domingo, 29 de marzo de 2020

El sueño de Aquiles

Regresa a las librerías el tándem artístico formado por Santiago García y Javier Olivares, premio Nacional del Cómic con su obra 'Las Meninas'


JOSÉ LUIS VIDAL
18 Marzo, 2020

En estos días de obligado encierro aprovechad para leer mucho y bueno, haced acopio de cómics y así las horas pasarán con más rapidez. Y la editorial Astiberri acaba de publicar una novedad que os recomiendo con todo el fervor del que soy capaz de transmitir.




Se trata de La Cólera, nueva obra que reúne a estos dos grandes nombres de la viñeta, García y Olivares, que tanto por separado o como equipo, se han labrado dos importantes trayectorias profesionales en el campo del Noveno Arte.

La historia que nos cuentan comienza mostrándonos un limpio horizonte, una simple línea que se ve rota por la aparición de un soldado, luego otro, muchos, un ejército que, de pronto, cubre completamente como un tapiz la superficie de lectura, la página, contagiándonos el sudor, la ira, la muerte que sobrevuela el campo de batalla.

Pero, poco a poco, el punto de vista se va fijando en uno de estos guerreros, a cuyos pies reposan la mayoría de los cadáveres ensangrentados del ejército contra el que lucha, los troyanos. Se desprende de su casco y vemos su bello rostro. Se trata pues de Aquiles, héroe, líder entre los suyos, los aqueos. Venerado por todos en esta larga e interminable guerra que ya los agota, presos de la enfermedad y el hastío.

Cuando llega la hora del descanso, el guerrero es aliviado en el campamento por sus dos amantes, hombre y mujer, Patroclo y Briseida, dos devotos cuerpos que se funden con el suyo en noches de pasión y que conocen todos sus secretos.

Pero Aquiles también está harto, y un inesperado hecho hará que decida arrojar la espada, dejarla en el suelo y mostrar su cólera, con todo lo que ello conlleva en esta guerra sin aparente final.

Ni siquiera las palabras de su hermano de sangre y batalla, Ulises, que le conoce mejor que nadie, harán que el guerrero cambie de opinión.

Es justo entonces cuando esta historia que todos conocemos da un giro sorprendente, ya que sumido en un profundo sueño, el protagonista es trasladado a un lugar y época desconocidos por su madre, Tetis, que le va a mostrar las consecuencias de esa cólera que da título a esta obra.

Es por ello, este se despierta en el femenino cuerpo de Pirra Pelipa, una joven tímida y callada que trabaja en una gran empresa, y mantiene una relación con su jefe, que la utiliza como un simple objeto sexual.

Su compañera Pat va a ser la vía de escape de esa gris existencia, que la llevará, poco a poco, a conocer otro mundo alejado del que ha conocido hasta ahora en esta sociedad, que no difiere en casi nada de la actual, la real. En esta el clasismo, el racismo y la incomprensión hacia los más desfavorecidos se ha convertido, por desgracia, en el pan nuestro de cada día.

A partir de ese momento todo cambiará en la vida de la joven Pat, que iniciará un nuevo camino que la llevará donde nunca pudo imaginar, rotos todos sus lazos con el pasado.

Una vez despierto del sueño, Aquiles recibirá la peor e inesperada de las noticias, que lo llevará de nuevo a recoger su espada… Pero esa historia, y su dramático desenlace, ya nos fue narrado.

Santiago García, el guionista de esta obra, nos introduce de nuevo en la guerra de Troya, mostrándonos los horrores de la contienda, donde los soldados, con unos ingeniosos diálogos, se quejan de su fortuna, cansados y magullados, mientras hacen recuento de los muertos que acumulan en sus respectivos y personales rankings. Mientras, el orgulloso Aquiles sufrirá en sus carnes el peso de sus propios actos y será testigo, en primera persona, de la herencia que deja para el mundo futuro.

Gráficamente este cómic merece no una, sino incontables revisiones, ya que Javier Olivares no solo plasma en el papel la historia que os acabo de reseñar, sino que vuelca todo su talento como ilustrador en una serie de páginas en las que resume no sólo La Iliada sino que, con la versatilidad que le caracteriza, nos lleva de la mano a un mundo futuro, en el que la esperanza, la voz de aquellos que carecen de ella, es silenciada en un segundo.Y por si esto fuera poco, de regreso a Grecia, acompañaremos a Ulises en su casi eterno regreso a casa y mucho más allá, hasta el final, en el que dos viejos amigos volverán a encontrarse y darse cuenta de los errores del pasado…

Había ganas, muchas, de poder disfrutar de la nueva obra de este exitoso tándem de creadores, y la verdad es que no decepciona en absoluto el resultado de su unión. Creo que no me equivoco al decir que esta va a ser una de las grandes obras de este 2020.


