domingo, 15 de enero de 2023

En compañía de lobos

Atrapados en la habitación de un solitario motel de carretera, los protagonistas de este cómic se enfrentarán a una espiral de violencia


JOSÉ LUIS VIDAL

05 Enero, 2023 

Cuando se habla de la nueva obra de Víctor Santos siempre es, en realidad, la penúltima, ya que estamos refiriéndonos a unos de los autores más prolíficos del panorama nacional. No hay formato ni mercado que se le resista, y su nombre ocupa las portadas de infinidad de cómics.

Aunque ha demostrado su versatilidad, moviéndose en géneros variados, los que seguimos su trayectoria sabemos reconocer a un amante del género criminal en él. Se ha sumergido en mil y una tramas, presentándonos a personajes al límite, a uno y otro lado de la ley.




Moon Eaters

Autor: Víctor Santos

Tapa dura

Blanco y negro

192 págs.

22 euros

Spaceman Project


Y en este caso particular, a las librerías españolas llega Moon Eaters, en la que conoceremos a Tommy Blackfoot, un tipo que acaba de abandonar la prisión y, al contrario de otros que al pisar la calle (y la libertad) no saben muy bien qué hacer con su vida a partir de ese momento, Tommy lo tiene especialmente claro.

Una llamada telefónica, un veloz automóvil y en poco tiempo le vemos llegando al escenario donde se va a desarrollar la mayor parte de la trama de esta historia, el motel Elmore's (no hace falta que os aclare el guiño, ¿verdad?).

Allí le espera alguien con quien ha estado carteándose desde prisión, una chica muy atractiva que responde al nombre de June, con la que va protagonizar una escena de alto contenido erótico, sin percatarse que Tommy ha sido seguido por Pete Twice, un tipo que hace una llamada telefónica que se va a convertir en la llama que encienda la mecha de un terrible torbellino de violencia que va a azotar el lugar.

Y es que esta pareja de personajes, sin querer por mi parte adelantaros demasiado de la trama, tienen muchos secretos. Él ha vivido durante mucho tiempo en un ambiente que podíamos calificar como 'peculiar', con una especie de extraña familia formada por un capo mafioso llamado Charles Rouge, que se ha auto erigido como líder de Los hijos de Hati, un grupo de jóvenes la mayoría que han sido criados como animales, lobos para ser más exactos.

June tampoco se queda a la zaga, y para nada es la típica rubia tonta, más bien todo lo contrario, y en su propio cuerpo esconde alguna pista de su pasado, hecho este que le ha llevado a caminar por un sendero muy especial, con una misión muy concreta.

Nada ha sido fruto de la casualidad.

Pues bien, preparaos, amigos lectores, porque una sinfonía de disparos, cuchilladas y golpes se va a iniciar en breve, y no se detendrá hasta que la sangre no haya salpicado todos y cada uno de los rincones del lugar, que va a ser invadido por las hordas de familiares de Rouge y algún que otro peculiar subcontratado…

A todos los que nos chifla el género noir, en su vertiente más extrema, mezclado con unas gotas de hechos sobrenaturales, va dirigido este apasionante cómic que fue financiado gracias a las aportaciones de un buen montón de mecenas en la editorial Spaceman Project, regalándonos una lectura en la que Víctor Santos vuelve a demostrar su buen hacer, pariendo un cómic que te mantiene atrapado en sus espectaculares páginas, que no puedes dejar hasta conocer el destino de la pareja protagonista.


Malaga Hoy


Huir de los barrotes

En una oscura celda, un hombre viaja a otros lugares, otras épocas, para huir de su reclusión


JOSÉ LUIS VIDAL

04 Enero, 2023

Su nombre es Cornelius Dark, no sabemos el motivo por el que sus huesos han ido a parar a esa prisión. Pero para no enloquecer, este particular prisionero utiliza un método en el que la relajación hace que, como por arte de magia, pueda trasladarse en el tiempo y el espacio.


¿Sugestión, imaginación, simple y llana locura?




Viajero de gris

Guion: Carlos Trillo

Dibujo: Alberto Breccia

Tapa dura

Blanco y negro

96 págs.

