miércoles, 13 de diciembre de 2023

Ladrillazos de amor

La opinión es unánime, y es que esta edición de uno de los grandes e inmortales clásicos del Cómic es soberbia

JOSÉ LUIS VIDAL

10 Diciembre, 2023




Existe un lugar, no lo encontrarás en los mapas, y aunque guarda ciertas semejanzas con algún paraje sito en los Estados Unidos, tan solo podrás llegar allí de una manera muy especial. Ni en tren, avión o coche accederás a esos desiertos, aparentemente vacíos. Tu mapa tiene un formato inusual, y la brújula que usarás es, ni más ni menos, tu propia imaginación.

Bienvenidos al Condado de Coconino, lugar poblado por un puñado de criaturas, animales antropomorfos, entre los que destaca un una felina muy especial, cuyo cogote está ya más que acostumbrado a los golpes que el esquivo roedor Ignacio le lanza cada dos por tres, dejándola postrada, tumbada allá donde caiga, suspirando por su amor ratonil.

Sí amigos, ellas es Krazy, esa Gata Loca que muchos de nosotros conocimos a través del mundo de la animación, y que ahora, muchos años después, por fin podemos disfrutar de una edición que recoge sus andanzas (y las del resto de parroquianos de Coconino) y con la que su padre y creador, George Herriman, se encontraría más que satisfecho.

Pero antes de hablar de las virtudes de este formato, me gustaría presentaros a varios de los secundarios que componen este particular, divertido, poético y surreal universo, y que acompañan en sus andanzas a esta gata (o gato, obviamente), inocente, soñadora, con un vocabulario muy personal, sureña que bebe los vientos por el ratón Ignacio, padre de familia numerosa, que para poco en casa, y cuya sufrida esposa no sospecha de sus numerosas tropelías, que casi siempre terminan lanzando un ladrillo a la pobre Krazy.

Y hablando de ladrillos, la hucha de Kolin Kelly, que los fabrica de la manera más artesanal, debe de estar a rebosar, y siempre que puede se aprovecha del curioso ‘hobby’ de Ignacio, ese impulso que lo empuja una y otra vez a adquirir como sea el pesado objeto al que casi venera.

Aunque creo que no me equivoco al situar al agente de la ley, el policía B. Cachorro, como el olfato que (casi) siempre le sigue los pasos al escurridizo ratón, tratando de evitar sus constantes trastadas. Un tipo que se toma su profesión con mucha profesionalidad.

Claro está, en un Condado como el de Coconino nos encontramos con una pequeña representación de la burguesía local, como es el Conde de rebuscado nombre Dondiego Fermín Patagón, un sabueso que viste con elegancia y fuma los mejores puros que puede comprar.

El resto del dramatis personae es extenso, y nos vamos a topar con ellos a lo largo de las páginas que contiene este volumen, que reúne la producción de Herriman en los años 1916 y 1917. Ellos son Walter Cephus Avestruzo, Pato Tico, Don Koyote (otro ‘conde’), Joe Cigüeño, el frijol saltarín mexicano Wlli Mendoza, Bill Viejo Abejo, Willy Comadreja, Sancho Pancho, Bananito Manises, Marijuana Pelona… Y seguro que me dejo a alguno o alguna de estos originales y carismáticos personajes en el tintero, aunque no os preocupéis, ya que seguro que tras una piedra, un cactus o en alguna de las curiosas construcciones del lugar os los podréis encontrar.

Y ahora sí, ha llegado el momento, necesario, de las loas a esta tremebunda edición, que va a destacar en las estanterías de las librerías, ya que su enorme formato y colorido de su portada hará que nuestra mirada se dirija inconscientemente hacia ella.Además de tener tapa dura y páginas con el gramaje adecuado, en él vamos a encontrar una serie de textos, en los que el ínclito Rubén Lardín, uno de los ‘culpables’ de que esta edición sea tan única, donde va a recorrer la historia, la génesis de este cómic, nos hablará de sus protagonistas, además de presentarnos adecuadamente a su talentoso autor, el ya inmortal George Herriman.

Pero hay dos textos que destacaría. El primero de ellos, redactado con toda la sinceridad posible, nos presenta a Lardín aceptando la tarea de traducir este cómic, hecho éste que se convierte en un ferrocarril que está a punto de descarrilar y estrellarse en más de una ocasión, debido a la peculiar manera en la que los personajes de Herriman se expresan, y teniendo que tomar una decisión (muy acertada en mi opinión) a la hora de culminar su labor.

