sábado, 13 de abril de 2019

Astérix y Obélix se enfrentarán a toda una crisis de adolescente

La salida del álbum ‘La hija de Vercingétorix’ coincidirá con el 60º aniversario de la creación de la irreductible pareja gala

SILVIA AYUSO

París 11 ABR 2019

Portada en francés del próximo cómic de Astérix y Obélix. HANDOUT DIDIER CONRAD AFP

Puede que sea alguno de los ingredientes de esa ultrasecreta poción del druida Panoramix, o quizás la dieta rica en carne roja de jabalí, pero nadie diría que Astérix y Obélix se acercan ya a la edad de jubilación. La pareja de galos más famosa del Imperio Romano se apresta a celebrar sus 60 años tan lozanos como siempre y con una nueva aventura bajo el brazo, La hija de Vercingétorix, tal como han festejado todos sus aniversarios desde que nacieran en octubre de 1959 de los pinceles y diálogos de otra pareja mítica: René Goscinny y Albert Uderzo.

La nueva entrega llegará de la mano del dibujante Didier Conrad, que en 2011 asumió junto con el guionista Jean-Yves Ferri el reto de retomar el cómic francés más internacional. Ellos les siguen dibujando con la edad en la que llevan más de medio siglo congelados. “No pueden tener más de 30 años; al fin y al cabo son jóvenes guerreros. Y solteros además. También a mí me gustaría tener siempre 27 años”, dijo ayer por videconferencia desde Texas, donde ultima el álbum que saldrá el 24 de octubre.

Pero, ¿saldrán impunes —y sin arrugas— también de esta nueva aventura? Porque el problema con el que tienen que lidiar esta vez Astérix y Obélix no son los romanos a los que tan habituados están. Su nuevo reto es de corta estatura y apenas ha llegado a la adolescencia, pero por eso mismo promete darle más de un dolor de cabeza a toda la aldea en la que ha recalado la hija de Vercingétorix, protagonista invitada del 38º álbum de la saga.

La joven misteriosa, hija del mítico líder galo de la tribu de los arvernos que unió a la mayoría de los clanes galos para enfrentarse a Julio César, llega a la aldea de Armórica acompañada de dos lugartenientes de su padre. ¿Qué buscan? ¿Qué implica esta inesperada visita? Para saberlo, habrá que esperar todavía unos meses, puesto que los detalles de las historias de Astérix y sus amigos se guardan con más celo que la receta mágica de Panoramix.

No obstante, ayer en la presentación en el Parque Astérix de París, que también cumple 30 años, se adelantaron algunas pistas. Como que los tiempos de Julio César siguen sirviendo para hacer guiños a la actualidad. “Está bien tener un fondo histórico con el que luego jugamos. Ahora nos da ocasión de hablar de un tema no abordado demasiado hasta la fecha en Astérix: la cuestión femenina, y también la adolescencia”, señaló Ferri.

El problema, acotó Conrad, es que hacer cambios en un cómic tan establecido como este es casi imposible, pero los pocos personajes femeninos que tiene “corresponden a una visión estereotipada de la mujer de los años cincuenta”. Solución: introducir un personaje nuevo, la hija de Vercingétorix. Para Ferry y Conrad, este será el cuarto álbum con los personajes creados por Uderzo y Goscinny en 1959 y que, desde entonces, han vendido 380 millones de álbumes en 111 idiomas. Aunque el éxito sigue, Conrad no se ve haciendo muchos números más. Al fin y al cabo, él también está a punto de cumplir 60 años. Y, al contrario que sus personajes, siente que envejece.

El Pais


El cómic para aprender historia que triunfa y ninguna editorial quiso antes

Pedro Cifuentes agotó los 1.500 ejemplares que se autopublicó y ahora Desperta Ferro lo reedita ante la gran demanda como tebeo y material didáctico sobre arte






FERRAN BONO
Valencia 7 ABR 2019

A Pedro Cifuentes siempre le gustaron los cómics. Cuando se dedicaba al diseño gráfico no se alejaba mucho de la materia y, hace 10 años, tras aprobar las oposiciones como profesor de Secundaria empezó a pensar en cómo utilizar el cómic como herramienta para facilitar el aprendizaje. Concibió el proyecto de utilizar todo el potencial de las viñetas como herramienta educativa en la enseñanza de la historia del arte. El autor promovió su idea en el ámbito editorial, pero la respuesta que obtenía de los sellos más especializados en educación no era muy alentadora: “Demasiado cómic”, le decían. Y las editoriales del género la consideraban “demasiado didáctica”.

De modo que este profesor de Ciencias Sociales del centro Miquel Peris i Segarra de Castellón decidió apostar por la autoedición con la ayuda del micromecenazgo. “Pedía unos 4.000 euros en 40 días en Verkami para garantizar costes de impresión de tirada y en 48 horas se triplicó la cifra. La edición reducida de 250 ejemplares para profesores que había pensado se transformó en una de 1.500 ejemplares que hoy está completamente agotada".

El primer volumen de Historia del arte en cómic. El mundo clásico, dedicado a Roma y Grecia, salió en mayo del pasado año y fue un éxito inmediato e inesperado. Su difusión por las redes sociales fue clave también. “Me han pedido el libro desde países como Argentina o Chile”, comenta este profesor de Burriana de 43 años, Premio Nacional de Educación para el Desarrollo 2010 y autor de webcómics Masquemascotas y En clase no se dibuja.

Tuvo tanto éxito que llamó la atención de la editorial Desperta Ferro. Este sello especializado en temas de historia volverá a editar el primer volumen de la obra de Cifuentes, que consta de un centenar de páginas, el próximo mes de mayo y le ha encargado cinco más para completar la historia del arte hasta la actualidad. El cómic está protagonizado por un profesor que imparte clase a cinco o seis alumnos que recorren el arte antiguo gracias a la magia de las viñetas. Pasan de una a otra, de las ruinas al esplendor de un antiguo coliseo romano, por ejemplo. El tebeo y el material didáctico están pensados fundamentalmente para alumnos de Primero y Segundo de ESO, de 11 a 13 años.