Malaga Hoy


Uderzo: adiós al segundo padre de Astérix

El dibujante francés, creador junto al guionista René Goscinny de las aventuras del guerrero galo, siempre se confesó más próximo al simple y vividor Obélix 

Uderzo con sus dos célebres criaturas en la Casa de la Moneda de París. / JBV NEWS

LUIS MANUEL RUIZ
24 Marzo, 2020

Hace solamente tres años, Albert Uderzo, el primero (o segundo, como quieren los maledicentes) de los progenitores de Astérix, fallecido este martes a los 92 años como consecuencia de una crisis cardíaca, se sometía a una severa intervención de pulmón que le obligaba a mantener reposo en su mansión de Neuilly-sur-Seine durante un tiempo indefinido. Allí se dedicó a ocupar el aburrimiento con lo único que se le permitía en sus últimos años: compartir recuerdos con su esposa Ada, a la que conocía desde los 25 años, revisar la aparición de nuevas aventuras de sus héroes de papel, mantenidos al día por manos más jóvenes y tal vez más capaces, contemplar de lejos la vastedad de su imperio, que además de los álbumes (con más de 375 millones de ejemplares vendidos en varias decenas de idiomas) contaba, y cuenta, con el estudio de animación Idefix y un parque de atracciones inspirado en la Galia romana. También hizo algo más entonces: recibir a dos reporteros de Le Monde que fueron testigos de que la nostalgia y el orgullo no eran los únicos sentimientos que le despertaba el pasado. Estaba además la rabia. En concreto, hacia el principal de sus competidores, el periodista de tupé amarillo que sólo había vendido 230 millones de copias de sus peripecias por el mundo pero que, aun así, se atrevía a mirar por encima del hombro a su pareja emblemática. Sí: Uderzo odiaba a Tintín.

"¿Tendré que morirme para que la gente hable bien de mí?", se lamentaba en la entrevista, después de haber recorrido un reportaje de prensa en que el héroe de Hergé era alabado como uno de los iconos esenciales del siglo XX. "Tintín, siempre Tintín. Astérix es un logro extraordinario, pero nadie habla de él, hay que joderse". Lo cierto es que Albert Uderzo, nacido en 1927 de familia de inmigrantes italianos y experimentado, antes de dedicarse a la historieta, en empleos diversos que incluían la rotulación, la edición y la lutería, nunca trató de engañar a nadie y se confesó en todo más próximo a Obélix, el simple y buen vividor, de carácter rectilíneo, que a su pequeño compañero Astérix, más inclinado a las astucias y los recovecos. El rencor hacia Tintín y cuanto significaba le llevó también a afirmaciones injustas y muy probablemente absurdas, como la de que ni él ni su obra pertenecían a la corriente de la bande dessinée franco-belga, una de las tres grandes tradiciones de la historia del cómic (junto a la americana y la japonesa), cuando él, al lado del propio Hergé, Franquin o Giraud, era uno de sus mayores valedores en el mundo. Su posición de segundón, sobrellevada la mayor parte de su vida en un discreto silencio, tal vez disculpa los exabruptos.

Dicha condición subalterna se remonta a sus años de colaboración con René Goscinny, a quien la mayoría de críticos considera el verdadero padre espiritual de los famosos galos. Deslumbrado por las películas de Walt Disney, cuya Blancanieves no cesaba de revisar una vez y otra en las tétricas salas de la posguerra, Uderzo soñaba con convertirse en productor de dibujos animados y realizó diversos trabajos como ilustrador e historietista en la década de 1950, fundamentalmente para revistas como France Dimanche, Les Bonnes Soirées o, ay, el Journal de Tintin, donde, precisamente, aparecerían las primeras tiras de los personajes que le otorgarían la celebridad. Para ello, debía producirse antes el encuentro con el omnímodo René Goscinny, un guionista de talento extraordinario, responsable de muchas de las cabeceras cardinales del cómic francés de la época, al que le unió algo parecido a un flechazo.


