sábado, 23 de junio de 2018

Mucho más que tablas

David Sala reinterpreta la última novela que escribió Stefan Zweig antes de suicidarse en Brasil en 1942 en el cómic 'El jugador de ajedrez'

TEREIXA CONSTENLA

18 JUN 2018


Detalle de 'El jugador de ajedrez', cómic de David Sala.

El cómic está pescando en todos los charcos. Uno de ellos, cada vez más frecuentado, es el de las adaptaciones de obras literarias. Solo en los últimos meses se han publicado, entre otras, versiones de Sostiene Pereira, El diario de Ana Frank o La ciudad de cristal. Aunque en este mercado predominan las novelas gráficas de títulos que han arrasado en las librerías (un ejemplo fue Suite francesa), de cuando en cuando algún dibujante se desmarca con una elección de riesgo, motivada más por la obsesión personal que por el cálculo comercial. Le ocurrió a Rayco Pulido, que se rebeló contra el desconocimiento de la figura de Pérez Galdós entre sus alumnos canarios y decidió aunar sus fuerzas como profesor y como dibujante para crear Nela, una sutil relectura gráfica de Marianela.

 Mucho más que tablas

Ahora se ha traducido al español El jugador de ajedrez, el álbum donde el dibujante David Sala reinterpreta la última novela que escribió Stefan Zweig antes de suicidarse en Brasil en 1942. Una traslación que también nació de una fijación del ilustrador por Novela de ajedrez, el texto donde Zweig condensó la perversión nazi de la que había huido y que ha sido llevado al cine, al teatro y a la ópera. El escepticismo ante el proyecto salta por los aires gracias a la gran carga evocadora de sus páginas, que lo mismo entroncan con una fotografía de Robert Doisneau en París que con telas diseñadas por Klimt y otros modernistas vieneses.

David Sala (Décines, Francia, 1973), curtido antes por otras adaptaciones literarias (Nicolás Eymerich, inquisidor), ha huido del facilismo de lo literal. Sin adulterar el espíritu de la novela, ha optado por crear un álbum donde todo el poder descansa sobre lo visual, con la pátina ensoñadora de las acuarelas, páginas con ventanas al estilo de Richard McGuire y una composición secuenciada sobre la locura capaz de transmitir el abismo de la sinrazón sin apenas palabras. La fuerza del dibujo traslada tanto la intensidad del duelo entre dos singulares jugadores de ajedrez como el trauma de la tortura que sufrió en el pasado uno de ellos. Los colores a veces están al servicio del mar y a veces de la claustrofobia del barco. Una versión gráfica capaz de valerse por sí misma, con valor añadido y dispuesta a emanciparse de la obra que la inspiró. Mucho más que una partida acabada en tablas.


Titulo: El jugador de ajedrez

                                        Autor: David Sala.

                                        Editorial: Astiberri (2018).

                                        Formato: tapa dura (128 páginas).


El Pais. Babelia Nº 1.386 Sabado 16 de junio 2018

Bolaño en viñetas

MATÍAS NÉSPOLO

18 JUN. 2018


El murciano Javier Fernández y la valenciana Fanny Marín adaptan a la novela gráfica la celebrada novela breve de Roberto Bolaño 'Estrella distante'.

A quince años de su muerte, aniversario que se cumplirá el mes próximo, el chileno Roberto Bolaño sigue creciendo. Siguen creciendo la leyenda del beatnik latinoamericano, la dimensión póstuma y el lugar de su obra, las ediciones en todo el mundo y el número de lectores. Pero no sólo eso, sino que también crece a la manera de un rizoma -símil que seguramente agrade a la catedrática Dunia Gras que habla de la dimensión fractal en la narrativa de Bolaño- la obra de otros autores generada por y desde la del chileno.Aún no se enfrió en los anaqueles el personalísimo homenaje gráfico a Bolaño de Aitor Saraiba y Paula Bonet Por el olvido (Lunwerg Editores) ni la lograda ópera prima del argentino Diego Gándara, Movimiento único (Seix Barral) que traza una impagable imagen del autor, cuando llega un nuevo título. Se trata de la adaptación a la novela gráfica de Estrella distante (1996) en Random Cómic. Las viñetas las firma la valenciana Fanny Marín (1983) y el guion, el murciano Javier Fernández (1984), doctorado en la UB con una tesis sobre la influencia de la narrativa norteamericana en la obra del chileno. «Empecé a leer a Roberto Bolaño con el fervor de un adolescente en 2003, cuando escribía y dibujaba en fanzines como los que se describen en Los detectives salvajes. Lo estudié durante una década entre la carrera, las clases y el doctorado y he intentado adaptarlo sin la rigidez analítica del profesor de literatura entusiasta ni la fidelidad acrítica del discípulo. En el fondo creo que me he buscado una excusa para pasar más tiempo en ese universo narrativo», explica Fernández desde China, donde da clases de español.

Mientras la ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña) prepara unas jornadas de homenaje al chileno para este año, la publicación coincide con la reedición en la Biblioteca Roberto Bolaño de Alfaguara de la novela póstuma El Tercer Reich y de la inclasificable La literatura nazi en América (1996). De uno de los personajes de esta última, o de una entrada de esta suerte de enciclopedia abreviada de la infamia literaria americana, nace Estrella distante. La historia de un gris aspirante a poeta de los años de Allende llamado Ruiz-Tagle que, tras el golpe del 73, se convierte en Carlos Wieder, un vanguardista piloto que escribe versos fascistas en el cielo a lomos de un avión de la Luftwaffe.

EL Mundo



Reunión de talentos


JAVIER FERNÁNDEZ
20 Junio, 2018


'MAD grandes genios del humor: Wally Wood, Vol. 2'. Harvey Kurtzman, Wally Wood. ECC. 88 pág. 9,95 euros.

Nombre propio del tebeo estadounidense y autor de la máxima calidad, Harvey Kurtzman revolucionó el medio con una carrera impecable que alcanzó su cima en el humor. A comienzos de la década de 1950, se sacó de la chistera la revista MAD, donde fue un verdadero hombre orquesta. Contó con la ayuda de diversos dibujantes, encargados de perfilar los guiones de Kurtzman, como el malogrado Wally Wood, uno de los grandes artistas de su generación, dotado de un talento natural para la narración gráfica. Los dos números de MAD Grandes genios del humor: Wally Wood, de formato reducido para alcanzar un precio inmejorable, son un testimonio del choque de trenes artístico entre Kurtzman y Wood, una delicia por la que no pasan los años.


Malaga Hoy


Una necesaria recuperación

JAVIER FERNÁNDEZ
20 Junio, 2018


'Colección Jesús Blasco - Cuto, Vol. 1'. Hermanos Blasco. ECC. 208 pág. 25 euros.

Ecc sorprendió a los aficionados con la creación de la Colección Jesús Blasco, (cuya primera entrega, la recopilación integral del wéstern Los guerrilleros, salió a la venta a comienzos de este mismo año), una iniciativa que viene a cubrir el vacío quizá más doloroso de la historia de nuestro tebeo: el total olvido del que está considerado padre de la historieta española. La apuesta continúa con el primer volumen dedicado a Cuto, ídolo de los niños de posguerra (al menos de los que podían aspirar a leer sus aventuras), emblema del semanario Chicos e icono por excelencia de la producción de Jesús Blasco (y hermanos), que regresa a librerías ocho décadas después de la creación del personaje, en un libro de cuidada edición y jugosos paratextos que contextualizan al autor y la obra y ayudan a comprender su relevancia. En una sola palabra: imprescindible.


Malaga Hoy

Un superhéroe inagotable

JAVIER FERNÁNDEZ
20 Junio, 2018


'Batman: Superpesado'. Scott Snyder, Greg Capullo y otros. ECC. 160 páginas. 16,95 euros.

Desde que a Frank Miller se le ocurriera en 1987 engordar las relaciones de Batman con el género negro en el muy influyente arco argumental Batman: Año Uno, las mejores aventuras del Hombre Murciélago siempre han estado recubiertas de un barniz noir (véanse La broma asesina, El largo Halloween, El hombre que ríe o spin-offs tan notables como Catwoman o Gotham Central). Este paradigma se quebró en 2006 cuando Grant Morrison puso sus creativas manos sobre la franquicia y la dinamitó por completo a través de una etapa demasiado larga y compleja para resumirla en pocas palabras (baste saber que juega con la idea de que todos los tonos y variaciones de Batman engendrados a lo largo de las décadas son igualmente válidos y pueden convivir unos con otros).

