martes, 12 de octubre de 2021
El rey de Aquilonia
JAVIER FERNÁNDEZ
06 Octubre, 2021
'Biblioteca Conan. La espada salvaje de Conan, 9'. Roy Thomas, John Buscema y otros. Panini. 248 págs. 20 euros.
Todos los tomos que van publicados de la Biblioteca Conan. La Espada Salvaje de Conan son sobresalientes, y el noveno no es la excepción. La Ciudadela Escarlata y otros relatos recopila los números 28 a 30 del mítico magazine en blanco y negro publicado por Marvel en la década de 1970, y de este contenido merece la pena destacar la espléndida adaptación del relato original de Robert E. Howard The Scarlet Citadel, con guion de Roy Thomas y dibujos del excelente (y no muy prolífico) Frank Brunner, que es quien firma también la portada. Esta historieta de la época de Conan como rey de Aquilonia es uno de los mejores trabajos de toda la carrera de Brunner y, no en vano, mereció el premio al mejor cómic en los British Fantasy Award de 1979. Además de esto, tenemos a Thomas con John Buscema y Alfredo Alcalá y con Ernie Chan. No se puede pedir mucho más.
Malaga Hoy
Barry Smith en Marvel
JAVIER FERNÁNDEZ
06 Octubre, 2021
'Grandes tesoros Marvel. La Cosa y otras historias'. Barry Windsor-Smith y otros. Panini. 144 páginas. 40 euros.
Barry Windsor-Smith está de moda por la aparición de su novela gráfica Monstruos (recientemente publicada en español por Dolmen), y Panini aprovecha la ocasión para ofrecer un recopilatorio de algunos de sus trabajos menos conocidos en Marvel. (Abro aquí un paréntesis para recordar que Panini tiene también en su catálogo otros trabajos del autor inglés, de esos que se pueden calificar de imprescindibles, como su celebradísima etapa en Conan the Barbarian, con la que se iniciaron las aventuras del bárbaro en la Casa de las Ideas, su proverbial participación en la miniserie Hombre Máquina o el apabullante serial Arma-X, protagonizado por Lobezno).
Grandes Tesoros Marvel. La Cosa y otras historias recoge un tebeo primerizo y otros tres del principio de la madurez del artista. Cronológicamente, son el número 3 de Marvel Premiere (1972), el 15 de Marvel Fanfare (1984), el 296 de Fantastic Four (1986) y el 232 de Iron Man (1988). Van, además, en un formato gigante que permite observar en detalle el barroquismo de las viñetas, un tratamiento editorial del que ya había gozado, por ejemplo, aquella curiosidad que fue el Estela Plateada de Stan Lee y Moebius.
Repasando los cuatro tebeos en cuestión, el primero tiene argumento del propio Lee y de Smith y está protagonizado por el Doctor Extraño. Interesante para su época y pieza de arqueología para estos tiempos.
El segundo es un trabajo completo (guion, lápices, tintas y color) de Smith, un divertimento con la Cosa recibiendo las bromas de la Antorcha Humana, y una de aquellas historietas que nos hicieron darnos cuenta de que había vuelto a Marvel, después de una larga ausencia, para quedarse.
Sigue una participación en un número colectivo de los Cuatro Fantásticos, el del regreso de la Cosa al grupo, con Lee y Jim Shooter en lo literario. Y el cuarto es el epílogo a la Guerra de las Armaduras de Iron Man, en el que Smith se suma a los habituales de la serie David Michelinie y Bob Layton, con los que luego coincidiría en la editorial Valiant.
Malaga Hoy
lunes, 11 de octubre de 2021
El prototipo del fan
El protagonista de 'Siempre Vengadores' es Rick Jones, que representa a un lector de cómics cualquiera que de la noche a la mañana entra en el mundo de los superhéroes
GERARDO MACÍAS
06 Octubre, 2021
'Siempre vengadores'. Argumento y guion: Stan Lee, Kurt Busiek y Roger Stern. Dibujos: Carlos Pacheco y Jesús Merino. Panini Cómics, 2017.
A finales de los 90, la serie mensual de cómics de Los Vengadores (1963) cerraba en el nº 402 para reiniciar de la mano de las estrellas que renegaran de Marvel para fundar Image Comics. Luego vino Heroes Return, el regreso de los superhéroes al universo Marvel. En febrero de 1998 salía un nuevo nº 1 de Los Vengadores con George Pérez, el artista que dibuja más personajes por viñeta, y el guionista Kurt Busiek, gran conocedor de la franquicia vengadora.
En diciembre del mismo año, Marvel lanza Siempre Vengadores, con guion de Busiek y Roger Stern. Ambos saben cómo tratar a todos y cada uno de los Vengadores y cómo dar a cada cual la personalidad que debe tener. Hay que alabar el trabajo enciclopédico realizado para recorrer, a través de la memoria de Immortus, momentos clave en la historia de los héroes de Marvel.Dibuja Carlos Pacheco, que abrió camino a los autores españoles en USA, y a fines de los 90 estaba en su apogeo, heredando de George Pérez el uso de gran cantidad de splash pages con multitud de personajes, rediseños de héroes y villanos, y una atmósfera al estilo de Jack Kirby. Entinta Jesús Merino, formando con Pacheco un equipo muy compenetrado.
El protagonista de Siempre Vengadores es Rick Jones, prototipo del fan de Marvel. Rick representa a un lector de cómics cualquiera que de la noche a la mañana entra en el mundo de los superhéroes. Debutó en The Incredible Hulk nº 1, siendo causante de la transformación de Bruce Banner en Hulk y su compañero de viaje. Fue quien reunió a Los Vengadores. Aprendió a pelear con el Capitán América. Tras fusionarse con el Capitán Marvel, sería fundamental en la guerra Kree-Skrull, donde utilizó la Fuerza Destino por primera vez. Después, se transformó en Hulk, se casó, luchó en la guerra de Trans-Abal, rodó una teleserie, se quedó paralítico...
Poco antes de Siempre Vengadores nº 1, Rick Jones se acerca a la muerte, a causa de un envenenamiento por radiación gamma. Es llevado por los Vengadores a la cara oculta de la Luna, donde piden ayuda a la Inteligencia Suprema Kree para salvarlo. Cuando Rick es atacado por Immortus, aparece Kang (versión más joven de Immortus), que desea salvar a Rick, ya que una de sus motivaciones es posicionarse contra Immortus, para no acabar siendo él. Inmortus quiere eliminar a Rick Jones para que no entregue la Fuerza Destino a la Humanidad; en cambio, los Guardianes del Tiempo quieren erradicar la Humanidad.
Rick Jones despierta y usa su poder para traer a siete antiguos, actuales y futuros Vengadores: el Hombre Gigante y la Avispa del presente (fines de los 90); Capitán América desencantado por el Watergate; Chaqueta Amarilla (Hank Pym trastornado) a punto de casarse con La Avispa; Ojo de Halcón tras la guerra Kree-Skrull; Genis Vell, hijo del Capitán Mar Vell, y Pájaro Cantor del futur,o que ha dejado atrás sus tiempos como villana y forma parte de los Vengadores.
También se hace una retrospectiva de Inmortus, empiezan a aparecer imágenes del villano en una reunión con el Doctor Muerte, duplicando el cuerpo de la Antorcha Humana original, la boda de La Visión y la Bruja Escarlata, la de Mantis y el Espadachín, el encuentro entre Justicia y Vance Astro, su reunión con los Badoon, con el Hombre Máquina y Yocasta, etc...Toda esta historia está concebida con el objetivo de tratar de arreglar algunas de las apariciones de los personajes en distintas series, que, de lo contrario, harían que ciertas afirmaciones fueran incompatibles. En este sentido, se incluye una viñeta perteneciente al cómic que narra el primer encuentro entre Spider-Man y Superman, citado como una realidad alternativa. Se deja claro también que los problemas de Wanda y La Visión han sido cosa de Inmortus.
Siempre Vengadores es un completo estudio de la trayectoria de los Vengadores y de toda la mitología de Marvel: La Antorcha Humana Original; Kang/Inmortus/Rama-Tut (todos ellos, alias de un mismo personaje en épocas distintas); la genealogía del Capitán Mar Vell, etc... Esta serie mejora la continuidad de toda la historia del universo Marvel, reparando las incoherencias de los equipos creativos que desdicen el trabajo de sus predecesores. De esta serie, surgen historias que no son continuación, pero vienen de aquí.
Malaga Hoy
sábado, 9 de octubre de 2021
La mirada que crea el mundo
Cualquiera es capaz de construirse un observatorio particular desde donde puede descubrir a su antojo toda la historia universal
MANUEL VICENT
10 ABR 2021
Ava Gardner y Gregory Peck en 'Las nieves del Kilimanjaro', de 1952, dirigida por Henry King.
Un paisaje ofrece una realidad distinta según la mirada de quien lo contempla. Un poeta se detiene solo ante su belleza, un músico percibe la sonoridad del silencio que transporta el aire, un pintor atiende a la luz y a los colores que lo envuelven, un agricultor analiza si su tierra es o no laborable, un especulador lo ve como solar y lo desprecia si no hay la posibilidad de levantar allí una urbanización con que forrarse, un historiador imagina que en ese espacio se libraron grandes batallas, un estratega tiene claro que desde esa cota se podría dominar todo el valle, un arqueólogo cree posible que contenga ruinas enterradas, un ecologista desea que se mantenga intacto como desde el principio de los tiempos y lucha por preservarlo. De este principio se deduce que si no es posible cambiar el mundo con la revolución o con los cañones, se puede transformar con la mirada, un arma a la vez destructora y creativa al alcance de cualquiera.