Valorar el patrimonio
“El tebeo te permite fabular mucho con la imaginación y además te facilita la enseñanza de arte en Secundaria. Por cierto, no es de recibo que, en todo el currículo, la asignatura de arte solo esté presente en segundo de Bachillerato. En Sociales, vemos cómo a los chavales les cuesta entrar en el arte, pero el cómic lo facilita todo. Les sirve para valorar el patrimonio y aprender al tiempo que disfrutan”, señala el profesor, autor tanto de los dibujos como del guion.

La idea de la aplicación práctica del cómic a la enseñanza se le ocurrió mientras estaba preparándose las oposiciones. “Me di cuenta de que no tenía una pizarra sino unas viñetas cuando estudiaba las unidades didácticas. De modo que se puede decir que llevo cristalizando el proyecto desde hace 10 años”, explica. Su proyecto también se estudia en la Cátedra dedicada al cómic que, dirigida por el crítico Álvaro Pons, acaba de poner en marcha la Universitat de València en colaboración con la Fundación SM.

El autor hace una vehemente defensa del cómic como instrumento educativo: “Yo lo escribo todo con cómics. Los alumnos exponen sus temas mediante dibujos y cómics y deben defenderlos también oralmente, por lo que se trabaja mucho la oralidad y la creatividad. Ellos mismo han de desarrollar sus historietas, con un trabajo interactivo. Muestran mucho interés por todo lo que tiene que ver con la imagen. Hay que recordar que el 80% de los estímulos que recibe un alumno es visual. Es curioso, a la generación que más escribe y lee todo el santo día con el WhatsApp le cuesta mucho entrar en una novela e incluso también en el cómic, muchas veces hasta que lo descubren”.

Su enseñanza se ha centrado sobre todo en 1º de ESO, circunscrita al ámbito de Sociales, a Historia del Arte, concretamente, aunque también la ha empleado en Geografía. “Pero si las cosas funcionan bien, el futuro es abrir esta dinámica a otras asignaturas. El lenguaje del cómic y su creatividad facilitan la enseñanza y aumentan el interés del alumno”, sostiene Cifuentes.


El Pais

Un título imprescindible


JAVIER FERNÁNDEZ
11 Abril, 2019


'Blueberry. Integral 7' Jean-Michel Charlier, Jean Giraud. Norma Editorial. 168 páginas. 30 euros.

El séptimo integral (de los nueve que compondrán la colección) de esa maravilla llamada Blueberry contiene los álbumes La tribu fantasma, La última carta y El final del camino, aparecidos por primera vez en 1981, 1983 y 1986, respectivamente. Son tres de los últimos cuatro episodios escritos por Jean-Michel Charlier, dibujados por un Jean Giraud que tiene cada vez más de Moebius. Se trata sencillamente del mejor western de la historia del cómic, o, si lo prefieren, de uno de los mejores cómics de la historia, sin géneros que valgan. O sea, uno de esos títulos que no debería faltar en ninguna casa. La presente edición, por si alguien no lo sabe, recupera las historias en orden cronológico y las presenta con los colores originales, acompañadas de un maravilloso material documental que incluye textos de análisis, dibujos promocionales y hasta inéditos.


Malaga Hoy

Obra maestra 'independiente'

JAVIER FERNÁNDEZ
11 Abril, 2019




'AIDP Integral, Vol. 3'. Mike Mignola, John Arcudi, Guy Davis. Norma Editorial. 448 páginas. 29,95 euros.

La editorial estadounidense Dark Horse lanzó B.P.R.D (conocida en español como AIDP) en 2002, pero el spin off de Hellboy tardaría un poco en levantar el vuelo. Fue en 2004, cuando el creador del asunto, Mike Mignola, decidió aliarse con el dibujante Guy Davis e iniciar un largo relato que se extendería durante años. Al dúo creativo se unió enseguida el guionista John Arcudi, y los tres acabaron firmando uno de los títulos más potentes del panorama independiente. Norma Editorial ha recopilado esta delicia en preciosos integrales, como este tercero, realizado enteramente por Mignola, Arcudi y Davis, que contiene los títulos: La máquina universal, El jardín de las almas y Zona de caza, una auténtica maravilla de principio a fin.



Malaga Hoy


viernes, 12 de abril de 2019

Después del apocalipsis

JAVIER FERNÁNDEZ
10 Abril, 2019



'The Umbrella Academy: Dallas'. Gerard Way, Gabriel Ba. Norma Editorial. 216 páginas. 24 euros.

Con el ruido generado por la serie de Netflix, llega a librerías la edición en tapa dura del segundo arco argumental de The Umbrella Academy, esa virguería firmada por Gerard Way y Gabriel Bá, editada originalmente por Dark Horse y servida en nuestro idioma por Norma Editorial. Elegante y original, entretenida como pocas cosas que hayan surgido dentro del género de superhéroes en los últimos años (y es que se trata de un tebeo de superhéroes muy sui géneris), la primera entrega se tituló Suite apocalíptica y se alzó con una ristra de premios: Eisner 2008 a la Mejor serie limitada, Harvey 2008 a la Mejor serie nueva, Scream al Mejor artista de cómic, Book Expo América 2009 a la Mejor novela gráfica para bibliotecas y adolescentes, al tiempo que era catalogada como una de las Mejores Novelas Gráficas de 2008 por Library Journal, nombrada como una de las Mejores Novela Gráficas para jóvenes por YALSA (Young Adult Library Service Association) y como uno de los 100 mejores cómics de 2008 por el sitio web Comic Book Resources. Y lo curioso es que esta segunda entrega, que tiene el asesinato de JFK como motivo, es todavía mejor que la primera. Way y Bá tienen una sintonía total, como salta a la vista página tras página. Como escribe Neil Gaiman en su introducción: "Esos cómics que, simplemente, me hacen feliz, son pocos y escasos y tenéis en vuestras manos uno de ellos. (...) The Umbrella Academy tiene la virtud de ser único. Es divertido, inteligente, a menudo emocionante, a veces estúpido, de una forma agradable y sensible".

Dallas recopila los números 1 a 6 de la miniserie homónima publicada entre 2008 y 2009, junto con la historia Anywhere but Here, que vio la luz en MySpace Dark Horse Presents nº 12, y un montón (pero un montón, de verdad) de extras: bocetos, notas, ilustraciones promocionales, portadas... En cuanto al argumento, resumirlo no le haría demasiada justicia, pues en las aventuras de esos chicos súper poderosos importa tanto el qué como el cómo. Y el cómo es delirante, sofisticado y realmente adictivo.


