miércoles, 12 de julio de 2017

Y los dibujantes rescataron la palabra

 HÉCTOR MÁRQUEZ  |  MERCURIO 192 · - JUNIO-JULIO 2017

El reciente auge de la ilustración se refleja en la proliferación de colecciones específicas y en el mayor protagonismo, aprecio y visibilidad de un trabajo que ya no es secundario

Ilustraciones de José Pablo García, María Herreros, María Hesse, Fernando Vicente, Óscar Astromujoff, Carla Fuentes, Ricardo Cavolo, Max y Miguel Sánchez Lindo.

No hace mucho que, dentro del mundo editorial, la gran mayoría de los ilustradores vivían como los complementarios de los escritores. Eran los encargados del vestuario, profesionales a la sombra del actor principal, del tipo de las palabras. El Escritor.

Eso era la norma antigua, salvo contadas excepciones y salvo los que se refugiaban en el ámbito de los aprendices de lector. Entre ellos algunos —pocos y raros— que además eran capaces de hacer la función del dos por uno: escribo los textos y los dibujo. Claro que gente como Maurice Sendak o Edward Gorey no había muchos. El resto, meritorios artistas que agradecían, si acaso, una mención en los créditos interiores del libro.

Hasta no hace mucho lo más a lo que podía aspirar un ilustrador en el mundo editorial era a convertirse en portadista. Lograr ser un Roberto Turégano, un Daniel Gil o, ya más recientemente, un Manuel Estrada, te daba caché dentro de las alianzas editoriales. No digamos ya si eras Peter Mendelsund, el portadista más solicitado de hoy. Un licenciado en filosofía, pianista y diseñador norteamericano que, además de haber revolucionado el género, se ha atrevido a escribir sobre qué ve realmente nuestro cerebro cuando lee frases y capítulos enteros de historias escritas. Su ensayo Qué vemos cuando leemos (Seix Barral, 2015) dejó las cosas en su sitio. Felizmente para todos, no humilló a la literatura con sus tesis amparadas en la neurociencia. Antes al contrario. Pero nos humanizó a todos. Empezando por Tolstói.

Pero hoy aquella jerarquía es once upon a time. Tras la crisis provocada por la irrupción de las pantallas de la era digital y sus consecuencias en la capacidad de concentración de las criaturas junto a las debacles económicas de occidente, el sector editorial vio cómo la venta de libros caía en picado. La buena noticia es que eso puso las pilas al gremio. Sí, ha habido que inventar nuevas estrategias, y curiosamente la ilustración, el dibujito, ha sido uno de los aliados que han venido a rescatar a la palabra de la pájara. La letra nunca entró con sangre. Ustedes, como cualquiera, no nacieron leyendo el Ulises a palo seco. Junto a nuestra primera “mi mamá me mima”, había un dibujo. Y cuanto más atractivo fuese, antes entendíamos lo que mamá nos hacía.

“Todo eso es cierto”, admite Jesús Otaola, director de la cooperativa que sustenta las librerías Proteo y Prometeo de Málaga, concepción de una librería como negocio de más amplias miras que el mero despacho de novedades. “Ahora los ilustradores son gente importante. Sus libros son hermosos, llaman la atención al comprador. Antes el libro ilustrado era residual en nuestros fondos, libros caros o que se limitaban a la sección infantil. Hoy en todas las secciones hay libros ilustrados por grandes artistas que interesan a todos. Muchos adultos compran libros ilustrados al margen de que sean para niños o mayores. Y no hay librería que ya no incluya una gran sección de novelas gráficas en sus anaqueles”. Ay, si mi padre levantara la cabeza. Él, que trabajaba en una editorial y pensaba que los tebeos eran una bobada.



Ilustrando la Guerra

José Pablo García tiene ahora expuestos bocetos de su último libro en Proteo: La muerte de Guernica (Debate), la segunda de sus tres colaboraciones previstas con Paul Preston, tras las ocho ediciones que llevan juntos él y el historiador inglés de la versión gráfica de La guerra civil española. García es autor de novelas gráficas e ilustrador y ha visto cómo su fama profesional ha dado un salto cuántico. Este malagueño, hermano del poeta David Leo García que fue el más precoz ganador del premio Hiperión de poesía a los 17 años —ahora mediático tras ganar el premio más cuantioso del concurso Pasapalabra—, admite que ha “encontrado un filón en el tema histórico”. “Al principio Preston creía que eso de hacer en viñetas su ensayo histórico era algo frívolo; pero ahora está encantado”, confiesa. Su pasaporte a las ligas mayores fue una novela gráfica editada por Reino de Cordelia, uno de los sellos pioneros: Las aventuras de Joselito. El pequeño ruiseñor, donde para contar la historia del niño cantor dibujó cada capítulo con un estilo diferente. Su don como documentalista y “el haber logrado un ritmo de trabajo que creía imposible” han ayudado a su éxito. García apoya la tesis de que los cambios de hábito de lectura provocados por la revolución tecnológica han robado protagonismo a la palabra escrita. “Cuesta más concentrarse en lecturas largas, y eso es un problema”, admite. “Las redes sociales son fundamentales en la promoción de un libro. Y eso le da a la imagen un valor extra”. Y hay libros, recuerda, que se venden más porque sus portadas las ha hecho un ilustrador con obra ya reconocida. “Es el caso de Moderna de Pueblo, que tiene una obra propia dentro del mundo del cómic”, añade.

Cubierta de Peter Mendelsund e ilustraciones de Edward Gorey y Maurice Sendak.

“Muchas editoriales están dedicando parte de su catálogo a libros ilustrados o novelas gráficas”, apunta Otaola. La ilustración ya no es un arte menor. Algunos de los artistas que empezaron como ilustradores llenan hoy con su obra pictórica museos de todo el mundo. Quizás el caso de Mark Ryden sea el más elocuente. Las primeras editoriales que se lanzaron a ello fueron modestas y apostaron por ediciones cuidadas con especial protagonismo en la parte gráfica y visual, como Nórdica, Periférica, Impedimenta, Errata naturae, Libros del Zorro Rojo, La Cúpula, Kalandraka o Loving Books. Algo descubrieron cuando ahora las grandes editoriales cuentan en sus fondos con libros espléndidamente editados firmados por ilustradores-artistas. En Planeta, Lunwerg absorbe este catálogo con autores jóvenes cuyo prestigio aumenta cada día. Muchas mujeres y muchas hablando para mujeres o de mujeres y artistas: Paula Bonet, María Herreros, Carla Fuentes o María Hesse, esta en Lumen, han publicado títulos que ya comienzan a plantear las fronteras del género. ¿Son ensayos, libros de artista, novelas ilustradas, biografías ilustradas? Lo puro ya no existe.


Mujeres ilustradoras, estrellas de Instagram

En Marilyn tenía once dedos en los pies la valenciana María Herreros, seleccionada por Taschen entre los 150 mejores ilustradores actuales, cuenta rarezas y chismes de actores y directores de Hollywood junto a sus icónicos dibujos. Paula Bonet es también valenciana y pasó del óleo a la ilustración. Hoy está cotizada en medio mundo. En Lunwerg comenzó ilustrando a otras autoras para tener ya dos títulos: Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End y el muy hermoso La sed, donde la autora combina sus muy reconocibles dibujos con textos manuscritos. La biografía de Frida Kalho ilustrada por la sevillana María Hesse, otra de las ilustradoras que gracias a las redes sociales e Instagram ha acaparado seguidores, riza el rizo al acercar al público masivo la vida de una de las artistas de estilo más reconocible de la historia de la pintura con su estilo naïf y amable tan lejano a la crudeza de la mexicana. Carla Fuentes es la tercera valenciana de Lunwerg. Ilustres conexiones es un libro de afinidades y serendipidad es donde la autora pasa de Nick Cave a Frédéric Chopin a partir de historias contadas y elementos gráficos. El salmantino Ricardo Cavolo, que ha publicado Periferias, pasó de la ilustración infantil y la dirección de arte a convertirse en estrella internacional. Sobre todo tras su colaboración con Le Cirque du Soleil.

Pero antes que ellos estaba Max, nacido Francesc Capdevila en 1956, maestro de maestros. El autor que ganase la primera edición del Premio Nacional de Cómic ha combinado siempre el cómic con la ilustración gracias a gozar de una de las líneas dibujísticas más identificables y de una narrativa impecable. Al margen de sus inicios como autor de comic underground —Peter Pank (El Víbora)— y de obras multipremiadas como Bardín el superrealista (La Cúpula), Max, que acaba de inaugurar su primer cómic táctil para una instalación conjunta con Antoni Abad en la Bienal de Venecia, ha ilustrado muchos libros, entre ellos la colección de Filosofía para profanos de la editorial Tándem, escrita por Maite Larrauri. Su último trabajo fue la publicación que el Museo del Prado realizó con motivo de la exposición del V Centenario de El Bosco, El tríptico de los encantados. “Al igual que El Bosco, yo también pinto por encargo. Por eso acepté este reto, porque creo que él fue el primer dibujante de cómics de la historia”.



El hombre que era jueves



Soy un niño; diez años tal vez. Sueño con un libro, mezcla de palabras e imágenes […]. Amontono frases y dibujos por las noches, los jueves por la tarde, solo en el piso familiar libre. Con ellos levanto un andamio que enseguida destruyo. El libro muere cada día”. Así comienza el último libro publicado en España —primera parte de Manifiesto incierto (Errata naturae), una peculiar biografía de Walter Benjamin— por el que los medios han bautizado como el “inventor del ensayo gráfico” a Frédéric Pajak (1955), escritor, dibujante y también editor, director de la editorial francesa Les Cahiers Dessinés, donde publica la obra de los mejores dibujantes contemporáneos. Antes de ganar el premio Michel Dentan por su libro La inmensa soledad (Errata naturae), donde cruzaba las biografías de Nietzsche y Cesare Pavese, estaba acostumbrado a que sus aventuras autorales y sus dibujos sufriesen el rechazo o la indiferencia. Ya con el premio Médicis de ensayo francés concedido en 2014, es una celebridad planetaria.

