miércoles, 25 de abril de 2018

La recuperación de una etapa

JAVIER FERNÁNDEZ

25 Abril, 2018



'Marvel saga. Daredevil, 15: El diablo en la galería D'. Ed Brubaker, Michael Lark. Panini. 168 páginas. 18 euros.

Terminada la recopilación en la colección Marvel Saga de la larguísima y fundamental etapa de Daredevil realizada por Brian Michael Bendis y Alex Maleev, comienza ahora la recuperación de otra etapa sobresaliente: la del guionista Ed Brubaker y el dibujante Michael Lark. El dúo se había ganado el respeto de la crítica con la excelente Gotham Central cuando se planteó la difícil tarea de continuar las aventuras del Hombre sin Miedo justo donde las había dejado Bendis (es decir, con el héroe encarcelado en la penitenciaría de Ryker). Brubaker y Lark siguieron explotando la mezcla de género negro y superhéroes que caracterizaba la serie y firmaron un trabajo frenético y elegante que superó las expectativas. El diablo en la galería D contiene el primer arco argumental completo, números 82 a 87 del volumen 2 de Daredevil, publicado originalmente en 2006.


Malaga Hoy

La fiesta del Hombre Araña

JAVIER FERNÁNDEZ

25 Abril, 2018



'Marvel Saga. El asombroso Spiderman, 23: Últimos pasos'. VVAA. Panini. 280 euros. 24 euros.

Últimos pasos ofrece varios alicientes para los lectores (un guión de Bendis por aquí, los dibujos de Javier Pulido por allá), pero ninguno tan sabroso como la multitudinaria fiesta que supuso la publicación del número 600 de la cabecera The Amazing Spider-Man. El espectáculo principal son las más de sesenta páginas escritas por Dan Slott y dibujadas por John Romita Jr. con tintas de Klaus Janson, que narran el enlace matrimonial entre la tía May y el padre de J. J. Jameson (con sorpresa final incluida), aunque los lectores veteranos se relamerán con la historieta corta Crisis de identidad, en la que Marcos Martín pone imágenes a un guión del mismísimo Stan Lee. Además del 600, van los números 601 a 605, todos de 2009.


Malaga Hoy




La era de las maravillas

JAVIER FERNÁNDEZ
25 Abril, 2018



'Marvels'. Kurt Busiek, Alex Ross. Panini. 360 páginas. 35 euros.

A mediados de los 90, los superhéroes llevaban ya casi una década lidiando con la deconstrucción del género, una moda de la que Batman: El regreso del Caballero Oscuro y Watchmen, como todo el mundo sabe, son los ejemplos por antonomasia. Además, se había impuesto recientemente un estilo visual de figuras exageradas y composiciones imposibles, que desdeñaban la narrativa tradicional y convertía a los tebeos casi en meras colecciones de estampas. Todd McFarlane o Jim Lee eran los adalides de esta nueva estética, y no por casualidad la empresa editorial que fundaron en 1992 se llamó Image. Tanta pesadez argumental y tanta (enmarañada) vacuidad plástica tenían por fuerza que generar una reacción, y es así que llegaron el desenfado y la pulcritud de los dibujos animados de Batman: La serie animada o la chispa pop del Madman de Mike Allred, por citar solo dos ejemplos del mismo 1992.

Alumbrado en 1994, puede que Marvels no fuese el primer golpetazo contra la mesa de novedades, aunque seguramente sí fue el más sonoro. La obra maestra de Kurt Busiek y Alex Ross ofreció una mirada nostálgica y esperanzadora al género de superhéroes, y supuso la constatación de que el sentido de la maravilla seguía intacto, debajo de todo el ruido. Lo hizo con tanta convicción, apoyándose en un guión sólido y emocionante y en unas ilustraciones hiperrealistas al servicio de un storytelling exquisito, que el mercado comenzó allí mismo a transformarse, en busca de su próximo paradigma. Marvels contempla detalladamente los primeros tiempos del universo Marvel con los ojos de un fotógrafo (de una persona cualquiera, de uno de nosotros) y nos devuelve, aumentado, el mayor espectáculo del mundo.

Este título imprescindible ha conocido diversas ediciones, pero ninguna tan completa y cuidada como la que acaba de lanzar Panini, de hermosa hechura y enriquecida con casi ciento cincuenta páginas de extras, con notas, comentarios, bocetos, artículos, ilustraciones promocionales y hasta una generosa galería de portadas de Ross.


