay formas alternativas de visitar la muestra, más sensoriales más libres más nómadas —diría Derrida, y la propuesta teórica de los tres ejes no se corresponde con el recorrido, ¿para qué un empeño de enunciación tan cerrado?

Lo denso y farragoso de la muestra trae a la memoria otra exposición de tesis en el museo, Principio Potosí. Tampoco en Maquinaciones fallan los artistas, muchísimos magníficos, como Cian Dayrit o Rayyane Tabet, aunque el concepto "mediterráneo", tan de moda, se haya entendido de forma laxa. Algunos son, además, viejos conocidos de la última Documenta o hasta del IVAM, como Tabet. En una sala escondida tras unas cortinas gastadas, nos damos de bruces con la sutileza de Ismaïl Bahri y su cine transparente, radical. Sentados en la sala solos, lejos de los textos, vuelve a la memoria John Giorno, poeta underground y amigo de Warhol, y su teléfono gratuito. La recompensa no podía ser más molesta para el sistema en su frágil precariedad: del otro lado, apenas la lectura de una poesía. A esto si lo llamaría "cuidados", la última adquisición retórica.

En la obra de Bahri, una frase queda detenida, casi premonición: "El pueblo esta agotado". Tal vez lo esté ante tanta french theory y necesite aires nuevos. A lo mejor, como acaba de hacer el MoMA, urge en el Reina Sofía un teléfono desde el cual nos vuelvan a leer un simple poema, como hiciera Giorno en 1968. No estaría mal.

"Maquinaciones". Museo Reina Sofía.


Babelia Núm. 1.648  Sábado 24 junio 2023


martes, 7 de abril de 2026

Sketchbook John Romita Jr. (Proyecto Kaleidoscope)

 


Staff
Jonh Romita Sketchbook.
Kaleidoscope Producciones (Mayo'01).
Edición Limitada sin ánimo de lucro con el único propósito de difundir e informar (1995/2001).
Santiago Navarro Carretero (Diseño, Edición y coordinación...)
José M.Bouza (Mentor).Punts per Polzada (Fotolitos).
DIRAC Ditribuciones (Distribuye). Copyright de los personajes
Marvel y de Jonh Romita. Sin apartado postal(BCN).

































Colgado del aro

Uno de los grandes nombres del basket español nos conduce por un viaje a través de las viñetas


José Luis Vidal

02 de abril 2026

En muchas ocasiones el destino es caprichoso, y nos lleva por caminos que en ningún momento pudimos imaginar.

Ese fue el caso de un chaval del pueblo sevillano de Carmona. Su altura le convertía en un buen candidato para formar parte del equipo de baloncesto del lugar, por lo que en un abrir y cerrar de ojos se vio corriendo por la pelota, con pocos conocimientos tácticos, pero muchas ganas…



Ficha
Mi loca Historia del Básquet. El niño que nunca dejó de soñar.

Autor: Jimix (Andrés Jiménez)

Tapa dura

Color

136 págs.

25 euros

Valnera Gráfica


Así comienza, a modo de prólogo, la historia de Andrés Jiménez, deportista que estuvo en el Olimpo del básquet, codeándose con los mejores jugadores de todos los tiempos. Y como narrador, qué mejor medio que uno que le ha encandilado desde pequeño, cuando pasaba horas dentro del kiosco de su abuelo, donde saltó dentro de las viñetas para compartir aventuras con aquella pareja de estrafalarios agentes de la T.I.A., o saborear el jabalí en las pantagruélicas cenas que solían celebrarse en un pequeño pueblo sito en Las Galias.

Y con ese amor por los tebeos y el dibujo, el rebautizado como Jimix (leyendo este cómic sabréis quién le puso este sobrenombre) se lanza a contarnos sus inicios en este deporte que arrastra masas, aquellas primeras dificultades, cómo tuvo que abandonar su pueblo para vivir en la otra punta del país, una dura tragedia que golpeó a su familia, el duro trabajo que tuvo que realizar para adaptarse al trabajo en equipo, dificultades económicas y, poco a poco, la llegada del reconocimiento y el triunfo.

Mezclando texto y viñetas, Jiménez realiza un emocionado viaje en el tiempo. Y hablando de tiempo, seguro que muchos de vosotros desconocéis el origen del baloncesto, y cómo a lo largo de miles de años ha formado parte de los más significativos hechos históricos.

Ni corto ni perezoso, a continuación, Jimix se convierte en profesor de Historia, y nos muestra con una gran carga humorística, todo aquello lo que desconocíamos sobre este deporte, hecho este que seguro que va a causar algunas que otra carcajada a los lectores, debido al ingenio que el autor pone en el relato.

Pero si tenemos que hacer retroceder el reloj, qué mejor que hacer una parada en el año 1984, donde Jiménez rememora aquella hazaña que ha quedado grabada con letras de oro en la Historia del deporte patrio, cuando un grupo de luchadores de la canasta, consiguieron llegar hasta la final en la Olimpiadas de Los Angeles, donde se vieron las caras con nombres míticos del basket y sin, achantarse ante ellos, consiguieron hacérselas pasar canutas, para finalmente conseguir una merecidísima medalla de plata.

Tras este evocador viaje, este volumen concluye de la mejor manera, y es con una profusa galería fotográfica que recorre toda la vida deportiva de Jiménez, y mucho más.

En fin, este cómic es un autentico tesoro para todos aquellos que, como su autor, amáis este deporte. Y para los que no lo conozcáis demasiado, resulta un magnífico punto de partida, en el que reunirse con uno de los mejores jugadores de baloncesto que ha tenido este país, como viene atestiguado por un prologuista de lujo llamado Pau Gasol.


Diario de Cadiz