El sucesor principal de Morrison a los guiones, Scott Snyder, ha seguido arrimando el ascua a la sardina de la innovación y la singularidad, apoyado en un sobresaliente Greg Capullo, dibujante forjado en la Image de los 90 que ha sabido mantener la espectacularidad de aquellos años, adecuándola al refinamiento cinematográfico del momento actual. Superpesado es la siguiente piedra de la edificación que Snyder y Capullo están construyendo alrededor del superhéroe más representativo de estos primeros compases del siglo XXI. Tras la muerte aparente del Caballero Oscuro en Final de juego, la criminalidad de Gotham ha vuelto a dispararse, y es entonces cuando aparece un nuevo Batman, embutido en una moderna armadura desarrollada por la corporación Powers International. El presente volumen contiene los números 41 a 45 de Batman y el especial DC Sneak Peak: Batman, todos publicados originalmente en 2015, más una galería de portadas alternativas y bocetos. A la fiesta se suman el guionista Brian Azzarello y el dibujante Jock, con quien Snyder ya había colaborado en sagas tan recomendables como Espejo oscuro. Un tebeo fresco y elegante que muestra la versatilidad y la capacidad de adaptación de un personaje que parece inagotable cuando va camino de ochenta cumpleaños.



Malaga Hoy

Crepúsculo esmeralda

El volumen recopila algunos de los hitos más importantes de la historia del policía espacial, desde la muerte de Superman al funeral de Jordan


JAVIER FERNÁNDEZ
20 Junio, 2018

'La muerte de Green Lantern'. VV.AA. ECC. 384 páginas. 34,50 euros.

Se dice que los 90 fueron una mala época para el cómic de superhéroes, y no es cierto. Es verdad que durante la segunda mitad de la década de 1980 se publicaron algunos de los títulos más celebrados de toda la historia del género, que autores como Frank Miller y David Mazzucchelli alcanzaron niveles de calidad insuperables, que fueron los años del desembarco en América de una generación irrepetible de escritores británicos (los Moore, Morrison, Gaiman y Milligan, por citar solo cuatro) y que la bonanza del mercado dio paso a un periodo de especulación editorial y una escalada de ventas que poco o nada tiene que ver con criterios puramente artísticos y sí con estrategias comerciales. Pero en los 90 hubo también espacio dentro del género para joyas creativas de primer orden: Los Invisibles, Marvels, Kingdom Come, Enigma, Supreme, etcétera. Esta especie de esquizofrenia ha de mirarse en perspectiva, y da cuenta de la vitalidad de unos años excitantes en los que se alumbraron propuestas tan antagónicas como Spawn y Madman.

En lo que a DC se refiere, y dejando de lado el prestigioso sello Vertigo, que nació y dio entonces sus mejores títulos, a poco que uno rasque se topa con obras de gran calado como el Starman de James Robinson, la JLA de Grant Morrison o El Espectro de John Ostrander, en las que los guionistas son los auténticos protagonistas. Lo mejor de este material va regresando poco a poco a librerías gracias al interés de ECC, que ha encontrado una mina en el pasado reciente de la editorial de Superman y Batman. En esta línea se enmarca el rescate del Flash de Mark Waid, del que se han publicado ya cinco gruesos tomos recopilatorios. El más reciente, Punto muerto, incluye los números 108 a 121 de The Flash, los 9 a 11 de Impulse, el 1 de The Flash Plus y el 1 de DC Universe Holliday Bash, en los que Waid, asistido por dibujantes como Óscar Jiménez, Humberto Ramos o Paul Ryan, sigue enriqueciendo el universo del velocista con una efectiva mezcla de elementos nuevos y tradicionales. La muerte de Barry Allen en Crisis en Tierras Infinitas hizo que el papel de Flash recayese en Wally West, y Waid desarrolló su personalidad con solidez, arropándolo con las aventuras de otros velocistas como Jay Garrick, Johnny Chambers o Jesse Quick, secundarios de lujo para una serie que es puro dinamismo.

De esos mismos años, aunque en un escalón cualitativo inferior, es el Green Lantern de Ron Marz, con quien el manto del policía espacial pasó de Hal Jordan al joven Kyle Rayner. La muerte de Green Lantern recopila algunos de los hitos más importantes de esta larga etapa, comenzando con las postrimerías de la muerte de Superman y terminando con el funeral de Jordan. Además de los episodios de Marz, la recopilación incluye colaboraciones de otros guionistas como Dan Jurgens, Geoff Johns y Karl Kesel, y el apartado gráfico lo completa un elenco de hasta diez dibujantes. Es la oportunidad perfecta para asomarse a un periodo convulso e injustamente valorado que merece una segunda lectura.


Malaga Hoy


viernes, 15 de junio de 2018

SPIROU y El SULFATO ATÓMICO


Jordi Canyissà


Este álbum no es únicamente uno de los mejores del año, sino uno de los mejores de la historia del cómic. Tanto es así que no resulta sorprendente que, en 2012, la prestigiosa revista francesa Lire escogiera QRN en Bretzelburg como el décimo mejor cómic de todos los tiempos, ni que lo calificara como la mejor aventura de la serie protagonizada por Spirou. Su autor, André Franquin, fijó el canon humorístico de la historieta francobelga —y, por extensión, de buen parte de fuera de esas fronteras— y, a pesar de ello, su obra ha pasado excesivamente desapercibida en nuestro país. Un error que la nueva edición integral y comentada de este álbum debería ayudar a corregir. Presentado en páginas de dos tiras para respetar su formato de creación, el libro re- produce con exactitud el luminoso y fértil trazo del dibujante belga, a menudo amortiguado por un uso poco afortunado del color. No es inoportuno recordar que el propio Franquin lamentó el coloreado de algunas secuencias del episodio, con lo que esta edición en blanco y negro tiene algo de justicia poética.

Publicado originalmente entre 1961 y 1963, QRN en Bretzelburg es ante todo una divertida y ágil historieta en donde la aventura y el humor están perfectamente engarzados, desde el prólogo que protagoniza el simpático Marsupilami hasta las páginas que relatan la incursión de Spirou en un hermético país —Bretzelburg— sometido a una permanente escalada armamentística para protegerse del país vecino. Franquin, junto con su guionista Greg, construyen un efectivo relato antimilitarista y denuncian con humor temas nada frívolos: desde la manipulación de los gobernantes por parte de oscuros asesores hasta el enriquecimiento generado por la venta de armas, pasando por el castigo que las dictaduras infligen a su pueblo. Una evocación de la tensión de los años de la Guerra Fría explicada con una comicidad deliciosamente absurda y atemporal. Si Hergé supo plasmar el enfrentamiento de dos países vecinos en El cetro de Ottokar, la causticidad de Franquin y Greg consigue aquí ridiculizar el estamento militar al completo.

QRN en Bretzelburg supone un punto de inflexión para la serie, que entona aquí el fin de su inocencia, al tiempo que marca un antes y un después para Franquin. Gráficamente, el autor ha ido abandonando la claridad de álbumes anteriores como La Máscara para introducir una mayor densidad en sus viñetas y un trazo más barroco y nervioso, que aquí alcanza una saturación gráfica extrema. Las páginas son una enorme demostración de destreza: castillos, trenes, bosques y grutas son dibujados con un detallismo febril, mientras que los personajes adoptan una expresividad inédita. El dibujo de Franquin, tierno y mordiente a la vez, es capaz de elaborar secuencias antológicas como la persecución de los protagonistas en la estación de tren o la batalla campal en la cocina del doctor Kilkil. Su dinamismo es frenético. El álbum es un hito estético con el que cualquier dibujante humorístico de historieta deberá medirse a partir de entonces. Cada viñeta, cada secuencia, sirve como lección de dibujo y de narrativa gráfica. El iconoclasta Marcel Gotlib —uno de los pilares de la revista Pilote— aseguraba haber aprendido a dibujar leyendo esta historia y sostenía, nada más y nada menos, que la segunda y muy discreta viñeta de la plancha 15.a era la mejor de toda la historia del cómic porque gracias a una gestualidad adecuada lograba sugerir un mensaje inequívoco aunque implícito.

