sábado, 24 de julio de 2021

Las aventuras de Gallardo & Mediavilla por Gallardo y Mediavilla


 

El sueño de un genio inimitable

 









Con 27 años, Walt Disney ya había creado su propio estudio de animación. Su visión convirtió a su compañía en el referente audiovisual de decenas de generaciones

GREGORIO BELINCHÓN

Madrid - 10 FEB 2017 


El tío Walt siempre fue un hombre de enorme contradicciones. “La animación como medio para narrar y entretener visualmente puede brindar placer e información a gente de todas las edades en todo el mundo”. Toda una declaración solemne de principios, de seriedad casi cartesiana, probablemente hecha a sabiendas de que quedaba registrada para la historia, y con un tono muy alejado del de aquel chaval nacido en Chicago en 1901, a quien le gustaba dibujar caricaturas, disfrazarse y hacer reír a su familia y amigos, de alguien que con 27 años ya había montado un estudio de animación con su hermano Roy, lo había hecho crecer hasta que quebró, mudado a California, enfangado en una pelea por derechos intelectuales con Universal, y creado el primer Mickey Mouse junto a Ub Iwerks: Disney siempre tuvo ojo para rodearse de los mejores creadores, y por ello su gran labor fue la producción, aunar y dirigir equipos.

Gracias a ese olfato, Disney ha sido el urdidor audiovisual de la infancia y adolescencia de varias generaciones. La cultural occidental ha quedado marcada por sus historias, su animación, sus moralejas y sus chistes. A cada requerimiento del público de mejores películas, auspiciado por la misma publicidad de la compañía, Walt Disney ya iba dos pasos por delante preparando su siguiente lanzamiento. Por ello, estuvo al borde de la quiebra en diversas ocasiones al inicio de su carrera, y tras su muerte, la posterior falta de olfato de sus sucesores casi acaba con sus estudios.

Como cimiento, Mickey Mouse. Ya en 1932 Disney recibió el Oscar honorífico por la creación de Mickey Mouse, y su sencillo diseño (tres círculos, dos para las orejas y un tercero para la cabeza) es uno de los más populares iconos de la cultura occidental. En eso Disney ha sido imbatible, creando marca e imágenes indelebles. También dándole una vuelta a los cuentos populares y leyendas de Europa Occidental: “De todos los personajes de cuentos de hadas, Blancanieves era el que más me gustaba, y cuando decidí hacer mi primer largometraje supe que tenía que ser la heroína”. Así que a mediados de los años treinta, Disney se lanzó a por su primer largo, y para que sus animadores supieran crear un personaje realista -que pareciera una chica y no una caricatura- les envió a clases de arte. La leyenda dice que las dos copias originales de Blancanieves y los siete enanitos llegaron a sus cines a dos horas de comenzar las sesiones el 21 de diciembre de 1937 y tras cuatro años de trabajos y 1,5 millones de dólares gastados en su realización.

1923. Walt Disney funda la compañía junto a su hermano Roy. Produjeron 41 cortos llamados Comedias de Alicia.

1928. Primer corto de Mickey Mouse. 1932. Primer Óscar para Disney por el corto animado Árboles y flores.

1937. Se estrena Blancanieves y los siete enanitos, primer largo animado.

1950. Primera película con personajes reales, La isla del tesoro.

1966. Muere Walt Disney. 1971. Card Walker se convierte en presidente de la empresa.

1985. La compañía comienza a hacer dibujos para televisión.

1995. Se estrena Toy Story, primer largo animado íntegramente por ordenador.

2006. Compra de Pixar.

2016. Disney acapara el 25% de la taquilla estadounidense.

El éxito impulsó a Disney en su carrera por su superación. Pinocho, de Carlo Collodi, fue su siguiente paso. Contrató a artistas famosos para los diseños previos, tiró seis meses de trabajo de animación porque no sentía emoción en las imágenes, ordenó crear un guía que acompañara a un personaje inocente, en realidad un recién nacido gracias a la magia del hada azul, y así surgió Pepito Grillo (después de 14 versiones de esa clase de insecto).

