miércoles, 13 de enero de 2021

Tintín, de la China a las nubes: un dibujo por 3 millones de euros

ALFREDO MERINO

Madrid

Miércoles, 13 enero 2021

Este jueves se subasta una portada inédita de 'El loto azul', que había permanecido oculta 84 años. El dibujo de Hergé podría alcanzar los tres millones de euros, cifra récord en el mundo del cómic


Dibujo de Hergé inédito hasta ahora que se subastará en París. E.M.

Escondido dentro de un gran jarrón de porcelana Ming, el héroe asoma la cabeza y se agarra, crispado, al borde de la vasija. Su perrito, detrás del hombro de su amo, se dispone a lanzar un gruñido. Miran con inquietud hacia algo que no sale en la imagen, mientras a su lado, dibujado en un tapiz, destaca un dragón rampante rodeado por ondas doradas. Una misteriosa inscripción y una inconfundible lámpara china completan la estampa.

El más bello de los dibujos salidos de los pinceles de Georges Remi, Hergé, para ilustrar una de las aventuras de Tintín, sale a subasta mañana, 14 de enero, en París. Pocos dudan de que la fecha pasará a la historia del cómic. Artcurial, casa de subastas especializada en el mundo de las ilustraciones, saca al atril esta obra cuya puja se estima que puede alcanzar tres millones de euros, récord absoluto en el llamado noveno arte.

En la actualidad este récord pertenece a Tintín, que parece no perder músculo por muchos años que cumpla. Lo logró el dibujo original de las guardas de sus álbumes, que resume el conjunto de las aventuras del personaje. Se subastó en 2014 por 2.65 millones de euros. El anterior récord también lo marcó el aventurero de papel, cuando en 2012 la portada original del álbum Tintín en América, fue vendida por 1.3 millones de euros.

Calificada como rarísima, la portada de El Loto azul que mañana se subasta ha permanecido escondida 84 años y muy pocos, incluidos los mayores expertos en el personaje, conocían su existencia. Su historia es fascinante. Realizada en 1936 como primera portada para este álbum, se trata de un dibujo en tinta china, acuarela y guache a todo color que Hergé pintó sobre papel, con un tamaño de 35 x 35 cms. Cuando la presentó a su editor, Louis Casterman, este la rechazó pues los procesos de impresión cuatricolor eran entonces demasiado caros. Remi tuvo que dibujar la portada definitiva que hoy todos conocemos.

El dibujo original se lo regaló al hijo del editor, Jean-Paul Castermann, que entonces tenía siete años, quien plegó la ilustración y la guardó en un cajón, olvidándola. Ahora ha salido a la luz, desbordando los márgenes del papel para ser considerada una creación del arte con mayúsculas. "Se trata de una obra maestra que podía estar incluida en cualquier colección de referencia; podía colgar lo mismo en las paredes de la Ciudad Prohibida de Pekín que en las de cualquier loft neoyorkino", opina Éric Leroy, experto en cómic de Artcurial.

Aparecido previamente por entregas en Le Petit Vingtième, este álbum es el quinto del periodista de papel, después de sus aventuras por Rusia, el Congo belga, América y Egipto. Enviado a China, en sus páginas Tintín se enfrenta a una red de traficantes de opio. Aparte de Milú, le acompaña otro personaje singular: el joven chino Tchang, a quien Tintín salva de perecer ahogado en una crecida del río Yang Tsé. Se trata de un homenaje que Hergé brinda a Tchang Tchong-jen, con quien intimó durante los trabajos de documentación para la creación de este álbum.

Es conocida la minuciosidad con la que Hergé afrontaba sus dibujos, algo que en este álbum fue especialmente notorio. El Tchang real era un estudiante de Shangai becado en Bruselas, que fue presentado a Remi y con quien trabó amistad. Durante más de ocho meses, el joven oriental introdujo en el artista importantes preceptos sobre la cultura y el arte asiáticos.

Varias décadas después, en una entrevista publicada en el diario francés Le Figaro a finales de los 90, Tchang afirmaría: "Le regalé a Hergé cinco libros chinos para que aprendiera a dibujar con un pincel y tinta a la manera china. Yo le enseñé la técnica del pincel suspendido". Fue mucho más allá y, de su mano, el belga descubrió el pensamiento y la espiritualidad del país asiático.

El Loto azul supone un cambio en la producción de Hergé. Con este álbum, el belga entra en su madurez creativa. Atrás quedan las visiones sesgadas de los primeros álbumes, algunas de las cuales incluso llegarían a los tribunales, como Tintín en el Congo, acusado de ser una obra marcadamente racista. El proyecto de portada que mañana sale a la venta es la mejor tarjeta de presentación del periodo.