Ahora le consideran único. A él no le gusta que le tilden de inventor de género alguno, pero se sabe distinto. Aunque estilísticamente es muy distinto nos recuerda a William Blake: artistas cuyo doble y genial desempeño literario y dibujístico pertenece a otra dimensión, iluminada y especulativa. Pajak es ante todo un ensayista, un filósofo que utiliza su propia biografía o la de sus autores de cabecera —Benjamin, Joyce, Pavese, Breton, Schopenhauer, Beckett o Apollinaire—, para hablar de arte, literatura y de la condición humana. Y eso lo hace escribiendo y dibujando a la vez.

Sus libros alternan dibujos a plumilla llenos de sombras y soledad, como fragmentos y postales de sueños o paisajes, con breves párrafos bajo ellos. A veces se suceden dos o tres páginas de texto corrido. A él le gusta decir que lo suyo es un “relato escrito y dibujado”. Su admiración por El Roto, a quien ha editado en Francia, sí nos ofrece una afinidad. Más afinidades: sus paisanos, los cineastas Chris Marker y Jean-Luc Godard. Un autor de raíz onírica, nocturno, memorable, descomunal, que exige atención y ofrece reflexión, con una carga ética y un discurso contra la violencia y la barbarie que en nuestros días nos parece un tesoro.









Cortázar, viñetas de una vida



Cortázar Tras los libros dedicados a Baroja, Kafka, Pessoa y Karen Blixen, donde los textos de Jesús Marchamalo se alternaban con ilustraciones de Antonio Santos, Nórdica Libros ha publicado una nueva entrega del escritor y periodista madrileño al que en esta ocasión acompaña el joven dibujante Marc Torices. La biografía ilustrada de Cortázar combina el preciso guión de Marchamalo con una colección de viñetas plenas de recursos gráficos, variedad de estilos y aliento poético. Ambos autores ofrecen un recorrido por gran parte del mundo íntimo y literario del argentino: la infancia, los amigos, las ideas políticas, los gatos, la Maga, su muerte. Un retablo luminoso donde algunos silencios consiguen emocionar.





martes, 11 de julio de 2017

La balada de Corto Maltés cumple 50 años

 Ofrecemos un avance de 'Equatoria', el nuevo álbum del personaje de Pratt

GUILLERMO ALTARES

Madrid 10 JUL 2017


Plancha del nuevo álbum de Corto Maltés, 'Equatoria' PELLEJERO / DÍAZ CANALES

Charles de Gaulle, el presidente que refundó la República francesa tras la II Guerra Mundial, afirmó una vez que su único gran rival era Tintín. Preguntado sobre el asunto, François Mitterrand, el más maquiavélico, leído y poderoso de los presidente franceses, se decantó por otro héroe de tebeo. "Yo tengo una debilidad por Corto Maltés. No es que me parezca al héroe de Hugo Pratt, pero no me aburriría en la piel de este aventurero lacónico, solitario, espíritu libre en el que confluyen numerosas culturas". Aquel marino que tuvo la capacidad para saltar de las viñetas a la sociedad cumple hoy 50 años: un 10 de julio de 1967 se publicó la primera entrega de La balada del mar salado en la revista Sergent Kirk, en la que Corto aparecía abandonado a la deriva en el Pacífico. Medio siglo después, el viaje continúa y el próximo septiembre se publicará una nueva historia de Corto, Equatoria, la segunda firmada por los españoles Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero.

El marino, con sus patillas, su aro en el lóbulo izquierdo y su eterno cigarrillo símbolo de unos tiempos en los que los héroes podían fumar, se ha convertido en un icono inconfundible (y un negocio tremendo, ya que sus volúmenes siguen vendiendo miles de ejemplares en todo el mundo). Existe un Corto Maltés que da nombre a bares y que se vende en forma de pósteres en casi todas las tiendas de cómics, un personaje que aparece hasta anunciando un perfume de Dior, una línea de relojes... Pero todo ese merchandising no ha logrado descafeinar al personaje original, heredero de los relatos de Jack London y Robert Louis Stevenson, el último gran héroe del mar, sobre el que Umberto Eco escribió: "Cuando quiero relajarme leo a Engels, cuando quiero algo serio leo a Corto Maltés".

"En estos 50 años se ha convertido en un personaje muy importante de la cultura europea", explica Juan Díaz Canales, el autor madrileño que junto a Rubén Pellejero recibió el encargo de resucitar a Corto Maltés. Tras la muerte de Hugo Pratt (1927-1995) se produjo un largo silencio durante el que, a diferencia de otros héroes, nadie retomó las aventuras del marino errante. El nuevo tebeo, Bajo el sol de medianoche, creó unas enormes expectativas, pero su publicación en 2015 recibió el beneplácito de los viejos lectores y enganchó a una nueva generación de fans. La agencia que lleva los derechos de Pratt indica que más o menos se venden 100.000 copias cada año, pero en 2015 se vendieron 220.000 ejemplares del nuevo título y se triplicaron además las ventas de todo el catálogo de Pratt.

"Corto Maltés era hijo de Mayo del 68, de esa filosofía que rompió tantas barreras", prosigue Díaz Canales. "Su publicación significó un cambio de paradigma en los cómics, tanto por el contenido como también por el continente, con historias mucho más largas. No supuso una ruptura total, porque se inscribe en una vieja tradición de cómics de aventuras, pero sí marcó un antes y un después". Aunque la publicación arrancó en Italia, fue en Francia donde el personaje alcanzó su cénit, cuando comenzó a aparecer en historietas en la revista Pif.

Portada de la edición celebrativa de los 50 años de 'La balada del mar salado'.

Corto nunca ha dejado de protagonizar exposiciones —actualmente puede verse una en la estación de Austerlitz en París—, tesis doctorales, hasta novelas —como Querido Corto Maltés, de Susana Fortes—, pero sobre todo es un personaje que ha logrado ser fiel a sí mismo durante 14 aventuras, doce dibujadas y escritas por Pratt y dos por sus continuadores. Pratt se inspiró en parte en su propia vida, casi tan aventurera como la de personaje, pero también en los clásicos de la literatura de viajes.

Hijo de una gitana de Sevilla y de un marinero de Cornualles, Corto Maltés nació en Malta un 10 de julio de 1887. Su primera aventura, La balada del mar salado, transcurre en 1915, durante la I Guerra Mundial, aunque en un tebeo posterior Pratt le situó en 1904, en Manchuria, en la guerra ruso-japonesa donde se cruza con un joven escritor y aventurero, Jack London. Recorrerá todos los escenarios que marcaron el primer tercio del siglo XX, desde la batalla del Somme hasta la lucha por la independencia de Irlanda, el final del Imperio Otomano, Siberia, las selvas de Centroamérica o Buenos Aires. La mayoría de sus aventuras transcurren durante la I Guerra Mundial.

Sobre su final se sabe muy poco. Un personaje de Las Etiópicas, Cush, asegura en otro álbum de Pratt sobre su compañero: "Parece que desapareció durante la Guerra Civil española". Su creador siempre dijo que no había sitio para Corto en un mundo crecientemente tecnológico y en su última aventura incluso le envío a descubrir la Atlántida. "Corto Maltés se irá porque en un mundo en el que todo es electrónico no hay lugar para un tipo como él", afirmó Pratt en una entrevista.

Corto Maltés se grabó en la mano con una navaja una nueva línea de la vida porque la que tenía no le gustaba y, cuando alguien intenta leerle la buenaventura, responde: "No quiero conocer mi futuro porque entonces no me interesaría vivirlo". Es imposible imaginar al marinero entre teléfonos móviles y redes sociales, pero han pasado 50 años y sigue ahí, esperando una nueva aventura.

NOSTALGIA DE UN MUNDO PERDIDO
"Con la muerte de Corto, Hugo Pratt fue calculadamente ambiguo, como en el amor", explica Díaz Canales. Aunque le hizo enamorarse varias veces, nunca le vemos consumar una relación como tampoco tenemos datos sobre su muerte. Simplemente se desvanece. Pellejero y Díaz Canales no tienen intención de meterse en ese territorio, sino que piensan recorrer un largo periodo, entre 1905 y 1915, que Pratt dejó inexplorado. Su nueva historia, de la que El País Semanal publicará este verano un adelanto, transcurre en 1911. Umberto Eco aseguró que Pratt "hace de su nostalgia de la literatura de aventuras, y de la nuestra, un tema de novela de aventuras" y, en ese sentido, los dos creadores españoles siguen siendo fieles a la aventura, pero también a la nostalgia de un mundo perdido.