Por mi parte la primera vez que se me hizo evidente el cambio de realidad que genera la mirada fue en Kenia por donde iba perdido un día por la sabana entre el Kilimanjaro y el lago Nakuru, que se extiende bajo las nubes de flamencos rosados cuando levantan el vuelo. A mi alrededor había toda clase de fieras en libertad, leones, guepardos, hienas, cocodrilos, hipopótamos y yo iba metido en una furgoneta convertida en una jaula, concebida para estar a salvo. Pero sucedía lo contrario. Las fieras corrían, dormitaban, retozaban y me miraban sorprendidas como si yo fuera una fiera capturada que formaba parte del zoo humano.
El poder de la mirada que transforma un paisaje o que te convierte en la alimaña más peligrosa de la sabana, puede aplicarse también cualquier orden de cosas, al arte, a la política, a la historia. Una exposición de pintura cambia de sustancia si la mirada es la de un crítico, la de un simple visitante o la de un coleccionista. No es lo mismo contemplar una pintura abanicándose la papada con el catálogo en plan esteta que analizar la lista de precios con ojos ávidos dispuesto a sacar el talonario. Conocí a un coleccionista a quien se le saltaban las lágrimas cuando decidía comprar el cuadro si excedía al millón de dólares; las lágrimas eran involuntarias, solo que delataban su decisión irremediable dejándolo sin defensas en el trato a merced del marchante.
Sucede lo mismo con la política y en la vida social. En este sentido la humanidad se divide en dos, la mitad sentada en la grada del circo, que puede ser el sofá de casa, y la otra mitad en la pista haciendo de payaso, de domador, de equilibrista, de hombre bala, de tragasables, de monarca, de papa de Roma, de presidente del Gobierno, de rey del mambo cuyas imágenes se multiplican hasta el infinito en todas las pantallas del planeta. Algunos debates del Congreso se han convertido en un espectáculo porno, que debería darse fuera del horario infantil a las tres de la madrugada para insomnes viciosos. La basura política que se da en televisión está sustentada por la mirada de los espectadores. No juzgues, puesto que es uno mismo el culpable. Consuélate con que puedes no mirar, ese es tu poder.
Cualquiera es capaz de construirse un observatorio particular desde donde puede descubrir a su antojo toda la historia universal. No muy lejos se divisa a Buda debajo de la higuera, a Pericles levantado en el podio del Pnix arengando a los atenienses frente al Partenón. Todos los incendios de la historia están unidos por el mismo resplandor y las mismas cenizas, el del templo de Artemisa, el de la biblioteca de Alejandría, el de la ciudad de Constantinopla, el del Reichstag de Berlín, el de Hiroshima y Nagasaki, el de las Torres Gemelas de Nueva York. Mi aprendizaje de los orígenes de la guerra no lo obtuve leyendo a Sun Tzu o a Clausewitz, sino en la propia sabana de Kenia, en la reserva de Kilaguni, cuando el guía Allen que conducía la furgoneta enrejada descubrió una nutrida colonia de chimpancés a la sombra de una acacia agrupados en torno a un macho de espectaculares encías que les estaba dando una arenga de combate. En la asamblea iba creciendo la tensión ante los gritos que daba el orador mientras señalaba a otro grupo de chimpancés que estaba dispuesto en orden de ataque a pie de una loma cercana bajo el mando de otro simio autoritario. En los dos cuerpos de ejército producían los mismos vítores y aplausos.
- ¿Qué les pasa?, pregunté.
- Vamos a contemplar una gran batalla- me dijo el guía Allen. -Es un asunto entre hermanos. Cuando un buen demagogo los calienta estos monos también pueden llegar al heroísmo-.
- ¿Se van a matar?
- Creo que se aburren si no lo hacen.
Ya que no puedes cambiar el mundo, puesto que todo forma parte del espectáculo, desde el puente uno lo puede recrear a su imagen y semejanza solo con la mirada.
El Pais
El inesperado encuentro de Tarzán con Gladiator en el corazón de África
En la decimosegunda novela de sus aventuras canónicas, el hombre mono topa con descendientes del imperio romano, se implica en una conjura y lucha en el anfiteatro
JACINTO ANTÓN
24 JUL 2021
El actor Johnny Weissmuller en la piel de Tarzán, en un fotograma de 1940.
SILVER SCREEN COLLECTION (GETTY IMAGES)
¿Qué haces cuando vaciando a la fuerza una de las habitaciones donde acumulas libros aparece bajo pilas de títulos olvidados el volumen con la decimosegunda novela de las aventuras de Tarzán, que no has leído? Efectivamente: dejar la faena a un lado y ponerte inmediatamente a leerla como si no hubiera un mañana. Mira que tengo deberes y lecturas atrasadas (me dan para varias vidas) y que el despeje de esa biblioteca paralela escondida era urgente pues tienen que entrar a pintar, pero me han vuelto a poder la llamada de la selva y el poderoso grito del tarmangani, criado entre los grandes monos. Soy de los que suscriben la consideración de Ray Bradbury: “Nos pueden haber gustado Verne, Wells y Kipling, pero amamos, adoramos y nos volvimos casi locos con Mr. Burroughs”.
Tarzán y el imperio perdido (la edición que he rescatado cubierta de polvo es de Edhasa de 2000) no está considerada de las mejores de las 24 novelas de Edgar Rice Burroughs sobre su inmortal personaje (yo hasta ahora había leído sólo las cinco primeras, en las añejas ediciones de Gustavo Gili de los cincuenta), pero tiene su miga. En ella Tarzán se sumerge inesperadamente en el mundo romano y vive unas peripecias que se parecen a las de Gladiator, incluido luchar a muerte en el anfiteatro -cámbiese tigre por león- y liderar una conjura contra un emperador malvado y cruel acaudillando desde las mazmorras a un grupo de patricios, legionarios, esclavos y gladiadores disidentes. A ratos, leyendo, no sabes si te imaginas a Johnny Weissmuller o a Russell Crowe: Máximo Décimo Meridio en taparrabos. En la novela, Tarzán aprende latín, o al menos el latín mezclado con bantú que hablan los romanos de la selva, en cuya biblioteca, por cierto, se encuentran obras perdidas de la antigüedad...
La decimosegunda aventura de Tarzán, escrita en Rancho Tarzana y publicada serializada en cinco partes en 1928, va después de Tarzán señor de la jungla y antes de Tarzán en el centro de la Tierra. Arranca con la petición a Tarzán de un doctor alemán (aquí los alemanes son buenos) de que busque a su hijo arqueólogo que ha desaparecido mientras seguía el rastro de una legendaria tribu perdida en los montes Wiramwazi, esté donde esté eso. La gracia es que la búsqueda lleva a Tarzán a vivir no otra aventura contra despiadados árabes traficantes de esclavos y marfil o a pelear contra suecos libidinosos o contra los hombres leopardo que acechan a la gente en los caminos de la jungla de noche, sino a descubrir a unos herederos del imperio romano en el corazón de África.
Esos vástagos de Roma son descendientes, descubriremos, de una cohorte de servicio en Egipto que, al mando de un pretendiente al trono, el prefecto Marcus Crispus Sanguinarius (sic) marchó en el año 90 (muy) hacia el sur para evitar las iras del emperador Nerva, una curiosa elección porque Nerva no solo era buen tipo sino que gobernó muy poco, dos años. En parajes escondidos los huidos dieron lugar no a uno sino a dos mini imperios, Castra Sanguinarius y Castrum Mare, a la greña entre ellos y cada uno con su propio malvado y corrupto emperador al frente de comunidades esclavistas piramidales, con los blancos en la cúspide, mulatos y negros en jerarquía descendente.
Burroughs se lo pasó estupendamente escribiendo su novela. No sólo le encantaban los mundos perdidos -Opar, Pellucidar, Caprona-Caspak, por no hablar de Marte o Venus- sino que era un fan de la historia de Roma, con una perspectiva muy de Gibbon (la decadencia, etcétera). El creador de Tarzán, por cierto, siempre decía además que el personaje estaba inspirado en la leyenda de Rómulo y Remo. Y sin duda supo de la expedición en busca de las fuentes del Nilo en época de Nerón. En las descripciones de Tarzán y el imperio perdido se ve cómo disfrutó al poner romanos en el contexto del África negra y salvaje, legionarios, aquilíferos y centuriones con sus gladios, corazas, caligas y cascos con crestas mezclados con guerreros africanos, incluidos los feroces y fieles waziri de plumas blancas súbditos de Tarzán.
En las escenas de desfile y de juegos en el anfiteatro el autor echó el resto. En la primera, un césar avanza en triunfo en un carro tirado por leones al que va encadenado el cautivo Tarzán –”un león atado a leones”, se excita Burroughs-. En las luchas del coliseo africano (mucho más abajo que el tunecino de El Djem y no digamos que el de Roma que salen en Gladiator), Tarzán se enfrenta a gladiadores y a un gran león de melena negra. El momento en que lo vence y lanza su grito desde el centro del anfiteatro en medio de África es antológico. Es imposible no sumarse con tu propio grito, lo que puede desconcertar a los vecinos, sobre todo si lees de noche. Luego, al tarmangani le sacan seis simios gigantes seis que, claro (¡hombre si es aquel chaval, el hijo de Kala!), se pasan a su bando. La forma en que Tarzán hace que los demás cautivos arrojados a la arena combatan juntos para sobrevivir y su desafío al emperador en el palco son puro Gladiator; para mí que Ridley Scott había leído Tarzán y el imperio perdido: a lo mejor también encontró el libro vaciando unas estanterías.