Fuera del ámbito francófono, QRN en Bretzelburg ejemplifica mejor que ningún otro álbum el impacto que el cómic francobelga tuvo sobre la tradición historietística española y, más concretamente, sobre la llamada escuela de Bruguera. A partir de 1968, la célebre editorial en donde publicaron Francisco Ibáñez o Manuel Vázquez tomó esos álbumes de cuidada factura como modelo para renovar el estilo de sus series más conocidas. El caso más claro es la primera aventura larga de Mortadelo y Filemón, El sulfato atómico, cuyos puntos de contacto con QRN en Bretzelburg saltan a la vista. El país que visitan los dos detectives de la TIA, Tirania, es un trasunto de Bretzelburg: las casas, los uniformes de los soldados, los coches de lujo o los autobuses desvencijados, recuerdan inevitablemente a la aventura dibujada por Franquin, de quién también toma la idea del sulfato —vista en El prisionero de los 7 budas— aunque añadiéndole una vis cómica endiablada. La influencia, reconocida por Ibáñez, se explica también por las imposiciones editoriales de la época, por la obligación de producir muchas páginas en muy poco tiempo y por de la necesidad de apoyarse en documentación gráfica, que no era fácil de conseguir antes de la llegada de Internet.

En la historia personal de André Franquin, la gestación de QRN en Bretzelburg está marcada por la fricción con su editor —que le obligó a cambiar el guión con el episodio en marcha— y por el bloqueo sufrido a mitad del álbum, cuando se sintió incapaz de seguir dibujando y tuvo que abandonarlo durante quince meses. Milagrosamente, el resultado final no se resiente de esos problemas, aunque acabarán provocando que Franquin abandone la serie para dedicarse exclusivamente a Gastón Elgafe, una obra más personal. Los comentarios a pie de página del periodista y crítico Hugues Dayez ayudan al lector a conocer estos y otros detalles de una obra por fin editada con el cariño y el rigor que los clásicos merecen.




QRN en Bretzelburg Franquin y Greg
Dibbuks Bélgica
Rústica
136 págs. Blanco y Negro

Obra relacionada

La máscara André Franquin
(Dibbuks)
El sulfato atómico Francisco Ibáñez
(Ediciones B)
Aquiles Talón Greg
(Trilita Ediciones)
Gastón Elgafe André Franquin
(Norma Editorial)



COMICS ESENCIALES 2017
Un anuario de ACDCCOMIC & JOTDOWN
primera edición abril 2018


Historias de Miguelito por Romeu







El Pais Semanal Año 1986

¿Cobrar por hacer el trol? Cuando la realidad superó al cómic satírico


“Granjas de trolls, 'fake news', la posverdad… Sinceramente, alcanzado cierto nivel del esperpento es difícil parodiaros”

Portada de 'Troll Corporation'

JAIME RUBIO HANCOCK  14 JUN 2018

Troll Corporation era una empresa que se dedicaba a publicar tuits y comentarios ofensivos e insultantes. No por fastidiar, sino por dinero: trabajaba para fabricantes de antidepresivos, compañías de productos de dieta e incluso para productoras de películas, entre otros clientes.

La compañía desarrolló su actividad entre 2015 y 2017 en las páginas de la publicación mensual satírica Orgullo y satisfacción. Era una serie de historietas de las hermanas Carmen y Laura Pacheco que la editorial ¡Caramba! acaba de recoger en un libro.

Cuando comenzaron con el cómic hace tres años, a sus compañeros y amigos les hacía mucha gracia la idea por lo exagerado. Ya había empresas que se dedicaban al negocio de manipular la opinión, "pero no era algo tan evidente ni se hablara de ello como de algo normal”, explica Carmen, autora de los guiones. Sin embargo, en los últimos meses de la publicación, explican, hubo algún lector que les dijo que parecía un documental.

De hecho, en el epílogo al libro, la jefa (ficticia) de Troll Corporation se detiene en los paralelismos: “Granjas de trolls, fake news, la posverdad… Sinceramente, alcanzado cierto nivel del esperpento es difícil parodiaros”. Como apuntaba Javier Salas en un reportaje publicado en EL PAÍS, hay "ejércitos de formadores de opinión" que a menudo se usan para sembrar dudas y destruir "la posibilidad de usar internet como un espacio democrático".

Y eso que las historias no entran en política, a pesar de la aparición esporádica de Donald Trump, Vladimir Putin y Esperanza Aguirre. El cómic se centra en otro aspecto que a menudo se olvida: las granjas de trols no trabajan por ideales políticos, sino por dinero. “Al final la única ideología es el capitalismo”, apunta Pacheco. Según escribía Marta Peirano en un artículo publicado en El Diario, “el nuevo mercado del marketing digital ha contaminado el debate político, ha intoxicado a los medios y está a punto de romper internet”.

Trabajamos para el mal (y encima pagan poco)

El ritmo de la actualidad y el hecho de que se tratara de una revista mensual llevó a las hermanas Pacheco a centrarse en “temas permanentes. El ciclo de noticias es muy rápido, pero hay temas que llevan cinco años igual”, explica Carmen. Así, en las viñetas se satirizan asuntos como el machismo, el acoso y, también, la explotación empresarial.

Y es que los empleados de la agencia trabajan durante jornadas interminables a cambio de sueldos mínimos, algo que según Laura Pacheco, dibujante, “no parece que vaya a caducar”. Esto les ha permitido crear a unos personajes con los que es posible empatizar, a pesar de que están haciendo cosas que no son del todo éticas.

Esto podría ocurrirle a cualquiera. O casi: “Todo el mundo se limita a hacer su trabajo y nadie se siente culpable. Hay una difusión de la responsabilidad -apunta Carmen Pacheco-. A menudo le echamos la culpa a las empresas, pero resulta difícil saber a quién nos referimos exactamente, ya que no hay un consejo de personas malvadas detrás”. Pero, claro, "¿hasta qué punto puedes exigir responsabilidad a gente cuya alternativa es trabajar ahí o estar en la calle?".

De hecho, las Pacheco también alertan contra el activismo de salón, como en la historieta dedicada a la inspectora de superioridad moral, que examina la coherencia de un tuitero y acaba restándole puntos por monárquico, cuñado y mansplainer. “Tendré que revisarme”, admite.

¿¡Que has querido decir con “buenos días”!?

El objetivo de los trols clásicos era reírse de cómo nos enfadábamos por algo que para ellos no tenía ninguna importancia. El clima de crispación actual ha cambiado esto: “Ahora la gente que te hace enfadar ya está enfadada”, explica Carmen Pacheco. También ocurre, claro, que “llamamos trol a cualquier persona que nos lleve la contraria”, ya que a menudo estamos a la defensiva o preparados para entrar al trapo.

Este clima de ira casi constante no está presente solo en redes sociales: también en los comentarios de la prensa, que son parte de las responsabilidades de los empleados de Troll Corporation. Laura Pacheco apunta que “se puede saber qué comentarios te vas a encontrar en cada artículo”, según el tema y el medio. “Muchos tienden a repetir lo que ya han leído en otras partes”. Eso incluye términos de los que también se habla en las historietas, como el igualismo (“ni machismo ni feminismo”) y el buenismo (“¿llamar a una ambulancia? ¿Con lo caro que está el roaming? ¡Déjate de buenismos!”).

El arma del humor

En Twitter no puedes decir que un monólogo te ha parecido normal, tiene que ser o el mejor que has visto en tu vida o la peor actuación de la historia, explica Carmen: “Hay tanto ruido que para que te escuchen tienes que enfatizar mucho”.

Pero eso no quiere decir que ya no haya futuro para la conversación. “Todavía hay cosas muy positivas”, opina. Incluso en Twitter, “que pone a interlocutores muy diferentes al mismo nivel”. Incluso la gente que se ofende “a lo mejor reflexiona y cambia de opinión. Yo he aprendido mucho leyendo a otras personas en Twitter”.

Carmen Pacheco cree que el humor puede ser una herramienta más útil que las discusiones con mayúsculas muy grandes. No solo para difundir ideas, sino también para “hacer autocrítica. Desde el humor es más fácil reconocerte en algunas de estas cosas”. Al fin y al cabo, todos podemos ser un poco trols de vez en cuando.

Esperanza Aguirre, un personaje casi de ficción




“Tenía claro que tenía que aparecer”, dice Carmen Pacheco sobre Esperanza Aguirre, protagonista de una de las historietas. “Igual que Trump, su faceta pública tiene un pie en la ficción. Parece más un personaje de ficción que una persona real”.