Boceto realizado por Uderzo en el que aparecen Astérix (i) y Obélix (d). / GRUPO ANAYA / EFE

Descendiente también él de inmigrantes, en su caso judíos de la Europa del Este, Goscinny también dibujaba, y acababa de regresar de un viaje bastante decepcionante a los Estados Unidos, donde el mundo de la historieta conocía horas mucho más felices; espoleado por lo que había visto en la tierra de las oportunidades, propuso a su nuevo camarada un giro radical en el arte autóctono de narrar historias en viñetas. "Después de ponernos de acuerdo sobre la urgencia de aportar savia nueva -escribiría Uderzo en sus memorias-, decidimos trabajar en colaboración, él como guionista, puesto en que se sentía más cómodo, y yo al dibujo, que se me daba mejor". Uno de sus primeros productos comunes fue el indio Oupah-Pah, que la editorial Dupuis rechazaría y que se abriría camino sólo sinuosamente a partir de la década de los sesenta.

Pero la revolución llegó con la fundación de la revista Pilote en 1959 y la nueva hornada de criaturas que Uderzo puso a su servicio. De un lado, las acrobacias y temeridades de Tanguy y Laverdure, una pareja de pilotos de caza en un mundo ensombrecido por las tensiones de la Guerra Fría, y, de otro, el conocido microcosmos de la aldea gala que resiste tercamente al invasor. El éxito de la última serie es fulgurante, atronador: Astérix (de asterisco en francés) y Obélix (obelisco) saltan de la prensa semanal al álbum y pronto son traducidos a más idiomas de los que sus creadores pueden contar con ambas manos. Una popularidad que no hará sino crecer con los años, y que deberá enfrentar el serio impacto de la muerte de Goscinny en 1977.


Aventuras de Astérix en Italia con el personaje 'Coronavirus' aclamado por las masas. / EFE

Durante un tiempo, Uderzo tomará la decisión de aferrar el timón de la nave y encargarse él mismo tanto de la ilustración como del relato, lo que le expone a no pocas críticas y chascarrillos: el papel del segundón vuelve a escocerle, aunque hasta a él mismo se le haga evidente que las historias no se encuentran al mismo nivel que las de antaño. Finalmente, vencido por la edad y por vientos contrarios a los que ya no le apetece hacer frente, delega en Ferry y Conrad, que se encargan de la cabecera desde 2013.

En sus últimos años, se quejaba de que el pulso había ido abandonándole y admitió que ya apenas dibujaba. "Creo haberme merecido un descanso", declaró en una de sus apariciones postreras, en el festival de cómic de Angoulème: esperemos que lo haya encontrado.


Malaga Hoy


Uderzo, el creador de Astérix que se creía Obélix

El gran dibujante, fallecido a los 92 años, estuvo siempre a la sombra de su "hermano" Goscinny y no obtuvo el reconocimiento que merecía

Fue él quien creó en solitario al 'segundón' de la saga, con el que compartía modales rudos, el gusto por la buena mesa y cierta mirada inocente

Uderzo, con el personaje hacia el que mostró siempre más afinidad: el grandullón y rudo Obélix. / D. S.

LUIS MIGUEL PASCUAL (EFE)
París, 24 Marzo, 2020

Albert Uderzo, con Astérix y Obélix / EFE


Durante mucho tiempo, Albert Uderzo, fallecido este martes a los 92 años, luchó para no quedar ensombrecido por la figura de René Goscinny, el hombre junto al que a finales de los 50 creó a Astérix, uno de los personajes más legendarios del cómic mundial.

Considerado por muchos simplemente como el brazo ejecutor de la saga -nacida, decían, de la imaginación del guionista-, Uderzo demostró su capacidad para darle vida propia cuando en 1977 la muerte se llevó a su "hermano" y le privó de admirar la gloria que alcanzaba su personaje.

Origen italiano
Uderzo, hijo de un carpintero italiano instalado en el este de Francia, nunca rechazó su proximidad con Obélix, el segundón de la saga, personaje que creó en solitario y de quien reivindicaba su afinidad. Con él compartía modales rudos, populares, el gusto por la buena mesa y una cierta mirada inocente de la vida, que no le impidió disfrutarla desde lo alto del éxito que obtuvo su obra, 380 millones de álbumes vendidos en el mundo de su personaje más popular.

