lunes, 25 de marzo de 2019

Siete historietas para contar el Prado

Sento crea un cómic en el que, con sus viñetas, recrea distintos episodios de los 200 años de trayectoria del museo

RUT DE LAS HERAS BRETÍN

Madrid 27 FEB 2019

Una de las viñetas del cómic de Sento 'Historietas del Museo del Prado', en la que se ve el edificio ardiendo, según una noticia publicada en 1891.

“La catástrofe de anoche. España está de luto. Incendio en el Museo de Pinturas”. Así tituló Mariano de Cavia su artículo en El Liberal el 25 de noviembre de 1891. En él narraba la que, de haber sucedido, hubiera sido una de las fatalidades patrimoniales más trágicas de la historia. Solo al final los lectores pudieron respirar tranquilos: “Puede ocurrir aquí el día menos pensado”, aclaraba. Podría ocurrir, pero no fue así. Era una noticia incendiaria, por su falsedad y por el motivo por el que lo hizo el periodista: denunciar las malas condiciones del Prado y reclamar mejoras. Fake news del siglo XIX con propósitos muy distintos a las de los bulos actuales.


Este es el episodio con el que comienza el cómic que Sento ha creado para celebrar el bicentenario de la pinacoteca. En las primeras viñetas de Historietas del Museo del Prado se puede ver cómo el origen de las llamas es el brasero de una de las viviendas de los trabajadores del museo, situadas allí mismo. Muestra también una leñera en los sótanos. Situaciones impensables hoy. Este y otros seis momentos relatan los hitos y la evolución del museo en esta publicación que se presentará el jueves 28 de febrero.


Meter los 200 años de la pinacoteca en un tebeo podría ser una tarea de superhéroes. Algo que ni mucho menos se considera Vicent Sento Llobell Bisbal (Valencia, 1953). En una conversación telefónica reconoce el respeto que sintió cuando recibió la propuesta por parte de la institución: “Estaba asustado, con miedo escénico por el lugar en sí y porque yo no quería hacer un libro de historia”. Pero no era eso lo que esperaban de esta obra, querían la trayectoria del museo a través de sus gentes: visitantes, artistas, conservadores, directores, restauradores, vigilantes, conserjes; y es uno de estos últimos, Etelvino Gayangós, quien recorre todas las historias, el hilván que las une. Un personaje propuesto por José Manuel Matilla, jefe de conservación de Dibujos y Estampas del museo, que, además, ha sido un apoyo fundamental para Sento. “Él me puntualizaba, me señalaba los errores. En el falso incendio de 1891, yo dibujé La maja desnuda ardiendo y me indicó que ese goya en ese momento no estaba en el Prado”.

Sento cuenta que ha recabado multitud de anécdotas en sus visitas al museo para documentarse, algunas sacadas de las conversaciones con Manuela Mena, que aunque con otro nombre figura en el capítulo dedicado a la visita de ¡12 minutos! de la primera ministra británica en 1988, a la que también cambia el apellido y la llama señora Roofmaker. La recién jubilada jefa de conservación de Pintura del Siglo XVIII y Goya aparece, según el estilo expresivo pero no realista de Sento, con su característica coleta como guía de la mandataria, ya que era de las que mejor hablaban inglés en ese momento en la pinacoteca. El dibujante explica que se quedó con esa historia, pero que podía haber elegido la visita de Lady Di, de Henry Kissinger o de Gorbachov.

Más lejos que una anécdota llegó la exposición dedicada a Velázquez en 1990. Una muestra sin precedentes que recibió más de medio millón de visitantes cuando esas cifras no eran ni soñables. Por supuesto, el museo no estaba preparado para la venta de esa cantidad de entradas, Internet todavía quedaba lejos, y las largas colas son uno de los motivos por los que se recuerda esa exposición. Eso hace Sento: quedarse en la cola. No pasa la puerta. Cuenta la historia de una familia que lleva horas en la fila y las relaciones que se establecen entre los que esperan, se basa en su experiencia. Entre los personajes, el autor introduce una monja llamada Jerónima, dos enanos con toques velazqueños, un vendedor de paraguas con un parecido más que razonable al Esopo del pintor sevillano o un italiano en silla de ruedas con mirada profunda y con una gorra roja como si de Inocencio X se tratara. El historietista lo explica como una suerte de aggiornamento, de representar a los personajes del pintor protagonista de este relato como si vivieran en la actualidad.