Sin nada que ver con las portadas de los anteriores álbumes, el dibujo es una auténtica pintura china. Tanto en la realización, como en la composición de la imagen y el significado que emana. Tal vez menos depurada que la versión definitiva, es sin embargo mucho más rica en su creatividad. En ella, Hergé muestra la influencia de los artistas orientales que conoció gracias a las enseñanzas de su amigo Tchang. Tintín tiene una expresividad más lograda, con la frescura de los trazos de su rostro, las manos crispadas, mientras Milú muestra una cara de pocos amigos.

La portada definitiva, con la que se sigue publicando el álbum en la actualidad, es muy diferente. Bastante más simple, las ondas doradas de la pared han desaparecido y su inquietante color negro torna a rojo violento. Tintín y Milú cambian la expresión y muestran una sorpresa menos temerosa. La inscripción en caracteres orientales del original desaparece.

Su significado todavía conserva un halo de misterio. Se trata de tres ideogramas cuyo significado no está aclarado de manera concluyente. No hay duda de que Hergé los copió, pues aunque tomó contacto con la escritura china, no aprendió a escribirla. Ocurre que parecen mal dibujados. Desde Artcurial señalan que uno de ellos no es chino, sino japonés y entre los significados que pudieran tener se barajan los términos pescado y puntiagudo. La experta en cultura oriental Aitana Merino, consultada por este periódico, señala que los ideogramas se parecen a algunos kanjis de la escritura china antigua, pero están mal dibujados. Al primero que, efectivamente, puede ser pez, le falta un trazo, el resto no existe en las escrituras japonesa, china, ni coreana, aunque el segundo se asemeja a la deformación del nombre de un antiguo reino, forma empleada en ocasiones para transcribir nombres.

El misterio continúa aparejado a la obra más hermosa de un personaje que a pesar de ser ficción, mañana volverá a subirse a las nubes de la realidad a bordo de varios millones de euros.


El Mundo


martes, 12 de enero de 2021

Clara...de noche Dibujo: Bernet Guión:E. Maicas & Carlos Trillo

 

Revista El Jueves Nº1.235 Año XXIV del 24 al 30 de enero de 2001

Los cómics se adentran en el hielo soviético

Varios tebeos recuperan historias reales de víctimas y verdugos de la Operación Barbarroja y de la represión que impuso el régimen comunista


TOMMASO KOCH

Madrid - 11 ENE 2021


Una página de 'Hasta Nóvgorod', de Víctor Barba.

Morían sin parar. Miles de cuerpos amontonados, a un lado y otro de la trinchera. Un fusil; la ráfaga de una ametralladora; un francotirador que, a cientos de metros, aprieta el gatillo. Pero también el filo de una bayoneta. O, simplemente, el invierno. Porque, en una guerra a 40 bajo cero, un descuido como dormirse durante el turno de guardia también resultaba letal. En una página del cómic Hasta Nóvgorod (Norma Editorial), se acumulan tantos cadáveres que no hay tiempo ni modo de enterrarlos. “El frío acaba añadiéndolos a los parapetos de nuestras maltrechas defensas”, constata el soldado Teodoro Recuero Pérez, extremeño de Serradilla que entonces no tenía ni 30 años. Y que terminó en Rusia, en 1941, como uno de los miles de voluntarios de la División Azul que Franco regaló a Hitler para la Operación Barbarroja. A partir de su historia, real, Víctor Barba dibuja el destino de cientos de españoles —y rusos— enviados a masacrarse bajo la nieve: “Era importante para mí mostrar el disparate y la crudeza de la guerra. Y por más que lo hiciera, siempre me quedaba corto”.

Sirve, aún así, para hacerse una idea de aquel infierno. Y, además, la lectura se puede ampliar. Estas semanas, varios tebeos se adentran en el hielo soviético para revivir la contienda y sus consecuencias. Todos cogen como base o inspiración a víctimas y verdugos auténticos del choque que cambió la Segunda Guerra Mundial.

En Sara (Evolution Cómics), el guion de Garth Ennis y los lápices de Steve Epting siguen a un grupo de combatientes rusas, empeñadas en diezmar desde las sombras a las líneas nazis. Su protagonista evoca a Liudmila Pavlichenko, considerada la francotiradora más letal de la historia, con 309 bajas certificadas. De momento, bien (Nórdica Cómic), de Jan Novák y Jaromír 99, en cambio, deja que la Operación Barbarroja resuene de fondo: la URSS ya domina a sus satélites cuando los hermanos Mašín levantan la resistencia de República Checa frente al invasor comunista. No hace mucho, además, que Pasado y Presente publicó una versión ilustrada de La Segunda Guerra Mundial, de Antony Beevor. Muchas veces se han escrito y filmado el frío y la muerte en la Unión Soviética. Ahora, el cómic también quiere dibujarlos. Y con nombres y apellidos.



