domingo, 16 de febrero de 2020

¡Y nada más que la verdad!

Concluye 'Black Hammer', la serie de Jeff Lemire y Dean Ormston que nos ha tenido pegados a sus páginas, y nos desvela por fin el gran secreto



JOSÉ LUIS VIDAL
05 Febrero, 2020

El mercado de la grapa norteamericana, bautizada como comic-book, lleva años inmersa en una silenciosa guerra. Las estanterías de las librerías yanquis están repletas de coloridos títulos, con brillantes portadas, que tratan de llamar la atención de los indecisos compradores. Las dos grandes editoriales que copan el mercado, Marvel y DC, lanzan todos los meses infinidad de títulos, colecciones, regulares, miniseries, eventos especiales, etc…

Es por ello que, pese a la calidad media de la mayoría de estos títulos, casi todos pasan a mejor vida, debido a la brutal competencia o simplemente porque el comprador medio carece de los recursos económicos para llevarse más de un título (el precio de un comic-book va de los 3.99 a los 4.99$).

Entonces la situación de las editoriales independientes se recrudece, enfrentadas a dos colosos respaldados por sendas megacorporaciones del ocio, por lo que se intenta es que los títulos que salen a la calle tengan la mayor calidad, para así poder atraer a nuevos lectores.

Es por ello que cuando nace una serie como Black Hammer, de la que todos hablan en los últimos tiempos, no queda otra que elogiar el talento de sus creadores, el guionista canadiense Jeff Lemire, un artista con una capacidad de trabajo brutal, que hace que lleve adelante varias miniseries (Royal City, Gideon Falls, Ascender, Family Tree) sino que escriba obras para Marvel o DC…

Junto a él, un dibujante, Dean Ormston, con una sólida carrera a sus espaldas, que ha desarrollado gran parte de su producción en el tristemente desaparecido sello Vertigo Comics (Los libros de la magia, Lucifer…).

Pues bien, del talento de estos dos nombres nace Black Hammer que, en resumidas cuentas, para aquellos que aún no se hayan dejado seducir por su argumento, voy a resumir: encontramos a sus protagonistas, Abraham, Gail, Barbalien, el coronel Weird y la robot Walky Talky viviendo en una granja. No tiene rejas, pero se ha convertido en una prisión para estos, los que fueran los mayores héroes de Spiral City, ciudad a la que salvaron de la aniquilación cuando fue atacada por el todopoderoso Anti Dios y tan sólo la valentía de Martillo Negro decantó la balanza hacia la esperanza, dejando al resto de sus compañeros en este lugar de que quieren salir por todos los medios…

Pues bien, a lo largo de los tres volúmenes anteriores hemos sido testigos de la angustia que padece la niña Gail, una adulta atrapada dentro de un pequeño cuerpo, el amor otoñal de Abraham, la encubierta sexualidad de Barbie y el ir y venir del enajenado Coronel Weird que, junto a el único miembro del grupo de héroes que no vive en la granja, Madame Libélula, parece poseer la respuesta a la preguntas que nos asaltan desde el primer número.

Pero esto no es todo, ya que Lemire, junto a una legión de autores, entre los que cabe nombrar al español David Rubín, ha creado un auténtico universo superheroico a base de miniseries que Astiberri está publicando con asiduidad, visto el gran éxito de la serie madre en nuestro país: Sherlock Frankenstein y la Legión del Mal, Doctor Star y el reino de los mañanas perdidos, Calles de Spiral… Y las que aún quedan, ya que sobre este universo, sus héroes y villanos, aún queda mucho que contar (Skulldigger and Skeleton Boy, Black Hammer'45, Coronel Weird: Cosmagog).

Pues bien, llegados a este punto me hallo ante una encrucijada muy importante, ya que no puedo contaros casi nada de lo que sucede en este cuarto tomo de la serie regular, la segunda entrega de La Edad Sombría. Tan sólo comentar que a raíz de lo ocurrido en el anterior volumen, el Coronel Weird va a experimentar el viaje de su vida, acostumbrado a vagar por la misteriosa Para Zona, llegará a un lugar nuevo, donde va a conocer a unos peculiares personajes, junto a los cuales tendrá acceso a la verdad con mayúsculas, la única posible.