Viñetas de la historieta 'El nuevo Bruegel el Viejo', de Sento.

La relación que se establece entre los restauradores de pintura y los artistas sobre los que trabajan está plasmada tanto gráfica como emocionalmente. El diálogo que estos profesionales mantienen con los creadores lo retrata en El nuevo Bruegel el Viejo, el capítulo dedicado a la restauración y adquisición de El vino de la fiesta de san Martín, donde el sentimiento de alegría y de duro trabajo del equipo del museo que estudió y atribuyó el cuadro su autor quedan plenamente reflejados. No en vano, la especialidad elegida por Sento en sus estudios de Bellas Artes en la universidad fue la de restauración de pintura.

Y con este ya son cuatro los cómics publicados por el Museo del Prado, los tres anteriores dedicados a El Bosco, Ribera y Fortuny. Parece que la distancia entre las tradicionalmente consideradas bellas artes y el que estaba a la cola, el noveno arte, se está acortando. Otras maneras de contar la historia con la pretensión de abrirse a nuevos públicos, como hace a diario la pinacoteca con sus directos de Instagram o con sus hilos de Twitter con hashtag como #Anecdotario


El Pais


domingo, 24 de marzo de 2019

La familia y uno más

'La familia Trapisonda, un grupito que es la monda' (1958), de Francisco Ibáñez, es una serie que narra con humor las desgracias vividas por una familia española de clase media baja


GERARDO MACÍAS
13 Marzo, 2019

'Súper Humor: La familia Trapisonda'. Guion y dibujos: Francisco Ibáñez. Ediciones B, 2015.

La película La familia y uno más (1965), dirigida por Fernando Palacios, es una comedia seguidora de una saga que comenzó con La gran familia. La saga familiar de Carlos Alonso, aparejador, ha crecido hasta los dieciséis hijos. El título de la secuela hace referencia precisamente al nacimiento número dieciséis, el de la pequeña María.

Unos años antes se popularizó La familia Trapisonda, un grupito que es la monda, una serie creada por el historietista Francisco Ibáñez en 1958, que trata sobre las desventuras de una familia de clase media baja: un matrimonio, su hijo, su sobrino... y uno más, que en este caso es su perro. Las historietas tienen lugar en el tercer piso de un típico bloque de la gran ciudad.

La familia Trapisonda, un grupito que es la monda debutó en el semanario Pulgarcito nº 1418 el 7 de julio de 1958, iniciando un periplo de una década, pasando por diversas revistas de la Editorial Bruguera, como Ven y Ven (1959), Suplemento de Historietas de El DDT (1959), Selecciones de Humor de EL DDT (1959), El Capitán Trueno Extra (1960), Bravo (1968), etc...

Sin embargo, la primera historieta que se dibujó apareció en El Capitán Trueno Extra nº 31 (1960); se nota porque en ella el padre de familia no reconoce a su sobrino.

Pese a ser una serie coral, el protagonista es Pancracio, el cabeza de familia, un gris oficinista (bombero en las primeras entregas) calvo y con bigote. Su autoridad se ve burlada continuamente. Aunque en ocasiones ejerce como protector, la mayoría de las veces la familia acaba pagando las consecuencias de su ineptitud. Pancracio es cobarde, e intenta escabullirse de sus obligaciones familiares. Es un hombre con una vida mediocre, cuya ambición es leer el periódico sin que lo molesten. Al principio usaba antiparras, que le avejentaban notablemente.

El resto de integrantes de la familia de Pancracio son: su esposa, Leonor, que no parece demasiado interesada por sus tareas domésticas ni por su familia, y es aficionada al tarot, rasgo que desapareció pronto; su hijo, Felipín, el típico niño travieso; y su sobrino, Sapientín, un niño calvo y con gafas vestido de negro, que estudió Ingeniería en Oxford, donde aprendió jiu-jitsu, práctica esta última que será uno de sus rasgos distintivos en sus primeras apariciones.

La mascota de los Trapisonda es el personaje más popular de la serie. El perro Atila sirve de contrapunto a Pancracio, al que tiene en su punto de mira, con comentarios ofensivos, llenos de ironía. Estos comentarios son únicamente de pensamiento, ya que Atila sólo puede ladrar.

La criada Robustiana ha emigrado del pueblo y vive en el piso con la familia protagonista. Es de aspecto poco agraciado. Duró poco en la serie, siendo sustituida por otra más atractiva, que también duró poco tiempo, para resaltar que los Trapisonda son de clase media baja.

