domingo, 10 de diciembre de 2017

“Creo que a los ‘millennials’ nos cuesta crecer por la desilusión”

Sarah Andersen, creadora del éxito mundial del webcómic Sarah's Scribbles, habla sobre la procrastinación, Trump y la Alicia de Carroll

Una ilustración del webcómic Sarah Scribbles. SARAH ANDERSEN

ÁNGEL LUIS SUCASAS

Madrid 7 DIC 2017

En las viñetas de Sarah's Scribbles, Sarah es una chica de pelo desarreglado, que tiende a la timidez, y que tanto te habla del fastidio de depilarse como del placer de procrastinar. En el mundo real, el de carne y hueso, Sarah Andersen es una veintiañera elegante, dada a sonreír y a la que parece gustarle tanto o más escuchar que responder.


Andersen es un exponente de la generación de historietistas que han explotado en Internet, en el fenómeno conocido como webcómic. Su Sarah's Scribbles, que acumula más de 400.000 seguidores en Twitter, es un éxito editorial traducido a múltiples idiomas. En su visita a España (Madrid y Barcelona), la editorial y la autora tuvieron que añadir sesiones de firmas; y no dieron terminado con las colas. Porque Sarah's Scribbles ha tocado la fibra millennial más mundana, la del humor en las pequeñas cosas, y lo ha convertido en cinco viñetas que consumir en una lectura fugaz pero con poso más allá de la carcajada.

En el Larios Café de Madrid, donde los cócteles tienen nombre de dioses y el salmón se marina con gin-tonic, Sarah Andersen compartió cena, copa y charla con Ka-BOOM. De Trump a Peter Pan. Y tiro porque me toca.


Pregunta. ¿Cómo le fue hoy en Madrid firmando?

Respuesta. La verdad es que tuvimos muchísima gente. Añadimos sesiones de firmas no previstas y aun así no llegamos a acabar la cola. Me siento muy afortunada.

INFORMACIÓN ÚTIL

Portada del primer volumen de Sarah's Scribbles en castellano.
Título: Sarah Scribbles

Autor: Sarah Andersen

Año de publicación en España: 2016

Editorial: Bridge

Serie completa: 2 volúmenes

Precio: 14,90€ (por volumen)


P. Los caricaturistas viven ahora una popularidad inédita por el fenómeno online. Repasando su Twitter, el de usted, me refiero, se la sigue volando a medio mundo al encuentro de los fans ¿Cómo se lidia con esto?

R. Internet ha permitido que se conecte con los historietistas. Ha iniciado una nueva era. Yo lo siento como algo surreal. Creo que es lo último que esperaba al empezar.

P. Precisamente, ¿cómo empezó todo?

R. De una manera muy amateur, mientras estudiaba Bellas Artes. No tenía ni idea de lo que hacía. Puedes ser alguien realmente bueno en ilustración clásica, incluso llegando a la fotorrealista, y sin embargo no ser capaz de hacer caricaturas porque exige un esfuerzo de pura imaginación. Para mí fue prueba y error. Cagarla muchas veces (risas).

P. ¿Cómo definiría este proceso? ¿Personal o colaborativo? ¿Cambiaba mucho lo que hacía en función de lo que a la gente parecía gustarle más?

R. No lo creo… Aunque es verdad que desde el principio recibía opiniones. Al principio, de mi círculo de amigos. Creo que se podría definir más como un proceso catárquico en el que podía ver que las cosas que inventaba hacían reír a otra gente. Y de esa manera iba solucionando los problemas creativos que me surgían en el camino de convertirme en historietista.

P. ¿Puede elegir un par de esos problemas?

R. Claro. Uno de los gordos era el método. Soy muy anticuada para las cosas que me gustan. Así que quería hacerlo al modo tradicional, sobre papel. Pero, sencillamente, no funcionaba muy allá. No quedaba bien en papel y el escaneado para digitalizarlo tampoco era de demasiada calidad. Era un proceso poco eficiente. Así que me pasé a digital. Y me llevó un tiempo encontrar los pinceles digitales adecuados para Sarah, para que, aun siendo digital, tuviera esa sensación de hecho a mano.

Las viñetas fueron otro punto importante. Creo que me llevó como un año llegar a esta solución de uno, dos, tres, cuatro, cinco.

P. Esta disposición en cinco viñetas es especialmente cómoda para leer en el móvil. ¿Pensaba en ello cuando decidió adoptarla?


Una página del tebeo 'Sarah's Scribbles'.

R. Sí, absolutamente. Yo pensaba desde el principio en que mis lectores leían un tebeo en formato scroll [es decir, deslizando de arriba abajo la pantalla]. Comenzó siendo un Tumblr, así que mis cinco viñetas pegaban la mar de bien.

P. Como millenial, me siento muy retratado en Sarah Scribbles. ¿Cree que la conexión con esta generación ha ayudado a convertirlo en un personaje tan icónico y global?

R. [Risas] No lo sé. Creo que las mujeres sí se identifican con él, no sé si la generación al completo lo hace. Pero sí creo que hay ciertos sentimientos muy específicos para los millennials. Y bueno, yo los toco porque soy millenial y hablo de lo que siento y veo. En fin, no lo sé. Tal vez [risas].

P. ¿Por qué a los millenials nos cuesta tanto crecer?

R. Creo que tiene mucho que ver con la desilusión. No es algo exclusivo de los millennials, pero es especialmente fuerte en nuestra generación. Se nos contó que había una narrativa, de la universidad al trabajo a la familia, y luego nada de esto funcionó. Por ejemplo, muchos matrimonios jóvenes acaban en divorcios, tal vez porque no estábamos [como generación] preparados para casarnos. En Estados Unidos, lo que cuesta ir a la Universidad es tanto que para muchos no está ni siquiera claro que se lo puedan permitir. Y yo creo que todo este agobio es lo que nos hace más susceptibles a quedarnos vagueando en el sofá [risas].

P. Hablando con Paul Levitz, expresidente de DC, durante su visita a Madrid, me confesó una idea interesante. Tal vez, Donald Trump sea lo mejor que le podía pasar a los Estados Unidos porque es un desastre tan obvio que la siguiente generación, es decir, los millenials, jamás votarán por alguien así. ¿Cree en esta visión?

R. Bueno… Si lo que él cree es cierto, es bueno. Pero… Los horrores de la Segunda Guerra Mundial fueron fenomenalmente terribles. Juramos no volver a caer en un horror así. Los nazis fueron condenados de una manera tan severa que se esperaba el fin definitivo de esa ideología. Pero, hoy, tenemos un movimiento neonazi en pleno auge en Estados Unidos. Así que ese pensamiento, de “esto ha sido tan malo que jamás lo repetiremos”, ya ha ocurrido muchas veces en la historia. No es lo mismo lo que pasó entonces con lo que ha pasado ahora. Pero hay paralelismos. No confío en el sentimiento de que hay un punto de desastre tal que impide a la condición humana repetirlo en el futuro. Así que no, no estoy de acuerdo. Con lo que sí estoy de acuerdo es que conque ha energizado la resistencia. Lo podemos ver en la actitud que están tomando las mujeres. Ha dado alas a la resistencia. Pero no creo que eso signifique que vayamos a ganar. Tengo mucha esperanza en un futuro con una visión más democrática, libre y de izquierdas. Pero no lo doy por seguro. Por eso creo que los jóvenes tenemos que estar informados y alerta.

P. Mi sentimiento como millennial de izquierdas, alguien, por ejemplo, como usted, está completamente en sintonía con mis ideas, con mi visión del mundo. Pero hay mucha gente de mi misma edad que no comparte para nada esta visión del mundo. La pregunta es, ¿conocemos los millennial de izquierdas lo suficiente al enemigo? ¿Nos esforzamos por comprender su punto de vista y que los lleva a elegir a alguien como Trump como líder?

Una página del tebeo 'Sarah's Scribbles'.

R. Estoy completamente de acuerdo con esto. Creo que es esencial para los millenials que se informen. Un problema que veo repitiéndose una y otra vez, incluso en los medios de comunicación norteamericanos, es que le dan voz a extremistas de derechas para, por así decirlo, que sus palabras sean la soga. Pero lo que no entienden es que son la soga solo para el público tradicional de esos medios, los demócratas de izquierdas. Un demócrata de izquierdas no comprende los argumentos de un supremacista blanco porque no ha experimentado esa forja de ideas y propaganda durante toda su vida. No entiende su punto de vista y su forma de ver el mundo. Y como no lo entiendes, y esto lo he visto pasar muchas veces, sucede que estos extremistas de derechas consiguen desarmar y hacer quedar de imbéciles a los contertulios de izquierdas. Y de pronto lograste el efecto contrario, les has dado una plataforma para difundir y reforzar su mensaje. Estoy muy, muy convencida de que la izquierda no entiende a su enemigo. Esto no significa que nuestros valores sean los equivocados. Lo que significa es que tenemos que dejar de mirarnos solo a nosotros mismos.