Lo que ni ella ni su hermana Laura tenían claro era el papel de la política en Troll Corporation. ¿Iría a la empresa a dar charlas inspiradoras? ¿Era otra empleada más? ¿Una jefa? Al final optaron por hacerla protagonista de un musical para los empleados. En el espectáculo canta algunas de sus frases más míticas, como “yo destapé la Gürtel” y “no llego a fin de mes”. Las autoras no tienen miedo de que la historia pueda envejecer: “Esperanza Aguirre es historia de España”.


El Pais, Verne.




jueves, 14 de junio de 2018

The Fade Out: la oscuridad del Hollywood dorado

Panini publica la obra de Ed Brubaker y Sean Phillips, inédita hasta ahora en España

DAVID SANZ EZQUERRO Madrid

26 MAY. 2018

Charlie Parish y humo de tabaco, dos protagonistas de 'The Fade Out'. PANINI


Hollywood es metáfora de la luz, del color y de la ilusión. Pero igualmente puede serlo de la oscuridad, las sombras y el blanco y negro. La meca del cine que durante su época dorada consiguió hacer creer en muchos sueños, también se convirtió en el espejo de la cara oculta de la ciudad de las estrellas. En los años 40 los poderosos estudios cinematográficos llenaron las salas de gánsteres, detectives y siluetas de cadáveres marcadas en el suelo, pero es precisamente en el seno de la propia industria del celuloide donde las historias noir traspasaron la pantalla.El cómic The Fade Out, recién editado en España por la editorial Panini, explora ese rincón de Hollywood oculto tras los focos del glamour, adentrándose, además, por una de las puertas más oscuras de la historia americana: la caza de brujas del macartismo. En plena Guerra Fría, la psicosis ante el enemigo comunista derivó en una persecución implacable contra todos aquellos directores, actores y guionistas sospechosos de simpatizar con el terror rojo. El mundo del cine convivió en aquellos años con listas negras, delaciones, recelos y denuncias falsas.

Impactante punto de partida de un relato repleto de excesos / PANINI

Es en este contexto histórico real de desconfianza y autocensura en el que se desarrolla The Fade Out, un título con clara vocación alegórica que utiliza la expresión que define en inglés el recurso cinematográfico conocido como fundido a negro. "Había algo en el aire que hacía que fuera más fácil creer en las mentiras". Esta frase, que ilustra una de las viñetas del prólogo de la historia, adelanta lo que se va a encontrar el lector durante todo el relato, situado por sus autores concretamente en otoño de 1948. "El mundo no quería saber la verdad de nadie. Siempre preferían un cuento".Un hombre trajeado despierta aturdido dentro de una bañera, destrozado por una descomunal resaca. Al salir del baño se encuentra con la escena de un crimen. Con este punto de partida arranca una historia en la que se van destapando sórdidos secretos al tiempo que el protagonista trata de recomponer las lagunas mentales sobre la noche anterior.En la búsqueda de respuestas surgen nuevas sombras en un relato en el que el humo del tabaco es una constante y donde el alcohol y el sexo circulan sin pudor. En este ecosistema carente de límites intentan adaptarse diferentes personajes de vidas espesas. Ed Brubaker (guion) y Sean Phillips (dibujos) firman este cómic que forma parte de su amplio catálogo de colaboraciones. De hecho, este tándem se ha convertido en los últimos años en el principal referente del género negro en el mundo de la viñeta. Desde que comenzaran a trabajar juntos en La escena del crimen (1999) la pareja ha sumado otros títulos dentro de esta línea entre los que destaca por encima de todos la magistral saga Criminal, así como Sleeper, Fatale o Incognito, todos ellos herederos de un estilo creativo absolutamente reconocible y que se ha convertido en fórmula de éxito.


Colores fríos para una historia con matices en la luz. / PANINI

The Fade Out fue publicado originalmente en EEUU entre agosto de 2014 y enero de 2016 en 12 entregas, pero hasta ahora permanecía inédito en España. Panini ha apostado directamente por el formato integral de casi 400 páginas que recopila toda la obra, en el que además se incluye un amplio anexo de material extra. Además de las habituales portadas, biografías y agradecimientos, el tomo incluye documentación sobre la época, artículos sobre el proceso creativo; así como dos relatos literarios ambientados en el viejo Hollywood y diversas ilustraciones de clásicos del cine. Entre este contenido adicional destaca El trailer de The Fade Out: tres páginas de cómic a modo de resumen emulando la costumbre cinematográfica. La estructura narrativa de The Fade Out responde al modelo clásico utilizado por Brubaker y Phillips en sus anteriores colaboraciones: páginas divididas sin excepción en estricta rejilla de tres franjas, donde ningún recurso estilístico desvía la atención del lector. Todo el peso del relato queda en la narración secuenciada en 12 capítulos organizados en sí mismos como un guion de cine. La trama lineal queda, no obstante, interrumpida en algunas ocasiones por momentos de recuerdos y flash-backs -recurso habitual de Brubaker- en los que más que resolver misterios se acentúan las dudas del lector.
Cuando Hollywood aún se llamaba Hollywoodland. / PANINI

Los personajes que pueblan The Fade Out son fieles al género noir. Almas torturadas, desencantadas con la vida que buscan refugio en los excesos. Personas dispuestas a todo y en las que la ambición insatisfecha ha dejado heridas incurables. Supervivientes de su turbio pasado. Espíritus tan amargados como para que nada nuevo les pueda atormentar. Antiguos ingenuos reconvertidos en cínicos convencidos. Testigos del horror humano, indiferentes a todo tras lo presenciado -o incluso cometido- en lugares como Vietnam...En la introducción de The Fade Out, el propio Brubaker cuenta el secreto de su pasión por las historias de los bajos fondos de las ciudades que precisamente nace vinculada a la industria del cine. El escritor revela que es sobrino de John Paxton, un guionista de la Edad de Oro de Hollywood, y rememora cómo siendo niño despertó su curiosidad una hilera de libros encuadernados en cuero en aquella casa. "Mis tíos conocieron a muchos hombres y mujeres cuyas vidas quedaron destruidas en aquellos años por negarse a reconocer sus propias ideas políticas, o por negarse a dar nombres, a delatar a amigos perseguidos por sus creencias personales", confiesa Brubaker.

Páginas con estructura clásica de viñetas en rejilla. / PANINI 

Esta historia, que aparentemente encajaría en blanco y negro, cuenta en cambio con el color como uno de sus máximas virtudes. La labor realizada por Elizabeth Breitweisern dota de gran personalidad a un relato gracias a una paleta de tonos fríos que favorece los juegos de luces y abren la posibilidad a distintos grados de penumbra. Los flashes de las cámaras de fotos de los reporteros con sombrero fedora o las persianas a medio abrir en cuartos lúgubres ayudan a recrear la atmósfera noir del relato. El blanco y negro sólo aparece de forma testimonial en los momentos en los que algunas películas, a modo de homenaje, ocupan plano en las viñetas. Una estrella en ciernes truncada de forma abrupta, la enigmática aspirante a ocupar su puesto... un magnate tan rico como amoral, su corrupto jefe de seguridad... un galán sin escrúpulos, un guionista en decadencia, un representante cínico, un fotógrafo con sórdidos negocios, una secretaria solícita... Todas estas vidas confluyen en las páginas de The Fade Out. El descubrimiento de cada uno de estos seres imperfectos capítulo a capítulo es el auténtico núcleo de este relato. Al final, el crimen que hilvana sus destinos es un mero macguffin para guiar al lector en un viaje en medio de la oscuridad cuya meta aparece antes del fundido a negro.





Portada del cómic 'The Fade Out'. / PANINI


El Mundo










lunes, 11 de junio de 2018

El cómic, al asalto de la historia

Un alud de novelas gráficas aborda algunos de los principales dramas y luchas del siglo XX, de las guerras mundiales al movimiento por los derechos civiles o la dictadura de Pinochet


El cómic 'Estamos todas bien', de Ana Penyas.