Malaga Hoy


Franquin desatado

Gastón Elgafe es uno de los personajes más emblemáticos del tebeo francobelga y el vehículo ideal para la expresión humorística de su autor


JAVIER FERNÁNDEZ
10 Abril, 2019



'Gastón Elgafe. Integral 3'. André Franquin. Norma Editorial. 192 páginas. 27 euros.


Pasan los años, pero hay cosas que, por fortuna, no cambian. Una de ellas es el cuidado que le pone siempre Norma a sus productos. En esta época de saturación de cómics en el escaparate de novedades, se echa uno de todo a la cara: formatos ridículamente pequeños (o ridículamente grandes), hechuras de risa, reproducciones dudosas, traducciones y rotulaciones infames. Y aquí está esta editorial decana que ya no tiene nada que demostrar y que sigue ofreciendo una selección impecable, servida con el mimo de otro tiempo. Véanse, si no, los integrales de Gastón Elgafe, editados en un formato idóneo para el disfrute de los sentidos, de encuadernación rotunda, excelente papel, páginas nítidas y un excelente trabajo en la escritura (de hecho, nada más compararlos con el nuevo integral que tengo sobre la mesa, el tercero de los cinco previstos, acabo de regalar mis viejos álbumes de la serie, incapaz de volver a mirarlos).

He aquí otra cosa que no cambia, o, si acaso, que mejora con el tiempo: las páginas de André Franquin. Observando atentamente, deleitándome en las viñetas, me doy cuenta de que se aplican hoy demasiado alegremente los calificativos de genio o maestro, y es que Franquin es ambas cosas, y deja a la mayoría a la altura de meros aprendices. Creado en 1957 para la revista Spirou, Gastón Elgafe es uno de los personajes más emblemáticos del tebeo francobelga y el vehículo ideal para la expresión humorística del mítico dibujante de Ideas negras y Spirou. En palabras de Alfons Moliné, en la corta, pero muy sustanciosa, introducción que completa la presente edición, Gastón llegó a ser "un otro yo del propio Franquin, que refleja en su creación sus ilusiones, sus inquietudes y hasta sus frustraciones".


El nuevo integral contiene los volúmenes 9 a 12 de la serie, Un gaffeur sachant gaffer, Lagaffe nous gâte, Le repos du gaffeur, Le cas Laggaffe, correspondientes a lo que Moliné denomina "la edad del oro del gafe", esto es, los años 1968 a 1972. Dice Moliné: "este tercer tomo abarca el periodo de mayor esplendor de nuestro personaje, tanto a nivel gráfico como narrativo. Franquin, ya liberado totalmente de la responsabilidad de realizar Spirou y Fantasio, y sin ninguna colaboración de asistentes (dejando aparte algunas ideas de gags aportadas esporádicamente por sus compañeros de profesión), dispone ahora de todo el tiempo y la libertad creadora necesarias para dar lo mejor de sí mismo en las hazañas de Gastón, mostrándose como un autor cada vez más exigente consigo mismo, y al mismo tiempo espera que el propio lector, por su parte, se vuelva más exigente como lector y haga un esfuerzo por saber apreciar el alto nivel estético del producto que el autor le ofrece".

Espero que los integrales de Gastón Elgafe no vayan a parar solo a manos de nostálgicos, pues son una verdadera obra maestra que merecen ser disfrutados por cualquier lector al que realmente le interese el arte de la historieta. Créanme que me faltan adjetivos para recomendarlo. Por lo pronto les dejo estos dos: magistral, genial.


Malaga Hoy


jueves, 11 de abril de 2019

EL CÓMIC, LA HISTORIA DE UNA REINVENCIÓN PERMANENTE

EL CÓMIC, LA HISTORIA DE UNA REINVENCIÓN PERMANENTE


Román Gubern


Francis Lacassin definió al cómic como el “noveno arte”, ubicado en el ecosistema mediático como
un producto derivado del libro ilustrado y de la litografía alumbrada a principios del siglo XIX, pero
a la vez precursor del cine que nace en 1985, en su condición de relato mediante imágenes
consecutivas, que hacen progresar la narración. Este nuevo arte requería de sus autores dos
habilidades muy distintas, la del dibujante y la del narrador, por lo que a veces su autoría se
desdobló en dos profesionales distintos, el guionista y el dibujante o ilustrador. Esta colaboración
era muy congruente con el estatuto de las nuevas industrias culturales, que recuperaban del
Renacimiento el concepto de “talleres colectivos”, por oposición al artista exasperadamente
individualista del Romanticismo. Pero en el siglo romántico proliferaron también los talleres, como el
equipo de “negros” que ayudaban a Dumas a escribir sus novelas.
Se cuenta que un día falleció el “negro” más imaginativo y apreciado del novelista, por lo que éste se
quedó desolado. Pero entonces se le acercó otro negro y le susurró al oído: “No se preocupe,
señor Dumas, que yo conozco al negro del negro que acaba de morir”. Esta tradición colectivista
ha llegado hasta los guionistas del mejor cine italiano de postguerra y, por supuesto, hasta los equipos
que escriben los guiones de nuestras prolongadas telenovelas.

Se ha tratado de identificar la sustancia estética de los cómics con muchas fórmulas, tales como la
literatura dibujada y figuración narrativa (una fórmula, nacida en los años sesenta que me parece
bastante satisfactoria). En realidad se trata de un medio bastante complejo, caracterizado por su gran
heterogeneidad semiótica. Es, esencialmente, un medio escripto-icónico, pero en su escritura entran
modalidades tan singulares como las vistosas onomatopeyas, a veces dibujadas con gruesas letras,
que acabarían por inspirar a algunos pintores del pop-art. Y no hablemos de otras convenciones
iconográficas, como los sensogramas, para expresar sentimientos o estados emocionales (el corazón,
el tronco y el serrucho o la bombilla encendida sobre la cabeza de un personaje).
Y si interesante es el estudio de la semiótica del cómic, no menos interesante es su análisis
sociológico, porque los cómics, como todos los medios de la cultura de masas, o bien reflejan la
realidad social (aunque sea de un modo oblicuo o distorsionado), o bien reflejan su imaginario
(sus aspiraciones y frustraciones).     
Sabemos que en Estados Unidos cumplieron la importante función de contribuir a la aculturación
de los inmigrantes que sabían poco inglés, por lo que no leían libros, pero veían películas y miraban
los cómics. Sabemos, además, que existió un importante fenómeno osmótico entre los temas y las
convenciones de los cómics y del cine primitivo, que pronto asistieron al trasvase de personajes de
uno a otro medio. Y hasta en algunas películas de aquella época se utilizaron globos dibujados para
expresar locuciones de los personajes animados. Pronto se asistió a una diversificación de géneros,
a partir de las iniciales kid strips (tiras protagonizadas por personajes infantiles, generalmente
revoltosos e indisciplinados). En los años veinte se asistió a la eclosión de las girl strips, debida a la
conciencia de un mercado femenino sustantivo y también a la existencia de un plantel de mujeres
guionistas y dibujantes en la industria. Y, como consecuencia lógica, aparecieron luego las family strips,
con mucha frecuencia de corte satírico. Por esta época era una mujer, June Mathis, la jefa del
departamento de guionistas de la Metro-Goldwyn-Mayer.