P. ¿Parte de la solución es sentarnos a hablar con gente que no nos gusta y escuchar?

R. Sí. Tenemos que escuchar los argumentos y opiniones de conservadores y gente de derechas. Pero a la vez tenemos que impedir que se difundan los mensajes de extrema derecha. Hay una diferencia entre abrir un diálogo para comprendernos mutuamente y dar plataforma a ideas tóxicas.

P. A Kevin Spacey lo van a borrar de una película. También van a retirar su filmografía de diversas plataformas de streaming. ¿Cree que lo políticamente correcto, que viene alentado sobre todo desde la izquierda en movimientos como #metoo, corre el peligro de ejercer una censura sobre el arte?

R. Para mí el ejemplo de Kevin Spacey no es censura. Estamos hablando de un caso de abuso, algo inaceptable. ¿Hablas de silenciar? Las mujeres han estado silenciadas durante generaciones. Y es, precisamente, el fin de este silencio lo que ha permitido que estos abusos salgan a la luz y la sociedad reaccione. Personalmente, no me gustaría trabajar con alguien que ha abusado de otras personas. Y con respecto a la libertad de expresión, vuelvo de nuevo a la elección de trabajar con alguien. Si decides prescindir de una persona cuyo comportamiento desapruebas, no estás faltando a la libertad de expresión. Si alguien ha sido horrible y tu decisión, como corporación o como persona, es no trabajar con él, no estás silenciándolo. Sé que se está virando la conversación a veces a que no dar trabajo a Kevin Spacey es silenciar su talento. Yo no lo veo así. Yo lo veo como que tomas una decisión moral para manifestar tu repulsa total a ciertos modos de actuar entre personas.

P. Volvamos a Sarah Scribbles. Las tiras cómicas suelen tener a sus personajes aislados en el tiempo. Garfield siempre es Garfield. O Calvin y Hobbes. Pero siendo Sarah Scribbles es tu alter-ego. Así que, si usted cambia como persona lo suficiente, ¿será posible seguir haciendo el libro? ¿Tendrá que cambiar Sarah tanto como cambia usted? Y, si opta por este camino, ¿cree que el público lo aceptará? ¿O llegará el momento en que esa conexión entre usted y Sarah se rompa y ella pasa a ser, simplemente, un personaje?

R. [Risas]. No, no creo que eso último pase. Lo que creo que ocurrirá, porque he visto ya una evolución en mis tiras que apunta a ello, es que el asunto del que traten las viñetas probablemente cambie a medida que yo cambio. Pero tampoco creo que sienta la necesidad de reinventarla completamente, o avejentarla. Creo que será una cuestión más de tono. No puedo predecir el futuro, pero eso es lo que me dice el instinto.

P. ¿Siente que su etapa de tiras cómicas de Sarah va a ser una relación muy a largo plazo o tendrá un final?

R. Lo cierto es que fui a la universidad para convertirme en una ilustradora. Es lo que siempre he querido ser. Y, cuando retome ese camino, es probable que tenga que dejar de hacer tiras para enfocarme. Así que tengo una visión de eso, un final, y mi vuelta a la escuela de Bellas Artes. Evidentemente, esto me implica un tipo de seguridad económica que no veo posible a corto plazo, en los próximos años. Pero la ilustración fue mi primer amor y creo que volveré a él. ¡Pero que nadie se asuste, que no va a pasar mañana! [risas].


Portada del tebeo 'Chessire crossing'.

P. De hecho, en su web se puede ver ya uno de sus próximos trabajos de ilustradora, Chessire crossing, con guion de Andy Weir. ¿Por qué no me cuenta algo sobre él como colofón a esta charla? Porque en el primer capítulo se ve compartir viñetas a la Wendy de Peter Pan y la Alicia de Carroll. 

R. Es todo un desafío para un artista el ponerte a ilustrar Alicia en el País de las Maravillas. Lo vamos a publicar también en papel. De hecho, cuando vuele de vuelta a casa me tengo que poner a ilustrar el volumen dos. Luego vendrán el tres y el cuatro...  Creo que está saliendo algo muy interesante porque somos un cóctel extraño de creadores. Yo, por ejemplo, estoy intentando afrontar un estilo de dibujo muy detallado, inspirado en los grandes ilustradores de la edad de oro. Mi colorista lleva la paleta por el camino contrario al que yo la llevaría. Y eso es muy bueno. Creo que su forma de dar el color plano es lo que ha convertido mis dibujos en un tebeo.

P. Una de propina. Si aceptara escribir o ilustrar un cómic de superhéroes, ¿qué le gustaría contar?

R. Mmmmm... [Sonríe] Creo que algo que me atrae mucho es el poder de la transformación. Sobre todo porque un personaje con un poder de transformación total, que se pudiera convertir tanto en un animal como en un objeto, podría ver el mundo de una manera mucho más completa y sencilla, sin ser observado. Así que creo que tiraría por ahí, un personaje extremadamente tímido que no sabe cómo existir en el mundo y por ello está cambiando constantemente, como un camaleón.


El Pais



Cómic de exposición

Detalle de uno de los cómics de Herriman en el Reina Sofía. 


POR FRANCESC RUIZ

Nunca es tarde si la dicha es buena. La exposición de George Herriman (Nueva Orleans, 1880-Los Ángeles, 1944) en el Museo Reina Sofía insiste en la urgente necesidad de incorporar el cómic dentro del discurso y las historias de la modernidad. Es un caso de reparación tardía, pero es un buen comienzo teniendo en cuenta que en Herriman confluyen la experimentación gráfica y poética más vanguardista con una visión compleja de la identidad y el género absolutamente contemporánea.

Las razones por las que el cómic ha tardado tanto en ser asimilado en las instituciones artísticas son múltiples, quizás porque comparte ciertos aspectos de la personalidad de Krazy Kat, el personaje principal de Herriman. Gato y gata al mismo tiempo, se expresaba a través de una mezcla de lenguas y dialectos que dificultaron su traducción. El cómic, como Krazy Kat, se presenta como una manifestación cultural de género difuso, que utiliza simultáneamente texto e imagen y tiene un lenguaje propio que lo sitúa en un lugar complejo a medio camino entre el arte y la literatura. Otra de las posibles causas de este distanciamiento fue el pop art, una de las peores cosas que jamás le pudo pasar al cómic. La mayoría de artistas pop emplearon un apropiacionismo de corte extractivista que sólo ayudó a popularizar una visión muy superficial de la disciplina. Nada que permitiese explorar su secuencialidad y todas las particularidades que alberga como material cultural.

La esencia del cómic va ligada a la narratividad y al medio impreso: la página del periódico, el tebeo, la revista o la novela gráfica son sus espacios de difusión. Así es como este medio difícil se enfrenta a su adaptación museística. ¿Cómo exponemos cómic? Muestras pioneras como Bande Dessinée et Figuration Narrative, celebrada en el Musée des Arts Décoratifs de París en 1967 ya planteaban soluciones parciales a algunos de estos problemas. La exposición, aparte de mostrar algunas obras de esa vertiente del pop francesa denominada figuración narrativa, incorporaba un conjunto de displays innovadores que, simulando estructuras modulares geométricas, sustentaban viñetas que hacían que el público pudiera recrearse en la especificidad del medio con más o menos fortuna.

Mientras resolvemos cuál es la mejor manera de exponer cómic, también habría que pensar cuál es el tipo de cómic que merece ser expuesto en un museo de arte moderno y contemporáneo y qué artistas del género de nuestro territorio merecerían una monografía en un museo como el Reina Sofía. Cuando el cómic realizado aquí empieza a nutrir algunas de las mejores colecciones, se hace necesario empezar a programar con dignidad a esos autores, figuras como Coll, Nazario, Micharmut o Nuria Pompeia, por poner algunos ejemplos, podrían cubrir ese cupo, ya que todos aunan grandes dosis de singularidad, vanguardia y experimentación.


Krazy Kat, su personaje principal. 


De manera similar urge plantear nuevas genealogías en las que poder dar a conocer el cómic desde toda su riqueza y diversidad, que reivindiquen la capacidad intertextual del medio, su capacidad evolutiva vinculada a la modernidad, las vanguardias y los hallazgos y estrategias surgidas de las prácticas conceptuales y de la desmaterialización del arte. Me gusta pensar en un itinerario ideal que se iniciaría con La Santa Rusia, el protocómic de 1854 de Gustave Doré, donde se atreve a dejar en blanco todas las viñetas de una página aludiendo al paisaje nevado que está retratando y que inauguraría las exploraciones metanarrativas que Winsor McCay desarrollaría con profusión a principios del siglo pasado. Este itinerario continuaría con las de-construcciones que el artista conocido como Jess perpetró en los cincuenta con los cómics de Dick Tracy, creando delirantes collages que respetaban la estructura secuencial del cómic. Dedicaría un apartado al détournament situacionista y otro a las innovaciones aportadas por el combe underground en los sesenta y setenta para acabar temporalmente el recorrido con las constricciones de Oubapo (Ouvrier de Bande Dessinée Potentiale / taller de cómic potencial), que, emulando al Oulipo y los experimentos literarios de Perec y Queneau, ampliarían las posibilidades expresivas del medio en los noventa.