TEREIXA CONSTENLA

Madrid 11 JUN 2018


Todos los miedos y esperanzas que John Lewis acumuló mientras peleaba porque personas como él pudieran sentarse en un bar para comer una hamburguesa o acceder al cine para ver Los diez mandamientos se palpan en March (Norma), una novela gráfica de 560 páginas que recorre la lucha por los derechos civiles de los negros en EE UU de la mano de Lewis, congresista y último superviviente de los oradores que hablaron junto a Martin Luther King en la Marcha de Washington de agosto de 1963.

Junto a su asesor Andrew Aydin, Lewis ha escrito el guion de su épica biografía, con final feliz —la elección de Barack Obama para la presidencia del país en 2009— después de visitar mucha cárcel, sufrir muchos golpes y practicar mucha desobediencia civil. Un trozo de historia contemporánea plasmado en viñetas en blanco y negro por Nate Powell, que cuenta el origen de la obra en un correo electrónico: “Andrew tenía claro que un cómic sobre el papel del joven John Lewis, tan cercano al corazón del movimiento de los derechos civiles, podría ayudar a reintroducir y revitalizar esa historia en la conciencia pública”. Powell reivindica la potencia del cómic: “No solo son accesibles y atractivos, sino que nos permiten empatizar y vernos a nosotros mismos dentro de las páginas de la historia”.

March, traducida ahora al español y premiada en 2016 con un Eisner como la mejor obra basada en hechos reales, pertenece al aluvión de cómics que miran atrás, bien para hacer el retrato sociológico de un país (el Japón posterior a la Segunda Guerra Mundial de El club del divorcio), de una generación (los artistas latinos que perdieron las batallas del arte y de la democracia en Pinturas de guerra) o de un personaje como el catalán Francisco Boix, que extrajo de forma clandestina imágenes que acreditarían en Núremberg el exterminio nazi (El fotógrafo de Mauthausen). Dada su galería de horrores, el siglo XX —con un especial apartado para la Guerra Civil— concentra buena parte de las miradas. Hay también obras sobre anteayer: Los puentes de Moscú (Astiberri), donde Alfonso Zapico reconstruye la entrevista que el socialista Eduardo Madina realizó al músico Fermin Muguruza para la revista Jot Down. El ayer de ETA, visto por una víctima y un defensor.

Imagen de '¡Maldito Allende!', de Olivier Bras y Jorge González.

Contraponer facilita el juego gráfico. En ¡Maldito Allende! (ECC), Olivier Bras y Jorge González husmean en las encrucijadas en las que se encontraron el presidente chileno y el militar que lo traicionaría, Augusto Pinochet. “Lo que está pasando es que el cómic, aunque es un medio más joven que el cine o la literatura, está alcanzando una madurez que le permite abordar cualquier temática artística, incluida la memoria y la historia”, señala David Fernández de Arriba, editor de ECC, quien descubrió pronto la buena relación entre memoria y viñetas. A los 12 años leyó Paracuellos, donde el dibujante Carlos Giménez volcó tras la muerte de Franco su experiencia en internados de la dictadura. Giménez no necesitó leer Maus para saber que la historia puede ser un artefacto demoledor en una historieta, pero es a partir de la publicación desde 1980 de las entregas de Maus, el relato sobre el Holocausto obra de Art Spiegelman, cuando los tebeos dejaron de verse como un mero entretenimiento y pasaron a la categoría de cosas serias (o novelas gráficas). Tanto que Maus recibió el Pulitzer en 1992.

“A mí me impactó mucho, pero el que me abrió los ojos fue El arte de volar”, matiza Fernández de Arriba, profesor y autor de Memoria y viñetas, una guía para facilitar el empleo pedagógico de tebeos en el aula, publicada por el Memorial Democràtic de la Generalitat catalana. “Para los estudiantes de secundaria es mucho más agradecido el lenguaje del cómic, con imágenes y textos, que un ensayo. El cómic permite además una gran versatilidad como material didáctico”, sostiene.

El cómic 'Nieve en los bolsillos', de Kim Aubert.

Lo nuevo de Kim Aubert, premio Nacional de Cómic por El arte de volar, dispara artillería pedagógica. Nieve en los bolsillos (Norma) retrata la tristeza y la tenacidad de la emigración española que se buscó la vida en Alemania en los sesenta. En sus viñetas hay escenas que ahora pueden verse en Tarifa: inmigrantes escondidos en maleteros. “Era una historia que tenía casi olvidada. Como era un recuerdo duro, ni siquiera se lo había contado a mis amigos, hasta que un día en Angulema lo hablé con un dibujante alemán. Apenas hay nada escrito sobre esa emigración y me di cuenta de que era importante contar a toda esa gente que conocí allí”, explica.

Y casi nada se había dibujado sobre las mujeres de la posguerra hasta que Ana Penyas, autora revelación del último Salón del Cómic de Barcelona por Estamos todas bien (Salamandra Graphic), decidió, con una original puesta en escena, convertir la cotidianeidad de sus dos abuelas en una lucha universal por la supervivencia tras una guerra.

'March', de John Lewis, Andrew Aydin y Nate Powell.


LECTURAS DEL PASADO

March, de John Lewis, Andrew Aydin y Nate Powell (Norma, 2018). Crónica de la lucha por los derechos civiles en EE UU.

Black dog. Los sueños de Paul Nash, de Dave Mckean (ECC, 2018). Biografía del pintor y su paso por la Gran Guerra.

Nieve en los bolsillos, de Kim Aubert (Norma, 2018). La emigración española en Alemania, narrada de primera mano por el autor.

Los puentes de Moscú, de Alfonso Zapico (Astiberri, 2018). Conversación entre el político Eduardo Madina y el músico Fermin Muguruza sobre ETA.

El fotógrafo de Mathausen, de Salva Rubio, Pedro J. Colombo y Aintzane Landa (Norma, 2018). La hazaña de Francisco Boix para sacar fotografías del campo de concentración.

Estamos todas bien, de Ana Penyas (Salamandra Graphic, 2017). Biografía de las abuelas de la autora.

Pinturas de guerra, de Ángel de la Calle (Reino de Cordelia, 2017). Crónica de los artistas latinos que perdieron la revolución y la historia del arte.

¡Maldito Allende!, de Olivier Bras y Jorge González (ECC, 2017). Historia reciente de Chile a partir de Allende y Pinochet.

Dr. Uriel, de Sento (Astiberri, 2017). Biografía del médico Pablo Uriel y su increíble peripecia en la Guerra Civil.


El Pais



domingo, 10 de junio de 2018

La última batalla

POR JAVIER FERNÁNDEZ

La primera novela gráfica publicada por Marvel sigue siendo una de las más emblemáticas 36 años después; un tebeo melancólico y emocionante

05 Junio, 2018


'LA MUERTE DEL CAPITÁN MARVEL' Jim Starlin.Panini. 72 páginas. 16 euros.

En 1982, el mercado del cómic estadounidense estaba en ebullición. La consolidación del mercado directo, con sus librerías especializadas y sus nuevos canales de distribución, propició la aparición de un puñado de editoriales independientes, cargadas de nuevas propuestas, y las dos grandes, Marvel y DC, buscaron adaptarse y liderar la revolución que se venía encima. DC andaba en graves problemas empresariales y tardó lo suyo en reaccionar. Marvel, por su parte, se colocó pronto a la cabeza, inundando las tiendas con títulos y más títulos, algunos de ellos diseñados expresamente para el citado mercado directo. La editorial de Spiderman sacó punta al formato de miniserie que había inventado precisamente DC, y se tiró a la piscina con la colección Marvel Graphic Novel, esto es, un conjunto de álbumes europeos de toda la vida, con un contenido temático que alternaba los superhéroes con la ciencia ficción y la fantasía (al menos al principio, pues cada vez hubo más superhéroes y menos del resto).

