miércoles, 28 de enero de 2026

BLACK DEKER: YELLOW MOON FERNANDO DE FELIPE EDICIONES GLÉNAT.


Durante mucho tiempo, De Felipe fue la gran esperanza blanca del tebeo comercial español. Narrador eficaz y espectacular grafista, cada uno de sus libros constituía siempre una bocanada de aire fresco por lo estimulante de su propuesta (canibalización y reelaboración de tópicos y lugares comunes, túnel de lavado pop, caótico catálogo de citas y rabiosa coctelera de clichés primorosamente puestos al día), entre el frenesí colorista y una sana experimentación formal no ajena, por fortuna, a la ironía. Sus trabajos, en fin, se leían con una sonrisa en los labios y casi nunca defraudaban.

Después de un tiempo de silencio, De Felipe retoma la saga de BLACK DEKER (que naciera sin mucho entusiasmo en la revista VIÑETAS) dispuesto a terminar de inscribirla en ese subgénero que llamaríamos de la aventura referencial (tarea que, en principio, debería poder completar con los ojos cerrados), pero algo no acaba de funcionar. El libro, a pesar de su brillantez gráfica, se ve lastrado por su condición de mera transición (la acción parece limitada a preparar los acontecimientos que llegarán a su paroxismo, presumiblemente, en la tercera entrega de la serie). Además, la narración se resiente del lastre, a menudo engorroso y casi siempre al borde mismo de lo superfluo, de una constante verborrea que no facilita en absoluto la lectura, que distrae, confunde y ni siquiera aporta un mayor conocimiento de los distintos personajes (el peligro de este tipo de trabajos que hemos definido ya como referenciales es ese, precisamente: superficialidad. Un peligro que el autor no ha sabido evitar esta vez, me temo).

Obra coja, pues, que no deja sin embargo de mostrar las mejores cualidades del narrador De Felipe (escrupulosa arquitectura de la plancha, minuciosidad temporal, planificación milimétrica), amén de su buen hacer como dibujante, campo en el que incluso puede hablarse de una cierta evolución (se abandona en cierta medida el espectacular barroquismo característico de anteriores títulos, e incluso el trazo mismo, denso y firme hasta ahora, comienza a simplificarse en lo que tal vez prefigure futuras sendas en la siempre inquieta carrera del autor).

O, en otras palabras, no es EL HOMBRE QUE RÍE (para mí, su obra más intensa y emocionante), pero no es tampoco un título desdeñable del que pueda prescindirse alegremente. Y no porque el mercado nacional continúe en barbecho (que también), sino porque en cada plancha palpita el talento visual de uno de nuestros más poderosos e inteligentes narradores (alguien capaz de robarnos el aliento incluso en horas bajas, como es el caso). Aguardemos, pues, a ver la tercera entrega de la saga (que, espero, no se demore tanto como ésta segunda).

Francisco Naranjo


U, el hijo de Urich #5 Julio 1997


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