En esta despedida, al dúo Lemire-Ormston se les une Rich Tommaso, que será el piloto que guíe el alucinante viaje de Weird.

Mientras tanto, ¿qué le ocurrirá al resto del grupo? Una vez caído el telón, expuestas las mentiras, ¿qué es lo que hay tras ese luminoso fulgor que los envolvió a todos? ¿Serán felices y comerán perdices o aún quedará un último sacrificio por realizar?

Todas estas y muchas más respuestas se encuentran dentro de esta última entrega de Black Hammer y os aseguro que, como lector, hace tiempo que no había experimentado tantas emociones con un cierre, tras sólo doce solidas entregas, y que confirma mi teoría de que las buenas historias deben tener su final cuando toca, sin dejarse cautivar por el éxito, y así alargar las tramas hasta la extenuación.

He aquí un final perfecto para una historia única, la de los héroes olvidados de Spiral City y su gran sacrificio.



Malaga Hoy

El Mad Max japonés

'El puño de la Estrella del Norte' (1983), de Buronson y Tetsuo Hara, es un manga pos apocalíptico de artes marciales, ambientado en un futuro distópico tras la 3ª Guerra Mundial


GERARDO MACÍAS
05 Febrero, 2020

'El puño de la Estrella del Norte nº 1'. Guion: Buronson. Dibujos: Tetsuo Hara. Planeta Cómic, 2019.

Hay algo de poesía en los movimientos fluidos de las artes marciales. El manga titulado El puño de la Estrella del Norte ha sabido transmitir esa poesía. En tono western, la obra muestra un mundo posapocalíptico tras la 3ª Guerra Mundial, donde se impone la ley del más fuerte. Kenshiro, un hombre solitario, es heredero de un arte marcial llamado Hokuto Shinken que permite localizar los puntos vitales del rival. Kenshiro busca a su esposa desaparecida e irá visitando poblaciones en ruinas de este mundo distópico del Japón de los 90, que entonces era el futuro. El diseño del protagonista es mezcla de Bruce Lee con el Mel Gibson de Mad Max (1979). Tetsuo Hara y Buronson crean escuela para este género de manga que refleja la épica y las artes marciales de películas de la época, y el afán de superación, con un toque filosófico y psicológico. Mangas como Dragon Ball y Los caballeros del zodiaco son deudores.

Tetsuo Hara, nacido en 1961, es un mangaka ganador del premio Fresh Jump por Super Challenger (1981), lo que le abriría las puertas a publicar en 1982 en Shonen Jump su primera serie regular, The Iron Don Quijote, que solamente duró diez semanas en la revista. En 1982, volvió a Shonen Jump con la historia de un artista marcial que vence a sus rivales golpeándoles en sus puntos de acupresión. Le publicaron dos one-shots en 1983 en la revista Fresh Jump. Fueron bien recibidos, lo que dio luz verde para su serialización, pero a condición de que los guiones fuesen de Buronson, quien sitúa el argumento en un futuro posapocalíptico, y cambia al protagonista adolescente por un hombre de pasado trágico. Se publicó en Shonen Jump entre 1983 y 1988. El puño de la Estrella del Norte es un manga para adultos, caracterizado por su violencia. Los escasos límites de la violencia en Shonen Jump de la época son inimaginables actualmente en dicha revista semanal. La obra reivindica el honor, la sensibilidad, la defensa de los débiles, la lucha contra la injusticia y la posibilidad de cambiar el mundo.

Buronson (alias de Okamura Yoshiyuki) nacido en 1947, toma su nombre artístico de la japonización del apellido del actor Charles Bronson. Su primer éxito fue el guion de Doberman Detective, un manga serializado entre los años 1975 y 1979, que luego sería adaptado al cine y a la televisión.

En la primera parte del manga, Kenshiro conoce a sus escuderos, un niño llamado Bat y una niña llamada Lin, y a los rivales que va encontrando. Todo ello, mientras Kenshiro va en búsqueda sus tres hermanos, igualmente entrenados en el Hokuto Shinken. Todo se resolverá cuando encuentre al mayor de ellos, Raoh, utilizando el Hokuto Shinken su propio beneficio, algo que Hokuto no podrá permitir. Tras matarlo, se reencontrará con su esposa, Yuria.