Hay un personaje recurrente, el director de la empresa en la que trabaja Pancracio, que no tiene nombre propio. Es un hombre con gafas, calvo y con bigote. Suele visitar a Pancracio, con la excusa de aumentarle el sueldo, pero estas visitas son contraproducentes.

En 1959, Ibáñez cambió parentescos entre personajes: la esposa pasó a ser hermana de Pancracio, y los niños se volvieron primos entre sí y sobrinos de Leonor y Pancracio, sin que quede claro quiénes eran los padres de los pequeños, ni por qué viven con sus tíos. Y es que la censura no vio con buenos ojos las burlas a la familia, uno de los pilares del franquismo, y prohibió a las revistas juveniles "toda desviación del humor hacia la ridiculización de la autoridad de los padres, de la santidad de la familia y el hogar".

En La familia Trapisonda, un grupito que es la monda se juega con las pobres ambiciones de la clase media española de la época: intentos de mejorar de casa o coche, comprar un décimo premiado o viajar a París se verán siempre condenados al fracaso.

El autor abandona la serie a finales de los años sesenta, para dedicarse a otras creaciones más populares y fructíferas, mejores ejemplos de la maestría de Ibáñez: Mortadelo y Filemón, agencia de información (1958); El Botones Sacarino, de El Aullido Vespertino (1963); Rompetechos (1964); Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio (1966)...


Malaga Hoy


Fiesta de cumpleaños

JAVIER FERNÁNDEZ
13 Marzo, 2019

'Batman / Superman 400'. VVAA. ECC. 144 páginas. 15,95 euros.

Batman/Superman 400 reúne en un solo tomito dos de los números conmemorativos publicados por DC a mediados de los ochenta (el de Batman en 1986, y el de Superman en 1984), que, en este caso, celebraban el que las series de sus dos iconos más representativos hubiesen alcanzado el cuarto centenar de entregas. Los dos tebeos fueron más gruesos de lo normal y compartieron (casi) una estructura similar: un prólogo firmado por una figura de prestigio, una historieta larga escrita por un guionista estrella y dibujada por una miríada de autores y un apartado de ilustraciones de luminarias del medio. En el caso de Batman, el prólogo recayó en el mismísimo Stephen King, el guion fue obra de Doug Moench, la panoplia de escritores incluyó a John Byrne, George Pérez, Bill Sienkiewicz (que también se encarga de la portada), Arthur Adams, Joe Kubert y Brian Bolland, entre otros, y, entre los artistas de la sección final, van tipos como Bernie Wrightson, Mike Kaluta o Steve Rude.

El especial de Superman, por su parte, es especialmente memorable (y, además, tiene el valor añadido de que no se había publicado nunca completo en nuestro idioma), desde el prólogo de Ray Bradbury hasta la contraportada de Frank Miller, pasando por la portada pintada por Howard Chaykin, la historieta principal (un original repaso a la huella de Superman en civilizaciones futuras) escrita por Elliot S! Maggin y dibujada por tipos como Al Williamson, el propio Miller o Marshall Rogers, y un extraordinario puñado de ilustraciones de artistas como Moebius, Will Eisner, Sienkiewicz, Leonard Starr o Jack Davis. Ahí es nada. Y he dicho antes que la estructura de los dos cómics es casi igual porque el de Superman gozó, además, de una historieta corta realizada por Jim Steranko, un emocionante relato de ciencia ficción agraciado con una puesta en escena rompedora que se lee por sí solo, pero que completa también la interesante propuesta de Maggin. Créanme, lo de Steranko es tan soberbio que justifica por sí solo la adquisición de este bonito volumen.


Malaga Hoy


Tiempo y marea

JAVIER FERNÁNDEZ
13 Marzo, 2019

'Aquaman de Peter David, Vol. 1'. Peter David y otros. ECC. 544 páginas. 44,50 euros.