Donde no puso mucha imaginación Burroughs es en los nombres romanos, aparte de Sanguinarius tenemos un Maximus Praeclarus que parece de Astérix y un Fulvus Fupus que habría que imaginar pronunciado por el Pilatos gangoso de La vida de Brian.
Fotograma del filme 'La leyenda de Tarzán' (2016).
En la novela, llena de aventuras, fugas, persecuciones y tramas paralelas simétricas (tan simétricas que a veces te pierdes), no sale Jane, y Tarzán es sólo testigo de los amores de otros. Ya se sabe que una de las bazas de Burroughs, escribiera de lo que escribiera, era poner romances con princesas, aristócratas o sacerdotisas de buen ver. Claro que aquí, según la cronología tarzaniana, el hombre mono, en el mundo John Clayton III y octavo duque de Greystoke, aunque en plena forma ya es abuelo (la historia transcurre en 1927, el hijo de Korak, retoño de Tarzán, y Meriem había nacido en 1921). Pero en realidad sí hay una gran historia de amor que afecta al protagonista: el que le manifiesta su pequeño monito Nkima, amoroso hasta el extremo, y resolutivo, aunque siempre asustado del acecho de la pantera Sheeta y la leona Sabor. Hay que recordar que en las novelas no hay ninguna mona Chita, que es un añadido cinematográfico.
En fin, el viaje con Tarzán al mundo romano perdido, que es como si Fernando Savater juntara La infancia recuperada (y Criaturas invisibles, donde dio voz al tarmangani) con Juliano en Eleusis, deja con ganas de seguir con los otros títulos de Burroughs. Ya me relamo pensando que el 22º es Tarzán y la legión extranjera, y que si sigo ordenando libros por algún lado ha de salir…
El Pais
Jacinto Antón
Redactor de Cultura, colabora con la Cadena Ser y es autor de dos libros que reúnen sus crónicas. Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona y en Interpretación por el Institut del Teatre, trabajó en el Teatre Lliure. Primer Premio Nacional de Periodismo Cultural, protagonizó la serie de documentales de TVE 'El reportero de la historia'.
Los superhéroes del tebeo se rinden a los dibujantes españoles
Decenas de artistas, desde Granada, Zaragoza o Madrid, se sitúan en la primera línea de los cómics de Marvel y DC y arrasan a menudo en los premios Eisner, los llamados Oscar de la historieta
Moongirl, en una página dibujada por Natacha Bustos.
MARVEL
ÁNGEL LUIS SUCASAS FERNÁNDEZ
Madrid - 24 JUL 2021
“C.B. Cebulski me confesó que, actualmente, hay más dibujantes españoles en Marvel que norteamericanos”. El tal Cebulski es el actual editor jefe de Marvel. Y el que comparte esa confesión es Carlos Pacheco (San Roque, 60 años), uno de los primeros españoles en conquistar las viñetas de DC y de Marvel. La declaración resume un fenómeno que explica que año sí y año también los españoles arrasen en los premios Eisner (los Oscars del tebeo entregados anualmente en la Comic-Con de San Diego). Otros expertos, como el agente y guionista David Macho, se atreven a dar números: “Si así de primeras se me vienen más de 40 nombres a la cabeza, estimo que habrá entre 50 y 70. Aproximadamente, un 60% del mercado del cómic norteamericano.”
Trabajan desde Zaragoza, Granada o Madrid, pero de sus lápices y pinceles, digitales o no, surgen algunas de las aventuras más esenciales y galardonadas del tebeo contemporáneo. Marcos Martín, David Aja, Emma Ríos, Paco Roca, Julia Madrigal, Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido… La lista es interminable y no solo dentro del cómic de superhéroes, sino también en lo que sería el Oscar a mejor película extranjera, el que han ganado ya en varias ocasiones Roca y el dúo de Guarnido y Canales por su obra Blacksad (cuatro Eisner).
Pero es en los tebeos de superhéroes, en la primera línea de los Spider-Man, X-Men o Batman, donde los españoles están marcando el tempo del presente. Uno de ellos es Gabriel H. Walta, doble ganador del Eisner por La Visión (el mismo personaje al que interpreta Paul Bettany en el universo cinematográfico) en compañía del guionista Tom King. El recuerdo de cómo lo vivió con su familia tiene algo de charada. “Me quedé de madrugada actualizando el Twitter y cuando lo vi desperté a mis hijas y a mi mujer. ‘¡He ganado!’. ‘Ah muy bien’, fue la respuesta. Luego cuando desayunaron sí lo celebraron, pero siempre se lo recuerdo a las tres”, se ríe.
La primera página del único cómic de Batman con guion y dibujo de españoles, David Macho y Rubén Pellejero.
Aunque ya en los setenta el veterano José Luis García López se convirtió en el primer español en dibujar a Superman, la actual explosión de talento de España en Estados Unidos tiene unos orígenes claros: los de unos pioneros que pudieron dar el salto, allá por los noventa, a las primeras editoriales del mundo. Pacheco lo recuerda como algo “casi imposible”. Y agrega: “Por aquel entonces, el comic había adquirido, como el cine, una visión de sí mismo más intelectual y contestataria en nuestro país y estaba mal visto que, por mucho que te gustara el tebeo europeo y español, tuvieras aprecio a los superhéroes.”
A Pacheco el salto le llegó como una carambola. La editorial Fórum, que comenzó a publicar con calidad tebeo de superhéroes, le encargó adaptar el arte norteamericano con versiones de las portadas y cartelería de los grandes personajes de DC y Marvel. Ahí el artista tomó una decisión clave. Le pidieron que se pusiera un seudónimo inglés por temor a la desconfianza de las editoriales norteamericanas. “Me negué. Les dije que como mucho firmaba con mis iniciales. Creo que fue un momento importante, porque si llego a aceptar se hubiera desdibujado mucho la trascendencia del hecho”, cuenta. De ese trabajo en Fórum saltó a la filial de Marvel y, de ahí, al estrellato en Estados Unidos junto con los otros grandes pioneros: Salvador Larroca, Oscar Jiménez y, algo después, Pasqual Ferry.
Viñetas de Gabriel H. Walta.
MARVEL
Paralelamente, David Macho Gómez (A Coruña, 47 años) recorría, portafolio bajo el brazo, los pasillos de la Comic-Con de San Diego. Era un rara avis, un agente personal que enseñaba los trabajos de tres españoles —Ramón Bachs, Jesús Saiz y Fernando Blanco—. “Yo no iba a eso. De hecho iba a afianzar contactos para montar un salón de cómic en Coruña [lo que luego sería Viñetas desde o Atlántico, activo desde 1998]. Pero me lo pidieron a ver qué pasaba y volví con trabajo al primer intento”, apunta. Desde entonces, el número de autores que Macho y otros agentes, como Pepe Caldelas o Joaquín García, representan se ha multiplicado. Macho resume las claves: “Talento, disciplina y amabilidad. Como decía Stan Lee, puedes ser tres cosas para sobrevivir en el tebeo: muy amable, muy eficiente o muy bueno. Y los españoles cumplen las tres”.
Cumplir las tres características es el modo de ascender en los page-rates, la tarifa de dibujantes por cada página, y finalmente lograr el ansiado contrato de exclusividad con una de las dos grandes (Marvel o DC). Empezar, se empieza sin cobrar. Los gerentes de talento y editores, sea en un salón del cómic o por correo electrónico, reciben la solicitud de un aspirante. Algunas veces hay sendas más atípicas, como la de Javier Rodríguez, que ya como colorista asentado (llegó a tener un contrato de exclusividad en Marvel) decidió probarse con los pinceles. Él lo explica así: “Se dio la paradoja de que yo no me podía permitir a mí mismo como colorista de mis lápices [así se conoce en el argot el dibujo en sí], porque mi page-rate como dibujante era mucho más bajo que como colorista”. La jugada le salió bien con un punto culminante en la serie de Spider-Woman, donde firmó una portada de la superheroína embarazada que dio la vuelta al mundo.
Página de Carmen Carnero en la serie dedicada a Capitana Marvel.
MARVEL
Si el candidato promete, le ofrecen un guion a realizar, normalmente sin fecha, aunque se evalúa la velocidad, y el dibujante devuelve unas páginas de prueba. Si el editor adquiere confianza, el siguiente paso son los fill ins, sustituciones de dibujantes senior o páginas sueltas de un número. “Esa es tu oportunidad, el número de descanso de un artista habitual. Si lo haces bien, te volverán a llamar”, resume Carmen Carnero (Málaga, 38 años), exclusiva de Marvel y responsable del nuevo look de uno de sus personajes clave en la actualidad, Capitana Marvel.