Collage de Martin Vitaliti (2012)


El cómic de exposición podría ser la continuación lógica de esta genealogía, una manera de producir cómic fuera de los marcos restrictivos de la página pero dentro de las constricciones de la institución artística. Es en ese espacio desde donde hace años inserto mi práctica y mis estrategias distributivas que fusionan cómic y realidad. Pero hay más gente trabajando en ello cuyas obras me gustaría destacar. Está el conceptualismo radical de Han Manouach con su desarrollo de un cómic no figurativo destinado a lectores invidentes, así como Martin Vitaliti y su rigurosa investigación de la secuencialidad y los límites espacio-temporales del espacio entre viñetas. La deconstrucción metalingüística del color en Jochen Gerner o la exploración performativa que el colectivo argentino Un Faulduo hace del medio.

A veces, no es necesario realizar una gran muestra para tratar como se merece la obra de un autor de cómic, basta hacerlo con cierto cuidado, esmero y atención. Las mejores que he visto recientemente han sido en la sala de exposiciones de la librería especializada Fatbottom de Barcelona, espacio de unos tres metros cuadrados. El año pasado, el colectivo CCCCC (Centro de Conservación y Comunicación de Cómic Contemporáneo) realizó una excelente muestra centrada en los cómics evangélicos de Jack Chick, el mayor editor de cómics independiente del mundo. Próximamente, inaugurarán Negros Rojos mirando la historia del Libro para colorear de los panteras negras. Las posibilidades que abarca el cómic son múltiples y su capacidad de adaptación es infinita, tan solo necesita de comprensión de su medida y de lo que significa como formato. Ojalá haya cada vez mejores muestras de cómic dentro y fuera del museo.

Francesc Ruiz es artista.

La exposición de George Herriman en el Reina Sofía está hasta el 26 de febrero.



El Pais Babelia Nº 1.359 Sabado 9 de diciembre de 2017

jueves, 7 de diciembre de 2017

Viñetas de un ‘boom’ latinoamericano

La FIL certifica el auge del cómic en el continente: el número de creadores se multiplica, las editoriales se extienden y las cifras de ventas aumentan

VÍCTOR USÓN
Guadalajara (México) 4 DIC 2017


Una ilustración de Bef.

En América Latina, el cómic celebra incrédulo el éxito. Disfruta del boom, de la llegada de la fama y del comienzo del fin de ese profundo bache con el que tropezó en la década de los noventa. Van quedando atrás los difíciles y tortuosos años de silencio, y parece acercarse de nuevo la época dorada del género. Para algunos expertos, esto es solo el comienzo. Otros, más precavidos, sostienen que el futuro es incierto. No descartan que la fama sea efímera, el fenómeno una burbuja y el logro termine hecho añicos de nuevo.

Por el momento, el público quiere al cómic, demanda nuevos títulos y empuja su éxito. El número de creadores se multiplica, las editoriales independientes se extienden y las ventas alcanzan cifras que hace un tiempo eran un sueño: en México las grandes firmas hablan de un aumento de entre el 10% y el 20%. “La subida es muy agresiva y acelerada. Evidentemente, conforme vayamos creciendo empezará a desacelerarse. Veníamos de un mercado prácticamente virgen y de una época en la que la oferta era muy restringida”, cuenta Sonia Batres, directora general de Caligrama Editores, una de las pocas editoriales medianas que publica novela gráfica en México.

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) también se hace eco de este éxito. Por primera vez, dedica un pabellón a la novela gráfica, un termómetro de la buena salud de la que goza el género. Grandes firmas, editoriales medianas y un buen número de artistas independientes y colectivos ocupan la treintena de estands sobre el cómic que hay en el evento. René Córdova y Héctor Germán Santarriaga, dos autores mexicanos, han compartido, junto a otros compañeros, estand, transporte y algunos costes para poder hacer un poco más barato su presencia en esta cita. Ellos han impreso, trasladado y ahora venden sus últimas obras en uno de los puestos. Sus cómics, made in Mexico, compiten con Spiderman, Capitán América y otros superhéroes que encandilan al público. En su mostrador no se agolpan los fans, pero aún así sus ventas constituyen un hito, la cifra ha ido en aumento desde hace algún tiempo.

“La novela gráfica es un formato que está en el punto de despegue. Conocemos bien el piso, no sabemos aún dónde está el techo”, asegura Diego Rey, editor de Hotel de las ideas, una de las firmas que en Argentina ha impulsado el género. Publican 12 títulos al año y celebran los 2.000 ejemplares de tiraje que tienen algunas de sus obras, imposible de alcanzar hace solo unos años. Es el resurgimiento de una industria, todavía débil, en la que han sido los propios artistas quienes han conseguido reflotar el género.

Una ilustración de Tony Sandoval.

Los mexicanos Bef y Luis Fernando, los argentinos Juan Sáenz Valiente y María Luque, los colombianos Power Paola y Jim Pluk o la chilena Catalina Bu han logrado que empiecen a ser conocidos sus nombres. Mientras tanto, algunos autores se alían en colectivos con los que ganar fuerza y poder vender mejor sus obras, otros tienen sus propias editoriales y una inmensa mayoría crea, imprime, distribuye e incluso vende sus publicaciones. Pero, a pesar de todos los esfuerzos, para muchos vivir de la novela gráfica sigue siendo un sueño.

“El cómic está polarizado entre los grandes grupos y la microedición. Son las pequeñas editoriales las que apuestan por el riesgo, pero tienen difícil la distribución. Se está generando una industria que todavía está en pañales, lo que sí hay es un circuito de ediciones alternativas que ha logrado tener contactos internacionales entre los diferentes países de América Latina y que tiene una vitalidad increíble”, cuenta el crítico de cómics barcelonés Álvaro Pons.

Unos cimientos propios que, aunque todavía débiles, permiten expandir un tanto el género. Por el momento, han dicho adiós a la crisis de los 90 y miran de reojo a España, donde el cómic se recuperó antes y sigue conquistando el mercado.


Uno de los pasillos de la FIL. LEONARDO ÁLVAREZ.

“En los ochenta, de forma instantánea, el cómic apareció y también de igual manera se esfumó. Fue una burbuja que se pinchó y ahora hay gente que le preocupa que pueda tratarse de un proceso similar. Creo que no será así, el crecimiento es sostenido y se cuenta con unos cimientos. Es un proceso irreversible”, señala Pons.

Aquella caída fulminante dejó un pequeño grupo de supervivientes en América Latina, que hoy ha dado lugar a un movimiento que, incrédulo, admira la vuelta del éxito. El cómic ha resurgido entre las cenizas y novelas gráficas locales han llegado a tener tiradas de 12.000 ejemplares. Así ocurrió en Chile con la novela gráfica Mocha Dic, de Francisco Ortega y Gonzalo Martínez, según relata el chileno Carlos Reyes. Un país en el que más de un centenar autores han publicado al menos un cómic con alguna editorial en los últimos 10 años.

Una batalla contra "el bombardeo de Marvel para hacer un cómic local", cuenta el caricaturista mexicano José Hernández, de la que ha surgido una novela gráfica en la que no solo hay superhéroes, sino que también se habla de amor, feminismo o violencia en América Latina. Las nuevas publicaciones seguirán luchando por reconquistar al público que un día les adoró. Para ello, aún deben despojarse del estigma que los asocia con lo infantil y los considera un género menor de la literatura.

DEL ‘WEBCÓMIC’ AL ÉXITO
V. U.
Internet se ha convertido en uno de los mejores aliados de la nueva novela gráfica. Numerosos creadores han conseguido gracias al webcómic dar el salto a las publicaciones en papel. Un sinfín de autores han volcado sus obras en la Red, dando lugar a un fenómeno que, aunque en perfecta conexión con la novela gráfica clásica, incorpora un lenguaje propio que pisa con fuerza y podría transformar el género.

Se trata de nuevos formatos en los que se puede “introducir sonido o animaciones que el papel no permite”, cuenta el crítico Álvaro Pons. Así ocurrió con El hábito de la mordaza, un cómic de Germán Andino sobre la violencia en Honduras que publicó EL PAÍS y se llevó este año el Premio Gabriel García  Márquez a la Innovación de la Fundación Para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.



El Pais


Sostiene el cómic de Pereira

Pierre-Henry Gomont lleva a la novela gráfica el célebre libro de Antonio Tabucchi

TOMMASO KOCH

Madrid 27 NOV 2017



'Sostiene Pereira'.

Era un hombre anodino. Sin ideales ni apenas amigos, obeso, cardiópata, tan rutinario como su desayuno: tortilla y limonada en el Café Orquídea, un día tras otro. Periodista cultural de un diario católico irrelevante de Lisboa, se pasaba las jornadas solo e inadvertido. Y, sin embargo, el tipo tenía fama, gloria y millones de seguidores. Tanto que a Pierre-Henry Gomont le daba miedo incluso acercarse a él. “Me intimidaba”, reconoce el dibujante y escritor. Durante tres meses, la inseguridad le ganó el pulso. Se limitaba a tomar notas, leer y releer. Y entonces se le agotó el tiempo. “Tenía que empezar. Las fechas tope son una gran manera de olvidarse del miedo creativo”, agrega Gomont. La obligación le quitó el peso de encima, y en siete semanas tenía bocetos y rumbo. Unos meses más y la misión que le habían encargado estaba cumplida. Había logrado llevar al cómic (Astiberri) un personaje y una de las novelas más celebres de la literatura contemporánea: Sostiene Pereira, del italiano Antonio Tabucchi.