15,95 euros

ECC Ediciones


La solución a este enigma es lo de menos. Lo importante, como siempre, son las historias, los relatos que hacen que esa maquinaria, a veces vetusta, que es la imaginación, comience a mover de nuevo sus piezas, ruedas, resortes…

Sentado en su celda, Dark fija su mirada en un punto, un lugar lejano, fuera de los gruesos e infranqueables muros del lugar en el que le tienen recluido y sí, consigue llegar a un paraje desconocido para él, donde una sollozante y bella joven le narra su desgracia, la imposibilidad de volver a ver debido a su ceguera, y como ésta le ha arrebatado al amor de su vida, un famoso guerrero llamado Wan Tai, al que Dark acompañará junto a sus huestes en la batalla, haciendo finalmente un inesperado descubrimiento que dará un vuelco a la trama.

Siempre, sin poder evitarlo, como un pasajero que con prisa debe volver a su destino, Corneluis retorna a las cuatro estrechas paredes que le recluyen, aunque contento por poder haber disfrutado de la compañía de otros que no son sus compañeros prisioneros, que a estas alturas ya dudan de su cordura.

También conocerá a Julie, una ajada prostituta que aún tiene lugar en su corazón para albergar el amor. Y ella no será la única fémina con la que Cornelius se cruce, ya que en plena Revolución Francesa, una tal Carlota le invita a su casa, con un propósito bastante oscuro…

Las guerras siempre son crueles, y el protagonista caerá en tierras norteamericanas, justo en medio del encarnizado enfrentamiento entre norte y sur, donde tendrá que acompañar a un soldado en una misión con un desenlace totalmente inesperado.

Como lo será su encuentro en Arlés con cierto pintor pelirrojo que, aquejado por el más loco de los amores, utiliza a Dark como mensajero de su amor. Aunque creo que ya sabéis todos lo que pasó…

Y finalmente, el sexto y último viaje le lleva a Alemania, donde se encuentra con un grupo de pícaros que van a ejercer sus 'habilidades' con un crédulo tipo, provocando la solitaria risa de Dark en su celda, cuando regrese a la oscuridad de ésta.

Carlos Trillo y Alberto Breccia crean una metáfora de los tiempos que se vivían en Argentina, atrapada en las garras de la represión militar, y de manera metafórica muestran como la imaginación no puede ser atrapada en una jaula, ya que esta siempre hallará una manera de romper los barrotes y volar, fuerte y libre.

El maestro Breccia deja patente, una vez más, su total versatilidad a la hora de plasmar las historias, cambiando de estilo como el que lo hace de camisa y siempre, pero siempre, con un resultado que como lectores hace que nos quitemos el imaginario sombrero, ya sea utilizando la aguada, el collage, etc…


Una auténtica maravilla.

¡No entres ahí! ¡No vayas!

Puntos del mapa que hay que evitar, siniestros hogares que esconden el horror entre sus paredes, protagonizan el nuevo volumen firmado por el mangaka Junji Ito







JOSÉ LUIS VIDAL

25 Diciembre, 2022 


Entrar en una librería especializada en cómics y quedarnos sorprendidos por la enorme cantidad de obras venidas del País del Sol Naciente es una sola cosa. Resulta apabullante la llamada que el formato manga ha ejercido sobre los más jóvenes, que pueden disfrutar de todos los géneros imaginables, y muchos más, entre sus páginas.

Seinen, shonen, shojo, gekiga, eroguro… Son algunos de los nombres que ya se han convertido en algo completamente familiar para todos los que consumen el cómic venido de Japón que, como ha confirmado la asistencia al último Salón del Manga de la Ciudad Condal, la cosa no hace más que subir, aumentar en lectores.

Y entre toda esta cantidad de títulos y autores hay uno que sobresale dentro de un género que, en principio, considero que no es multitudinario. El terror.

Su nombre es Junji Ito, y los que le seguimos como lectores conocemos su obra desde hace ya algunos años, cuando en un formato totalmente inadecuado, la perturbadora Uzumaki llegó a nuestras vidas, con la promesa de elevarnos a unas cotas terroríficas que hasta entonces no habíamos conocido.

Con el tiempo, y gracias a la labor recopiladora de la editorial ECC, nuestras baldas dedicadas a su figura se han ido completando con infinidad de títulos, que dan fe de la imparable trayectoria de este ex protésico dental, tranquilo padre de familia, que cada noche se sienta ante su pequeña mesa de dibujo y, casi encajonado, plasma en la blanca superficie del papel las pesadillas más inimaginables.