Un oficio duro y a contrarreloj
“Se me grabó a fuego: lo más importante es entregar a tiempo, eches las horas que eches”, así define Carmen Carnero el mantra detrás de la profesión de hacer volar a Superman sobre Metrópolis o enredar con Spider-Man las calles de Nueva York. Carlos Pacheco, leyenda viva de la industria, es aún más claro: “Este es un oficio industrial donde a veces se crean obras de arte. Pero es industrial. No se para. No se puede parar". Todos los entrevistados coinciden en que lo más duro, y lo más crucial, son, en efecto, las fechas de entrega. Pepe Larraz coincide: “Creo que el 'deadline' es realmente lo que define la industria”. El estándar habitual es cuatro semanas para un cómic de 20 páginas.
Esta fase del ascenso en la carrera es ya remunerada. Y es incluso un buen refugio para dibujantes más veteranos que no tengan disponibilidad a tiempo completo. Es el caso de Natacha Bustos (Ibiza, 40 años), que compagina su maternidad con una vuelta a los fill-ins porque no puede entregarse por entero a una serie regular. “Estoy haciendo eso y una novela gráfica juvenil de un personaje muy conocido de Marvel, que aún no está anunciada. Ese tipo de trabajo me hace más feliz, porque las entregas son más flexibles. Ahora mismo, con un hijo, no tengo tiempo para una serie regular. Ni me apetece”, anota Bustos.
La última etapa de prestigio es ganarse el deseo de las dos grandes, Marvel o DC, a firmar un contrato en exclusivo. Es el caso de Pepe Larraz y Álvaro Martínez, los dos en la cúspide de los pinceles, el primero llevando a los mutantes de X-Men a su punto álgido del presente y el otro haciendo de Batman Detective Comics una serie con su sello. Larraz resume que para llegar a este punto el dibujante tiene que tener claro qué tipo de carrera quiere: “La gente te va a comprar lo que tú vendas. Si te especializas en hacer proyectos rápidos de una calidad media te van a llamar para proyectos rápidos de una calidad media. Pero si quieres llegar más allá, y eso es lo que yo intentaba, lo que necesitas es ganar tiempo”. Martínez define su situación con un contrato de exclusividad con DC como “inmejorable”. Los detalles del acuerdo se resumen, en esencia, en una serie de números mínimos al año que la editorial se compromete a proveer al dibujante, lo que cobra por página y las unidades de royalties que percibe por cada obra; a cambio, exclusividad total en el tebeo al menos en Estados Unidos. “Es un trato en ambos sentidos. A mí me garantiza presencia en el mercado e ingresos. A ellos, que te tienen en exclusiva”, matiza Martínez.
Página dibujada por Pepe Larraz.
MARVEL
Sarah Brunstad (Sacramento, California, 32 años), editora en Marvel, destaca la férrea comunidad española que se ha creado: “La impresión que tenemos es que es un grupo muy unido y que se ayuda mucho. Eso nos ayuda a nosotros también, porque siempre nos presentan nuevos artistas si tenemos necesidad”. Uno de los puntos de encuentro clave de esa comunidad son, año a año, las Jornadas de Cómic de Avilés, las más longevas del país, codirigidas por Jorge Iván Argiz (Monforte de Lemos, 47 años) y Ángel De la Calle. Argiz no le ve horizonte al fenómeno que lleva regalando nutridas mesas a la convención de dibujantes españoles en lo más granado del cómic superheroico: “Últimamente nos dicen que traemos más dibujantes españoles que extranjeros. Y yo respondo que si queremos traer a los mejores, sea un salón en Italia, Francia o España, tenemos que traer españoles. La calidad que tienen es demoledora. Y los que vienen jovencitos no van a estar a la zaga. Esto, por suerte, ha venido para quedarse.”
Palabras ausentes
En los pinceles está claro que los superhéroes se han abierto al mundo. Pero en las palabras, se cuentan con los dedos de una mano las oportunidades a guionistas extranjeros. Uno de ellos fue el novelista Rafa Marín (Cádiz, 1959), que vivió una experiencia agridulce en Marvel durante un par de años: “Ni me acuerdo ni quiero recordarlo”, resume. Por un lado, disfrutó de guionizar Los 4 Fantásticos junto a Carlos Pacheco. “Me metió por enchufe, no tengo ningún problema en reconocerlo”, agrega. Por otro, recuerda con desilusión como los guiones “cambiaban” al ser publicados. Marín expresa que sentía una “desconfianza” de los editores y también un “desconocimiento” de la historia de sus propios personajes. Pacheco, sin embargo, manifiesta que desde su lado vio “totalmente normal” el proceso. Pero los tiempos podrían estar a punto de cambiar. Sarah Brunstad, editora de Marvel, lo confirma: “Definitivamente, queremos reclutar a más escritores internacionales. Por supuesto, tener que pedir muestras en español y traducirlas obliga a un trabajo extra a todo el mundo. Pero es una dirección que queremos explorar". Marín recupera la sonrisa recordando una anécdota: “Lo más bonito es cuando conocí a Tom DeFalco (uno de los guionistas más afamados de Spider-Man) y me dijo: ‘Cuando trabajabais con Los 4 Fantásticos, todo el mundo se preguntaba: ‘Qué están haciendo estos tíos.’ Y cuando dejasteis de hacerlos: 'Oh, no, por qué se van.’ Creo que lo resume muy bien".
El Pais
viernes, 8 de octubre de 2021
Y tú, ¿qué has hecho por los romanos?
Acudir a un curso sobre Roma en Irún con una piedra del Muro de Adriano y tierra del bosque de Teutoburgo no garantiza el éxito
JACINTO ANTÓN
Irún - 04 SEPT 2021
Miembros de un grupo de reconstrucción histórica forman la 'testudo' (tortuga) en un ejemplo de cómo funcionaba el ejército romano.
Parafraseando a la vez a John F. Kennedy y La vida de Brian, que ya es parafrasear, no te preguntes que han hecho por nosotros los romanos, sino qué puedes hacer tú por ellos. Los demás no sé, pero yo lo tengo claro: he ido a Irún este jueves, y mira que me coge a desmano, a participar en un curso de verano de la Universidad del País Vasco titulado Una vez fuimos Roma, dedicado a “reconocer en nuestro presente el legado todavía vivo de la herencia romana”. El curso ha contado, afortunadamente, con gente que sabe mucho más que yo de Roma y los romanos, pero no se podrá decir que no me he esforzado.
Consciente de que iba a necesitar algo más que labia y dada la dificultad de embarcar en el avión desde Barcelona mi notable gladius, mi espada romana (réplica), opté por llevar en los bolsillos para impresionar a la audiencia una piedra del Muro de Adriano y una bolsita con tierra del lugar de la batalla de Teutoburgo, donde los germanos masacraron a las tres legiones de Varo, recogida la primera en un viaje con Santiago Posteguillo (espero que el muro no haya perdido estabilidad) y la segunda en otro con Valerio Manfredi, en el que tuve la oportunidad histórica de contemplar al escritor en calzoncillos al vernos obligados a compartir habitación en Gütersloh por un problema con la reserva del hotel (confié que la anécdota me granjera unos puntos). Me parecieron buenos talismanes las dos cosas, mis manes y penates como si dijéramos, para ir calentando, y de hecho pasé el control de aeropuerto sin los problemas que me habría reportado la espada y no digamos un pilum. Llevé también conmigo una somera bibliografía básica de viaje, para ir repasando, encabezada por el imprescindible, aunque no oficial, Legionario, manual del soldado romano, de Philip Matyszak (Akal, 2010) que recomienda no alistarse, a ser posible, en las legiones XVII, XVIII y XIX, las exterminadas en Teutoburgo, precisamente.
Arribado a Irún no me costó incorporarme al grupo en verdad notable de especialistas académicos asumiendo mi condición de cohorte auxiliar. Al poco ya estaba departiendo tan ricamente con el sabio Javier Arce sobre el fuerte romano de Formentera (aunque sé más de los chiringuitos) y la búsqueda de la tumba de Alarico, sepultado con un gran tesoro bajo el río Busento según la leyenda, y que, me explicó el arqueólogo, se ha empeñado en hallar el alcalde de Cosenza con la finalidad de solucionar los problemas de tesorería de Italia, y es que hay gente que tiene un sentido muy práctico de la arqueología, acordamos. El día era tan húmedo en Irún que parecía que nos habíamos caído los dos al Tíber o cruzado a nado el Rubicón.
Ya metidos en sesión en el espectacular Gordailua, el centro de colecciones patrimoniales de Gipuzkoa, sede de las jornadas junto con el Museo Oiasso, las responsables del curso, Mertxe Urteaga y Elena Torregaray, diferenciaron cariñosamente entre los participantes eruditos y los simples aficionados como yo que sin embargo podríamos dar testimonio interesante de cómo la antigüedad romana ha influido en nuestras pobres vidas, a la manera de los zelotes miembros del Frente Popular de Judea. Arrancó el curso el historiador y profesor Antonio Duplá que habló de la violencia política en el fin de la República y los populismos trazando un paralelismo entre los Gracos, Trump y Pablo Iglesias. Explicó cosas que me interesaron mucho como que los alumnos se le duermen viendo el Julio César de Mankiewicz y digo yo que no será cuando sale Marlon Brando loando subrepticiamente a Julio con acento de Nebraska. También y esto me gusto especialmente, que él se emociona cada vez que ve Espartaco. Al acabar dijo que confiaba no haber abusado mucho de nuestra paciencia. Apunté que también debía prepararme un final así, un finere in bellezza clásica.