Coincidiendo con la emergencia del cine sonoro aparecieron los cómics de aventuras, que se
continuaban en ejemplares sucesivos, como las novelas por entregas, capitaneados por el
Tarzán (1929), de Harold Foster. La Universal compró los derechos de muchos héroes dibujados y
los lanzó en los años treinta en el formato de serial de serie B, con pocos medios y rodajes
apresurados, lo que no robó un ápice a su popularidad. De hecho, los años treinta, los años de la
Gran Depresión, con su necesidad de evasión y de ensueños colectivos, constituyó una verdadera
Edad de Oro para el cine, la radio y los cómics.

Durante la II Guerra Mundial se asistió a una verdadera militarización de los héroes dibujados, como
Flash Gordon, Superman o Capitán América, nacido en 1941 con la función específica de hacer frente
a los alemanes y japoneses, en una función que renacería, aunque algo más atenuada, durante la
guerra de Corea.

Dicho esto, que pertenece a la intrahistoria del medio, es menester añadir que se fue perfilando
lentamente una dicotomía en la industria, que distinguía al cómic comercial del cómic autoral.
Distinción peligrosa, pues todos los cómics aspiraban a venderse bien (por lo tanto, aspiraban a la
comercialidad) y un cómic tan experimental y vanguardista como Little Nemo, de McCay, fue muy
apreciado por el gran público. Pero digamos que estas tendencias ya se esbozaron tímidamente en
la edad de la inocencia de este medio. Pero este asunto ha de ser tratado siempre con cautela y yo
recuerdo, cuando trabajé en editorial Bruguera en los años sesenta, que el despotismo de Rafael
González, el autoritario jefe de su sección de cómics, no puedo impedir que algunos dibujantes
(Cifré, Escobar) hiciesen una obra muy personal, en el marco estricto de sus órdenes, y que ha sido
justamente revalorizada. Al fin y al cabo, gran parte de la mejor historia del arte ha surgido de
encargos.

El objetivo comercial de este medio, como el de los demás, es el de fidelizar a una audiencia,
proponiéndole, en cada entrega, lo mismo pero cada vez distinto. Es decir, buscando su complicidad
con lo ya conocido y apreciado, pero formulado de modo nuevo para suscitar su interés y sorpresa.
En esta delicada operación hay que ser consciente de que, según diversos estudios, el mercado de
cómics tiende a renovarse cada cinco años, por lo que su público es esencialmente transitorio. En el
caso del cómic de autor, al crecimiento vertical (cualitativo) debe seguir un crecimiento horizontal
(cuantitativo, del mercado).

En los años sesenta tuvo lugar la revolución europea del cómic adulto, en parte como desquite
contra el estatuto infantil en que este medio había estado sometido desde sus orígenes. Desde
Milán, sede de la revista Linus, y desde París, gracias a la editorial Le Terrain Vague, aparecieron
obras de ruptura estética, y de gran desinhibición erótica como Valentina de Guido Crepax
(que intentó importar las lecciones del montaje soviético al papel), Barbarella, Jodelle, Pravda,
Saga de Xam, etc. En la España sometida a las coerciones del franquismo, la ciencia ficción se
convirtió en una buena plataforma para experimentar nuevas formas, como se demostró con
Carlos Giménez (Dani Futuro), Esteban Maroto y Enric Sió.

De este modo, a lo largo de dos décadas, se fue formalizando un nuevo mapa del medio, que
segmentó o diversificó sus propuestas, en el seno de tres grandes provincias editoriales: el cómic
comercial (para públicos indiferenciados); el cómic de vanguardia o experimental para público
adulto; y el cómic alternativo o contracultural, que cultivó la irreverencia social, la pornografía,
la escatología y el feísmo, aunque tenía antecedentes tan lejanos como los anarquizantes
Les Pieds Nickelés (1908), que eran desaconsejados en las puertas de las iglesias francesas,
si bien su formulación moderna procedió de los comix contraculturales norteamericanos, con
el Gato Fritz, de Robert Crumb, a la cabeza. Esta clasificación no agota obviamente todas las
opciones, pues habría que referirse todavía al “cómic de protesta”, con una dimensión política más o
menos explícita, como la Mafalda de Quino, tan distinta al contemporáneo universo de Peanuts, de
Schulz. También como derivación del cómic de vanguardia o experimental se desarrollaron algunas
tendencias brillantes de la “fantasía heroica” o la “espada y brujería” (Moebius, Richard Corben).

En España, como es notorio, la feliz muerte del general Franco abrió desde 1976 una nueva etapa en
la cultura de masas. La “movida” madrileña fue una centrifugadora bulliciosa y gozosa de la que
emanaron revistas como La Luna y Madriz, tanto como el filón almodovariano, que fue un poliedro
hecho de imágenes, músicas y films. En Barcelona, El Víbora se apuntó al sexo, la droga y el rock
and roll, mientras la sátira política bullía en El jueves y El Papus y la bienpensante línea clara
encontraba su nicho estético en El Cairo. Por estos años, el talento de Carlos Giménez pudo
emerger con su ajuste de cuentas político en Paracuellos.