Con solo dos largometrajes -y eso sí, un larguísimo recorrido en cortometrajes- Walt Disney ya había marcado el que sería su legado. Como sus historias procedían de los cuentos medievales de Europa, que aunque habían sido reelaborados y plasmados en papel por escritores de siglos posteriores mantenían su espíritu primigenio, sus protagonistas ya aparecían lastrados por dolorosas pérdidas al inicio de la narración y acechados por terribles amenazas. En la Edad Media cualquier niño corría innumerables peligros, y las leyendas no dejan de ser historias con moraleja, para que ante una situación potencialmente espinosa, cualquier crío tuviera sentido común. Durante siglos, esas narraciones sirvieron como manuales soterrados de comportamiento; de ahí que al pasar a la pantalla, los personajes Disney sufrieran en sus primeros minutos la muerte de su padre o de su madre, el ataque de alguna bruja malvada, se perdiera en una alocada carrera impulsada por la avaricia…

El mismo Walt entendía que a un guion lo mueve un personaje en acción, y desde luego el fallecimiento de un progenitor es un gran motivador. Aun muerto Disney, ese mandamiento, el de la acción impulsada por el dolor, ha seguido hasta nuestros días, como puede verse en El rey León, El viaje de Arlo o Frozen. Así que para que el protagonista emprenda un cambio vital, al inicio de la trama siempre es sacudido por un gran golpe emocional. Cuanto más grande, mayor será el impulso. Y en películas de 90 minutos no hay mucho tiempo para vericuetos: rápido, matemos a su madre.

El mundo Disney no solo se ha centrado en los dibujos animados, sino también en decenas de películas con actores de carne y hueso y en, por supuesto, sus parque temáticos, que nacieron a la vez como oportunidad de negocio y por la visión del fundador de construir mundos distintos al áspero del día a día. Walt Disney solía decir que él no hacía películas para niños de seis años, sino para el niño que todos llevamos dentro, independientemente de la edad física que arrastremos en el exterior. Un lema certero.

También supo discernir cuándo una historia debe de ser contado animadamente y cuándo no. Tres ejemplos: por muchas versiones que posteriormente hayan vuelto a la obra de J. M. Barrie, no hay Peter Pan como el que la productora estrenó en 1953, en dibujos. Y eso que la base fueron los cientos de horas que se grabaron con actores reales para que inspiraran a los animadores. El personaje principal, dibujado por Milt Kahl, para vivir permanentemente flotando en el aire, con un aire a la vez de nostalgia y de ansia por la aventura. Segundo ejemplo: El libro de la selva (1967). Disney compró los derechos de los cuentos de Rudyard Kipling en 1962, pero desde mitad de los años treinta ansiaba llevarlos a la pantalla. Sabía del tono sombrío de esas narraciones y encargó canciones que llevaran la película hacia un tono más jocoso.

Disney murió el 15 de diciembre de 1966, y no pudo ver película acabada, ya que su estreno fue el 18 de octubre de 1967. Hoy, vistas las nuevas versiones con actores o con personajes creados por ordenador, la película de 1967 sigue superando otros acercamientos. El último ejemplo nace de la serie de novelas de la escritora P. L. Travers, creadora de una curiosa niñera hechicera, Mary Poppins. Aquí Walt Disney -que durante años luchó porque Travers le cediera los derechos, algo que finalmente sí hizo la autora, aunque posteriormente se arrepentiría- entendió que debía de utilizar a intérpretes como Julie Andrews o Dick Van Dyke para que su Mary Poppins (1964) enganchara al público, aunque con apoyo de la animación y diversos trucos fílmicos. La obra de Walt Disney puede no gustar a todos. Sin embargo, es innegable el poso que ha dejado desde hace ochenta años en el alma de millones de seres humanos. Más allá del negocio, Disney sabía qué quería en la pantalla y qué quería transmitir más allá de las pantallas. En el reino de las emociones, pocos han tenido su talento. Y ninguno su visión.