El otro escrito viene de la mano de Emilio Bernárdez que, con total sinceridad hace un recorrido por los mil y un problemas que ha tenido la labor de realizar esta edición definitiva de Krazy Kat que, a afortunadamente, a golpe de pasión y sabiendo rodearse de un ese magnífico equipo de compone La Cúpula Ediciones han logrado que tengamos en nuestras manos esta auténtica obra maestra del Noveno Arte, el Cómic.Y ahora sí, ajustaos bien la mochila y vamos allá, ¡el Condado de Coconino nos espera!


Malaga Hoy


La vergüenza enterrada

Paco Roca, acompañado por el periodista Rodrigo Terrasa, regresa a las librerías con una nueva obra tan esperada como necesaria


JOSÉ LUIS VIDAL

09 Diciembre, 2023 

Suele decirse que los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetirlo, y es que creo que no hay país a lo largo y ancho del planeta que no tenga en su memoria hechos oscuros y horribles, casi siempre relacionados con los conflictos bélicos, el odio y el rencor.




El abismo del olvido

Guion: Paco Roca y Rodrigo Terrasa

Dibujo: Paco Roca

Tapa dura

Color

296 págs.

25 euros

Astiberri


Centrándonos en España, existe una mancha, una deuda a pagar que aún no ha sido restituida del todo, debido sobre todo a la actitud de algunos partidos políticos que fomentan el olvido entre sus afiliados, vendiendo la manida frase de que “hay que mirar hacia delante…”

Pero no, y el dúo artístico formado por Paco Roca y el periodista Rodrigo Terrasa nos van a demostrar en este cómic que aún queda mucho, muchísimo por cumplir, devolver a cientos, miles de familias, el derecho a poder enterrar a sus muertos, represaliados durante y tras la Guerra Civil.

Y van a hacerlo narrándonos la historia de dos hombres, José Celda Beneyto y Leoncio Badía. El primero fue un simple agricultor, un hombre querido por los suyos, que nunca tuvo ni dio ningún problema en su localidad, y que debido a la maldad que anida en el corazón de algunas personas, poniendo como excusa su afiliación política, fue detenido, condenado en una pantomima de juicio y llevado ante un pelotón de ejecución, sin ni siquiera tener la posibilidad de poder despedirse y abrazar por última vez a los suyos.

Por otro lado, Leoncio fue un auténtico héroe dentro de lo que pudo hacer, que fue mucho, ya que librándose por los pelos de la muerte fue obligado a cubrir el puesto de enterrador en el cementerio de Paterna, en el que utilizando una vista aérea, Paco Roca consigue que se nos hiele la sangre al mostrar la cantidad de fosas que existen bajo su superficie.

Leoncio será el encargado de permitir que las mujeres, hijas y otros familiares puedan acceder al camposanto y, al menos, poder ver y llorar por última vez a sus familiares. Y sin él saberlo, se va a convertir en una pieza clave en la futura investigación de estos restos sin nombre que han reposando durante años bajo tierra.

Paco Roca, con la maestría gráfica que le caracteriza, y volviendo a utilizar el formato apaisado, nos presenta a un buen puñado de personajes, todos y cada uno con su propia historia, ya sea en el pasado, o en tiempos actuales, como Pepica, la hija de José, que hizo una solemne promesa a su madre que, gracias al grupo de arqueólogos encabezado por Eli y Manu, puede verse cumplida, y en la que el papel de Leoncio va a tener un papel esencial.

No hay peor condena que arrebatar el derecho a que los familiares de un finado puedan enterrar sus restos, y poniendo como ejemplo la historia de Aquiles, Patroclo y la venganza del primero hacia los afligidos padres de Héctor, queda más que claro el sufrimiento, la impotencia de todas esas familias que aún esperan obtener el permiso en un laberinto burocrático para poder recuperar los restos de un familiar enterrado en una zanja o fosa común.

Ellos son los sin nombre, y en esta obra se les da rostro, permitiendo que puedan 'salir' de esas cárceles llamadas fosas comunes, aunque tan solo sea por un rato, ya que muchos de ellos continuarán, por desgracia, sin poder ser identificados.