El Pais

lunes, 10 de julio de 2017

SPAIN IS DIFERENT mucho...bastante, de hecho, otra canallada de Gallardo








El Pais, Ideas Nº 112 Domingo 2 de julio de 2017

DIBUJAR PARA HACER MEMORIA

La Guerra Civil se ha convertido en tema recurrente de la novela gráfica nacional, donde muchas veces son los testimonios de sus familiares los que inspiran a los autores

TEXTO_Aitor Marín


'La balada del norte 2' (Zapico)

SI ES USTED DE ESOS a los que les gusta criticar el cine español por estar siempre a vueltas con la Guerra Civil, rebusque en librerías y tiendas especializadas: en el mundo del cómic nacional tiene hoy también motivos de sobra poner el grito en el cielo. Si, por el contrario, es usted más cabal, hallará en esta oferta motivos para, como se decía en tiempos de Roberto Alcázar y Pedrín, solaz y esparcimiento, y también para la reflexión. Nuestra guerra lleva años plasmándose en viñetas de obras tan interesantes como El ala rota o El arte de volar (Norma Editorial), de Altarriba y Kim, o Doctor Uriel (Astiberri), de Sentó. El auge de la novela gráfica ha ampliado los campos temáticos y las batallas ya no se dirimen en el espacio exterior ni entre superhéroes y supervillanos. Es más, gran parte de estos cómics parten de testimonios reales silenciados durante décadas para penetrar en el terreno de la no ficción. "Este es un recurso muy valioso y que confirma que lo que se cuenta son hechos recientes, de los que quedan aún supervivientes. La no ficción es uno de los campos en los que más está creciendo la novela gráfica española y donde más le queda por explorar", explica Fernando Tarancón, editor de Astiberri.

 'El arte de volar' (Kim y Altarriba)

El ala rota nace del descubrimiento por parte de Altarriba de que su madre jamás pudo mover con normalidad su brazo izquierdo. Se dio cuenta cuando ella ya estaba en su lecho de muerte. Le contó entonces que fue porque su padre intentó matarla al nacer, tras morir su madre en el parto. La invisivilidad de las mujeres en la posguerra le permitió disimularlo toda su vida. Gracias a los dibujos de Kim, Petra se ha convertido en un icono. También discreto fue el lanzamiento hace 15 años de Un largo silencio (Astiberri), donde Miguel Gallardo, creador de Makoki, relata en primera persona la vida de su padre, militar republicano, desde su nacimiento hasta que conoció a su esposa. La ola de cómics sobre la Guerra Civil ha traído ahora su reedición. La lista, larga y muy recomendable, incluye, además de a consagrados como Paco Roca (Los surcos del azar, Astiberri) o Alfonso Zapico (La balada del norte, Astiberri), la adaptación al tebeo por parte de José Pablo García de dos obras del historiador Paul Preston, La Guerra Civil española y La muerte de Guernica (Destino), y creaciones más personales como Asylum (Astiberri), de Javier de Isusi, que toca también el tema del exilio. Nuestro cómic goza hoy de una memoria envidiable.



'Un largo silencio' (Gallardo)








'Asylum' (De Isusi)


viernes, 7 de julio de 2017

Cierre de una etapa

JAVIER FERNÁNDEZ
05 Julio, 2017



'Marvel Gold. Los Vengadores Costa Oeste: Relatos para asombrar'. Steve Englehart, Al Milgrom y otros. Panini. 272 páginas. 25 euros.


Termina la recopilación en Marvel Gold de la primera etapa de la colección The West Coast Avengers, debida a los veteranos Steve Englehart y Al Milgrom. El volumen Relatos para asombrar ofrece los números 33 a 41 de The West Coast Avengers, más el tercer anual de la colección, publicados originalmente entre 1988 y 1989, con Mantis, el Espadachín, la Visión y la Bruja Escarlata como invitados. Además de los autores ya citados, en los créditos figuran, entre otros, Tom DeFalco, Ralph Macchio o Mark Gruenwald, que terminan de enhebrar los argumentos que se quedaron inconclusos con la marcha de Englehart, y preparan el terreno para la inminente llegada de un John Byrne dispuesto a ponerlo todo patas arriba.


Malaga Hoy


Crecimiento y avance

La colección Marvel Limited Edition de Panini recupera la serie 'Master of Kung Fu', perdida en el limbo por cuestiones de derechos de autor.

JAVIER FERNÁNDEZ
05 Julio, 2017




'Marvel Limited Edition. Shang Chi: Juegos de engaño y muerte'. Doug Moench, Paul Gulacy y otros. Panini. 520 páginas. 41,50 euros.

Años y años hemos esperado a que Marvel reeditase una de las grandes joyas de su catálogo, la serie Master of Kung Fu, perdida en el limbo por cuestiones de derechos de autor, y la noticia saltó cuando la editorial neoyorkina anunció su recuperación en el formato Omnibus. Los seis tomos de la colección Marvel Limited Edition de Panini que compondrán la versión española son un acontecimiento para los que atesoramos los cómics originales o los viejos y desvencijados tebeos de Vértice y no dudo que asombrarán a los que no han tenido la oportunidad de leerlos hasta ahora. Como escribe Eduardo de Salazar en su introducción: "me provoca sana envidia los que van a disfrutar esta obra completa por primera vez. Pero los que ya las conocemos también estamos de enhorabuena, hemos esperado mucho tiempo (más de treinta años) para que estas historias fueran recuperadas. Ha llegado el momento de disfrutarlas".

Por si alguien no lo sabe, i nació en la década de 1970, reflejo de la moda de las artes marciales en la cultura popular que nos dejó mitos como Bruce Lee o la famosa teleserie de David Carradine. Al hilo de esto, Marvel pobló su universo de judokas y karatekas: Iron Fist, los Hijos del Tigre o, el mejor de todos, Shang Chi, hijo del mismísimo Doctor Fu Manchú del escritor pulp Sax Rohmer (en una imposible mezcla de géneros, tan de su época). A Shang Chi, cuyo nombre significa "el crecimiento y avance de un espíritu", lo crearon Steve Englehart y Jim Starlin en el número 15 de la cabecera Marvel Special Edition (diciembre de 1973), que pronto pasaría a llamarse Master of Kung Fu. De nuevo en palabras de De Salazar: "Shang Chi, hijo de Fu Manchú, fue adiestrado desde la niñez en las artes marciales orientales, con el objetivo de convertirse en la herramienta perfecta que llevaría a cabo los planes de conquista de su malvado padre. Imbuido de una nobleza innata, y considerando a su padre un hombre de paz justo y venerable, el joven afronta su destino hasta que tras asesinar a uno de los viejos enemigos de su padre, el Doctor Petrie, le revelan la naturaleza maligna y las ansias de conquista de su progenitor. A partir de ese momento, aliado de la otrora eterna némesis del malvado doctor oriental, el ya anciano Sin Denis Nayland Smith y su ceñudo y corpulento guardaespaldas Black Jack Tarr, el Maestro del Kung-Fu recorre el mundo desbaratando los diabólicos planes de su padre y enfrentándose a su letal ejército de asesinos Si-Fan".

La premisa argumental ganó enteros con la llegada del guionista definitivo de la serie, Doug Moench, que sumó a la mezcla elementos de las novelas y películas de espías y compuso diversas etapas entre las que brilla con fuerza la dibujada por el gran Paul Gulacy, influido en sus inicios por Steranko. Innovador, sofisticado y absorbente, el Shang Chi de Moench y Gulacy (del que ya vimos algún que otro episodio suelto en el primer tomo de la colección) viene recogido en toda su grandeza en este segundo, Juegos de engaño y muerte, que solo puede calificarse de imprescindible.


Malaga Hoy

El final de una era

JAVIER FERNÁNDEZ
05 Julio, 2017




'Marvel Gold. El asombroso Spiderman: Escaramuza bajo las calles'. Len Wein, Ross Andru y otros. Panini. 696 páginas. 39,95 euros.

Ocho gruesos tomos lleva ya Spiderman en la colección Marvel Gold, ocho tomos que, efectivamente, son oro puro para los aficionados al género de superhéroes. No en vano, recopilan la etapa clásica del personaje, es decir, los tebeos (principalmente de The Amazing Spider-Man) que van desde la propia creación del superhéroe en 1962 hasta el año 1978. En este tiempo, las aventuras del Hombre Araña pasaron por las manos de unos cuantos nombres propios de la historia del cómic: Stan Lee, Steve Ditko, John Romita, John Buscema, Roy Thomas, Gil Kane, Gerry Conway, Ross Andru, Len Wein… Casi nada. Personalmente considero, y es una opinión compartida por la mayoría, que esta larga etapa es, con mucho, la mejor de la historia del personaje (cabría sumarle el periodo realizado por Roger Stern y John Romita Jr., que supieron recuperar el espíritu de los grandes años), pues aquí se definió un estándar de calidad narrativa y visual que rara vez ha vuelto a alcanzarse.

Escaramuza bajo las calles reúne en un solo volumen el final del periodo, los números 151 a 181 de The Amazing Spider-Man (1975-1978), debidos principalmente al guionista Wein y el dibujante Andru, cuyos lápices quedan embellecidos casi todo el tiempo por las tintas de Mike Esposito, así como los Annuals 10 y 11 (1976-77). Esta dinámica y conocidísima etapa se abre con Spiderman arrojando a una chimenea industrial el cadáver de su clon (ya saben que esto daría para mucho en la década de los 90) y se cierra con el enfrentamiento entre el héroe y nada menos que dos Duendes Verdes. Por el camino, asoman el Conmocionador, el Doctor Octopus, Cabeza de Martillo, Kingpin, el Castigador, Rondador Nocturno, Nova, el Hombre Ígneo, el Corredor Cohete y hasta el Spidermóvil. Wein no dio descanso al protagonista, encadenando sin descanso tramas y subtramas, y Andru firmó aquí algunas de las páginas más impactantes de su dilatada carrera, como esa pelea en las alcantarillas o aquella inolvidable caída libre sin paracaídas. En una palabra, memorable.