TODOS LOS‘OSCARS’ DE LA FACTORÍA
Gracias a su enorme carrera como productor, Walt Disney se convirtió en uno de los grandes de Hollywood y la industria cinematográfica supo reconocerlo y honrarlo con varios galardones y reconocimientos. En vida, recibió 26 oscars, cuatro de ellos honoríficos, el primero de ellos fue un homenaje al fundador de la factoría Disney por haber creado a Mickey Mouse, en 1932. Y eso que en aquellos años no existía la estatuilla al mejor filme de animación (se creó en 2001). Doce de esos galardones se lo llevaron cortos de animación (en los años treinta no dejó hueco a posibles competidores, su factura era incomparable y la producción abundante). También ganó premios de la Academia de cine de Hollywood en apartados como mejor cortometraje de ficción, mejor cortometraje documental y mejor largometraje documental (este lo ganó en dos ocasiones). Mary Poppins, que logró 13 candidaturas y cinco estatuillas, fue la película que más le acercó a su ansiada estatuilla a mejor película. No logró nunca ese Oscar, fue la espinita que no consiguió sacarse con ninguno de sus títulos. En cambio, dos de sus largometrajes, Blancanieves y los siete enanitos (le dieron siete miniestatuillas) y Fantasía, le reportaron sendos galardones honoríficos. Fallecido el fundador, la empresa ha ganado otros 44 oscars, tanto en proyectos de animación como de acción real, en apartados como corto animado, largo de animación, diseño de vestuario, canción original, montaje de sonido, banda sonora, efectos visuales, documental o dirección artística. La cuenta aumenta cada año, más aún desde la adquisición de la otra gran productora de animación, Pixar. Curiosamente, el último obtenido ha sido para un actor, Mark Rylance, por su trabajo en El puente de los espías.



El Pais


Muere el dibujante Carlos Romeu, ‘padre’ de Miguelito

El humorista gráfico ilustró las páginas de EL PAÍS durante 33 años y fundó la revista satírica ‘El Jueves’


Madrid - 24 JUL 2021 



Carlos Romeu, autor del cómic 'Historias de Miguelito', en octubre de 1997.CARLES RIBAS

El dibujante y humorista gráfico Carlos Romeu Müller, uno de los fundadores de la revista satírica El Jueves y creador de personajes como Betty y Miguelito, ha fallecido a los 73 años, según ha informado la publicación en las redes sociales. “Hemos perdido a un padre”, afirma El Jueves en su mensaje en las redes, en el que recuerda que Romeu fundó la revista junto a TOM y José Luis Martín. Asimismo, fue uno de los primeros viñetistas de EL PAÍS, en cuyas páginas publicó las historias de Miguelito durante 33 años.



Viñeta de Carlos Romeu aparecida en la edición impresa de EL PAÍS el 21 de diciembre de 2009.


La publicación de El Jueves destaca también: “Nos deja un maestro del humor gráfico, padre también de personajes como Betty y Miguelito”. “Un abrazo, compañero, allá donde estés”, concluye la revista. Carlos Romeu Müller nació en 1948 en Barcelona. Hijo de un catalán dedicado al sector textil y de madre francesa, estudió profesorado mercantil pero dejó los estudios para iniciar los de Artes y Oficios, aunque tampoco llegó a acabarlos.

Desde 1972, en que publicó su primer cómic, Romeu colaboró en una setentena de medios diferentes y participó en la creación de revistas de humor, como Mata Ratos, Nacional Show y la segunda época de Muchas gracias. A partir de 1976, publicó en EL PAÍS y su revista dominical, actividad que compaginó con la edición de tiras cómicas en Muy interesante, Triunfo, Interviú o Play Boy. En 2015, se hizo cargo de la traducción al español del ejemplar número 1.178 del semanario francés Charlie Hebdo, con el que se conmemoraba el atentado contra la revista ocurrido una semana antes y en el que fallecieron 12 personas, cinco de ellas dibujantes.

twitter

Echó la vista atrás en Ahora que aún me acuerdo de todo (o casi...), Astiberri (2013), una autobiografía dibujada que repasa las últimas décadas de España y por la que desfilan Vázquez Montalbán, Tierno Galván, Chumy Chúmez, Narcís Serra, Juan Luis Cebrián o Jordi Pujol. Sus páginas están plagadas de las anécdotas de quien vivió los años de la Transición en primera fila; desde los atentados de ETA y los problemas de los dibujantes de prensa en las postrimerías del franquismo, hasta la muerte del dictador o unas muy frecuentes denuncias por delitos de opinión. Abordaba, con su estilo directo y mucho humor negro, unos problemas de salud que le llevaron a definirse como carne de quirófano.