La muerte del Capitán Marvel fue la primera novela gráfica publicada por Marvel, y, treinta y seis años más tarde, sigue siendo una de las más emblemáticas. Su autor, Jim Starlin, se había hecho un nombre durante la década de los setenta narrando aventuras de corte cósmico y psicodélico, sobre todo con dos personajes: el Capitán Marvel y Warlock. Al segundo lo había matado en un prodigioso anual de Los Vengadores, pero al primero sencillamente lo había abandonado en manos de otros artistas, y dicen las crónicas que el entonces editor en jefe de Marvel, Jim Shooter, le encargó que cerrase el círculo en la flamante colección de novelas gráficas que estaba por nacer. En palabras de Shooter: "¡Termina la historia!... le dije a Jim Starlin cuando discutimos por primera vez su creación de una novela gráfica protagonizada por el Capitán Marvel. Jim se hizo famoso cuando trabajó en la colección de comic-books de este personaje, al que hizo vivir sus aventuras más importantes, según los fans. Otros artistas continuaron su obra, pero, a pesar de que eran muy valiosos, ninguno de ellos alcanzó la fuerza y la elegancia de las historias de Jim, hasta el punto de que el personaje comenzó a marchar a la deriva. Fue por ello por lo que yo le pedí a Jim que terminara la historia. Claro que yo quería un final, pero ello no significaba que tuviera que morir necesariamente el Capitán Marvel". El caso es que Starlin se tomó al pie de la letra lo de darle un cierre a las aventuras del antiguo capitán del imperio Kree y lo enfrentó nada menos que con un cáncer, motivado, como nos recuerda Eduardo de Salazar en su introducción, "por la enfermedad terminal que estaba padeciendo su padre".

El resultado es un tebeo melancólico, ominoso, atmosférico y muy emocionante, en el que Starlin se vació como nunca antes, hasta el punto de firmar la que probablemente sea la obra maestra de su larga bibliografía. Una joya del género que regresa ahora a librerías en un formato atractivo, parecido y un poco más lujoso que el original.



Malaga Hoy




Saliendo de las tinieblas

05 Junio, 2018



'MARVEL LIMITED EDITION. EL HIJO DE SATÁN' Steve Gerber y otros.Planeta DeAgostini. 152 páginas. 16,95 euros.

Más conocido por su trabajo en series como El Hombre-Cosa, Los Defensores y El pato Howard, Steve Gerber (1947-2008) fue uno de los nombres propios de la Marvel de la década de 1970. Más aún, como escribió el editor de The Comics Journal y co-fundador de Fantagraphics: "Es completamente posible que Steve Gerber fuese el mejor escritor que trabajó para una compañía de género en los 70; su influencia fue ciertamente palpable durante dicho periodo". Las ambiciones temáticas y la sofisticación literaria de Gerber conducen al trabajo de otros guionistas más reconocidos como Alan Moore, Grant Morrison o Neil Gaiman (todos admiradores confesos de su obra), pero es injusto reducir la figura de Gerber a mero precedente de lo que vino después. Su trabajo es sólido y apasionante por sí mismo, una especie de obra en marcha que comenzó en 1972 y terminó en el fatídico mes de febrero de 2008, cuando, postrado en una cama de hospital debido a una grave enfermedad pulmonar, entregó a DC su último guion.

Hasta hace un par de años, se podían contar con los dedos de la mano los tebeos de Gerber que estaban disponibles en nuestro idioma, pero la situación ha cambiado sustancialmente en este tiempo, en sintonía con la amplia recuperación de su obra que se ha efectuado en Estados Unidos. La edición por parte de Panini de los tres títulos antes citados coloca en manos de los lectores españoles la trilogía fundamental de una carrera de primer nivel, pero es que, además, han aparecido otras joyas menos conocidas como Los Guardianes de la Galaxia, Tales of the Zombie o este El hijo de Satán que nos ofrece la colección Marvel Limited Edition. Diez de los veinticinco episodios incluidos en el volumen, publicados originalmente entre 1973 y 1977, llevan la firma de Gerber, al que acompañan tres de sus dibujantes fetiche: Jim Mooney, Gene Colan y Sal Buscema. Seres elementales, ritos satánicos, posesiones y lecturas de tarot son algunos de los ingredientes de esta excitante obra de formación en la que destella ya el talento singular de Gerber.


Malaga Hoy


sábado, 9 de junio de 2018

Superheroína verde

05 Junio, 2018


'MARVEL COLLECTION. HULKA DE DAN SLOTT, 1' Dan Slott, Juan Bobillo, Paul Pelletier.Panini. 296 págs. 25 euros.


Creada en 1980 por Stan Lee y John Buscema, Hulka (She-Hulk en inglés) trató de rentabilizar la enorme popularidad de Hulk, pero algo en la superheroína verde no acababa de cuajar. Pasó por Los Vengadores e ingresó luego en Los 4 Fantásticos, de la mano de John Byrne, con quien viviría sus primeros momentos de gloria. Byrne firmó el arranque de la segunda serie regular de Hulka, en 1989, y el artista tuvo la feliz idea de añadir humor y artificios metaliterarios al asunto, terminando así de definir al personaje. Quince años más tarde, Dan Slott, Juan Bobillo y Paul Pelletier retomaron la onda divertida en el volumen 3 de She-Hulk, con una frescura y una elegancia fuera de lo común, y este estupendo material se merecía una recuperación como la que emprende ahora Panini en Marvel Collection, cuyo primer volumen incluye los números 1 a 12 de la serie


Malaga Hoy


Un viaje por Europa

05 Junio, 2018


'MARVEL SAGA. DAREDEVIL, 16: EL DIABLO SE DA UN PASEO' Ed Brubaker, David Aja, Michael Lark.Panini. 152 págs. 16 euros.

Sigue la recopilación de la fenomenal etapa de Daredevil escrita por Ed Brubaker con el volumen El diablo se da un paseo, que contiene los números 88 a 93 del volumen 2 de la serie original, publicados entre 2006 y 2007. Con dibujos de Michael Lark, Stefano Gaudiano y David Aja, el tomo narra las andanzas del superhéroe por ciudades europeas como Mónaco, París y Zúrich, libre por fin de la cárcel, pero aún prófugo de la justicia y dolido por la (aparente) muerte de su viejo amigo Foggy Nelson. Superado el embrollo en que había dejado Brian Michael Bendis al personaje, Brubaker y compañía cambian el rumbo de la serie, abren nuevas perspectivas y firman aquí, en palabras de Julián M. Clemente, "un thriller de altos vuelos".


Malaga Hoy


viernes, 8 de junio de 2018

EN POCAS PALABRAS El Roto


El dibujante publica 'Contra viento y marea', una recopilación de sus viñetas sobre el proceso independentista

5 JUN 2018


Nadie dice tanto con tan poco. El dibujante Andrés Rábago, El Roto (Madrid, 1947), ha reunido en Contra muros y banderas (Reservoir Books) las viñetas inspiradas en la crisis independentista catalana, publicadas en EL PAÍS.

¿Qué es lo último que ha leído y le ha gustado? Un libro de aforismos de Juan Ramón Jiménez, excelentemente editado.

¿Lee en papel o en pantalla? Siempre en papel, la pantalla me deslumbra, tengo la sensación de que quema la retina, y puede que sea cierto.

¿Cómo elige sus lecturas? Por ciertas críticas que me parecen solventes o por recomendaciones de amigos cuyo criterio valoro.

¿Recuerda el primer libro que le impactó? Cuando has leído muchos, se forma en la mente un caleidoscopio que cambia de forma constantemente.

¿A quién sentaría en el Olimpo de los dibujantes? A Goya obviamente y a su lado situaría a Rembrandt para que pudiesen conversar.

¿De qué se rodea para hacer sus viñetas? De libros de imágenes, siempre encuentras algo que te ayuda.

¿Escucha alguna música? Cada vez encuentro más musicalidad en el silencio.

¿Alguna experiencia cultural que le haya decepcionado recientemente? Prefiero recordar las que me han satisfecho, la exposición de Kentridge, por ejemplo.

¿Leyendo se curan los radicalismos? No creo, tendemos a leer aquello que refuerza nuestros prejuicios.

¿Qué libro recomendaría a Rajoy? No suelo recomendar libros a desconocidos.

¿Qué está socialmente sobrevalorado? El dinero, es raro encontrarlo en una cantidad que no sea demasiada o demasiado escasa.

¿Qué encargo no aceptaría jamás? No acepto encargos de ningún tipo.

¿A qué dibujante le daría un Premio Cervantes? No liemos más las cosas, creo que el Goya debería ser un premio de pintura, dejemos que el Cervantes lo siga siendo de literatura.