Una obra ésta muy necesaria, y que desde ya debería formar parte de la biblioteca de institutos, para que las jóvenes generaciones de nuestro país aprendan que nunca hay que olvidar.


Malaga Hoy


Blake y Mortimer en el Museo de la Ciencia y la Ficción

 

















martes, 12 de diciembre de 2023

MACARRAS... ¡REUNÍOS!

Mònica Rex Garcia



La figura del delincuente estudiantil japonés es un clásico en el manga y en el anime. Desde las historias de instituto donde su rol consiste en poner en apuros al resto de los personajes, hasta mangas donde son los auténticos protagonistas, como Crows, de Hiroshi Takahashi y Akira, de Katsuhiro Otomo. A su vez, la figura que encarnan estos personajes, remite a las pandillas de la subcultura yankii y bosozoku. Estas bandas japonesas tuvieron su auge en los años ochenta y estaban formadas por jóvenes que mostraban una actitud contestataria y antisistema, aunque se organizaban en grupos jerarquizados donde se valoraba especialmente la lealtad y el respeto. Sus principios, su estética y uniformes se inspiraban en la figura del samurai y en los kamikazes de la Segunda Guerra Mundial.

Ken Wakui, autor de Tokyo Revengers, explicaba en una entrevista para el periódico Le Monde que él mismo fue un adolescente pandillero. Sus vivencias en este mundo son su principal fuente de inspiración para sus obras. Su carrera profesional empezó en 2005 con Shinjuku Swan (Kodansha), un seinen recopilado en 38 tomos donde ya nos habla de la yakuza, de pobre- za y prostitución. Sus siguientes obras serían Abaddon (2010), Sekisei Inko (2013), Dessert Eagle (2015) y, finalmente, en 2017, Tokyo Revengers.

En las páginas de la revista Shūkan Shūnen Magazine se empezó a publicar la historia de Takemichi Hanagaki. Un chico normal que trabaja en una tienda, vive de alquiler y siente que su vida es un fracaso, cuando de pronto descubre que su primera novia, Hinata Tachibana, y su hermano, Naoto Tachibana, han sido asesinados en un altercado provocado por la banda criminal Tokyo Manjikai. La noticia desata un fuerte shock en Takemichi, que empieza a recordar todo un pasado que se había esforzado en olvidar. Tras acabar el instituto, Takemichi había huido de una vida abocada a la violencia, pero dejó atrás a muchos amigos y seres queridos. Algunos de ellos, en la actualidad, aún forman parte de esta banda criminal que ahora vuelve a poner patas arriba su vida.

Pero su rutinaria vida no puede parar. Al salir del trabajo, Takemichi está absorto en sus pensamientos, en la tristeza y la conmoción que ha causado saber que los hermanos Tachibana han muerto. En ese momento, pasa algo y Takemichi viaja doce años atrás. Ahora es un macarra de instituto, su pelo negro está decolorado, su ropa informal se ha convertido en el uniforme del instituto. Nuestro protagonista no tarda en descubrir que viajar al pasado es una oportunidad para reencontrarse con Hinata y, quizás, salvarla de su prematura muerte en el futuro. Pero Takemichi no se quedará en el pasado de forma indefinida. Ken Wakui ideó un interesante recurso argumental que le permite a Takemichi saltar entre presente y pasado.

Ken Wakui nos invita a reflexionar sobre los condicionantes sociales que hacen que un chaval de 14 años pase de ser un buen chico a ser un gamberro y de aquí a un delincuente juvenil. Poco a poco iremos conociendo a los amigos de Takemichi y a los principales miembros de la Tokyo Manjikai. Así, descubriremos que tras sus espaldas hay historias de pobreza, violencia familiar y abandono. Situaciones que les han abocado a desconfiar del sistema y apoyarse en sus amigos y su banda, por los cuales estarán dispuestos a hacer prácticamente cualquier cosa. La exaltación de la amistad es uno de los leitmotivs del shōnen. Las editoriales están encantadas con este formato, los autores conocen perfectamente su desarrollo y a los lectores les sigue llegando hasta lo más profundo del corazón.