Malaga Hoy


Revulsivo arácnido

JAVIER FERNÁNDEZ
05 Julio, 2017


'Marvel Saga. Spiderman: Un nuevo día'. Dan Slott, Steve McNiven y otros. Panini. 232 páginas. 19,50 euros.

Con Un nuevo día, comienza la recopilación en la colección Marvel Saga de una de las etapas más apasionantes del pasado reciente del Hombre Araña, la del relanzamiento posterior al polémico Un día más, en el que Mefisto alteraba radicalmente el statu quo del personaje, borrando de un plumazo el matrimonio de Peter y Mary Jane. La decisión fue muy discutida en su momento, pero, a la larga, se ha demostrado que la franquicia arácnida necesitaba un revulsivo así para que el personaje volviera a recuperar una posición central dentro del universo Marvel. Para ello se contó con el editor Stephen Wacker, llegado directamente de la competencia, que coordinaría un conjunto de equipos creativos, con Dan Slott a la cabeza. El tomo reúne los números 546 a 551 de The Amazing Spider-Man (2008) y el one-shot Swing Shift (2007), adelanto de lo que vendría después.


Malaga Hoy

Los caballeros del cielo

Tanguy y Laverdure son los dos pilotos que protagonizan un cómic ambientado en la Guerra Fría. Las historietas fueron llevadas al cine y la TV y en España las editó Bruguera.

GERARDO MACÍAS
05 Julio, 2017




'Tanguy y Laverdure: Integral nº1' Guión: Jean-Michel Charlier. Dibujos: Albert Uderzo. Ponent Mon, 2014.

La serie Tanguy y Laverdure, inspirada en la tira de prensa norteamericana Steve Canyon de Milton Caniff, recopila las aventuras del alférez Michel Tanguy y su compañero, el también alférez Ernest Laverdure, oficiales de las Fuerzas Aéreas Francesas. A los mandos de esta fantástica serie de aviación están el guionista de El teniente Blueberry y anteriormente piloto, Jean-Michel Charlier; y el dibujante de Asterix, el galo, Albert Uderzo. Sin embargo, Uderzo tuvo que abandonar la serie precisamente a causa del éxito de los irreductibles galos, pasando a dibujarla sucesivamente Jijé, Patrice Serres y Coutelis.

Se trataba de ofrecer a los lectores de la revista Pilote una serie en respuesta a Buck Danny, del propio Jean-Michel Charlier y Victor Hubinon, que se publicaba en Le Journal de Spirou; y a Dan Cooper, de Albert Weinberg, que se podía leer en la revista Tintín.

Su publicación se inició en el primer número del mítico semanario francés, el día 29 octubre de 1959, aunque a partir de 1973 continuó publicándose en distintas revistas: Tintín, Super As, Le Pélerin y Moustique Junior. Estas aventuras fueron posteriormente editadas en álbumes por Editions Dargaud.

El sensato, valiente, y honestísimo Michel Tanguy y su inseparable compañero, el chiflado, payaso, excéntrico, y patoso pero entrañable Ernest Laverdure, caracterizado por su enorme verborrea y una mala suerte que le hará interpretar un papel netamente cómico, son dos grandes amigos. Sus caracteres son totalmente opuestos; sin embargo, tienen una cosa en común: ambos son excepcionales pilotos, virtuosos, apasionados, e intrépidos, siempre dispuestos a correr los riesgos más increíbles para defender el honor de sus insignias.

Al finalizar su formación en la Academia Militar del Aire de Salon-de-Provence, son enviados al norte de Marruecos, a Mequinez, para mejorar sus conocimientos en combate en el aire, concretamente, para especializarse en la Escuela de Cazas del Ejército. Al llegar, se les asigna su primera misión: buscar una cabeza de misil que contiene información confidencial.

Más tarde, Tanguy y Laverdure vuelven a Francia, donde inicialmente pilotan un cazabombardero Dassault Super Mystère, para posteriormente integrarse en el Escuadrón de los Cigognes, donde pasan a pilotar un Mirage III.

Ambientada en la época contemporánea a su publicación, es decir en la Guerra Fría, la serie nos muestra el progreso de los dos jóvenes en su carrera en las Fuerzas Aéreas Francesas, donde se verán envueltos en numerosos conflictos bélicos y de espionaje.

Tendrán que enfrentarse a agentes de potencias enemigas desconocidas, aunque con acento ruso o alemán, que tratarán de apoderarse de secretos militares franceses. En cada aventura, persecuciones aéreas y combates contra aviones pilotados por hombres que para evitar delatar su origen, no llevan marcas ni en su ropa interior. Los desiertos de Oriente Medio y los hielos de Groenlandia serán escenarios cuya dureza pondrá a prueba la pericia de Tanguy y Laverdure, quienes, tanto en la tierra como al control de su aeroplano, demuestran un patriotismo intachable.

En España, sus primeras aventuras pudieron leerse en álbumes de la Editorial Molino, en 1965, para pasar en 1967 a Editorial Bruguera.

Su éxito posibilitó que llegaran en formato de teleserie a la televisión francesa. Les Chevaliers du Ciel (1967) pasó poco tiempo después a la pequeña pantalla española, donde se pudo disfrutar en blanco y negro de sus aventuras, traducidas y dobladas bajo el título de Los Caballeros del Cielo. Los actores protagonistas, Jacques Santi y Christian Marin, no podían estar mejor elegidos, pues eran clavados a los personajes del tebeo.

La nostalgia propició que esta teleserie obtuviese un remake en 1988 bajo el título de Les Nouveaux Chevaliers du Ciel, y protagonizado por Christian Vadim (quien fue sustituido por Marc Maury en la segunda temporada) y Thierry Redler.

El recuerdo de estas dos series de televisión motivó que se adaptasen libremente en un largometraje de cine en el año 2005: Les Chevaliers du Ciel fue dirigida por Gérard Pirès y protagonizada por Benoît Magimel y Clovis Cornillac. En España se estrenó con el título de Héroes del cielo.

Malaga Hoy


Se apagan las luces…

Con Alan Moore como guionista, varios autores nos ofrecen una antología de historietas de lo más variado publicada por Panini.

JOSÉ LUIS VIDAL
05 Julio, 2017





No sé si conocéis las historia, imagino que los más cinéfilos sí. Resulta que cada vez que el director de cine Woody Allen, con esa incansable capacidad creativa que tiene para dirigir una película al año, hace el casting de su siguiente película, los actores elegidos no se lo piensan dos veces a la hora de participar en la producción, aunque para ello deban rebajar su caché o incluso trabajar gratis…

Imagino que algo parecido debió de ocurrir cuando Alan Moore, el gran guionista de cómics de nuestros tiempos (me resulta innecesario listar aquí sus obras…) convocó a una serie de guionistas y dibujantes para crear una nueva propuesta: Cinema Purgatorio. Una publicación mensual que reúne a varios equipos creativos, de los mejorcito de la profesión, que se encargan de varias cabeceras, todas muy diferentes entre sí. Lo que al principio se iba a financiar con la ayuda de un crowdfunding, terminó bajo el sello de la editorial Avatar Press. Normal, debido a su interesante propuesta.


La primera de ellas es la que da título a la antología. En ella, con su particular estilo, Moore, junto a su partenaire de los últimos años, el genial Kevin O'Neill (saga de La Liga de los Extraordinarios Caballeros) nos conduce a este extraño cine, que no sabemos si es real o imaginario. Un lugar al que no se sabe cómo llegar, pero una vez allí, es imposible escapar a su hipnótico influjo. El tándem de autores nos regalan en cada historia, su particular versión de una película o un actor del cine más clásico, de los principios de aquel Hollywood en blanco y negro: desde una versión psicópata y violenta de los Keystone Cops, pasando por uno de los grandes actores de péplums de todos los tiempos o un folletín protagonizado por un héroe, La Llama del Remordimiento.

Y en este segundo tomo que publica Panini bajo su sello Evolution, Moore y O´Neill nos narran con sarcasmo, en primera persona, la historia de uno de los pioneros de la técnica del stop motion en el cine, así como la típica-tópica producción hollywoodiense que podría haber estado interpretada por Cary Grant y Audrey Hepburn, o Rock Hudson y Doris Day, pero que aquí se transforma en una historia que nos demuestra que el tiempo no pasa en balde, ni siquiera para las historias románticas…

Y como guinda a esta eterna sesión de cine, la verdadera historia de unos hermanos que nos hicieron reír con sus patochadas, pero que una vez que se apagaban las cámaras, su relación era bien distinta. Ellos fueron Los hermanos Warner.


Y de ahí saltamos a Código Pru, la serie firmada por Garth Ennis (Predicador) y el español Raulo Cáceres, en la que Prudence, la joven que da nombre al título, es una paramédica en la ciudad de New York. Está acostumbrada a encontrarse con los peores accidentes que uno pueda imaginar. Pero cuál será su sorpresa cuando se percate de que la ciudad está llena de monstruos, seres de ultratumba que conviven en paz y armonía (la mayoría) con los humanos… En este segundo volumen su camino se cruzará con una momia, un demonio y un cíborgbastante curioso. Además, comenzaremos a saber algo del pasado de la muchacha, que tal vez tenga relación con lo que ocurre en la Gran Manzana.

Kieron Gillen (The Wicked+The Divine) e Ignacio Calero nos demuestran con Modis la otra cara de un futuro postapocalíptico a lo Mad Max, en el que las personas van acompañados por los "modis", unos monstruos con los que se enfrentan en torneos. Cada uno tiene una particular característica (¿No os resulta familiar el concepto?) y resulta que a la joven Marginal le han robado el suyo, así que comienza su aventura junto a Sanguinaria Susan, que le ofrece su ayuda. ¿Podrá vencer a Tommy Cero con el pequeñajo Ultramiocito Menor?