“Lo mejor de Sostiene Pereira es la pureza clásica de su escritura”, defiende el autor francés (Boulogne-Billancourt, 1978). Aunque se podría escoger entre muchas virtudes de la obra maestra que Tabucchi publicó en 1994. Ambientada en la Lisboa de 1938, bajo la dictadura de Antonio de Oliveira Salazar, la novela cuenta la existencia en la sombra de Pereira, volcado en sus reseñas literarias y la nostalgia de su fallecida mujer. Acostumbrado a no tomar partido nunca, en una era de ebullición política, el periodista acaba sacudido por una de sus pocas decisiones: fichar para su diario a un joven que prepare obituarios de personajes célebres aún vivos. A partir de ahí, poco a poco, la supervivencia insulsa de Pereira se ve invadida por conceptos tan ajenos a él como los dilemas, el fascismo, la revolución o la libertad. Y Tabucchi lo relata como si el propio personaje se lo estuviera contando. De ahí la fórmula de su título, repetida varias veces en el libro: Sostiene Pereira.

Para dibujarlo, en cambio, Gomont escuchó su instinto. Tras leer cinco o seis veces el libro, lo cerró. “Conté la historia desde la memoria. Solo cuando terminé volví a abrir la novela, para añadir un par de frases que sabía que quería incluir”, defiende. Se dejó guiar por las ideas gráficas que el libro le había sugerido, por sus recuerdos y por un viaje a la capital portuguesa. El resultado es una mezcla de tonos vívidos y melancólicos, donde conviven la Lisboa de la belleza nostálgica y la del régimen y la represión; hay diálogos intensos y páginas sin ninguna palabra, miríadas de viñetas y otras que ocupan un folio entero.

Fiel a la novela, Gomont recrea los momentos en los que Pereira habla con la foto de su exmujer o sus citas con Silva o el doctor Cardoso. Aunque el dibujante también se concedió licencias: la teoría de la confederación de las almas (un yo hegemónico se impone sobre los demás, que pueden destronarle y asumir a su vez el poder) que marca al periodista en el libro es retratada aquí con una serie de pequeños pereiras que brotan en torno al personaje para representar sus debates interiores.


“Espero poder ofrecer al menos un aroma del talento de Tabucchi a través de mis viñetas”, explica el creador. Para ello, se pasó dos semanas recorriendo Lisboa en solitario, dibujando todo el día y experimentando con lápiz, acuarelas o tinta. La propia ciudad le ayudó: “Una vez allí, mucho de lo que Tabucchi escribía de Lisboa tomó vida”. Prefirió no ver nada de las otras adaptaciones de la obra, ni tampoco accedió al archivo personal del autor, fallecido en 2012. Sí se reunió con la viuda de Tabucchi, Maria José de Lancastre, pero solo después de publicar el cómic. Como si siguiera el consejo del doctor Cardoso a Pereira: “Deje de frecuentar el pasado, intente frecuentar el futuro”.

"Nosotros somos gente del sur, Pereira, obedecemos al que grita más, al que manda", era otra de las frases célebres de la novela, considerada también una celebración de la libertad. "Una obra existencial decididamente optimista", la definía Tabucchi. Pero Gomont cree que el principal foco es otro: "El cambio interior de Pereira". Sacado de su torpor, el personaje llega a verlo todo claro. Tal vez por eso el artista le quitó las gafas que al principio le quiso dibujar. Al fin, Pereira ya no las necesitaba.

MUCHOS 'PEREIRAS'
Pierre-Henry Gomont trató de ignorarlo, para mantener la pureza de su mirada, pero Sostiene Pereira ya había sido adaptado al menos en tres formatos. El francés decidió no ver la película de Roberto Faenza, protagonizada por Marcello Mastroianni, que salió poco después de la publicación del libro. Descubrió la otra versión en cómic, realizada en 2015 por Marino Magliani e Marco D’Aponte, solo cuando había terminado su propia novela gráfica. Y nada sabía de sus representaciones teatrales.

El Pais

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Albert Watson, fotógrafo.

Albert Watson es uno de los fotógrafos más eclécticos de la última mitad el siglo. Políticos estrellas del rock y hasta monarcas han posado para este escocés, que cuenta la moda entre sus pasiones
Texto Álex Vicente   Fotos Jake Chessum



Mick Jagger (Los Angeles, 1992)
Esta foto fue totalmente improvisada y se realizó cuando aún no había Photoshop.



Albert Watson (Edimburgo, 1942) lleva medio siglo haciendo fotos, desde que su mujer le regaló una cámara fotográfica cuando cumplió 21 años. Sintió inmediatamente, según relata, que el aparato era una extensión de su mano. Entendió muy pronto que quería dedicar su vida a mirar por el objetivo. Desde entonces, se ha convertido en uno de los nombres más celebrados de esta disciplina. También en uno de los más eclécticos. Watson escogió no escoger y ha tocado todos los palos, de la fotografía de paisajes a las naturalezas muertas, sin olvidar su trabajo comercial para los estudios de Hollywood o sus numerosas campañas para todo tipo de marcas, de Chanel a Levi Strauss.
 

Sin embargo, son sus retratos los que lo han consagrado como uno de los grandes nombres de la fotografía de nuestro tiempo. Por su objetivo han pasado mitos como Andy Warhol, Michael Jackson, David Bowie o Steve Jobs. En su interminable galería de imágenes conviven Kate Moss y la reina de Inglaterra. Para reflejar todas esas aristas, Taschen publica ahora Kaos, voluptuoso volumen del que solo distribuirá 1.200 copias numeradas, además de otras 50 que irán acompañadas de una lámina firmada (el precio del libro, entre 1.250 y 4.000 euros, no es accesible para todos los bolsillos). Watson recibe así un honor que antes obtuvieron Helmut Newton o Annie Leibovitz. «Me siento orgulloso por ello», admite desde su estudio en el barrio neoyorquino de Tribeca, mientras empieza a repasar el transcurso de su larga trayectoria. 
La oficina de Albert Watson en Tribeca -uno de los barrios más famosos y cotizados de la Gran Manzana- es un espacio de trabajo lleno de objetos personales donde el fotógrafo guarda su obra
y prepara las imágenes para ser enviadas.El jukebox antiguo está en una de las salas y su música suena siempre que los visitantes lo piden.


¿Por qué decidió convertirse en fotógrafo? 
Soy hijo de un boxeador profesional y de una profesora de educación física. Mi familia no tenía nada que ver con este mundo, pero cuando terminé el instituto sentí que quería dedicarme a esto. Me apunté a una escuela de arte en Dundee, cerca de donde crecí, con la intención de convertirme, cuando terminara, en profesor de pintura o escultura. 

Por aquel entonces, ¿qué importancia tenía el arte para usted? 
Simplemente era una actividad con la que disfrutaba. Y entonces tenía la voluntad de dedicar mi vida a algo que me gustara. No creo que intentara expresar nada en concreto. Solo quería aprender. Después de dos años pintando cuadros o haciendo cerámica y alfarería, acabé entendiendo que lo que se me daba mejor era el diseño gráfico. Fue entonces cuando descubrí la fotografía, porque había una asignatura sobre esta materia. Recuerdo que, cuando empecé a hacer fotos, me obsesioné inmediatamente y ya no pude parar. 

¿Qué fue lo que le gustó?
Su inmediatez. El hecho de poder ver el mundo a través de un agujero y de poder interpretarlo de una manera determinada. En 1966 terminé la escuela en Dundee y me aceptaron en el Royal College of Art de Londres. Me mudé allí para estudiar diseño, cine y fotografía.






La moda y las modelos son una de sus pasiones.
En la foto, Kate Moss, Henna Hand
Marrakech, 1993.


Vivió los años del Swinging London. ¿Qué recuerda de aquella vibrante escena cultural?
Fue un momento muy excitante para estar en Londres, aunque mi experiencia fue muy distinta a la de otros artistas... Yo tenía una familia, por lo que llevé un tipo de vida algo conservador. Mi mujer trabajaba de profesora y teníamos dos hijos. No fueron unos años locos. Solo me interesaba poder mantener a mi familia y trabajar duro para tener éxito en lo que hacía. Creo que fue durante esos años cuando mi fotografía se volvió mucho mejor. 

¿Por qué se mudó a Estados Unidos?
Había viajado por el país durante un mes, en 1966, gracias a una beca concedida por IBM. Desde entonces, me tenía obsesionado su modo de vida. Mi mujer obtuvo un trabajo en California a principios de los 70 y decidimos mudarnos allí. ¿Hubiera sido mi carrera distinta en el Reino Unido? A menudo me lo pregunto... Me gusta pensar que hubiera tenido el mismo éxito, simplemente porque le dediqué muchas horas. Fue una época en la que trabajé mucho. Lo que obtuve fue fruto de ese esfuerzo. 