Pese a ser una fórmula conocida y explotada, Ken Wakui consigue que su manga sea diferente. Probablemente esto lo consigue gracias a un dibujo muy limpio y personal. Sencillo, estilizado, con pocos fondos y un uso de las tramas limitado a las sombras y a la ropa de algún personaje. Así como a un estilo narrativo muy dinámico, prácticamente cinematográfico, que favorece devorar el manga como si no hubiera un mañana. De hecho, la sensación de solapamiento de momentos cruciales hace que el lector no pueda asimilar totalmente los momentos dramáticos de la serie. Entrando en una espiral de emociones donde seguir leyendo es, prácticamente, una necesidad.

La popularidad de Tokyo Revengers tanto en Japón como en España es arrolladora. Junto con Haikyū!!, el manga de Ken Wakui se ha convertido en el libro más vendido en España en el día de lanzamiento con algunos de sus tomos. Las aventuras de la Tokyo Manjikai son mucho más que unos adolescentes peleándose por vanidades. Es una crítica a una sociedad que abandona a sus ciudadanos más desfavorecidos, un grito de rabia contra el sistema y una luz de esperanza para la amistad.


Tokyo Revengers

Ken Wakui

Norma Editorial Japón

Rústica con sobrecubierta

(6 vols. hasta la fecha)

380 págs. (cada vol.) 

Blanco y negro/color 

Traducción: Gemma Tarrés Guasch

Obra relacionada

Crows

Hiroshi Takahashi

(ECC Ediciones)

Akira

Katsuhiro Otomo

(Norma Editorial)

Gantz

Hiroya Oku 

Panini Cómics)


Anuario Jot Down Comics 2021


¿Y SI SE NOS PASA EL ARROZ?

Iria Ros Piñeiro




Es increíble la cantidad y calidad de mangas que se publican en nuestro país. También lo es la variedad temática que podemos encontrar. Sin embargo, hay una demografía que hasta el momento había brillado por su ausencia: las historias de mujeres mayores de treinta años. Un grupo poblacional que en la sociedad japonesa está condenado, a nivel social, si a esas alturas no se ha casado. Y precisamente de eso habla Akiko Higashimura, con mucho humor ácido, en esta obra.

En 2013 el Comité Olímpico Internacional decidió que Tokyo sería la sede de los juegos en 2020. Aunque en aquel momento nadie imaginaba lo que terminaría ocurriendo respecto a la pandemia, lo que sí ocurrió en Japón fue un estallido social entre las mujeres jóvenes.

Quienes vieron la celebración de los juegos como una fecha límite para conseguir todo lo que se espera de ellas socialmente: estar casadas, ser buenas esposas y, si fuera posible, ser también madres. Higashimura, que a nivel personal se ha casado dos veces y ha sido madre soltera durante una época muy complicada de su vida, solo puede ver con horror cómo sus amigas se lanzan a cumplir con todos los estereotipos en los que han sido educadas. Y es ahí donde nace la trama principal de Tokyo Girls.

Este manga está protagonizado por Rinko y sus dos mejores amigas, tres treintañeras que no han tenido nada de suerte en el amor. Con la selección de Tokyo como sede olímpica, y tras una de sus tantas borracheras épicas, Rinko decide que va a encontrar pareja y casarse antes de que se celebren los juegos. Y sus amigas no se quedan atrás. Tras mucho tiempo sin lanzarse al mercado del amor, pronto se dan cuenta de lo difícil que resulta todo cuando parece que se te ha pasado el arroz.

Higashimura plantea una crítica directa a las actitudes tóxicas de sus amigas a través de las protagonistas de este manga. Para ello utiliza a tres personajes en la obra: un joven y guapísimo modelo, que coincidirá con las protagonistas en la tasca a la que van siempre, y a quienes criticará de forma abierta. Y dos tapas: el hígado y la lecha de bacalao. Tapas que las protagonistas siempre piden junto a sus cervezas, y que a partir de cierto punto de embriaguez se convierten en personajes que les darán ciertas dosis de conciencia sobre lo que están viviendo. La autora mezcla en las tramas los estereotipos del amor romántico que suelen leerse en los mangas con la situación realista en la que se encuentran sus personajes. A partir de esa dicotomía, presentada en situaciones algo forzadas, pero extremadamente cómicas en su representación, expone todos y cada uno de los condicionantes a los que están sometidas las mujeres japonesas de esa edad. Y cómo el estrés de lo que se espera de ellas afecta a sus vidas. Precisamente, el modelo las tilda de ser mujeres y si, que en lugar de vivir el momento se dejan arrastrar mentalmente por lo que les gustaría que fuera.