¿Os van resultado atractivas las propuestas de los autores? Pues con Una Unión más perfecta, el novelista, guionista de cine y cómics Max Brooks (Guerra Mundial Z), junto a Michael DiPascale nos llevan a la guerra de Secesión norteamericana, pero en una versión que no sale en los libros de historia, ya que los ejércitos del Norte y Sur terminarán aliándose contra una letal amenaza que pretende borrar de las tierras americanas a la raza humana. Se tratan de unas gigantescas hormigas, a las que será muy difícil abatir con los medios que se contaba en aquellos tiempos…

Y para relatar esta genial antología llega Colosal, creada por Christos Gage, que ha trabajado mucho en Marvel y el dibujante Gabriel Andrade, que ilustró Crossed +One Hundred, junto a Alan Moore.

Pero en Colosal nos vamos a encontrar un mundo asolado por los gigantescos y letales "kaijus", monstruos de pesadilla contra los que el ejército parece que tiene poco que hacer. Janna Pleshette y dos militares irán descubriendo más y más información sobre estos seres cuando se encuentren aislados y perdidos en una tierra repleta de ellos.

Si "en la variedad está el gusto", éste es el ejemplo perfecto. Historias de géneros variados, firmadas por lo mejorcito del mundo de las viñetas.

¿Te atreverás a comprar un ticket para la segunda sesión de Cinema Purgatorio?


Malaga Hoy

sábado, 1 de julio de 2017

Mapa alegórico de un VIAJE IDEAL por Mireia Pérez





El Pais, Viajero julio 2017

De dirigir El Jueves a la élite mundial del cómic

Tres años después de dejar la revista satírica, Albert Monteys aspira con su tebeo digital 'Universo' a un premio Eisner, los Óscar de la viñeta

JAVIER BRAGADO Madrid
Domingo, 18 junio 2017

«Al final, de dejar El Jueves, que fue como un momento muy de crisis, ha surgido una de las mejores cosas que a nivel profesional he hecho en la vida. Ha sido una época mucho más estimulante, mucho más divertida y haciendo cosas que nunca habría pensado pero que sí que quería hacer». La confesión de Albert Monteys (Barcelona, 15-9-1971) revela un camino insospechado desde que en junio de 2014 abandonara la revista satírica por la censura a una publicación sobre la abdicación de Juan Carlos de Borbón. Primero trazó su nueva vida con otros dibujantes con los que se marchó a Orgullo y satisfacción -publicación que pasó a elaborarse de manera periódica y que tendrá su último número en diciembre de 2017-, y después encontró su mejor camino por una vía inesperada con '¡Universo!', un cómic digital con el que opta a un premio Eisner, los Óscar de la viñeta.

«Marcos Martín (Daredevil) es el creador de la plataforma Panel Syndicate, que se creó para alojar el 'Private Eye' de Brian K. Vaughan ('Saga', 'Paper Girls'), y en un momento dado me planteó entrar con una apuesta muy loca porque yo no había demostrado poder hacer tebeos de otro tipo en ningún momento. Como lo que no había podido hacer durante los años de El Jueves y me gustaba mucho era hacer tebeos de ciencia ficción, pues me dije a ver qué tal», recuerda quien dirigió la revista de humor desde 2006 hasta 2009. «Yo venía de cada semana hacer lo mismo y me inventé algo en que cada número pudiera hacer una historia nueva y por eso en 'Universe!' -¡'Universo!, en su versión en español- cada historia es como empezar de cero aunque hay un nexo entre todos, es mucho más divertido», señala el autor catalán.

El cómic de Monteys orbita en torno a preguntas cósmicas que beben de los momentos de oro de la ficción para disfrute del autor en el aspecto visual y argumental. «Mi referente universal en cuanto a tebeo de ciencia ficción es Jack Kirby, pero sobre todo me gusta mucho el tebeo de ciencia ficción retro. Una de las ideas es esos tebeos de los años sesenta en que la portada te planteaba una hipótesis descacharrante y a veces no la respondía satisfactoriamente, pero este punto de 'high-concept' de tebeos bien hechos y de historia bien desarrollada debería ser la hostia. Un poco son esos tebeos de lo años sesenta muy de consumo, muy pop, muy serie B, pero al mismo tiempo con ideas muy chulas», explica Monteys sobre las inspiraciones para su actual joya.

Monteys ya ha recibido propuestas para trasladar su obra digital al formato del papel y 2018 aparece como fecha más clara, especialmente si es galardonado en julio al Eisner. Si es premiado, no se enterará en directo en la Comic Con de San Diego. «No me he sacado los pasajes. Estuve planteándome ir, pero al final es muy caro y aunque mi inglés no es es malo, mi terror escénico es mucho y a lo mejor decía alguna estupidez, así que prefiero verlo por Internet», confiesa al respecto.



Portada del número 5 de 'Universe!'.


Carlitos Fax

Por el momento, Monteys disfruta de la reedición de 'Carlitos Fax' (Astiberri), una recopilación de divertidas historias sobre un futuro en el que un robot-fax quiere ser un periodista con los mismos tintes amarillistas y oportunistas que podrían verse en el siglo XXI. «No soy periodista ni he estado nunca en un medio periodístico, pero sí que he estado muchos años en un medio humorístico y todas esas contradicciones sobre la diferencia entre la verdad y lo que sale publicado salen en 'Carlitos'. Tampoco había un plan para hacer algo así, pero como trabajas desde la sátira muchas veces las historias de 'Carlitos' son cosas que se van liando y al final se va formando una noticia que no tiene nada que ver con la realidad», analiza Monteys.

Monteys aprovecha para reivindicar esa otra vía para crear sus obras más allá de la ciencia ficción anglosajona de '¡Universo!': «El otro palo que aguanta mi vena creativa es el de la editorial Bruguera de los ochenta, sobre todo más de Vázquez que Ibáñez o que ninguno de todos. Para mí el era el ejemplo porque era consciente de que era el autor que hace sus historias, que trabaja desde un punto de vista muy personal». El origen de las aventuras del robot proviene de otro de sus múltiples encargos. «Viene de una revista que se hizo a principios del año 2.000 en El Jueves (Mister K). Era para recuperar el público infantil y no pensé tanto en los niños como en los tebeos que me gustaban a mí de niño. Me lo pasé muy bien haciéndolo y es totalmente 'brugueriano'. Ahí está mi pago de deuda final, porque como autor vas pagando tu deuda con los que te han gustado», reconoce con una sonrisa al recordar los cómics de su juventud.

Recogido el trabajo sembrado durante varios años, el final de 'Orgullo y satisfacción' y el reconocimiento internacional han abierto nuevas miras a Monteys. «Esta año dibujo una novela gráfica para Estados Unidos con guion de Matt Fraction que sale en julio en las librerías. Para el año que viene lo que me gustaría sería dedicarme a '¡Universo!' exclusivamente, apostar durante un año entero como mínimo, hacer números más seguidos porque soy un poco irregular en cuanto a cadencia y ver qué sale de ahí. Porque, de hecho, la mayoría de las alegrías que me he llevado en los últimos años han salido de ahí. Me lo paso muy bien haciéndolo y es lo que quiero hacer en los próximos años», avanza.



Carlitos Fax

Autor: Albert Monteys
Editorial: ¡Caramba! (Astiberri)
176 páginas. Color
Cartoné. 20 x 27 cm
Género: Humor. Infantil. Juvenil.
Precio: 22 euros.


Diario Sur

La Plaza de España, una del Oeste

La editorial Traspiés acaba de publicar una muy atractiva novela gráfica, 'Un disparo en el desierto' (colección Vagamundos), que recupera la épica del western



1, 2 y 3. Las deudas contraídas por Adrián Manuel García no se agotan en el western: el uso de un contrastado blanco y negro y el recurso a unas pinceladas de rojo para manchar de sangre la viñeta me hicieron pensar en Frank Miller y 'Sin City'… Adrián Manuel García reconoce asimismo la influencia de Alex Maleev, Marcelo Frusin y Eduardo Risso. REPORTAJE GRÁFICO: ANTONIO PIZARRO


JOSÉ ABAD
29 Junio, 2017


La pasión por el western entre los de mi generación tiene un porqué muy sencillo. De pequeños, el western se inmiscuía en todo cuanto hacíamos para distraer el tiempo libre. El western estaba en los tebeos manoseados que nos intercambiábamos la chiquillería allá en el pueblo -el sheriff King primero, el teniente Blueberry después- y estaba en las primeras novelas que leímos: Keith Luger, Silver Kane, Marcial Lafuente Estefanía, etc. El western reinaba en televisión en forma de películas de sobremesa y series vespertinas, se mantenía tenazmente en la cartelera, y formaba parte de nuestros juegos. De niños todavía jugábamos a indios y vaqueros; una mano con el índice tieso hacía las veces de un Colt 45 (las balas no se agotaban nunca) y un palitroque cualquiera se convertía en una lanza mortal. (Recuerdo que un compañero de juegos a punto estuvo de vaciarme un ojo). El generó sufrió una grave crisis en la década de 1980: en las salas de cine, la épica galáctica sustituyó la épica del jinete solitario; y en los kioscos, las novelas y los tebeos de antaño desaparecieron sin dejar rastro. El western resistió en televisión, que seguía emitiendo los grandes títulos de John Ford, Anthony Mann o Howard Hawks en horarios de máxima audiencia. Luego pasaron a las tantas de la madrugada antes de ser erradicados de la programación.