¿Cuándo se dio cuenta de que había conseguido llegar donde quería? 
Puede que con mi retrato de Alfred Hitchcock. Me llamaron de Harper's Bazaar para pedirme que lo fotografiara con un ganso colocado sobre una bandeja, porque la imagen debía acompañar una de sus recetas favoritas. A mí me apeteció más hacer algo un poco más fiel a su universo. Desplumé el ganso y le pedí que lo sujetara por el cuello. Me pareció una imagen mucho más hitchcockiana. Podía ser frío en el trato, pero conmigo fue todo lo contrario: encantador e increíblemente divertido. Colaboró mucho para que la fotografía quedara perfecta. 

¿En qué momento empezó a interesarse por la moda?
Tal vez durante mis años de estudiante en Londres, cuando simpaticé con los alumnos del departamento de moda, donde había gente que después se hizo muy importante [como el diseñador Ossie Clark, también nacido en 1942]. De todas maneras, nunca me he considerado un fotógrafo de moda, sino un fotógrafo que disfrutaba con la moda. Era mi actividad principal, pero no la única. 

¿Cómo se toma un buen retrato? 
Muy fácil: sabiéndolo todo sobre la persona que tienes delante. Siempre digo que tengo tres consejos para lograr hacer un buen retrato: preparación, preparación y preparación. La mayoría de colegas se preparan mucho técnicamente y en cuestiones como la luz, que es muy importante. Pero también lo es documentarse sobre la persona a la que vas a retratar. Si fotografías a Clint Eastwood, tienes que ver todas sus películas, leerte su biografía, saber que empezó en la televisión, entender por qué se pasó a la dirección en un momento de su carrera y llegar a cierta evaluación crítica sobre su trayectoria. Si no, te resultará imposible tener una conversación seria con él cuando te lo pongan delante. Este tipo de cosas son las que separan a los buenos fotógrafos de los que no son tan buenos.

Otro retrato que define su carrera es el de Steve Jobs. Se ha convertido casi en su imagen oficial.
En ese caso, la preparación también fue muy importante. Solo me dieron una hora con él, de 9 a 10 de la mañana. Antes de que entrara en la sala, llegó el relaciones públicas de Apple para advertirme lo siguiente: «Steve odia a los fotógrafos». Mientras ajustaba la luz, tuve una idea. Le dije: «Tengo una buena noticia para usted: no voy a necesitar una hora, sino solo media». Él se puso muy contento. Me dijo que le parecía fantástico, porque tenía muchas cosas que hacer, y que me lo agradecía mucho. Fue una apuesta arriesgada, porque me quedé con la mitad del tiempo. Pero, a la vez, conseguí conectar emocionalmente con una persona que venía a regañadientes. A partir de ese momento estuvo muy receptivo. Años más tarde, la escogieron como la fotografía del obituario de la compañía.

Supongo que en otros casos las cosas también le han salido mal... 
Sí, pero siempre trabajas con un plan B y con un plan C para que eso no suceda. E incluso con un plan D, si hiciera falta. He tenido sesiones fotográficas que me han decepcionado, porque no he llegado a materializar la visión que tenía antes de empezar. Lo que hay que hacer es intentar entender en qué has fallado. Este es un oficio que se aprende después de encadenar muchas jornadas laborales de 16 horas. No es algo que se adquiera de un día para otro.

¿Las buenas ideas surgen durante la preparación o aparecen, casi por arte de magia, durante la propia sesión fotográfica? 
Es una combinación de las dos cosas. La preparación es básica, pero una de mis imágenes más conocidas, el retrato de Mick Jagger con rasgos de leopardo, fue totalmente improvisada. Yo tenía pensado hacer la foto con Jagger en un coche deportivo y el animal sentado en su regazo. Pero eso no fue posible, porque el leopardo no era precisamente manso. Se me ocurrió entonces superponer la cara de Jagger y la del leopardo rebobinando la película, solo por probar algo distinto. Por aquel entonces se tenía que hacer manualmente, ya que no existía Photoshop...

Después de tantos años metido en este negocio, ¿la fotografía sigue suponiendo un reto para usted? Siempre lo comparo con conducir un automóvil. Al principio crees que matarás a alguien y que nunca serás capaz de manejarlo. Después vas cogiendo confianza, hasta que puedes mantener una conversación al mismo tiempo que sujetas el volante. Con la fotografía pasa lo mismo. Llega un momento en que te sientes suficientemente cómodo en el aspecto técnico para que todo resulte más fluido. Pero siempre tienes que pensar hacia dónde quieres conducir el coche. Es decir, qué quieres decir con las imágenes que has hecho. Además, por mucho que controles la maquinaria, sabes que no puedes dormirte al volante. Con las fotos pasa exactamente lo mismo.




Kaos (Ed. Taschen), un repaso de la carrera del fotógrafo con desnudos, naturalezas muertas e imágenes de moda, incluye textos de Watson y decenas de polaroid inéditas hasta la fecha. El trabajo (1.200 copias numeradas y firmadas por el artista escocés) está disponible en una edición de coleccionista y en cuatro ediciones de arte de 50 copias cada una, acompañadas por una lámina firmada.

Nació ciego de un ojo. ¿Diría que ha sido un obstáculo, o al revés? 
Tuve la suerte de escoger una disciplina donde, hasta la llegada del iPhone, solo se necesitaba un ojo para mirar por el objetivo. Tal vez estuviera predestinado a dedicarme a esto. No creo que haya tenido ningún efecto negativo, aunque tampoco puedo comparar...

También es conocido por sus encargos para el cine. Durante años diseñó decenas de carteles, como el de Kill Bill, El código Da Vinci, Chicago, Las horas... También trabajó para series como Los Soprano
Es un trabajo que se me da bien, tal vez por mi formación como diseñador gráfico. En realidad, mis fotos también suelen ser bastante gráficas. Mi cartel favorito es el de Kill Bill, por su sencillez. Escogieron una imagen donde solo aparece Uma Thurman de pie, sujetando su espada.

¿Se trabaja de forma distinta cuando uno se pone al servicio de una firma de moda?
Sí y no. Por una parte, es un trabajo distinto. Por otra, una vez más, todo consiste en prepararse bien. Para hacer una buena fotografía de moda debes entender la diferencia entre materiales, saber distinguir el lino de la seda, entender las texturas y los estampados... También implica todo un trabajo sobre la expresión corporal, sobre el lenguaje del cuerpo. Igual que un fotógrafo de coches debe saberlo todo sobre los coches, uno de moda tiene que ser experto en el mundo que aspira a capturar. 




Andy Warhol, Nueva York, 1985; uno de los ejemplos claros de sus fotografías más populares.



Breaunna in Bathroom, Budget Suites Motel, Las Vegas, 2000. 

¿En qué cambia su trabajo cuando tiene delante de su cámara a una modelo profesional?
Es igual que con cualquier otra persona. Es decir, intentando encontrar una conexión con ella. Lo que es diferente es que tal vez le haces preguntas distintas que a un político. Te interesas por la música que escucha. Te interesas sobre el lugar del planeta del que viene. Le preguntas si tiene novio... [risas]. A diferencia de otros, nunca he sido duro con las modelos. Siempre me aseguro de que todo el mundo las trate bien. Suelo ser paciente y evito la confrontación innecesaria, aunque también puedo ser firme y directo cuando la ocasión lo requiere. 



Monkey with Gun, Nueva York, 1992


¿Vuelve, de vez en cuando, al lugar dónde creció? 
Sí, volví hace unos años a Escocia para trabajar en una serie de paisajes en la isla de Skye, que es uno de los lugares más bonitos del planeta. También regresé a Dundee porque me hicieron doctor honoris causa en la universidad. Es un lugar que me inspira un gran romanticismo y siempre me alegro de volver. Es curioso, porque cuando era joven me moría por marcharme de allí. Ahora, en cambio, pienso que tal vez podría retirarme en Escocia. Aunque me resultaría difícil dejar Nueva York, ya que llevo viviendo aquí desde 1976. Me he acostumbrado a tener decenas de museos alrededor, a ir al teatro por la noche y a cenar en buenos restaurantes... 



Michael Jackson, Nueva York, 1999


¿Piensa en la jubilación?
No, claro que no. Esa palabra está prohibida. Para un fotógrafo, retirarse nunca forma parte del plan o del trato. La única opción que tengo es seguir adelante. La fotografía es como una adicción. Sucede casi como con la heroína: es mejor que no empieces, por-que luego no podrás quitarte •

revista Smoda Nº231 NOVIEMBRE 2017

UNA PIZCA DE HUMOR



El autor dibujante y humorista gráfico, bosqueja un particular homenaje gastronómico donde las frutas y otros iconos del comer da vida a cinco escenas. Por Asier Sanz.


Revista El Pais Semanal Nº 2.147 Domingo 19 de noviembre de 2017

DEL TEBEO AL COMIC

El Museo ABC recorre la historia de la historieta española desde que en 1917 la revista 'TBO' publicó las primeras viñetas para sorpresa de los niños



El valeroso Cuto, trabando amistad con unos sioux gracias a la cabeza y los pinceles de Jesús Blasco.