Kenshiro se retira con Yuria, enferma por radiación. A su muerte, vuelve al Hokuto Shinken y a derrocar a quienes se aprovechan de la catástrofe. Kenshiro descubre que su hermano Kaioh está asesinando a los conocedores del Hokuto Shinken para que no haya nadie capaz de enfrentarse a su Hokuto Ryuken, versión maligna del Hokuto Shinken. Kenshiro lo derrota y cierra la segunda parte.

En la tercera y última parte, nuestro protagonista asume la custodia del hijo de Raoh, y lo hace su sucesor. El manga acaba con un triángulo: Bat enamorado de Lin y Lin enamorada de Ken. Eso provocará que Kenshiro decida volver al desierto él solo.

Esta obra ha generado ya varios spin-off y secuelas donde participaron varios autores. Entre ellas, destaca la precuela que hicieron los mismos autores, El puño del cielo azul, ambientada en los años 30 durante la guerra chino-japonesa.

El éxito se materializó en un anime de 152 episodios, tres películas, varios OVA, más de treinta videojuegos y un importante franquiciado de pachinko, equivalente japonés a nuestras tragaperras. El puño de la Estrella del Norte es la decimoctava franquicia más rentable de la Historia, por delante de Toy Story y por detrás de Dragon Ball.

A España llegó la película de anime en 1993. En 2007 se lanzan tres OVA que adaptan una novela de Tetsuo Hara. De 1995 es el live-action americano, que llegó a España en 1997. En 2005, se hicieron tres películas y dos OVA.


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miércoles, 12 de febrero de 2020

El futuro ya está aquí

El héroe de ciencia ficción Flash Gordon debutó en la prensa estadounidense para competir con el por entonces muy popular Buck Rogers

JAVIER FERNÁNDEZ
05 Febrero, 2020


'Flash Gordon. Daily Strips 1951-1953'. Dan Barry, Harvey Kurtzman y otros. Dolmen Editorial. 216 páginas. 31,90 euros.

Alumbrado en 1934 por Alex Raymond, el héroe de ciencia ficción Flash Gordon debutó en la prensa estadounidense para competir con el por entonces muy popular Buck Rogers. Los diez años de páginas dominicales dibujadas por Raymond son una de las cúspides de la historia del cómic, de una perfección visual pocas veces alcanzada en el medio. La fama y el legado de Gordon han terminado siendo muy superiores a los de Rogers, y la influencia de aquellas viñetas primeras llega hasta hoy. Con todo, tal como escribió en su día Antoni Guiral: "En realidad, el argumento de esta primera etapa de la serie no aporta prácticamente nada al género de la ciencia ficción, aunque sabe combinar con acierto los elementos que componen esta space opera, tanto por su ambientación (un planeta, Mongo, dividido en zonas muy distintas: la selvática Arboria; la cálida Trópica; la región polar, Frigia) como por sus personajes (...). Flash Gordon es, en esencia, el prototipo más básico del héroe: atleta consumado, bien formado físicamente, rubio, valiente y de personalidad un tanto anodina; o sea, la figura sobre la que pivotan los hechos. Donde Flash Gordon destaca por encima de la media de los años 30 es en el elaborado estilo de su dibujante".

Desde el punto de vista argumental, el personaje no alcanzaría todo su potencial hasta la década de 1950, cuando un artista limpio y cuidadoso como Dan Barry se hizo cargo de las tiras diarias. La propia ciencia ficción se había desarrollado enormemente en este tiempo, de tal manera que dicha década se puede considerar una verdadera edad de oro del género en otros ámbitos como la literatura o el cine. Citando ahora al escritor Rafael Marín, traductor y prologuista del volumen editado por Dolmen: "Dan Barry aceptó el desafío de ponerse los zapatos de Alex Raymond, remozar la tira de arriba abajo, ponerla al día y convertirla en ciencia ficción moderna... y además tuvo carta blanca para hacerlo. De entrada, acorde con los tiempos (...), Barry ofrece una narración poderosa, un juego narrativo que alterna las explicaciones pseudocientíficas, los gadgets ad hoc y el regusto por la máquina y la tecnología con figuras hermosas y personajes que acercan la serie al realismo".