Aunque muchos lo han dado por muerto, el western se resiste a sucumbir. Nunca recuperará el esplendor de los viejos buenos tiempos, pero las tres artes narrativas por excelencia -el cine, la novela, el cómic- continúan ofreciendo de tarde en tarde obras estimables, concebidas desde un amor incondicional por el género, que el buen aficionado valora como se debe. Así ha sido concebida Un disparo en el desierto (Traspiés, 2017), una novela gráfica con guión de José Carlos García y dibujos de Adrián Manuel García. Los autores entran en los vastos territorios del Viejo Oeste como el creyente entra en los grandes templos de la fe, muy conscientes del significado de cada uno de los elementos empleados en la construcción. En la contraportada, Un disparo en el desierto se anuncia como un homenaje a grandes maestros como Sergio Leone, Clint Eastwood y… Quentin Tarantino. Personalmente, me niego a reconocerle el rango de maestro a Tarantino, no así a Clint Eastwood o Sergio Leone, un cineasta cuya obra se está aquilatando con el tiempo. La influencia de este último es manifiesta; en un par de viñetas el lector alerta distinguirá sendos planos de El bueno, el feo y el malo (1966). No obstante, las deudas contraídas por Adrián Manuel García no se agotan en el western: por su uso de un contrastado blanco y negro y por el recurso a unas pinceladas de rojo para manchar de sangre la viñeta, este artista ha tenido también presente a Frank Miller y su Sin City… Y también a Alex Maleev, Marcelo Frusin y Eduardo Risso, según me ha confesado él mismo.


Un disparo en el desierto es un relato circular que empieza por el final -un desafío, una declaración de intenciones- para mostrarnos la insensatez de todo acto de venganza. En abril de 1886, un carretero hace un macabro descubrimiento en mitad del desierto: el cadáver mondo y lirondo de un hombre enterrado hasta el cuello. De la arena sobresalen únicamente la cabeza y la mano izquierda. A su lado, un revólver con el cargador vacío. ¿Quién es este infeliz? La historia remonta el turbión del tiempo para rememorar cómo nació el odio visceral entre un cazador de recompensas de nombre Richard Brown y un bandido ambidiestro, Shane Wallace, apodado La Parca. (El nombre, no el hombre, hace pensar en el pistolero silencioso de Raíces profundas, 1953). Una noche, lo que tenía que haber sido una partida de póquer más se trastoca en humillación para Brown: Wallace le roba el dinero y el caballo, da caza al forajido que él andaba buscando y lo deja tirado en mitad de un saloon, con tres balazos en el cuerpo. Incluso el lector menos curtido sabe que el cazarrecompensas saldrá de ésta; lo que no adivina son los derroteros que tomará la venganza. El desenlace plantea una situación que estoy seguro que a Quentin Tarantino no le importaría incluir en una película de las suyas.

Malaga Hoy


CÓMIC Cursos de verano de El Escorial

"Nos mueve más la empatía que la crueldad a la hora de mostrar nuestro trabajo"

PEDRO DEL CORRAL

28 JUN. 2017


Hernández Cava (izqda.) y 'El Roto' (dcha.) conversan sobre el futuro de la viñeta en los cursos de verano de la Universidad Complutense NACHO CALONGE



Andrés Rábago 'El Roto' y Felipe Hernández Cava dialogan sobre el presente y el devenir de la viñeta en los medios de comunicación españoles

A Felipe Hernández Cava y Andrés Rábago 'El Roto' les une algo más que su trabajo como viñetistas. Son animales en peligro de extinción y así lo han reconocido en varias ocasiones: "Somos dinosaurios". Sin embargo, lo primero que habría que dejar por sentado sobre ellos es que, en sus respectivos medios de comunicación, las ideas preconcebidas, los intereses económicos e ideológicos quedan en papel mojado. De lo contrario, estaríamos ante un hombre de derechas y otro de izquierdas, sin más. Y la cosa no queda ahí."Cada vez más, los editores no tienen demasiado claro por qué se da un espacio a las viñetas", ha subrayado, en el marco de los cursos de verano de la Universidad Complutense, en El Escorial, Hernández Cava. De ahí que busquen continuamente nuevas estrategias para combatir muchos de los males que aqueja la profesión, como el vértigo contra la capacidad de reflexión de los lectores y la falta de tiempo para introducirlo en sus dibujos. "Nos mueve más la empatía que la crueldad a la hora de mostrar nuestro trabajo". Por eso han debatido siempre y no sobre por si se consideran dinosaurios de la profesión.

Aunque ese aspecto lo hayan adquirido, con el tiempo, los medios en los que trabajan. "Ellos han decidido convertirse en tales", ha señalado 'El Roto'. Algo que le irrita con profundidad. "Yo estoy convencido de que si, en el futuro, se salva alguno de nuestros trabajos será por haber utilizado diferentes mecanismos para que no sean una imagen más para consumir deprisa y corriendo", le ha respondido el guionista miembro del colectivo El Cubri. De ahí que vean con cierta prudencia el proceso de digitalización que están viviendo los diarios. "Somos unas islas que tratamos de cargar de sentido y de profundidad con los recursos más dispares para evitar que sea un elemento que resulta muerto casi desde su nacimiento. Si este peligro lo tenemos en papel, imaginaos los soportes de las pantallas, donde el trabajo que hacemos queda totalmente desvirtuado".Para ambos, el formato papel permite la presentación de los testimonios como documentos de una época que pueden ser revisados y que contrarresta el paso del tiempo. Aspectos que los diarios digitales, por el momento, no han conseguido. "Todos ellos", ha añadido el Premio Nacional de Ilustración 2012, "han sido abandonados por los propios lectores para acogerse a sistemas más fáciles de transmisión. Sin embargo, en los digitales, tanto la parte gráfica como el contenido, son demasiado efímeros. No dejan poso".Un "espolio de la mirada"Una de las cosas que siempre han hecho, en ese sentido, para salvarse de la quema que han vivido los profesionales en el sector ha sido tratar de insertarse en esa tradición artística que poco tiene en común con la del medio humorístico. "Algo que tiene el arte mayúsculo es la posibilidad de escoger de quién quieres ser más contemporáneo. Así, uno de los asuntos que más preocupa de estos tiempos es que la única tradición, ahora, parece ser el descrédito de la propia tradición", ha dicho Hernández Cava, quien siempre ha tratado de preservar la memoria de todos aquellos que, a su juicio, valieron la pena en este campo.Por eso, entiende 'El Roto' que no deben fijarse en otros dibujantes, sino en las tradiciones plásticas pictóricas de otras épocas, las del arte occidental e, incluso, la del oriental. "Por un lado, están los grandes artistas y, por otro, los regulares. Los primeros traspasan el tiempo por su lenguaje y no crean escuela porque son inimitables". Esa reproducción es lo que está produciendo un "espolio de la mirada" que algunos atisban con recelo al no identificarse con la verdadera realidad. "Tenemos, así, este oxímoron de la realidad virtual, como si ambas pudieran convivir".Para evitarlo, ambos coinciden en la solución: "Hemos de entablar conversación con nosotros mismos, intentar escucharnos y ver dónde estamos". Sólo de esa forma el lector podrá culminar su trabajo, convertirse en coautor de lo que hacen y encontrar la certeza que busca. "Es el que completa algo que das parcialmente y que dejas en puntos suspensivos". Sin embargo, para muchos de ellos, ha bromeado Hernández Cava, "el periódico ideal sería aquel que le da la razón que principio a fin y en el que las esquelas fueran todas de enemigos". Aunque, al final, a lo que aspiran es a hacerles dudar.


El Mundo


Insignes velocistas

JAVIER FERNÁNDEZ
28 Junio, 2017



'Flash de Mark Waid: El regreso de Barry Allen'. Mark Waid y otros. ECC. 416 páginas. 36,50 euros.

El regreso de Barry Allen, segundo tomo del rescate de la memorable etapa de Mark Waid al frente del superhéroe, recoge los números 73 a 83 de Flash, publicados originalmente en 1993, más los anuales 5 y 6 (1992 y 1993). Wally West se reencuentra aquí con el mismísimo Barry Allen redivivo, así como con otros insignes velocistas del universo DC, todos con raíces en la década de 1940: Jay Garrick (el primer Flash), Johnny Quick (¿para cuándo una reedición de los episodios que dibujó Mort Meskin?) y Max Mercury (variación del Quicksilver de la editorial Quality). Acompañan a Waid en la serie regular los dibujantes Greg LaRocque y Mike Wieringo, en tanto que los anuales son cosa de Phil Hester y un principiante Travis Charest.

Malaga Hoy

Multiverso e hipertiempo

JAVIER FERNÁNDEZ
28 Junio, 2017


'The Kingdom'. Mark Waid y otros. ECC. 240 páginas. 23 euros.

Seguramente, el mayor defecto de The Kingdom (1999) es que se trata de la secuela de una obra maestra como Kingdom Come (1996), y, claro, las comparaciones son inevitables. Kingdom Come supuso un antes y un después en el cómic de superhéroes: iluminó con un fogonazo la oscuridad temática instalada en el género desde mediados de la década anterior e impulsó un nuevo paradigma heroico. The Kingdom, por su parte, es una obra menos significativa, pero no por ello carece de valor. Waid tiende aquí puentes entre el mundo alternativo de Kingdom Come y la continuidad tradicional, sumando al multiverso el concepto de hipertiempo. Salta a la vista que esta vez no contó con Alex Ross, pero tipos como Jerry Ordway, Barry Kitson o Frank Quitely se esfuerzan en dar vida a un argumento tan rico e interesante como cabe esperar de un guionista solvente donde los haya.