Medio mundo los llama cómics, pero para los españoles siempre han sido tebeos. La culpa fue de la revista infantil TBO, nacida hace ahora un siglo, que marca el origen del noveno arte en este país. El Museo ABC ha puesto al crítico Antoni Guiral a comisariar una exposición que, desde el 31 de octubre y hasta el 4 de febrero, recorre la historia de nuestras viñetas hasta que alcanzaron la mayoría de edad. Costó lo suyo: 60 años. En 1977 la revista Totem fue la primera dirigida a un público adulto que había crecido con Carpanta, Mortadelo o el Capitán Trueno, AITOR MARÍN


El Pais. Revista ICON Nº45 NOVIEMBRE 2017

Arte y descarte



Su nombre es Linda, trabajaba en televisión y protagonizó Una llama en Times Square, la celebre imagen que Inge Morath disparó para la revista Life en 1957. La hoja de contacto revela que, aunque hay dos imágenes similares, la elegida estaba mejor expuesta: hay un detalle en el fondo y en el gesto.


Como no fueron concebidas para ser mostradas, las hojas de contacto -primera impresión de los negativos, directamente sobre el papel- están plagadas de secretos. En el subsuelo de la Fundación Canal (Madrid) están muchos de ellos, recogidos en la exposición Magnum. Hojas de contacto, que se podrá visitar hasta el 5 de enero. Allí se observa cómo las imágenes que acaban recibiendo el adjetivo de icónicas se abren paso entre las demás, las descartadas, cuya historia es casi igual de fascinante. Son estas las que permiten descubrir el proceso creativo del artista. 'Analizando la sucesión de instantáneas es posible saber cómo se relaciona el fotógrafo con los personajes, cómo busca el punto de vista más adecuado, si arriesga o si se aburre con facilidad", comenta Emmanuelle Hascoét, directora de exposiciones de Magnum Photos. En fin, nostalgias de cuando la película limitaba (y mucho) el número de disparos. De cuando la realidad no tenía que caber en un hashtag. EVA BLANCO

El Pais. Revista ICON Nº45 NOVIEMBRE 2017

domingo, 3 de diciembre de 2017

Tú los dibujos, yo la música


TASCHEN RINDE HOMENAJE AL CREADOR GRÁFICO DE GORILLAZ CON UN VOLUMEN QUE RECOGE SU OBRA DE LOS ÚLTIMOS 25 AÑOS











Si no llega a ser por una ruptura, Jamie Hewlett solo sería conocido por los amantes del cómic. Este inglés de 49 años alcanzó cierta fama en los noventa con Tank Girl, una serie de historietas anarquistas protagonizadas por una chica que tenía un tanque y un novio que era un canguro mutante. Pero cuando Damon Albarn, cantante de Blur, rompió con Justine Frischmann, pensó que sería buena idea irse a vivir con su amigo Jamie y, una vez juntos, los dos pensaron que sería todavía mejor idea
crear una banda de rock virtual a la que bautizaron Gorillaz. Albarn haría la música, Hewlett se encargaría del diseño de los personajes y ambos aportarían ideas al invento, que vio la luz en el año 2000. Desde entonces las creaciones de este artista son tan reconocibles como las canciones del grupo, y resulta de lo más normal que Taschen le dedique un volumen gloriosamente lujoso en el que se recogen sus trabajos del último cuarto de siglo, además de bocetos, fotos y otras joyas para ojos sensibles, A.M.





El Pais Revista ICON Nº46 DICIEMBRE 2017



Larga vida y prosperidad

En abril de 1939 el estadounidense Bill Everett crea a Namor, el Príncipe Submarino. Es un personaje arrogante, altivo y orgulloso de su condición de monarca absoluto de Atlantis


GERARDO MACÍAS
29 Noviembre, 2017




'Namor, el hombre submarino: Príncipe de Atlantis (Marvel Limited Edition)'. Guion: Stan Lee, Roy Thomas, Raymond Marais y Archie Goodwin. Dibujos: Wally Wood, Gene Colan, Jack Kirby, Jerry Grandenetti, Bill Everett, Marie Severin, Dan Adkins, Werner Roth y John Buscema. SD/Panini Cómics, 2016.

Si pensamos en un personaje de orejas puntiagudas que nos evoque las palabras "larga vida y prosperidad", a todo el mundo se nos viene a la cabeza Spock, de la serie cinematográfica y televisiva Star Trek, que comenzó en el año 1966.


Pero hay otro personaje creado con anterioridad, que también es de orejas puntiagudas y que tiene más de un siglo de larga vida. Eso sí, no siempre disfruta de prosperidad, aunque se le presupone por ser monarca: se trata de Namor, el Príncipe Submarino.

Bill Everett creó a Namor, en abril de 1939, en Motion Picture Funnies Weekly nº 1, una revista gratuita que se distribuía en cines para atraer al público a los cómics. Después, el dibujante llevó al personaje para la editorial Timely que lo publicó en color en la revista Marvel Comics nº 1 (octubre 1939), el mítico cómic al que la editorial Marvel debe su nombre.

Junto con el Capitán América fue uno de los personajes más importantes en la editorial Timely Comics. No tardó en tomar contacto con los habitantes de la superficie hasta el punto de decidir luchar junto con otros héroes, contra el Eje durante la Segunda Guerra Mundial. Namor reinaba en Atlantis, que no debía estar muy lejos de Japón pues sus adversarios siempre eran los ejércitos nipones.

Tras acabar la 2ª Guerra Mundial, los superhéroes cayeron en el olvido y fueron sustituidos por otro tipo de historias donde el crimen, el terror o la ciencia-ficción eran los temas centrales.

El regreso del Príncipe Submarino se produjo en 1962, en una de las colecciones insignias de la recién creada Marvel Comics Group: Fantastic Four nº 4. En este cómic, se explicaba como Namor había estado perdido durante mucho tiempo sin dar señales de vida, ya que un ataque de amnesia le hizo olvidar quién era y vagaba por las calles de Nueva York. El tratamiento de shock que le proporcionó la Antorcha Humana de Los 4 Fantásticos para hacerle recuperar la memoria tuvo efecto inmediato, bastó con lanzarlo al mar y que tomase contacto con el agua salada.

A partir de 1962, parece que Atlantis ya no está cerca de Japón sino de los Estados Unidos de América, porque Namor se convierte en visitante habitual de Nueva York, aunque no siempre con las mismas intenciones. Desde entonces, el personaje se convirtió en uno de los secundarios fijos de la serie Fantastic Four.

Namor fue desde su creación un personaje arrogante, altivo y orgulloso de su condición de monarca absoluto de Atlantis. Su padre fue miembro de la expedición de Ernest Shakleton y tripulante del mítico Endurance, y viajó por orden de Winston Churchill hasta el Polo Norte para hallar un yacimiento de vibranium, poderoso metal ficticio del universo Marvel. Veinticinco años más tarde, Leonard McKenzie fue encargado de recuperar el mineral perdido en el anterior viaje. Durante este nuevo viaje, la nave de McKenzie causó graves daños en la ciudad de Atlantis al chocar contra el hielo.

El emperador Thakorr ordenó a su hija, la princesa Fenn, que investigara el origen de los daños ocasionados en la ciudad, pero fue hecha prisionera por la tripulación, aunque McKenzie la protegió. Mientras el capitán McKenzie la enseñaba a hablar inglés, el amor surgió entre los dos y decidieron casarse en el barco con la tripulación como testigos. La ceremonia se interrumpió, ya que su padre había enviado a sus soldados a rescatarla. Aunque triunfaron en la misión de rescate, la princesa Fenn ya estaba embarazada, y su futuro hijo sería Namor.

Namor nacería con unas mayores habilidades que el resto de su raza. Al ser un híbrido de humano y atlante, era más fuerte y tenía unas pequeñas alas en los pies que le permitían volar. Una vez metidos en el universo Marvel, Namor decidió luchar por los derechos de su mundo en la faceta legal pero también combatiendo a la humanidad. Cuando todo termina el Príncipe Submarino vuelve a su reino y se encuentra que ha sido destronado por Lady Dorma. Para volver a recuperar el poder debe de hacerse con el Tridente de Neptuno. Las pruebas que debe de realizar para legitimar su soberanía son muchas y si a esto le sumamos que Namor siente algo más que aprecio por Dorma, la mujer que le traicionó, veremos hasta dónde llega el drama en el que se encuentra su vida.


Malaga Hoy


Los mutantes también lloran

Continúa la exitosa saga de los personajes Marvel, con el equipo formado por Chris Claremont y John Romita Jr. al frente de la nueva publicación



JOSÉ LUIS VIDAL
29 Noviembre, 2017


Se puede considerar al guionista Chris Claremont como el auténtico 'padre' del universo mutante de la editorial Marvel. Durante años llevó las riendas no solo de la colección madre, sino que de su fértil imaginación nacieron otras cabeceras (como Los Nuevos Mutantes) con las que invadió las estanterías de las librerías y extendió su toque.


¿Y qué aportó Claremont a esta recién renacida colección? Primero, cogió con fuerza el testigo de otro escritor, Len Wein, y añadió al grupo un ingrediente muy importante: los sentimientos. Aunque se trataban de seres super poderosos, todos tenían su corazoncito y ahora íbamos a ser testigos de excepción en los amoríos, las rupturas, los traumas y secretos de estos personajes tan bien delineados. Ellos son Cíclope, Tormenta, Lobezno, Kitty Pryde, Coloso, Rondador Nocturno y Pícara.