Respecto a Julio César, por cierto, Arce me comentó que está leyendo un libro que sostiene que en realidad se suicidó, pues habría querido que lo mataran acudiendo al senado. Repliqué que a mi corto entender no te suicidas cuando has conseguido que te nombren dictador a perpetuidad, planeas invadir Partia y tienes a Cleopatra tontita por ti, pero, claro, quién soy yo.
Otra intervención interesante fue la del historiador y novelista Santiago Castellanos, con el que viví un día estupendo en el Coliseo (algo que no podrían decir Senén y Abdón, mártires, ni Máximo Décimo Meridio) cuando presentó Barbarus. Castellanos habló de “los palos” que recibió de sus colegas por escribir novela histórica, justificó que los académicos pasen al otro lado del espejo, a la narración, y explicó también una cosa íntima entrañable: que le daba miedo de pequeño cuando salía la serpiente reptando sobre el mosaico al inicio de cada capítulo de la serie Yo, Claudio. Cuando alguien del público (yo) le preguntó para animar el debate si en las escenas de sexo de una novela del género hay que ser fiel a los usos históricos o a los actuales, respondió que a los de ahora pues no nos ponen las mismas cosas que a los romanos, por ejemplo, y ves a saber los etruscos. Una participante del curso cuestionó que seamos muy diferentes a los romanos en la cama o en el triclinio y se produjo un momento de general zozobra hasta que Castellanos zanjó que “las escenas de sexo son las más difíciles de escribir de la novela histórica”.
Aportación a destacar también la de Magí Seritjol, director del activo y estimulante festival Tarraco Viva, en Tarragona, que incluye recreaciones históricas y combates de gladiadores con final feliz como si dijéramos porque en realidad no muere nadie. Seritjol, que anunció que el festival conmemorará el año que viene el centenario del descubrimiento de la tumba de Tutankamón, comparó con el asalto al Capitolio de EE UU la revuelta popular que tras el asesinato del tribuno Clodio Pulcro (?) y de que su mujer paseara el cadáver desnudo por Roma acabó con el incendio del senado al encender los partidarios del finado su pira funeraria allí dentro, que ya es idea.
Mi intervención, por acabar, despertó la natural estupefacción al sacar la piedra y la arena y al ponerme a hablar de Alix, Astérix, El Jabato, Olac el gladiador e Indro Montanelli como referentes. Gané algo de credibilidad al explicar que había visitado a Mary Beard en su cocina pero me temo que volví a perder puntos al ofrecer mi selección de grandes momentos de Roma en el cine que incluyen el gangoso Pilatos de La vida de Brian (“Biggus Dickus”), la escena de cuando diezman a una legión en La caída del imperio romano, la del triunfo en Golfus de Roma y la de Laurence Oliver seduciendo a Tony Curtis hablándole de ostras y caracoles en Espartaco. Imaginando que me habrían llamado para eso, ofrecí algunos ejemplos de noticias periodísticas sobre romanos susceptibles de llamar la atención, como “Italia busca el barco de las orgías de Calígula”, “Identificado el paso de Aníbal por los Alpes gracias al descubrimiento de grandes cantidades de excrementos de caballo”, “Hallado un tumor ovárico con dientes en un esqueleto de mujer de época romana” o “El Príapo se encontraba junto al lavabo de señoras” (tres de los artículos son míos). Embalado califiqué a Julio César de corresponsal de guerra, a Plinio el Viejo de periodista de sucesos y a Catulo de precedente de la prensa rosa. Cuando empecé a explicar la teoría de que los romanos se avanzaron en lo del género no binario, me avisaron de que se me acababa el tiempo. Pero alcancé a recitar las hermosas líneas de Lays of Ancient Rome de Macaulay sobre Horacio Cocles en el puente, “cómo puede morir mejor un hombre / que afrontando terribles riesgos/ por las cenizas de sus padres y los templos de sus dioses”, for the ashes of his fathers and the temples of his Gods. Y quiero creer que todo me fue perdonado, la otra mañana en Irún.
El Pais
Jacinto Antón
Redactor de Cultura, colabora con la Cadena Ser y es autor de dos libros que reúnen sus crónicas. Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona y en Interpretación por el Institut del Teatre, trabajó en el Teatre Lliure. Primer Premio Nacional de Periodismo Cultural, protagonizó la serie de documentales de TVE 'El reportero de la historia'.
Un pueblo para el Héroe
Portando con suma habilidad su espada, regresa un enmascarado con el que todos hemos crecido, compartiendo muchas de sus aventuras
JOSÉ LUIS VIDAL
14 Septiembre, 2021
Hay personajes que, con el paso de los años y el éxito, alcanzan el status de icono. Tan solo con ver su silueta, emblema o rasgo más característico somos capaces de reconocerle, cosa que precisamente sucede con el protagonista de este cómic que acaba de publicar la editorial Nuevo Nueve.
Don Vega
Autor: Pierre Alary
Tapa dura
Color
96 págs.
20 euros
Nuevo Nueve
Se trata, para los que no lo hayan adivinado, de El Zorro, el defensor de la verdad y la justicia en tierras californianas, y que en este álbum se ha convertido en un símbolo de liberación y lucha para un pueblo sometido por los dos grandes villanos de la función, ambos ex militares.
Gómez se ha convertido, a base de engaño y violencia, en el señor del lugar, el terrateniente que, con puño de acero, maneja a la población. Aunque él, desde la hacienda que perteneció a la familia Vega, hace y deshace a su antojo sin mancharse las manos de sangre.
Para eso cuenta con Borrow, un tipo sin escrúpulos, que maneja la espada con maestría y tiene la curiosa costumbre de dejar marcadas a sus víctimas en el rostro…
De manera infructuosa, algunos paisanos, con una buena dosis de coraje, pero sin la habilidad necesaria, les plantarán cara a los villanos, con resultados realmente dramáticos. No serán pocos los que, ataviados con una oscura capucha, traten de meterse en la piel del héroe, tan solo consiguiendo que una soga se cierre alrededor de sus cuellos.
Pero oculto en las sombras, alguien observa, precavido, todos estos hechos y está a punto de actuar, recuperando el manto del deseado defensor, del verdadero Zorro.
Y es que como iremos conociendo a medida que la trama avance, esta estirpe de defensores de la ley no ha tenido un solo rostro tras la máscara, y su último representante ha regresado desde lejanas tierras para asumir el legado que supone defender a su desvalido pueblo antes de que Gómez se haga todopoderoso y sea demasiado tarde.
Pierre Alary, autor francés al que conocemos muy bien en nuestro país, gracias a la publicación de muchas de sus cómics (Belladona, Simbad, Moby Dick, Silas Corey, Mi traidor) asume al completo las riendas de la historia y nos narra lo que nadie ha hecho, porque como habréis podido observar, ya desde la portada del álbum 'algo' cambia en la imagen del conocido personaje, un pequeño gran detalle que, junto a otros que iremos conociendo le dan una original vuelta de tuerca a esta historia protagonizada por la creación de Johnston McCulley, que alucinaría si viera el éxito obtenido por su personaje, al que con el paso de los años hemos seguido a través de muchos medios de comunicación artística (cine, televisión, novelas, cómic) y que aquí regresa, con más fuerza y valor que nunca, espada en mano, para romper el yugo de aquellos que, cegados por el poder y el fulgor del oro, pretenden borrar el pasado del lugar y convertirse ellos en los propietarios de todas sus riquezas, utilizando para ello cualquier método, por expeditivo que éste sea.
Alary nos regala una narración que te atrapa, demostrando una vez más lo buen narrador que es (su trayectoria en el mundo de la animación le avala) y unas bellas páginas para enmarcar. Pero la cosa no queda ahí, ya que ha construido un argumento muy original, respetando al mito, y logra sorprendernos con unas páginas finales que dan todo el sentido al argumento, y nos hará esbozar una leve sonrisa al captar el mensaje.
Y una vez más, me gustaría volver a destacar el mimo, el cariño con el que Nuevo Nueve edita. La portada, el papel elegido, la impresión… Todo ello convierte a sus publicaciones en únicas, objetos que van a destacar en la biblioteca de todo buen lector de cómics.
Malaga Hoy
Fragmentos del lado oscuro
Planeta Cómic compila en un imprescindible volumen gran parte de la obra que ha convertido a Joe Hill en un nombre a seguir en el mundo de los cómics
JOSÉ LUIS VIDAL
10 Septiembre, 2021
Por varias razones el caso de este escritor y guionista norteamericano es muy especial. En primer lugar, imagino a un joven Joe, jugando entre montones de libros, tal vez apilados unos sobre otros, un universo al alcance de su mano gracias a unos padres, Stephen y Tabitha, escritores ambos.
Joe Hill: Integral Novela Gráfica
Tapa dura Color
488 págs.
40 euros Planeta Cómic
Y por si esto no fuera suficiente, cómics, docenas y docenas de ejemplares que pululaban en ese hogar y que gracias a los cuales entendió pronto que existían otros medios narrativos además del propiamente literario.
Otra de las razones es que en la mayoría de ocasiones, el salto de autores de renombre al medio del cómic suele quedar en una mera anécdota, un movimiento comercial que en el noventa y nueve por ciento de los casos queda en nada.