Un récord para un cómic del viejo continente que le colocó al frente de un imperio, con películas, todo tipo de productos derivados y un parque de atracciones dedicado al menudo antihéroe galo. Un éxito que le permitió darse sus lujos desmesurados, su colección de Ferraris o su avión caza de guerra, y que, según decía él, le valió también la animadversión de sus pares, demasiado "esnobs para aceptar que éxito pudiera rimar con calidad.

El Festival de Angulema, sanctasanctórum del cómic en Europa, nunca premió su talento y muchos dibujantes atribuían a Uderzo solo un rol secundario en la creación de Astérix.

Nace Astérix
Él contaba que lo creó junto a Goscinny en el apartamento de protección oficial que ocupaba en Bobigny -periferia de París- en 1959, una década que había nacido con el encuentro entre ambos en Bruselas. Con el encargo de crear un personaje basado en los ancestros galos de Francia para una revista juvenil, Uderzo dibujó una figura hercúlea, capaz de combatir el poderío de Roma. Pero Goscinny, de familia judía originaria del este de Europa, imaginó situar a su protagonista en las antípodas de los héroes que triunfaban en la época, a menudo llegados de Estados Unidos.

Infatigable lector de Disney, para cuyos estudios siempre soñó trabajar, Uderzo acabó por aceptar que Astérix fuera un contrapunto de todos ellos, el listillo capaz de anteponer la maña a la fuerza, que obtenía de una poción mágica, un relato que permitió a los autores hacer una caricatura de la Francia contemporánea.

Uderzo, que había pasado en Bretaña la Segunda Guerra Mundial, situó en aquella tierra, la antigua Armórica, la aldea donde comenzaron a florecer los personajes.

Éxito mundial
Fue esa quizá la receta de su éxito, que no llegó de forma instantánea, sino paulatina. Dos años después de ilustrar la revista juvenil para la que fue creado, Astérix apareció en su primer álbum, con 20.000 ejemplares vendidos. A cada número, las ventas iban creciendo, hasta que el irreductible galo dio el salto internacional y se consagró, alcanzando cada rincón del planeta, traducido a 111 lenguas.

Muchos pensaron que Astérix moriría con Goscinny en 1977, sin contar con la irreductible voluntad del dibujante, que superó el golpe y, tras poner dos años más tarde viñetas al guión póstumo escrito por su colega Astérix y los belgas, prosiguió en solitario ocho historietas más. El héroe, que había deambulado por media Francia, por Hispania, que había combatido hasta en la propia Roma a Julio César y viajado hasta el Egipto de Cleopatra, siguió destilando aventuras, siempre con un ojo en la tradición gala y otro en el presente.

Merecido reposo
Hasta que en 2011 sus manos, fatigadas tras más de 70 años dejando trazos en el papel, dijeron basta, un final que Uderzo se negó a que acabara con su personaje más celebrado. En las últimas cuatro historietas, Didier Conrad ha puesto dibujos al guión de Jean-Yves Ferri, un tándem que Uderzo coronó como sus herederos, aunque siempre se guardó la última palabra. La hija de Vercingétorix, aparecido el año pasado, fue el último capítulo que verán los ojos de Uderzo.

"¿Tengo que morirme para que hablen bien de mí?", se preguntaba en 2017, tras superar una operación de pulmón que lo dejó postrado en su apartamento de Neully-sur-Seine, a las afueras de París, donde ha fallecido de un fallo cardíaco.


Malaga Hoy


sábado, 28 de marzo de 2020

ZITS- Jerry Scott/ Jim Borgman




































El Pais

Galaxia de terror

Dicen que en el espacio nadie podrá escuchar tus gritos, y en este caso los va a haber desde la primera página de este original híbrido de cómic


JOSÉ LUIS VIDAL
17 Marzo, 2020

Y es que ya en el prólogo de la obra se deja claro que esto no es La Guerra de la Galaxias o Star Trek (aunque esta segunda tiene una gran influencia, como ya podréis comprobar en algunos detalles), ya que nos encontramos en un futuro ominoso, en el que el peligro no se encuentra en las razas alienígenas que pueblan el vasto cosmos, sino en seres que viene de Más Allá, criaturas del Averno, monstruos de todo pelaje que están sedientos de sangre y malvados demonios…

Outer Darkness vol. 1: Todos contra todos.
Guion: John Layman
Dibujo: Afu Chan
Cartoné
160 págs.
16,95 euros
Planeta Cómic

Así que la nueva misión que se le encomienda al capitán Joshua Riggs ha de llevarle a los confines del espacio en una misión de recuperación, pero como suele decirse el camino va a ser largo y espinoso, mucho.