Amores perdidos, otros de juventud, la búsqueda de la felicidad junto a una nueva pareja… Todos estos temas iban a ser tratados en una colección protagonizada por auténticos proscritos, en la que se reflejaba el racismo y temor hacia unos seres, los mutantes que, según un sector de la opinión pública y los políticos, debían ser apresados e internados en centros 'especiales' (léase campos de concentración).

Si a mediados de los setenta el ya exitoso Claremont aceptó el reto de guionizar esta serie, en la década siguiente alcanzaría el éxito total, vendiendo miles de ejemplares y dejando sagas para el recuerdo. Y si todo esto no fue poco, la aportación gráfica a la cabecera sería mayúscula, con unos dibujantes dejando impreso en las viñetas lo mejor de su arte: Dave Cockrum, John Byrne, Paul Smith… y un joven artista que ya había aportado su indeleble sello en las colecciones protagonizadas por Tony Stark y Peter Parker. Se trataba del hijo de otro grande, con el que no solo compartía el nombre y apellido, sino el talento: John Romita Jr.

En este quinto tomo Omnigold publicado por Panini Comics, el dibujante ya se siente totalmente suelto y vemos cómo su estilo personal aflora. Y en parte lo hace gracias a un profesional de la tinta, Dan Green, que supo respetar los lápices de Romita Jr. a la vez que aportaba y completaba aquellas espectaculares páginas. Profesión esta, la de entintador que, con los adelantos digitales, se ha perdido prácticamente, ganando en personalidad la obra de los dibujantes, que han asumido el rol de 'dibujante-entintador' convirtiéndolo en un todo.

Pero, claro está, no todo iba a ser drama en las aventuras de La Imposible Patrulla X. Si algo distinguía a Claremont era su habilidad para coger retazos de otras historias, muchas de ellas provenientes del medio cinematográfico y, dándoles una vuelta, las adecuaba a su propio universo, el de los mutantes. A lo largo de las más de seiscientas páginas de este voluminoso tomo vamos a ser testigos de la interrumpida luna de miel de Scott Summers y Madeleine Pryor por 'algo' que viene de las profundidades marinas…; el regreso de una de las más letales enemigas de la Patrulla X, otra mutante llamada Mística, que guarda muchos secretos; el radical cambio que sufre Ororo, Tormenta, que la convirtió en un auténtico icono con su cresta mohawk y su sexy ropa de cuero; los lazos irrompibles que siguen uniendo a Logan, Lobezno, con Japón, donde tuvo que dejar al amor de su vida, Lady Mariko (recomiendo encarecidamente la lectura de la miniserie protagonizada por el canadiense, creada por el tándem Claremont-Miller); ¿la muerte de Kitty Pryde?; la amenaza en la sombra de los Morlocks; una inesperada visita a la escuela dirigida por el Club Fuego Infernal, con desastrosas consecuencias; Regreso a Japón para enfrentarse en una desigual batalla contra un colosal dragón; Picara y su problema de personalidad; la llega de la letal Selene; del distante futuro aparece Rachel, una joven emparentada con cierta pareja de mutantes; Tormenta y Forja protagonizarán una de las más bellas y duras historias de amor de las viñetas; los letales Espectros han llegado para conquistarnos; un New York cambiado por culpa del hechicero Kulan Gath…

¿Os parece suficiente? Pues no creáis que la cosa termina aquí. El tomo viene rematado por una miniserie de seis números, un team up en el que Lobezno y Kitty Pryde viajarán a Japón para ayudar al padre de esta, que se ha metido en graves problemas, cruzándose en su camino letal guerrero nipón Ogun, que los va a poner en más de un aprieto.

Pero no se vayan todavía, que aún hay más… Un divertido anual muy galáctico que vuelve a protagonizar la joven Pryde junto a su cascarrabias dragoncito Lockheed, y dos historias cortas que profundizan en las personalidades de Ororo y Logan, Tormenta y Lobezno.

Si a todo esto le añadimos unos extras de los más jugosos, con entrevistas, ilustraciones y páginas inéditas, etc… nos encontramos ante una lectura que puede llenar horas y hora de ocio.

Malaga Hoy



sábado, 2 de diciembre de 2017

El otro Frank Miller

Panini recuerda los inicios de la carrera del autor de obras como 'Batman: El regreso del caballero oscuro' o 'Daredevil', con las que revolucionó el cómic

JAVIER FERNÁNDEZ
29 Noviembre, 2017



'El universo Marvel según Frank Miller'. Frank Miller y otros. Panini. 408 páginas. 35 euros.


De Frank Miller sabemos que revolucionó el cómic a comienzos de la década de 1980 con su Daredevil, y que volvió a revolucionarlo en 1986 con Batman: El regreso del Caballero Oscuro. Que ha firmado obras visionarias como Ronin, Elektra Asesina, Sin City y 300, y que, en los últimos años, ya con el estatus de leyenda a cuestas, se ha instalado en un delirio creativo que repele o fascina. Pero a veces se olvida que hubo un tiempo en que Miller era un simple dibujante de tebeos, un chaval desconocido que trataba de abrirse hueco en la industria. Desde 1979 y hasta su consolidación definitiva tres años más tarde, los dibujos de Miller (y algún que otro guión suelto) aparecieron aquí y allá en distintas cabeceras de Marvel, provocando siempre el interés de los lectores por el atisbo del rupturismo formal que luego lo haría famoso.

Panini rinde homenaje a esta etapa inicial de la carrera del artista con el magnífico tomo El universo Marvel según Frank Miller, la recopilación más amplia que se ha publicado de los trabajos menores del de Maryland (complementada con algún trabajo mayor). El libro comienza con los dos números de Peter Parker: The Spectacular Spider-Man que dibujó en 1979, ambos con guión de Bill Mantlo, y que fueron su primera aproximación al personaje de Daredevil. De 1979 es también el episodio de Marvel Two-In-One de la famosa partida de póker entre superhéroes, escrito este por Peter Gillis. Sigue una abultada lista de cómics publicados entre 1980 y 1982: Marvel Spotlight 8, protagonizado por el Capitán Marvel y con guión de Mike W. Barr; Marvel Preview 23, seis interesantísimas páginas en blanco y negro, escritas por Lynn Graeme; The Amazing Spider-Man Annual 14 y 15, dos estupendas aventuras con guión de Denny O'Neil, el primero con el Doctor Extraño y el Doctor Muerte como invitados de lujo y, el segundo, con el Castigador y el Doctor Octopus; Marvel Team-Up 100, el de la presentación de la mutante Karma, con Chris Claremont al guión y Spiderman compartiendo protagonismo con Los Cuatro Fantásticos; Marvel Team-Up Annual 4, un guión del propio Miller dibujado por Herb Trimpe; la historieta corta de Doc Samson incluida en The Incredible Hulk Annual 11, escrita por Mary Jo Duffy; y el Marvel Fanfare 18, que vio la luz en 1985, pero había sido encargado y realizado años atrás y se enmarca en la recordada etapa del Capitán América de Roger Stern. La selección de esta fase primera de Miller se completa con dos soberbias historietas cortas publicadas originalmente en la revista Bizarre Adventures, una con guion propio (protagonizada por Elektra) y otra con guión de O'Neil; en ambas vemos ya al mejor Miller, un artista que estaba un paso (o dos) por delante de su generación.

A este rico material se suman tres historietas posteriores, de 1985 y 1986, años en los que Miller ya era toda una estrella. Son los números 219 y 226 de Daredevil, dos hermosas rarezas dibujadas por John Buscema y David Mazzucchelli, y la novela gráfica Daredevil: Love and War, una auténtica joya pintada por Bill Sienkiewicz.


Malaga Hoy



La vuelta del enemigo

JAVIER FERNÁNDEZ
29 Noviembre, 2017




'Marvel Saga. El Castigador, 8: El regreso de Barracuda'. Garth Ennis, Goran Parlov.Panini. 128 páginas. 15 euros.

El octavo tomo de El Castigador de Garth Ennis en la colección Marvel Saga aparca temporalmente las aventuras del justiciero para centrarse en uno de sus enemigos más carismáticos, nada menos que Barracuda. El volumen presenta al completo los cinco números de la miniserie The Punisher Presents: Barracuda Max (2007), escritos por Ennis y dibujados por Goran Parlov como puente entre la supuesta "muerte" del personaje y su regreso a la serie principal. Tal como explica Julián M. Clemente en su introducción, Ennis renuncia aquí "a todo atisbo de verosimilitud, en favor de la diversión desaforada y de mostrar un rincón de su mundo en que a los individuos que lo pueblan todo cuanto les ocurre está varias veces pasado de rosca".

Malaga Hoy

Mandamientos de Daredevil

JAVIER FERNÁNDEZ
29 Noviembre, 2017




 'Marvel Saga. Daredevil, 13: Decálogo'. Brian Michael Bendis, Alex Maleev.Panini. 152 páginas. 16 euros.

