domingo, 11 de febrero de 2018

El corazón de la mujer sola

Con este segundo volumen, concluye la impresionante y sensible obra del mangaka Kazuo Kamimura



JOSÉ LUIS VIDAL
07 Febrero, 2018






Tokio, años setenta. Al llegar la noche, en las calles del barrio de Shinjuku se encienden los luminosos y neones que anuncian locales, lugares dedicados al esparcimiento masculino, donde suelen acudir hombres con una holgada situación económica que, al terminar el trabajo, necesitan de ese relax que les provoca la conversación con otros compañeros de labor o, mejor, con las chicas que suelen trabajar en estos bares, las llamadas scorts, acompañantes que siempre van a ofrecer una sonrisa, y tal vez algo más.

Uno de estos sitios es El Club del Divorcio, un lugar que, como su nombre bien indica, está regentado por una madame, una mujer divorciada, que como todas sus empleadas también han pasado por ese trámite. Pero cuando entramos en él, no vamos a fijarnos en la calidad de las bebidas que ofrece, ni su decoración, ni siquiera la música que allí se escucha… Será la belleza serena de su propietaria, Yûko, la que nos obnubile y atraiga irremediablemente, como una polilla hacia la ardiente llama.

La guapa joven es una auténtica maestra de la seducción, sabiendo dar una de cal y una de arena a sus clientes que, en ocasiones, algo perjudicados por la ingesta de alcohol, pretenden llegar más allá de las simples palabras.

¿Pero quién es realmente Yûko? A través de los diferentes capítulos de esta obra vamos a conocer las interioridades de esta particular fémina, que esconde en su interior el dolor más profundo. Por una parte, el que la llevó a romper su matrimonio con un pianista atormentado por el alcohol y, sobre todo, a tener que alejarse de lo único bueno que esa rota relación había dado, una hermosa niña que dejó al cuidado de su madre que, claro está, no ve con buenos ojos la profesión de su hija. Un secreto a voces que casi todos conocen.

Pues bien, dentro del pequeño ecosistema del club está el joven camarero Ken, un chico que bebe los vientos por la, al principio, esquiva Yûko pero que, poco a poco, irá convirtiéndose en su eterno compañero y confesor.

La historia se sitúa en plena época de recesión de Japón, por lo que, en este segundo y final tomo veremos como la situación del local se agudiza, cada vez entran menos clientes y la situación personal de Yûko se aproxima hacia un invisible barranco. Solo hay una posible manera de salvar el negocio, o al menos, poder trasladarse a un local más pequeño, y para eso tendrá que pasar por las manos de un antiguo extorsionador, el Maestro Kuroi, cuyo dinero hará posible que, pese a la imprevista deserción de las mujeres que trabajaban para Yûko, ésta puede iniciar una nueva andadura, en esta ocasión sola con el joven Ken, que cada vez se siente más enamorado de su jefa.

Pero claro, las cosas no son nada fáciles para los protagonistas de este drama, y si añadimos la aparición de la protagonista en un programa de televisión, hablando sobre su divorcio y los incipientes celos del camarero hacia el benefactor de Yûko, la trama comenzará a complicarse.

Resulta increíble la maestría con la que el autor de este manga, Kazuo Kamimura, trata a los personajes, pero en especial a su protagonista, Yûko. Sabe meterse a la perfección bajo su piel y regalarnos una narración creíble al cien por cien, en una época en las que comenzaban a romperse al rígidas tradiciones niponas, sobre todo las que afectaban a las mujeres, que siempre habían ocupado un segundo lugar en una sociedad meramente machista. Esta Yûko, la regente del Club del Divorcio carga sobre su espalda no tan solo el haberse separado de su marido sino, además, el dedicarse a un trabajo muy mal mirado en aquella estricta sociedad y, a veces, hipócrita sociedad.

Kamimura nos da algunas pistas de su conocimiento de estos clubes, ya que en más de un capítulo se retrata a sí mismo como asiduo cliente del bar, en el que comparte conversaciones no solo con su propietaria, sino también con las otras scorts, las chicas que atienden a los hombres. Resulta curioso reseñar, como anecdótico guiño, que incluso en uno de estos momentos comparta una copa con el guionista Kazuo Koike (autor del que ECC Ediciones se está dedicando a publicar la totalidad de su obra junto al dibujante Goseki Kojima) con el que creó el manga Lady Snowblood, en el que se basaría posteriormente Quentin Tarantino para crear a uno de los personajes de su Kill Bill.