Malaga Hoy

viernes, 30 de junio de 2017

El magnetismo de Kirby

JAVIER FERNÁNDEZ
28 Junio, 2017





'El cuarto mundo de Jack Kirby, Vol. 2'. Jack Kirby. ECC. 400 páginas. 35 euros.

El Cuarto Mundo de Jack Kirby es la constatación del dominio creativo de una de las voces fundamentales de la historia del cómic. Como indica Jorge García en el epílogo de esta magnífica edición: "Historietistas ajenos a la industria de los superhéroes también han sentido antes o después el magnetismo de la obra de Kirby. El estadounidense Gilbert Hernandez (…), el francés Yves Chaland o los españoles Keko, Gallardo y Daniel Torres se han asomado a su obra en un momento u otro (…), volvieron del revés sus páginas para estudiar las piezas de su mecánica narrativa: el colosalismo de su estilo, la riqueza de sus encuadres, la intensidad de su mirada, el flujo incesante y cristalino de sus imágenes, el violento contraste entre un trazo dinámico y una retícula de viñetas rígida y espartana. (…) Y es que a nadie se le escapa la tremenda energía la potencia retórica que irradian las planchas del Rey". En pocos lugares todas estas cualidades se hacen tan patentes como en el entramado de series que se conoce como el Cuarto Mundo.

Tras una década de éxitos en Marvel, Kirby regresó a DC en 1970 con plena libertad y se sacó de la chistera una epopeya cósmica preñada de conceptos, una especie de mutación desenfrenada de su trabajo en Fantastic Four o Thor. Desarrollada en las páginas de la veterana Superman's Pal Jimmy Olsen y otras tres series de nuevo cuño, The New Gods, Forever People, Mister Miracle, el conjunto, y cito ahora la introducción de Walter Simonson, "fue una experiencia incomparable. Mes a mes, se iba desvelando el relato de esa gran guerra a través de narraciones paralelas que paulatinamente iban creando la imagen de una batalla titánica, una imagen mucho más grande de lo que habría logrado una única serie".

Con una sola y deficiente edición completa en nuestro idioma antes de esta (en blanco y negro y un tamaño tan pequeño que no hacía justicia al producto original), la reedición cronológica y a todo color en cuatro volúmenes emprendida por ECC es una compra obligada para cualquier amante de la historieta.


Malaga Hoy

Usted creerá que un hombre puede volar

Jerry Siegel y Joe Shuster crean 'Superman' en 1938 y su 'alter ego', Clark Kent, se inspira en Harold Lloyd. En 1986 John Byrne se encarga del guion y dibujo del nuevo superhéroe

GERARDO MACÍAS
28 Junio, 2017



En 1978, se estrenó el film Superman dirigido por Richard Donner y protagonizado por Christopher Reeve, cuyo eslogan: "Usted creerá que un hombre puede volar", lleva implícito el reto más difícil para el personaje: que nos creamos que es humano, aunque vuele.

Superman, creado por Jerry Siegel y Joe Shuster, debutó en Action Comics nº 1 (DC Comics, 1938), con el físico de Douglas Fairbanks, mientras que su alter ego, Clark Kent, se inspiró en Harold Lloyd. El uniforme se basa en el de los forzudos circenses; y Lois Lane, en la modelo Joanne Carter, que acabó casada con Jerry Siegel. Se bautizó a la ciudad de Metrópolis como homenaje al film de Fritz Lang. El éxito de Superman creció con nuevas series de cómics, más autores para cumplir plazos de entrega, radio, televisión, cine, tiras de prensa y videojuegos. Pero llevaba mal el paso de los años, con historias absurdas, y poderes a conveniencia.


En 1986, DC Cómics decide revisar su origen, tras el reinicio que supuso la serie Crisis en Tierras Infinitas. John Byrne se encargó del guión y dibujo del nuevo Superman, físicamente inspirado en Christopher Reeve. Daba comienzo una nueva era para un Superman más verosímil, cercano y humanizado que el dios omnipotente de décadas pasadas.

Byrne homenajeó al Superman original de Siegel y Shuster, y a los dibujos animados de los Fleischer (1941), pero al mismo tiempo le dio un tono adulto y progresista, tratando la homosexualidad, la pena de muerte, o la experimentación con animales. Aunque poderoso, es muy frecuente verlo con el uniforme roto, herido, o cometiendo errores. Incluso la barba de tres días, que a veces luce Clark, es un símbolo de humanización.

Kal-El viaja en nave espacial a Smallville, Kansas, tras la destrucción de Krypton. Que nazca en el momento en que Martha Kent abre la nave, subraya que quien llega es Clark. Es decir, Superman no se disfraza de Clark Kent: es Clark el que, a veces, se disfraza de Superman.

Durante los sesenta, irrumpen en la Tierra kryptonianos como Supergirl; Krypto el superperro; Beppo el supermono; etc... Para Byrne, fue un error que el personaje dejase de ser único. Por eso, hizo que Kal-El volviese a ser el último hijo de Krypton. Al situar su debut como superhéroe en Metrópolis y no en Smallville, se eliminan sus inicios como Superboy.

Clark Kent deja de ser torpe y despistado, para ser audaz y seguro de sí mismo. A su llegada a Metrópolis y al Daily Planet, conoce a una Lois Lane independiente y de fuerte carácter. Clark saca a la luz la historia de Superman, algo más acorde con su profesión periodística que regalar la exclusiva a Lois, que entonces es una extraña. La relación entre ellos cambia, interesándose Lois por el hombre oculto bajo el disfraz, en lugar de por el héroe inalcanzable.

Lana Lang deja de ser la versión juvenil de Lois para ser la imagen del amor no correspondido, del sacrificio por el ser amado y de la fidelidad llevada a las últimas consecuencias.

Lex Luthor ya no es un científico loco que quiere dominar el mundo, sino un calculador hombre de negocios de impecable reputación, pero lleno de manchas invisibles. Odia a Superman por robarle la admiración de Metrópolis, y porque posee un poder con el que su dinero e influencias no pueden rivalizar. Tiene su fuente de inspiración en la competencia; es difícil ver al Luthor que mantiene su actividad criminal en la sombra sin acordarse del Kingpin de Marvel.

La relación de Superman con Batman es de una de cierta desconfianza y distanciamiento, algo que contrastaba con la amistad anterior, y que se hizo más realista.

Superman se enfrenta a dos esbirros de Luthor: primero, Bizarro, clon defectuoso de Superman. Luego, Metallo, un ser mitad hombre, mitad ciborg, con corazón de kryptonita, que le pega una paliza, y el Hombre de Acero descubre que no es todopoderoso.

Lo esencial de Man of Steel se ha mantenido hasta el presente, pese a que oficialmente, este origen de Superman sólo estuvo vigente hasta 2004.

Este tebeo se publicó originalmente durante el mandato de Ronald Reagan, para quien lo más importante era sentirse americano. Superman se siente un americano más por haberse criado en Kansas, por lo que la sensación de extraño en tierra extraña desaparece.


Malaga Hoy


Más Mujer Maravilla

'Rastros' es el segundo volumen de la serie 'Grandes autores de Wonder Woman' en ECC, dedicado al trabajo de George Pérez.

JAVIER FERNÁNDEZ
28 Junio, 2017




'Grandes autores de Wonder Woman: George Pérez - Rastros'. George Pérez y otros. ECC. 312 páginas. 30,50 euros.

Por fin se ha estrenado la película de Wonder Woman, precedida de buenas críticas y no poca expectación, y es que el personaje merece todo el interés. La princesa amazona tiene más de 75 años de historia y ha disfrutado de enormes etapas creativas a lo largo de estos años, desde los tebeos de William Moulton Marston y H. G. Peter en la década de 1940 hasta la elegante sucesión de aventuras modernas, cuyo pistoletazo de salida fue el sobresaliente reboot de George Pérez en 1987.

Precisamente acaba de ver la luz Rastros, el segundo volumen de la serie Grandes autores de Wonder Woman dedicado al trabajo de Pérez, a quien debemos gran parte de la popularidad de que goza el personaje hoy día. El tomo contiene los números 15 a 24 de Wonder Woman (1988-89), más el Annual 1 (1988), un periodo muy significativo, pues el dibujante de Crisis en Tierras Infinitas, que había colaborado en los argumentos desde el principio de la serie, dio un salto creativo y asumió aquí por completo las labores de escritura. Está incluido el episodio titulado ¿Quién mató a Mindi Mayer? (Wonder Woman 20), uno de los momentazos de la serie: tomando una idea original de Carol Flynn, Pérez demostró que andaba sobrado de talento como guionista. Con el paso de los números, el artista acabó disfrutando tanto como escritor que abandonaría los dibujos a partir del 25, y el primer anual es un precedente de lo que vendría. Sus bellas páginas se las repartieron un puñado de excelentes dibujantes: Arthur Adams, Ross Andru, Brian Bolland, John Bolton, José Luis García-López, Chris Marrinan y Curt Swan. La etapa de Pérez es ideal para todo el que quiera iniciarse en la lectura del personaje y, para muchos aficionados, sigue siendo la mejor.

Dioses de Gotham es el título de otro volumen de Grandes autores de Wonder Woman, con el que da inicio la recopilación de la etapa de Phil Jiménez, que devolvió al personaje la elegancia perdida en la década de 1990. Contiene los números 164 a 170 de Wonder Woman (2001), en los que retornan con fuerza los elementos mitológicos y queda clara la influencia de Pérez (ideológica, literaria y gráfica, y es que, por momentos, la estética de Jiménez se confunde con la de su maestro). En este regreso a la grandeza participaron los guionistas J. M. DeMatteis, Joe Kelly y el propio Pérez, así como el ilustrador Adam Hughes, que firma unas espectaculares portadas que son ya parte de la historia del personaje.