Y es que a estas alturas, tanto en occidente como en oriente, el género del terror se ha explotado y recorrido de una y mil maneras, pero Ito tiene una cualidad que le convierten en un creador único y original, y es que bajo su invisible batuta es capaz de invocar el miedo ante las situaciones más cotidianas e inimaginables hasta ese momento.

Lo ha demostrado haciendo que una simple espiral se convierta en una figura a evitar, o que le tengamos pavor a los peces, pasando por una y mil situaciones en las que la vida de sus protagonistas, esos bellos chicos y chicas, son puestos a prueba ante situaciones que escapan totalmente a su control, sumergiéndolos en un caótico y oscuro torbellino.

Pues bien, en esta ocasión, de la mano del sensei Ito tendremos que preparar las maletas, ya que vamos a visitar nuevos enclaves y casas que no conocíamos hasta el momento, dejando una huella imborrable en nosotros, los incautos lectores que sigamos esta nueva ‘ruta’.

¿Y qué vamos a encontrar en este recorrido?

Pues una vivienda, cuyas ventanas han sido tapiadas para contener a sus habitantes y, sobre todo, a la extraña enfermedad que padece el más joven de ellos, cuyos constantes dolores se manifiestan de manera invisible a lo largo y ancho del lugar, teniendo que controlar a un grupo de ‘calmadores’.

Pero esto no es nada, ya que la visita de una chica a la casa de su jefe se tornará en pesadillesca peripecia cuando ésta compruebe la sed de sangre que el orondo tipo padece.

Y de ahí, algo que os sonará seguro a los consumidores del cine japonés de terror, en el que un espíritu vengativo con una capacidad capilar brutal hace de las suyas en el hasta entonces tranquilo seno familiar…

Viajar a nuevos lugares puede convertirse en algo para no olvidar… Si consigues salir de allí, huyendo de los demonios que marcan el destino de sus habitantes.Y hablando de venganza, ésta se puede convertir en un arma de doble filo en manos de unos hermanos que no logran olvidar la muerte de un miembro de la familia por culpa de un desertor al que llevan ocultando, y engañando, desde hace años.

Misteriosas voces en un callejón, un espeluznante hotelito, un laberíntico pueblo del que no podrás escapar, nunca volverás a ver los títeres de la misma manera, una casa con dos plantas muy ‘diferentes’, una vecina de lo más insistente y aterradora, un pueblo donde la sangre es muy importante y finalmente, una inolvidable visita a la peculiar ‘Ciudad de las lápidas’…

Paradas todas estas que hacen de nuestro viaje a través de las viñeta del Maestro Ito en una experiencia que nos dejará marcados, acompañándonos en largas noches de vigilia, sudorosos, recordando una y otra vez que el terror y lo inesperado está a la vuelta de la esquina, esperándonos.

¿Qué, os atrevéis a comenzar este periplo?


Malaga Hoy

sábado, 14 de enero de 2023

Watchmen La utopía era esto

Por Diego E. Barros





Tengo mil palabras para decir algo sobre Watchmen, lo que es ya un verdadero cometido superheroico. Es difícil decir algo (¿nuevo?) sobre uno de los cómics más discutidos y analizados de la historia. Uno de esos tebeos que alguien que se las dé de entendido suele citar a las primeras de cambio. Algo así como Borges, pero en el terreno de las viñetas. Y a mí, lo siento, no me gusta Borges. Me gusta Watchmen, si no, no escribiría sobre él. Pero mi opinión la dejaré para el final, si queda espacio.