En el apartado gráfico destaca la facilidad que tiene la autora para pasar de un dibujo preciosista, con línea clara y diseños limpios, a una caricaturización extrema cuando la situación (y el alcohol) desborda a los personajes. Higashimura utiliza metáforas visuales muy sencillas, y a la vez divertidas. Si Rinko y sus amigas están teniendo una revelación y se sienten golpeadas por la conclusión a la que han llegado, junto a sus caras de horror se observa una representación clara de sus sentimientos. Golpeadas como si fueran sacos de boxeo, o perdidas en un mar de dudas, literalmente. Lo que potencia tanto la comicidad como el mensaje. Los diseños de personaje, amplios en su variedad, juegan a su vez con los prototipos que suelen aparecer en los mangas de historias románticas, para enfatizar el apartado de condicionamiento a través de la cultura de masas, haciéndolos fácilmente reconocibles no solo por el público objetivo original, sino también por lectores de todo el mundo. La narrativa de este cómic navega entre la comedia absurda y las reflexiones más dramáticas, sin que ello suponga un problema. Ya que a través del humor va que- dando un poso crítico sobre los temas tratados.

Higashimura «maltrata» a sus protagonistas poniéndolas en todo tipo de situaciones incómodas socialmente. Sin embargo, gran parte de estas ocurren por la mentalidad con la que se enfrentan a la vida. Mentalidad que viene dada en parte por su educación y por la sociedad en la que viven. De ahí que el mensaje que destila esta obra sea de advertencia para las lectoras japonesas: no es obligatorio vivir así, ni tampoco martirizarse si no se cumplen los designios sociales. De igual forma, les lectores que se acerquen a esta obra descubrirán una parte de la sociedad japonesa que no suele representarse en otros cómics. Si bien esto puede hacer que algunos lectores no sean capaces de empatizar con los personajes, los apuntes personales de la autora al final de cada tomo, así como la amistad entre las tres protagonistas, exponen un punto de vista esperanzador sobre lo ocurrido en el manga. Ya que Higashimura solo quiere dejar una cosa clara, si se nos pasa el arroz, a cualquiera y a cualquier nivel... no pasa absolutamente nada.



Tokyo Girls

Akiko Higashimura 

Planeta Cómic

Japón

Rústica con sobrecubierta 

176 págs.

Blanco y negro

Traducción: Karla Toledo

Obra relacionada

Desastre


Mamen Moreu


(Astiberri Ediciones)

Gokushufudo: Yakuza amo de casa

Kousuke Oono

(Ivrea Editorial)

La Cantina de medianoche Tokyo Stories

Yaro Abe

(Astiberri Ediciones)


Anuario Jot Down Comics 2021



La historia jamás contada del comic granadino (video)

 








LA HISTORIA JAMÁS CONTADA DEL COMIC GRANADINO from Acento Comunicación on Vimeo.


Ya tiene unos años, pero no deja de tener interés. Sobre todo porque los protagonistas no dejan de crecer y crecer en el mundo del comic. Me ha parecido interesante.


Hadas: no a todo el mundo le es dado contemplarlas

 El faro del fin del mundo/ Jacinto Antón

Hadas, venid a sacarme de este mundo aburrido". Acudí con el verso de Yeats en la cabeza a una insólita sesión académica sobre esas criaturas maravillosas hace unos días en Barcelona, una tarde en la que la ciudad se encerraba en una atmósfera turbia. Hadas: ya sólo la palabra, con el sabor de un elixir vivificante, te traslada a una esfera distinta, a un espacio extraño en el que la magia y la belleza revolotean resplandecientes envueltas en un halo de misterio y de peligro. Otoño es una estación de hadas: en el bosque, si escuchas con atención, puedes oír estos días su leve paso en el crepúsculo, crujiendo en las hojas muertas mientras el viento sopla alrededor con un gemido agreste y melancólico. Habrá quien al oír hablar de las hadas piense en Campanilla, las de Disney o los cuentos troquelados; yo pienso en las hadas premiun, numinosas y feéricas, cosa seria, como Morgana Le Fay, la Belphoebe de Edmund Spenser o La Belle Dame sans merci, cantada por Keats y pintada por Waterhouse: "I met a lady in the meads, / Full beautiful, a fairy´s child; / Her hais was long, her foot was light, / And her eyes were wild" ("Encontré a una dama en los prados / de belleza absoluta, una niña de las hadas; / su cabello era largo, sus pies ligeros, / y su mirada salvaje").


