sábado, 26 de febrero de 2022

Sillón de Orejas por Manuel Rodríguez Rivero

Fragmento final del artículo

Gráficas

No ignoro que algunos de mis improbables se ponen de los nervios cada vez que me pillan recomendando novelas gráficas. Conozco a un autor de óperas, por ejemplo, que me da a entender que no le parece serio que les dedique espacio en una columna como ésta, consagrada, al parecer; a los Libros con mayúscula y pare usted de contar. Bueno, todo es cuestión de gustos (claro que los hay buenos y malos, como decía un poeta de la experiencia poseído de la verdad de lo a-ras-del-suelo). Guste o no, las novelas gráficas ya forman parte de la cultura de nuestro tiempo (y, a estas alturas, casi nadie separa tajantemente las antes llamadas “alta” y “baja” cultura), y en algunas de ellas respira lo más nuevo y audaz de la narrativa del siglo XXI. Permítanme que les seleccione algunas de las que más me han interesado entre las publicadas en las últimas semanas. Hierba (Reservoir Books), de la coreana Keum Suk Gendry-Kim, es la historia real –toda ella de las esclavas sexuales utilizadas por el Ejército japonés. Túneles (Salamandra), de la israelí Rutu Modan, cuenta las peripecias de una expedición a los territorios israelíes/palestinos en conflicto en busca del Arca de la Alianza: colores y línea clara que testimonian su deuda con Hergé (y también con Indiana Jones, ya puestos). Le pont des arts (Impedimenta), de Catherine Meurisse, conocida por su trabajo en Charlie Hebdo, vuelve a poner en relación arbitraria a pintores y escritores en una serie de breves sketches repletos de ideas. Nebrija (Nórdica), de Agustin Comotto, utiliza los modos de la narración gráfica clásica, reforzada por una poderosa gama de colores para poner al alcance de todos la vida y obra del gran humanista hispánico en su quinto centenario.


El Pais. Babelia Nº 1.579 Sábado 26 de febrero de 2022


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