El autor, fallecido demasiado joven, se revela como un hábil observador del comportamiento humano y nos traslada a las páginas de su obra (como ya hizo en Historia de una geisha, también publicado por ECC), con un estilo gráfico de una belleza incomparable, la dramática historia de esta particular mujer, Yûko.


Malaga Hoy


martes, 6 de febrero de 2018

Los más listos de la clase

La obra, precuela de la publicada en 2013 por Gaiman, retrocede hasta 1915 y narra los sucesos anteriores a la caída al mundo del Señor de los Sueños


JAVIER FERNÁNDEZ
31 Enero, 2018


'Sandman: Obertura'. Neil Gaiman, J. H. Williams III. ECC. 224 páginas. 22 euros.

Neil Gaiman, Alan Moore y Grant Morrison figuran con méritos sobrados en el listado de los mejores guionistas de la historia del cómic. Los tres británicos se granjearon una fama internacional cuando fueron contratados por DC en la década de 1980, y no han dejado de producir grandes obras desde entonces. Todos han trabajado en las mejores editoriales estadounidenses, aunque buena parte de sus obras pertenecen al catálogo de DC (en sus distintos sellos y filiales) y han sido, o están siendo, reeditados por ECC en nuestro idioma. Este mes, sin ir más lejos, han visto la luz los tres suntuosos volúmenes que paso a recomendarles.


Sandman: Obertura es la maravillosa precuela de la magnum opus de Gaiman, publicada en 2013, casi dos décadas después del final de la serie del sello Vertigo. Con impactantes dibujos de J. H. Williams III y colores de Dave Stewart, la historia retrocede hasta el año 1915 y narra los sucesos anteriores a la caída al mundo del Señor de los Sueños. El talento de Williams III es algo fuera de lo común, y todos y cada uno de sus trabajos son delirios visuales, repletos de sofisticadas composiciones de página (el presente tomo contiene incluso varios desplegables) que realzan la rara belleza de su línea. ECC ya publicó Obertura en cuadernillos, y recopila ahora el conjunto con un montón de material añadido que incluye las portadas alternativas, bocetos, explicaciones del proceso de trabajo, entrevistas y otros textos.


El Asco (2002-03), por su parte, recupera uno de los títulos más inclasificables y personales del ya de por sí inclasificable y personal Grant Morrison. En la onda de Los Invisibles o Flex Mentallo, esta miniserie de trece números, también publicada originalmente por Vertigo, combina ciencia ficción y recursos metaliterarios para cuestionar la realidad y nuestra supuesta libertad. A diferencia de Los Invisibles, en la que el baile de artistas acaba restando potencia a la totalidad, El Asco fue dibujado de principio a fin por Chris Weston y Gary Erskine, de modo que posee una mayor coherencia visual. Morrison llegó a declarar que esta es su obra favorita, y ya es raro que la reseña de The Comics Journal, una revista habitualmente crítica con el escocés, afirmase: "El Asco es lo mejor que ha escrito jamás Morrison". El apartado de extras contiene bocetos y el guión completo del número 5, entre otras cosas.


Tras haber dinamitado el género de superhéroes con La Cosa del Pantano, Watchmen, Miracleman y demás, Alan Moore sorprendió a los lectores a mediados de la década de 1990 con una serie de colaboraciones desenfadadas para la naciente editorial Image. Así, en 1995, se hizo cargo de los WildC.A.T.s, título estrella del estudio WildStorm, a los que puso patas arriba con el fin de la guerra entre demonitas y querubines y la creación del enigmático Tao, un personaje que acabaría dando mucho juego. Son tebeos divertidos, trepidantes, que alcanzan su mayor nivel en las páginas dibujadas por Travis Charest y que ECC vuelve a ofrecer ahora en un solo tomo.


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Un homenaje a Jack Kirby

JAVIER FERNÁNDEZ
31 Enero, 2018

'El desafío de Kamandi, Vol. 1'. ECC. 184 páginas. 17,50 euros.

Ideado por Dan Didio como homenaje a Jack Kirby en su centenario, El desafío de Kamandi es un delicioso experimento que une dos conceptos clásicos de DC. Por un lado tenemos a Kamandi, el personaje creado por Kirby a comienzos de la década de 1970, y, por otro, una estructura colaborativa a lo DC Challenge, la cabecera de doce números publicada entre 1985 y 1986, en la que cada nuevo equipo creativo continuaba la historia a partir del cliffhanger planteado por el equipo anterior. El resultado es una miniserie de doce números publicados por ECC en dos tomitos, el primero de los cuales contiene el trabajo de artistas de primera fila como el propio DiDio, Bill Willingham, Keith Giffen, Neal Adams, Amanda Conner o Ivan Reis.