Malaga Hoy

Jóvenes marginados

El primer 'spin-off' de 'La Patrulla-X' se lanzó en 1983 y recupera el motivo de la Escuela para Jóvenes Talentos del profesor Xavier


JAVIER FERNÁNDEZ
25 Abril, 2018




'Marvel Gold. Los nuevos mutantes, 1'. Chris Claremont, Bob McLeod. Panini. 656 páginas. 44,95 euros.

La Patrulla-X, que es como se conoce en España a los X-Men, fue creada por Stan Lee y Jack Kirby en 1963, durante la explosión creativa que dio origen al universo Marvel. Tal como indica Nicholas Holm en el libro Comics Through Time: "La Patrulla-X supone el primer tratamiento narrativo seriado de la mutación en los cómics, no solo como tema, sino también seguramente como un género en sí mismo. (…) La Patrulla-X cuenta las aventuras de un grupo de mutantes adolescentes uniformados que luchan contra enemigos malvados (mutantes y no mutantes por igual), bajo el tutelaje de su mentor, el profesor Charles Xavier". El supergrupo "se distinguía de otros equipos de superhéroes por la juventud de sus miembros y porque estos vivían juntos en una suerte de internado, tanto en sus identidades superheroicas como civiles". Aun siendo sugestiva, la idea no terminó de cuajar. A finales de la década, la serie estuvo a punto de ser cancelada y sobrevivió durante el siguiente lustro a base de reediciones de material atrasado.

Todo cambió en 1975, cuando Len Wein y Dave Cockrum remodelaron el concepto en el proverbial primer número de la (brevísima) cabecera Giant-Size X-Men, con el episodio significativamente titulado Segunda génesis. La nueva Patrulla-X ya no estaba compuesta por timoratos adolescentes, sino por un grupo multirracial de mutantes internacionales: el nativo americano Ave de Trueno, el ruso Coloso, el canadiense Lobezno, el alemán Rondador Nocturno y la africana Tormenta se ponían a las órdenes de Cíclope, único personaje de la formación original que se mantuvo, de inicio, al pie del cañón. Wein cedió muy pronto el testigo al guionista Chris Claremont, y el resto es historia. Colaborando con artistas tan renombrados como John Byrne, Bill Sienkiewicz, Alan Davis, Barry Windsor-Smith o Jim Lee, Claremont convirtió a los mutantes en la franquicia más exitosa de Marvel, con ventas estratosféricas y un sinfín de spin-offs.

El primero de ellos, Los Nuevos Mutantes, se lanzó en 1983, después de haberse testado en la novela gráfica homónima de 1982. Aquí, Claremont creó un segundo grupo de mutantes adolescentes, recuperando el motivo de la Escuela para Jóvenes Talentos del profesor Xavier que lo había iniciado todo veinte años atrás. Dice Henry Andrews en el citado Comics Through Time: "A lo largo de la serie, Los Nuevos Mutantes exploró los temas del abandono y la búsqueda de un lugar en el mundo, de rebeldías y rivalidades propias de la pubertad, así como de las enormes responsabilidades que, como mutantes, soportan los personajes". El volumen de la colección Marvel Gold titulado Tercera génesis recoge la novela gráfica seminal, los primeros diecisiete episodios de The New Mutants y algunas aventuras de sus protagonistas en cabeceras como Marvel Team-Up, The Uncanny X-Men, así como la miniserie Magik y numerosos extras. Bob McLeod y Sal Buscema dibujan la mayoría de las páginas, pero hay sitio también para deleitarse con el trabajo de estilistas de la talla de Frank Miller o John Buscema.

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Malaga Hoy

Movimientos Orgánicos Telúricos

Nacho Moreno y Alfonso Azpiri crearon a 'Mot' y recrearon un mundo de fantasía para homenajear a la cultura popular y especialmente al cine. Del cómic saltó a la animación.


GERARDO MACÍAS
25 Abril, 2018



'Mot nº 1'. Guión: Nacho Moreno. Dibujos: Alfonso Azpiri. Planeta DeAgostini Cómics, 2008.

En la oscuridad, en el fondo del ropero del pequeño Leo, brillan unos ojos. Un monstruo se esconde en su interior: se llama Mot, es gigantesco y voraz, pero también muy simpático y comodón, prefiere los bocadillos a los niños y tiene una habilidad especial para atravesar puertas interdimensionales que los llevarán a las aventuras más increíbles.