El Pais. Babelia Nº 1.384 Sábado 2 de junio 2018


domingo, 3 de junio de 2018

Tebeorama Bocadillos de primavera POR ALVARO PONS


La primavera ha llegado y, junto a las consabidas subidas de histamina, ha traído al lector de cómics una fecundidad publicadora que hace complicada la recomendación de tebeos, con pocas opciones más allá de dejarse llevar por la locura y lanzarse al delirio comprador con la excusa "de compensar la astenia estacional. En estas mismas páginas ya se ha hablado, mucho y bien, de esa joya del noveno arte que es Lo que más me gusta son los monstruos, el titánico ejercicio creativo de Emil Ferris que publica Reservoir Books y que dará conversación durante años, por lo que dedicaremos este espacio a otras obras que no deben ser eclipsadas por la excepcionalidad de aquella. Obras que comparten con la creación de Ferris la fascinación por un camino personal y una calidad que escapa al territorio de la simple reseña y merece la experiencia lectora individual.


(1) Portada de Picasso en la Guerra Civil, de Daniel Torres.
(2) Portada de Jonas Fink 4 / El librero de Praga, de Vittorio Giardino.
(3) Portada de La tierra de los hijos, de Gipi.
(4) Una viñeta de ¡Universo!, de Albert Monteys.

Empecemos por el belga Brecht Evens, autor que ya demostró su particularísima concepción de la narración gráfica basada en una paleta cromática bulliciosa y deslumbrante,que en Pantera (Astiberri) actúa de estímulo hipnótico para dejar al lector desorientado ante una fábula de apariencia infantil que va mostrando disimuladamente aristas cortantes, que abren pequeñas grietas por las que atisbar una oscuridad que rodea todo el relato hasta hacerse asfixiante. Un juego de espejos deformante en el que también participa, desde otra perspectiva, Belleza, de Kerascoét y Hubert Boulard (Astiberri). Cuento clásico canónico en su planteamiento, pero que encuentra pronto un desarrollo que deja la moralidad maniquea a un lado para explorar una humanización de la fábula más próxima a la realidad.

La realidad también forma parte del catálogo primaveral con Nieve en los bolsillos, de Kim (Norma Editorial), necesario relato de la emigración española a Alemania durante los sesenta que aporta testimonios desconocidos de un proceso que no fue tan ordenado como vendió el oficialismo franquista, en un argumento aprovechado hoy como ejemplo. También forma parte de esa realidad la invasión de Praga en 1968, que Vittorio Giardino relata con apabullante minuciosidad y elegante trazo en Jonas Fink 4: El librero de Praga (Norma Editorial). Aunque esa realidad puede ser una simple excusa para reescribirla desde una nueva memoria, desde una nueva historia: como hace Daniel Torres, que toma la figura de Picasso para realizar una sorprendente ficción que imagina al pintor malagueño como héroe de guerra en Picasso en la Guerra Civil (Norma Editorial). La conocida pasión del autor del Guernica por el cómic, que se plasmó en el Sueño y mentira de Franco, sirve para que el dibujante valenciano plantee una compleja estructura narrativa donde las historias van escondiéndose unas dentro de otras para crear su propio discurso de realidad. Pero el creador de Roco Vargas está en estado de gracia y consigue no solo salir victorioso del reto, sino dejar al lector ante la duda razonable de haber leído un episodio auténtico de la historia.

Aunque en este camino entre realidad y ficción quizás lo más razonable es dejar libre la imaginación hacia nuevos mundos inexplorados. No siempre es fácil, sobre todo si tu bagaje previo te liga al realismo de una u otra manera, como les ha pasado a Albert Monteys y Gipi. Es difícil separar la trayectoria del primero de la sátira de la actualidad, pero en ¡Universo! (Astiberri) demuestra no solo un sólido conocimiento del canon de la ciencia-ficción, sino una habilidad consumada para explorar propuestas de alto riesgo narrativo con éxito, que no ahorra acertadas incursiones en el humor. El italiano no se queda atrás en La tierra de los hijos (Salamandra Graphic), atreviéndose con el género posapocalíptico para crear una historia tan personal y opresiva como atractiva. Reflexiones sobre un futuro sin futuro que dejan la definición de humanidad en el vertedero de lo inútil.

Aunque quizás la primavera tenga también su canon romántico y necesite historias de amor, de esas arrebatadoras que logran pronto el adjetivo de "universales". Quizás Emmanuel Guibert no consiga ninguna de las dos cosas en Martha y Alan (Salamandra Graphic), porque su aproximación es minimalista, pausada y tranquila, recorriendo una historia de amor que nunca llega a escribirse. Con esa parsimonia, claro, desaparece esa pasión de ambición universalista, pero logra sobrevivir al tiempo y, sobre todo, desbordar belleza hasta dejar al lector enamorado también de unas planchas que obligan al detenimiento y a la remembranza personal.

Hay también en esta estación que ya casi termina espacio para el ensayo en cómic, como el que plantean Sagar y Jordi Carrión en Gótico (Norma Editorial), arriesgada propuesta que es capaz de explorar desde la historia académica los orígenes de la historieta para encontrar raíces comunes entre el gótico catalán y el noveno arte. Un hilo del que tirar que lleva a dotar al cómic de ilustres antepasados dentro de una narrativa dibujada más antigua que la literaria.



El Pais Babelia, Sabado 2.06.18

























sábado, 2 de junio de 2018

GRANDES PAPELES

POSTERS   DE   CINE

LOS  MONSTRUOS  DE  LA UNIVERSAL REGRESAN  EN CARTELES QUE SON AÚN  MÁS  ESPECTACULARES QUE  SUS  PELÍCULAS







Elsa Lanchester, más viva que nunca en esta nueva versión del cartel de 'La novia de Frankenstein' (1935). Al lado, 'El hombre lobo' (1941) vuelve a poner los pelos de punta.


Metidos desde 2003 en el arte de reinterpretar pósters, Mondo es una factoría que produce desde Austin algunos de los mejores carteles de la historia del cine. A tanto han llegado que un ejemplar de cada uno de sus trabajos se conserva en el Archivo Nacional de Washington, que vela por el patrimonio cultural estadounidense. Su nueva aventura consiste en centrifugar la saga de monstruos de la Universal: El hombre lobo, Frankenstein o Drácula devueltos a la gloria en ediciones tan limitadas que es casi imposible hacerse con uno de ellos, TONI GARCÍA



El Pais, revista ICON Nº 52 Junio 2018

Amar hasta la muerte





HAUNTED   LOVE

HUBO  UN  TIEMPO  EN  EL QUE  LOS CÓMICS  ROMÁNTICOS  DABAN  MIEDO
Hasta los años cincuenta, los cómics estadounidenses no eran tal y como hoy los conocemos. Autores como Bub Thomson, Sheldon Moldoff o Carmine Infantino daban rienda suelta a su creatividad mezclando lo bizarro con lo sublime, el amor con el humor (negro) e incluyendo todo tipo de ocurrencias mostrencas. No era extraño encontrarse escenas de novias fantasmas persiguiendo por toda la eternidad a un amante díscolo y aterrorizado o imágenes que flirteaban inocentemente con la zoofilia. Se publicaban en comic books de ACG, Harvey o Fawcett, editoriales de las que hoy apenas nadie se acuerda. Desaparecieron por culpa del Comic Code, norma que, a partir de 1954, censuró cualquier contenido inadecuado para los jóvenes lectores. "Aquello acabó con todos estos buenos cómics, el terror se edulcoró tanto que perdió toda la gracia. Se siguieron haciendo cosas, pero ya no tenían la frescura, ni la barbarie, que exhibían estos tebeos. Surgieron géneros nuevos y otros cobraron más importancia, y poco a poco fueron relegando a estos comic books", lamenta Lorenzo Pascual. Hoy su editorial, Diábolo Cómics, recupera estas historietas en un volumen de lujo titulado Haunted love. Buena ocasión para reírse con las historias que aterrorrizaron a toda una generación, AITOR MARÍN


El Pais, revista ICON Nº52 Junio 2018



jueves, 31 de mayo de 2018

Viajes y nuevos villanos

JAVIER FERNÁNDEZ
30 Mayo, 2018



'Batman: El último Arkham' Norm Breyfogle y otros. ECC. 432 pág. 37,50 euros.