Varios dibujantes, de Paco Alcázar a José Rubio Malagón, han homenajeado a Romeu en las redes sociales. El Ministro de Cultura y Deporte, Miquel Iceta, también ha lamentado el fallecimiento del autor y ha afirmado en Twitter: “Su obra nos acompañará siempre”.



El Pais

Viaje por el mundo de Wes Anderson

De Texas a Milán, con final en Angulema. El universo creativo del cineasta anima a explorar las ciudades y rincones que le inspiraron

MARILÓ GARCÍA MARTÍN

20 MAR 2021

A través de las películas de Wes Anderson se puede recorrer medio planeta sin salir de casa. De Tokio a Nueva York, de la India a la región italiana del Lacio. Micromundos llenos de precisos (y preciosos) detalles, algunos de los cuales ayuda a descubrir —a través de la pantalla o en una futura escapada de aires cinéfilos— Ian Nathan en Wes Anderson. El mágico mundo del director más singular del cine norteamericano (editorial Libros Cúpula), un libro que repasa su filmografía publicado a principios de marzo. Este es un viaje de película.

El director de cine Wes Anderson.

EE UU, parte 1. El hotel para fans en Texas

Nacido en 1969 en Houston, la ciudad más poblada de Texas, “calurosa, húmeda y con mosquitos”, Anderson debutó con Ladrón que roba a otro ladrón (1996). Su primera película inauguró el primer lugar de peregrinaje para los amantes de su cine: el motel Days Inn en Hillsboro, donde los amigos atracadores se ocultan. La cafetería Schlotzsky’s que aparece en uno de los pósteres de la película se encuentra cruzando la calle. El punto exquisito lo pone la casa del compinche Bob, que en realidad se trata de la residencia John Gillin en Dallas, uno de los últimos diseños del reconocido arquitecto Frank Lloyd Wright. Y la escuela Grace es la academia St. Mark, de donde Owen Wilson (amiguete, guionista y protagonista del filme) fue expulsado en la vida real. Para Academia Rushmore (1998) el director elegiría como localización central su propio colegio, el St. John’s.

EE UU, parte 2. El casoplón neoyorquino de los Tenenbaums

A Anderson siempre le fascinó Manhattan y en cuanto pudo se mudó allí. Pero cuando rodó Los Tenenbaums (2001) se alejó del estereotipo y las localizaciones turísticas de la ciudad. La mansión, un personaje más de la historia, la encontró en Harlem (entre la calle 144 y la avenida Convent). En la escena en Battery Park hace lo imposible por ocultar la Estatua de la Libertad y tras el ficticio hotel Lindbergh Palace se encuentra, en realidad, el Waldorf Astoria. Los Tenenbaums han dado la vuelta al mundo: desde la Antártida a Jamaica, pasando por el Amazonas o Nueva Guinea.


La casa sobre la roca de Clingstone, en Rhode Island (Estados Unidos). DON MENNIG ALAMY

EE UU, parte 3. La bucólica Rhode Island

Para la escenografía de Moonrise Kingdom (2012) el director se inspiró en la isla de Naushon, en la costa de Massachusetts: allí la ley no permite desplazarse en coche ni edificios de viviendas modernas. Pero en realidad no salió de Nueva Inglaterra para recrear la idílica (y ficticia) New Penzance: eligió el Estado de Rhode Island, sus calas, sus bosques, la iglesia Trinity en Newport, el faro de Jamestown y el campamento scout Yawgoog de Rockville (Ivanhoe, en el filme). La historia requería exteriores naturales visualmente potentes para contar la búsqueda de dos niños que, enamorados, deciden huir. La ruta incluye el pueblo de ­South Kingstown, el parque Lincoln Woods State, la peculiar casa sobre la roca de Clingstone y el hotel Ocean House. En otro alojamiento, el Vanderbilt Grace de Newport, se hospedó el equipo de rodaje.


El gran viaje: la India en tren

La aventura espiritual de tres hermanos que se tuerce por el camino dio lugar a la satírica Viaje a Darjeeling (2007). Aunque la trama es ficticia, bebe del viaje real en tren que hicieron a la India Anderson y sus dos guionistas. Rodaron cuatro meses en la región desértica de Rajastán, siguiendo las vías de Jodhpur y Jaisalmer, cerca de la frontera con Pakistán. En la ciudad de Udaipur tienen lugar las escenas del convento situado a la sombra del Himalaya. En el periplo pisaron lujosos hoteles como el Rohet Garh, el resort The Oberoi Udaivilas y el espectacular palacio de Bal Samand Lake. Un detalle de estilo: las 11 maletas customizadas de Louis Vuitton que porta el trío simbolizan la carga del recuerdo de su padre.