Rodeado de una tripulación que, debido a sus maneras y su anterior currículum, desconfía de él o directamente le odia a muerte, tan solo contará con la confianza de su fiel segundo de a bordo, Agwe, un tiparrón que le va a guardar las espaldas, y defendérselas en más de una ocasión en este trepidante, y peligrosísimo viaje.

Pero a bordo de La Caronte no todos están por la misión, ya que imprevistas paradas harán que algunos de sus miembros no sean lo que parezcan, convirtiéndose en un letal peligro para el resto de la tripulación, cuyo número comienza a descender peligrosamente a medida que avanzan, y deben realizar alguna que otra obligada parada, pese a las reticencias de Riggs, que tan solo quiere llegar a su destino.

Una tripulación en la que, a diferencia de otras, los peligros se enfrentan con los conocimientos y capacidades de místicos, matemáticos y oráculos. Y sí, para testar las capacidades de la nave, a Riggs no se le ocurre mejor idea que dirigirla hacia un sol. Pero el peligro no estriba en las altas temperaturas, no. Más bien es la criatura que lo ha poseído, que va a dar más de un dolor de cabeza a los ya cabreados tripulantes de la nave espacial, que solo ven en su capitán a un loco que se arriesga sin necesidad, como es el caso del primer oficial, Alastor Satalis, la administradora de servicios Prakash o el navegante, cuyo nombre nunca recuerda, Elox, que tiene una historia secreta a sus espaldas.

Mezclad una aventura en el espacio con los universos de terror de H.P.Lovecraft y Kyle Baker, por poner un par de ejemplos, y obtendréis un original cómic surgido de la fértil imaginación del guionista John Layman, autor con una larga trayectoria que le ha hecho trabajar tanto en las majors (Marvel y DC) como en muchas compañías independientes, recalando finalmente en Image y consiguiendo el éxito con su serie Chew, de la que incluso escribió un curioso crossover con Outer Darkness, dibujado, claro está por Afu Chan, cuyo estilo me recuerda poderosamente a aquellos anime que veía en mi juventud, con los que comparte su fuerza y expresividad, y colores que parecen salirse de las viñetas.

Ah, un último consejo. No os encariñéis demasiado con casi ningún personaje, ya que este viaje va a ser el último para muchos de ellos…


Malaga Hoy



Es el fin del mundo, y lo sabes…

¿Quedó alguna presencia humana en aquella inmensa urbe tras la inesperada y letal invasión?

JOSÉ LUIS VIDAL
16 Marzo, 2020

El último hombre en la Tierra ve pasar los días, monótonos, uno tras otro. Se esconde de la presencia de las gigantescas criaturas que campan libremente por la ciudad. Aquel lugar que estuvo lleno, rebosante de vida y que ahora es un inmenso y solitario camposanto. Recuerda y recita algunos fragmentos que definen su actual y terrible situación…

La Bella Muerte
Mathieu Bablet
Cartoné
152 págs.
25 euros
Dibbuks

Pero, ¿y si no fuera lo que resta de la raza humana?

En esta historia vamos a conocer a un trío de supervivientes: Jeremiah, Wayne y Soham. Hasta ahora han sabido esquivar con más suerte que habilidad a esos monstruosos insectos que invadieron sin aviso la ciudad.

Los tres hombres se aguantan debido a la situación tan precaria que viven, pero cada uno tiene un pasado muy diferente, historias que iremos conociendo a la largo del camino.

Wayne, el mayor y más maduro cierra los ojos ante un pasado violento. Jeremiah era un simple repartidor de pizzas, muy tímido con las mujeres. Y Soham, bueno, él tiene algún que otro secreto que ocultar…

La soledad y el hambre van convirtiendo la relación entre el trío en una tensa cuerda que está a punto de romperse, ya que no logran ver un final a la situación en la que viven, además de sentirse acosados por los oscuros recuerdos del pasado.

Pero de pronto, sin esperarlo, un cuarto personaje se une a la narración. Una mujer joven, Robin, que encierra más de un secreto, como que uno de los hombres ya la conocía.

Ella va a ser el detonante de que los hechos se precipiten y que el cada vez más desesperado Wayne haga algo imperdonable, marcando desde ese momento su destino más inmediato.