En el apartado literario, Barry colaboró al inicio con un genio como Harvey Kurtzman, y, en la parte gráfica, tuvo la asistencia de artistas tan renombrados como Jack Davis, Frank Frazetta, Al Williamson o Roy G. Krenkel, lo que implica que el resultado es sencillamente glorioso. Dolmen comienza ahora la recuperación de esta obra maestra del cómic, y lo hace con un tamaño de página parecido al de la anterior edición de Panini (que se truncó nada más empezar), pero con una reproducción de las tiras más amplia. Además de todo el material allí incluido, el primer tomo de Dolmen incluye otra aventura más, Los chicos del espacio, de cerca de 50 páginas (a tres tiras por página), es decir, que van reunidas las tiras desde el 19 de noviembre de 1951 hasta el 24 de octubre de 1953. Una gozada de principio a fin.


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El gatito feliz

JAVIER FERNÁNDEZ
05 Febrero, 2020


'Pumby: El origen de Super Pumby y otras historias'. José Sanchís. Dolmen Editorial. 136 páginas. 24,95 euros.

De José Sanchís, recuerdo en primer lugar la entrevista que le hizo Alfons Cervera para la Historia del tebeo valenciano: "P.-Después de cuarenta años, se dice que usted es el autor más prolífico. Alguien habla de 4.000 o 5.000 páginas sólo de Pumby. R.-¡No, no!, han sido muchas más...". En ese mismo volumen, Andrés y Pedro Porcel escribieron: "A la hora de abordar una historia dirigida a los más pequeños lectores, prima para Sanchís la intención de alegrar y divertir por encima de cualquier otra consideración. La fantasía e imaginación se convierten en los máximos valores a tener en cuenta. Fantasía irracional -a la manera del pensamiento poco desarrollado y con la particular lógica de los propios niños- que irrumpe en la vida cotidiana bajo las formas más insospechadas, para derivar hacia el puro onirismo"; en dos palabras: "libertad y frescura".

En segundo lugar, centrados en Pumby, recuerdo mi propia fascinación con el personaje, siendo yo muy niño. Cómo me leía y me releía aquellos tebeos que acabaron destrozados. Por eso, en 1998, me lancé a la estantería de la librería madrileña Elektra cuando vi en sus anaqueles Pumby. La fantasía infinita, catálogo de una exposición en el Museo de Etnología de Valencia. Como reza la cita de Agustí Riera Torres allí recogida: "Si Walt Disney creó un ratón, Sanchís creó un gato. Y me quedo con el gato". Así que salto de alegría mientras contemplo las páginas de El origen de Super Pumby y otras historias, primero de los volúmenes recopilatorios de la obra de Sanchís editados por Dolmen, que no ceja en su empeño de hacer felices a los lectores con títulos como este. Son 130 páginas de puro goce. Y como sea que estoy sin palabras, me apropio también de estas de Álvaro Pons: "El único calificativo posible para el Pumby de José Sanchís es el de obra maestra. (...) Recuperarla es reivindicar no solo una época de nuestra historia y a un autor descomunal, es apostar por la presencia continua de un patrimonio cultural que nunca se debe perder".


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Timos en el Oeste

JAVIER FERNÁNDEZ
05 Febrero, 2020

'El último tahúr'. Rodrigo Sopeña, Juande Pozuelo. Dolmen Editorial. 168 pág. 27,90 euros.

El escritor Rodrigo Sopeña y el dibujante (y colorista) Juande Pozuelo firman El último tahúr (la fabulosa leyenda del hombre que desveló todos los trucos del mundo), una cuidada y sorprendente novela gráfica sobre timos y partidas de cartas en el Oeste, en la que personajes y hechos históricos se mezclan con la ficción. El tramposo protagonista se busca la vida en las mesas de juego, en un territorio salvaje donde, a poco que uno se descuide, puede acabar colgado de una soga o cosido a balazos. La de El último tahúr es una época mítica habitada por tipos como los Dalton, John Wesley Hardin o Harry Houdini, cuyas andanzas se nos narran en los jugosos apéndices que acompañan a la obra (con fotos reales de lugares y personas y los bocetos de su interpretación por el propio Pozuelo) y que denotan el encomiable trabajo de documentación de los autores.