Italia acuática: de Nápoles a Milán

Aunque nunca se especifica, Life Aquatic (2004) se rodó en alta mar en la costa napolitana. Algo tendría que ver que el guion de este homenaje al oceanógrafo Jacques Cousteau interpretado por Bill Murray se escribiese en el restaurante italiano Pitti en Nueva York. Anderson ensayó en la región del Lacio, en Nettuno y cerca de la isla volcánica de Ponza, y mantuvo su centro de operaciones en el hotel Eden de Roma. El teatro San Carlos y el Palacio Real de Nápoles se dejan ver también en la pelícu­la. Volvió a Italia para diseñar en 2015 el Café Luce, ubicado en el edificio de la Fundación Prada en Milán.


Los antiguos grandes almacenes de la ciudad alemana de Görlitz donde se rodó 'El gran hotel Budapest'. MATTHIAS HIEKEL GETTY IMAGES

Un hotel azucarado en Görlitz

Ambientada en la Europa del Este, el edificio con aspecto de pastel gigante de El gran hotel Budapest (2014), lo sentimos, no existe. De estilo art nouveau, el interior se construyó en unos antiguos grandes almacenes de la ciudad alemana de Görlitz, abiertos en 1913 y cerrados en 2009. Pero el viajero sí puede descubrir su inspiración en hoteles como el Atlantic de Hamburgo; el Imperial de Viena y el Bristol Palace, con su misma fachada rosa, en la localidad de Karlovy Vary (República Checa). Para su filme más taquillero, la rocambolesca historia de un conserje que hereda la fortuna de una anciana asesinada, el equipo se hospedó en el céntrico Börse de Görlitz. Si busca los deliciosos dulces de Mendl’s tendrá que visitar la confitería Molkerei Pfunds, en Dresde.


Marionetas en el Reino Unido y Japón

Para la adaptación del libro de Roald Dahl Fantástico Sr. Fox (2009), Anderson vivió dos meses en Great Missenden, el pintoresco pueblo del escritor en Buckinghamshire (Inglaterra), con acceso a su casa, Gipsy House, y a su despacho con puerta amarilla (recreado en miniatura en el filme de animación). Isla de perros (2018), su homenaje al país que había visitado hacía 13 años, toma prestado el nombre de un área cerca de Stratford, un laberinto de antiguos muelles convertidos en zona residencial sobre el río Támesis. El guiño: la mansión de ladrillo se basa en el hotel Imperial de Tokio, obra de Frank Lloyd Wright.


Última parada: Francia

Anderson no tardó en comprarse una casa en el barrio de Montparnasse de París. Había rodado en Francia el corto Hotel Chevalier (2007), el encuentro erótico de una pareja (en el hotel parisiense Raphaël). También un anuncio para un banco en el que Brad Pitt emulaba a Jacques Tati y, en 2013, con Léa Seydoux para Prada, en un café muy chic. Su última película, aún sin fecha de estreno, es La crónica francesa, sobre una revista de columnas de viajes (homenaje a The New Yorker), ambientada en la ficticia Ennui-sur-Blasé. En realidad, es la francesa Angulema, una ciudad en la cima de una montaña, con espacios verdes y un encantador casco antiguo. Anderson, que se alojó en el céntrico hotel Le Saint Gelais, le añadió fachadas, placas y siluetas de torres góticas. Porque en todos sus viajes no puede faltar su toque personal.


DOS PISTAS PARA SABER MÁS DEL REALIZADOR

El Gran Hotel Wes Anderson (Lunwerg, 2018). Un delicado homenaje ilustrado sobre el universo creativo del director de la artista gallega Nuria Díaz.

Accidentally Wes Anderson. La catedral de Alejandro Nevski de Tallin, el palacio de la bahía de Marraquech y así hasta más de 1.400 fotos. La cuenta de Instagram de Wally Koval, con 1,4 millones de seguidores, reúne estampas que recuerdan el cine andersiano.


El Pais. El viajero Nº 1.168, sábado 20 de marzo de 2021