Los amantes del Batman de Norm Breyfogle, epítome gráfico del personaje durante la década de los 90, seguirán disfrutando de lo lindo con el tomo titulado El último Arkham, quinto de la recuperación de su larga etapa en la colección Grandes autores de Batman. Como en otras ocasiones, el guionista principal sigue siendo Alan Grant, aunque Dennis O'Neil firma un episodio y el siempre notable Peter Milligan se encarga de hasta cuatro, en tanto que el apartado gráfico lo completan Jim Aparo y Chris Sprouse. Son los números 472 a 476 de Batman, 639 a 642 de Detective Comics, 27 de Legends of the Dark Knight y 1 a 5, 13 y 50 de Shadow of the Bat, la mayoría con fechas originales de 1991 y 1992. En ellos, Batman viaja a Río de Janeiro, se enfrenta a Scarface y se topa con Victor Szaszs, enésima adición a la galería de villanos por parte de Grant y Breyfogle.



Malaga Hoy



Las caras de un personaje

JAVIER FERNÁNDEZ
30 Mayo, 2018


'Wonder Woman: Extraños en el paraíso'. George Pérez y otros. ECC. 312 pág. 30,50 euros.

Entre los atractivos del tomo Extraños en el paraíso, cuarto de la colección Grandes autores de Wonder Woman dedicado a la seminal etapa de George Pérez, destacan el puñado de fichas de personajes provenientes del Who's Who y, sobre todo, el Annual 2, que abre la recopilación. Este número especial fue realizado casi exclusivamente por mujeres (la única excepción es el propio Pérez, que firma el guion), autoras del dibujo a lápiz, las tintas, el coloreado, la rotulación y la edición originales, e incluso del guion de algunas escenas. Veteranas como Ramona Fradon y Trina Robbins, y autoras de la época como Jill Thompson, Cynthia Martin o Colleen Doran participan en este fascinante retrato del personaje desde distintos ángulos.


Malaga Hoy


Infiltrados en Rusia

JAVIER FERNÁNDEZ
30 Mayo, 2018



'Escuadrón suicida. Volumen 2: La odisea de Nightshade'. John Ostrander, Luke McDonnell. ECC. 288 páginas. 28,50 euros.

La recuperación del Escuadrón Suicida de John Ostrander y Luke McDonnell era una de las deudas pendientes del universo DC en España, y ECC se ha puesto al fin manos a la obra. Si en el primer volumen, Prueba de fuego, se nos detallaban los distintos equipos suicidas que habían precedido al Escuadrón, asistíamos a la presentación y reclutamiento de sus miembros y disfrutábamos con las primeras misiones de esta panda de inadaptados, el segundo volumen, La odisea de Nightshade, proporciona más madera y nos muestra las interacciones del grupo con otros pesos pesados de DC como Batman, la Liga de la Justicia o la Doom Patrol. El tomo ofrece los números 9 a 16 de Suicide Squad, más The Doom Patrol and Suicide Squad Special, el número 13 de Justice League International y el 28 de Secret Origins, todos de 1998, de modo que a Ostrander y McDonnell se suman puntualmente los guionistas Keith Giffen, J. M. DeMatteis, Paul Kupperberg y Robert Greenberger y los dibujantes Erik Larsen, Rob Liefeld y el propio Giffen.

Un viaje a Rusia para rescatar a un compañero que ha sido hecho prisionero fuerza el choque del Escuadrón con la Liga de la Justicia y los Red Rockets, y otro paseo, en este caso extradimensional, sirve para especular sobre la verdadera naturaleza de Nightshade. Con un guion sólido, apoyado sobre todo en el talento de Ostrander para caracterizar a los personajes y hacerlos interactuar, y los dibujos aparentemente poco llamativos, pero siempre funcionales, de McDonnell, Escuadrón Suicida es uno de los títulos más gozosos del renacimiento de DC posterior a Crisis en Tierras Infinitas. Es también el inicio de todo un subgénero en el que los protagonistas no son los héroes, sino los villanos que llevan a cabo misiones al límite de la moralidad (Secret Six y, en cierta medida, Thunderbolts continuaron esta misma senda). En cuanto a los artistas invitados, el trabajo de unos principiantes Larsen y Liefeld es del todo olvidable, pero la vista se recrea en las estilosas páginas de Giffen, que saben a poco.


Malaga Hoy


Los caballeros andantes

'Saint Seiya' es un manga de Masami Kurumada que en España es conocido como 'Los Caballeros del Zodiaco'

Narra las aventuras de un joven que tiene la armadura de Pegaso



GERARDO MACÍAS
30 Mayo, 2018

Los antiguos griegos entendían por santo a una persona que peleaba por su religión, es decir que los santos eran guerreros religiosos. Incluso en la religión católica hay santos que fueron también guerreros o mártires. Pero la imagen de los santos cambió con el tiempo y hoy día se entiende por santo a una persona muy pacífica. Sin embargo, ni en español ni en inglés ni en francés se desarrolló un nuevo término para los guerreros religiosos.

A diferencia de los auténticos caballeros medievales que peleaban para su propio beneficio, los santos pelean por ideales superiores, siendo equiparables a los protagonistas de los libros de caballerías, como por ejemplo, los caballeros andantes Amadís de Gaula o Belianís de Grecia, entre otros muchos que podrían citarse.

De estos guerreros religiosos toma su título Saint Seiya, un manga creado en 1986 por Masami Kurumada, publicado en la revista Shukan Shonen Jump de Editorial Shueisha hasta diciembre de 1990. Fue adaptado en el mismo año 1986 en una serie de anime de 145 episodios, que a España llegó en los años noventa, con éxito considerable. También se han producido cinco largometrajes animados y una película de animación con imágenes generadas por ordenador, además de varias precuelas y secuelas oficiales de la historia original.

El primer estreno de Saint Seiya fuera de Japón fue en Francia, donde se le dio el nombre de Les Chevaliers du Zodiaque, que al español se tradujo por Los Caballeros del Zodiaco. Este título fue el que se popularizó en el resto de Europa y América.

Este cambio se hizo para evitar confusión con respecto a los santos de las religiones occidentales, que no concuerdan con el significado que se le da en la serie, más cercano al de los santos de la antigua Grecia, que luchaban por su dios, a quien aspiraban a parecerse.

La serie narra las aventuras del joven japonés que da su nombre a la obra: Seiya, un huérfano que ha conseguido la armadura de Pegaso en Grecia. Seiya recuerda con tristeza cómo fue separado de su hermana por el magnate japonés Mitsumasa Kido, que prometió devolverle a su hermana si le traía la armadura de Pegaso. Seiya fue a Grecia enviado por Mitsumasa, consiguió la armadura, y volvió para reclamar el reencuentro con su hermana pero al llegar, Mitsumasa Kido ha muerto.

La nieta de Mitsumasa, Saori Kido ha organizado un Torneo de Caballeros en el que se ofrece como premio la armadura de oro de Sagitario, pero Seiya solo quiere recuperar a su hermana.

Saori le propone participar en el torneo a cambio de ayudarle a recuperar a su hermana, pero Seiya se niega, y se va sin aceptar el trato.

Seiya va al orfanato donde vivía con su hermana y allí se encuentra con una amiga que sigue viviendo allí porque decidió trabajar cuidando a los niños del orfanato. Esta chica convence a Seiya para que participe en el torneo con el fin de que su hermana lo vea por la televisión.

El primer combate es contra el Caballero del Oso, al que Seiya consigue vencer, no sin algo de incertidumbre.

El segundo combate de Seiya le hace conocer a Shiryu, el Caballero del Dragón. En mitad de este combate concluye el primer tomo de esta edición del manga.

Los Caballeros del Zodiaco presenta una relación entre mitología y ciencia. Por ejemplo, el personaje principal, Seiya, simboliza a la constelación del Pegaso, un caballo alado que se encuentra al norte del firmamento. El protagonista tiene que proteger a Atenea, diosa griega de la sabiduría e inteligencia, y con ello el destino de nuestro planeta.

Además, otros personajes portan el emblema del Cisne, el Dragón, y la galaxia Andrómeda. Se encuentran mediante cientos de personajes muchas referencias a la mitología griega. Así, tenemos a Medusa, Aracné, Caronte, Cerbero, entre otros. Los dioses griegos están presentes en la serie, pues además de Atenea se representan a Hades, Poseidón, Zeus, entre otros.

Exclusivamente para una temporada de la teleserie, denominada Saga de Asgard, se introduce a los dioses nórdicos Odín y Thor; a Siegfried, héroe también de la mitología nórdica; el Valhalla, un salón ubicado en Asgard, hacia donde los muertos en combate elegidos por Odín viajan tras su fallecimiento. La Saga de Asgard no figura en la versión original en manga.



Malaga Hoy