Pero el caso de Joe Hill es diferente, y como prueba tan solo señalar el tremendo éxito de su serie Locke & Key, que se ha convertido en un auténtico clásico moderno (adaptación televisiva incluida), en el que el autor, acompañado por un titán de las viñetas como es Gabriel Rodríguez) mezcla con suma habilidad la fantasía con el terror.
Pero esta no es la única incursión de Hill en el mundo de las viñetas, afortunadamente. Junto a su amigo del alma Jason Ciaramella ha firmado una serie de miniseries y one shots que han sido reunidos en un tomo que nos muestra lo mejor de su carrera como guionista de cómics, una increíble mezcolanza en la que maneja a su antojo los géneros. Eso sí, tendiendo siempre hacia el más oscuro de ellos, el terror.
Hagamos, pues, un pequeño recorrido por las obras contenidas en esta personal galería:
La capa. Junto al dibujante Zack Howard, los autores van a demostrar que el heroísmo no es algo implícito en el alma humana, ya que cuando el protagonista de esta historia, Eric, tiene la oportunidad de convertirse en uno de esos personajes a los que ha seguido en los comic-books, y que visten ajustados trajes y coloridas capas, prefiere lanzarse de cabeza al lado oscuro.
El dolor, los traumas, la desconfianza que porta en una invisible mochila convertirán a Eric en un auténtico peligro para todos aquellos que le rodean.
Y todo por una simple, e inocente capa de tela…
En su precuela, La Capa. 1969, conoceremos a ese gran ausente, a Gordon Chase, héroe de la guerra de Vietnam, que nunca más regresó a su hogar junto a su familia, y que va conocer, por pura casualidad, que en las húmedas y leales junglas vietnamitas se esconden secretos, seres con facultades especiales.
Prisionero del Viet Cong, Gordon pasará por un infierno hasta que por fin, poseedor de una facultad que le unirá a su hijo Eric en el futuro, se convierte en una vengativa arma. Ilustra Nelson Dániel.
De ahí saltamos a otro conflicto bélico, la guerra de Irak, y a la soldado Mal, una chica que no puede desprenderse de una serie de oscuros recuerdos que la persiguen en su día a día.
Pero esto no será lo único que la siga, una misteriosa presencia la vigila y hará que la joven tenga que enfrentarse cara a cara a sus propios fantasmas…
El título de esta miniserie es Huella, y la plasma en viñetas Vic Malhotra.
En Kodiak seremos testigos, como sus jóvenes protagonistas, de una historia narrada por una mujer, que mezcla el amor, el peligro y a un gigantesco oso. Las potentes pinceladas de Nat Jones dan vida a este letal animal que parece salirse de las páginas de este relato.
Y el volumen se cierra con una larga historia titulada Wraith (Espectro), ilustrada por Charles Paul Wilson III, que es ni más ni menos que el nombre de cierto automóvil, un Rolls Royce, que se hizo famoso gracias a la novela escrita por Joe Hill, NOS4A2.
Aquí vamos a adelantarnos a los hechos narrados en ella y compartiremos un horripilante y peligroso viaje junto a los ocupantes de un furgón policial: Dewey Hanson, un tipo que ha tenido mucha relación con el mundo cinematográfico y más de la debida con algunos jovencitos; King Geek, un peligroso psicópata de manual, y Chess Llewellyn, un ex profesor con una amarga historia a sus espaldas.
Este trío, junto a los policías que les conducen a prisión, Kevin y Agnes Claiborne, van a tener la mala fortuna de cruzar su camino con el de Charlie Manx, el siempre sonriente conductor del Wraith.
De él también conoceremos su origen, nacido de la desgracia, y como nació el sendero que lleva a la tierra de las maravillas, Christmasland, donde les esperan legiones de sonrientes niños que solo quieren abrazarte. Y comerte…
Y aquí acabará vuestro viaje, lectores, y seguro que este recorrido por la fértil imaginación de Joe Hill hará nacer la curiosidad, las ganas por lanzaros de cabeza a otros trabajos de este autor, ya sea en cómic o literario, ya que la experiencia merece, y mucho, la pena.
Malaga Hoy
La salida de las sombras
JAVIER FERNÁNDEZ
08 Septiembre, 2021
'Marvel Premiere. Dinastía de X / Potencias de , 1'. Jonathan Hickman, Pepe Larraz, R. B. Silva. Panini. 112 páginas. 8,90 euros.
Ya está aquí la recopilación del evento que ha transformado el universo mutante de Marvel en la era reciente. Panini recupera las dos exitosas miniseries escritas por Jonathan Hickman, Dinastía de X y Potencias de X, en varios números de la colección Marvel Premiere. Es un argumento sofisticado, que une los clásicos elementos melodramáticos y superheroicos con aspectos sociales y políticos, en una trama más propia de la ciencia ficción, cuando los mutantes salen definitivamente de las sombras y deciden establecer su propio territorio en el concierto internacional. Un tebeo apasionante, prólogo del nuevo statu quo de la franquicia, que cuenta con estupendos dibujos de Pepe Larraz y R. B. Silva. Serán cuatro tomitos, y Panini apunta que luego seguirán con Amanecer de X, es decir, la continuación del argumento inicial en las distintas series regulares.
Malaga Hoy
La gema de sangre
JAVIER FERNÁNDEZ
08 Septiembre, 2021
'Marvel Héroes. Capitán América de Mark Gruenwald, 3'. Mark Gruenwald, Kieron Dwyer y otros. Panini. 512 pág. 42 euros.
Ya van tres gruesos tomos recopilatorios de la colección Marvel Héroes, y todavía queda lo suyo para que se termine el proyecto emprendido por Panini para poner a disposición de los lectores en una edición compacta todo el trabajo del guionista Mark Gruenwald con el Capitán América.
Ya sólo por el peso y longitud del periodo, lo de Gruenwald merece figurar entre las etapas principales del personaje, junto a las de otros escritores como Stan Lee, Steve Englehart o Ed Brubaker (y a estas se pueden sumar momentos más cortos, pero igualmente intensos y definitorios como los números firmados por Jack Kirby en solitario en la década de los setenta, los de Roger Stern y John Byrne en 1980 o las entretenidas páginas de Mark Waid y Ron Garney en los años 90).
Profundo conocedor de la continuidad de Marvel, y curtido en labores de edición, Gruenwald dirigió la orquesta del vengador abanderado entre 1985 y 1995, con un buen número de dibujantes como Paul Neary, Tom Morgan, Ron Lim o Kieron Dwyer, y este último fue, sin duda, uno de los más interesante del lote.
A la altura del tercer volumen, ya han quedado atrás algunos de los argumentos más emblemáticos del guionista, pero todavía le queda mecha para rato. Aquí, el capitán John Walker, que sustituyó a Steve Rogers como Capitán América por decreto gubernamental, se enfunda el traje del USAgente, el Capi original se embarca en una aventura al más puro estilo Indiana Jones (en la saga titulada La búsqueda de la Gema de Sangre, que da título al tomo) y van también los cruces con el evento Actos de Venganza. Son los números 351 a 371 de Captain America, y el 44 de The West Coast Avengers.
En el apartado artístico, como he adelantado, destaca Dwyer, pero también participan los dibujantes Al Milgrom, Mark Bagley, Mark Bright y el antes citado Lim. Es un conjunto entretenido, brillante por momentos, ejemplo perfecto del entramado que tejió, con paciencia, el nunca suficientemente ponderado autor de esa curiosa maxiserie de culto que es Escuadrón Supremo.
Malaga Hoy
jueves, 7 de octubre de 2021
Flores robadas para el héroe tuerto de Creta
Se cumplen 80 años de la muerte del arqueólogo y oficial británico John Pendlebury, muerto a manos de los paracaidistas alemanes durante la invasión de la isla griega en 1941
JACINTO ANTÓN
12 JUN 2021
El cementerio militar de Suda Bay, donde está enterrado Pendlebury.
El pasado 22 de mayo se cumplieron 80 años de la muerte en Creta a manos de paracaidistas alemanes cabreados del notable arqueólogo John Pendlebury (1904-1941), que dirigió excavaciones en Tell el-Amarna y en Cnosos. No es que los Fallschirmjäger o los nazis tuvieran algo en contra de la arqueología —todo lo contrario, como sabe cualquiera que haya seguido las aventuras de Indiana Jones; de hecho, Himmler, Goering y Goebbels practicaron el turismo en Micenas, por ejemplo, aunque ello no les hizo, desde luego, mejores personas—. Es que Pendlebury, asombrosa mezcla de erudito y hombre de acción, y del que soy muy fan, hasta el punto que ya verán, fue además capitán de Inteligencia británico y organizador de la correosa resistencia griega contra la invasión alemana de Creta en 1941, a la que combatió a tiro limpio codo a codo, imagino que a los sones de la askimandoura, la gaita cretense hecha con el estómago de una oveja, junto a sus amigos andartes, guerrilleros, los Pendlebury thugs, entre los que se contaban gente tan brava y a evitar como los jefes de clanes Manolis Bandouvas, Giorgos Petrakogiorgos (!) o Antonis Grigorakis alias Satanas, Satanás, que se ganó el apodo ya de niño en la pila bautismal al tirar de las barbas del pope que le impartía el sacramento. Baste con decir que uno de los admiradores de Pendlebury era nada menos que el a su vez tan admirado Patrick Leigh Fermor, que lo conoció en Creta, precisamente, poco antes de que lo mataran; la impresión le duró toda la vida (y eso que murió con 96 años, el jueves hizo, ay, 10 años).