A pesar de sus reticencias, y de no terminar de entender el peculiar sentido del humor de Mot, el joven Leo lo acompaña en diversos viajes por mundos plagados de peligros y personajes pintorescos. Movimientos orgánicos telúricos, ese es el significado de las siglas tras las que se encuentra uno de los monstruos más famosos del cómic español, que vio la luz el 10 de abril de 1988 en el suplemento de prensa infantil El Pequeño País, donde, durante cuatro años, los guiones de Nacho Moreno y los dibujos de Alfonso Azpiri se fueron publicando y creciendo en popularidad. Al ser concebidas para su publicación en el semanario, estas aventuras están estructuradas en entregas de dos en dos páginas pero, aun así, no pecan de falta de ritmo al ser leídos de un tirón.


Enorme y panzudo, con pinta de reptil con cuernos, tragón y con sorprendente facilidad para abrir puertas interdimensionales a distintos mundos repletos de magia y aventuras; arrastrar a Leo, el joven adolescente que acaba siempre evitando su cita con el psicólogo y el manicomio, por mil y un problemas; y destrozar todo a su paso, ya sea por su estilo torpón o debido a sus ganas de pelea.

Seis fueron los álbumes originales realizados por Alfonso Azpiri y Nacho Moreno. Se encuentran recopiladas en este primer álbum las tres aventuras tituladas Mot, El coleccionista y El castillo maldito.

Guionista y dibujante dan rienda suelta a su mundo de fantasía -trolls, magos, princesas, robots, indios, piratas, casas encantadas, etc-, al tiempo que rinden homenaje a la cultura popular y al cine en especial.

Aunque Mot está dirigido principalmente al público infantil, de diez años de edad más o menos, un lector adulto también puede encontrar detalles interesantes.

Los autores combinan el dinamismo de las aventuras con el carisma del protagonista para crear una obra que se lee con soltura y una sonrisa cómplice.

El álbum incluye una introducción de Luis Alberto de Cuenca, y doce páginas de extras: ilustraciones diversas sobre Mot, y un story-board de la serie de animación del personaje.

Del álbum que recopiló en su día los inicios de la serie se vendieron 150.000 ejemplares. La jugada de El País fue un acierto, y rápidamente otras editoriales sintieron la influencia de la pequeña revista para poner en liza publicaciones de similares, dirigidas igualmente a un público infantil.

Tuvieron cabida en El Pequeño País Astérix el Galo, Lucky Luke y Los Pitufos, entre otros personajes que amenizaron los domingos de niños y niñas. El éxito de Mot hizo que en 1988 se incrementase el número de páginas del suplemento infantil.

Mot fue uno de los personajes más populares de Azpiri, junto con Lorna. También fue publicado en Francia por la editorial Soleil. Debido al éxito, L'Studio-Canal Plus International se interesa por el personaje y creó en 1995 una serie de animación de veintiséis capítulos de treinta minutos de duración cada uno, que se emitió en varios países como Estados Unidos, Australia y España.

Alfonso Azpiri no tuvo control sobre la teleserie y aunque tuvo bastante éxito, poco tiene que ver con la idea original del ilustrador madrileño, la criatura está menos trabajada estéticamente y es de un color púrpura que se desmarca del monstruo anaranjado y llamativo de Azpiri.

Azpiri es un dibujante que crea una obra de arte en cada página de cada cómic. A su magistral uso del color, hay que sumar la caracterización y dinamismo de los personajes y los detallados escenarios. En cuanto a la labor de Nacho Moreno, el guionista, cabe destacar su buena mano para los diálogos, con frases llenas de humor.

El madrileño Alfonso Azpiri Mejía (Madrid, 17 de enero de 1947-18 de agosto de 2017) fue historietista, pero exploró también el campo de la ilustración, produciendo doscientas carátulas para videojuegos y programas de ordenador de varias compañías de software españolas.


Malaga Hoy


Sólo para sus ojos

Llega a las librerías, de la mano de Dibbuks, uno de los cómics más esperados de los últimos tiempos: 'Goya. Lo sublime terrible'




JOSÉ LUIS VIDAL
25 Abril, 2018






Y es que la expectación, he de confesarlo, era total. Han sido dos largos, larguísimos años de gestación de una obra que al final tenemos ante nuestros ojos para disfrutarla. Pero no ha sido fácil para sus creadores, el guionista malagueño El Torres y Fran Galán, dibujante sevillano, que se embarcaron en esta obra que no es un cómic histórico, ni uno de terror como el que nos tiene acostumbrados su escritor. Es otra cosa, un híbrido, una impresionante mezcla que, una vez consumida, pese al regusto amargo que paladearemos en algunos momentos, nos satisface completamente. Para ambos ha supuesto un reto terrible, pero finalmente… sublime.