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Una precuela para disfrutar

JAVIER FERNÁNDEZ
31 Enero, 2018



'Antes de Watchmen: Minutemen'. Darwyn Cooke y otros. ECC. 264 páginas. 27 euros.

Sí, sí, lo admito, al final he caído, y la culpa la tiene Darwyn Cooke. Me prometí no leer las dichosas precuelas, me dije que podía pasar sin Antes de Watchmen, que me bastaba con la obra maestra de Alan Moore y Dave Gibbons… hasta que le eché un vistazo al tomo Minutemen. Y es que Darwyn Cooke era (cuesta trabajo usar el pasado) un genio de la narrativa gráfica y su interpretación del viejo grupo de superhéroes ideado por Moore es una auténtica preciosidad, un maravilloso disfrute de la primera página a la última. Además, la presente recopilación, que recoge la miniserie de seis números escrita y dibujada por el autor de La nueva frontera, se completa con el especial Dollar Bill, escrito por Len Wein y dibujado por otro virtuoso, Steve Rude, y los dos números de Moloch, nada menos que de J. M. Straczynski y Eduardo Risso. Quién podría resistirse…












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El alma de la máquina

Masamune Shirow es el autor del inspirador manga 'Ghost in the shell'. El japonés plantea un 'thriller' futurista en el que se confunden los límites entre lo natural y lo artificial


GERARDO MACÍAS
31 Enero, 2018




'The Ghost in the Shell'. Guion y dibujos: Masamune Shirow. Planeta Cómic, 2017.

El 31 de marzo de 2017 se estrenó en los cines The Ghost in the Shell, una película estadounidense de ciencia ficción, dirigida por Rupert Sanders y protagonizada por Scarlett Johansson. Esta película está basada en el manga japonés homónimo de Masamune Shirow publicado entre 1989 y 1990.

La comandante Motoko Kusanagi está al cargo de las operaciones encubiertas de la Sección Policial de Seguridad Pública, la Sección 9, especializada en crímenes tecnológicos. Ambientado en un entorno cyberpunk, en el año 2029, este cómic japonés revela que la propia Kusanagi es un ciborg que investiga grandes corporaciones y magnates corruptos. Un prototipo capaz de realizar hazañas increíbles, una mujer cuya única parte humana es el cerebro y la médula espinal. Kusanagi y su equipo se enfrentan tanto a peligros externos como a conflictos internos acerca de su propia naturaleza, debido a que son más máquinas que seres humanos.

La trama principal de este manga es la persecución de un criminal de medios electrónicos, conocido como El Titiritero, pero cuya identidad se desconoce, que ha cometido varios delitos con un único modo de operaciones: hackear las mentes de los seres humanos. El Titiritero ha conseguido incluso tener conciencia propia, partiendo de un simple programa volcado en la red. Este enemigo en la sombra es capaz de tomar el control de máquinas y seres, de hackear cualquier sistema y meter virus informáticos en los mismos cerebros de los seres artificiales.

The Ghost in the Shell es un thriller futurista, pero su autor, Masamune Shirow, nos plantea un futuro que, visto a día de hoy, no parece tan descabellado. Desigualdades sociales extremas, avances cibernéticos punteros, tramas políticas urdiéndose a espaldas de la sociedad, que parece anestesiada y desorientada…

Más allá de la trama, lo impactante es el marco temporal y geopolítico de The Ghost in the Shell, que nos muestra un mundo en paz, pero desgastado por las guerras, donde la población malvive en su mayoría hacinados en superpobladas ciudades y la minoría goza de privilegios que el avance tecnológico ha impuesto. La Sección 9 toma el protagonismo para que, a través de sus vivencias, podamos entender este futuro. Además de para fabricar robots dedicados en su mayoría al trabajo duro o la seguridad, la tecnología ha llegado a imitar el cuerpo humano y sus funciones de manera tan exacta que se vuelve difícil distinguir lo humano de lo artificial… incluso los seres artificiales pueden dudar de si alguna parte vital suya es en realidad orgánica.