Según una de las muchas leyendas que los cretenses, como suelen hacer, acuñaron en torno a Pendlebury, Hitler no podía conciliar el sueño hasta que le trajeran el ojo de cristal que el británico llevaba en la cuenca izquierda desde que perdió de niño el original y que le daba un aire tan característico, como de bizco raro. En su biografía de referencia The Rash Adventurer (Libri, 2007), el aventurero temerario u osado —con prólogo de Paddy, por cierto, que le describe como un “wonderfully buccaner”―, Imogen Grundon explica que no se sabe muy bien cómo se desgració el globo ocular Pendlebury: sus padres lo dejaron un par de días con unos familiares cuando tenía dos años y al regresar estaba así, tuerto, el niño. Una versión apunta a que se clavó accidentalmente un lápiz, a lo David Bowie; otra, que se lo hizo al meterse en un arbusto con espinas.
Quizá ese rasgo que lo identificaba con piratas y héroes míticos de un solo ojo como Horacio Cocles (“And how can man die better / Than facing fearful odds, / For the ashes of his fathers, / And the temples of his gods”) contribuyó a forjar su carácter de aventurero romántico, valiente y, como dicen los anglosajones, swashbuckler, atlético, algo fanfarrón y hábil con la espada. Por cierto, Pendlebury era un gran esgrimista: hay una foto memorable que le muestra haciendo un fondo como para escacharrarte los abductores en 1931 en la terraza de Villa Ariadna, la legendaria residencia de sir Arthur Evans y los subsiguientes directores de excavaciones en Cnosos.
También le gustaba disfrazarse, como a Paddy y a Lord Byron, que era el modelo de ambos. Solía vestirse de kapetano (líder de banda) cretense: pantalones de montar oscuros, chaleco sobre camisa blanca, capa con capucha y los bordes bordados en negro pespunteado de rojo, botas altas blancas y pañuelo negro, el mavromantili, enrollado en la cabeza a la manera local. Nunca abandonaba su bastón estoque y siempre cargaba daga y revólver. En otra foto famosa, en las ruinas de Amarna, posa exhibicionista con el pálido torso desnudo y un espectacular collar de cuentas desenterrado que le da un imposible aire de faraón de Myfair.
Se cuenta en la isla que los paracaidistas y los miembros del Sonderkomando von Künsberg, la unidad especial enviada para capturar documentos secretos, revolvieron macabramente las tumbas de los caídos en la lucha hundiendo los dedos en los gelatinosos ojos de los cadáveres hasta dar con el cuerpo del temido oficial británico. Se dice también que, al hallarlo y exhumarlo, un agente de la Gestapo llamado Hartmann lo apoyó en una pared y lo acribilló con su pistola para poder alardear de que había disparado contra el célebre Pendlebury. El hombre debía estar hecho ya un colador, pues el relato más creíble de lo que le pasó al arqueólogo y militar en aquellas horas confusas y violentas de la lucha por Creta —y que es al que da crédito Antony Beevor en su canónico libro sobre la batalla (Creta, Crítica 2006)— establece que tras ser malherido en los combates en la Puerta Chania de Heraclión (la Puerta de San Romano cretense: los héroes siempre están en las puertas de las murallas) los paracaidistas lo sacaron de la cama en que yacía y lo fusilaron contra un muro. No está claro si fue porque lo reconocieron y le tenían ganas o porque lo consideraron un franc- tireur de los que les habían disparado mientras estaban colgados indefensos en el aire (Pendlebury iba tras ser herido sin uniforme, con una camisa de civil). O simplemente porque estaban de mala hostia, cosa relativamente comprensible cuando te han aniquilado la primera oleada de ataque ya en el cielo (por lo visto, a los paracaidistas había que apuntarles a las botas y así seguro que te los cargabas), estás muerto de sed y has visto a algunos camaradas mutilados salvajemente entre los olivos por los civiles cretenses, incluidos monjes como el padre Stylianos Frantzeskakis, lanzados a la guerra al cuchillo en la más pura tradición goyesca.
Pendlebury estuvo demediado entre Egipto y Grecia hasta que finalmente se volcó en esta. Su filohelenismo se manifestó en su pasión por el Egeo, Creta y los cretenses. Gran deportista (en Cambridge compitió en atletismo con varios de los personajes reales de Carros de fuego), recorrió incansable la isla, de arriba abajo paso a paso, patousia me patousia, como dicen allí, buscando yacimientos arqueológicos y sobre todo siendo inmensamente libre y feliz en sus excursiones, que le proporcionaron un conocimiento excepcional del terreno y una intimidad extraordinaria con las gentes del lugar.
Casado con una mujer 13 años mayor que él, Hilda White, y padre de dos hijos, Pendlebury, amante de lo salvaje y remoto, no se contentaba con la vida familiar y académica: se veía como un explorador, en continuo movimiento. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, el arqueólogo se reconvirtió de manera entusiasta en soldado y agente. Ofreció sus servicios y conocimientos al ejército británico, que con la amplitud de visión que caracteriza a los militares lo destinaron a caballería. Luego se dieron cuenta de lo útil que podía ser en Creta como una especie de Lawrence de Arabia isleño organizando a los paisanos contra la invasión alemana, que todo el mundo sabía que acabaría produciéndose. Lo reclutaron los servicios secretos y le dieron el rango de capitán y una cobertura como vicecónsul. Participó en algunas audaces misiones de comandos contra las islas italianas del Dodecaneso. En una ocasión, dejó un saco en el porche del consulado en Canea; al preguntarle el cónsul qué contenía, contesto: “Oh, nada, granadas de mano”. “¡Pero eso es peligroso!”, se alarmó el diplomático. “Solo si les da mucho el sol”, respondió.
Cuando empezaron a llover paracaidistas el 20 de mayo de 1941, Pendlebury corrió con sus irregulares cretenses a uno de los sitios más calientes de la lucha, y allí fue herido. Es difícil decir qué hubiera hecho nuestro hombre de sobrevivir a la batalla. Probablemente se hubiera quedado emboscado en las montañas de Creta convirtiéndose en una pesadilla para los ocupantes, el Minotauro de su laberinto de resistentes. Allí habría recibido a Paddy y quién sabe si hubiera montado con él el famoso secuestro del general Kreipe o algo aún más audaz…
Pendlebury en las excavaciones en Tell el Amarna con un collar encontrado.
Decía que se han cumplido 80 años de la muerte de Pendlebury y yo, que acostumbro a llegar siempre tarde a todo, esta vez he llegado antes. No he podido viajar a Creta para homenajear como se merece al héroe en su aniversario, pero resulta que ya lo hice por anticipado en 2019 y (por pura casualidad) precisamente un 22 de mayo, el día del deceso. No soy ni mucho menos la única persona que conozco que ha tenido el detalle de visitar la sepultura de Pendlebury en el cementerio militar de Suda Bay, cerca de Chania (Canea). De hecho, somos casi legión esos nuevos Pendlebury thugs —menos belicosos que los originales pero igualmente apasionados— entre los que se cuentan la escritora María Belmonte y el arqueólogo Ángel Carlos Pérez Aguayo, que por cierto se está encargando de la edición científica de la traducción al castellano de la estupenda guía del Palacio de Minos en Cnosos de Pendlebury (con prólogo de Evans), la primera obra que se va a publicar en nuestro país del personaje (en Confluencias).
Tengo muy fresca la visita a Pendlebury porque viajaba con unos amigos que andaban ya muy mosqueados con el itinerario supuestamente improvisado por el que les iba llevando y que casualmente conducía por todos los escenarios de la Segunda Guerra Mundial en Creta, incluida la famosa curva en que Paddy secuestró a Kreipe (y que merece crónica aparte), el épico cementerio de los paracaidistas alemanes sobre el disputado aeropuerto de Maleme y el hoy suburbial cruce en Gálatas donde los maoríes del 18º batallón de Nueva Zelanda les montaron una inolvidable harka a los paracaidistas de Ramcke y a las tropas de montaña del coronel Utz antes de cargar contra ellos.
La lápida de la tumba de Pendlebury, en el cementerio de Suda Bay (Creta).
“Vale, te acompañamos al cementerio a tu performance, pero ve rapidito”, estableció Gemma. Consciente de que disponía de poco margen, ingresé en el bonito camposanto aliado a la carrera y traté de localizar de un vistazo la tumba de Pendlebury. Pero no tenía ni idea de dónde se encontraba y las 1.500 tumbas de soldados de la Commonwealth, sobrevoladas por bandadas de vencejos como Meserschsmitts, me parecían todas iguales. Vi a lo lejos a un sepulturero con camisa blanca y aire fiero de andartes y le grité, “¡Zito Hellas!, viva Grecia, ¡¿Pendlebury?!”, mientras me tapaba un ojo. Señaló con un amplio movimiento de la mano una zona a la izquierda y siguió a lo suyo. Fui recorriendo lápidas blancas y nombres, hasta que de milagro di con la que buscaba. “Captain J. D. S. Pendlebury, General List, 22 may 1941, age 36, He has outsoared the shadow of our night”. Caí sobre el césped de rodillas de la emoción y tras depositar unas flores que había cogido prestadas de la tumba vecina de un anónimo piloto de la RAF procedí a tomar un puñado de tierra como reliquia. Traté de imaginar cómo estaría allá abajo el héroe después de tantas vicisitudes y si llevaría ropa griega. No me dio tiempo a mucho más, dado que ya me reclamaban mis compañeros, inquietos por dónde cenaríamos. Ahí queda la referencia de la tumba para quien quiera visitarla y rendir tributo al corajudo Pendlebury: 115317, Grave ref 10.E.13.