Lo más novedoso en los últimos años ha sido la emergencia de la “cultura del manga”, fruto del
sinergismo entre la televisión, el vídeo, el cómic de papel y los videojuegos, que introdujeron una
nueva interactividad y una nueva escala de ingresos, gracias a la nueva “generación Nintendo”.
Con ello desembocamos en la imagen digital, instrumento omnipotente pero que, comparada con
la vieja artesanía, ha de considerarse como un dibujo todavía muy caro. Pero la hegemonía en
nuestro ecosistema de la pantalla doméstica sobre la cultura del papel (televisión, vídeo, videojuegos,
Internet) marca una nueva frontera, poblada por populares ciberestrellas, como Lara Croft o Aki Ross.
En Final Fantasy se nos ha propuesto que algún día podremos grabar nuestros sueños sobre un
soporte audiovisual. El día que esto llegue, si llega, todos los estudios de producción de imágenes,
fijas o móviles, tendrán que cerrar definitivamente sus puertas.

Extraído del libro "Las dimensiones social y política del cómic" (2006) Coordinadores: Ana Jorge Alonso, Rocío de la Maya Retamar y Alfonso Cortés González. Servicio de Publicaciones Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga (CEDMA)              

martes, 9 de abril de 2019

Estados digitales

JAVIER FERNÁNDEZ
03 Abril, 2019


'El futuro es brillante'. Elisa Riera. Astiberri. 128 páginas. 15 euros.

Hace ya dos décadas que Scott McCloud enunció su hipótesis del "lienzo infinito" para describir las posibilidades que el entonces naciente campo del internet podía darle a la creación de historietas. Todo este tiempo ha pasado y cada vez hay más y más webcomics en el panorama, aunque difícilmente se puede hablar de obras maestras. Con todo, la red es un vivero de experimentos, y no dudo que, antes o después, engendrará su Maus o su Watchmen. Recientemente, Astiberri ha publicado dos interesantes tebeos que tienen origen digital y que dan noticia de la diversidad de géneros que cohabitan en los servidores. Una de ellas es El futuro es brillante, de Elisa Riera. La catalana debuta en la novela gráfica con esta edición ampliada de la primera historia que publicó en Instagram, recuento en primera persona y a tiempo real de las desventuras sentimentales de la propia artista, que trata de superar una ruptura creándose un perfil en una red social y acaba metiéndose de lleno en una relación tóxica. El estilo naif de Riera potencia el tono cómico de una historia que, por otro lado, encapsula la neurosis, la fragilidad, la soledad y las contradicciones del amor en tiempos del Tinder.



Blackhand Ironhead, por otro lado, recopila la serie online de superhéroes que el artista David López inició en 2017 en la web www.panelsyndicate.com. Conocido por su trabajo en títulos como Catwoman, Ángel Caído, Patrulla-X, Spiderman, Lobezna o Capitana Marvel, López escribe y dibuja esta frenética historia de dos jóvenes, Alexia y Amy (hija, la primera, del superhéroe Iron Head, y, la segunda, de Mano Negra), a las que une un pasado común que desconocen y al que deberán enfrentarse irremediablemente. Dice López que siente atracción por la falibilidad del ser humano: "Lo que me gusta mucho de los mitos griegos y romanos es el hecho de que los héroes y los dioses tienen los mismos defectos que todos nosotros", y es ese uno de los motivos más llamativos de este peculiar cómic de género.


Malaga Hoy


Cuestión de género

La representación de la diversidad sexual se ha convertido en uno de los temas más jugosos del cómic en sus últimas décadas



JAVIER FERNÁNDEZ
03 Abril, 2019


'La mentira y cómo la contamos'. Tommi Parrish. Astiberri. 128 páginas. 20 euros.


La representación de la diversidad sexual se ha convertido en uno de los temas más jugosos del cómic en sus últimas décadas, tanto en su vertiente más comercial como en esa otra, digamos, de autor. Por poner algún ejemplo de lo primero, y después de décadas de ocultación de las distintas singularidades de género (combatida en la medida de lo posible por autores como Neil Gaiman, Peter Milligan o Gail Simone), DC dio un paso adelante otorgando temporalmente la cabecera Detective Comics (cuna de Batman) a la lesbiana Batwoman, cuyo espléndido serial, firmado por Greg Rucka y J. H. Williams III, fue complementado por otro protagonizado por la también lesbiana Renée Montoya, nueva versión del mítico The Question creado por Steve Ditko en la década de los sesenta. A partir de aquí, no son pocos los superhéroes que han salido del armario, aunque no puede hablarse aún de normalidad, esto es, de una representación equitativa de la realidad en estos maniqueos mundos de ficción.

Lejos de las esferas comerciales, la cosa es bien distinta, pues rara es la orientación sexual que no dispone de alguna representación en el underground, en el cómic independiente o en la novela gráfica (entendida aquí no como sinónimo del medio, sino como una etiqueta del tebeo de autor). Por si les interesa el tema, quiero recomendarles dos novedades de Astiberri, que lidian con estas cuestiones. El primero es La mentira y cómo la contamos, un álbum del australiano afincado en Canadá Tommi Parrish, con el que logró nada menos que cuatro nominaciones a los premios Ignatz 2018. El reencuentro entre una cajera de un supermercado y un viejo amigo permite a Parrish indagar en la condición de sexual de sus personajes, que no son lo que aparentan ser. Contradicciones, cicatrices emocionales, la angustia de tener que mostrarse ante los demás y el miedo a ser juzgado por ello componen un tebeo intimista y valiente en el aspecto gráfico. Parrish construye su relato con viñetas de aire pictórico, contrastadas con otras de límpido blanco y negro (una ficción dentro de la ficción), en un juego sofisticado y sugerente. En palabras de Simon Hanselmann: "La mentira y cómo la contamos es algo vivo y que respira, y es todo lo que deseo encontrar en una obra de arte. Tommi Parrish abarca todos los registros".




Por su parte, Llamadme Nathan, de la guionista Catherine Castro y el dibujante Quentin Zuttion, ambos franceses, es menos ambiciosa en lo formal, pero igualmente interesante en lo que narra. De fluida narración y bello coloreado, se trata de la historia de Lila, una chica que se sabe chico y que lucha por aceptarse a sí mismo y ser aceptado por los demás, esto es, y usando las palabras de Didier Pasmonik en Actua BD: "el calvario de Nathan [el nombre masculino que se aplica Lila] para ser él mismo, a pesar de la hostilidad de su entorno social hacia las personas transgénero". Un testimonio valioso sobre la identidad que nos invita a mirar alrededor, ponernos en la piel del otro y dejar atrás nuestros prejuicios.


