El incidente Darwin
Shun Umezawa
Distrito Manga
Japón
Rústica con sobrecubierta
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El género distópico de la primera mitad del siglo xx avanzó muchas de las cuestiones que hoy describen nuestro presente. El férreo control de las naciones sobre el día a día de sus ciudadanos, la deriva de las democracias liberales hacia el totalitarismo, nuestra dependencia del ocio y los estragos de un capitalismo desaforado. Todos ellos temas que se abordan con gran lucidez en 1984, de George Orwell, Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Pero los aficionados al género distópico saben que estas historias son solo la punta del iceberg respecto a las formas y temáticas que pueden adoptar estos relatos.
La sátira puede ser otra de estas formas. Esta la encontramos en propuestas como Mercaderes del espacio, de Frederik Pohl, y Rebelión en la granja, del ya citado Orwell, la noventera Snow Crash, de Neal Stephenson, y, saltando al medio audiovisual, en el filme Brazil, de Terry Gilliam, y la más reciente serie de televisión Black Mirror. Pero si echamos la vista atrás, una obra pionera en la relación entre distopía y sátira es el clásico del siglo XVIII Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. Una obra que disecciona sin piedad la po- lítica, la religión y las convenciones sociales de su época, pero que también nos alecciona sobre nuestro limitado concepto de humanidad.
En su último viaje, Gulliver llega al país de los houyhnhnms, donde los seres inteligentes son los caballos y los seres humanos son solo ganado. Un hecho que altera por completo la forma de pensar del protagonista de Swift. Hay otra distopía publicada a principios del pasado siglo con un punto de partida similar a este y que daría lugar a una destacada franquicia cinematográfica: El planeta de los simios. Lo curioso de esta saga de películas es que, a pesar de contar con multitud de entregas y versiones, nunca ha adoptado el tono de «fábula swiftiana» de la novela original publicada en 1963 por Pierre Boulle.
En un salto que a priori puede parecer de acróbata, nos trasladamos ahora a Japón para hablar de uno de los mangas más estimulantes que se han publicado en los últimos años: El incidente Darwin. Una obra de Shun Umezawa, autor acostumbrado a poner el foco de sus relatos en las miserias, contradicciones y demonios de la sociedad japonesa. Lo hace siempre a través de la reflexión, la filosofía y la crítica social. Muchas veces jugando con un evidente elemento distópico que lleva hasta las cotas más surrealistas. Hay numerosos ejemplos en su trabajo en Bajo un cielo como unos pantis, Con uno y noventa nueve y Utopías. Pero Umezawa lleva su pasión por lo distópico a un nuevo nivel en El incidente Darwin.
Umezawa amplía en ella su foco de acción y cambia la ubicación habitual de sus anteriores trabajos. Así, pasamos de sus divagaciones en torno a la sociedad japonesa a un abordaje más universal y que concierne a la mayoría de sociedades contemporáneas. Además, abandona el contexto nipón y traslada la acción a Nueva York. Allí conoceremos a Charlie, el primer «humancé» creado por la ciencia (un híbrido de humano y chimpancé) que vive junto a sus padres adoptivos humanos. Con sus quince años recién cumplidos, Charlie empieza a ir al instituto con una mezcla de resignación y curiosidad. Pero este hecho no será tan importante como el peligroso interés que un grupo animalista radical llamado Alianza de Liberación Animal mostrará por él...
Este punto de partida tiene no pocos paralelismos con la primera película de la última trilogía de El planeta de los simios, en la que tenemos a César, un chimpancé mutado dotado de una extraordinaria inteligencia. El conflicto de César con la sociedad humana está determinado por la incomprensión, el miedo y el odio. En El incidente Darwin, Umezawa nos propone un escenario parecido, aunque Charlie tiene muchas más aristas. No solo tiene unas capacidades físicas superiores a las de cualquier humano, también un intelecto increíble que cuestiona las contradicciones de una humanidad que le teme y desprecia. La historia nos poner así entre la espada y la pared, obligándonos a confrontar frontalmente nuestra visión del mundo.
El incidente Darwin tiene el envoltorio de thriller, y nos propone una distopía muy cercana a nuestra realidad. También tiene espacio la obra para la acción, el humor y el misterio. Pero, sin lugar a dudas, su punto fuerte está en ese gusto del autor por darle la vuelta a todo, tratando con extrema puntería temas candentes de identidad, sexo y género, al tiempo que cuestiones más concretas ,como el veganismo y el control de armas en Estados Unidos. Una distopía de nuevo cuño que ya no mira hacía el futuro, al contrario, nos obliga a detenernos en el presente y reflexionar sobre la versión del futuro que hemos construido y en la que hoy vivimos.
Jot Down 7. Anuario de Comics

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