“He has outsoared the shadow of our night”, superó la sombra de nuestra noche. Una hermosa cita (de Shelley, de la elegía a Keats, Adonais) para el hombre que excavó el pasado y tomando en sus manos el destino de los cretenses como Lawrence el de los árabes no dudó en mirar cara a cara la muerte con su único ojo. Pendlebury, el valiente cíclope inglés, espíritu definitivamente libre y omnipresente en la indomeñable belleza agreste de Creta.
El Pais
Jacinto Antón
Redactor de Cultura, colabora con la Cadena Ser y es autor de dos libros que reúnen sus crónicas. Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona y en Interpretación por el Institut del Teatre, trabajó en el Teatre Lliure. Primer Premio Nacional de Periodismo Cultural, protagonizó la serie de documentales de TVE 'El reportero de la historia'.
Spiderman tamaño gigante
La reedición de los gruesos 'Giant Size' que poblaron el catálogo de Marvel a mediados de los 70 tienen un inequívoco sabor de época
JAVIER FERNÁNDEZ
08 Septiembre, 2021
'Marvel Gold. Marvel Team, 2'. VVAA. Panini. 552 páginas. 39,95 euros.
La colección Marvel Gold de Panini sigue buceando en el cajón de los recuerdos para sacar a la superficie algunos de los tesoros hundidos en las profundidades del tiempo. No es que Spiderman sea un personaje olvidado, ni la serie Marvel Team-Up (en la que el superhéroe compartía cartel, por turnos, con otras figuras de la compañía) se pueda considerar poco conocida, pero es verdad que la reedición de aquellos gruesos Giant Size que poblaron el catálogo de Marvel a mediados de los 70 tienen un inequívoco sabor de época y despiertan una emoción particular a los que los leyeron en su día (en su edición original o en la añeja versión en blanco y negro de Ediciones Vértice).
Fueron seis, de los que cuentan cinco porque el último consistió meramente en reediciones; y el repóker, que vio la luz entre 1974 y 1975, está incluido en este segundo volumen recopilatorio de Marvel Team-Up.
En ellos, el Hombre Araña se las tiene con Drácula, Shang-Chi, Doc Savage, el Castigador y Man-Thing, un grupito de lo más idiosincrático, si consideramos la oferta de aquellos años. Los cinco los firma un dibujante capaz de arrancar alguna lagrimita a los nostálgicos, Ross Andru, y los guiones se los reparten dos grandes del periodo, Len Wein y Gerry Conway.
Son todos destacables, aunque, ya puestos, tiene un valor especial la inclusión del de Doc Savage, que no se había publicado nunca en color por estos lares, y producen calorcito los de Drácula y Shang-Chi (ustedes me entienden).
Aparte de estas joyas del recuerdo, el tomazo sigue avanzando en la reedición de la cabecera que le da título, Marvel Team-Up, de la que figuran aquí los números 23 a 40, también de los años 1974 y 1975. Esto quiere decir que, además de Spiderman, asoman la Antorcha Humana (por partida doble, en el único tebeo del conjunto que no está protagonizado por el Trepamuros, y en otro que sí), el Hombre de Hielo, el Hermano Voodoo (ver para creer), Daredevil, Thor, Hulk, Hércules, Iron Man, el Halcón, Puño de Hierro, el Hijo de Satán, Halcón Nocturno, la Valquiria, el Doctor Extraño, el Monstruo de Frankenstein, el Hombre Lobo (John Jameson, no Jack Russell), la Bestia y los Hijos del Tigre (otros salidos de un tiempo delirantemente divertido).
En lo literario, Len Wein da pronto paso a Gerry Conway y este se mantiene hasta casi el final, cuando irrumpe Bill Mantlo, del que veremos mucho más. Y en lo gráfico, comienza el delicioso Jim Mooney y le cede la batuta a otro nombre propio de esta colección, Sal Buscema.
El gran Gil Kane solo dibuja una historia, la de la Antorcha Humana con el Hombre Hielo, esa en la que les digo que no sale Spiderman (bueno sí sale, en un cameo, como el resto de miembros de la Patrulla-X original).
Los tebeos de Marvel Team-Up han conocido toda clase de ediciones en nuestro país (en blanco y negro, en formato minúsculo y con los diálogos reducidos a la mínima expresión; en grapas con los colores saturadísimos), pero, en mi opinión, esta de Marvel Gold es la que merece la pena conservar.
Malaga Hoy
miércoles, 6 de octubre de 2021
La lucha contra Regente
JAVIER FERNÁNDEZ
08 Septiembre, 2021
'Marvel saga. El asombroso Spiderman, 53'. Dan Slott y otros. Panini. 144 páginas. 16 euros.
La reedición de la larguísima etapa de Dan Slott al frente de las aventuras de Spiderman continúa con el tomo 53 de la colección Marvel Saga de Panini, titulado Asalto al poder. Son los números 12 a 15 del enésimo volumen de The Amazing Spider-Man, más el Annual 1, todos de 2016, y cuenta con la participación de Christos Gage, Giuseppe Camuncoli, Humberto Ramos y Francisco Herrera. En el argumento principal, Peter Parker y Miles Morales, es decir, los dos Hombres Araña reunidos en la misma realidad tras las Secret Wars, se unen a Iron Man y el resto de los Vengadores para enfrentarse a Regente, el que fuera enemigo de nuestro protagonista durante el citado evento. Además, el Trepamuros viaja nada menos que a México D. F.
Malaga Hoy
domingo, 3 de octubre de 2021
Mis lugares favoritos
Las nuevas ediciones de Norma Editorial resaltan la sencillez y la belleza de 'Corto maltés', la obra de Hugo Pratt, y el magnetismo de su protagonista
JAVIER FERNÁNDEZ
29 Septiembre, 2021
'Corto Maltés: La casa dorada de Samarcanda'. Hugo Pratt. Norma Editorial. 156 páginas. 29,50 euros.
Algunos de mis lugares favoritos no son reales. Unos cuantos son mundos de papel y, de estos, no pocos están hechos de viñetas. Hay dos, por ejemplo, que me hacen sentir realmente feliz, cada vez que los visito. Uno es la Hiboria de Roy Thomas (también, claro está, la de Robert E. Howard y la de Timothy Truman, pero hoy me acuerdo de la de Thomas). Aquellos tebeos de Conan que leí durante la adolescencia me abrieron las puertas de un vasto mundo de fantasía y, en cierta medida, alentaron mi propia imaginación. Sin ellos, difícilmente me habría acercado a las novelas de Isaac Asimov o los relatos de Stanislaw Lem, que lo dinamitaron todo. Supongo que hay un punto de nostalgia, aunque confieso que no soy muy dado a ella y que he tenido ocasión de renovar mis votos y me sigue pareciendo un material de lo más sugestivo.
El otro es el mapa imaginario de las aventuras de Corto Maltés. Esto empecé a leerlo más tarde, en una época que no me causa especial morriña (andaba yo estudiando una ingeniería), así que el cariño que le tengo es más independiente del entorno. Pensar en Corto me provoca una alegría continua. A Pratt lo empecé a leer con cierto orden, como hago a veces, pero reconozco que pronto me cansé (y que andaba tieso de pasta) y seguí leyéndolo a saltos y como pude (eso sí, siempre intensamente). No he viajado a este lugar tantas veces como he habría gustado, pero siempre que lo hago, me quedo anonadado, arrebatado, y me prometo volver cuanto antes (aunque luego vuelvan a pasar años). Últimamente, por suerte, le estoy dedicando más atención, sobre todo porque las nuevas ediciones de Norma me están sirviendo como excusa para meter las narices en sus páginas. Pongo la novedad sobre la mesa, con las excusa de reseñarla, le echo un vistazo y me quedo enganchado a la segunda página, cuando no a la primera. Son una especie de molde en el que se ajusta, como un guante, mi concepto de la maravilla y lo fantástico (como las novelas de Russell Hoban, por ponerles otro ejemplo en esta reseña que me está quedando como una confesión).
Está, de una parte, el magnetismo del propio protagonista, uno de los personajes más emblemáticos que han dado los géneros populares contemporáneos. Está, de otro, la época en la que suceden sus peripecias, el siempre atractivo periodo entreguerras; y la mezcla de esoterismo, poesía, aventura y realismo (¿es apropiada aquí esta palabra? No lo tengo del todo claro). Está, claro, la sencillez y la belleza de la propuesta estética de Hugo Pratt, que unos días me parece soberbia y otros, magistral. Y está el tono de lo narrado, en las antípodas del triunfalismo de estas ficciones que nos inundan. En este momento, tengo enfrente La casa dorada de Samarcanda, el octavo álbum del marinero, serializado originalmente en 1980 y recopilado en tomo seis años más tarde. En la edición a color, porque la de blanco y negro ya la leí hace tres décadas y tengo ganas de repasarlo desde otra perspectiva, con otros matices. Me tomaré mi tiempo, voy a disfrutarlo como se merece.
Malaga Hoy
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