Watchmen no surgió de la nada, no fue la iluminación repentina del dúo formado por Alan Moore (guión) y Dave Gibbons (lápices). Una obra con afán totalizador nunca lo hace. Los cómics de superhéroes vivieron su época dorada en los treinta y cuarenta. Después no llegó el silencio pero lo que provocó el Comics Code (el sistema de autocensura de la propia industria) se le pareció bastante. El héroe era poco más que un guardián del sistema capitalista. En los sesenta y setenta, algo comienza a cambiar en los circuitos alternativos y esto tiene su pronta influencia en la industria. El negocio iba mal y había que hacer algo. Ese algo vino de la mano de un grupo de autores diferentes a los maestros considerados hoy clásicos, que buscaban una voz propia en un arte en el que se habían iniciado como lectores. También estaban quienes habían crecido leyendo cómics y querían seguir haciéndolo, pero no bajo las mismas premisas. Alan Moore era una mezcla de ambos y se propuso subvertir el mito. Lo hizo primero en Miracleman (1982-1989, originalmente Marvelman) y acabó de desarrollar este planteamiento en Watchmen (1986-1987), donde mata al padre personificado en un grupo de héroes retirados en una América distópica, gobernada, a mediados de los ochenta, por Richard Nixon y con la locura nuclear como telón de fondo. El héroe vive ahora consumido por sus fantasmas. A excepción de uno de ellos, este es un hombre y, como tal, está lleno de defectos pues es producto de la sociedad que ha contribuido a salvaguardar. Los superhéroes son una pandilla de psicópatas disfuncionales de los cuales Rorschach es, en mi opinión, el más interesante. El único que, equivocado o no, sabe cuál es el papel de los vigilantes. Moore también propuso en su obra un tratado sobre el cómic como medio; así se pueden leer las memorias de Hollis Mason y los Relatos del navío negro, la historieta de piratas (¿quién quiere leer cómics de superhéroes si estos existen de verdad?) que lee uno de los secundarios. Pero, sobre todo, Watchmen es una visión sobre el poder y el Estado.

En aquel 1986 dos títulos acompañaron a Watchmen para cambiar la historia del cómic. Maus de Spiegelman y El regreso del caballero oscuro de Miller. Si bien Maus es completamente diferente, sí pueden establecerse vínculos entre la obra que nos ocupa y la de Miller. Ambas son relecturas del superhéroe y el poder, pero la segunda, como bien apunta Pepo Pérez (Supercómic, 231-278), es justo lo contrario a la humanización de Moore. El Batman de Miller recupera «al superhéroe como arquetipo mítico, vengador, incluso demoníaco; un superhombre romántico que se enfrentaba al viejo orden caduco». En Watchmen los superhéroes son, muy al contrario que en la obra anterior, el orden caduco, la sociedad en crisis en su plena expresión.

Más allá de la apariencia, Watchmen no es un cómic de superhéroes sino un noir. Ocurre que sus personajes van disfrazados. «Un Comediante murió el viernes por la noche en Nueva York», escribe Rorschach en el diario que sirve de hilo narrativo a la historia, el monólogo de un investigador que trata de resolver un crimen, es decir, la fórmula canónica del género. A partir de ahí asistimos a una peregrinación por un mundo en descomposición sin salvación alguna: «…Y todas las putas y los políticos alzarán su vista y gritarán “sálvanos” y yo miraré hacia abajo y diré “no”». De alguna manera estas palabras explicarán la actitud contemplativa del dios azul que se pasea con los huevos al aire pero, paradójicamente, no la de quien las pronuncia. Rorschach es un criminal, un fuera de la ley deudor de la mitología del oeste americano y su leitmotiv es hacer justicia. Él es quien más se acerca al héroe clásico. Las palabras de Rorschach resonarán a lo largo de toda la historia anticipando el sacrificio maquiavélico ideado por Ozimandias: todo tiene que morir para volver a resurgir.

Me doy cuenta de que casi he llegado a las mil palabras y apenas he dicho nada. Declaro mi derrota. Acabaré confesando que el de Moore no es mi cómic preferido. Yo una vez casi muero leyendo Watchmen pues soy uno de los damnificados por la mastodóntica edición de Planeta DeAgostini. Estaba en cama. Este peligro ha sido por fin conjurado. También metafóricamente. Esto tiene que ver con la densidad de un cómic que exige mucho del lector. Alguien me dijo una vez que el tiempo no le había sentado bien. Yo no diría tanto, y menos si acostumbramos a seguir la actualidad. Pero jugándome la herejía y una vez repensado, me cuesta trabajo volver a él por placer. Por cierto, a mí sí me gustó la película de Zack Snyder. Es más, creo que es muy buena. Antes de que empiecen a pegarme tengan una cosa en cuenta. Yo me tengo por una persona normalita, muy lejos de la genialidad de Alan Moore.


Jot Down Comics


Melvina El tiempo es el que es

Por Cristina Hombrados Laguarta




—Por favor, ¿podrías decirme qué camino tengo que seguir?
—Eso depende bastante de adónde quieras llegar —dijo el Gato.
—El adónde no me importa mucho… —dijo Alicia.
—Entonces no importa mucho qué camino sigas —dijo el Gato.
—… siempre que llegue a algún sitio —añadió Alicia a modo de explicación.

Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas


Si un conejo blanco puede ser la llave de entrada a otro mundo, quién te dice a ti que seguir a tu gato Octavio en su excursión por los tejados no te puede llevar fortuita e inconscientemente a darte de bruces con otra realidad. Una, además, en la que te sientes libre para elegir el camino a seguir y en la que encuentras empática e inmediata compresión ante lo que sientes como un ultraje. Melvina es una niña que se halla a punto de cruzar esa línea invisible que marca el comienzo de la adolescencia y, como tal, sufre de una serie de males universales aplicables a ese momento de la existencia, como la impotencia de no contar con esa edad suficiente que te otorga voz y voto ante decisiones que te atañen.

Melvina lleva acompañando a Rachele Aragno desde su adolescencia; puede decirse que esa niña pelirroja de grandes gafas fruto de su imaginación ha crecido con su creadora y ha ido tomando entidad mientras la historietista italiana proyectaba sobre ella sus frustraciones y preocupaciones, a la par que le construía un atractivo universo propio en el que hacer frente a todas las vicisitudes que se le planteaban. Así, desde la perspectiva que supone la distancia de realidades fantásticas y alternativas, aborda la impaciencia ante el inexorable y pautado paso del tiempo para quien ansía saltar de tramo de edad y la importancia de asistir a esas necesarias y valiosas lecciones que la vida nos va dosificando en cada una de sus etapas, lecciones por las que se nos enseña a ser mayores.

Melvina, primer cómic de Rachele Aragno, cuenta con ese poso en fondo y forma que otorga el tiempo y la reflexión. Sus viñetas contienen formalmente la esencia de los grandes clásicos iniciáticos, pero también de los cuentos de fantasía tradicionales, incluidas la moraleja que acaba por dar sentido a las tribulaciones de la protagonista, la existencia de profecías capaces de poner fin a una tiranía impuesta o el tono de advertencia ante posibles peligros. El viaje que Melvina emprende por las tierras de Masacá no es sino un camino de aprendizaje basado en descubrimientos personales y encuentros con personajes que la enriquecerán paulatinamente y en el que, por supuesto, no faltan las fabulosas aventuras. El relato se levanta a partir de una temporalidad muy habitual también en esos textos de corte infantil y fantástico en los que se traspasa la frontera entre realidad y ficción. En esos mundos, como es el caso, el tiempo se expande y comprime a su antojo, y lo que parece una larga temporada no son más que unas horas en esa realidad que se abandona. Aragno toma delicadamente la mano del lector y, sin que se dé cuenta, le lleva allá donde quiere ir gracias a la expresividad de su trazo, las composiciones de viñeta y de página, la incorporación de secuencias de continuidad en determinadas viñetas que contribuyen a dotar de gran dinamismo a una ágil narrativa, la acertada paleta de colores y el tratamiento del color para delimitar espacio y tiempo, la textura de acuarela, la caracterización de personajes principales y secundarios, y sus elecciones, alternando planos detalle, medios y generales, viñetas a sangre y página completa o doble página. En cuanto a las coordenadas geográficas representadas, la onírica atmósfera que envuelve esa fantástica tierra de Masacá la hace más que atractiva y creíble a ojos del lector, que queda encandilado desde que pone la vista por primera vez en cualquiera de los tan fuera de lo común y espectaculares parajes (el vivaracho pueblo de Masacá, el río de la vida o las ciénagas metafísicas). Destilan un especial magnetismo, es cierto, pero sobre esa inicial premisa de fascinación sobrevuela una extraña sensación de inquietud. Lo mismo sucede con los estrafalarios, caricaturescos, variopintos y deliciosos personajes.

Historietísticamente hablando, Italia se considera una industria históricamente irregular aunque ciertamente potente en número y calidad, no en vano es cuna de destacadas y reconocidas producciones (la seminal Linus, el inconfundible aroma Disney en Topolino o la editorial Bonelli, con sus géneros clásicos), personajes eternos (Corto Maltés, Valentina o Tex) y excepcionales creadores (Battaglia, Pazienza o De Luca). El panorama actual del tebeo en ese país está plagado de interesantes voces, con especial atención a la presente generación de autoras. En este punto cabe destacar el papel de la editorial responsable de que Melvina haya llegado a las baldas de nuestras librerías. Liana, joven y resultona editorial bajo la dirección de Marta Tutone, está confeccionando un catálogo que dirige especialmente su mirada hacia creadoras italianas y con vocación de erigirse en enlace de primera mano a su producción por su especial vinculación con Italia.