Se acerca el final de la recopilación en Marvel Saga de la maravillosa temporada de Brian Michael Bendis y Alex Maleev en Daredevil, uno de los cómics de superhéroes más importantes de la primera década del siglo XXI. El presente arco argumental se titula Decálogo y, en palabras de Bendis, "es una carta de amor a [Krzysztof] Kieslowski", más concretamente a la serie televisiva del mismo título estrenada en 1989. "Estaba leyendo uno de sus guiones y me encontré con un ensayo en el que mencionaba que le gustaría que otros escritores también usaran su idea respecto a los Diez Mandamientos, porque él no era el primero que lo hacía y le hubiera gustado que otros lo hicieran después de él". ¿Quién mejor que Daredevil, el superhéroe católico, para recoger el guante? Van aquí los números 71 a 75 de Daredevil, publicados en 2005 por el sello Marvel Knights.


Malaga Hoy

Otra etapa dorada


JAVIER FERNÁNDEZ
29 Noviembre, 2017






'Marvel Limited Edition. Shang-Chi: Guerreros del amanecer dorado'. Doug Moench y Mike Zeck. Panini. 368 páginas. 39,95 euros.

La colección Marvel Limited Edition continúa desempolvando series de culto publicadas por Marvel en la década de 1970, que dan cuenta de la variedad de la propuesta de la editorial durante aquellos años. Así, ha visto la luz el tomo Deathlok ¡El demoledor!, reunión en un solo volumen de las aventuras del justiciero cibernético creado por Rich Buckler, precedente de personajes tan conocidos como Terminator o Robocop. El corpus principal de Deathlok se desarrolló en la cabecera Astonishing Tales, entre 1974 y 1976, con dibujos (y algún guión puntual) del citado Buckler, que contó con la asistencia de los escritores Doug Moench y Bill Mantlo. A partir de ahí, Deathlok apareció como invitado en diversas series (Marvel Team-Up, Marvel Spotlight y, principalmente, Marvel Two-in-One y Captain America), episodios también incluidos en el volumen y realizados por artistas como Marv Wolfman, Mark Gruenwald, John Byrne, J. M. DeMatteis o Mike Zeck. Sin ser una obra maestra, el conjunto tiene su atractivo y ofrece momentos verdaderamente memorables. Entre el material adicional, va un prólogo de Buckler e ilustraciones diversas.


Pero, seguramente, el material estrella de la colección Marvel Limited Edition es el rescate de la mítica cabecera Master of Kung Fu, uno de los grandes tebeos de la historia de Marvel. El cuarto volumen se titula Shang-Chi: Guerreros del amanecer dorado, y aquí comienza la segunda etapa dorada de la serie. Los guiones de Doug Moench vuelven a brillar cuando Mike Zeck se convierte en el dibujante regular, y el aspecto gráfico mejora exponencialmente con la llegada del entintador Gene Day, con lo que se demuestra que había vida para Shang-Chi más allá de Paul Gulacy. Atrás quedan las historias autoconclusivas y de relleno y vuelven los arcos argumentales largos y sofisticados de los mejores tiempos. Por volver, vuelve el propio Fu Manchú, que creíamos desaparecido para siempre. Un prólogo de Moench, las cartas de los lectores de la edición original y algunas rarezas conforman el apartado de extras.


Malaga Hoy

viernes, 1 de diciembre de 2017

Matar al superhéroe del cómic

La Feria del Libro de Guadalajara estrena por primera vez el salón del cómic y la novela gráfica dispuesto a romper los estereotipos en torno al género

ELENA REINA

Guadalajara (México) 30 NOV 2017




Un hombre junto a un muro ilustrado en la FIL HÉCTOR GUERRERO

María Luque sólo había leído dos novelas gráficas antes de escribir la suya. No eran de aventuras, ni las protagonizaba un hombre con poderes sobrehumanos. Se trataba de la vida ilustrada de mujeres corrientes. Y no tenía ni idea de que eso fuera posible. Ella únicamente dibujaba "cosas pequeñitas". Unos años más tarde, el segundo libro que ha publicado en su carrera —Casa Transparente (Sexto Piso, 2017)—se ha ganado un premio internacional de cómic y lo ha recogido esta semana en uno de los eventos editoriales más importantes del mundo. Porque la Feria del Libro de Guadalajara viene dispuesta a matar al superhéroe.

La cita del libro en español más grande se ha propuesto un reto: incluir por primera vez en su amplia oferta de actividades un invitado hasta ahora camuflado entre cientos de expositores. Y romper los estereotipos para llegar a más gente. El cómic y la novela gráfica tendrán a partir de este jueves un espacio propio dentro del gigantesco recinto tapatío. Y esto ha sido recibido por los autores como un fenómeno sin precedentes en la historia del género.

"Queremos que la gente sepa que el cómic no trata sólo de superhéroes. Esto es lo que nos va a diferenciar de otras exposiciones de este género. No es que tengamos nada en contra de ellos, pero al final alcanzan un target muy específico y nosotros lo que queremos es que se amplíe a todos los públicos, incluso a los que nunca habían leído novela gráfica", cuenta el coordinador de expositores de la FIL y responsable del espacio, Armando Montes.

El foro pretende ser uno de los espacios más interactivos con los lectores. "La idea es que en los años próximos podamos organizar más actividades con profesionales y que dure toda la feria", precisa montes. Cuatro días en 300 metros cuadrados. Habrá un área de exhibición con 27 estand con la presencia de México, Colombia, Ecuador, Argentina y Estados Unidos, además de unas repisas para numerosas editoriales independientes del género en Latinoamérica. También habrá una zona dedicada a las charlas con autores —jóvenes y consolidados— y presentaciones de libros. Dos talleres, uno de ilustración y otro de guion. Y unas mesas de trabajo, donde unos 66 artistas se sentarán para regalar su arte o firmar sus obras.



La carátula del libro del escritor mexicano Bef. COHETE CÓMICS

El editor colombiano de Cohete Cómics, Pablo Guerra, que estará presente en algunas de las conferencias del salón, apunta que "ya hacía falta" que se creara un espacio como este. El también escritor y crítico hablará del potencial del género dentro de la industria: "Hay un aumento diferencial en la producción en varios países latinoamericanos que nace de manera independiente, asociada a blogs y a la autopublicación, y ahora por fin retoma desde espacios formales". Y, aunque reconoce que vivir del oficio en América Latina es todavía difícil, cree que lo importante es que se comience por "entenderlo como un lenguaje único, no como un subproducto de la palabra escrita". Guerra añade que los pioneros en la región son los argentinos y los chilenos, pero advierte un tímido boom en Colombia, México y Ecuador.

"La historieta tiene una presencia importantísima en Latinoamérica y en México en particular, pero con la triste característica de que siempre ha sido considerada como una artesanía menor, algo que la gente leía en el transporte publico, y era desechable", explica el autor mexicano Bernardo Fernández, más conocido como Bef. "A mi generación y a la que sigue, nos ha tocado legitimar la historieta en México. Y nuestro logro histórico ha sido este: llevarla de los quioscos a las librerías", explica el novelista, máximo exponente del género en su país.




Un extracto de 'Casa transparente' de María Luque. SEXTO PISO

Otro historietista, que creció leyendo Astérix, Mortadelo y Filemón y Tintín, autor de Arrugas (Astiberri, 2008), el español Paco Roca, añade que el público ha cambiado y ha percibido un aumento del interés femenino por el género. "Estos nuevos lectores ya no le dan tanta importancia al grafismo y buscan identificarse con las historias. Las editoriales generalistas apuestan por aquellos que no son los habituales del cómic, pero que pueden ir picoteando lo que les interese". Roca, que ha intervenido en la FIL durante el Premio de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas otorgado a María Luque, ha comparado satisfecho la instalación del nuevo salón con un festival de cine: "Es como si se juntara en un mismo festival el porno, el de terror, la comedia...".

"Como editor independiente de novela gráfica, llegarle al mismo público que lleva 50 años leyendo manga me parece un error. Me gusta pensar en que alguno de nuestros libros puede ser la primera novela gráfica para un lector. Tratar de no responderle a lo que cree que ya sabe, desubicarlo un poco", apunta Guerra.

Persépolis, de la iraní Marjane Satrapi, fue la primera de María Luque. Y a partir de ahí se convenció de que algún día podría hacer lo mismo. En unas páginas que nunca hubiera imaginado que podrían publicarse y mucho menos venderse, aparece la misma chica que habla a este diario, con unos lentes rojos de ojo de gato y una sonrisa emocionada. "Queremos ser un semillero para que aquí se desarrollen los nuevos talentos de Latinoamérica", confiesa Montes.

"Cuando pensamos en el cómic convencional siempre nos remitimos a los superhéroes, que son personajes corporativos. Y me encantan. Pero el cómic autoral, que expresa los sentimientos y preocupaciones de un autor, es el menos conocido. Eso no lo puede hacer el hombre araña", concluye Bef sobre lo que se mostrará en el nuevo espacio de la FIL. Y remata: "Es como elegir entre ir al McDonalds o comer un menú en un restaurante donde el plato lo ha cocinado una persona real".


El Pais