Sin embargo, para Jeremiah, la presencia de esta mujer va a ser un bálsamo, una medicina que lo curará de su timidez. Lo que él desconoce es que tras las caricias de ella hay un plan perfectamente elaborado. Se ha iniciado una cuenta atrás en la que tanto él como Soham van a tener un papel crucial.

Pero claro, los insectos también tienen otro…

El autor francés Mathieu Bablet, al que conocimos por primera vez en nuestro país gracias a una historia incluida en la segunda entrega de Doggy Bags, esa serie de relatos al límite en el que ilustró un guion de Run, el pater y creador de la colección. Su título fue Vuelo Express 666, y la sangre nos salpicó desde las viñetas.

Después vino Shangri-La, una epopeya espacial que también publicó Dibbuks y ahora nos llega esta, La Bella Muerte, que fue su primera obra larga y demuestra, por una parte, como sabe manejar a una serie de personajes atrapados en un mundo que se acaba, a la vez que deja constancia de lo gran dibujante que es, ya que tan solo podemos extasiarnos ante cada página de este cómic, en el que sirve de guía para llevarnos por esta ciudad en la que ya no queda rastro de presencia humana.



Malaga Hoy

A kind of magic

La vida de la joven Mila iba a cambiar radicalmente, enfrentándose en una aventura contra mil y un peligros


JOSÉ LUIS VIDAL
12 Marzo, 2020

Como ya le demostró el viejo y arrugado Mizerd al robot Taladro, en aquel mundo hiper tecnificado existía algo llamado magia, y alzando su cayado se lo hizo ver…

Ascender Volumen 1: La galaxia hechizada
Guion: Jeff Lemire
Dibujo: Dustin Nguyen
Cartoné
136 págs.
18 euros
Astiberri

Pero de esto hace ya muchos años, y las cosas han cambiado en lo quedó del CGU (Consejo Galáctico Unido) después de que aquellas colosales máquinas robóticas lo destruyeran todo.

De aquel apocalipsis surgió un nuevo, y muy diferente, mundo. Y es que todo rastro tecnológico ha sido borrado casi en su totalidad, y lo que vino a sustituirlo fue la magia, capacidad que parece estar limitada a los vampiros, seres que han conquistado prácticamente toda la galaxia. Y lo hacen bajo el mandato de un ser sin escrúpulos, cruel y que solo actúa en su propio beneficio. Se trata de Madre, una vampira muy poderosa a quien nadie se atreve a levantar la voz y que está eliminado todo rastro de rebeldía en los diferentes planetas del Consejo.

Pero la verdadera protagonista de esta historia es Mila, una vivaracha cría que, desoyendo los consejos de su padre, se interna en un gran mercado para hacer un trueque que les proporcione algo de la comida que ya escasea en la cabaña en la que viven.

Como si de las piezas de un dominó se tratara, este será el principio de una peripecia que va a hacer que tanto ella como su padre, Andy (al que todos los que hemos leído Descender conocemos de sobra) se vean embarcados en una frenética huida sin poder mirar hacia atrás. Carrera ésta en la que van a contar con la inesperada ayuda, y acompañamiento, de Bandido, el perro robótico, que aparece de pronto y se convierte en un aliado con nuevas y desconocidas capacidades.

Y así, sin comerlo ni beberlo, este curioso trío se va a convertir en el objetivo de las hordas de vampiros, aunque no serán los únicos y temibles seres a los que se enfrentarán a lo largo de su escapada…

Descender demostró que al guionista canadiense Jeff Lemire no se le resiste ningún género, como ha demostrado con Black Hammer (superhéroes) o Gideon Falls (terror) y si en la epopeya de ciencia ficción nos presentó a Tim-21, en niño robótico protagonista, en esta su secuela, Ascender, sigue demostrando lo bien que maneja una trama que nos devuelve algunas caras conocidas, que tendrán mucho que ver en el futuro devenir de Mila, que sin comerlo ni beberlo las va a pasar canutas escapando de los afilados colmillos de más de un chupasangre.

Asimismo, vamos a conocer el destino, gracias a una serie de flashbacks, de Effie, la que fue pareja de Andy, compañera de aventuras, y que llevó en su vientre a la jovencita protagonista.

Por supuesto, gran parte del éxito de esta serie viene de la mano del dibujante Dustin Nguyen (Batman: Pequeña Gotham), que ya dejó el listón muy alto durante los seis tomos anteriores, y que ahora se lo pasa pipa dibujante a seres monstruosos, dragones y demás fauna de este mundo nuevo y fantástico. El mundo de Ascender.


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