Melvina, recientemente galardonado con el premio Jeunesse Artémisia 2020, es además uno de los cómics que certifica el buen momento de la oferta para jóvenes lectores. Una excelente historia que, como los grandes clásicos de la LIJ, trasciende edades.


Jot Down Comics



viernes, 13 de enero de 2023

El club de los libros prohibidos Oda a las lecturas que forjan el carácter

Por Carolina Plou Anadon




El 23 de noviembre de 2021 fallecía Chun Doohwan, quien fuera presidente de la Quinta República de Corea del Sur entre 1980 y 1988. Casi con clarividencia, a comienzos de noviembre Sapristi ponía a la venta El club de los libros prohibidos, el laureado relato autobiográfico de Kim Hyun Sook, con guion de Ryan Estrada y dibujo de Ko Hyung-Ju, en clave de tebeo juvenil que en 2020 cosechó nominaciones en un buen puñado de certámenes, desde galardones locales a los Premios Eisner.


La historia de Kim Hyun Sook es la de una chica que comienza la universidad en 1983 en Corea del Sur. Proveniente de un ambiente humilde y trabajador, acceder a los estudios superiores ha sido uno de sus primeros actos de reafirmación personal: ama la lectura y la formación y hace lo posible por afrontar los gastos que devienen de su educación. Se matricula en Filología Inglesa, unos estudios en los que va a poder dar rienda suelta a su pasión por la literatura.


Pero la experiencia universitaria de Hyun Sook irá mucho más allá del ámbito estrictamente académico y se convertirá en un proceso de forja de su carácter y personalidad como mujer adulta. Desde su primer día en el campus es testigo de las manifestaciones y protestas estudiantiles contra el Gobierno, saliendo de la burbuja de la infancia para enfrentarse a las complejidades de un mundo real fuertemente politizado.


La Quinta República de Corea se instauró en 1981 sobre un golpe militar y episodios de represión. El más destacado, denominado levantamiento o masacre de Gwangju, tuvo lugar entre el 18 y el 27 de mayo a raíz de una protesta por la ley marcial impuesta por Chun Doo-hwan, y pronto se convirtió en la chispa simbólica del movimiento que acabaría llevando la democracia al país. No obstante, esta sería una carrera de fondo, que no acabaría de cristalizar hasta 1988. Así, el descontento que arrastraba la sociedad coreana marcó toda la década en forma de movimientos sociales de creciente intensidad.


Es precisamente en esta corriente de protestas en la que se sumerge Hyun Sook, al principio casi por casualidad. Las universidades son el epicentro de la disidencia política, en la comunidad estudiantil es difícil establecer relaciones sin que permee al menos cierto posicionamiento político de los jóvenes. Así, conforme su educación académica progresa, también crece su capacidad para cuestionarse el mundo que la rodea y los mecanismos en los que se sostiene el Gobierno coreano. Su red de resistencia particular nace del contraste permanente entre las leyes imperantes (materializadas en aquellos libros cuya libre circulación está prohibida, obras claramente políticas como El manifiesto comunista, de Karl Marx, pero también otras aparentemente inocuas, como Moby Dick, La Letra Escarlata o algunos clásicos de Shakespeare) y el estímulo intelectual que supone una lectura crítica, ya sea de estos libros prohibidos o de cualquiera a su alcance.


Pero El club de los libros prohibidos no solamente es un alegato por la libertad individual y la democracia, sino que además es una excelente narración juvenil, eminentemente costumbrista, en la que sus personajes crecen no solamente en conciencia política, también en humanidad. Y para ello son fundamentales los momentos más cotidianos, que apelan a la empatía del lector y lo implican en sus muchas causas, colectivas e individuales.