Viñeta de 'De momento, bien', de Jan Novák y Jaromír 99.

“La vida de los Mašín podría ser la historia checa más dramática del siglo XX”, apunta la contraportada de De momento, bien. Una mezcla de noir, wéstern y novela de espías, pero agarrada a la realidad. “Todos los eventos retratados en el cómic ocurrieron”, asegura Novák, autor de la novela original homónima, que fue un éxito en República Checa, y guionista del tebeo. Los sabotajes, las torturas, los asesinatos, la lucha partisana. La única licencia creativa es algo de síntesis. Incluso el estilo gráfico rígido sumerge al lector en el frío régimen soviético. “Había cierta monumentalidad, pathos y claridad en el arte y la propaganda de la Europa del Este bajo Stalin”, defiende el creador, que descubrió a los Mašín gracias al cineasta Milos Forman, que estudió con los hermanos en un instituto que también curtió al futuro presidente checo Václav Havel.


La estética también habla en Hasta Nóvgorod: tan dura como la vida en trinchera. “Lo interesante para mí no era la vida de una persona, sino representar a muchos españoles que acabaron en esa guerra”, afirma Barba. De ahí que se concediera añadir sucesos y personajes inventados. El fondo, sin embargo, es todo real, igual que el periplo de Recuero: afiliado al Partido Comunista, se alistó en la Falange para salvarse durante la Guerra Civil. Y, después, se sumó a la División Azul en busca de pan y sustento. “En Rusia, había divisionarios convencidos; otros a los que no les quedó más remedio. Y, luego, tipos como Recuero, que van porque el hambre les acucia. ¿Cuánta gente luchó en un bando teniendo simpatías por el contrario?”, plantea Barba. En todo caso, la historia y las órdenes de la élite arrastraron a unos y otros al mismo baño de sangre.


Viñeta de 'Sara', de Garth Ennis y Steve Epting.

“Si tienes una gran historia, lo único que debes hacer es no dejar que tu ego interfiera. A veces, la vida dibuja situaciones tan improbables que nunca te atreverías a inventarlas”, sostiene Novák. Y agrega: “Una gran ventaja del tebeo es que viaja muy fácilmente entre fronteras culturales y lingüísticas”. Aunque, para contar e ilustrar la historia, primero hay que conocerla.

Para escribir Sara, Ennis confesó que lleva “toda la vida” leyendo de las militares que defendieron el frente ruso. Al fin y al cabo, casi un millón se alistó en el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial y la Nobel Svetlana Alexiévich ya rescató su memoria en La guerra no tiene rostro de mujer (Debate). Además de varios documentos secretos de la policía, Novák tuvo acceso al relato vivo: fueron los propios Mašín quienes le contaron sus peripecias. En una reseña de la novela original, el escritor checo Josef Škvorecký escribió que sus andanzas traían a la mente a los héroes homéricos, con la diferencia de que los hermanos existen de verdad.

Teodoro Recuero también vivió. Y, para rescatar su memoria, Barba contó con el asesoramiento de su nieto, Ángel L. Fernández Recuero. También se apoyó en varios libros, y en el profesor Carlos Caballero Jurado, experto de la División Azul. Aunque subraya, “desde el respeto”, que no comparte la “visión” del estudioso, a su juicio demasiado generosa con el cuerpo franquista. Barba creía que su obra sería “mirada con lupa” y se esforzó en buscar su equilibrio: “Ni loar a la División Azul, ni denostar a los hombres que estuvieron en las trincheras. Lo que sí debía ser era antibelicista”. De ahí que, ante la enésima matanza, Recuero se pregunte: “¿Qué idea puede justificar algo así?”. La respuesta es el silencio: 10 viñetas, ni una palabra. Solo rostros de soldados fallecidos.


EL MILLONARIO DE LA CHATARRA QUE COMERCIÓ EN DOS BANDOS

El frente occidental de la Segunda Guerra Mundial también tiene sus historias reales dibujadas. La última es la edición integral de 'Érase una vez en Francia', que acaba de publicar Norma, relata las polémicas vivencias de Joseph Joanovici, judío rumano que emigró al país transalpino en los años veinte y construyó un imperio económico sobre la chatarra. Lanzada en distintos tomos, entre 2007 y 2012, la obra de Fabien Nury y Sylvain Vallée profundiza en todos los claroscuros éticos de un empresario que ofrece materiales muy preciados a la resistencia francesa pero también entrevé la posibilidad de hacer el agosto comerciando con las tropas de ocupación nazis. Unos lo consideraron un héroe, otros, un monstruo. Lo cierto es que se convirtió en uno de los hombres más ricos de Francia en esos años. El cómic, que vendió más de un millón de ejemplares en su país de origen, obtuvo el premio a la mejor serie en el festival internacional de tebeos de Angulema.


El Pais