Esta duda existencial sobrevuela constantemente a la protagonista de esta historia. Motoko no encaja en el mundo y no termina de descubrir por qué. Los seres artificiales han llegado a ese punto de perfección en el que desarrollan este tipo de duda, que es el síntoma del libre albedrío, del alma…, es decir, del Ghost (espíritu) al que hace referencia el título de esta obra.

En cada capítulo, la Sección 9 debe vérselas con un acto criminal que deben solucionar, y de paso, desvelar los motivos ocultos tras el crimen, que normalmente lo relacionan con altas esferas. Los delitos son cometidos, además, a distintos niveles: a la acción violenta física más primaria suele ir siempre unido un ataque hacker, pues no puede ser de otra manera en este mundo dominado por la gran red que puede asaltar ya no sólo las máquinas, sino la mente y el alma de las personas.

En cada página suele haber notas aclaratorias, pero estas son de tanta profundidad que el propio autor nos anima a leer el manga sin hacerles caso, y luego leer las notas en un segundo vistazo. El mundo que ha imaginado Shirow es tan detallado que requiere de toda nuestra compresión para entender hasta donde ha llegado la revolución de los implantes tecnológicos.

Este cómic japonés de 1989 dio lugar a dos secuelas tituladas Ghost in the Shell 1.5: Human-Error processor (1992-1995) y Ghost in the Shell 2: Man/Machine Interface (1991-1997). También se adaptó en seis teleseries de animación y cuatro largometrajes de dibujos animados, que fueron inspiración directa para Matrix, la trilogía de películas de ciencia ficción protagonizada por Keanu Reeves. Salieron además a la luz cuatro videojuegos entre 1997 y 2015.


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Juez, jurado y ejecutor

Recopiladas por Panini en un nuevo volumen, dos de las mejores historias protagonizadas por El Castigador





JOSÉ LUIS VIDAL
31 Enero, 2018

¿Sabéis quién es Frank Castle? Su nombre tal vez, en principio, no os suene. Él solo fue uno de tantos veteranos de la Guerra de Vietnam. Pero tuvo la mala suerte de que su camino y el de su familia (mujer e hijos) se cruzara con una vendetta criminal, terminando todos muertos y con un Frank desquiciado, roto por dentro para siempre y que clamaría venganza contra todo aquel que cometa un crimen, sea del tipo que sea.


El papel de vigilante, en este caso en un universo superheroico, nació, como en este caso, de aquellos hombres que tuvieron que soportar la peores condiciones en medio del vergonzoso conflicto bélico que terminó con el american dream: Dormir en agujeros, en medio del barro, sin comida, acosados por el enemigo… Supervivientes que regresaron, incomprendidos por sus propios vecinos, un ejército vencido, cabizbajo… (Por cierto, no os perdáis la magnífica miniserie Punisher: The Platoon, escrita por Garth Ennis y dibujada por Goran Parlov que nos traslada a la contienda bélica).



Uno de los personajes más conocidos que entran en ese perfil es el de John Rambo, protagonista de la magnífica novela Primera sangre, escrita por David Morell, que tuvo una buena adaptación a la gran pantalla y unas secuelas de las que más vale olvidarse…

Y si hablamos del subgénero del "aparentemente" hombre normal que es golpeado por la desgracia en forma de violadores y/o asesinos es muy común tanto en la literatura como en el cine norteamericano, la saga Death Wish (El Justiciero de la ciudad) es buena muestra de ello, protagonizada por Charles "Cara de piedra" Bronson (al que, por cierto, ahora toma el relevo, en forma de remake, Bruce Willis). Así nace lo que se bautizó como "vigilante".




Pero regresemos a las viñetas. Este antihéroe, El Castigador, había sido presentado en las páginas de Spiderman (de hecho, es clásica la portada en la que lo tiene en el punto de mira de su rifle) y que siempre ha estado en esa zona gris de la vida, regresa en este tomo que reúne dos historias narradas por un dúo de lujo, el guionista Steve Grant y, al dibujo, nada más y nada menos que Mike Zeck.

El primero se había ocupado de varias colecciones en Marvel desde que diera el salto del mundo del fanzine al de los cómic-books. Pero su primer gran proyecto lo catapultó, y todo gracias a meter de lleno el harbolied, una rama del relato negro, que se caracteriza por lo extremo de su violencia, lo expeditivo de sus métodos y, sobre todo, una total carencia de valores morales en la mayoría de las historias, que viene a ser protagonizadas por detectives que nada tiene que ver con Sam Spade (el Mike Hammer de Mickey Spillane es un buen ejemplo) o directamente por personajes que están al otro lado de la ley (Jim Thompson, James Hadley Chase y Donald Westlake fueron sus "padres").