La Belle Dame sans merci pintada por Waterhouse

Casualmente -aunque con las hadas no hay casualidades- la convocatoria coincidía con que estaba leyendo Queens of the Wild, de Ronald Hutton (Yale University Press, 2023), sobre la pervivencia de creencias y figuras paganas, especialmente femeninas, en la Europa cristiana y que habla mucho de las hadas, dedicando un capítulo entero a su reina (cuyas plasmaciones más conocidas son las shakesperianas Titania y Queen Mab). Hutton, una autoridad en el paganismo antiguo y medieval, señala cómo se consolidó en el Medioevo, procedente del mundo celta, la idea de unos seres parecidos a los humanos pero con poderes sobrenaturales. Eran criaturas hermosas, seductoras y ambivalentes a las que había que propiciar y que podían brindar sus dones o ser peligrosas.

En el curso del siglo XII, esta concepción de las hadas se mezcló con la nueva forma literaria del romance, género producido para la aristocracia, y entonces esos seres cobraron glamour y pasaron a reflejar la imagen idealizada de la élites. Parecían princesas o grandes damas y se las conoció como fays, faes, fées o fairies, a partir quizá del latín fata, femenino vulgar de fatum, destino, hado, y de ahí nuestro término hada. Entre estas hadas de alto standing se cuentan las de los relatos artúricos.

De todo esto, y de más cosas, se habló en la sesión Las hadas y Avalon en Cataluña (que ya es un título sugerente), celebrada en la Biblioteca de Cataluña. Cuatro especialistas, Anton Maria Espadaler, Meritxell Simó, Glória Sabaté y Antonio Contreras nos llevaron de la mano al bosque mágico que evocaron bajo las bóvedas góticas con la ayuda de un powerpoint y la imaginación que convertía cada sombra de la sala en un dibujo de Arthur Rackham. Antes de empezar alguien tarareaba el Avalon de Roxy Music ( a ver quién se iba a atrever con La reina de las hadas de Purcell).

Cuando Merixtell Simó anunció que se iba a centrar en una clase de hada, "el hada amante" (¡y que les den a las hadas madrinas!), se oyó un suspiro colectivo en la ya entregada audiencia (que no había ido a oír hablar precisamente del hada de Shrek 2). Simó repasó la amalgama de rasgos y figuras que componen el elusivo personaje y desplegó el relato arquetípico de esta hada que se une a un mortal, y su evolución. Recalcó que la relación es asimétrica: el poder lo tiene el hada, que es capaz incluso de someter a hombres de tanto carácter como el rey Arturo y Lanzarote (no digamos a los demás de nosotros), y hasta a Merlín. Sin embargo, la idea de las hadas cambió; pasó a predominar su lado peligroso e inquietante. El siguiente paso fue la demonización por la Iglesia. Se las confunde muchas veces con las lamias y sirenas. El hada no obstante encuentra caminos para volver a aparecer en toda su dimensión fulgurante, aunque sea como anima junguiana.

Sabaté intervino para llevarnos al mundo de las hadas modernistas, cuando se nos vuelven a llenar los bosques de hadas, hadas poderosas, de hermosura indescriptible, hadas que están pidiendo que te hundas en sus ojos o en sus pozos. "No todo el mundo puede contemplar un hada", nos puntualizó. "Son ellas las que deciden si eres el escogido, si reúnes las condiciones para verla". Y advirtió: "Cuidado, las hadas son tentación y peligro, no dejan de ser criaturas de la naturaleza".

Y así pasó el tiempo. Y de repente, sin saber cómo, en un estado de ensoñación todavía, me encontré en la calle, buscando entre la multitud oscura hadas. Y que vivan la tentación y el peligro. Hadas, llevadme, "quiero cabalgar el viento con vosotras, / correr en la cresta de las despeinadas olas, / y danzar como una llama en la montaña"


El Pais. Cultura. Sábado 9 de diciembre de 2023