Aprovecho, por último, para recordar que se acaba de publicar también Huesos, sexto y último tomo de la reedición del celebrado trabajo de Brian Azzarello y Cliff Chiang en la segunda década del siglo XXI. Esta etapa figura por derecho propio entre los mejores tebeos publicados por DC en su etapa de los Nuevos 52. Se sale bastante de lo habitual, especialmente en el plano visual, y ha logrado que muchos lectores se atrevan al fin a hincarle el diente a las aventuras de Wonder Woman. Personalmente, la he disfrutado de principio a fin y no me canso de recomendarla.



Malaga Hoy

lunes, 26 de junio de 2017

Los delirios de Moebius


 ESTE FRANCÉS DE 72 AÑOS ES ALGO MAS QUE UN MITO DEL COMIC MUNDIAL. EL AURA DE JEAN GIRAUD (O 'MOEBIUS') SE EXTIENDE TAMBIÉN AL CINE Y AL ARTE
CONTEMPORÁNEO. CON MOTIVO DE SU PRIMERA RETROSPECTIVA, EN PARÍS, EL DIBUJANTE MÁS INFLUYENTE DEL ÚLTIMO MEDIO SIGLO NOS DESTRIPA, EN EXCLUSIVA, A SUS CRIATURAS FAVORITAS, POR FRÉDÉRIC POTET Y ANNE FAVALIER


 DIBUJO TRAZOS ALEATORIOS CON LOS OJOS CERRADOS
imagen: La faune de Mars (La fauna de Marte)
Su última obra, en la que inventa una serie de criaturas del planeta rojo y las identifica a la manera de un zoólogo del siglo XIX.

«Este dibujo procede de un pequeño álbum que publicaré en breve. Partí de la premisa según la cual el gesto inconsciente participa en la creación. El juego consiste en ponerme a dibujar trazos aleatorios procurando, con la mayor sinceridad, no tener objetivo alguno. Aparece entonces ante mí una especie de mancha de Rorschach; las condiciones del azar se han creado jugando con mi propia mano,
incluso cerrando los ojos. A continuación, regreso a la razón y doy forma a dichos trazos. Tras unos cuantos dibujos, me vino la idea de que había creado animales fantásticos. Los situé en Marte, planeta que ha servido a menudo de pantalla de proyección de lo imaginario.»


"LO CREÉ POR LAS NOCHES, TRAS EL TRABAJO" 
Imagen: dibujo preparatorio para Arzach
Publicado en 1975-1976 en la revista Metal Hurlant -promotora del boom de la ciencia ficción en los 70-, Arzach convulsionó el cómic de la época al no incluir diálogos y un guión, Moebius dixit: «Sin pies ni cabeza, basado en mis sueños».

«varios motivos me han hecho devolverte la vida a este personaje que creaba por las noches tras el trabajo con un nuevo libro [Norma lo editará en España en verano]. En primer lugar, él mismo solicitó regresar irrumpiendo en Inside Moebius, el diario donde me pongo en escena con mis personajes. Además, mi editorial decidió pasar a algo más ortodoxo con la esperanza de vivir de esto. En la nueva entrega le he hecho hablar, ya que, 35 años después, el contexto ha variado. Entonces, nunca sabíamos si se publicaría el siguiente número de Metal Hurlant. La garantía del impacto editorial era nuestro propio asombro.»


MI PADRE,  SE PUEDE DECIR, desapareció cuando yo tenía tres años. Y me puse a dibujar. Hoy puedo reinterpretar la historia y decir que fui yo quien lo eché.» Así, con sentido del humor, desprecia Jean Henri Gastón Giraud, Moebius, la idea del artista marcado por el abandono paterno. En su caso, de todos modos, aquella circunstancia marcó su infancia en Nogent-sur-Marne, el suburbio de París donde nació, en 1938.

Por un lado, allí conoció las primeras ilustraciones de su vida, una serie del siglo XIX llamada La vuelta al mundo, viviendo en casa de sus abuelos. Por otro, el matrimonio de su madre con un mexicano lo llevó a conocer México con 16 años y, de paso, la pintura, él jazz moderno, el sexo, la marihuana, el desierto y los hongos alucinógenos, seis elementos funda-mentales para modelar el revolucionario estilo que acabaría por convertirlo en la figura más influyente del cómic de los últimos cuarenta años.

De México le fascinó la lectura de Carlos Castañeda, al que descubrió por su colega Alejandro Jodorowsky, y su interés por los misterios del subconsciente; inquietudes que se plasmaron en sus delirantes obras, y revolucionarias para su época, como Arzach (1975) y El garaje hermético (1976). «¿Qué hizo que yo haga lo que hago? —suele reflexionar—. Creo que tengo una morfología energética que me lleva hasta esto. He desarrollado el músculo de la fe, una forma de creencia y de trance.»



 "MI PRIMERA PELÍCULA DE ANIMACIÓN"
imagen: dibujo preparatorio de La Planéte Encoré. Animación en 3D

El primer cortometraje concebido, dibujado y codirigido por el propio Moeblus.
«Ésta es mi primera película de animación. He estado involucrado en varios proyectos como realizador, pero ninguno vio la luz. No diría que el cine me ha dejado tirado, yo lo dejé pasar, pero
ya me tocaba involucrarme seriamente como productor, como con este cortometraje, ES difícil vivir varias vidas a la vez. Hacer el trabajo de Moebius y trabajar con Blueberry ya requiere una inversión considerable. Para lanzarse a hacer cine, hay que ser Hernán Cortés: quemar las naves, no tener otra cosa que hacer.»


 "LO IMPROVISÉ, COMO UN MÚSICO DE 'JAZZ'"
imagen: /Mayor fatal

Es, junto con Arzach, una de sus obras más influyentes de los años 70. Se trata de una saga sobre la superación personal surgida de la improvisación absoluta. «Este cómic lleno de delirios y divagaciones me llevó diez años, con largos periodos de sequía. Está Improvisado viñeta a viñeta,
como un músico de 'jazz' que crea tensión entre una línea melódica y la liberación absoluta. Me gusta hacer un dibujo sin pensar en el siguiente. Se puede conectar este método al inconsciente, pero
también a lo que uno describe en estado de trance. El Mayor, un avatar de mí mismo, es fruto de esta reflexión.»

 
"TIENE MUCHO DE PECKINPAH Y LEONE"
imagen: dibujo de portada de Mister Blueberry, n.° 35 de Blueberry
Con 51 álbumes desde 1963, Blueberry (creado a medias con el difunto Jean-Michel Charlier) fue durante años el trabajo que dio de comer a Giraud.

 «Siempre he intentado hacer películas sobre papel; por eso, el cine es el almacén de imágenes de Blueberry. He dado al personaje los rasgos de actores como Belmondo, Bronson, Eastwood, Schwarzenegger... incluso de Keith Richards o Vincent Cassel (que hizo de Blueberry en el cine). También le debe mucho a cineastas como Sam Peckinpah (me fascinó Grupo salvaje) y Sergio Leone. En cuanto a su amistad con los indios, me siento próximo a John Ford, quien estuvo toda su vida dividido entre el machismo blanco de la conquista del Oeste y su sensibilidad hacia las minorías oprimidas.»



'Experimentación' es para Giraud una palabra clave. Es lo que lo llevó a enrolarse en los 70, durante casi cinco años, en una secta ufológica. «Nunca entré en contacto con un alien, pero vi cosas extraordinarias en los cielos y dibujé mucho», confiesa. De hecho, considera las naves extraterrestres como «ventanas hacia otros planos vibratorios». Tal vez por eso su genio ha marcado también la historia reciente del cine de ciencia ficción, participando en el diseño de obras como Alien, El imperio contraataca, Tron, Willow, Abyss o El quinto elemento.

Hasta la elección de su seudónimo, tomado del astrónomo y matemático alemán August Móbius, tiene un carácter cósmico: «Quería inventar algo sobre mí mismo que fuera más allá de mí mismo. Como una existencia paralela a la mía». O mejor, dos existencias paralelas, ya que Giraud es también Gir, el alias con el que ha firmado su obra más popular: Blueberry, a la sazón, el personaje cuyos ingresos le permitieron dar a luz al resto de sus criaturas. Arzach, el Mayor Grubert, el Incal y demás seres extraños se lo agradecerán eternamente, como hacen ya cuatro generaciones de fans. ■

La exposición Moebius-Transe-forme está abierta en la Fundación Cartier, en París (261 Boulevard Raspail), hasta el 13 de marzo.




"AÑADO HUMOR, PERO QUE NO SE NOTE"
imagen: Inside Moebius II
Con 65 años dejó la marihuana y describió la experiencia en un diario, que dio lugar a esta obra, donde el autor interactúa con sus personajes.


«Mi intención con este relato introspectivo creado sin bosquejo es llegar a dibujar sin preocupación gráfica y con la idea de estar 'hablando'. Me gusta esa limpieza de la estética muy del 68. Es lo que intenté hacer aquí, añadiendo un toque de humor, siempre ha estado presente en mi obra, pero es un
humor clandestino, como alguien que debe permanecer serio y desliza bromas esperando que no se note. Aquí cito a autores de referencia, como Gotlib o Edika, acusándome de querer medirme a esos gigantes. Es también un modo de reconocer que conservo una mente bastante colegial.»


XLSEMANAL   2 DE ENERO DE 2011