Hace un año, ECC recuperó la estupenda miniserie Las crónicas de Atlantis, del célebre guionista Peter David y el dibujante español Esteban Maroto, en la que se trazaba la larga genealogía de Aquaman y los suyos, y ahora le toca el turno al no menos estupendo trabajo del mismo escritor con el rey de los siete mares. Serán tres volúmenes, en un formato más pequeño de lo habitual, comenzando con este que contiene la miniserie Aquaman: Time and Tide (1993-1994), a modo de prólogo, y los números 0 a 16 de Aquaman (1994-1996). Acompañado de un grupo heterogéneo de escritores, David dejó su impronta con una serie de historietas inolvidables que se suman con orgullo a las clásicas de Ramona Fradon, Nick Cardy y Jim Aparo, es decir, al selecto puñado de los mejores tebeos de un personaje al que, por desgracia, la historia no siempre ha tratado como se merece.


Malaga Hoy


Un mundo raro

La serie, formada por 27 números, puede verse como una celebración del género de superhéroes a la vez que como una crítica a su temática reaccionaria


JAVIER FERNÁNDEZ
13 Marzo, 2019
'Planetary. Libro uno'. Warren Ellis, John Cassaday. ECC. 432 páginas. 37,50 euros.

Si pudiera comprarme un solo tebeo este mes, no lo pensaría dos veces y me compraría... Robin 3000. Publicado en 1992, se trata de un elseworld futurista escrito por el guionista y editor Byron Preiss, con ayuda de S. Ringgerberg, y dibujado por el sin par P. Craig Russell. Como reza la publicidad: "Gotham City en el año 3000. La tierra está sometida por una invasión alienígena. Los Skulp intentan destruir al héroe de la rebelión que se alza contra ellos. Pero Batman tiene un arma secreta. Su nombre es Robin". ¿Se puede pedir más? Sí, claro está que es una broma. A ver, lo de Preiss, con su rollo de ciencia ficción distópica, tiene bastante gracia, y ya que estamos aprovecho para recomendarlo, porque sale barato y, muy especialmente, por los bonitos dibujos de Russell, que siempre son deliciosos a la vista, pero no pasa de mero divertimento al lado de la obra maestra que ECC ha vuelto a poner en librerías. Me refiero, cómo no, a Planetary.


Los veintisiete números (y diversos especiales) que componen esta maravilla, una de las series más alucinantes de lo que va de siglo, fueron viendo la luz con cadencia irregular entre 1999 y 2009, dentro del catálogo del sello WildStorm de DC (aunque, si nos ponemos puristas, cabe recordar que hubo un preview publicado por Image en 1998). La cosa inició andadura mientras su escritor, Warren Ellis, revolucionaba la industria junto al ilustrador Brian Hitch con The Authority (última etapa de un largo proyecto iniciado en Stormwatch), y suponen el punto álgido de la carrera del inglés. Con su visión global, su estilo widescreen y su narrativa descomprimida, The Authority cambió para siempre la factura de los superhéroes, y dicha serie puede leerse como una celebración del género, pero también como una crítica a su temática reaccionaria. Planetary, por su parte, derriba también a los superhéroes, con mucha más convicción, y es, sobre todo, una plegaria en favor de la imaginación, una plegaria lanzada por ese cínico de cuidado que es siempre Ellis pero que, aquí, demuestra tener su corazoncito.

Las aventuras de estos arqueólogos de lo imposible, Elijah Snow, Jakita Wagner y el Batería, que se las pasan rescatando y catalogando objetos fabulosos, pistas de un rico universo de raíces literarias o cinematográficas, arrasado por la fantasía más repetitiva, anodina e insípida de los superhéroes, son una carta de amor a los sueños y a la rareza de nuestro mundo. Para rematar la faena, Ellis contó con un socio de excepción, el dibujante John Cassaday, que es excelente en la primera página y se ha transformado en extraordinario al llegar a la última. Cassaday es el artista perfecto para una obra perfecta que ECC sirvió primero en varios tomitos en rústica y recupera ahora en dos volúmenes encuadernados en cartoné. El primero de ellos contiene los números 1 a 14, más The Planetary Sneak Peek y el crossover Planetary/The Authority: Ruling the World. Ahora sin bromas, si solo pudiera adquirir un tebeo este mes, compraría Planetary con los ojos cerrados.


Malaga Hoy


Un tebeo de los de toda la vida


JAVIER FERNÁNDEZ
13 Marzo, 2019

'Los Terrifics'. Jeff Lemire, Ivan Reis y otros. ECC. 136 págs. 13,50 euros.