La historia comienza en nuestra ciudad, Cádiz, con un Francisco de Goya yaciente entre las sudorosas sábanas de una cama en la que intenta recuperarse de unas fiebres. Entre pesadilla y pesadilla le confiesa a Sebastián Martín lo que le ocurre, el pesar que lo sume en el más absoluto de los terrores. Un recuerdo que nos llevará, en una primera escala, a la soleada Valencia, donde el pintor, dedicado entonces a los retratos de la alta alcurnia, viaja junto a su sufrida esposa, Pepa.

Será allí, durante una noche regada por el vino, en la que Goya y su amigo, también artista, Asensi Juliá, traspasen por primera vez ese velo que separa nuestra realidad de otra mucho más oscura. Goya será reclutado por la fuerzas de las sombras, el Mal más puro lo quiere entre sus filas y hará lo que sea para que acepte la forzada invitación…

Comienza ahí un periplo, un viaje en el tiempo en el que el protagonista huirá de la persecución de estos seres, brujas, monstruos deformes y el diabólico alter ego de su, hasta ahora, amigo Juliá: Zaragoza, Madrid… Los escenarios irán cambiando, pero el Mal sigue ahí, acechando para regresar en el momento más inoportuno. Mientras, Goya, admirado por aristócratas, se codea con los mejorcito de la sociedad española del momento.

Pero ésta no es solo su historia, ya que es también la de María Teresa, Duquesa de Alba. Una mujer fuerte, rebelde, de grandes ojos (unos rasgos robados a la bella actriz Eva Green, como los autores confiesan en los extras del volumen) y que desafió a las convenciones sociales, teniendo que pagar un alto precio por ello. Ella, y solo ella, comprenderá totalmente los padecimientos de su amigo el pintor, con el que comparte el dolor de conocer lo que se esconde en las sombras, esas tropas malditas que extendiendo su pútrida mano, lograr hacer que el dolor y el sufrimiento se instalen en el corazón de sus perseguidos.

Así pasarán los años, en una eterna lucha contra lo macabro, exponiendo ante sus ojos, ya en soledad, lo terrible de la realidad, la violencia, injusticia, la sangre que rodeaba a un Goya anciano que, curado de espanto, logra encontrar una solución para aplacar su temor: La eternidad del lienzo.

El resultado está, sigue estando, en sus pinturas negras…

No puedo negar mi predilección por la obra de El Torres, un guionista que desde siempre ha apostado por el género para narrar sus historias, convirtiéndose, a mi parecer, en uno de los grandes de la viñeta en nuestro país. Golpe a golpe ha ido afianzándose, logrando cada vez una legión de lectores que siguen su obra, ya sea dentro de los límites del terror más absoluto (El velo, El bosque de los suicidas, Roman Ritual, o la multipremiada Camisa de fuerza) o los de la parodia más desopilante (Nancy in Hell, Bribones), pasando por puntos de inflexión como fue la magnífica El fantasma de Gaudí que junto a Jesús Alonso Iglesias, lo colocó en el candelero, haciendo que un cómic ocupara todas las cabeceras de periódicos.

Y aquí, con este Goya. Lo sublime terrible vuelve a demostrar que no es necesario situar la acción en tierras yanquis ni niponas para narrar una buena historia de terror que, además, puede suponer para el lector interesado un magnífico punto de inicio si desea saber más sobre los protagonistas y el marco histórico en el que se narra el argumento. Una obra ésta que ya se sitúa, por méritos propios, entre las mejores de los últimos años. El cómic patrio vive, sí, una dorada época, creativamente hablando. Aquí tenéis la prueba.

Pero claro, qué sería de una buena historia sin un gran dibujante que la plasme. Y Fran Galán lo es, robándole horas al sueño y a un trabajo administrativo de lo más gris, el sevillano nos traslada a la luz, y sombras, de una época ya lejana, deteniéndose con el cuidado de un orfebre en los más mínimos detalles (hay viñetas con las que extasiarse durante un buen rato) pero sin dejar que el preciosismo arrebate expresividad a sus personajes, tanto los que viven a este lado como los del otro, monstruos sacados de un eterno aquelarre de los que Galán se ha apropiado para hacerlos suyos durante este tour de force artístico que dura nada más y nada menos que ciento doce magníficas páginas.

Ojalá que el esfuerzo haya valido la pena y este cómic, porque lo merece, ocupe el lugar más alto entre los más vendidos y, por supuesto, que figure en todas las quinielas de premios nacionales dedicados al noveno arte.


Malaga Hoy