Mike Zeck, por su lado, había conocido en Marvel las mieles del éxito al ilustrar el gran y primer evento que reunió a la mayoría de sus personajes, las Secret Wars. Y esta no sería la única, ya que además de las de El Castigador, dibujó una de las historias más potentes de Spiderman, junto al guionista J.M. DeMatteis, La última cacería de Kraven.

Pues bien, en la primera "aventura", nos encontramos a El Castigador sin su uniforme característico, ese gran cráneo que, recortado en las oscuridad, congela a los criminales, que saben que su muerte está más que próxima: Frank Castle ha sido apresado y encerrado en la Isla de Ryker, una cárcel en la que, como si de una personal galería se tratara, tiene que compartir el espacio con todos esos matones, violadores, chulos, narcotraficantes y asesinos que aún no ha podido borrar de su imaginaria lista de tareas.


Pero no os preocupéis, porque claro está, la bomba no tarda en explotar y la violencia llegará con dureza. Y será cuando Castle se encuentre con Puzzle, uno de sus mayores enemigos, al que marcó y desfiguró el rostro para siempre. Pero la venganza de este loco tendrá que esperar, ya que hay un plan en marcha para ejecutar la mayor fuga que se ha visto en este lugar.

Sin querer adelantaros ningún acontecimiento, solo os diré que Castle termina libre, trabajando para una misteriosa y poderosa organización llamada el Trust, un grupo secreto que parece querer lo mismo que El Castigador, limpiar las calles.

Pero en esta magnífica historia nada es lo que parece, y El Castigador las pasará canutas si quiere salir de una pieza.


El éxito acompañó al tándem creativo formado por Grant Y Zeck, y pocos años después regresaron con Retorno a la Gran Nada, una novela gráfica que comparte la dureza de la anterior, en la que el pasado en Vietnam viene a golpear de lleno a Castle, que se enfrentará a una organización de tráfico de drogas, y volverá a cruzarse en su camino con algunas caras conocidas de su etapa militar.

El tomo viene rematado por una impresionante galería de portadas, portafolios, páginas a lápiz… Lo que lo convierte, con estos extras, en una obra imprescindible en vuestra biblioteca Marvel.

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El crepúsculo de los dioses

JAVIER FERNÁNDEZ
31 Enero, 2018

'El cuarto mundo de Jack Kirby, Vol. 4'. Jack Kirby. ECC. 424 páginas. 37 euros.

El guionista y antiguo colaborador de Jack Kirby, Mark Evanier, confiesa en su largo y detallado epílogo la alegría que le produce contemplar los lomos de la reedición de El Cuarto Mundo: "He pasado gran parte de mi vida sentado en una silla en mi despacho, y a la derecha de la silla hay una estantería en la que, ahora mismo, están los tres primeros libros de esta serie, con un sitio reservado para una copia de este volumen [el cuarto]. No es que quiera tenerlos al alcance de la mano para poder releer mis episodios preferidos de Kirby siempre que quiera, aunque también es por eso. No, la auténtica razón de por qué estos libros están ahí es porque me hacen sonreír. Su existencia, el hecho de que el trabajo más personal de Jack - unos libros que me encantan de un hombre al que quiero - haya resistido el paso del tiempo, me provoca una sonrisa. Otrora tildados de fracaso, han demostrado su valor de manera constante e imperecedera a lo largo del tiempo, y ahora, además, han sido editados justo como Jack quería, en volúmenes de lujo en tapa dura con una impresión impecable. Estos libros fueron pensados para ser atesorados y releídos una y otra vez". Las palabras de Evanier expresan un sentimiento de felicidad compartido por miles de lectores de todo el mundo, entre los que me cuento.

Hoy, casi cincuenta años después de su aparición en 1970, la saga de El Cuarto Mundo, obra maestra de Jack Kirby, goza por primera vez de una edición digna (casi perfecta) en nuestro idioma, y hay que agradecer a ECC su acierto al traducir los cuatro tomos que componen la colección completa. El último de ellos contiene el cierre de las series The Forever People y The New Gods, junto con los nueve últimos episodios de Mister Miracle, el New Gods (reprint series) número 6 y la novela gráfica The Hunger Dogs, con la que Kirby pudo concluir la epopeya en 1984, diez años después de la cancelación de las cabeceras originales, todo acompañado de un grueso apartado de material extra. Arte pop en estado puro.


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