El siempre interesante Jeff Lemire, uno de los nombres propios del panorama actual, merced a obras tan apreciables como Essex County, Sweet Tooth, Animal Man, Green Arrow o Black Hammer, se saca de la chistera un título de lo más refrescante protagonizado por Mr. Terrific, Metamorpho, Plastic Man y la Chica Fantasma. A los dibujos, Ivan Reis, más conocido por su larga temporada en Green Lantern (junto a Geoff Johns), que aporta un tono épico y espectacular, pero también el desenfado que caracteriza a esta serie. El primer tomo de ECC compila los números 1 a 6 de The Terrifics (2018), y está especialmente recomendado a todo el que quiera disfrutar de un tebeo de superhéroes sólido y entretenidísimo, de los de toda la vida.


Malaga Hoy


viernes, 22 de marzo de 2019

El cómic de 'The Walking Dead' frente a la serie de TV: parecidos y diferencias

Se publica en España el tomo número 30 de la saga de cómics de Robert Kirkman, que goza de mucha mejor salud que su versión televisiva


PACO NÚÑEZ
11 Marzo, 2019




"¿Cuántas horas al cabo del día pasas viendo la televisión? ¿Cuándo fue la última vez que cualquiera de nosotros hizo algo de verdad para conseguir lo que quería? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que cualquiera de nosotros necesitó algo de lo que quería? El mundo que conocíamos ya no existe".

Este prefacio siempre ha acompañado a Los muertos vivientes en todas las contraportadas desde el número 1, que fue publicado por Planeta en 2005.

Tras la reciente publicación del tomo 30 en España, con el prometedor título Nuevo orden mundial, son ya 14 años de supervivencia, una píldora de 134 páginas cada seis meses.

Dos tomos al año que millones de aficionados en el mundo esperan como agua de mayo. La genialidad llegó como inspiración precisa a Robert Kirkman en el año 2003, cuando se alió con el barroco y oscuro dibujante Tony Moore para darle vida a los tres principales personajes, el agente de policía Rick Grimes, su hijo Carl y el repartidor de pizzas de origen asiático Glenn.

Ya con Charlie Adlard a los lápices desde el número 7, empezaron a llegar los otros pesos pesados de la epopeya: la siempre luchadora Maggie; Andrea y su hermosa cicatriz; el profesor de Ciencias bobalicón Eugene; y, por supuesto, Michonne, el personaje más icónico del lado de los buenos, una mujer atormentada y misteriosa que tiene una increíble habilidad para cortar cabezas con su inseparable katana y que vivirá un momento relevante en su vida en este tomo 30.

Las tramas han sido casi todas apasionantes, siempre llevando al lector hasta el punto climático como el gondolero que dirige a los enamorados por Venecia.

Rotura de la expectativa, giros inesperados de guión, secuencias en viñetas alucinantes repletas de violencia descarnada (el uso del blanco y negro es un buen amortiguador, porque en color serían casi insoportables algunos dibujos)… Entonces, si el cómic goza de buena salud a pesar de su longevidad, ¿por qué la serie hace aguas?

Ser infiel al original (a partir de aquí, hay spoilers de los tebeos y de la serie de TV)

Uno de los grandes errores de la serie de AMC, que va ya por su novena temporada, es haberse creído que el factor eran los personajes y no las tramas.

Se ha demostrado que las líneas argumentales que se han respetado casi al cien por cien han sido las más celebradas: la historia de la cárcel, la situación en la granja de Hershel, el enfrentamiento con el Gobernador... El arco de Negan ha tenido altibajos: empezó espectacular con la espeluznante ejecución de Glenn (nunca un personaje se presentó dando tanto miedo, dejando noqueado al lector como si hubiera recibido un derechazo de Mike Tyson), pero se hizo demasiado largo plasmando la Guerra con los Salvadores. Otras tramas no aparecidas en el cómic, como la de Terminus, hizo que la cuarta temporada fuera soporífera.

Además, la serie se ha cargado antes de tiempo a personajes importantes del tebeo, como Andrea, a la que mordió un zombi al final de la tercera temporada, o el mismísimo Carl, que sigue vivo en el cómic. Eso sí, acertaron con la creación del personaje de Daryl, que no sale en las viñetas y lleva años siendo uno de los personajes más populares de la serie, sobre todo en el sector femenino.

Mención aparte merece la vertiente sentimental. Si en los cómics está bien traída su relación con Andrea (la rubia que dispara mejor que Harry el Sucio siempre se llevó bien con Carl), en la serie está metido con calzador su affaire con Michonne.