Malaga Hoy

Modelo de conducta


JAVIER FERNÁNDEZ
03 Abril, 2019


'Guía del mal padre'. Guy Delisle. Astiberri. 192 páginas. 12 euros.

Cuatro volúmenes lleva ya la Guía del mal padre del canadiense Guy Delisle, cuatro divertidos tomos de pequeño formato que demuestran que el mero hecho de ser padre no convierte a nadie en modelo de conducta, ni en un ser responsable. Delisle ha demostrado de sobra su ambición en el medio con títulos tan laureados como Pyongyang, Crónicas birmanas o Crónicas de Jerusalén (premio a la mejor obra en el Salón Internacional del Cómic de Angoulême 2012), especie de reportajes literarios sobre viajes a zonas singulares y conflictivas. Aquí se entretiene con un desenfadado ejercicio de estilo, a base de historietas cortas, de muy pocas viñetas por página, en el que demuestra su capacidad para la síntesis gráfica y narrativa, apoyándose en una mayor simplificación de su línea. En pocas palabras, se nota que el dibujante se lo está pasando bien con la serie.


Malaga Hoy


La carrera espacial


La tira de prensa 'Sky Masters of the Space Force' (1958), de Dave Wood y Jack Kirby, narra las aventuras de un astronauta norteamericano en la carrera espacial contra la URSS


GERARDO MACÍAS
03 Abril, 2019



'Sky Masters of The Space Force. Las planchas dominicales a color 1959-1960'. Guion: Dave Wood. Dibujos: Jack Kirby y Wally Wood. Ferrán Delgado, 2017.

La tira de prensa Sky Masters of the Space Force fue creada por Jack Kirby y los hermanos Dick y Dave Wood; y entintada por Wally Wood (sin relación familiar con los anteriores). Se trata de una tira diaria publicada entre el 8 de septiembre de 1958 y el 25 de febrero de 1961 a la que acompaña una tira dominical a color con argumentos independientes que se publicó desde el 8 de febrero de 1959 al 14 de febrero de 1960, poco antes de que Kirby abandonase lo que entonces era National (la futura DC Comics) para recalar en Marvel y crear Los 4 Fantásticos.

Jack Kirby es conocido como el creador gráfico de X-Men, Los Cuatro Fantásticos o Los Vengadores, pero a lo largo de su dilatada carrera trabajó en muchos otros proyectos.

Sky Masters of the Space Force no tiene que ver con lo que poco después ofrecerá Kirby en Marvel y DC: que nadie espere rayos cósmicos que alteran el ADN, ni un surfista plateado que sirve de avanzadilla a un devorador de mundos, ni Nuevos Dioses. Lejos también de la space opera tan bien representada por Flash Gordon, la obra pretende un desarrollo realista y para ello presenta al comandante Sky Masters, astronauta que vive los inicios de la carrera espacial de los Estados Unidos de América en los años sesenta, con una ambientación real en cuanto a la forma de las astronaves, las estaciones espaciales y los trajes usados por los astronautas, aunque muy fantasiosa en cuanto a la velocidad con la que se preparan los lanzamientos. Son historias que combinan la dosis justa de aventura y datos científicos. La obra se produjo en plena Guerra Fría, cuando la rivalidad en ese campo entre los USA y la URSS era frenética.

En 2008, la desaparecida editorial Glénat presentó al lector español Sky Masters of the Space Force, una de las obras más desconocidas de Jack Kirby. El cierre de la editorial dejó inédito un tercer volumen donde se iban a publicar las planchas dominicales de la serie. En 2017, nueve años después, salió al mercado el esperado tercer volumen, editado por Ferrán Delgado, quien se había encargado de restaurar las tiras diarias para Glénat.

Ferrán Delgado continúa la edición que comenzó con Glénat, publicando en primicia mundial todas las planchas dominicales a color, remasterizadas con un nivel de calidad raramente visto en el panorama del cómic español.

Sky Masters of the Space Force. Las planchas dominicales a color (1959-1960) es un testimonio gráfico para entender, no solamente el arte de Jack Kirby, sino la historia del cómic como medio artístico y de comunicación. Este libro no solamente contiene las cincuenta y cuatro planchas dominicales que completan la serie, sino que por primera vez se reeditan todas las viñetas que se usaban de comodín al adaptar el cómic a los diferentes formatos de los periódicos. Estas viñetas formaban la sección Cuadernos de notas, donde se explica, con más veracidad todavía que las tiras si cabe, los preparativos de la era espacial. Además, contiene una selección de guías de color pintadas por Kirby, originales, un artículo que nos explica como Jack Kirby se fue a Marvel a consecuencia de los sucesos que rodearon la realización de Sky Masters, notas a pie de páginas, enlaces al blog del propio Ferrán Delgado y a los de otros autores donde se desarrollan otros aspectos de la obra... En fin, complementos que hacen que el tomo se pueda releer descubriendo nuevos detalles.

La fusión entre los lápices de Jack Kirby y las tintas de Wally Wood, dio como resultado una obra de una gran calidad. Cuando Wally Wood abandona las tintas, tras la tira número 264, le sustituye Dick Ayers, quien se convertiría en uno de los entintadores favoritos de Kirby y trabajaría mucho con él en Marvel, pero, poco a poco, la serie empieza a decaer.

Ferrán Delgado (Barcelona, 1969) es técnico editorial con una dilatada carrera como rotulista y diseñador gráfico en Planeta DeAgostini. En Glénat/EDT fue coordinador y restaurador de la edición española de Sky Masters of the Space Force. En los años ochenta, fue colaborador en fanzines como El Clan y Plot y en el siglo XXI fue responsable de la revista de información Plot 2.0. Prepara una reedición de las tiras diarias de Sky Masters a mayor tamaño que Glénat.


Malaga Hoy

sábado, 30 de marzo de 2019

Destellos cotidianos

JAVIER FERNÁNDEZ
27 Marzo, 2019

'Archivos cósmicos'. Flavita Banana. Astiberri. 208 páginas. 19 euros.