Entre las páginas de El club de los libros prohibidos encontramos el coming-of-age de una chica corriente, que toma sus propias decisiones sin dejarse someter por la presión familiar, que ve su mundo ampliado a través de la universidad, de sus clubes, sus clases, sus actividades culturales y las relaciones interpersonales que va forjando conforme el curso avanza. El nacimiento de una heroína cotidiana tiene lugar en su proceso de reafirmación. Porque a veces el mayor acto de rebeldía es leer un libro.


Jot Down Comics





Celestia Venecia inmortal

Por Manu González



Mi nombre es «niño», pero en el futuro me llamarán «hombre». Y luego tendré otros nombres, alguno de los cuales aún no se han inventado.


Cuenta Manuele Fior que la Venecia real fue soñada. Es una ciudad diseñada, no una isla de verdad, como podría ser Capri. Venecia es el sueño de un hombre de construir una ciudad donde no había nada más que agua. Con Celestia, la cuarta novela gráfica que se publica en nuestro país de este artista de Cesena nacido en 1975, Fior vuelve a la ciudad que le vio crecer como graduado en arquitectura, profesión que abandonaría por la de fumettista tras practicarla una temporada en Berlín. Aunque su Celestia es una Venecia onírica. Como él mismo reconoce para la revista Minima & Moralia: «Una vez que me he apropiado de la gramática visual y arquitectónica de Venecia, cuanto más se avanza, más me invento completamente el paisaje, que no se corresponde con la Venecia real. Los imaginé por cómo me interesaban, por cómo me servían. A fin de cuentas, todos los elementos que usamos para crear una historia son intuiciones o cosas reales que luego reorganizamos por completo. Así que al final me gustaría decir que casi nada de la Venecia original permanece en Celestia».


Celestia, como La entrevista (Salamandra Graphic, 2021) o algunas historias de Blackbirddays (Fantagraphics, 2018) suceden en el futuro. Pero no se trata de un futuro de ciencia ficción repleto de viajes interestelares, sino de un futuro más introspectivo, filosófico y onírico, el mismo que podemos encontrar en obras como Stalker (1974), de Andrei Tarkovsky, o La fuga de Logan (1976), de Michael Anderson. Con la primera comparte esa fijación por un nuevo estadio de la humanidad. Los protagonistas de Celestia, Dora y Pierrot, comparten un nexo telepático, aunque ella le tiene miedo y se siente como una víctima, mientras que el nihilista Pierrot decide renunciar libremente a él. Los dos personajes son como la dos caras de una misma moneda que irán comprendiendo su lugar en el mundo al salir de los muros de Celestia para enfrentarse a la realidad de un nuevo mundo postapocalíptico. Aquí entra la comparativa con el film de Anderson con el excelente guion de David Zelag Goodman, donde una pareja con sus traumas del pasado se enfrenta a un mundo exterior que apenas comprenden, donde los adultos intentan conservar la historia antigua y los niños están a punto de reinventar la idea de humanidad.


Celestia se publicó en Italia en dos tomos entre 2019 y 2020, y nació, como muchas historias de este fumettista italiano, sin saber muy bien hasta dónde llevaría la trama. Fior parte de un ambiente, de una atmósfera y una paleta de colores con un claro panorama climático (frío, calor, húmedo) y narrativo. En esto se parece mucho a su compatriota Lorenzo Mattotti, aunque Fior no es tan impresionista como el autor lombardo. Celestia puede recordarnos a Fellini en su uso de la narrativa onírica: «Me siento muy cómodo reproduciendo estos mecanismos oníricos en mis cómics. En casi todos mis relatos hay una parte que pertenece a esta esfera, que se hunde en el magma del subconsciente y saca a la superficie cosas que no conocemos ni solemos saber de nosotros». Con Celestia fue un paso más allá, dejando que la naturaleza de la historia le guiase, como solía hacer Fellini u otro gigante de la historia del cómic, Moebius. Hay mucho del Jean Giraud más psicodélico en las páginas de la última novela gráfica de Manuele Fior. El mismo autor reconoce el libro Venecia celeste del francés como una de sus máximas influencias, aunque también se ha colado en su ciudad inventada


Las ilustraciones de Las piedras de Venecia (1851), del crítico inglés John Ruskin, donde comentaba piedra por piedra los principales monumentos de Venecia, Torcello y Murano. Fior, fiel a su educación arquitectónica, ha reinventado el futuro de la ciudad de los canales, pero también de una humanidad que se niega a cambiar encerrándose en su pasado sin posibilidad ni atisbo de futuro.


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