Factor tiempo

Un tomo de Los muertos vivientes se tarda en leer un par de horas (o un poco más si te recreas en el arte de Adlard). Para ver una temporada completa de TWD, hay que echarle más de 15. Esa diferencia, en una sociedad saturada de series por la guerra entre plataformas de streaming, es clave.

Existe una burbuja de ficción audiovisual que algún día podría explotar en sus televisiones smart. Por eso, las series más vistas últimamente son las que tienen pocos capítulos, como las españolas Mira lo que has hecho, Gigante, Arde Madrid o La Peste. Es el modelo True Detective.

Sobredosis de personajes

Hay otro problema: un tebeo coral puede funcionar. De hecho, la Liga de la Justicia, los Vengadores, los Cuatro Fantásticos o el mismísimo Capitán Trueno han vivido sus respectivos clímax en guerras interestelares o medievales con muchos héroes enfrentados a muchos villanos (la guerra Kree-Skrull que llega al cine con Capitana Marvel; La Guerra del Infinito; Secret Wars; Civil War…). En la tele es más complicado.

Los espectadores se han perdido entre el maremágnum de personajes que reclaman voz y voto en los distintos frentes de Alejandría, la Cima, la sede de los Salvadores, el Reino... Cuando hay que hacer un croquis para seguir una serie, mal vamos.

Pero Greg Nicotero y el resto de productores quieren seguir estirando el chicle de los zombis (hay que seguir vendiendo muñecos, pósteres, novelas, llaveros, tazas, huchas, camisetas...) con los globos de los spin off, donde el equipo de guionistas puede crear tramas más libremente sin el corsé de las viñetas de Kirkman y Adlard. Ya hay gente que sigue Fear the Walking Dead, pero que ha dejado por imposible a Daryl, su mirada atormentada y sus flechitas (que nunca se pierden ni se rompen en ningún cataclismo).

Un futuro incierto

La manera de contar la historia del guionista de Outcast y Oblivion Song es única e intransferible (otro punto a favor de los cómics), porque son 14 años perfilando a todos los personajes, principales y secundarios, de forma magistral y convirtiéndolos en piezas brillantes del engranaje perfecto. Coherencia de la pluma del creador de Ladrón de ladrones en los momentos vitales y en las duras viñetas mortales.

Así, Rick Grimes ha pasado de ser el típico policía americano con valores intachables a un líder curtido en mil batallas, con muchos cadáveres en el armario, que está ya muy cansado de la situación postapocalíptica con la que lidia a diario. Envejecido, manco y cojo, pide a gritos la jubilación.

Por eso, Kirkman tenía la idea de que Rick muriera pronto para que Carl tomase el testigo como nuevo único protagonista del cómic-río. A pesar de los acontecimientos acaecidos en la serie, debería seguir firme con ese propósito, porque aquí fue primero la gallina de los tebeos, que hizo posible el huevo (de oro durante años) de la(s) serie(s) de TV.

Creación pura versus mercadotecnia televisiva

La esencia del éxito del tebeo zombi más vendido de la historia sigue impregnando sus páginas, pero hace tiempo que ya no se cuelga en las plataformas televisivas: la genialidad de poner al lector en una tesitura cotidiana de presión constante, extrema, por la presencia de los muertos vivientes y, bajo ese yugo, lograr que el ser humano se quite por fin la máscara del tedio y las excusas del Estado del Bienestar para ahondar en los instintos básicos de la gente, dormida durante años de confort y tecnología hipnótica.

Así, en la saga comiquera se encuentra al héroe total y al villano más tenebroso. Y en ese precipicio continuo hay zombis que te recuerdan siempre que el caos reina (siempre lo hizo) sobre esa ilusión de control que suele tranquilizar a las personas en el día a día. "Nosotros somos los muertos vivientes", llega a decir Rick en una viñeta mítica del tebeo.

En el tebeo no hay final previsto a corto plazo. Ya lo avisó Kirkman desde un principio. Pero la serie sí presenta ya alarmantes síntomas de agotamiento (los actores principales quieren dedicarse a otras cosas). Pasó en Friends, House y tantas y tantas otras ficciones televisivas que exprimieron al máximo el néctar del triunfo. Esperemos que en la décima temporada remonte el interés. Y, si no, siempre nos quedarán los tebeos. Porque, en un mundo gobernado por los muertos, por fin nos vemos obligados a empezar a vivir.


Malaga Hoy