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Un título recomendable

JAVIER FERNÁNDEZ
05 Febrero, 2020

'Mata Hari'. Andreu Martín, Marika Vila. Isla de Nabumbu. 64 pág. 23,95 euros

He recomendado en otras ocasiones las ediciones de Isla de Nabumbu, de alta calidad en forma y contenido, y es que los pocos títulos que tienen en el mercado (consagrados a rescatar obras lamentablemente olvidadas de autores españoles) son todos imprescindibles. Tengo sobre la mesa Mata Hari, aquella maravilla de la dibujante Marika, con Andreu Martín al guion, que se serializó hace décadas en la revista Totem y nunca se había recopilado en álbum. Las páginas han sido rotuladas de nuevo y se reproducen desde los propios originales, de modo que se ven espectaculares. Además de diversos paratextos, la edición incluye dos historietas cortas, de poética semejante, escritas por Hernández Cava. O sea, una virguería en toda regla.


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martes, 11 de febrero de 2020

Vida del artista maldito

El lento deambular de los días, bañados en sake, marca la existencia de su protagonista, alter ego del propio autor, uno de los grande nombres del manga underground


JOSÉ LUIS VIDAL
04 Febrero, 2020

Para los profanos en el tema, pongámonos en situación. A medidos de los años sesenta, el manga se había convertido en una válvula de escape para millones de japoneses que aún sufrían el trauma devenido de la rendición del Imperio del Sol Naciente y la posterior ocupación por el ejército norteamericano.

Los sentimientos de Miyoko en Asagaya
Shin ´ichi Abe
Cartoné
272 págs.
21 euros
Gallo Nero

Aventuras, humor, romance… Era una época en la que principalmente resonaba el nombre del bautizado como Dios del Manga, Osamu Tezuka que, fusionando el manga con los dibujos animados yanquis, había conseguido una fórmula magistral, exitosa y, de paso, una legión de fervorosos lectores.

Pero también existía otro tipo de autores de manga, mucho más interesados en narrar unas historias, alejadas de los géneros, en las que se reflejara la realidad, en muchas ocasiones la crudeza de sus propias vidas y las de los que los rodeaban. Así que, fundada por Katsuichi Nagai, y la inestimable ayuda de Sanpei Shirato, nace Garo, una publicación que iba a convertirse en el refugio de toda esta legión de creadores que nacen y se nutren del underground, alejados voluntariamente de la comercialidad, la mayoría sin entrar en el 'patrón' del manga más convencional, ya fuera por sus argumentos o por la manera de plasmarlos gráficamente. La libertad era absoluta para aquellos jóvenes que, aunque no percibían dinero por sus creaciones, sí que podían narrar lo que quisieran.

Yoshihiro Tatsumi, Tadao Tsuge, Yoshiharu Tsuge… Grandes nombres que sin proponérselo, serían ellos mismos los padres de un nuevo género, el gekiga, donde se exponían historian de corte urbano, intimista la mayoría, ofreciendo el lado gris de la existencia de sus protagonistas.

Desde hace ya una larga temporada, la editorial Gallo Nero se ha propuesto, y lo ha conseguido, que aquellos que buscamos la lectura de otro tipo de manga tengamos la oportunidad de conocer a los más importantes autores de la generación Garo. Y si ya lo ha hecho con los mencionados anteriormente, este nuevo año comienza con la publicación de un tomo que recoge la traslación al manga de la existencia de su autor, Shin´ichi Abe, cuya personalidad torturada por la enfermedad y los excesos da como resultado una obra compuesta por una serie de capítulos, saltos en tiempo, en el que seremos testigos de su vida como artista frustrado, la relación con algunos amigos, esa incapacidad para huir del agujero depresivo en el que se haya atrapado y, lo que es más importante, la relación que mantiene con la bella Miyoko, que resultó ser el amor de su vida y su mayor musa, a la que ama profundamente pero también convierte en la diana de su peores instintos y da voz propia en un par de los capítulos incluidos en esta obra.

Una vez que leáis el perfil biográfico incluido al final del volumen vais a tener una mejor percepción de lo que ha sido la vida de este mangaka que, poseedor de un estilo de los más personal, alejado de lo comercial, sabe llevarnos de la mano por sus momentos, esos instantes en los que no se ruboriza al mostrar lo peor de sí mismo, casi siempre ahogado dentro de un vaso de sake.

Una obra dura, con atisbos poéticos y surreales en algunos momentos.


Malaga Hoy