Astiberri vuelve a deleitarnos con una antología de viñetas de Flavita Banana, publicadas dentro del sello ¡Caramba! y en el formato de otras obras de la artista (pasta dura, lomo redondeado, hueco en portada, tamaño casi cuadrado). Banana se autodefine como viñetista y pensadora (algo no muy diferente de lo que le escuché una vez decir de sí mismo a El Roto), y, para probarlo, aquí tienen doscientas y pico páginas de chistes dibujados con la soltura y el estilo idiosincrático de la autora de Las cosas del querer y Archivos estelares. Algunos ya habían visto la luz previamente en El País, Mongolia, BCN Més, S Moda y La Maleta de Portbou, aunque la experiencia de leer seguidos estos destellos cotidianos no tiene comparación.


Malaga Hoy


Un despliegue gráfico

JAVIER FERNÁNDEZ
27 Marzo, 2019

'Pop'. Luis Bustos. Astiberri. 72 páginas. 20 euros.

A Luis Bustos lo hemos visto en las más distintas faenas, y en todas ellas mantiene un nivel excelente. No son muchos los que pueden presumir de algo así. Quiero decir, que lo mismo le da a la novela gráfica que al cómic book que al humor, y es que el historietista de Madrid maneja con maestría distintos registros. Recuerdo ahora, por ejemplo, el magnífico álbum Versus, tan esteticista, o el no menos interesante Puertadeluz, tan eficaz, y me quedo también con la boca abierta leyendo este Pop, "un despliegue gráfico", en palabras de la propia editorial (Astiberri, claro está, y su sello ¡Caramba!), "que repasa los artistas, géneros, formatos y principales tendencias que han marcado la música pop". El libro se presenta en elegante formato cuadrado, reversible, con su cara A y su cara B, impreso mayormente en bitono. Una pasada, sentimental y divertido.


Malaga Hoy


Estado de shock

JAVIER FERNÁNDEZ
27 Marzo, 2019

'La noche polar'. Marcos Prior. Astiberri. 104 páginas. 15 euros.

La noche polar se lee como un libro de relatos, y es que Marcos Prior tiene madera de narrador mutante. De los buenos. Pero, ojo, Prior es un dibujante como la copa de un pino, y uno bien inquieto, de los que mezclan recursos e inventa soluciones en cada página, de modo que la lectura de la presente novela gráfica se convierte en una experiencia visual de primer nivel. Ocho historietas que son otros tantos personajes de características bien distintas (comenzando por el pequeño Vladimir, de ocho años, en estado de shock tras asistir al atentado sufrido por el zar Nicolás II en 1881), situados en épocas diferentes, más una conclusión que cose el conjunto y un epílogo, digamos, luminoso, conforman un cóctel de lo más sorprendente. Astiberri ha colocado en contracubierta un texto de mi buen amigo Eloy Fernández Porta, y me van a permitir que lo comparta con ustedes, porque Eloy siempre sabe bien qué decir para hacerle a uno la boca agua: "Bienvenidos al gran show conspiratorio del espionaje bizarro, el periodismo inmersivo, los terrorismos más pintorescos y el síndrome de la cabeza explosiva, la de Marcos Prior, que una vez más despliega su repertorio de disfraces creativos -el de Bill Sienkiewicz, el de Thomas Pynchon, el de Mike Ibáñez- sin dejar nunca de ser él mismo: el showman gráfico del Apocalipsis nuestro de cada día. Enjoy".

Ya puestos, les recomiendo también, y mucho, otra novedad de Astiberri: Balthus y el conde de Rola, publicada a santo de la exposición retrospectiva que, sobre el pintor francés, acoge el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. El álbum de Tyto Alba, encargado por el propio museo, usa algunos diálogos de las memorias de Balthus y da cuenta de su obsesión con la juventud, motivo central de una obra pictórica enigmática, sensual y polémica. Alba realiza un trabajo impactante, de gran belleza, especialmente en el coloreado de las páginas, y deja al lector con ganas de saber más del personaje, pero, sobre todo, de admirar otros trabajos del veterano historietista.


Malaga Hoy


viernes, 29 de marzo de 2019

Viajando por Ether

Matt Kindt y David Rubín embarcan a su protagonista en un nuevo y peligroso periplo por este fantástico mundo



JOSÉ LUIS VIDAL
27 Marzo, 2019

Si viajáis a la ciudad de los canales, Venecia, tal vez tengáis la oportunidad de conocer a un viejo vagabundo, un tipo barbudo y desaliñado al que encontraréis más de una vez royendo un trozo de pan o una porción de pizza rescatada de la basura.

Pero Boone Dias, que es su nombre, no es lo que parece. Él podría contaros docenas de historias sobre ese país al que para llegar hay que ejecutar un "salto de fe", dejando todo atrás… Para llegar a Ether, un lugar distinto, donde los colores son más llamativos y sus habitantes parecen salidos de un libro creado por un escritor con una imaginación desbordante.

Pero es real, totalmente real. Y Boone lo sabe porque ha traspasado la barrera docenas de veces para resolver misterios. Con su mente racional, ya que no cree en lo místico, ha viajado a lo largo y ancho de estas curiosas tierras, ayudando a algunos habitantes, pero también creándose peligrosos enemigos, villanos que actúan en la sombra y que desean la destrucción de esa otra gris realidad, la de la Tierra.

Para los que hayáis tenido la suerte de leer el primer volumen de esta serie publicada por Astiberri, ya sabéis quiénes son sus principales protagonistas, ya que además de Boone, vamos a conocer a Glum, el guardián de paso, un enorme simio que, sin proponérselo, se convierte en la mano derecha del investigador, una especie de Watson peludo. Pero no será el único, ya que en el país de las hadas reside una muy especial, con bastante mala baba, Violeta Campana. En este segundo volumen conoceremos, a base de flashbacks, como ella y el protagonista se conocieron, y el luctuoso suceso que tendió entre ellos un abismo.

Pero regresemos a Venecia, donde Boone pasa los días, ahogado por los errores y pérdidas que ha sufrido a consecuencia de esa otra "vida" en Ether, ya que un solo día allí son meses en nuestro mundo, por lo que su matrimonio con Hazel, su esposa, se rompió para siempre, dejando a dos hijas abandonadas por el camino.

Un suceso inexplicable, y terriblemente peligroso, acecha. Una serie de agujeros, portales, se están abriendo a lo largo y ancho del planeta, tendiendo un camino entre los dos mundos. Y lo que puede venir de Ether no lo hace precisamente en son de paz. La amenaza de los Gólems de cobre acecha a la humanidad (en el anterior tomo ya pudimos ver el caos que solo uno de ellos pudo crear).

Reclutado por la agente de una organización secreta, Boone regresará a Ether, pero esta vez la ayuda de Glum y Violeta no será suficiente, así que deberá reclutar a Grandon Cuerposado, un tipo al que le gusta el peligro y que es el único que puede localizar y anular los pasajes. Pero antes tendrán que liberarlo de la letal prisión en la que se encuentra encarcelado.

Y aquí se inicia esta extraordinaria aventura que los va a llevar a parajes lejanos y extremadamente peligroso, y en ellos conocerán a nuevos personajes, como la maga Agripa, al Narrador Supremo, Gail Animin, que en alguna ocasión les va a poner las cosas muy difíciles al cuarteto de héroes que, sumando la racionalidad de Boone, más la total y absoluta locura de Grandon, puede que logren a acabar con la letal amenaza. Pero no va a ser cosa fácil, os lo aseguro.

El guionista norteamericano Matt Kindt ha creado una fantasía en la que se mezcla un mundo habitado por personajes imposibles, pero donde el Mal está latente, y lo enfrenta a la realidad, un lugar oscuro, triste, deprimente, donde Boone se consume poco a poco, y al que está condenado a regresar cada vez que su cuerpo se desgastas, quedándose sin la energía que le proporciona la comida, alimentos que su cuerpo rechaza en Ether.

Me pregunto si llegará el día en el que varias de las mejores creaciones de Kindt, publicadas en el mercado estadounidense, llegarán a nuestro país. No comprendo por qué los lectores españoles aún no han podido disfrutar de MIND MGMT, Dept H o Grass Kings, tres maravillas, dibujadas las dos primeras por él mismo y la tercera junto a Tyler Jenkins, en las que este genial guionista nos presenta organizaciones secretas, poderes mentales, aventuras submarinas y los misteriosos asesinatos que se cometen en una curiosa localidad.

Pero volviendo a Ether, esta serie no existiría sin el mágico y potente trazo de su cocreador, el autor español David Rubín, que mes a mes deja constancia de su arte en su exitosa carrera en los USA y lo hace no solo en estas páginas, repletas de ingenio y originales diseños, sino que junto a el guionista John Arcudi, acaba de completar el segundo volumen de otra serie, Rumble (cuyo primer arco está siendo publicado también por Astiberri).

Rubín explora todas las posibilidades de la página de cómic, regalándonos un auténtico tour de force visual, una delicia para la vista, constatación y golpe en la mesa para esos agoreros que manifiestan de vez en cuando que este medio, el Cómic, está agotado.

Si os gusta la aventura, la fantasía más desbordante, éste es vuestro cómic. Eso sí, tened en cuenta una cosa. Los que se internan en Ether ya nos será los mismos a su regreso…



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Una buena cosecha

'Black Hammer', obra de Jeff Lemire y Dean Ormston, devuelve la magia y el sentido de la maravilla al género de superhéroes y se suma a otros tomos ya publicados


JAVIER FERNÁNDEZ
27 Marzo, 2019


'Black Hammer. La edad sombría. Parte I'. Jeff Lemire, Dean Ormston. Astiberri. 144 páginas. 16 euros.


Ya les he dicho otras veces lo que me gusta la selección de títulos comerciales estadounidenses del catálogo de Astiberri. Desde su inicio, la editorial vasca ha tenido buen ojo para escoger obras independientes (véanse los tomitos de Grendel o Bone), y, de las últimas series, tengo sobre la mesa tres que me tienen enganchado.

La edad sombría. Parte I es el subtítulo del nuevo volumen de Black Hammer, esa virguería de Jeff Lemire y Dean Ormston (con la inestimable aportación del colorista Dave Stewart) que devuelve la magia y el sentido de la maravilla al género de superhéroes. El presente tomito se suma a los tres que ya han visto la luz (los dos de la primera serie, más el spin-off Sherlock Frankenstein, ilustrado por David Rubín), y compila los episodios 1 a 5 de Black Hammer: Age of Doom (2018), en donde continúan las desventuras de este puñado de héroes atrapados en una misteriosas granja de la que no encuentran modo de escapar. La melancolía y un sofisticado análisis de las relaciones personales se mezclan con la reflexión sobre la propia naturaleza narrativa del género, con profusión de referencias y homenajes a motivos y personajes clásicos. Lemire es uno de los guionistas más interesantes del panorama actual, sobre todo cuando, como aquí, está en plena forma, y el estilo de Ormston es de los que atrapa desde la primera página. La serie original tiene el tono de los productos de Dark Horse, y los cómics se acompañan de un cuadernillo de bocetos y notas, para mayor disfrute.



También de Lemire, esta vez con Dustin Nguyen en el apartado gráfico, es el fenomenal serial de ciencia ficción Descender, que alcanza el desenlace con su sexta entrega, titulada Máquina de guerra. Son los números 27 a 32, publicados originalmente por Image en 2018, y obtendremos aquí las respuestas a los interrogantes planteados desde el inicio por esta space opera de robots buenos y malos y guerras estelares. Digo que es el desenlace, pero los autores ya están preparando las siguientes aventuras ambientadas en este peculiar universo creativo, por lo que tampoco tiene mucho sentido ponerse triste. En palabras de Lemire: "Vi que no hacía falta terminar Descender como lo había planeado; podíamos seguir adelante. Iríamos más allá de mi final original y llegaríamos hasta el futuro, de modo que convertiríamos la serie en un híbrido de fantasía/ciencia ficción. Esta nueva dirección nos permitiría hacer una serie que fuera completamente fresca y nuevo, pero también continuar con la saga de Descender. La historia final de Descender siempre tuvo el título previsto de Ascender, de modo que ese título encajaba perfectamente con la nueva serie, que empezará a principios de 2019".



Y para rematar, solo unas líneas para recomendarles el volumen cuatro, Cuatrorgía, de Sex Criminals, el premiado serial de Matt Fraction y Chip Zdarsky protagonizado por una pareja capaz de detener el tiempo cuando alcanza el orgasmo. Ojo, porque suceden cambios inesperados en este volumen, pero no quiero reventarles el final...


Malaga Hoy